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Cine de temática gay


(UNA APRETADA “HOMOVIDEOTECA”)

Por Héctor J. Freire - Publicado en Noviembre 2012

                                                 En estos tiempos de engaño universal,

                                                 decir la verdad es un acto revolucionario.

                                                 La verdad no está en un solo sueño, sino

                                                en muchos sueños.

                                                                                PIER PAOLO PASOLINI

                                                                                                       

                                                                         

¿Existe el género gay?

Relacionar la homosexualidad y el cine, o sea las historias que éste ha representado en torno a las relaciones amorosas entre personas del mismo sexo, ha pasado a ser después de más de un siglo de historia, un clásico del “séptimo arte”. Un buen número de directores así lo demuestra: Visconti, Bertolucci, Pasolini, Fassbinder, Jarman, Almodóvar, nombres entre muchos otros, que no ofrecen ninguna duda en cuanto a la calidad de sus discursos visuales, y que no sólo han creado ficciones emblemáticas, sino que han profundizado en la temática de la homosexualidad desde múltiples y variadas perspectivas. Ante tal propuesta, surge una pregunta obligada: ¿Existe un género cinematográfico (como lo son el policial, el western, la ciencia ficción), que se pueda denominar “gay”? Si entendemos el concepto de género, no solo como un emergente pretensioso-estandarizado de la industria del cine para dirigir y facilitar las elecciones del público, por un tipo de cine clasificado de antemano. Y recuperamos la noción de “género” desde su etimología: (genus-generis) el término contiene dos elementos esenciales: lo específico de una serie, rasgos comunes dentro de un conjunto más amplio. Y la diferencia con otros conjuntos que no lo comparten. Categorías organizadas de acuerdo a ciertas temáticas, formas narrativas, estrategias de composición y producción, estilos determinados. Sin olvidar,  la relación con las tradiciones culturales, los cambios sociales. Y fundamentalmente la relación con lo ideológico, en un momento determinado del proceso histórico.

En este sentido, muchos críticos no contestarían tan rápidamente con un rotundo no. Ya que lo evidente después de más de un siglo de cine, es que sí existe un gran número de films que han elegido como núcleo central de la trama el tema de la homosexualidad, y que además dan cuenta, para un mayor conocimiento, de las estrechas relaciones que siempre han unido y unen el cine con dicha temática. Y acercarse a la homosexualidad, a través del cine es, cuanto menos, una interesante perspectiva de lectura. Si hacemos un “paneo general” de la historia, nos encontraremos con la primera sorpresa: es una de las más variadas, sugerentes y ricas filmografías que existen.

El cine de temática gay abarca como un abanico, un “menú de opciones” más que amplio: del drama a la comedia, de la tragedia al policial, de la obra de arte y la biografía a la historia del poder y la denuncia social. De autores no tan conocidos a “grandes” directores, de vanguardistas a clásicos. Un recorrido laberíntico por historias apasionantes, formas de narrar y maneras diferentes de contemplar el ejercicio de una mirada tolerante y de respeto hacia otras elecciones sexuales y culturales.

Siguiendo este itinerario, el cine gay, comprendería todos aquellos films cuyo argumento principal, cuya trama central, se basa en una historia - en el entorno y de la clase que sea - vivida por homosexuales, y en la que la homosexualidad sea la razón fundamental de las vivencias, actitudes y reacciones de los personajes del film.

Muchos otros films, no considerados dentro de este “género gay”, serían todos aquellos en los que aparece alguna consideración a la cuestión homosexual, pero en forma aleatoria o como subtrama. En estos films, la homosexualidad funcionaría como complemento del desarrollo del guión, a veces muy importante, pero nunca determinante. Como ocurre en muchos films cuyo argumento se desarrolla por ejemplo, en ámbitos carcelarios. O los que se refieren a formas de vida colectivas o comunidades como cuarteles, conventos o campos de concentración, frecuentemente relacionados con sistemas totalitarios.

 

Una breve historia

Determinar cual fue el primer film gay de la Historia del Cine es difícil, ya que muchos films, por cuestiones de censura pasaron a formar parte de circuitos de exhibición clandestinos.  Sin embargo, se pueden citar como los primeros films gay: Lot in Sodom de Webber y Watson del año 1933, y eliminada de los circuitos comerciales. Film mudo estadounidense que trataba a los homosexuales como depravados, sátiros ávidos de sexo. El otro que corrió la misma suerte data del año 1928: La caja de Pandora, de Pabst. Sin embargo, una de las primeras escenas de homosexuales registradas por el cine que se conservan, provienen de un ensayo experimental (1895, comienzo del cine) de Thomas Edison, donde se ve a dos hombres bailando juntos mientras otro hombre toca el violín. Y ya en los primeros films comerciales, la homosexualidad se representaba, pero de forma humorística,  empleando frecuentemente a los homosexuales para gags cómicos, y en forma muy esteriotipada, exagerando el afeminamiento, como ocurre en The Florida Enchantament de 1914, o en el film de Chaplin Detrás de la pantalla (1916).

Al principio, los elementos homosexuales de los personajes son expuestos muy sutilmente, ya que no podía hacerse alusión directa a la homosexualidad, esta a lo sumo debía insinuarse a través de determinados gestos o guiños, como ocurre en el policial negro El halcón maltés (1941) de Huston, en la que el personaje de Peter Lorre, es presentado a Bogart haciendo resaltar que se perfuma “demasiado” con gardenia. Por otro lado, los alemanes también se adjudican el primer film gay de la historia: Diferente a los demás (1918), que se estrenó sin ningún problema, pero después de la exhibición se la prohibió al público. Sólo pudo ser consultada por profesionales; luego el nazismo destruyó todas las copias, salvo una que llegó a Ucrania. En los años 60 Dearden, realizó una remake del mismo que llamó Victima.

Otro film pionero que hace referencia, en este caso a la homosexualidad latente en un colegio de niños, fue Cero en conducta, que Vigo filmó en 1933.

En la década del cincuenta, Genet, realizó el arquetípico mediometraje gay: Un chant d´amour, el más famoso de la historia del cine. El único film rodado por Genet, que plasma todo el mundo carcelario que formó parte de su propia vida. Naturalmente, y como era de esperar, el film fue censurado. En 1954, Langlois hizo la primera exhibición pública en la Cinemateca Francesa.  Pero a pesar del apoyo de la institución, el film sufrió las iras de la censura, y no fue fácil poder ver el film a lo largo de los veinte años siguientes. Una historia de 25 minutos de amor sin palabras y entre rejas. Un mundo que perteneció por derecho propio al autor de Querelle de Brest.

Recién en los sesenta se comienza a plasmar con un mayor grado de profundidad el tema de la homosexualidad. Como digimos anteriormente, Basil Dearden dirigió en 196l Víctima, en la que Bogarde protagonizaba a un hombre que, a pesar de amar a su esposa, sentía una pasión incontrolable por un joven. Tema que se repite en Tempestad sobre Washington (196l) de Preminger, o Reflejos en un ojo dorado (1967), de Huston, basado en la novela homónima de McCullers, con Elizabeth Taylor y Marlon Brando en el papel de un oficial homosexual de la armada de los Estados Unidos. El film fue condenado por la National Catholic Office for Motion Pictures, además de las fuertes críticas que Brando recibió por su interpretación a la que algunos calificaron de “patética”. En l968 se estrena Teorema de Pasolini, y hablar de este film prohibido durante mucho tiempo en la argentina, es hablar de un cambio de paradigma, y que llevó a la homosexualidad a la categoría de lucha política.

 

Grandes Directores      

En lo que respecta al cine de Pasolini, cabría recordar que el tema de la homosexualidad, es determinante, ya que aparece unido a las dos utopías que marcan el devenir temporal del artista, y a la vez intentan detenerlo. Entre cuerpo e historia, y el abismo abierto entre ellos, se mueven estas dos utopías: la del cuerpo está ligada a la fiesta dionisíaca en el exceso y el “caos” de los sentidos que marca el rito, Donde desbordarse es perder los límites del propio cuerpo para repetirse en el cuerpo de los muchachos. Utopía del cuerpo que estalla en el exceso de la pasión por los sentidos, y el placer estético encadenado al juego erótico. Y por otro lado la utopía de la revolución, que la conciencia histórica, “el deber marxista” debiera inscribir en el tiempo del progreso hacia el cambio. En la poesía como en el cine de Pasolini el punto de reunión para ambas utopías es el cuerpo de los muchachos pobres, del suburbio de Roma: la homosexualidad de Pasolini unida al cuerpo del sub-proletariado italiano, primero, y del tercer mundo (África) después. La homosexualidad en el cine de Pasolini, está vinculado a un ideal de sexualidad nómade, itinerante, opuesto al de la norma burguesa de la reproducción familiar. En este sentido, Pasolini ha transformado su homosexualidad en un arma para la lucha política. La homosexualidad, entonces, es un viaje continuo: en el rito de la repetición, el cuerpo se amplía, y es de todos y es de nadie, aparece y desaparece como una forma que cambia y permanece; allí también el mismo cuerpo de Pasolini se ofrece en el rito al tiempo  del sacrificio (el de su propia muerte en manos de esos mismos muchachos). Porque la escena del encuentro homosexual en Pasolini, está siempre de alguna manera marcada por la violencia y la muerte. Fuera de las relaciones familiares (burguesas) irreversibles, el cuerpo de los muchachos, son una forma de detener el tiempo, o sea de ordenar el caos, que va de la celebración del sexo pánico, de la inocencia, vinculada al mito, a la negra razón del humillado. Del esplendor de los cuerpos a las víctimas de una violencia ajena: la pasión erótica transformada en un instrumento de dominio y destrucción. A propósito, es interesante hoy reflexionar, sobre la advertencia que Pasolini hacía en la década del 70: No creo que la actual forma de tolerancia sea real. Ha sido decidida “desde arriba”, es la tolerancia del poder del consumo que precisa una total elasticidad formal en las “existencias” para que cada uno se convierta en un buen consumidor. Una sociedad sin prejuicios, libre, en la que las parejas y las exigencias sexuales se multiplican, está consecuentemente ávida de bienes de consumo.

Otro de los directores de cine que se ha interesado por la homosexualidad es el controvertido Russell, su cine ha tocado la homosexualidad desde el punto de vista de personajes históricos, por ejemplo en La otra cara del amor (1970), sobre la vida del compositor Tchaikovsky, protagonizado por Chamberlain y acompañado por Jackson. Imposible no acordarse de uno de los largometrajes más conocidos, en el que el tema de la homosexualidad se ha puesto de manifiesto bajo la dirección de un cineasta “gay” rodeado de clasicismo y cultura. Basado en la novela de Mann, Muerte en Venecia (1971), de Visconti  recrea la pasión de un  músico (Bogarde) por un adolescente de catorce años llamado Tadzio (Andersen). El rostro de lo sublime y la belleza, que será también, el de la muerte se unen en un final inolvidable.

En 1969, vieron la luz El conformista, de Bertolucci, un excelente film en el que se cruzan dos de los temas centrales del director: política y sexo. La manifiesta homosexualidad del protagonista (Trintignant) ha de ser reprimida para mostrar a la sociedad su “normalidad”. Para ello contrae matrimonio con una dulce mujer, y se afilia al partido fascista. Basada en una novela de Moravia, el film trata no tanto de una reconstrucción de la Italia fascista de 1938, como de una mirada introspectiva de la tragedia de un hombre que reniega de su homosexualidad. Los paralelismos entre la decadencia del sistema fascista y la decadencia del personaje quedan expuestos con claridad.

En 1976 se estrena uno de los films más abiertamente gays de la historia del cine: Sebastiane, de Jarman, auténtico cineasta de culto gay. También director de las clásicas Caravaggio (1986) y Eduardo II (1991). En las que su primera y más clara denuncia es la hipocresía de la sociedad ante la homosexualidad. Las conexiones entre el poder y el sexo, y el rescate de la amistad llevada a límites inquietantes, parecen ser las preocupaciones fundamentales de este convencido militante gay muy influenciado por Cocteau. Los años ochenta fueron una explosión de films donde la homosexualidad es un tema central y determinante: La jaula de las locas (1978), típica comedia de enredos del director Molinaro. Con la actuación inolvidable de Serrault y Tognazzi;  adaptación de la obra teatral de Poiret. Trilogía de New York, de Paul Bogart, El beso de la mujer araña (1985), de Babenco, protagonizada por Hurt y Raúl Julia. Film basado en la emblemática novela de Puig publicada en el año 1976. También es de destacar el policial de Friedkin, Cruising (1980). Donde el policía, interpretado por Al Pacino, comienza su particular búsqueda a la “caza” del asesino de homosexuales, y al final, descubrirá no sólo al asesino, sino su propia sexualidad.

 

Cine Español

Dentro de este cine, y relacionado con “la movida madrileña” se estrenarán, Un hombre llamado Flor de Otoño, de Pedro Olea. La muerte de Mikel, de Imanol Uribe y casi todo el cine de Pedro Almodóvar, en especial las tan celebradas La ley del deseo (1987), o Tacones Lejanos (1991), que mantienen el tema gay en el candelero, hasta llegar a analizarlo desde la perspectiva más puramente “almodovariana”: mezcla de parodia, pastiche, el cómic y la reminiscencia a retazos de los géneros del viejo Hollywood. Almodóvar retomará la temática, desde otra perspectiva, en la “castigada” por la crítica, La mala educación (2004), para darle una vuelta de tuerca macabro, más que polémico, en su último film La piel que habito (2011).

 

En los noventa, nos encontramos con un nuevo factor que se incluye en el cine gay: el sida, atribuido sólo al “mundo de los homosexuales”. A partir del descubrimiento de esta enfermedad, el cine se hizo eco del problema, aunque en muchas ocasiones, en especial Hollywood, ha sido tratado superficialmente y como un elemento comercial más, para la posterior y mejor venta de los films. En cualquier caso, hay que hacer referencia a algunos como Compañeros inseparables, de Norman René, Miradas en la despedida, de Sherwood; Los amigos de Peter, de Branagh; y la tan laureada Philadelphia (1993), de Demme, con Tom Hanks, Antonio Banderas y Denzel Washington, en los papeles principales.

Pero sin lugar a dudas, el más emblemático de los films gay, es Querelle (1982), el último y póstumo film de Faasbinder, uno de los cineastas alemanes más experimentales y provocadores. Homosexual de clara tendencia reivindicativa, Faasbinder posee una compleja filmografía en la que siempre aparece como elemento esencial el sexo, y las reivindicaciones sociales o raciales. Querelle, es el espejo de su personalidad. Por un lado, marca el culto de sí mismo-expresado en caracteres masculinos y femeninos- que se apoderó de Fassbinder a medida que avanzaba en su tiempo de creación. Por otro lado, el espejo demarca la distanciada exposición de esa condición: entre él y la realidad representada se erige la “representación” como cualidad intrínseca pero visible del objeto.

En el film, el mundo homosexual trasciende resquebrajado y multiplicado por el exceso y la dislocación. Refleja también, una atmósfera que camina entre lo sórdido y lo onírico, un buceo hacia los deseos más recónditos del sexo, allá donde se une el placer puro con el placer por la posesión. El protagonista Brad Davis, descarnado se enfrenta a su propio destino y comienza a reconocer su condición de homosexual.

Paralelamente, films como Orlando de Potter (1993),  basado en la novela homónima de Woolf; M.Butterfly, de  Cronenberg, Adiós a mi concubina (1993), de Chen Kaige, El juego de las lágrimas, de Jordan y Ed Wood (1994), del taquillero Tim Burton, reflexionan, no ya sobre la homosexualidad masculina sino sobre el lado femenino de la masculinidad.

Sin embargo, no sería hasta el siglo XXI, con el film Secreto en la montaña (2005), basado en el cuento corto de Prouxl, “alargado” por el director Ang Lee, donde se presente al gran público a homosexuales como “hombres comunes”, con aspectos tradicionalmente masculinos y sin ningún tipo de “patología”. Recordemos que el film obtuvo tres Oscars: mejor director, mejor guión adaptado y mejor música original (Santaolalla).

 

También debemos mencionar el auge del cine asiático, que merecería un artículo aparte. Sin embargo podemos citar un film emblemático: Happy Together (Felices Juntos), 1997, de Wong Kar-Wai, premiado como mejor director en el Festival de Cannes de ese año. Film basado en la novela “The Buenos Aires Affair de Manuel Puig.

Y de los últimos film de esta numerosa filmografía, tenemos Wu Yan (Speechless) Mudo en español (2012), del director chino Simon Cheng. Donde un misterioso joven occidental (que guarda un secreto), durante su convalecencia en un hospital chino, se enamora de Jiang, un ordenanza del establecimiento.

 

Cine Argentino

En cuanto al panorama del cine argentino, y haciendo una retrospectiva sintética de films que fueron emblemáticos para la comunidad gay en particular, y para el público en general, podemos citar, entre otras:

Otra historia de amor (1986) de Américo Ortiz de Zárate, interpretada por Arturo Bonin y Mario Pasik.

Adiós Roberto (1985) de Enrique Dawi, con Víctor Laplace y Carlos Calvo.

Un año sin amor (2004) de Anahí Berneri, con Juan Minujín y Carlos Echevarría.

Tan de repente (2002) de Diego Lerman, inspirado en la novela La prueba de César Aira. Protagonizada por Carla Crespo, Tatiana Saphir y Verónica Hassan.

Ausente (2011) del joven director Marco Berger, protagonizada por Javier de Pietro y Carlos Echevarría.  El film, uno de los más recientes, con respecto a la problemática tratada, obtuvo el premio al mejor film de temática gay, que entrega el Festival Internacional de Cine de Berlín.

 

Merece una mención especial, por su calidad estética y profundidad en el tratamiento, Ronda Nocturna (2005) de Edgardo Cozarinsky, con Gonzalo Heredia y Rafael Ferro. Suerte de road movie urbana, que con mirada casi documental, nos muestra la realidad diaria (más bien nocturna) de un taxi boy, atravesado por la problemática de los travestis y cartoneros.

 

Por último, valga la aclaración: este artículo no pretende ser un ensayo sobre el cine gay, ni un análisis psicológico, sociológico o cultural sobre la problemática homosexual. Tan sólo una recopilación descriptiva y en lo posible actualizada, de aquellos films que abordan dicha temática, teniendo en cuenta cierta dosis de creatividad y calidad estética.  Sin caer en el “golpe bajo”, el lugar común o el panfleto.

Una apretada “homovideoteca”, pero significativa lista de films, catalogados como “género gay”, que estaría planteando de forma inequívoca que la esencia del amor, es independiente del sexo de cada ser humano. Y que tanto hombres como mujeres, sean homosexuales o heterosexuales, son igual de vulnerables frente al poder. Como escribiera Pasolini: Nada es más anárquico que el poder. El poder hace prácticamente todo lo que quiere. Y lo que el poder quiere es completamente arbitrario y dictado por sus necesidades económicas, que se escapan a las lógicas racionales.

 

La muerte no es el no poder comunicarse.  La muerte es no poder ser comprendido.

 

 

 

 

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