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| LA TRÁGICA SALUD MENTAL EN RIO NEGRO Lic.
Daniel Sans Una vez más la crueldad. Otra vez las víctimas son los más débiles, los pobres y desamparados. Y también quien victimiza es débil, pobre, desamparado y enfermo. Siento dolor y vergüenza por que "la crueldad siempre implica un dispositivo sociocultural" (Ulloa Sociedad y crueldad 1999). Bronca por que de nuestra provincia y hasta hace poco (toda una década) si había algo elogiado era la forma en que aquí se decía tratar a las "personas que padecen sufrimiento mental" eufemismo con que a algunos funcionarios se les ocurrió borrar la complejidad de los procesos de salud-enfermedad humanos. Cansancio y frustración, tantos años intentando debatir el campo de salud mental en una provincia en donde la espectacular concentración de poder del partido en el gobierno le permite hacer casi cualquier cosa. Temor e indignación ¿cuantas muertes mas harán falta para entender que se procede erróneamente y que ese error cuesta vidas y cruel sufrimiento? Y otra vez vergüenza, dolor, tristeza, temor y bronca por que la connivencia con esta tragedia, el guiño cómplice o sólo la eficaz indiferencia del conjunto de esta sociedad tan herida y disgregada continúen haciéndole fácil la tarea a los que mandan. "¿Qué espanto deberá narrar el próximo cable para paralizarnos por lo que sucede hoy?” Preguntaba en una carta publicada en este diario en noviembre del 2000. Por aquel entonces el decreto ley nº 2 del 2000 de la provincia que paradójicamente elogiaba en su considerando la ley de "desmanicomialización" , en su artículo principal decretaba y facultaba al juez para disponer "medidas policiales y de seguridad" para que las "personas con sufrimiento mental no se dañen a si mismas o a terceros", tan progresistas somos en Río Negro que a las "Personas que padecen sufrimiento mental" se las encarcela, violando el código penal (art. 34 inc. 1), normas constitucionales y de derecho internacional que hacen de estas personas inimputables de estos actos. Nada de esto sirvió para Javier Gómez que a los 22 años dio muerte a su hermanita, su madre y su abuelo; y que luego de ser declarado inimputable por padecer una enfermedad mental que no le permitía tener conciencia de la criminalidad del acto ni dirigir sus acciones se suicidó. Tampoco se enteró de los beneficios de vivir en Río Negro y "padecer sufrimiento mental" Laura Nahuel Pan que mató a su hija. No sirvió esta ley ni su inepto e inconstitucional decreto para evitar que muriera recientemente un hombre en Roca al recibir "medidas de seguridad" por parte de dos policías que terminaron gravemente heridos. La lista es larga pues debiera incluir a todos los que murieron en la calle sin dañar a otros, que silenciosamente pagaron el precio de ser personas con sufrimiento mental. Es que la tragedia tiene un fondo casi invisible. La tragedia del tratamiento de la salud mental en Río Negro es consecuencia de haber tenido el triste privilegio de desmantelar y privatizar el estado en tiempos en que nuestros peores gobernantes nacionales solo lo soñaban. En Río Negro el eslogan fue "soñar y hacer" y se desmanteló la pobre infraestructura hospitalaria existente, se precarizó el trabajo en salud mental, se incumplió con lo normado en el articulo 12 de la ley de desmanicomialización que preveía la construcción "pequeños espacios para la internación" y además se cosecharon aplausos nacionales e internacionales por todo eso. Brillante si no fuera cruel y repito trágico. Trágico para las familias de los que padecen y para los que padecen directamente, trágico para los que desde las instituciones públicas (salud y justicia) no solo no tienen los medios pertinentes sino además el sufrimiento cruel con el que deben trabajar está legalizado, es legal que así se sufra hasta el esperado final de muerte anunciada. Comencé esta nota tratando de nombrar sentimientos que sé por estas horas nos mortifican frente a lo sucedido en Choele Choel. No basta sentir todo esto, no le sirve a ninguno de los que murieron y menos a los que en medio de sus trágicas encerronas vivirán con el dolor de lo sucedido. Propongo entonces hacer algo que sirva: romper la connivencia con la que se nos somete, afirmar que es posible vivir de otra manera, no relegar al olvido a las víctimas, denunciar local, provincial y nacionalmente lo que pasa en Río Negro y no detener nuestra acción hasta lograr los cambios requeridos desde hace tiempo. Y no vuelvan los desmanicomialistas a acusarnos de querer manicomios. No, no queremos manicomios, ni tampoco queremos más estas tragedias, afirmo que hay modos efectivos de prevenirlas que superan ampliamente la actual utilización de la cárcel o la tumba.
Miércoles 5 de noviembre de 2003
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