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La investigación social y la intervención en el campo de la salud mental: Un desafío teórico práctico en el contexto de problemáticas complejas.


Por Silvia Faraone - Publicado en Julio 2008

Introducción

El artículo propone reubicar el debate de la construcción de espacios de reflexión acerca de las temáticas que están expresamente vinculadas al ámbito de la investigación y la intervención en salud mental intentando aportar algunas reflexiones que considero importantes y que no deben estar ausentes en el debate. Parto de la afirmación que en el campo de la salud mental tanto las investigaciones como las prácticas -intervenciones- deben ser interdisciplinarias. Hablar sin embargo de interdisciplinariedad implica una heterogeneidad no sólo disciplinar, sino de miradas, de posicionamientos.

Abordaré en este trabajo algunos aspectos vinculados a los obstáculos, aportes y desafíos de la investigación articulada con los procesos de intervención por ser ésta una dimensión que creo importante debatir en el marco de los procesos salud-enfermedad-atención hoy.
Si bien no consideraré en este trabajo las implicancias de investigaciones en salud mental vinculadas específicamente a investigaciones biomédicas, farmacológicas u otras no querría dejar de mencionar que ésta es una temática sustantiva cuando discutimos acerca de la investigación en este campo y que considero no debería estar ausente en posteriores presentaciones. Es decir plantearnos “cómo se realizan estas investigaciones”, “con quiénes se realizan” o “cuándo se implementan” debe ser expresamente debatido por los trabajadores del campo sanitario y por los comités de ética y bioética profesionales y hospitalarios. Estas investigaciones históricamente estuvieron vinculadas a la función compensatoria que tuvo la salud pública y que desde la década del 90 hasta hoy -con los procesos de mercantilización y trasnacionalización de la salud (Belmartino y otros 2002; Neri, 2000; Iriart, 1997; Iriart y Faraone 2000; Laurell, 1995; Testa y otros, 1995))- están siendo transformadas radicalmente y este es un dilema (Berlinguer, 1987) que debemos enfrentar quienes trabajamos e investigamos en este campo.
Hecha esta introducción, plantearé ahora algunos aspectos que considero de importancia.

Resignificación del campo social en la investigación – intervención en salud mental.

Considero que lo social es el elemento sustancial en la articulación y construcción colectiva de nuevos o redefinidos saberes para nuestras intervenciones. El punto de vista analítico que asumo implica considerar esta articulación -su definición y acción- en el complejo entramado social e histórico en que se ubica la salud mental, es decir, en la trama de relaciones sociales en las que se disputan y construyen los significados (Danani, 1997, 2004).
Si bien para pensar las categorías explicativas en salud mental debemos pensar en la trama de representaciones y prácticas en relación al padecimiento y a los abordajes construidos para dar respuestas a esos padecimientos, estas tramas de representaciones y prácticas deben estar articuladas y contextualizadas desde de los procesos económicos-sociales y también desde los procesos políticos-ideológicos en un momento histórico (Menéndez, 1985, 1990; Grimberg, 1995, 1997, 2000, 2002). Así la producción y organización de saberes y prácticas son procesos estructurales en los conjuntos sociales en un momento histórico y en una situación contextual determinada.
En nuestro país, la década del 90, produjo un contexto signado por profundas transformaciones en las formas de producción, recesión, dominio del capital financiero en el sistema económico, crecimiento del endeudamiento interno y externo, desempleo y empobrecimiento (Lozano, 2002). Este contexto profundizó los procesos de desintegración, desigualdad, inequidad y fragilización social (Castel, 1991) con profundas transformaciones en la construcción social de producciones subjetivas y formas de padecimientos (Galende, 1994). A pesar de este desplazamiento investigaciones recientes concluyeron que los servicios de psicopatología y salud mental de los hospitales generales mantuvieron un funcionamiento estático (Barcala y otros, 2004) sin resignificar ni problematizar de los abordajes institucionales. Este entonces es un primer aspecto a considerar cuando pensamos la articulación entre investigación-intervención en salud mental.
Ahora bien, pensar en problemáticas de salud mental implica, desde esta perspectiva, pensar en problemáticas complejas las cuales necesariamente precisan de un abordaje investigativo que articule diferentes campos de conocimiento, tanto para la definición del problema, de las categorías explicativas acerca de ese problema, del análisis de esas categorías contextualizadas, como así también, de los abordajes técnicos profesionales que a posteriori se podrían redefinir a partir de esos procesos de investigación. Entiendo esta perspectiva como la que se construye a partir de las constricciones del sistema social y político haciendo principal hincapié en los elementos conflictivos de la articulación entre los distintos niveles de lo social (Kornblit, 2004).
Pensar entonces en problemáticas complejas implica la construcción de nuevas categorías explicativas que den cuenta de esa complejidad (Bialakowski, A., 2002; Galende, E., 1990, 1991, 1993). Con esto quiero decir que el paradigma de construcción psiquiátrica concentrado en el orden de la clasificación tradicional (Foucault, M., 1967) con respuestas históricas asociadas a esas categorías, encuentra ciertos límites. Lo social modeliza nuevas categorías que en otros momentos históricos fueron ajenas al campo de la salud mental y que hoy son construidas como demandas hacia los servicios ya sea por parte de la población o por parte del propio sistema, que a través de innovadores procesos de medicalización /medicamentalización, patologizan ciertas situaciones o prácticas de la vida social (Fitzpatrick, 2001; Conrad, 1975; Conrad & Poter, 2000). En el conurbano bonaerense se observó en los datos epidemiológicos de una muestra de hospitales generales y salas de salud, que los nuevos perfiles de consulta asociados con la pobreza oscilaban entre el 12% y el 50% de los casos atendidos en los servicios de salud mental. Estas demandas, no hace mucho tiempo, eran abordadas desde otros campos disciplinares (Bialakowski y Faraone, 1999-2002).
La emergencia social que golpea el campo de la salud mental requiere de urgentes estrategias de abordajes capaces de pensar colectivamente conceptualizaciones, categorías y dimensiones explicativas que posibiliten salir de la encerrona en la que hoy nos encontramos los profesionales de las diferentes disciplinas que intervenimos en este campo.
Pensar cómo investigar y cómo intervenir en estas nuevas problemáticas complejas conlleva la necesidad de articular saberes y prácticas diferentes. Creo que este es otro dilema necesario de resolver con urgencia desde los propios equipos de salud mental.

 

El impacto social de las investigaciones en el campo de la salud mental.
En referencia a este aspecto que deseo abordar recuerdo una frase de Montagnier, extraída del libro Etica de la salud de Berlinguer, que dice: “la investigación en el campo de la salud traerá seguramente, soluciones extraordinarias pero tan costosas que plantearán seguramente grandes interrogantes sociales. Al final de este siglo, la aparición de terapias preventivas, evitarán la posibilidad de lesiones irreversibles, que aumentarán el promedio de vida tal vez en 20 años. Pero las consecuencias sociales de esta revolución biológica, serán imprevisibles. Está claro que no podrán beneficiar 10.000 millones de personas, y que lo mejor, les tocará sólo a quienes tengan los medios para pagarlo”, a lo que agrega Geovanni Berlinguer: “la única objeción que se le puede hacer a esta descripción es en la conjunción de los verbos: Montagnier ha elegido el tiempo futuro, mientras que valdría usar el tiempo presente” (Berlinguer, 1987).
Ante este dilema discutir la investigación interdisciplinaria en salud mental también significa discutir cómo los resultados obtenidos por nuestras investigaciones pueden aportar a la construcción de una sociedad más igualitaria y justa en referencia al acceso a la salud.
Lo que quiero destacar es que pensar en procesos de investigación en salud mental implica repensar sus potencialidades, sus sentidos, es decir, sus aportes a la construcción de un pensamiento crítico que nos permita apartarnos del sentido común que guía muchas veces nuestras prácticas en este campo.
Quería referirme a estos dos conceptos que acabo de enunciar: el de sentido común y el de pensamiento crítico para darle el real sustento a la afirmación formulada. Desde la concepción teórica en la cual me apoyo el sentido común lo refiero a un conjunto de ideas centrales que se transforman en sentidos reales y compartidos para proveer dirección a la sociedad, actuando como el cemento que rellena las brechas y artificialmente suaviza las contradicciones sociales. El sentido común esta dirigido a crear la ilusión de que nosotros no somos responsables de nuestros actos, que los vivimos como naturales, y en consecuencia muchas veces no elegidos (Benasayag y Charlton, 1993; Iriart, 2006). En cambio el pensamiento crítico se aproxima a lo que Sartre definió como un acto individual que compromete a la humanidad. Es decir el pensamiento reflexivo crítico es aquél donde el sujeto carga con la responsabilidad de su enunciación. En tanto sujeto de la enunciación es enteramente responsable del conjunto de lo enunciado (Benasayag y Charlton, 1993).
Este es otro dilema que debemos enfrentar: repensar los procesos de investigación social como aportes que posibiliten a los equipos la construcción de pensamiento crítico acerca de los problemas, las representaciones y las prácticas en el campo de la salud mental.

 

Nota final.

Es un desafío que los trabajadores de la salud mental podamos realizar investigaciones a partir de los propios desarrollos e intervenciones. En este sentido considero fundamental que el investigador pueda articular su proceso investigativo con los procesos de intervención, para esto es necesario la construcción colectiva de los problemas a investigar, la elaboración de los objetivos, la constitución del marco teórico, los conceptos y las hipótesis, el diseño del trabajo de campo, y también la codificación y el análisis de los resultados. Esta metodología para los equipos no sólo implica un proceso que posibilita producción de información y análisis diferentes, sino y principalmente que esa información y ese análisis puedan ser político y estratégico.
Tal como señala Menéndez, esta producción lejos de concepciones empiristas, propone asumir la realidad como problematizada a partir de un esfuerzo de producción no sólo analítica sino contextual deviniendo por consiguiente en elaboraciones conceptuales no escindidas de la realidad en las cuales se aplica.
La producción de este tipo de trabajo abre la posibilidad de avanzar simultáneamente en la producción de conocimientos, pero también abre la posibilidad de fortalecer, profundizar y reorientar las experiencias hacia la construcción acciones alternativas en base a la defensa del derecho a la salud de nuestra población.

 

Silvia Faraone
Lic. en Trabajo Social. Master en Salud Pública *
sfaraone [at] mail [dot] fsoc [dot] uba [dot] ar
* Investigadora del Instituto Gino Germani y Docente de la Cátedra Salud Mental. Facultad de Ciencias Sociales. Universidad de Buenos Aires.

 

Bibliografía

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