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LA TOMA DE DECISIONES EN ORGANIZACIONES PARTICIPATIVAS


Trabajo premiado en el Tercer Congreso de Salud Mental y Derechos Humanos realizado por la Universidad Popular de Madres de Plaza de Mayo

Por Natalia Castagnet Lacuesta - Publicado en Noviembre 2004

Este trabajo fue Mención del Tercer Congreso

ÁREA TEÓRICO-PRÁCTICA: TRABAJO SOCIAL.
EJE: LAS INSTITUCIONES Y SUS DEVENIRES.
Autor: Lic. Natalia Castagnet Lacuesta

LA TOMA DE DECISIONES EN ORGANIZACIONES PARTICIPATIVAS

INTRODUCCIÓN

En el presente trabajo intento conocer qué características adoptan los procesos decisorios colectivos en la época actual, abordándolos desde el análisis de las organizaciones y centrándome en un tipo particular de organizaciones que llamaré participativas. En el mismo presento parte de las concusiones a las que he llegado en el marco de trabajos anteriores.

Defino como participativas a aquellas organizaciones cuya estructura está diseñada con vistas a asegurar la más amplia participación de sus integrantes en la toma de decisiones, y en las que ésta se constituye no sólo como medio sino también como fin o como valor. Considero a las mismas como espacios de construcción de salud mental y promoción de derechos humanos.

El trabajo se desarrolla en el plano de una aproximación teórica al tema desde distintas vertientes: las teorías de organizaciones, las teorías de la decisión, y las teorías políticas, estas últimas en el entendido que no se puede reducir el análisis organizacional a la mera organización. Esto se complementa con el estudio descriptivo de algunas organizaciones participativas que sirvan como referencia a la reflexión, como forma de no perder contacto con la dimensión concreta de la intervención profesional.

CONTEXTUALIZACIÓN

En el paso del siglo XX se ha ido produciendo un cambio en el curso del pensamiento que se ha dado en llamar posmodernidad[1], caracterizada por el debilitamiento de las posturas políticas e ideológicas, la contracción de objetivos universales y la retracción de acciones colectivas estables.

El pensamiento moderno en relación a la toma colectiva de decisiones se origina, como fundamenté en un trabajo anterior[2], en la creencia de que el ser humano es por naturaleza incapaz de tener actitudes solidarias, de que tiene que existir alguien en una posición de externalidad que decida qué es lo mejor para todos. Como este ser superior que defina qué es lo mejor para todos y cómo se logra debe ser de este mundo, tiene que ser alguien con una mayor capacidad natural, alguien que sabe. El poder se legitima en una capacidad especial: no hay aprendizaje, no hay dominación.

El imaginario político del Estado moderno se define, de acuerdo con Castoriadis[3], por: sistemas políticos basados en la representación, considerando la democracia directa como imposible desde el punto de vista empírico; profesionalización de la política, donde la ley es fabricada y aplicada por especialistas y desconocida para el común de los ciudadanos, Estado centralizado, burocrático y omnipotente, separado de la sociedad y dominándola, visualizado como ajeno; separación de poderes como forma de ocultar el poder del gobierno y el poder de los partidos.

Vemos entonces una primer dificultad estructural a nivel simbólico y material en crear otras modalidades de relación, o formas organizativas en las que sea deseable y posible una toma participativa de decisiones.

CONCEPTUALIZACIÓN

La sociología de las organizaciones deja de manifiesto que existen procesos y dinámicas comunes en organizaciones con características diferentes. La organización es el espacio que hace posible a la vez que limita la acción humana, la acción colectiva, la realización de determinados objetivos. Es una entidad inacabada, dinámica, y, por tanto en permanente construcción. La toma de decisiones en este marco constituye un proceso de lucha, de conflicto, que se renueva, se elabora o se afirma en cada momento.

Existen diferentes teorías sobre la toma de decisiones y distintas definiciones de decisión, de las cuales tomaré dos perspectivas diferentes que pueden resultar complementarias a los efectos del análisis. Por un lado la de un autor que da una visión de globalidad al considerar la decisión como un proceso diluido en la totalidad de la sociedad (Lucien Sfez: Crítica de la decisión (1984)), y por otro un autor que estudia la decisión en su especificidad (Niklas Luhmann: Organización y decisión (1997)).

Sfez refuta la noción de la decisión identificable como tal, claramente definida en cuanto a cuándo se tomó y por quién, esquema tradicional que fragmenta los actos de concepción, deliberación, decisión y ejecución, en donde el pensamiento precede a la acción y se privilegia el momento de la elección. Considera la decisión como un "proceso complejo de interacciones entre diferentes subsistemas"[4], donde existe la multicausalidad, multirracionalidad, tomada por agentes limitados por su lugar en el sistema mucho más que por las cualidades personales de los sujetos, y en el marco de determinados fines y valores, que son sociales y también son objeto de decisión.

Lo que hace Niklas Luhmann, a diferencia de Sfez, es abstraer la decisión de todas las cosas relacionadas con ella, y de esta forma, de todas las variables organizacionales, de todas las demás decisiones que influyen en ella. Sólo implica lo que es evidente como tal o lo que se ha reconstruido como decisión[5]. Existe una valoración entre diferentes alternativas y la decisión consiste en la elección de una, si bien implica una relación entre decisiones.

Una perspectiva que asume Luhmann es tratar la racionalización y democratización como exigencias actuales que afrontan las organizaciones. La racionalización está referida a la "dimensión real" de las decisiones[6]. La adopción de decisiones es una exigencia, y éstas deben tener una justificación de acuerdo a criterios racionales. Esto aumenta la complejidad de la organización, por tanto "la racionalización es un proceso de crecimiento"[7]. Pero el crecimiento crea también un aumento de los problemas de decisión, los que se resuelven por ejemplo mediante la rutinización de las decisiones. La racionalización significa también "un crecimiento desequilibrado en dirección a procesos de decisión rutinizables"[8]. En definitiva "la racionalización produce problemas de estructura que no son racionalizados al mismo tiempo"[9].

La democratización refiere a la "dimensión social" de las decisiones. Las alternativas de decisión afectan a distintas personas o grupos de diferente manera, las que pueden estar interesadas en la decisión según sus intereses o sus ideas. La democracia exige que incluso participen personas que no están relacionadas directamente con el objeto de decisión en cuestión. La democratización implica que se democratice también la decisión sobre las decisiones a tomar, que se organice la toma de decisiones. Pero es imposible decidir sobre todo, por tanto la elección de decisiones es selectiva. De esta forma es que también la democratización produce problemas de estructura no democratizados. Con estos análisis Luhmann intenta demostrar que la racionalidad y la democracia no son sólo solución a los problemas que plantea la decisión sino que también son fuente de los mismos.

LAS EXPERIENCIAS

A partir de la aproximación realizada en trabajos anteriores[10], a algunas experiencias organizativas concretas y actuales, se obtuvieron algunos puntos críticos o nudos en la toma participativa de decisiones como retos a tener en cuenta en la actualidad para la investigación e intervención.

Las organizaciones participativas abordadas difieren en sus características generales y  en la forma de llevar adelante la intención participativa, en su estructura y mecanismos de decisión. Lo que sí se observa es que existen procesos comunes en cuanto a participación y decisión se refiere, a nivel de las personas, a nivel organizacional y a nivel societal:

- A nivel societal: Determinaciones socioculturales: individualismo postmoderno; neoliberalismo y pensamiento subordinado al beneficio económico; reproducción de las estructuras sociales y políticas jerárquicas y centralistas. Influencia del contexto de crisis económica.

- A nivel organizacional: contexto institucional en el que se inserta la organización, complejidad de la misma, limitaciones de tiempo, falta de fluidez y eficiencia en la toma de decisiones, bajo nivel de participación en términos cuantitativos y cualitativos, dificultades en llegar a consensos, complejidad de la organización. Por lo general no se plantean problemas con la estructura formal de la organización.

- A nivel de las personas: incidencia de los factores emocionales, contradicciones entre lo que se dice y hace, falta de formación a nivel de participación, diferencias de intereses, falta de credibilidad en los dirigentes.

Sistematizando los puntos críticos a nivel organizacional en los procesos de decisión, que pueden servir como ejes a tener en cuenta en futuros abordajes del tema -ya sea a nivel de investigación o de intervención-, encontramos:

Ø                  La diferenciación de la participación en términos cuantitativos y cualitativos.

Ø                  La participación en las decisiones como derecho y como obligación.

Ø                  La conjugación de autonomía y participación en arreglo a criterios colectivos.

Ø                  La diferenciación de la decisión centrada en los procesos o en los resultados.

Ø                  La conjugación de participación con eficiencia, y de la acción por la urgencia con objetivos a largo plazo, lo que constituye el manejo de la variable tiempo.

Ø                  La participación en las distintas etapas del proceso decisorio: información, discusión, consideración de alternativas, selección, gestión -a nivel individual y colectivo-.

Ø                  La decisión por la vía de la acción concreta de las personas, no siempre como paso previo diferenciado.

Ø                  La relación de los individuos con la organización y en el marco de los distintos sistemas de acción que integran.

Ø                  La diferenciación de órganos y la relación entre ellos. La conjunción equilibrada de las instancias horizontales y centralistas de la estructura.

Ø                  El tema de los roles a la interna de la organización: definición y diferenciación de los mismos, cómo moverse entre un comportamiento acorde a éstos y su estereotipación.

Ø                  La delegación. La definición de roles del delegado y de los que delegan, sus relaciones y sus distanciamientos (el que delega se libera de su compromiso, el delegado se sobrecarga).

Ø                  La existencia de grupos o fracciones dentro de la organización y su estereotipación. La visualización de la “oposición”: los que no participan, los que siempre se quejan, etc.

Ø                  La influencia de los factores emocionales, teniendo en cuenta que los individuos ponen en juego su persona y construyen relaciones afectivas en el marco de la organización.

LA TOMA DE DECISIONES EN ORGANIZACIONES QUE DEBERÍAN SER PARTICIPATIVAS

En esta sección intentaré problematizar algunas de las cuestiones que están implicadas en los procesos de toma de decisiones -pensándolos específicamente en el marco de lo que hemos definido como organizaciones participativas-, que se constituyen en restricciones o condiciones a la participación. No pretende ser una descripción agotada, sino simplemente plantear algunas líneas de análisis que contribuyan a comprender la complejidad de la dinámica social.

El problema de la democratización.

Ya vimos en el planteo de Luhmann cómo la racionalización y la democratización mantienen a las organizaciones bajo condiciones de autoexigencia excesiva. En la opinión de Luhman el postulado de la democratización en organizaciones es idealizado en forma incondicional, pero "la pregunta de si -y por qué- las organizaciones merecen tanta participación permanece fuera de atención. Y de la misma forma, tampoco se plantea la pregunta relacionada de si los individuos realmente buscan la participación o preferirían evitarla y de para quién -y bajo qué circunstancias- tiene sentido la una o la otra opción"[11].

Considero en el caso de organizaciones participativas estas exigencias son aún mayores.        

Por otro lado, propongo teóricamente la existencia de otra exigencia que deben cumplir las organizaciones participativas además de la racionalización y la democratización, inspirándome en lecturas de Adela Cortina[12]: la justicia, lo que correspondería a una dimensión moral. La racionalidad y democratización hacen referencia a la legitimidad de los procedimientos, pero éstas no implican que las decisiones sean justas. En tanto la participación no es sólo una cuestión procedimental, en tanto existe una discusión acerca de los fines y los valores, implica una concepción ética de lo justo y de lo bueno. Para que la participación sea sustantiva, la legitimidad de las decisiones debe estar dada no sólo por su racionalidad y democratización, sino que implica una noción compartida de bien común. La justicia se constituye entonces en otra exigencia de legitimidad. Exigencia que, parafraseando a Luhmann, produce aumento de la complejidad y problemas de estructura que no siempre se pueden resolver de forma justa.

El problema de la burocratización.

Este punto corresponde a los planteos de Lapassade y de Claude Lefort, los que se basan en las conceptualizaciones de Weber sobre la burocracia. Se refiere a la burocratización que se establece en este caso en las organizaciones participativas como consecuencia de reproducir la burocratización del Estado en el funcionamiento interno de las mismas, más allá de la estructura que tengan[13]. Esto se produciría “gracias a una especie de opción”[14] dada por otorgarle primacía a la continuidad de la organización frente al cumplimiento de sus objetivos.

El problema de la legitimidad.

Lechner entiende por legitimidad "el reconocimiento de un orden político"[15], que asegura la integración social. En este reconocimiento se produce una visualización del poder como orden, el que pasa a ser visto como natural. Sobre la base de una situación de hecho se legitima el orden existente; el orden no es visto como una relación de poder sino como algo dado. No hay violencia ni consenso sino que aparece como algo tan simple un hecho, y esto es lo que Lechner llama "el poder normativo de lo fáctico".

La relación mayoría-minoría.

Resulta interesante el planteo de Lechner sobre los conceptos de "mayoría" y "minoría" y sus relaciones, conceptos que son construidos socialmente. Con estos conceptos se establece un proceso de medición en el que la relación política se define a partir del número. Los conceptos de mayoría y minoría definen la relación de poder como una proporción, a partir de la cual se determinan recíprocamente.

Un grupo además de su fuerza numérica que lo constituya como mayoría debe adquirir una cohesión interna, una organización. Y de acuerdo a la construcción que realice del entorno social puede posicionarse como mayoría aunque sea numéricamente una minoría. Pero como explica Lechner, "esta paradoja no permite afirmar que la minoría sea representante de la mayoría ni que no lo sea. De hecho, la minoría no realiza los intereses implícitos a la praxis de la mayoría, pero a su vez la mayoría no tiene una voluntad propia, independiente del grupo dominante"[16].

El problema de la delegación

Bourdieu analiza los procesos que hacen que "el mandatario pueda tener poder sobre aquel que le da poder"[17].

 El mandatario tiene un poder que trasciende el de cada uno de los representados. El representante debe su existencia simbólica al grupo, pero paradójicamente el grupo existe sólo a través de su delegado, el que sustituye al grupo. En esta relación circular se produce la ilusión de que el portavoz es el que produce el poder del grupo.  Esta paradoja oculta hace que cuando se producen críticas y autocríticas se cuestione a los individuos y no las estructuras como tales o los procesos.

El problema de la igualdad

Este punto se refiere a la existencia de desigualdades de hecho en el ejercicio del poder, más allá de la supuesta igualdad formal que implica la toma colectiva de decisiones. Una de estas múltiples formas de las desigualdades de origen en el acceso al ejercicio de los derechos está dada por las relaciones establecidas a partir de los estereotipos de género, en el marco de una sociedad patriarcal. Algunos autores explican cómo en los partidos políticos, por ejemplo, se produce una división sexual entre militancia y toma de decisiones, es decir que si bien existe un gran número de mujeres realizando actividades políticas, el acceso a los ámbitos efectivos de poder es limitado debido a factores organizacionales[18]. El problema radica en cómo accede la mujer al espacio de lo público, en el que sigue vigente una cultura política de modalidades masculinas de relación. Esto produce conflictos en la subjetividad de las mujeres cuando quieren acceder a espacios de participación: "asumir que los masculinos espacios de poder no son para las mujeres o masculinizarse para llegar a ellos"[19]. De acuerdo con esta visión, la alternativa a este funcionamiento no pasa por hablar en nombre de las mujeres, las que no pueden ser representadas en su diversidad, sino por construir una modalidad participativa a partir del reconocimiento de las diferencias, transformándola en acciones colectivas.

CONCLUSIONES

Algunas de las cuestiones que están presentes al considerar la toma colectiva de decisiones, ya sea de forma explícita o subyacente, son: el poder; el saber; la conceptualización de las nociones de mayoría-minoría, voluntad general, bien común y participación; interés individual-interés general,  lo público y lo privado; el sujeto decisor, la relación entre argumentación y razón; la cuestión del mejor procedimiento; la relación entre participación y eficiencia; la decisión desde la autonomía o desde lo culturalmente determinado.

Estas cuestiones exigen un análisis profundo de los discursos y las prácticas y el descarte de conclusiones apriorísticas, así como un aprendizaje y una reflexión permanente. El abordaje de la toma de decisiones en organizaciones participativas requiere necesariamente reconocer estas complejidades y aceptar la convivencia entre contradicciones.

La intervención desde el Trabajo Social requiere asumir opciones teórico-ideológicas y ético-metodológicas.

Si es cierto que otras disciplinas han estudiado los procesos decisorios colectivos para optimizar su racionalidad y eficiencia, o para manipularlos a favor de objetivos de rentabilidad o de legitimación del orden existente, la especificidad del rol profesional del Trabajo Social implica, desde mi punto de vista, un abordaje centrado en el cambio de los modos de relación culturalmente instituidos, que responda a valores y fines acordes con un proceso continuo de reflexión crítica por parte de los propios sujetos en forma colectiva, y que permitan generar alternativas viables de acción y decisión.

Un abordaje, en definitiva, que permita pasar de lo normativo a lo ético y de lo empírico a lo posible.

BIBLIOGRAFÍA

BOURDIEU, Pierre (1993). “La delegación y el fetichismo político”, en Cosas Dichas.  Barcelona: Gedisa.

CASTORIADIS, Cornelius (1997). El avance de la insignificancia. Bs. As.: Editorial Universitaria de Buenos Aires.

CORAGGIO, José Luis (1990). “La participación popular: ideología y realidad”, en Revista de Trabajo Social Nº9. Montevideo: Ed. Eppal.

CORTINA, Adela (1993). Ética aplicada y democracia radical. Madrid: Ed. Tecnos.

CROZIER, Michel; FRIEDBERG, Erhard (1990). El actor y el sistema: las restricciones de la acción colectiva. México: Alianza Editorial Mexicana.

FRIEDBERG, Erhard (1998). El análisis sociológico de las organizaciones. Montevideo: CLAEH.

INSTITUTO SOCIAL Y POLÍTICO DE LA MUJER. Argentina (2003). “Paridad en la toma de decisiones: Las mujeres y el poder”. Página web: www.ispm.org.ar/paridad/poder.html.

LAPASSADE, Georges (1977). Grupos, organizaciones e instituciones. La transformación de la burocracia. Barcelona: Ed. Granica.

LECHNER, Norbert (1996). La conflictiva y nunca acabada construcción del orden        deseado. Madrid: Siglo XXI; Centro de Investigaciones Sociológicas.

LEFORT, Claude (1984). “¿Qué es la burocracia?”, en Teoría de la burocracia estatal. Bs.As.: Paidos.

LIPOVETSKY, Gilles (1986). La era del vacío. Barcelona: Ed. Anagrama.

LUHMANN, Niklas (1997). “Organización y Decisión”, en Organización y Decisión. Autopoiesis, acción y entendimiento comunicativo. México: Ed. Antrophos.

MONTAÑO, Carlos. La participación en organizaciones democráticas y autogestionadas (Montevideo, CLAEH, 1992),

SFEZ, Lucien (1984). Crítica de la decisión. México: FCU.

ACTUAL AUTORA (2001, 2004). Montevideo.





[1] LIPOVETSKY, Gilles. La era del vacío (Barcelona: Ed. Anagrama, 1986).

[2] (…) Montevideo, 2004.

[3] CASTORIADIS, Cornelius. El avance de la insignificancia (Bs. As.: Editorial Universitaria de Buenos Aires, 1997).

[4] Idem.

[5] LUHMANN, Niklas. Ob. Cit., p13.

[6] LUHMANN, Niklas. Ob. Cit., p25.

[7] LUHMANN, Niklas. Ob. Cit., p27.

[8] Idem.

[9] Idem.

[10] (…) Montevideo, 2001, 2004.

[11] LUHMANN, Niklas. Ob. Cit., p37.

[12] CORTINA, Adela. Ob. Cit.

[13] LAPASSADE, Georges. Ob. cit., p199.

[14] LEFORT, Claude. Ob. Cit., p40.

[15] LECHNER, Norbert. Ob. Cit., p41.

[16] Idem.

[17] Idem.

[18] Instituto Social y Político de la Mujer. Paridad en la toma de decisiones: Las mujeres y el poder. Argentina, 2003. Documento HTML: www.ispm.org.ar/paridad/poder.html.

[19] Idem.

 

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