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Postales Argentinas
La llamaron Mari
Por - Publicado en Abril 2012
En un suburbio de Buenos Aires, se despereza una mañana de marzo, después de dos largos días de lluvia. Está asomando el sol y todo está cubierto por un tufo húmedo, que quedará anidado en las grietas de pisos y paredes.
Gabriela toma el mate que le ofreció Mari. A ellas, el destino las hizo cuñadas, mejor dicho los embarazos de aquellas noches de cumbia, alcohol y porros hasta perder los límites.
HORAS CONTADAS (*) ó DESPUES DE LA SEQUÍA
(Durante siete días consecutivos para cada uno de nosotros será domingo, semana tras semana, hasta
que Oesterheld y Juan regresen de esa intemperie que no olvidamos.)
Éramos tres y tomábamos té. Sus aromas impregnan lo familiar; si algo no lo es, lo hacen. Lo permanente entonces asienta por un rato.
El peligro acecha
Por - Publicado en Diciembre 2010
Adela y Aurora, hermanas, ambas octogenarias, viven en un amplio departamento del segundo piso de uno de los antiguos edificios que quedan en el barrio del Abasto.
Lo estrenaron sus abuelos, allá por 1910, y ellas tienen como misión fundamental en la vida garantizar que la única descendiente directa herede los valores familiares representados por este hogar con todos sus objetos.
EL PUNGA
Por - Publicado en Noviembre 2010
Juan, los 20 años, la barba candado, las zapatillas de marca, la gorrita con visera, el conurbano bonaerense, el mediodía, el barro, la feria, las baratijas, los puestos, la mercadería de segunda, la muchedumbre, el tumulto, la mujer morena, el hombre tatuado, los pibes, la pelota, los perros, la tierra, el barro, la mugre, el frío, el viento, la mano, la limosna, los vendedores, los panchos, la cerveza, el olor a frito, las palomas, las voces, los gritos, las risas, los altoparlantes, la cumbia, la sonrisa desdentada, el cartel, la virgen de Luján, el ven
LA BARRITA DE LA CUADRA
Por - Publicado en Noviembre 2010
Hace ya muchos años, en el barrio de floresta, la barrita de la cuadra estaba integrada por Pancho, Vaguito, Tati, el mono, Roli y el gordo. Tenían entre 10 y 12 años y eran vecinos de toda la vida. Algunos compartían además los estudios primarios, y otros sólo las travesuras diarias en las calles del barrio. De vez en cuando se los veía trepar el muro que daba al patio de los Garrone, donde ya eran especialistas en robar ciruelas.
Lluvia
Por - Publicado en Noviembre 2010
Se ha desatado esta lluvia.
Se desbarranca desde el fondo de la tarde, desde un teléfono con un anuncio, desde mi pecho con un ahogo, y por fin desde mis ojos, que ahora dejan caer lentas largas eles.
Hubo muchas lluvias, torrenciales o mansas, contundentes o imprecisas, pero ahora, esta tormenta que arrecia, me deja sin aliento y quiere hacer naufragar mis palabras.
Desnudez en las calles
Susana Ragatke
Caminando por Corrientes, a unas cuadras del Abasto, en una de esas raras tardes en que había poca gente a mi alrededor, vi sorpresivamente a varios metros delante mío, y en el espacio entre dos autos estacionados, una masa de un tono blanco lechoso con limites oscuros superior e inferior, que parecía dotada de ciertos movimientos. Sentí curiosidad, me fui acercando con cautela, manteniendo distancia del cordón de la vereda. Pude darme cuenta que se trataba de una persona, de espaldas, con las nalgas descubiertas. Parecía haber estado defecando y quizá orinando.
Un encuentro
Susana Ragatke
susana [dot] ragatke [at] topia [dot] com [dot] ar
Era una mañana del dos mil uno, en el conurbano, el gran supermercado y a pocas cuadras la villa de los pobres. Fue cuando una muchedumbre se avalanzó sobre las góndola, salteó cajas, molinetes y puertas, llevándose mercaderías para palear el frío y el hambre de familias sin trabajo. En el entorno, humo, golpes, tiros, forcejeos entre la policía y ellos, detenidos unos, huyendo otros, tratando de no perder lo poco logrado.
Al atardecer, todo era desolación vigilada por una guardia policial.
La foto del reencuentro
Susana Frida Ragatke
susana [dot] ragatke [at] topia [dot] com [dot] ar
Para ella, la calle Corrientes a la altura de Montevideo es un lugar muy querido, ahí se siente imbuída de un clima propicio para hallazgos, encuentros y reencuentros.
Hay lugares y personajes que lo hacen inconfundible.
Alvaro Yunque: Evocación poemática de la Biblioteca Obrera de la calle México 2070
Recuerdo: Era por el año 1909. La República iba a festejar – con estado de sitio – el centenario de su emancipación.
Poco antes, Simón Radowisky, un muchacho candoroso, creyendo muy fácil resolver los conflictos entre el trabajo y el capital, hizo que el Coronel Ramón Falcón, el jefe de Policía, pegara un brinco tan grande que no paró hasta el otro mundo.


















