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“Hacia la comprensión de la existencia de hogares geriátricos clandestinos”


Trabajo premiado en el Tercer Congreso de Salud Mental y Derechos Humanos realizado por la Universidad Popular de Madres de Plaza de Mayo

Por Paula Mara Danel - Publicado en Noviembre 2004

Eje desde donde analizar nuestro quehacer: Las instituciones y sus devenires
Área teórica: Trabajo Social
Autor: Lic. Paula Mara Danel

“Hacia la comprensión de la existencia de  hogares geriátricos clandestinos”

“La cuestión teórico – metodológica refiere al modo de leer, interpretar,
de relacionarse con el ser social........ implica una apropiación
de la teoría –  una capacitación teórico metodológica  – y un
 ángulo  de visibilidad en la lectura de la sociedad - .....”[1]

El presente trabajo corresponde a una primera aproximación de los hallazgos encontrados en el desarrollo de mi tesis de Maestría en Trabajo Social “La prestación en los hogares geriátricos. Estudio comparativo entre hogares geriátricos habilitados y clandestinos”  Si bien aún me encuentro en una primer etapa de la misma, me pareció oportuno compartir con ustedes la caracterización y análisis que he efectuado de los hogares geriátricos “clandestinos”, a fin de que analicemos qué acontece en este tipo de instituciones. 

Cuando comencé a trabajar sobre el proyecto de investigación inicié un proceso de ruptura con  la forma de concebir la producción de conocimiento desde el Trabajo Social y me sentí fuertemente interpelada por el señalamiento de la Dra. Iamamotto  en cuanto al desafío que nos toca enfrentar a los trabajadores sociales “..El servicio social en la contemporaneidad .... sintetiza el desafío de descifrar los nuevos tiempos para poder ser contemporáneos.  Esto quiere decir un profesional calificado que refuerce y amplíe su competencia crítica, no solamente a nivel de la ejecución sino que piense, analice, investigue y descifre la realidad”.  Este trabajo será un intento de reflexión analítica a manera de incipiente  respuesta al  desafío.

Analizaré una de las expresiones de la cuestión social que con mas fortaleza interroga mi intervención, me refiero a la institucionalización de los adultos mayores. Me desempeño como integrante de un equipo de profesionales (en su mayoría médicos), que habilita y fiscaliza los establecimientos privados de salud radicados en la provincia de Buenos Aires. Entre ellos se encuentran los Hogares Geriátricos que se transforman, quizás,  en uno de los temas mas controvertidos. Por un lado porque  su número ha crecido en forma significativa en los últimos 20 años  vinculado al aumento de la población anciana, a la cobertura por parte de las obras sociales (estado) de este tipo de prestación y por la configuración de familias como “poco contenedoras” de los adultos mayores (sobre todo si padecen patologías de tipo demencial o que requieran asistencia permanente). Por otro lado porque no solo aumentó el número de hogares sino que desde la década del 90 han surgido hogares tipificados como Clandestinos que albergan ancianos por un costo menor al de las instituciones habilitadas y son de difícil contralor.  Durante años se tendió a “demonizar” a los titulares de estos hogares ya que eran considerados delincuentes que transgredían la ley y colocaban en alto riesgo a los ancianos. Pero esto comenzó a ser problematizado por algunos de los que integramos este equipo.    

En ese sentido recupero una frase de la Dra. Iamamoto “las propuestas no salen de la cabeza, sino surgen de la capacidad de interpretar la realidad”. Creo que esto fue lo que nos sucedió a nosotros, comenzamos a mirar la realidad y desde allí surgieron interpelaciones, interrogantes y por que no propuestas. Comenzamos a darnos cuenta que los delincuentes que “atrapaban” a los viejitos en lugares inhóspitos, lúgubres y poco dignos no eran mas que mujeres, jefas de hogar. Obviamente no eran jefas de cualquier hogar sino que pertenecían a estas familias que la literatura sociológica llama nuevos pobres o  pauperizados.  Y los establecimientos clandestinos no eran mas que casas que condensaban en su estructura la historia de una clase obrera que alguna ejerció derechos y tuvo la posibilidad de la movilidad social.  Asimismo a la vez que comenzamos a mirar a los propietarios de estos hogares  vimos que los ancianos no estaban “atrapados”, apresados,  contra su voluntad sino que varias veces estaban a gusto. Y lo más paradójico era descubrir que la llegada de algunos ancianos a estos lugares había sido posibilitada por el mismo estado, sea a través de los servicios sociales hospitalarios, del Poder Judicial (Curaduría), etc.  Cuando el lugar realmente no reunía “condiciones mínimas” decidíamos la Clausura y ahí volvíamos a ser empujados a un lugar sin respuesta. No lográbamos garantizar el lugar a donde derivar a los ancianos, el estado no garantizaba lo mínimo para una población a todas luces vulnerabilizada, en riesgo. Y como algo novedoso en estos últimos dos años es que los ancianos se niegan a ser trasladados a otras instituciones.

Creo que hay varias cuestiones a analizar en la situación planteada. En primer lugar señalaré como aparece la centralidad del trabajo en la conformación de los hogares clandestinos y que más adelante llamaré sustitutos. También retomando el aporte de Potyara Pereira incorporaré la discusión sobre las necesidades mínimas  y las necesidades básicas sociales, ya que estas concepciones se ponen en juego cuando se analiza la pertinencia de permitir el funcionamiento de hogares que no cumplen la totalidad de requisitos.

Y por último intentaré reflexionar sobre la intervención del trabajo social en la tensión que se produce entre la lógica de la igualdad y la lógica de la desigualdad.

Centralidad del trabajo 

Comenzaré aclarando que  prefiero no denominar a los hogares que carecen de habilitación sanitaria provincial como clandestinos, ya que esto impediría  constituir una  mirada amplia que escape a la disyuntiva legal / ilegal. Los denominaré hogares sustitutos ya que son una alternativa de albergue para los adultos mayores,  que conserva los rasgos propios de una casa familiar.

En la constitución de los hogares sustitutos por parte de familias pauperizadas subyace la búsqueda de trabajo. Trabajo entendido como base de sustento para la reproducción, como posibilidad de objetivación del hombre a través de sus obras, de sus productos. En este caso la obra versa sobre cuidar a ancianos, incorporándolos a la dinámica familiar.

Los hogares sustitutos albergan a  aquellos ancianos que cuentan con un ingreso mensual, sea esta jubilación, pensión por viudez, pensión no contributiva, subsidio por alta psiquiátrica, etc. Todos las formas de ingreso mencionadas implican una retribución de $ 200 máximo por lo que estos ancianos  engrosan las filas de la pobreza e indigencia. También a esta población les ha sido negada la cobertura por parte de la obra social,  a la que aportan, del servicio de albergue.  Con esto queda graficado fielmente que la población asistida por los hogares sustitutos son aquellos que quedan fuera de la cobertura de las políticas sociales específicas.

En estos tiempos de globalización de la economía, flexibilización laboral, desempleo estructural, políticas sociales focalizadas surge como alternativa para muchas jefas de familias (la mayor parte son mujeres) iniciar un emprendimiento productivo vinculado al cuidado de ancianos. Casi siempre se trata de mujeres pertenecientes a las ex clases medias, con maridos o compañeros que han sido excluidos del mercado de trabajo y con pocas posibilidades de re ingreso al mismo. Estas mujeres se reconocen trabajadoras  apelando a un  rol que siempre les fui atribuido (cuidar al débil, asistir). Por lo tanto esta situación está también fuertemente atravesada por la cuestión de género, que no será objeto de profundización en este trabajo.

“En consonancia con las tendencias latinoamericanas, durante la década del noventa ha habido un crecimiento sostenido en el trabajo precario y clandestino.  En 1974, el 21,5% de los asalariados no estaban registrados en la seguridad social y no gozaban de los beneficios básicos de la legislación laboral. Catorce años mas tarde (1988), el 30% de los asalariados está en esa misma situación”[2]   

 “La informalización del trabajo no solo significa menores ingresos sino también – dada la relación entre empleo y seguridad social -  falta de protección  mediante las instituciones de la seguridad social.”[3]  

En este sentido se puede afirmar que los propietarios de estos emprendimientos familiares se ubican en un espacio de alta vulnerabilidad, no solo porque carecen de cobertura previsional sino que ejercen una actividad que es considerada ilegal.

En contrapartida señalamos que en varias oportunidades estos sujetos contratan a otros trabajadores para que colaboren en el desarrollo de las tareas inherentes al albergue de los ancianos. La contratación obviamente es informal, irregular,  es decir ellos explotan a otros trabajadores.  Cabe indicar que en general las trabajadoras que se desempeñan como sub empleadas (sin cobertura social, ni previsional) son consideradas como inempleables, población sobrante para  el mercado  formal de trabajo.

Mercantilización

Asimismo es necesario encuadrar estas prácticas en  los procesos de mercantilización que evidencia el campo de la salud:   “La analogía con la racionalidad de la producción de mercancías es total. Se trata del mismo modo a los pacientes y a la salud misma  que a los automóviles en la línea de producción; las diferencias, el pathos, y el problema ocasional atestiguan que, al contrario de los automóviles, los pacientes  sí piensan y sienten  y que la enfermedad es tanto una relación de interacción humana como una cosa en sí misma.” [4]

Los ancianos que residen en instituciones privadas  de larga estadía  garantizan con su cuerpo  la rentabilidad. Una mayor renta se obtiene si se reducen costos,  una  manera es acortando la cantidad de personal, reduciendo la calidad y cantidad de alimentos dispensados y sobrefacturando los servicios brindados.  Pero, por sobre todas las cosas,   la rentabilidad será garantizada a largo plazo  por lo que la mejor manera  es conservando a los “clientes”·

 “.. la cultura médica  y curativa también sucumben  al lenguaje de los negocios .. Pues la nuestra es la cultura de los negocios, que pone al negocio como el objetivo de la cultura”[5]

Las propietarias de los hogares sustitutos plantean abiertamente que la garantía de su emprendimiento reside en que “los viejitos no se mueran”. Saben que lo que garantiza sus ingresos es la conservación.

“... esto sólo es posible en una sociedad donde la forma de mercancía  es la forma general que adopta el producto del trabajo, y donde, por consiguiente, la relación entre unos y otros hombres como poseedores de mercancías se ha convertido, asimismo,  en la relación social dominante.”[6]

Aquí es interesante que comencemos a interrogarnos algunas cuestiones.

 “El proceso de trabajo  .... es una actividad orientada a un fin, el de la producción de valores de uso, apropiación de lo natural  para las necesidades humanas, condición general   del metabolismo entre el hombre y la naturaleza, eterna condición natural de la vida humana y por tanto independiente de toda forma de esa vida, y común, por el contrario a todas sus formas de sociedad.”[7]

En resumen señalamos que los hogares sustitutos se configuran en estrategias de sobrevivencia de hogares pauperizados cuyo fin es garantizar el trabajo, el ingreso a través del trabajo. El producto de este trabajo está vinculado al cuidado de adultos mayores y en última instancia a la conservación de estos ancianos. 

“Para producir una mercancía no solo se debe producir valor de uso, sino valores de uso para otros,  valores de uso sociales. ...... Para transformarse en mercancía, el producto ha de transferirse  a través del intercambio a quien se sirve de él como valor de uso”[8]

Lo que producen los trabajadores de un hogar de ancianos  tiene que ver con el cuidado de ancianos, tal vez con su calidad de vida o con su simple conservación. Es una mercancía que tiene un valor de uso para el propio anciano (a veces), para el trabajador que anhela conservar su empleo y para el familiar que evita efectuar la tarea el mismo. El valor de cambio va a estar vinculado con el tiempo de trabajo necesario para su producción.

 “... cuanto mayor sea la fuerza productiva  del trabajo, tanto menor será el tiempo de trabajo requerido para la producción de un artículo, tanto menor la masa de trabajo cristalizada en él, tanto menor su valor. A la inversa, cuanto menor sea la fuerza de productiva del trabajo, tanto mayor será el tiempo de trabajo necesario para la producción de un artículo, tanto mayor su valor” [9]

Vale aclarar que los hogares sustitutos desarrollan una actividad mano de obra intensiva, tiempo completo, con una división del trabajo sumamente simple o nula. Con esto quiero señalar que al ser un emprendimento familiar centrado en el desarrollo de trabajo por parte de las mujeres jefas de hogar, en varios casos observamos que son ellas las únicas que desarrollan todas las tareas. 

Aquí surge una paradoja, ya que podríamos pensar que nos encontramos frente a  un desarrollo de fuerzas productivas bajo lo que implica un tiempo de trabajo mayor y por ende un valor de lo producido mas alto. Pero como ya he mencionado  la característica  más relevante  es  que la prestación brindada tiene un costo menor  a las que estipula el mercado. Aquí hay que incorporar otros elementos para el análisis, a saber:  se trata de una actividad ilegal.

La ilegalidad implica falta de reconocimiento por parte del estado, colocando a las familias propietarias de  estos emprendimientos en una zona de vulnerabilidad ya que  carecen de beneficios previsionales, cobertura ante riesgos del trabajo, cobertura en salud y son punibles.  

Queda evidenciado que estamos en presencia de varias manifestaciones de la cuestión social, ya que no  solo son los ancianos los que “merecerían” la asistencia por parte del estado sino que los “ilegales” emprendedores  también son “merecedores” de política social.

“En la mayoría de las instituciones..... El viejo no es más  su historia, no es mas sujeto, es un cuerpo deshecho cuya higiene y supervivencia hay que asegurar. Del mismo modo que el discapacitado, el anciano es objeto de su cuerpo y no un sujeto completo”[10]

En los hogares analizados no se da con tanta crudeza la despersonalización ya que en general albergan poca cantidad de ancianos y preservan la vinculación con un  otro con nombre y apellido. Sucede varias veces que la familia dueña de casa y el anciano albergado se conocen desde hace muchos años y han transitado una historia social juntos. En general los ancianos que residen en estos hogares pertenecen al mismo barrio, y los ancianos de la familia residen en el mismo lugar. De igual forma no estoy en condiciones de generalizar y esta mirada que efectúa Le Breton la podemos observar también en algunos hogares sustitutos.

En los hogares habilitados  el recurso humano con el que cuentan está caracterizado por la impronta del modelo médico hegemónico[11]. Con esto se quiere señalar  que el personal que cumple una función fundamental es el enfermero y el médico. En algunas instituciones incorporan a otros profesionales como psicólogos, trabajadores sociales, terapistas ocupacionales, profesor de educación física o Kinesiólogo, y se trabaja con  perspectivas más amplias, intentando rupturas con el modelo asilar. Pero la mera presencia de un equipo profesional completo no es garantía de rupturas ni de modelos prestacionales superadores.

En el caso de los hogares sustitutos algunas veces se cuenta con la presencia de un enfermero, o la propietaria es auxiliar de enfermería o entendida en la materia por haber transitado alguna experiencia anterior de cuidado de ancianos. Existen experiencias de mujeres que tras haber dedicado un tiempo al cuidado de un anciano de su familia decide dedicarse a tal actividad por considerar que es apta para tal fin.  La mayor falencia que aparece en estos hogares es la ausencia de preparación específica para el cuidado de adultos mayores. Cuando un anciano comienza un proceso de deterioro significativo,  es necesario que sea asistido por personal capacitado.  Aquí tomaré una frase del propio Marx “El camino del infierno está empedrado de buenas intenciones”[12]  retomaré esta discusión cuando analicemos los mínimos sociales.

Necesidades mínimas vs. Necesidades básicas

“... en el marco de la reciente valorización del estatuto de ciudadanía, el concepto de necesidad básica asumió un papel preponderante en la justificación de los derechos sociales  y de las políticas públicas que les corresponden.”[13]  

Potyara Pereira instala en forma muy interesante la discusión sobre lo oportuno de hablar de necesidades básicas en vez de necesidades mínimas. A la vez que efectúa un análisis pormenorizado sobre las concepciones que esconden cada una de ellas. En este sentido, retoma un trabajo efectuado por dos autores ingleses Doyal y Gough  “... sostienen que todos los seres humanos, en todos los tiempos, en todas las culturas, tienen necesidades básicas comunes .... afirman que hay un consenso moral, perfectamente verificable en diferentes visiones de mundo, de que el desarrollo de una vida humana digna solo ocurrirá si ciertas necesidades fundamentales (comunes a todos) fueron atendidas.”[14]

En esta misma línea concluye que    “... las necesidades básicas son objetivas porque su especificación teórica y empírica independe de preferencias individuales. Y son universales porque la concepción de pérdidas serias que derivan de su inadecuada satisfacción  es la misma para todos los individuos en cualquier cultura........

.... Por tanto, para los autores sólo existen  dos conjuntos de necesidades básicas objetivas y universales.........  son ellos salud física y autonomía. Estas necesidades no son un fin en sí mismas, sino  precondiciones para alcanzar  objetivos universales de participación social.”[15]

“Salud física, por tanto, es una necesidad básica porque sin la debida provisión para satisfacerla los hombres estarían impedidos de vivir...

Entendemos por autonomía básica la capacidad del individuo elegir objetivos y creencias, valorizarlos con discernimiento y ponerlos en práctica sin opresiones....”[16]

 Aquí se establecen  varios nexos con  la situación de los adultos mayores, en particular con los que están institucionalizados. A la hora de fiscalizar los hogares  de ancianos se evalúan las condiciones edilicias, el recurso humano  e indirectamente la prestación brindada. Para este fin se ha construido una mirada que examina y pondera todos estos elementos. Esa mirada evalúa entre cuestiones consideradas previamente como relevantes o como aleatorias. El fundamento de este discernimiento reside en qué se considera de mínimo de cumplimiento.

Deseo señalar que el análisis efectuado por Pereira ilumina la mirada a la que hice referencia, ya que no solo la preservación de la salud física es relevante sino también la autonomía.  En general desde el sentido común, que a veces direcciona el discurso y las prácticas oficiales, se considera que si los viejitos tienen dónde dormir, están abrigados y comen es suficiente. Esto conlleva una concepción de necesidades mínimas a ser satisfechas, por lo que no cabría la pregunta sobre la calidad de vida ni sobre la autodeterminación de los adultos mayores.

En primer lugar me gustaría puntualizar sobre la cuestión de la autonomía. Los autores mencionados plantean que lo que perjudicaría el libre ejercicio de la autonomía serían la presencia de déficit en alguno de estos tres atributos: salud mental, habilidad  cognitiva y oportunidad de participación.   En varias oportunidades observamos que los viejos son tratados como si tuvieran déficit en su salud mental o en  las habilidades cognitivas. Colocándolos en este lugar poco importa si se avasalla su autonomía. Un claro ejemplo es que generalmente los ancianos no deciden su internación en un hogar, sino que esto se hace en forma compulsiva.

Aquí es importante señalar lo que sucede en los hogares de ancianos  que cuentan con un número elevado de camas, cuando se hallan en presencia de adultos mayores  que conservan un alto grado de autovalimiento, es decir que están en condiciones de    efectuar  las actividades de la vida diaria sin ser asistidos. En tal caso, en general, se le coarta la  posibilidad de ejercer el autovalimiento. Vale decir, en aquellas instituciones en las que lo que prima es la organización, la rigidez en la planificación,  un anciano autónomo molesta, desorganiza. Encubierto tras el temor a que se caigan o a que algo malo les suceda,  no les permiten efectuar las actividades de la vida diaria. Y al mismo tiempo se observa  la presencia de adultos mayores  que requieren asistencia permanente y lo único que reciben es “contención”  (atados a la silla), colocación de pañales y aseo.  Otro de los grandes temas son los ancianos que padecen alguna patología psiquiátrica de tipo demencial y que no reciben controles periódicos ni les garantizan la realización de actividades terapéuticas o recreativas adecuadas, esto es común en los hogares grandes y en los más pequeños. 

Aquí se entremezclan los dos elementos fundantes de las necesidades básicas, es decir la salud física y la autonomía.

En el caso de los hogares sustitutos se observa que los ancianos no cuentan con asistencia médica en la misma institución, pero las propietarias suelen   encargase  de llevar a los ancianos  a la consulta médica. En general establecen un trabajo en red con los médicos de cabecera de PAMI o con algún referente del hospital público. En otras oportunidades la falta de capacitación de las encargadas de los hogares hace que no adviertan cuando un anciano requiere asistencia y no trabajan en forma preventiva (Ej: prevención de escaras, alimentación acorde a las patologías prevalentes de los residentes, etc.)   Y también observamos en estos hogares que la planta física varias veces no reúne condiciones de seguridad ni de  accesibilidad. 

En cuanto al tema de decidir la continuidad del funcionamiento de las instituciones que no garantizan el cumplimiento de la totalidad de  requisitos que contempla la norma, son varios los puntos que se ponderan. En uso del sentido común la autoridad sanitaria evalúa que “si los ancianos comen bien, están al abrigo y asistidos” no hay mayor impedimento para permitir su funcionamiento. Convengamos que  los ancianos que viven en los hogares sustitutos son aquellos que poseen un ingreso muy bajo, y de vivir solos ni siquiera garantizarían una ingesta diaria. Asimismo en necesario señalar que es muy dificultoso hacer efectivas las clausuras. Uno de los motivos que ya he señalado es la carencia de lugares  de derivación para los ancianos que están institucionalizados, y a la vez porque no existe una fuerte voluntad política.

Frente a todo esto surge un interrogante ¿Qué se construye como mínimo para los ancianos? ¿Qué  sería lo básico para ellos?

Si retomamos la idea fundante de las necesidades básicas, la salud física y la autonomía creo que innegablemente debe aparecer el concepto de calidad de vida. Apelaré  a lo que se viene planteando desde las  diferentes organizaciones científicas e internacionales sobre los derechos de los adultos mayores[17].  En líneas generales plantean que “las naciones deben contemplar en beneficio para las personas de edad lo siguiente:

-          Gozar de una jubilación y/o pensión que satisfaga sus necesidades;

-          Acceso a la alimentación, vivienda y vestido;

-          Oportunidades  para desempañarse laboralmente;

-          Espacio de participación;

-          Vivir en entornos seguros según sus preferencias y necesidades;

-          Residir en su propio domicilio todo el tiempo posible;

-          Favorecer la integración social;

-          Disfrutar de los cuidados familiares y contención por parte  de la comunidad;

-          Tener acceso a medios adecuados de protección institucional, propiciando tareas preventivas;

-          Aprovechar y rescatar sus potencialidades;

-          Contar con una cobertura de salud.” [18]

Lo antedicho coloca a los trabajadores sociales en el desafío de  configurar respuestas a esta problemática. No podemos quedarnos en la discusión sobre lo legal o ilegal del funcionamiento de los hogares sustitutos, debemos aportar a la construcción de miradas superadoras  que contemplen la autonomía de los adultos mayores.

TRABAJO SOCIAL:  SU INTERVENCIÓN

                        Los trabajadores sociales estamos fuertemente vinculados a la problemática que se ha abordado en este trabajo. Por un lado,  porque desde los servicios sociales hospitalarios y desde el poder judicial se considera a los hogares sustitutos como  un recurso válido para la derivación de adultos mayores, sobre todo si consideramos que no existe una oferta de lugares estatales adecuados para albergara los que carecen de cobertura social o cuentan con ingresos indignos. Por otra parte, tal como es mi situación,  ejercemos la profesión en el estado controlando el funcionamiento de estos hogares que a todas luces escapan a la lógica  de la reglamentación.  Y también en los últimos 10 años, tras la implementación de políticas de corte neoliberal en el ámbito de la salud  han  surgido nuevos espacios ocupacionales como los hogares de ancianos privados  que son contratados por  las obras sociales estatales. 

“El proceso de implantación de la nueva política de salud permite constatar que no estamos ante el simple retiro del Estado, sino ante un cambio profundo en el tipo de intervención.”

“.... la nueva política en salud es, en realidad una política económica de promoción de los negocios privados en el ámbito de salud y obedece al propósito de construir a este campo en un terreno de acumulación. El segundo eje de intervención estatal es la adecuación del marco legal para institucionalizar la nueva política de salud.” [19]

Frente a la amplitud de los espacios ocupacionales, de intervención surge un interrogante ¿Qué servicio ofrece el trabajador social que haga necesaria su contratación?  En este sentido la Dra. Iamamoto configura una respuesta:  “No hay duda que el trabajo del asistente social incide en las condiciones materiales y sociales de aquellos que dependen del trabajo para sobrevivir. En otras palabras, tienen un efecto en el proceso de reproducción de la fuerza de trabajo, que es la única mercancía que al ser puesta  en acción, al realizar trabajo, es fuente de valor, o sea, crea más valor de lo que costó. Esa es la que está  en el centro de la clave de la creación de la riqueza social en la sociedad capitalista.  Y el Servicio Social interfiere en la reproducción de la fuerza de trabajo  por medio de los servicios sociales  previstos en los programas, a partir  de los cuales  se trabaja en áreas de  salud, educación, habitación y otras.  Así el Servicio Social es socialmente necesario  porque actúa  sobre cuestiones  referidas  a la supervivencia social y material de los sectores mayoritarios de la población trabajadora.  Viabiliza el acceso no solamente a los recursos materiales sino que las acciones implementadas  inciden  sobre las condiciones de supervivencia  social de esa población.  Entonces, no hay duda de que el Servicio Social  tiene un papel  en el proceso de  reproducción material y social de la fuerza de trabajo, entendiendo el proceso de reproducción como el movimiento de la producción en su continuidad.”[20]

Retomando el tema de los hogares sustitutos, es dable señalar que la  lógica de la provincia es la descentralización, por lo que en esta línea trabajan para delegar el ejercicio del poder de policía sanitaria al ámbito municipal. Parte de los fundamentos residen en que si el que controla está cerca, será más efectiva su tarea. Es necesario aclarar que esta provincia cuenta con 134 municipios, que obviamente son muy heterogéneos entre sí. En esta línea,  es necesaria la realización de un análisis de situación en cada municipio a fin de  examinar si los mismos están preparados para abordar un tema tan complejo.  Si bien han existido experiencias pilotos de abordajes conjuntos entre la provincia y la municipalidad  han perecido tras carecer de apoyo político. Con esto último se pone en evidencia que nuestra intervención deberá tender a instalar en la agenda pública aquellas manifestaciones de la cuestión social que evaluemos prioritarias, algo así como hacer visible lo que pareciera no tener visibilidad.

Creo oportuno señalar que las reflexiones que expuse en el presente trabajo fueron posibles gracias al acercamiento que he tenido en el marco de mi intervención profesional a las  mujeres propietarias de los hogares sustitutos y a los ancianos que en ellos residen. Este ha sido un intento de interpretación de la realidad, sobre todo tras haber sido fuertemente interpelada por los tránsitos de estos sujetos.

No puedo dejar de contar algo que me impactó fuertemente una mañana de invierno mientras efectuaba inspecciones en un hogar sustituto  sito en un pequeño pueblo del oeste de la provincia. Ingreso y  me encuentro con una casa bastante deteriorada, limpia en líneas generales. Para ingresar había que sortear un escalón, que no sé como lo pasaban los adultos mayores que allí residían.  La propietaria una señora de entre 35 y 40 años, casada, jefa de familia. Sus hijos y esposo vivían en otra casa y ella alquilaba este inmueble para desarrollar su trabajo. Los albergados eran 5, uno de ellos de unos 45 años discapacitado mental sin familia ni ingresos, el resto eran ancianos (mas de 75 años).  En la cocina  estaba  todo dispuesto para la elaboración del almuerzo. En uno de los baños tenía varios fuentones repletos de ropa sucia. En ese momento nos explica que dos de los ancianos no controlan esfínteres y las familias no tienen dinero para comprar los pañales.  Esto quiere decir que el anciano se moja íntegro cada vez que desea ir al baño y la mujer lo debe higienizar cada vez y luego lavar toda la ropa. Vale aclarar que la mujer trabajaba sola, las 24 horas del día. Creo que esta situación es un ejemplo diáfano de la situación  denigrante a la que están expuestos los adultos mayores y estas “ilegales” propietarias de los  hogares sustitutos. Obviamente lejos están de ser considerados ciudadanos.

La complejidad que intenté expresar en este trabajo es la que cotidianamente enmarca y atraviesa la intervención de los trabajadores sociales. Frente a esto y volviendo a los  desafíos  en que nos colocan los nuevos tiempos es necesario hablar del rumbo ético político que le imprimimos a nuestras intervenciones.

“El rumbo ético – político requiere un profesional informado, culto, crítico y competente. Exige romper tanto con el teoricismo estéril como con el pragmatismo  que deja prisionero  al profesional  en el hacer  por hacer, pensando en metas e intereses inmediatos. Demanda competencia, pero no la competencia autorizada  y permitida, la competencia de la organización  que diluye el poder como si no fuera  ejercido por nadie, como si derivara de las “normas” de la institución, de la burocracia. El requisito es otro, se trata de una competencia crítica  capaz de descifrar la génesis de los procesos sociales, sus desigualdades y las estrategias de acción para enfrentarlas. Supone competencia teórica y fidelidad al movimiento de la realidad, competencia técnica y ético – política que subordine el cómo hacer y éste al “deber ser”, sin perder de vista sus raíces en el proceso social”. [21]

La lógica de la igualdad y desigualdad aparece como constitutiva del modo de producción capitalista. En las prestaciones de hogar geriátrico queda en evidencia la desigual distribución de las formas de envejecer y nos instala una serie de interrogantes. Tal vez el que adquiere mayor centralidad  es ¿Por qué existen estas instituciones asilares?  ¿Cuáles han sido los  devenires, los recorridos que las hacen aparecer de esta forma en la actualidad?

Seudónimo: CASANDRIÑA
BIBLIOGRAFÍA

-          AUYERO, Javier  LA POLÍTICA DE LOS POBRES. Editorial Manantial. Bs. As. 2001

-          IAMAMOTO, Marilda “La metodología en el Servicio Social: lineamientos para el debate”. En: BORGIANNI, E. Y MONTAÑO, C.  METODOLOGÍA Y SERVICIO SOCIAL.  Cortez Editora. San Pablo, 2000.

-          LAURELL, Asa  La reforma del sector salud. Hacia la mercantilización de los servicios. En:  La reforma contra la salud y la seguridad social. Fund. Friedrich Ebert, México. 1997 

-          LE BRETON, David “El envejecimiento intolerable: el  cuerpo deshecho”. En: Antropología del cuerpo y modernidad. Ediciones Nueva Visión. Buenos Aires, 2002.

-          MARX, Karl  “Producción del plusvalor absoluto”. En: EL CAPITAL. TOMO I VOLUMEN 1 LIBRO PRIMERO. Editorial SIGLO XXI Editores Argentina S.A. Segunda Edición. BS. As. 2002 

-          MARX, Karl “Mercancía y dinero”. En: EL CAPITAL. TOMO I. LIBRO 1. Editorial Siglo XXI Editores Argentina S.A. Bs. As. 2002 

-          PAOLA, J; PENAS, L; FERNANDEZ; m; PEREZ, O.; MARTÏNEZ, L; DEMARCO; M “Los centros de día en el marco de la formulación de políticas sociales para la tercera edad”. En:  CONSTRUYENDO EL TRABAJO SOCIAL CON ADULTOS MAYORES. Editorial  Espacio, Bs. As. 2003 

-          PEREIRA, Potyara  NECESIDADES HUMANAS. Cortez editora. San Pablo, 2002

-          TAUSSIG, M. “La reificación y la conciencia del paciente”. En: Un gigante en Convulsiones: el mundo humano como sistema nervioso en emergencia permanente. Editorial Gedisa. España. 1992

[1] IAMAMOTO, Marilda “La metodología en el Servicio Social: lineamientos para el debate”. En: BORGIANNI, E. Y MONTAÑO, C.  METODOLOGÍA Y SERVICIO SOCIAL.  Cortez Editora. San Pablo, 2000. (pp. 102)

[2]  AUYERO, Javier  LA POLÍTICA DE LOS POBRES. Editorial Manantial. Bs. As. 2001  (pp.52 y 53)

[3]  Ibidem  (pp. 57)

[4]  TAUSSING, M. “La reificación y la conciencia del paciente”. En: Un gigante en Convulsiones: el mundo humano como sistema nervioso en emergencia permanente. Editorial Gedisa. España. 1992 (pp. 131 y 132)

[5] Ibídem, pp. 135

[6] MARX, Karl “Mercancía y dinero”. En: EL CAPITAL. TOMO I. LIBRO 1. Editorial Siglo XXI Editores Argentina S.A. Bs. As. 2002  (pp. 74)

[7] MARX, Karl  “Producción del plusvalor absoluto”. En: EL CAPITAL. TOMO I VOLUMEN 1 LIBRO PRIMERO. Editorial SIGLO XXI Editores Argentina S.A. Segunda Edición. BS. As. 2002 (pp. 223)

[8] MARX, Karl “Mercancía y Dinero” En: EL CAPITAL. TOMO I VOLUMEN 1. Editorial Siglo XXI Editores Argentina S.A. Bs. As. 2002 (pp. 50)

[9] MARX, Karl Ibidem (pp.50)

[10] LE BRETON, David “El envejecimiento intolerable: el  cuerpo deshecho”. En: Antropología del cuerpo y modernidad. Ediciones Nueva Visión. Buenos Aires, 2002. (pp. 142/3)

[11] Se entiende por modelo médico hegemónico lo que plantea Eduardo Menéndez “..el conjunto de prácticas, saberes y teorías generadas por el desarrollo de lo que se conoce como medicina científica, el cual  desde fines del siglo XVIII ha ido logrando  dejar como subalternos al conjunto de prácticas, saberes e ideologías  que dominan en los conjuntos sociales, hasta  lograr identificarse  como la única forma de atender la enfermedad, legitimada  tanto por científicos como por el Estado...”

[12] MARX, Karl “Producción del plusvalor absoluto”. En: EL CAPITAL: TOMO I VOLUMEN 1. Editorial: Siglo XXI Editores Argentina S.A. Bs. As. 2002 (pp. 232)

[13] PEREIRA, Potyara  “La contribución del concepto de necesidades humanas básicas para la formulación de políticas sociales”. En: NECESIDADES HUMANAS. Cortez editora. San Pablo, 2002 (pp. 45)

[14] PEREIRA, Potyara “Especificación de necesidades humanas básicas a partir de teorías recientes”. En: NECESIDADES HUMANAS. Cortez editora. San Pablo. 2002 (pp. 78 y 79)

[15] PEREIRA(op. Cit.) pp. 80 y 81)

[16] PEREIRA (Op. Cit.) pp. 82/83

[17] Asamblea Mundial sobre envejecimiento humano  1982, Viena – Asamblea Mundial sobre envejecimiento humano, 2002, Madrid – Asamblea General de las Naciones Unidas 1991.

[18] PAOLA, J; PENAS, L; FERNANDEZ; m; PEREZ, O.; MARTÏNEZ, L; DEMARCO; M “Los centros de día en el marco de la formulación de políticas sociales para la tercera edad”. En:  CONSTRUYENDO EL TRABAJO SOCIAL CON ADULTOS MAYORES. Editorial  Espacio, Bs. As. 2003 (pp. 124)

[19] LAURELL, Asa  La reforma del sector salud. Hacia la mercantilización de los servicios. En:  La reforma contra la salud y la seguridad social. Fund. Friedrich Ebert, México. 1997  (pp 103) 

[20] IAMAMOTO; Marilda “El servicio social en la contemporaneidad”. En: EL SERVICIO SOCIAL EN LA CONTEMPORANEIDAD: Cortez >Editora San Pablo, 2003 (pp. 86)

[21] IAMAMOTO, Marilda (Ibidem) (pp. 100)

 

 

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