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Primer decada del psicoanálisis implicado

 

Esta vez no renunciaremos ni al marxismo ni al psicoanálisis
Marie Langer

 

El sujeto es núcleo de verdad histórica
León Rozitchner

 

“De la nada, nada viene” enseñaba Pasteur. El psicoanálisis implicado vino de algo. Y ese algo fue la formulación que realizara hace varios años Roberto Castel1. Y del profundo análisis que León Rozitchner realizara de la obra de Freud confrontándola con el individualismo burgués2. Por eso la primaria tarea teórica y política del psicoanálisis implicado fue pensar si el denominado psicoanalismo era un instituido inmanente a la invención freudiana. Y si los límites que todo individualismo plantea, quizá el burgués con trazos más gruesos, podían pensarse apenas como limitaciones de la cultura represora. El psicoanalismo se organizaba como un individualismo organizacional. Las organizaciones psicoanalíticas decretaban los límites del dispositivo analítico freudiano. El diván mutó en altar, la interpretación en bula, el consultorio en convento y el vaticano de los psicoanalistas pasó a denominarse Villa Freud. Quizá sea cierto, como señala Alejandro Vainer, que el “freudo-marxismo” nunca existió. Entre la dictadura genocida y la obscenidad del menemato, los ecos del trueno de Plataforma y Documento dejaron de escucharse. Y de leerse. Con la invalorable ayuda de los que decretaron el fin del marxismo, mientras otros decretaban el fin de la historia, el psicoanálisis se replegó a la consulta individual y a la transmisión esotérica. El psicoanálisis de trinchera fue sostenido por multiplicidad de residentes, concurrentes, pasantes, profesionales de obras sociales y prepagas, de centros de salud periféricos. Pero casi todos ellos sosteniendo la obsesiva cruz de no saber si era o no era psicoanálisis. El mapeo institucional descubría nódulos de psicoterapeutas. Algunos benignos y otros malignos. Los primeros reconocían que no hacían psicoanálisis sino psicoterapias de objetivos limitados, también denominadas breves. La denominación de precoces siempre me pareció una provocación. Los malignos desestimaban todo diferencia fundante entre la metapsicología del frente a frente, cara a cara, y el ya clásico decúbito dorsal. Insinuaban que el psicoanálisis es un efecto de discurso y no una asistencia determinada en tiempos, espacios y posiciones corporales. La malignidad del nódulo psicoterapéutico era especialmente remarcada cuando enunciaba la neutralidad como mero artificio encubridor, y la abstinencia como una impostura técnica. El análisis de la contratransferencia tenía que dar paso al análisis de la implicación del psicoanalista, nos dijo Gregorio Baremblitt en un Ateneo en la cooperativa ATICO, allá por 1986. Y entonces la primer utilización del significante “psicoanálisis implicado” es de 1994, en un trabajo corolario del seminario que coordiné ese año3. La tentación de transformar los diez años en el paseo por lo más propio que nos habita, nuestras convicciones, es demasiado intenso. Pretendo vencer esa luz del objeto que cae sobre mi yo para no deslizarme a una posición maníaca. Solamente intentaré discriminar las cuestiones actuales que nos preocupan al grupo de compañeros y amigos que hoy sostenemos la propuesta política y teórica del psicoanálisis implicado.
1- Psicoanálisis implicado es aquel que sostiene el análisis del fundamento represor que lo constituye. El denominado psicoanalismo reprime el conocimiento de ese fundamento. Por lo tanto pudo construir las categorías de neutralidad, analizabilidad, psicoanálisis oficial, psicoanálisis didáctico, etc. En ese sentido, no todo psicoanálisis es implicado. Las técnicas y las construcciones teóricas que hacen de lo político social escotoma o resistencia (la defensa en la realidad) son psicoanálisis neutrales, es decir, sostienen una negación maníaca de la implicación.
2- El psicoanálisis implicado es una conceptualización teórica y política. Un dispositivo de intervención en la subjetividad individual, vincular, grupal, social. Incluso familiar, si logramos discriminar la familiaridad de la familia. Entendemos por familia una captura superyoica de la familiaridad. La grandeza de la Patria exige una familia unida desde el cemento patriarcal. Una familia muy normal. Natural. Con la dulce hipocresía de las pequeñas cosas. El psicoanálisis implicado considera que la fuerza creativa de Eros exige entramados familiares. Lo que es diferente a sostener a la familia como única fuente de razón y alegría. No pocas veces el mejor cultivo de pulsión de muerte es la familia. ¿No es acaso el hogar el lugar mas peligroso para la mujer y los niños? Abusos, violencia, pésimos tratos....
3- Como dispositivo de intervención fue caracterizado como arte marcial4. Para una alumna del curso “Del abuso sexual del niño al abuso sexual del adulto” que coordinara durante el 2004 en el Centro de Ideas de “Mate Amargo”, el psicoanálisis implicado es un arma letal. Cumple con el designio freudiano que Rozitchner pone en superficie, de reprimir al represor. Acepta que el Superyó tiene aspectos protectores, pero afirma, sin la menor duda, que son los peores. Estos aspectos protectores remedan una especie de salario psíquico, algo así como el mínimo común múltiplo para que el sujeto alucine alguna zanahoria que lo motive, sea desde adelante para alcanzarla, sea desde atrás para escaparle. Dios aprieta pero no ahorca. El Superyo tampoco. El ahorcado no puede ser sobrexplotado. Ni flexibilizado laboralmente, ya que la rigidez cadavérica es reacia a las contorsiones de la productividad. Entiendo que en la problemática se inscribe una línea roja, y no demasiada delgada. He escuchado frases que muestran que el psicoanalismo que no matáis goza de buena salud. “Un poco de Superyo es necesario” “Sin Superyo todos nos estaríamos matando” “¿Cómo seria una persona sin Superyo?” “Sin Superyo sería la ley del mas fuerte”. Por supuesto, no siempre he salido airoso de los efectos condenatorios de la patota superyoica. Recuerdo la frase de Brecht: “hay dos clases de ladrones: los que roban los bancos y los que fundan los bancos”. Pues bien: el Superyo funda los bancos. Y son pocos los que logran los cien años de perdón. Pero hemos podido resistir y sin besar el anillo del padrone, discriminamos una concepción restringida y otra amplificada del Superyo. La primera es la que podemos considerar como la heredera del complejo de Edipo. Inaugura la represión secundaria, que denominamos tanática. Es un mecanismo que sin esperar que el Edipo sucumba a su imposibilidad interna y caiga como los dientes de leche5, los arranca con la furia de un odontólogo psicótico. Por lo tanto el heredero necesita que la herencia se mantenga activa, presente, actual, eterna. Esa maldita herencia no es otra que la amenaza como organizador de la subjetividad. En la piedad encubridora de la cultura represora esa etapa inaugurada con el más miserable de los peajes, la entrega de la autoestima, se denomina latencia. ¿Pero que es lo que late? Late el amor y late la furia. Y cuando el latido se haga estallido, la amenaza superyoica desde adentro propicie, culpa mediante, la amenaza desde afuera. La concepción amplificada del Superyo establece una tránsito entre el Superyo instancia y las masas artificiales. La Iglesia, el Ejército, el Estado, el Capitalismo (cuanto mas serio peor) el Trabajo, la Familia, la Bandera…Todas las mayúsculas singularidades que harán del sujeto un valor agregado, mero impuesto a la rapiña financiera. .Honrar la deuda, como honrar al padre y a la madre. Y al Maestro. Y al Funcionario. El Superyo amplificado tiene todo atado y bien atado, como diría el Generalísimo, del que cuentan que ni Dios quería llevarlo. Yo pienso que ni un poco de Superyo es necesario. Por eso el psicoanálisis implicado tiene en sus venas, algunas abiertas, otras cerradas, sangre anarquista. Sin amos, sin patrones, sin curas, sin militares. El Superyo es un ejemplo de “instituido burocratizado”. Es la instancia más reaccionaria de la subjetividad y sustituye la lucha de clases por hegemonía absoluta de una casta o por el odio y el resentimiento de clase. Orden natural que le dicen.
4- La sexualidad se constituye como represora en tanto está aliada a la tarea mortífera del Superyo. Sus dos lugares de acción son: la publicidad, erotización oligofrenizante del consumo, y la pornografía. Con este concepto hemos tenido también dificultades con algunos colegas. Incluso desconocen la continuidad entre principio de placer y principio de realidad. Pero cuando la realidad es represora, convoca a la sexualidad no para la descarga del orgasmo vincular, sino para la permanente recarga autoerótica. Esta recarga no puede ejercer la acción específica, entonces se desplaza hacia acciones no específicas: violencia y consumo. Aclarando que se trata de “consumir consumo”, es decir, el consumo de lo inútil, lo perjudicial, lo caro, lo berreta6. Y cuando la acción específica puede consumarse, es decir, descargar sexualmente la carga sexual, aparecen las infinitas trabas para que el sujeto pueda sostener plenamente la función del orgasmo, como describiera Wilhelm Reich. La erogeneidad no está en las mucosas, en la piel, sino en la superficie metálica de un auto. O en los aromas de los desodorantes, aerosoles, lavandinas, blanqueadores, aromatizantes, que intentan bloquear los olores nauseabundos y podridos que están llegando no de Dinamarca, sino del riachuelo y el arroyo Cildañez. La descarga placentera se deforma y caricaturiza. Una noble anciana con frenesí digno de mejor causa lanza su liberadora proclama: “¡déle una patada al balde!” No es difícil para quien y para donde esa patada estaba destinada, y quedó reprimida hasta que la artrosis la hizo inviable. La sexualidad represora es la del violador, pero no solamente el que somete al cuerpo. Las sexualidades heterosexuales han violado a los cuerpos de aquellos que pretendieron sostener sexualidades alternativas. La altiva heterosexualidad, sacramental, monogámica y reproductiva ha reprimido y seguirá reprimiendo siempre que pueda y le dejemos, lo pregenital con el anatema de perverso. La penalización del aborto, que es lo mismo que la judicialización de la culpa, es una yerba mala que todavía no muere. Discriminar culpa de culpabilidad es necesario para evitar el encubridor y a veces cómplice “todos somos”. Los padres abusadores (curas y laicos) con sus racionalizaciones eructantes, muestran que la sexualidad ha sido liberada, pero no del todo y menos para siempre.
5- Freud describe en El Yo y el Ello, lo que puedo denominar una metapsicología del represor. Tanto en la descripción de las instancias como en el dualismo pulsional, se aleja del conflicto como sentido accesible del sujeto sufriente y explotado. La polaridad “hambre amor” dejó de ser útil y el concepto de libido fue la primera captura del cuerpo natural por el cuerpo cultural (represor). Especialmente porque la clase media (caldo de cultivo no contingente de las semillas psicoanalíticas) dejó de tener hambre, al menos de comida. Otros tipos de hambre dependieron de la tablita cambiaria, la convertibilidad, el corralito, y otras ingeniosas formas de robar. La licencia científica de otorgarle un rol protector al Superyo, como una especie de tirano con sentido del humor, bendijo a la legión de conservadores y reaccionarios del inconsciente. Poner limites, (sin discriminar límite de limitación) un chirlo de vez en cuando, porque te quiero te aporreo, la teoría de los dos demonios, el Mundial 78, la lista es extensa y siniestra, ilustran como siempre el dominador, amparado por los mecanismos superyoicos de producción de subjetividad, aspira a la impunidad. Y casi siempre la consigue. Insistir con la bengala en la masacre de Cromagnon es ejemplo de esto. Culpa individual, indulto social. Por eso estamos trabajando en una “metapsicología del oprimido” que investigue sobre los mecanismos yoicos de producción de subjetividad. Mucho le deberemos a Paulo Freire, Pichon Rivière, José Bleger. Si la derecha es un delirio eterno, el campo de la izquierda organiza ese delirio como sectarismo. El Superyó es el lobo con piel de cordero, y no son pocos los corderos de Dios y de Freud que han sucumbido a sus dentelladas. En el 2006, ATICO la cooperativa de trabajo en salud mental, cumple 20 años. Por ahora los lobos han sido destruidos. Reprimir al represor. Justamente, lo que el Superyo impide. Transformación en lo contrario: amaos los unos a los otros. El psicoanálisis implicado revindica la potencia liberadora del odio. No teme odiar porque sabe amar. Y nos estamos dando cuenta que el superyo es la organización subjetiva del patriarcado. Estamos convencidos que el psicoanálisis implicado será una herramienta poderosa para la disolución del patriarcado en la subjetividad. En ese sentido es absolutamente feminista. Intentará transitar el camino de los teólogos de la liberación, de aquellos que nos permiten pensar que hubo un mensaje de alianza fraterna que varios Imperios traicionaron.
6- En esta Década No Infame para el Psicoanálisis Implicado, ha ratificado su condición de nómade. Discrimina entre instituyente, instituido e instituido burocratizado. El péndulo todavía está más cerca del despertar que de la siesta. Cooperativas, fábricas recuperadas, colectivos de psicólogos sociales, estudiantes y profesionales de ciencias de la salud y educación, militantes populares, piqueteros, obreros, de diferentes maneras han podido ratificar que el psicoanálisis implicado es un analizador de la cultura represora. No piensa dejar de serlo, porque su esencia es ser “el psicoanálisis de la plaza”. La tópica de la resistencia.

 

Alfredo Grande
Psicoanalista
alfredo [at] carlosgrande.com

Notas
1.  Castel, Robert, El psicoanalisimo. El orden psicoanalítico y el poder. Editorial Siglo XXI, México, 1980.
2.  Rozitchner, León, Freud y los límites del individualismo burgués, Bs. As., 1972.
3.  Maria Casariego fue alumna de ese seminario y en la actualidad seguimos pensando y escribiendo juntos.
4.  Claudio Castaña lo definió como una capoeira, destinada a derriibar “portugueses internos”
5.  Freud, Sigmund. “La disolución del complejo de Edipo”
6.  Cesar Hazaki ha escrito sobre el tema del “llame ya” con el título “Sostiene Alfredo”. Muy recomendable. Hazaki, César, Cuentos de amor, tripas & diván, Editorial Topía, Bs. As., 2003.
 

 
Articulo publicado en
Abril / 2005

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