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pandemia cuarentena y subjetividad

El virus y las relaciones de poder

Hay una relación de poder entre el coronavirus y nuestro cuerpo. Cualquier cuerpo puede contagiarse y está desprotegido en cualquier lugar fuera de la casa. Y el precio a pagar para protegerse de él, es renunciar a necesidades básicas, como lo es el contacto físico. Esta misma renuncia se convirtió en la principal causa de miedo, sin dejar de ser -a la vez- una necesidad.

Si bien el aislamiento es la medida más eficaz contra la pandemia, es también portador de vivencias de desamparo y desesperanza

Oh que será…

Siete notas sobre los destinos de lo común (imaginando una pospandemia)

Nuestro mundo jamás se ha caracterizado por la igualdad, en cuanto a su administración de bienes y servicios, ni en cuanto a Derechos y garantías, ni aun en su distribución o reparto del tiempo y el espacio. “Lo común”, podría decirse que es una declaración siempre inexacta, siempre sujeta a los efectos y condiciones desigualantes, históricos e innumerables. Pero es también una construcción y una búsqueda irrenunciable. La libertad, no es entonces un bien del que disponer, ni un derecho o acceso al consumo, ni una expresión más de la propiedad privada, ni tampoco la capacidad de imponer deseos, sino la brecha que se construye singular y colectivamente cada vez que achicamos, disminuimos, desarmamos y combatimos el predominio de la desigualación, y construimos un “común”. Esta pandemia, una vez más, y en forma exacerbada, visibilizó que la desigualdad no es un sustantivo sino un verbo, no es un dato natural y estable sino una forma de distribuir recursos, entre los cuales también se hallan el espacio, el tiempo, las certidumbres, el futuro, la salud, etc. Se conjuga en acciones, se sostiene en políticas, se decide cada día. Por ello no se saldará únicamente con la vacuna.

Esta pandemia, una vez más, y en forma exacerbada, visibilizó que la desigualdad no es un sustantivo sino un verbo, no es un dato natural y estable sino una forma de distribuir recursos

Navegando la Pandemia

Cuando iniciaron los primeros casos de Covid-19 decidimos suspender los encuentros presenciales y comenzamos esta travesía con la valentía de los que se arrojan a acompañar sin un modelo previo. La experiencia que intento transmitir se da en un espacio de formación donde priorizamos la palabra, lo teórico y también el movimiento, lo expresivo con objetos y máscaras, las escenas, la danza, lo lúdico, la plástica y la escritura.

La modalidad virtual nos confrontó con percepciones recortadas, escenas en la bidimensionalidad, cuerpos del otro lado del vidrio sin olores, temperaturas, vibraciones

Sobre confinamientos y placares. Diversidad sexual y pandemia

Las crisis en los tratamientos

Tener que quedarnos en casa por cierto periodo de tiempo puede hacernos sentir afortunados. Un tiempo para desconectarnos de los deberes cotidianos y disfrutar del ocio y la soledad que abren ese espacio necesario para “estar en barbecho”2, ese limbo sin presiones tan fértil para la creatividad. O también la oportunidad para el encuentro o re-encuentro amoroso en parejas con cierta estabilidad en las que esos tiempos resultan escasos o esquivos. Si bien he tenido la oportunidad de escuchar a algunas personas que han transcurrido los días de aislamiento social preventivo y obligatorio en esta clave, muchas personas, en especial adolescentes, lo han vivido como una imposición insoportable y han tenido que crear diversas estrategias para hacer frente a esta situación no esperada, ni querida y que se fue prologando a lo largo del tiempo, con los consiguientes efectos traumáticos. La ilusión claustrofílica3 de muchos adolescentes si bien en un primer momento se afianzó, devino en claustrofobia, se produjo un divorcio en el maridaje casi perfecto con su Smartphone, el encierro obligado comenzó a provocar sus efectos en la subjetividad. También en muchas parejas que tuvieron que convivir bajo el mismo techo durante veinticuatro horas diarias vienen produciéndose crisis cuando no, separaciones.

¿Cómo ha transcurrido el aislamiento preventivo a causa de la pandemia de adolescentes y jóvenes que no cumplen con los cánones de la cis-heteronormatividad?

Erotismo, transgresión y pandemia

“#Quedate en casa.” “No sean inconscientes, cuídense, quédense en su casa.” “No sean desesperados, hagan sexting.” “Si me proponen sexo en cuarentena, los bloqueo.” “No lleves la muerte a tu casa…”

“Eviten el contacto sexual, tengan sexting o practiquen la masturbación.” “La pareja sexual más segura es uno mismo.” “Hay que desterrar la idea de que hay que tener relaciones todo el tiempo.”

Las primeras son algunas de las afirmaciones que pudieron leerse en las aplicaciones de citas como tinder o grindr y las segundas por parte de profesionales y funcionarios de diversos países incluyendo la Argentina, desde el comienzo de la pandemia de coronavirus. Lo característico de la mayoría de ellas es un tono que causa irritación, cómo no provocarlo, es lo que suelen producir los intentos “bienintencionados” expresados en enunciados imperativos y/o descalificatorios o en recomendaciones que pretenden indicar cómo y de qué forma hay que vivir la propia vida sexual, haciendo gala de un reduccionismo asombroso.

En pos de evitar los encuentros entre personas que no conviven, se “autorizan” y prescriben las videollamadas, el sexo virtual, el sexting y una práctica históricamente proscripta: la masturbación

Paradojas de la incertidumbre

Reflexiones provisionales ante un virus tan incierto como cierto

Hoy todos vivimos en la incertidumbre. Esta es una obviedad. La repetimos con insistencia. La dicen reconocidos filósofos, pensadores que no lo son tanto sin que ello desmerezca sus reflexiones, periodistas, “opinadores” y cualquier ciudadano de a pie. Esta obviedad es reiterada no sólo por tratarse de una evidencia generalizada sino también, en el campo del pensamiento teórico, pues busca preservarnos ante el riesgo de las respuestas rápidas que, sin aportar nada específico, promuevan una paz mental engañosa, por necesaria que esa paz resulte para nuestra mente. Es que terminar siendo una respuesta apresurada sin fundamento crítico es un riesgo mayor que corre cualquier reflexión o escrito hoy en día. Éste, sin duda, también; por provisional que pretenda ser.

También genera angustia una particular certeza que la incertidumbre actual activa: es decir, la de nuestra inevitable mortalidad

El duelo en tiempos de coronavirus

En nuestra práctica cotidiana, nos encontramos con pacientes que se acercan a la consulta invadidos por la angustia ante la pérdida de un ser querido, quizás en un duelo detenido, o solicitando acompañamiento en un duelo normal. En la época actual, es esperable que las consultas aumenten como correlato al gran número de fallecimientos en el país debido al COVID19, ¿pero ¿qué sucede con el factor cualitativo? ¿Cómo serán los duelos en las nuevas coordenadas generadas por la pandemia que signa nuestra actualidad? ¿Cómo serán elaboradas las muertes que se produzcan en aislamiento, sin posibilidad de una despedida o acompañamiento del enfermo, ni ritos funerarios para contornear la pérdida en lo real con el campo significante?

El duelo puede definirse como un proceso que tiene lugar luego de una pérdida significativa y tiene como objetivo metabolizar el sufrimiento psíquico producido: se trata de establecer una “nueva normalidad”

El lazo social como limite al avance neoliberal

En 1930 Sigmund Freud creó uno de sus trabajos más filosóficos: El Malestar en la Cultura, en el cual nos propone reflexionar sobre el malestar permanente de los sujetos por el hecho de estar sometidos a la coacción cultural.  En aquel momento, Europa vivía una de las etapas más oscuras y convulsionadas de su historia. Faltaban apenas tres años para que Hitler comience su carrera como canciller y de ahí en adelante, todo el hecho harto conocido por el mundo.

El discurso neoliberal rompe los vínculos sociales ya que apunta a un sujeto individual que goza solo a partir de su transformación en un mero consumidor de objetos

En recuerdo del beso. Memorándum Ludopedagógico para el COVID 19

Abril 2020. Lo que nadie podrá negar y deberá recordarse es que en estos cuatro primeros meses del año se han modificado comportamientos, pensamientos y sentimientos de la humanidad toda.

Un revolcón inmenso a la tranquilidad y las certezas.

Me detengo a mirar el paisaje desde esta ventana, el juego - de la que nunca estuvo muy claro cuál es el lado de adentro y cuál el de afuera – y que además es una de las tantas que afortunadamente se están abriendo en estos días, de par en par, no solo para ventilar sino también para escudriñar, identificar, intuir e imaginar de qué se trata todo esto y de cómo y hacia dónde iremos a llegar

En este momento me seduce más que entender y explicar, hacer el esfuerzo de comprender

El conjuro de Maléfica sobre Aurora y el destino fatal en las personas

Freud, en “Más allá del principio del placer” (1920) reestructura la teoría pulsional, puesto que hasta ese momento pensaba que todos los procesos anímicos se encontraban regidos por el principio del placer; el cual evita el displacer para acercarse al placer. Sin embargo, con la experiencia, se encuentra que esto no es universalmente cierto ya que no todos los resultados de los procesos anímicos son placenteros. En ocasiones el sujeto es arrojado a un padecer repetitivo; un ejemplo de ello lo encuentra en lo que denominó como “el destino fatal de las personas”.

Queremos servirnos de este intercambio de palabras que se produce entre Maléfica y el Rey, para explicar lo postulado por Freud en su texto sobre el masoquismo

La peste sin cruz

¿Cómo fue que pensar la muerte, lo impensable, 
se convirtió en el pensar dominante 
de nuestro ser en nuestros días…?

¿Cómo fue que hablar de la vida se hizo carne apenas 
en el triste suburbio del discurso 
de la tristeza y de la muerte?

¿O será que la peste no era solo muerte 
sino un potente llamado, 
el anuncio a gritos desde la montaña, 
una ráfaga de estrellas venturosas, 
un himno de gloria que supera la llamarada del dolor 
y beatifica la cruz no del sufrimiento, no de la crucificación, 

La crisis de la pandemia llevó al estallido del espacio llamado “posmoderno”

La crisis que trajo la pandemia del Covid-19 llevó a que estallara un mundo que creíamos con posibilidades infinitas donde, incluso, se hablaba de que en pocos años podríamos vencer nuestra finitud. Sin embargo, la muerte nos rodea como una nevada mortal y solo atinamos a defendernos; las metáforas bélicas que algunos gobiernos utilizan contra el virus es un mecanismo de defensa que no tolera la sensación de incertidumbre y miedo de nuestra fragilidad humana.

El cuerpo como metáfora de la subjetividad, se dejará aprehender al transformar el espacio real en una extensión del espacio psíquico. Desde aquí hablamos de corposubjetividad donde se establece el anudamiento de tres espacios (psíquico, orgánico y cultural)

Crónicas marcianas

Es archiconocida la anécdota de la transmisión radial que, en el año 1938, hizo Orson Welles de fragmentos de la famosa novela de su casi homónimo H- G. Wells, La Guerra de los Mundos. La actuación de Welles fue tan extraordinaria que hizo entrar en pánico a miles de personas que salieron a las calles huyendo de la supuesta invasión marciana.

Se recordará que en la novela (así como en el film clase B que dirigió Byron Haskin en los años 50, hoy un objeto de culto) los invasores extraterrestres, aparentemente invencibles por medio de las armas, son finalmente derrotados cuando, bajando de sus platillos voladores, se exponen a la atmósfera terrestre y por lo tanto a la acción de los invisibles microbios, gérmenes y bacterias que en ella pululan, y para los cuales los alienígenas no tienen defensas, ya que en su planeta “rojo” (en los maccartistas años 50 la alegoría no podía ser más transparente) son desconocidos.

Llama la atención la celeridad con que se naturalizó esa militarización del lenguaje. En verdad, uno podría discutirlo. Finalmente, no ha habido declaración de guerra, ni Estados en conflicto, ni ejércitos, ni uniformes, ni despliegues estratégicos perceptibles

Psicopatología de la Vida Cotidiana Docente

Universidad Virtual y Pandemia

No había que esperar mucho tiempo para que la reconversión “virtual” de las relaciones sociales (de clases) en el campo laboral impuesto por la pandemia mundial del COVID-19, a partir del llamado teletrabajo y “home office” comenzara a manifestar secuelas y efectos en la subjetividad, las condiciones laborales (derechos, licencias, jornadas de trabajo, etc.), la salud mental y la cotidianeidad del trabajador “a distancia”.  Cinco días después del establecimiento del Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio en nuestro país, el diario Tiempo Argentino ya titulaba en un artículo que “el 42% de los empleados aseguran que el home office los lleva a trabajar más horas” (Tiempo Argentino, 25/3).

Distintas manifestaciones clínicas de padecimiento psíquico del docente (angustia, estrés y principalmente trastornos del sueño) están comenzando a tomar cuerpo de manera preocupante

Intervenir la cuarentena

(relato anecdotario y feminista)

Lo que aquí les comparto es un relato con reflexiones borroneadas a partir de algunas anécdotas de estos primeros 22 días de cuarentena. Es una exploración de este registro en forma escrita, las anécdotas suelen quedar relegadas a la oralidad. Como cualquier anecdotario, oral o escrito, éste tiene su localización precisa y sus sesgos. Localización: CABA, en zona de departamentos. Sesgos, varios. Uno de ellos es sesgo de clase, de amplísima clase media urbana -y no tanto también-. Otro es el sesgo feminista. Son lentes con que vivimos la cotidianeidad. Y aunque no tendría ningún caso intentar borrarlos, deliberadamente querría no hacerlo. Tampoco naturalizarlos.

El sesgo feminista está en su inspiración más básica: lo personal es político. Y esto rehúye todo intimismo, más bien lo contrario.

Cuidar a los que cuidan

En la actualidad nos encontramos frente a un evento disruptivo, que genera miedos, incertidumbre, angustias, pero por, sobre todo, nos confronta a una realidad que pertenece a toda la humanidad: la posibilidad de muerte inminente.

La pandemia del Covid-19 nos ubica frente a frente con algo que sabemos en lo más profundo de nuestro ser, pero que negamos, “tapamos”, simbolizamos, es decir, nos defendemos frente a ese real, a nivel psicológico, de diferentes formas según nuestra personalidad. Es lo real de la propia finitud, y la de nuestros seres queridos, que se nos hace presente en algunas situaciones de la vida, como cuando hay un riesgo, como el que nos atraviesa ahora.

¿Cuál es el impacto en su psiquismo, de trabajar en una profesión “poco cuidada”, donde no tienen los elementos para realizar su función de curar, de atender, y de protegerse ellos mismos?

La libertad de un encierro

Desde Atenas, Grecia.

Al parecer, eso que afecta verdaderamente en este momento a la mayoría de la gente no es el coronavirus como amenaza efectiva -la cual en muchos de los casos se experimenta como algo impreciso- sino las consecuencias de un recién estrenado régimen de convivencia cotidiano. Este régimen viene a subvertir las bases del lazo social. Un lazo social que entraba cada vez más en crisis en la misma medida que lo hacía el capitalismo de la sociedad posmoderna. Las personas habían sustituido necesidades básicas de convivencia por necesidades alienadas; ilusión de una supuesta posibilidad de absoluta satisfacción.

Se vive el duelo de la pérdida de libertad y autodeterminación que supuestamente son garantizados por un régimen neoliberal o, en general, por los logros de un modelo occidental de democracia.

#Quedateencasa: Familia, maltrato infantil y COVID-19

El mes de abril es el período de aislamiento y restricción por el COVID-19 y también el mes de la concientización a nivel mundial del maltrato infantil. Las dos están mucho más relacionadas de lo que parece.

Estamos inundados de noticias e historias en redes sociales que muestran una cuarentena ideal (o eso es lo que se quiere mostrar). Se cocina, se “entrena”, se ordenan placares y los niños cumplen una rutina ordenada, juntos y “en familia”.

La viralidad de la risa

En este contexto de confinamiento y de temor en relación al coronavirus, con una hermosa insolencia, el humor abunda en las redes sociales o incluso en la vida social ordinaria. Se intercambian bromas, las frases ingeniosas tienen gran éxito, se filma a la familia en situaciones hilarantes. Por las redes sociales o entre amigos se mandan videos humorísticos, historias divertidas traen a escena el virus o las restricciones del aislamiento, los conflictos que nacen de la promiscuidad o de la imposibilidad de tener un lugar para uno. En este momento singular donde están suspendidas la mayor parte de las actividades sociales, prohibidas las relaciones familiares o de vecindad, e incluso los desplazamientos propios de los paseos, la risa es aquello de lo que no se puede ser despojado. Es una réplica mordaz y alegre a la virulencia de la situación. Es un escape fuera de la angustia, un rechazo a ver que nuestra conducta esté dictada por circunstancias externas. Tomar del confinamiento y de las amenazas del coronavirus la parte de la risa es afirmarse en la vida. Es un “déjame reír” opuesto a la gravedad de las circunstancias. El sentido del humor manifiesta una negativa a ponerse en víctima, opone resistencia a la situación. Recuerda la solidaridad, la connivencia que une al grupo contra la adversidad o la fuerza interior de un individuo que no se deja abatir. Mantiene las cosas a raya. Rechaza cualquier resignación y sostiene una actitud de desafío. Por un instante se libera el cerrojo y nos aflojamos para recuperar el aliento. Lo que era doloroso finalmente se vuelve una fuente de placer. En todo caso es un consuelo.

Tomar del confinamiento y de las amenazas del coronavirus la parte de la
risa es afirmarse en la vida. Es un “déjame reír” opuesto a la gravedad de
las circunstancias.

Vivir menos para vivir más

Karl Jaspers considera como núcleo último del ser humano a la existencia (Existenz), que constituye una dimensión específicamente humana que sólo puede ser tratada desde la filosofía. La existencia es siempre una existencia situada, donde las “situaciones-límite” (Grenzsituationen) configuran su estructura. El ser humano, que existe en las “situaciones-límite”, deberá intentar trascenderlas a través del ejercicio de su libertad, realizando así la “posible existencia” que hay en él.

Estas situaciones-límite masivas no son genuinas, son fuertemente influenciadas por los medios de comunicación y los sectores de poder

 

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