Vivimos tiempos complejos, aunque no por ello incomprensibles. Tiempos que exigen revisar y reconstruir los pilares de nuestro pensamiento, despojarlos de sus líneas vetustas y recuperar críticamente aquellos conceptos que aún resultan fértiles para pensar la producción subjetiva y elaborar propuestas capaces de contener tanta perplejidad social y política.
Hoy, en una Argentina atravesada por un lenguaje de violencia canonizado en plataformas como TikTok, nos enfrentamos a una nueva postulación del odio