Para el discurso de la biología, la sexualidad se entiende en términos de corte (sexo) y funcionalidad. El sexo se constituye a partir de una diferencia anatómica, mientras que la respuesta sexual es la función susceptible de alterarse. Desde un enfoque crítico, podemos objetar que no es necesario que se altere una función corporal para que exista un malestar. A su vez, la concepción organicista de la sexualidad no queda excluida de otras formas de producción de sentido que impactan en nuestros cuerpos. Hoy las prácticas sexuales se encuentran atravesadas y mediadas por la lógica del rendimiento o la performance sexual y los imperativos de goce de discursos contemporáneos que entretejen y funcionan por medio de las llamadas redes "sociales".
Cuando falla la respuesta sexual, es el paciente el que debe buscar tratamiento. Lo que no suele debatirse es que la sexualidad no puede reducirse al individualismo porque siempre se desarrolla en un contexto relacional y mediado por prácticas culturales.
Nuestra contemporaneidad nos demanda hablar de cuerpos híbridos o, en palabras de Donna Haraway (2020), cuerpos cyborgs, en los cuales lo natural y lo artificial conviven en una fusión irreductible. Somos seres dependientes de la tecnología ya sea en forma física o psíquica. Vivimos en la era en la cual lo humano parece ya un recuerdo. Existe una lucha entre lo natural y lo artificial. Esa dicotomía representa también una forma de producir sexualidad. Nuevas subjetividades que de a poco fueron llegando a la consulta. Una de las funciones del analista es no conformarse con respuestas. A su vez, el analista tampoco busca que el analizante se conforme con respuestas. Es justamente todo lo contrario: que surjan nuevos interrogantes o cambios de posición en el sujeto que emerge en cada enunciado. No porque una respuesta no pueda ser útil sino porque una respuesta corre el riesgo de detener el proceso de metonimia de la cadena significante.
En la carrera contra las redes de la mercantilización del cuerpo queremos recuperar algo que nunca tuvimos: la unidad. Lo implícito en la lógica de las redes sociales es la ilusión de integridad que proporciona la imagen retocada
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Carla Delladonna (compiladora), Rocío Uceda (compiladora), Paulina Bais, María Sol Berti, Susana Di Pato, Marta Fernández Boccardo, Romina Gangemi, Maiara García Dalurzo, Bárbara Mariscotti, Agustín Micheletti, María Laura Peretti, Malena Robledo, Georgina Ruso Sierra