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Efectos del pensamiento de Lacan en la Argentina

 

Para comenzar

Seamos freudianos: en uno de los últimos textos, escritos en la primavera de 1937,1 Sigmund Freud afirma, en un eje que reúne eficacia con efectos, que lo acertado de una construcción más allá de la contingencia del sí o el no de un paciente, puede verificarse por la presencia de efectos discursivos. Por aquellas respuestas que resultan accesorias o secundarias y que aparecen en un cierto arrabal temático con respecto al contenido central.

En tal sentido, disponerse a hablar sobre los efectos del pensamiento de Lacan, será valiéndose de esta política freudiana que considera posible tomar a los mismos como pivote de un espacio marginal, como esas anotaciones que se suscriben a un costado de lo escrito y que se presentan, en y como, consecuencia de un texto.
De esta manera, queremos advertir que nuestras consideraciones no se ocuparán de una supuesta tarea magna, de una teoría del conjunto que pretendería globalizar en lo que hace a dos extensiones: una conceptual llamada el pensamiento de Lacan y la otra, topográfica, definible como Argentina.
Nuestro modo de operar preferirá ocuparse de la cuestión más intensa que llamamos entonces efectos. Aún así, ello no nos eximirá de suscribir algunas líneas en relación a estas dos extensiones, aunque ubicando el lugar que hace a los comentarios.
Quien escribe esto en tanto no se propone una obra de Enciclopedia (algo que sí realizaron Freud y Lacan), tampoco se dispone a erigirse como representante autorizado por un estado de comunión inefable con Jacques Lacan. Sólo puede recurrir a su condición de analista, al lazo social propio de esa condición y a la deuda con quien reconoce como aquél que más allá de su palabra, supo colocarse en tanto enseñante, en la posición de Maestro.
En alguna otra oportunidad, hemos planteado que la intensidad y disparidad de los efectos de la obra de Lacan hacía necesario (y no sólo por una ocasional comodidad imperante en el recorte de sus proposiciones) comenzar a suponer un retorno, que tal como el mismo lo planteara en relación a Freud, no debería considerarse como una operación exegética (que prevee un texto sagrado) o la vuelta de lo reprimido, sino que "todo retorno que de materia a una enseñanza digna de ese nombre, se producirá únicamente por la vía por la que la verdad más escondida se manifiesta en las revoluciones de la cultura. Esta vía es la única formación que podemos pretender transitar con aquellos que nos siguen: se llama un estilo..."2
Para este retorno, consideremos la noción de efectos despojada de cualquier suposición de eficiencia o de rendimiento en relación al sí o el no del Amo y ubiquemos a estos por vía del estilo del pensamiento de Lacan, como efectos de lectura.

De revista en revista

En 1974, un número de la revista Imago se publica con el título ¿Qué dice Lacan?3 y creo que la convocatoria actual hecha por Topía podría reescribirse como: ¿Cuáles son las consecuencias de lo dicho por Lacan?
Esto implica precisamente situarse a un costado de los márgenes elocuentes del discurso fúnebre. Si bien la desaparición de Lacan tiempo después de esa publicación justificaría tal maniobra, en tanto que habiendo transcurrido 16 años desde entonces, es necesario que el muerto no falte a la cita. Pero entendiéndase bien: no en el sentido vitalista del término, sino en lo que hace a la circulación de los significantes fundacionales del pensamiento de Lacan y a las peripecias a veces patéticas, a veces jubilosas, de esa circulación en lo que suele denominarse comunidad de analistas.
Utilizar el término pensamiento para a su vez sujetarlo a Lacan puede llevarnos —dixit Borges— a una de las actividades favoritas de los psicoanalistas: el arte de la refutación. Por ello advertimos que entendemos como pensamiento, aquello que queda sustantivado en forma de proposiciones, y que en su carácter de tales, pueden considerarse implicadas en la noción de obra.
Cabe señalar que en las proposiciones de esta obra, es donde se advierten las incisiones de un estilo que permite entonces ubicar el genitivo (de) en relación con un nombre propio: Lacan
Pero esta referencia a lo propio, esta obra, se produce en el marco de un singular encuentro con otras disciplinas. Es en relación con la topología, la lingüística, la filosofía o la ciencia en donde emergen los registros, el significante, la lógica del no todo o la noción de sujeto.
Estas mínimas líneas que describen ciertas condiciones que hacen al pensamiento de Lacan, no están dirigidas por ningún extemporáneo afán pedagógico, sino por la posibilidad de señalar un efecto que se va haciendo visible en nuestro medio: precisamente son estas disciplinas las que en estos momentos, habiendo sido concernidas por la argumentatio lacaniana, parecerían reclamarle alternativamente verdad, consistencia o compromiso.
Un ejemplo de esto, sería cierta polémica contemporánea acerca del modo de Lacan de considerar a las matemáticas, estableciendo los especialistas ciertas inexactitudes o desviaciones. Si bien como decíamos antes, ello no deja de inscribirse en la práctica de la refutación, cabe señalar que polemizar alude en su etimología a poner en juego distintas versiones. Y resultaría de interés establecer qué versión de la obra de Lacan es la que se formaliza en estas discusiones y cual es el problema que Lacan privilegia cuando importa alguna noción.
Así es que el hablar de Marx como inventor del síntoma, no lo convierte automáticamente a Lacan en marxista y el de haber definido que la mujer es síntoma del hombre implica sobre todo relevar las cordenadas que hacen precisamente al sujeto masculino en su afán de obtener consistencia. Y que diferencian por otra parte, la posición de la histérica y de la mujer.
Pero también, en este sendero de retorno, nos interesa considerar aunque fuese sesgadamente un movimiento similar con respecto a la obra de Freud. En tanto que en su momento se le reclamó el haberse respaldado, con ingenuidad o con argucias, en otras disciplinas (en su caso sería la historia o la antropología).
En ambas oportunidades parecería desconocerse que las proposiciones planteadas se corresponden precisamente con la lógica de una construcción y con aquello que, nuevamente Freud, definiría como los requerimientos del "material en cuestión".

 

Modalización/Moda

La respuesta freudiana: "mis historiales son leídos como narraciones literarias y parecerían carecer del severo sello científico que se acostumbra_ Pero ello no depende de mí sino del material en cuestión", evidencia entonces una política del texto, con respecto a la cual, el autor es menos libre de lo que parece.
Esto mismo también insiste en relación con nuestra posición para considerar los efectos de las proposiciones de Lacan en nuestro país, en tanto que las mismas como ya advirtiéramos, se modalizan con la forma de comentarios. Pero en el espacio posible de nuestro estilo, caben ciertas elecciones para llegar a un punto álgido de estos efectos: la moda.
Es cierto que una suerte de disposición vernácula, puede haber llevado por un efecto de masas, al lucimiento de ciertas prendas del discurso de Lacan, pero no es menos cierto que las modas suelen ser estacionales y obedecen a ciertas reglas y condiciones del imaginario social. Por lo tanto una lectura que pretenda algún retorno, deberá tomar esta transitoriedad, también ocuparse de las inscripciones en el tejido cultural y de la producción de textos en consecuencia con ello.
Esto podría verificarse en la ingente escritura producida a partir de la argumentatio de Lacan. Se hace necesario aclarar que no coincidimos por anticipado, en lo que una cierta moda infiere: si una producción es tan voluminosa, esto mismo es lo que la descalificar.
Solamente en la singularidad de una lectura, en el uno por uno, encontraremos repeticiones, desarrollos, maniqueísmos, despuntes. Y también podrán advertirse indicios de distintos pisos, ya que si los textos que inauguraron esta producción incesante, se correspondían con una así llamada divulgación de los conceptos básicos de Lacan, ahora el acento está puesto en la extensión o en la construcción que se encabeza con un tácito "después de", en el que ocasionalmente habrá que despejar un posible post lacaniano, equivalente al término post freudiano, con que Lacan en su retorno, denominó la actividad de resistencia a la letra de Sigmund Freud.

Historiales/Historias

Corresponde entonces ahora mencionar algunos puntos históricos en nuestro medio, aunque teniendo en cuenta que en este tipo de puntuaciones no importa tanto la anécdota, sino la práctica de la fecha (¿por qué esta y no otra?) en tanto que toda rememoración no es sino una manera de conmemorar, de hacer memoria de una posición en el discurso.
Pues bien, en 1965, si consideramos la necesariedad del escrito, se publica en Pasado y Presente el primer texto suscripto por Oscar Masotta quien desde su propia ubicación en el acontecer oficial del psicoanálisis, marcaría, modalizaría cierta posición que caracterizamos como fuera de lugar.
"Antes de los psicoanalistas mis personas cercanas fueron pintores (en el sentido clásico del término), arquitectos, semiólogos. Entraba al psicoanálisis caminando por el techo, pero pronto remontaría las paredes hacia el piso: es que tenía alumnos..." diría Masotta a fines de la década del '70. Mucho antes escribiría un texto: "Leer a Freud", que en su enunciación imperativa y ausente de primera persona, difiere de otro título contemporáneo a éste: 'Yo cometí un hapenning" en el que, por el contrario, se encuentra nítidamente establecido un sujeto intencional.
Quizás estas dos titulaciones sean al unísono una enunciación eficaz sobre la cualidad de los territorios abordados y las circunstancias del imaginario social. En un caso el autor Masotta prefiere colocarse con su Yo a la vanguardia (por lo menos de y en la plástica vigente) y en el otro decide resguardarse y/o disolverse en el retorno a la lectura de un clásico: Sigmund Freud. Claro que esto no sería demasiado fácil en el Buenos Aires de los años '60, más propicio a los adelantamientos que a las revisitaciones.
Hace unos 30 años, podría situarse entonces con la organización de los primeros grupos de estudio, la puesta en forma del pensamiento de Lacan en espacios instituidos o luego en instituciones que han tenido tiempo para fundarse, crecer, disolverse o consolidarse.
Por una parte el horizonte actual de las instituciones del psicoanálisis, no es sin Lacan aunque fuera en los términos de conocerte-para-desconocerte-mejor.
Por otra parte, puede advertirse como aquellas que se ubican en una transferencia de trabajo con las proposiciones lacanianas quedan concernidos en su porvenir por la respuesta que ponderen con respecto: 1) la transmisión del psicoanálisis 2) el lazo social entre analistas y 3) su nominación como tales.
En este sentido quisiéramos aventurar que numerosos espacios en su clausura o en su persistencia, son efecto en sí mismos de una manera de responder y atravesar con autenticidad o con impotencia lo que estas tres cuestiones suponen, en tanto que los definimos como propias de una praxis, un término que recorre la obra de Lacan y que cierra el primer parágrafo de lo que titula precisamente "¿Cómo se analiza hoy?"4
"Pretendemos mostrar en qué la impotencia para sostener auténticamente una praxis, se reduce como es corriente en la historia de los hombres, al ejercicio de un poder."

 

Lacan ¿una pasión argentina?

Un libro recientemente exitoso, escrito por E. Roudinescu,5 propone ocuparse de una historia de las ideas por medio de una historia de vida o biografía. Si bien el resultado es incierto (porque en ocasiones no parece un cruce epistémico sino una mezcla de géneros) el texto ostenta en su tapa, en la edición castellana, una certidumbre: Lacan una pasión francesa.
En el deslizamiento desde esta certeza enunciada, a la interrogación que titulamos líneas arriba, consideramos que se encuentra lo que permitiría resituar algunos efectos.
En tal dirección podemos ubicar como central el problema de la pasión, más problemático aún, si se le agrega el predicado de Argentina.
Si en la clínica formalizada por Lacan, las pasiones hacen al odio, el amor o la ignorancia; también cabe señalar que clásicamente la pasión fue supuesta como afección, como algo que domina al sujeto y lo gobierna. Pero como diría Hegel, no siendo buena ni mala, nada grande ha sido realizado sin ella y entonces, aunque sea dominante, es de alguien, pero también es por algo. Y en esta línea que no excluye paradójicamente el deseo de analista, podemos enunciar la pasión de Lacan por el psicoanálisis. Y más aún, su pasión indeclinable por la cuestión de la transmisión del psicoanálisis.
Quienes nos encontramos en una línea de filiación conceptual con esa clínica, de alguna manera estamos en consecuencia con esa pasión que habitó a Lacan. Y el plural recién utilizado será quizás una argucia para empezar a definir quiénes somos entonces los del término predicado: Argentinos.
Denominación ésta problemática, si quiere presentarse como El Ser Nacional (eso que pretendía en Francia, Eduard Pichon, antecesor ilustrado de Lacan y quien estableció el término forclusion) o como los hijos de un poema (ese que dio su nombre al país y que escrito por Del Barco Centenera, se tituló precisamente la Argentina).
Pero también y es preferible -aunque afronte el riesgo del circunloquio- podría considerarse que los argentinos, sujetos anudados por una lengua a un territorio, somos ciudadanos de una polis difícil de configurar o más aún, de cristalizar.
Esto se ve ilustrado por el otro Pichon, otro que hizo marca en nosotros: Enrique Pichon Rivière que tuvo como pasión privada a un francés y sus poemas6 y del que buscó datos en la misma casa en que vivía Lacan, quien luego le regalaría un ejemplar dedicado de su tesis sobre La Paranoia. Más luego aún, la biblioteca de Pichon contará de este y otros textos que fueron diseminándose.
Pero entiéndase bien, los acontecimientos que enumeramos no hacen a una novelización épica o a la analogía, sino que intentan establecer el carácter de "bricolage" que puede tramitarse en estas enunciaciones acerca de Lacan y los argentinos. Y entonces Borges (una pasión otoñal de los argentinos), es quien mejor puede definir la situación. "¿Cuál es la tradición argentina?" —se interroga Borges—. Creo que nuestra tradición es toda la cultura occidental y creo también que tenemos un mayor derecho a ella que los habitantes de una otra nación occidental (...) Recuerdo un ensayista norteamericano que se preguntaba sobre la preminencia de los judíos en la cultura occidental y si esto constituía una innata superioridad y contesta que no. Dice que sobresalen porque actúan dentro de esta cultura y no se sienten atados por ella y lo mismo podemos decir de los irlandeses en Inglaterra.
(...) Creo que los argentinos, los sudamericanos en general, estamos en situación análoga: podemos manejar todos los temas europeos sin supersticiones con una irreverencia que puede tener (...) consecuencias afortunadas".7
Pero hablábamos de pasiones argentinas, pues entonces si en Francia, al decir de Roudinesco la pasión fue Lacan; en Argentina sino la pasión, el entusiasmo ha sido (es) por el psicoanálisis. Y en todo caso esta módica exaltación arrancará otra vez, de puntos tan poco configurables como esa condición de argentinos a la que aludamos.
Y el entusiasmo argentino (que por una contingencia de la geografía también se anuda al fuera de lugar), tuvo su posibilidad de relanzamiento con Lacan y su apuesta por la transmisión. Cuando nuestro psicoanálisis se encontraba como caricatura de sí mismo, en un antes de Freud y frente al dilema —la bolsa o la vida— de ubicarse en la Medicina o en la Psicología.
Es en este sentido que articulamos a Lacan, que articulamos lo que se cifra en su nombre. Y los efectos producidos sobre ciertos modos, modelos y/o posiciones podríamos definirlos en una homología con el sentido del síntoma que es "lo que se pone en cruz para impedir que las cosas anden, que anden en el sentido de dar cuenta de sí mismas de una manera satisfactoria, satisfactoria al menos para el amo"9.
Lo que se cifra, nombra no sólo lo que se restableció del psicoanálisis, sino también nombra una operación de lectura.
Por ello mismo considerar los efectos, es un recurso para centrarnos en una producción y lo que de ella nos ha puesto a trabajar. En tal sentido coincidimos con lo que plantean Oscar Steimnberg y Traversa cuando afirman que "es incuestionable que los textos de Jacques Lacan se incluyen plenamente en los usos simbólicos de nuestros días, su perímetro de desenvolvimiento excede el de un saber o campo profesional. No sabemos si incide en ellos o los transforma”.9
Podemos agregar que estos decires deben reinscribirse en su condición de incertidumbre, alejados de la presunción de un saber imperial tal como el Psicoanálisis se manifestaba antes de Lacan pero también dispuestos a no confundir este modo de examinación de las cuestiones (que ilustra "la vanidad de todo coito con el mundo"11) con una variante banal del posmodernismo al que en algún momento se lo adscribió a Lacan; como antes se lo había hecho militante del estructuralismo. Por ello nuestra insistencia en la decisión de una lectura que prefiera tomar a la letra esta situación.
Pero hablando de lecturas y retornando, a tiempo de concluir, a la posición de psicoanalista, citábamos antes este texto de Masotta "Leer a Freud" y entendemos que de eso se trata, de leer a Lacan para hacerlo producir, leerlo con esa indicaciónque el mismo hizo para el encuentro con Freud: "Ese psicoanalista que le imponía a uno el respeto por la marca de la pasión por el psicoanálisis."

 

 

Para comenzar

Por eso la importancia de esta convocatoria en relación con los efectos del pensamiento de Lacan, para tomar partido y poner en juego al Psicoanálisis en estos tiempos que corren hacia la reproducción en serie, la balcanización de los ideales, el goce mortífero de la técnica; pero también corren hacia la construcción de nuevos ideolectos, el advenimiento de otros códigos o la reubicación de los ejes clásicos de las vinculaciones sociales.
"Lo picante de todo esto, es que en los próximos años el discurso del analista dependerá de lo real, y no al contrario. El advenimiento de lo real no depende del analista en absoluto. El analista tiene por misión hacerle frente. A pesar de todo, lo real muy bien podría encabritarse, sobre todo desde que tiene el apoyo del discurso científico."10
Tomar partido por lo que en el habla y en los textos de esta obra se suscribe en relación a lo que consideramos lo más firme de un legado: la Etica del psicoanálisis y la posición del analista, que involucra más allá de las crónicas de costumbres, la erudición o la historiografía, la dimensión de un porvenir en lo que hace al malestar presente.

Carlos Brück
Psicoanalista

Notas
1.  Construcciones en Psicoanálisis, S. Freud.
2.  El Psicoanálisis y su enseñanza, J. Lacan.
3.  ¿Qué dice Lacan? Y. Vegh, E. Ramos, J. Jinkis y otros
4.  La dirección de la cura y los principios de su poder, J. Lacan.
5.  Lacan, E. Roudinesco.
6.  Los cantos de Maldoror. Lautremont.
7.  El escritor argentino y la tradición. J.L. Borges.
8.  La tercera. J. Lacan.
9.  El idioma de los lacanianos. B. Orellana.
10/11.  La tercera. J. Lacan
 

 
Articulo publicado en
Octubre / 1997

Boletín Topía