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Imaginario Social y Homosexualidad

 
¿Narrativas extraviadas, figuras irregulares, cuerpos silenciados?
 

Introducción

                         

Desde que se acuñó la palabra “homosexual” en 1869, académicos y científicos de distintas disciplinas han intentado comprender el fenómeno de las relaciones intimas entre personas del mismo sexo (Mondimore, 1998). De acuerdo a Ardila (2002), las concepciones de la sociedad hacia las personas homosexuales han ido cambiando con el paso del tiempo, desde ser consideradas como personas “enfermas”, hasta ser vistas como “normales, con un estilo de vida que describe una orientación o preferencia sexual. 

 

A pesar de la evolución de estas concepciones, existen personas que conservan valoraciones subjetivas desfavorables hacia la homosexualidad; considerando este tipo de orientación como “anormal” o “enferma”, lo que genera una serie de reacciones negativas como prejuicio, rechazo y discriminación hacia personas homosexuales (Mondimore, 1998).

 

            Estas reacciones que representan aparentemente expresiones conscientes que polarizan y orientan la vida de los hombres, constituyen de acuerdo a Castoriadis (2007) significaciones imaginarias sociales, unidades de entretejido de sentidos que penetran toda la vida de la sociedad; operando como organizadores de sentido de lo lícito y lo ilícito, de lo permitido y lo prohibido, de lo normal y anormal, interviniendo de esta manera en el modo en que las personas entienden y miran su mundo exterior.

           

            Castoriadis (2007) y Fernández (2007), coinciden en que las significaciones imaginarias sociales operan en lo implícito, no son explícitas para la sociedad que las instituye; si bien no son determinables, pueden ser localizadas a través de los efectos que producen: el lenguaje, las normas, los valores y maneras de hacer y moverse del hombre en general. Estos efectos constituyen producciones de sentido que afectan los lazos sociales y las inscripciones subjetivas de quienes integran o quedan por fuera de un colectivo social (Fernández, 2007).

 

            Este ensayo pretende hacer una revisión del material bibliográfico referido al tema de la configuración de las valoraciones subjetivas que se crean en torno a la homosexualidad a partir de los imaginarios sociales, y con ello comprender cómo desde un universo indiferenciado de significaciones imaginarias sociales (magma) surgen producciones de sentido que intervienen en los modos en que el poder ejerce violencia institucional sobre los cuerpos, disciplinándolos e instituyendo narrativas y practicas discursivas que silencian e invisibilizan aquellos cuerpos entendidos como irregulares; instalando de esta manera dispositivos biopolíticos que configuran en un mismo movimiento diferencias y desigualdades de género.

 

            Imaginario Social y Homosexualidad

 

            Diversas disciplinas como la antropología, sociología, historia y psicología, han estudiado los movimientos que resisten y luchan contra las discriminaciones y exclusiones que emanan en sociedades con predominio de una matriz cultural heterosexual. De acuerdo a Fernández (2006), a partir de la segunda mitad del siglo XX, diversos movimientos feministas y de activismo homosexual, generaron luchas públicas y privadas que tuvieron como eje principal de su accionar las reivindicaciones en las luchas contra la opresión de las sexualidades hegemónicas, la búsqueda de igualdad de oportunidades, los planteos de equidad y la desnaturalización de las hegemonías heteronormativas.

 

En 1975, Foucault señaló que la sexualidad ha sido encerrada desde el siglo XIX, siendo absorbida por la familia conyugal, restringiéndose a una función reproductora que se impuso como modelo, como norma, como verdad; entendiéndose lo opuesto como anormal, inverosímil e inadmisible. Aquello que no apunta a la generación, a la multiplicación de la raza humana, no tiene sitio ni ley, se encuentra expulsado, negado y reducido al silencio; no sólo no existe sino que no debe existir y se hace desaparecer a la menor manifestación de actos o palabras.

 

Las obras de Freud el “Porvenir de una ilusión” (1927), y el “Malestar en la Cultura” (1931), de carácter metapsicológico - en el sentido de que da cuentan de la configuración del psiquismo del sujeto social y de su relación con la cultura-  despliegan los espectros sociales del aumento de la represión, el poder y sus coberturas ideológicas, como determinaciones específicas de un sistema que intenta apresar la multiplicidad de quehaceres comunitarios en sus aparatos de captura y sumisión (De, Brasi, 2007).

 

En la historia del siglo XX, las minorías sexuales, tuvieron que construir sus propias narrativas para esquivar las olas de represión, homofobias y de normalización estatal, social y educacional en diferentes épocas y contextos. Diversos modos de disciplinamientos universales los llevaron a generar condiciones de sobrevivencia, creando códigos culturales para generar infinitas maneras de comunicarse en silencio, efectivas formas de reconocerse y construir identidades. Dichos elementos fueron esenciales para desplegar modos de convivencia, amistad y modos de relacionabilidad, como respuestas al modelo heteronormativo hegemónico (Sutherland, 2008).

 

Ahora bien, de acuerdo a Castoriadis (2001), es la institución imaginaria de la sociedad la que determina modos de organización de la sexualidad, que incluyen las identidades sexuales, orientación sexual, erotismo, vinculación afectiva y la reproducción. En la vertiente histórica – social se construyen de manera colectiva y anónima organizadores de sentido que disciplinan y norman los cuerpos, su materialidad, energías, sensaciones y placeres.

 

Los sujetos como tales son, los actores de complejos modos de subjetivación, de la eficacia o eficiencia con que los habitan, de los instrumentos con que cada proceso histórico – social produce subjetividades tatuadas con dibujos singulares, esfumados; de este modo, existe una conexión permanente entre los procesos libidinales y los niveles institucionales y organizacionales, formales e informales (De, Brasi, 2007).

 

En este sentido, las prácticas heterosexuales dominantes han sido instituidas en las sociedades a partir de universos de significaciones imaginarias sociales que establecen modos de vinculación e intercambio erótico - afectivo que se fundan en el agenciamiento familiar heterosexual. Estas significaciones imaginarias sociales forman parte de luchas de poder que buscan desde el plano simbólico conservar el modo en que las sociedades sienten, actúan y piensan su sexualidad.

 

Se crean universos de sentidos, formas y figuras molares, totalizantes en torno a las relaciones e intercambios sexuales; generándose así discursos, prácticas y mitos que prescriben el modo de funcionamiento de los cuerpos, predeterminan su identidad sexual y los presenta como una superficie de carne disponible a los placeres inarticulados, detenidos y paralizados por excitaciones autorizadas al mismo tiempo que prohibidas (Bersani, 2008).

 

Estas lógicas totalitarias, conjuntistas – identitarias, invisibilizan la multiplicidad, la diversidad sexual, dando lugar a la construcción de regímenes de “verdad” que sofocan modos alternativos de reconfigurar la relacionalidad, y con ello el intercambio afectivo - erótico entre los cuerpos.

 

Estas incesantes creaciones colectivas anónimas, generan múltiples marcas sobre los cuerpos, ejerciendo violencia simbólica sobre ellos al establecer límites de lo permitido, lo prohibido, lo sano y lo enfermo. Estas marcas son biológicas, deseantes y pulsionales, pero al mismo tiempo histórico- sociales y políticas; según Foucault (1975), el poder aplica sobre la sexualidad leyes de prohibición: “no te acercaras”, “no tocaras”, “no experimentaras placer”, “no aparecerás”, en definitiva, “no existirás salvo en la sombra y el secreto”; estas “verdades” instituidas, utilizan como instrumento la amenaza de un castigo que consistirá en suprimir su expresión; de este modo, la existencia de la diversidad sexual se genera bajo el riesgo de su propia anulación: represión, amedrentamiento y / o burla de los otros. 

  

La vertiente histórico – social, constituye un terreno imperfecto y provisiorio de intrincados congelamientos (reglas, estructuras, normas) y de líneas de fugas singulares (creaciones diversas); en él, coexisten luchas de poder que tensionan por consecuencia de la búsqueda de transformación de los modos de concebir la sexualidad (fuerzas instituyentes) y la conservación de las prácticas hegemónicas (fuerzas instituidas). Siguiendo a Fernández (2007), las fuerzas instituyentes e instituidas se articulan desde tres elementos básicos: la fuerza o violencia, el discurso del orden y los imaginarios sociales.

 

La fuerza o violencia, constituye el modo en que el poder se produce en el acto, generando exaltaciones de las hegemonías heteronormativas instituidas, y con ello, negaciones articuladas, producciones de invisibles de la diversidad sexual. Los discursos del orden y los imaginarios sociales reactualizan la fuerza y la transforman en poder, haciéndolo constante y transmisible; se requiere que la fuerza y el discurso del orden legítimante estén insertos en montajes, practicas extradiscursivas y soportes mitológicos que hablan a las pasiones y hacen que el poder marche, funcione y se reproduzca. .

 

De esta manera, la repetición insistente de narrativas heterosexuales, exaltaciones de discursos heteronormativos y naturalización de sentidos y prácticas sexuales entre hombres y mujeres, sostienen una red simbólica que arman un contexto complejo en el que tensionan categorías que pasan por el cuerpo – poder, la legitimidad – lo universal, lo bio-político y las violencias institucionales (Sutherland, 2008).

 

A partir de significaciones imaginarias sociales se construyen “realidades”, “verdades” que ejercen dominio biopolítco sobre los cuerpos, legitimando en el seno del colectivo, narrativas y mitos que sostienen el modo de concebir la homosexualidad como un modo de funcionamiento irregular y anormal; invisivilando las propias narrativas de estos colectivos sociales. 

 

La posibilidad de inventar nuevas formas de intimidad, e incluso nuevas formas de placer y de intercambio erótico –afectivo y de visibilizar estas narrativas extraviadas, supone la necesidad de despojar al cuerpo de su identidad sexual prefijada efectiva o instituida por el imaginario social central. La creación de nuevos modos de subjetivación que permitan el paso de las diferencias y desigualdades sexuales a la diversidad sexual, implica la construcción de categorías filosóficas y políticas que puedan dar cuenta de tales transformaciones; siguiendo a Fernández (2006) las políticas de lo “Uno”, exacerban las desigualdades y las impunidades concomitantes, sosteniendo diferencias normalizadas o asimiladas.

 

La invisibilización de las diversidades sexuales, gays, bisexuales, lesbianas, travestis, transexuales y transgéneros, sostiene entonces la hegemonía de lo heteronormativo (lógica de lo uno), y con ello las exclusión de los cuerpos de éstas minorías sexuales (lógica de la multiplicidad). Siguiendo a Foucault (1975) el poder actúa a través de la lógica de la censura, este tipo de prohibición adopta tres formas; afirmar que no está permitido, impedir que lo no permitido sea dicho, y negar que exista por último. Así, de lo que está prohibido no se debe hablar hasta que esté anulado en la realidad; lo inexistente no tiene derecho a ninguna manifestación, ni si quiera en el orden de la palabra que enuncia su existencia.

 

De este modo, demandas como la legitimización de uniones civiles de colectivos gay y lésbicos, por poner un ejemplo, apuntan hacia el reconocimiento por parte del Estado de la existencia de la diversidad de sus miembros. Detrás de esto se encuentran lógicas de “normalización” de las relaciones de personas del mismo sexo, la aplicabilidad de los mismos derechos como el resto de los individuos de una sociedad, tolerancia y no discriminación, cuestiones que pasan que por el repertorio de la demanda política y social y que desafían el único sentido de la historia y demás inconclusiones del pensamiento en curso.

 

En palabras de Shuterland (2008), la legitimidad de las sociedades de convivencia entre personas del mismo sexo, no es menor, pero no garantiza que el Estado deje de imponer restricciones como por ejemplo, la prohibición para adoptar hijos y otras menudencias culturales; en este sentido y siguiendo a Fernández (2006)  la legitimación de un poder, depende de la creación de cercos de sentido producidos por universos de significaciones imaginarias sociales que lo sostengan, es decir, de la creación de nuevas insistencias de sentidos, narrativas y mitos que den cuenta de la diversidad sexual y visibilicen modos alternativos de relacionabilidad entre gays, lesbianas, bisexuales, transgéneros, transexuales e intersexuales.

 

En suma, la legitimidad de la diversidad sexual, implica hacer visible la desigualdad de los derechos y la pluralidad de múltiples identidades; lo que supone la necesidad de “imaginar” figuras, sentidos y múltiples formas de reinventar y reconfigurar desde la subjetividad las relaciones erótico – afectivas de los cuerpos.

 

Las coberturas ideológicas y universos de sentido instituidos por imaginarios sociales, prefijan o predeterminan en el hombre el modo en que debe practicar su sexualidad. Despojar al cuerpo de su identidad sexual prescito conduciría a instalar un intercambio erótico - afectivo fundado en la presencia y la plenitud, más que una erótica basada en la apropiación y en el goce de que aquello que no se tiene.

Por último, visibilizar aquellas producciones de subjetividad, sentidos, narrativas e insistencias que se encuentran instituidas en relación a la homosexualidad contribuiría en el desarrollo de programas de educación psicosexual y cívico y con ello estimular la construcción de una Sociedad más integrada y justa en términos de derechos civiles y humanos, y la expresión de un desempeño sexual integrado, coherente y no fragmentado en los sujetos.

Referencias Bibliográficas

 

Ardila, R. (2002). Homosexualidad y psicología. Bogotá, Colombia: Manual Moderno.

Bersani, Leo (2008). Freud/ Foucault: Idas y Vueltas. Revista de Cultura. Papel maquina. 1, 81 – 87

Castoriadis, Cornelius (2007).La Institución Imaginaria de la Sociedad. Traducción de Antoni Vicens y Marco- Aurelio Galmarini. Ensayo Tusquets Editores.  

De Brasi, Juan Carlos (2007). La Explosión del Sujeto: Acontecer de las masas desfondamiento subjetivo en Freud. EPBCN / MESA Editoriales.

Fernández, Ana María y Cols (2006). Política y subjetividad asambleas barriales y fábricas recuperadas. Colección Pensaren Movimiento. Ediciones Tinta Limón.

Fernández, Ana María (2007). Las Lógicas Colectivas: Imaginarios Sociales, Cuerpos y Multiplicidades. Colección Sin Fronteras. Editorial Biblos. 

Foucault, Michel (1993) Historia de la sexualidad. La Voluntad de Saber. Siglo veintiuno de España Editores, S.A.

Mondimore, Francis (1998). Una Historia Natural de la Homosexualidad. Editorial Paidos.

Sutherland, Juan (2008). Multitudes minoritarias, batallas sexuales y matrimonio hegemónico. Revista de Cultura. Papel maquina. 1, 89 - 94

 

 
Articulo publicado en
Octubre / 2011

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