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“Maternidades feministas”

 

Aclaración necesaria.

Hace un tiempo es deseable aclarar desde dónde se escribe, lugar/posición que muta, pero precisa ser explícito para no acaparar espacios ajenos, realidades diferentes, ni monopolizar discursos. En este caso se escribe desde ciertas lecturas con perspectiva de género, pero desde una posición vinculada a ser mujer cis-heterosexual de clase media, que busca deconstruirse, pero que no deja de reconocerse con sesgos propios del sistema patriarcal del cual reniega, pero del cual emergió.

Puntualmente en este trabajo el aclarar el texto/contexto de la autora resulta fundamental. Pues la elección del tópico está en estrecha relación con interrogantes personales, emergentes de la propia vivencia que interpelaron a la militante feminista, a la psicoanalista y a la mujer que cohabitan en ella. Todo ello cristalizado e interpelado por una incipiente maternidad deseada, que se pretende feminista y desobediente.

Esto implica no desconocer otras maternidades, con diferentes historizaciones, menos hegemónicas, sobre todo, pero si advertir que dada la extensión del presente trabajo y la poca profundidad que la autora pueda dar a dichas lecturas en la actualidad, dicho abordaje puede resultar violentamente superficial, de allí la aclaración del necesario recorte.

 

Introducción

Como se anticipa en la aclaración ut supra en el presente trabajo se pretenden abordar las maternidades actuales desde un marco de género y feminismos., Vivencia personal que se vuelve objeto de reflexión, teorización y revisión a la luz de las lecturas y recursos propiciados por diversas compañeras.

Dicho interés personal se articula con visibilizar que los feminismos actuales -al menos los más cercanos- tienen mayores desarrollos vinculados a la problemática de la ILE, IVE y las violencias que sufren aquellas mujeres que no desean ser madres. Por lo cual, el objetivo de pensar maternidades feministas es un propósito también de aportar a espacios más pequeños o que se sienten excluidos dentro de los mismos movimientos feministas, que quizás en el afán de desprenderse de ciertos roles de género desdibujaron la posibilidad de pensar maternidades elegidas y deseadas.

En el presente trabajo se pretenden abordar las maternidades actuales desde un marco de género y feminismos

En este sentido, el territorio estará dado por aquellas maternidades que pretenden preguntarse y construir sus ejercicios y vínculos sin anclarse a respuestas esencialistas, biologicistas, estereotipadas o vinculadas a históricos mandatos disfrazados de “instintos” que ya sabemos inexistentes.

Mujeres que deciden ser madres, que se posicionan desde el deseo, pero que desde la gestación misma reciben ciertas formas -más o menos desdibujadas- de violencias de género que desde múltiples espacios pretenden ubicarlas en lugares que no les sientan cómodos, y buscan construir-se a sí, sus vínculos, sus crianzas y sus redes.

Mujeres que en la clínica relatan con mucha angustia violencias de las que se culpan, obstáculos propios de un sistema patriarcal androcéntrico que las obliga a “articulaciones” imposibles que en muchos casos las sobrecarga y termina generando malestar y síntoma.

Por todo ello, trabajaremos en torno a cuatro coordenadas, a saber: I. Cuerpos y saberes expropiados; II. Malabares culposos; III. Maternidades y feminismos; IV. La importancia de maternares feministas en red

 

Cuerpos y saberes expropiados

Ubico el punto de quiebre y expropiación en la modernidad, momento dónde se recrudeció el sistema sexo-género que confinó a mujeres al ámbito doméstico, expropiándolas de saberes transmitidos durante generaciones

Comenzar el trabajo por este punto, implica contemplar cómo históricamente las mujeres hemos sido expropiadas de nuestros propios cuerpos y -por ende- hemos perdido autonomía de decisión sobre los mismos. Cuestiones claves para poder posicionarnos frente al deseo – o no- de maternar.

Esta expropiación, a partir de la cual desde la modernidad “la ciencia”[i] nos ubica en lugares de objeto y nos desconoce cómo sujetas -y más aún como portadoras de saberes- ha implicado un alejamiento respecto de nuestros propios cuerpos, sexualidades y saberes.

Ubico el punto de quiebre y expropiación en la modernidad, momento dónde se recrudeció el sistema sexo-género que confinó a mujeres al ámbito doméstico, expropiándolas de saberes transmitidos durante generaciones. Saberes como los que manejaban las matronas, parteras y las propias gestantes…todas convertidas en brujas, competencia de la medicina androcéntrica emergente, eran dignas de caza y persecuciones de las más violentas.

Este planteo no se vincula a ciertas corrientes que pretenden esencializar el “ser mujer” como puede rastrearse en ciertos momentos históricos de los feminismos. Sino que más bien se plantea desde el lugar de poder acceder al conocimiento de nuestros propios cuerpos, desde la educación, el autodescubrimiento y la autonomía para ir construyendo nuestros propios recorridos, decisiones y proyectos.

En nuestras propias historias esta expropiación se rastrea desde la temprana infancia, a partir de la educación y socialización de género, dentro de la cual se nos aleja de nuestra sexualidad, nuestro deseo, nuestra corporalidad y más aún de nuestra genitalidad. Pues nada de ello coincide con el modelo de mujeres que la sociedad -aún con sus cambios a lo largo de los siglos- ha proyectado para sus mujeres.

Esto va muy en consonancia con lo que Bleichmar (2005) ha dado en llamar modos de subjetivación. Es decir, aquella representación o modelo que cada sociedad en un tiempo, territorio y momento propone como ideal para cada sujeto. Modos de subjetivación que, aún hoy, son generizados, estereotipados e implican -en muchos casos- de las más variadas formas de violencias para su “ajuste a la norma”.

Muchas habitan cuerpos que desconocen, otras que temen, pues desde la educación, la cultura y la ciencia todo lo que se nos enseña de nuestros cuerpos es para “prevenir” peligros desde afuera y dentro de nuestros territorios corporales

Por ello, muchas mujeres poco saben de sus propios cuerpos, sus ciclos, su sexualidad y sus fuentes de placer. Muchas habitan cuerpos que desconocen, otras que temen, pues desde la educación, la cultura y la ciencia todo lo que se nos enseña de nuestros cuerpos es para “prevenir” peligros desde afuera y dentro de nuestros territorios corporales.

De allí que movimientos feministas planteen consignas como “mi cuerpo, mis decisiones” o “nosotras parimos, nosotras decidimos”. De allí la importancia de la ESI ya desde la temprana infancia. Aunque sabemos que en la realidad las instituciones por las cuales transitamos, en su mayoría, siguen sosteniendo preceptos patriarcalmente hegemónicos que -una y otra vez- pretenden devolvernos al lugar de objetos y -si ello no fuera posible- de malas mujeres madres por desobedientes, inquietas, molestas.

Aquello que “Las Casildas”[ii] llaman “Misoginia institucionalizada” (2019) aún en la actualidad sólo permite a las mujeres madres dos lugares antagónicos posibles de ocupar. Los cuales podrían resumirse en las figuras de María y Medea (Izzo, 2019). Es decir, podemos ser ‘buenas madres’, sumisas, calladas, obsecuentes, objeto de intervenciones, víctimas de violencias; u ocupar un lugar de dominación destructiva, terrorífica (lugar que suele darse a las ‘malas madres’ que interpelan, preguntan, intentan romper ciertos preceptos) ubicándolas en el lugar de Medea. Cómo sea, desde la gestación en adelante, todo será objeto de opinión moralizante, que por más o menos, siempre recaerá con todo su peso sobre las mujeres madres.

A estas relaciones de poder/saber que desde la modernidad se dan entre profesionales hegemónicos y mujeres madres debemos sumarle una lectura de cómo opera en la actualidad la lógica capitalista y la mercantilización de la ciencia, que fragmenta aún más las intervenciones y desde allí los cuerpos, operando desde el miedo y la culpa, que enraizados en este desconocimiento que aún tenemos de nuestros propios cuerpos, procesos y necesidades, impone mayores intervenciones que continúan desanclando a las mujeres de sus propias experiencias.

Esto nos lleva, irremediablemente a pensar las violencias obstétricas desde una perspectiva de género; lo cual posibilita corrernos de la mera condena a las ciencias médicas para entender cómo dicha violencia se enraíza en una violencia patriarcal que habilita prácticas tales como “…mutilaciones genitales (episiotomías innecesarias), uso de fármacos y otro tipo de intervenciones injustificadas que nos dejan a las mujeres y nuestrxs hijxs con cicatrices físicas, psíquicas y emocionales de por vida” (Osorio y Saulo, 2019, p. 185). Es decir, justificándose en cuidados sobre nuestros cuerpos y los de nuestrxs hijxs, se nos imponen una diversidad de formas de violencias de género de las cuales terminamos siendo rehenes.

Ahora bien, desde 2004 Argentina cuenta con una Ley Nacional (Nº 25.929, paradójicamente llamada de “Derechos de Padres e Hijos durante el Proceso de Nacimiento”) a la cual llamamos ‘Ley de Parto Respetado’, que se propone devolverle el saber a las mujeres (y con ello reconocerlas sujetos de derechos), muy en vinculación con la Ley de derechos del Paciente  Nº 26529/09 rescatando la importancia de contar con información clara, precisa y detallada para poder dar un real consentimiento a cualquier práctica que intervenga sobre nuestros cuerpos y psiquismos.

Propuesta que, en conjunto con líneas de trabajo humanizadas, ha habilitado a todo un colectivo de trabajadorxs de la salud y educación a cuestionar los modos hegemónicos de acompañar, asistir y atender a mujeres en general y madres (en particular) a lo largo de sus recorridos. Generando un contramovimiento que pretende revisar los saberes construidos desde la hegemonía patriarcal para garantizar un marco de derechos que priorice las necesidades, decisiones y saberes de las personas con las cuales trabajan.

Sin embargo, no debemos dejar de mencionar que aún sigue siendo un grupo minoritario en comparación con aquellos que sostienen una propuesta hegemónica que aún continúa disciplinando cuerpos e identidades. Inclusive son profesionales, operadorxs y trabajadorxs que muchas veces sufren las mismas violencias que intentan evitar que se cometan sobre otras identidades.

Más aún, en tiempos de pandemia y ASPO esto ha quedado absolutamente visibilizado en formas de violencias de las más heterogéneas contra las mujeres y las identidades disidentes. Todas las cuales, disfrazadas de ‘protocolos de intervención en contexto de pandemia’, implican violencias constantes, yendo contra toda recomendación y sugerencias de buenas prácticas de atención a nivel nacional e internacional[iii].

 

Malabares culposos

En esta misma línea, otra de las grandes desigualdades que ha venido a resaltar, visibilizar y problematizar el contexto de ASPO en la actual pandemia es el hecho de cómo las mujeres aún hoy sostienen la economía del cuidado (Federici, en Traficantes de sueños, 2020) y las implicancias que esto conlleva para las mismas.

Así, a las serias dificultades que ya acarreaban las mujeres en el conciliar lo público y lo privado, se suma una convivencia donde todxs deben cumplir sus actividades de índole pública en un mismo espacio, poniendo en jaque recursos vinculares, organizacionales, psíquicos, materiales y económicos.

De este modo, las mujeres de todos los sectores se han visto gravemente afectadas por una sobrecarga de exigencias y preceptos: ser madres, docentes, buenas amantes, a cargo de las tareas del cuidado a otrxs, del hogar, intentando sostener trabajos virtuales, y todo en un nivel de excelencia que desconoce las particularidades que implica estar en aislamiento conciliando las tareas mencionadas. Todo lo cual implica una exigencia física y psíquica insostenible en el tiempo y nos convoca a repensar la división sexual del trabajo, la economía de cuidados y estrategias para equiparar dichos espacios.

Se insiste, el ASPO ha visibilizado una problemática que ya venía sucediendo: la dificultad de articular lo público y lo privado en una sociedad eminentemente misógina que no ha cambiado ninguno de sus espacios ni lógicas institucionales para permitir que dicha articulación pueda ser más saludable y sostenida en comunidad y red. 

Se considera que esto principalmente va en consonancia con la desvalorización que las tareas de cuidado tienen en nuestra sociedad. Siendo que sostienen la economía mundial y que, si las mujeres se decidieran a dejar de realizarlas (tal como se planteó estratégicamente hacer para visibilizar nuestras tareas en días como el 8M en Argentina) generaría una gran crisis económica. Todo lo cual demuestra que lo público se sostiene en el trabajo no remunerado de mujeres en lo privado y de allí e interés capitalista y patriarcal de reforzar y forzar nuestros roles en dicha esfera.

Ahora bien, hablamos de dificultades en conciliar público y privado porque -a diferencia de otros tiempos- las mujeres deben/desean desarrollar sus carreras e intereses laborales y profesionales a la par que continúan sosteniendo (o tercerizando y gestionando) las tareas de cuidado y sostenimiento de sus hogares.

Desarrollos profesionales y/o laborales que se sostienen en encuadres pensados para varones hegemónicos, sin posibilidades de revisarlos desde una perspectiva de género. Por lo cual los horarios, tareas, objetivos y modalidades de trabajo se organizan de modos imposibles de articular con maternares o sostenimientos del hogar. Ubicando a las mujeres en un lugar paradójico: son las mujeres quienes deben elegir qué priorizar (¿trabajo?, ¿hijxs? ¿reducción de horas? ¿precarización laboral?), como si se tratase de una decisión personal e individual cuando sabemos que son estructuras que tienen que ser repensadas a nivel macro.

En este contexto se vislumbra porqué las mujeres en su afán de articulación de las esferas mencionadas terminan perdiendo posibilidades de crecimiento en la laboral, con culpas en lo materno-filial.  Por ello es que en todos los organismos y empresas son las mujeres quienes ocupan la base de las estructuras laborales, con menores ingresos, aun cuando cuentan con mismas o mayores capacidades y formación que sus pares varones.

En ello se entiende que estos movimientos, negociaciones y frustraciones que el sistema hace vivir a las mujeres como del orden de lo personal, implican un gran monto de malestar y culpa, por no acercarse a esos ideales impuestos -e imposibles- tanto para los desempeños en lo público como en lo privado. Culpa que se recrudece con discursos sociales que continuamente están señalando nortes imposibles, sobrecargas, preceptos moralizantes que terminan resultando mucho malestar, sobre todo cuando provienen de mujeres pares tradicionales que no pueden revisar lo atravesada por mandatos patriarcales que están su posición y sus planteos.

Nos encontramos así, con mujeres que colapsan narcisisticamente por no poder distribuir las tareas de crianza y el hogar a las que siguen confinadas en conjunción con una sobreexigencia para poder sostenerse en un mundo laboral androcéntrico (Tajer, 2009), sin poder visibilizar que, en este caso, una vez más “lo personal es político”.

En suma, en su articulación entre lo público/privado, lo productivo y lo reproductivo algunas mujeres terminan ocupando lugares imposibles. Sintiéndose en la obligación de elegir, cuando esto no sucede en el género masculino, cuya articulación está garantizada por el hecho de que las actividades de cuidado están delegadas en sus pares mujeres. En otros casos, postergando la maternidad a los fines de alcanzar el éxito laboral, “…con el costo del malestar que reproduce la sobreadaptación a un estereotipo masculino que recrea otras lógicas, sumado a las múltiples tareas domésticas que realizan en simultáneo” (Reid, 2019, p 74) Mientras que otras deben ocupar espacios precarizados, freelance, ocupando las bases de las pirámides laborales para poder repartirse entre las tareas público privadas. En este contexto “…las responsabilidades y cargas afectivas emocionales en el ámbito doméstico dificultan o impiden la realización personal [con sus consiguientes] efectos depresógenos” (Reid, 2019, p. 76)

Nuevamente aquí queda explícito -como desarrollaremos más adelante- el hecho de que se necesitan de otras estrategias más allá del reconocimiento de los derechos de las mujeres, para realmente hacerlos efectivos.

 

Maternidades y feminismos

Es en la modernidad, y a los fines de su sistema económico, que la identidad de las mujeres se ancla al ejercicio de “la maternidad” y aparece en la ciencia (inclusive reforzado en el psicoanálisis) la ecuación mujer=madre, incondicional, sacrificial.

Como hemos esbozado, las maternidades han sido pensadas y estereotipadas antagónicamente en figuras que podrían nuclearse en las imágenes de María y Medea (Izzo, 2019). Es en la modernidad, y a los fines de su sistema económico, que la identidad de las mujeres se ancla al ejercicio de “la maternidad” (singular, vinculada a la imagen de ‘buena’ madre que venimos desarrollando) y aparece en la ciencia (inclusive reforzado en el psicoanálisis) la ecuación mujer=madre, incondicional, sacrificial.

Imagen que se sostiene y al cual todo el tiempo se intenta devolvernos, que puede funcionar como obstáculo para aquellas mujeres que en el afán de alejarse de roles y propuestas patriarcales estereotipadas puedan pensar y teorizar como colectivo, así como profundizar y trabajar subjetivamente en torno al proyecto de maternar desde el deseo.

Imagen que los feminismos nos permitieron desterrar de nuestras identidades y corporalidades. Para poder elegir horizontes representacionales e ideales más consonantes con nuestras búsquedas, emancipándonos del confinamiento a maternar y cuidar. Permitiéndonos pensarnos y consolidarnos en lo público, social, laboral y político (no sin obstáculos).

Feminismos gracias a los cuales hemos adquirido un gran cúmulo de derechos y hemos podido pensar las relaciones de géneros, como relaciones desiguales de poder, que históricamente se pretendieron de apariencia biológica o esencialista pero que en realidad son construcciones socio-históricas y culturales.

Feminismos que, en vinculación con las maternidades, realizaron grandes conquistas como la píldora anticonceptiva en los 60’, la libertad reproductiva y la actual campaña del aborto que busca la despenalización. Entre otros derechos vinculados a insertarnos como actrices en lo público tanto en lo laboral, como en lo social y político.

De allí que es una tarea interesante la de pensar las maternidades desde los feminismos, para expropiárselas al patriarcado y sus preceptos, emancipándonos de ciertas estereotipias

Feminismos que nos permitieron pensar la posibilidad de desanclar nuestras identidades de ciertos roles, ideales, identidades y espacios que se sentían cercenantes y a los cuales hoy volvemos a revisarlos, a repensarlo y rever si en ellos hay algo de nuestro deseo por construir.

De allí que es una tarea interesante la de pensar las maternidades desde los feminismos, para expropiárselas al patriarcado y sus preceptos, emancipándonos de ciertas estereotipias, pero evaluando si queremos habitar las mismas desde construcciones más saludables y deseantes.

Hablamos de ‘feminismos’, para dar cuenta de uno de los movimientos históricos más amplio de la historia llevado adelante por mujeres pero que no se nuclea en un único movimiento o precepto, sino que es muy diverso, heterogéneo, y hasta a veces inconciliable.

Hablamos de ‘feminismos’, para dar cuenta de uno de los movimientos históricos más amplio de la historia llevado adelante por mujeres pero que no se nuclea en un único movimiento o precepto, sino que es muy diverso, heterogéneo, y hasta a veces inconciliable. De hecho, en vinculación con las maternidades hay feminismos que han podido pensar ciertos desarrollos interesantes, otros que se han vuelto esencialistas y muchos que no han podido ir más allá del desanclar planteado, dejando que lo vinculado a pensar las maternidades sea un acto de índole más individual que colectiva.

El desafío es construir sin cambiar un mandato por otro, sino construir con otras desde la libertad, los derechos y el deseo. Pues en el afán de reivindicar los saberes de las mujeres, algunas líneas actuales de abordaje de maternidades caen en lugares que nuevamente se vuelven esencialistas, en los que se “suponen” saberes, deseos, naturalezas, que no todas compartimos. Algo de ello advierten Osorio y Saulo (2019) cuando indican que “…el problema siempre es que las mujeres quedamos presas de los condicionamientos y estereotipos y -como todo lo que hacemos en nuestras vidas- al parto se le adjudica un poder moralizador que nos clasifica” (p. 190).

 

La importancia de maternares feministas en red

Habiendo realizado el presente recorrido, lo relevante de este apartado ha quedado implícitamente expuesto. Poder pensar las maternidades desde los feminismos permite reconocernos en nuestras propias búsquedas, pero tejer con las ajenas, construir desde la disidencia -con una misma, con los propios ideales, con las otras-, reconocernos en nuestros malestares compartidos en una sociedad que se pretende deconstruida pero que aún le resta un largo trayecto para desanclarse de propuestas hegemónicamente patriarcales.

Como trabaja Izzo (2019) “Tomar la palabra hoy sobre la maternidad significa, ante todo, preguntarnos sobre el significado que le damos a la idea de libertad después del fin de la subordinación de la mujer y el declive del patriarcado” (Izzo, 2019, p. 14).

Pero aún más, pensar las maternidades en sentido plural, feminista y en red, no sólo nos permite sostenernos ante los efectos moralizantes y culpógenos de ciertos discursos y prácticas patriarcales imperantes, sino que también nos posibilita ubicar las maternidades por fuera del ámbito de lo privado, como actividad predominantemente social. Y ello convoca a que el Estado también deba reconocerse en sus falencias, pensando derechos, estrategias, políticas y recursos para garantizar ejercicios de maternidades más saludables.

En suma, “…las mujeres necesitamos espacios seguros para poder discutir, cuestionar, desarticular y resignificar. Necesitamos recuperar la voz” (Osorio y Saulo, 2019, p. 193). Poder ponerle palabras, significantes a las violencias sufridas, las realidades vinculadas a gestar, maternar y criar, poder pensarlas con otras, en otras, con nosotras. Todo ello nos posibilita los espacios feministas, y es interesante poder ocuparlos también desde el repensar las maternidades actuales.

 

Conclusiones

Como puede evidenciarse, cada coordenada puede ser objeto de profundizarse en niveles mucho mayores de los aquí esbozados, pero se considera que lo planteado alcanza la suficiente potencia para poder pensar la complejidad de las maternidades feministas, y contribuir a reflexionar al respecto, a los fines de pensar escenarios posibles.

Muchos desafíos quedan por trabajar en el horizonte: pensar lógicas laborales menos androcéntricas que permitan otras elecciones de maternidades y desarrollos laborales, revisar nuestros sistemas de licencias si deseamos políticas de cuidados equitativas entre los géneros, planificar estrategias e instituciones que suplan las tareas de cuidado en el ámbito de lo privado, pensar las maternidades de modo comunitario, etc.

Una cuestión ha quedado más que clara -y se siente en el trasfondo de cada eje-: si bien el marco de derechos es necesario, así como conocerlos y tener acceso a información clara, esto no alcanza si no hay un estado presente que sostenga con políticas, presupuestos y planes de acción a los mismos.

Los movimientos feministas pueden alojar estas luchas, enarbolarlas y con ello acompañar la trayectoria de mujeres que deciden ser madres, sin hacerles pagar el precio del articular esferas tan complejas, sino repensando las lógicas actuales para lograr repartir tareas, obligaciones, deberes en ejercicios de corresponsabilidades con otrxs. Construyendo en red maternares más sensatos, menos forzados y culposos.

Es una deuda de nuestros feminismos poder poner a tejer y debatir las maternidades actuales en el fuego del encuentro con otras, de aquellos grupos de autoconciencia que el feminismo radical introdujo, del debate sensato y sororo que recuperamos en cada uno de nuestros Encuentros Nacionales de Mujeres con las aperturas propias de los prometidos Plurinacionales que nos conectan con identidades y existenciarios disidentes que convocan a más y nuevas lecturas interseccionales.

Caso contrario las mujeres madres volveremos a situarnos en un eterno ‘loop’ de violencias moralizantes que constantemente pretenderán enseñarnos acerca de nuestros cuerpos y prácticas cotidianas, colocándonos en una posición aún más paradójica que en otros tiempos; pues ahora sabemos de nuestros derechos, pero –si no exigimos su respeto y logramos un estado que genere instituciones que acompañen y garanticen los mismos- nos convertiremos en testigxs de nuestras propias vulneraciones.

 

Lic. Romina V. De Lorenzo
Docente UCES, UCSF

Profesional de UIAMP. Min. Gobierno, Justicia, DDHH y Diversidad de la Provincia de Santa Fe. Docente universitaria en carreras de Grado y Posgrado de UCES y UCSF. Doctoranda en UCES Bs As., actualmente desarrollando su investigación doctoral. Integrante de la Asociación “Sigmund Freud” del Litoral y Co-coordinadora del espacio “Psicoanálisis fuera del Clóset”.
rominavictoriadelorenzo [at] gmail.com

 

Bibliografía

Bellucci, M. (2014). Historia de una desobediencia. Aborto y feminismo. Buenos Aires, Capital Intelectual.

Bleichmar, S. (2005) Subjetividad en riesgo: herramientas para el rescate. Buenos Aires, Topia.

Izzo, F. (2019) Maternidad y Libertad. Buenos Aires, Editorial Gorla.

Osorio, V.; Saulo, J. (2019) Parir sin nombre, vivir sin voz. En Fundación Soberanía Sanitaria (Comp.) (2019) Salud feminista. Soberanía de los cuerpos, poder y organización. Buenos Aires, Ed. Tinta y limón.

Reid, G. (2019) Maternidades en tiempos de des(e)obediencias. Versiones de una clínica contemporánea. Buenos Aires, Noveduc.

Ley Nacional Nº 25.929. (2004). Derechos de Padres e Hijos durante el Proceso de Nacimiento.

Ley Nacional Nº 26.485. (2009). Ley de protección integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres en los ámbitos en que desarrollen sus relaciones interpersonales.

Ley Nacional Nº 26.529. (2009). Derechos del Paciente en su relación con los Profesionales e Instituciones de la Salud.

Tajer, D. (2009) Heridos corazones: Vulnerabilidad coronaria en varones y mujeres. Buenos Aires, Paidós. 

Recursos audiovisuales

Tedx Talks (Productora). (2019). Mujeres que cuidan. Gala Díaz Langou.TEDxRiodelaPlata. 

En https://www.youtube.com/watch?v=kjQcU9F_T6Q

Traficantes de Sueños (Productora). (2020). Silvia Federici #Luchasporlavida. En https://www.youtube.com/watch?v=owGL58FdCPs.

Notas

 

[i] La ubico en singular para dar cuenta de un paradigma positivista, que se pretende neutral cuando en realidad se ha demostrado su carácter androcéntrico y heterosexista, desde el cual ha forzado y violentado a diversas identidades no hegemónicas.

[ii] Agrupación feminista, fundada en 2011 por Julieta Saulo, integrada por personas de distintas disciplinas. Busca generar dispositivos para difundir y visibilizar temáticas como la violencia obstétrica, derechos sexuales y reproductivos y cuestiones de género.

[iii] Al respecto, Periódicas ha hecho un acompañamiento a los sucesos vinculados a garantizar parto respetado a nivel regional, digno de revisar si quisiera profundizarse. Acceso en: https://periodicas.com.ar/tag/parto-respetado/

 

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Articulo publicado en
Enero / 2021

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