Primeras aproximaciones al concepto de Transferencia en Freud, Klein y Winnicott | Topía

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Primeras aproximaciones al concepto de Transferencia en Freud, Klein y Winnicott

 

RESUMEN

 

El presente trabajo titulado: “Primeras aproximaciones al concepto de Transferencia en Freud, Klein y Winnicott” tiene como objetivo indagar y revisar de manera crítica las nociones fundamentales de cada autor en relación a dicho tema.

Nos centramos en el origen del concepto de transferencia en Freud, para luego intentar adentrarnos en la profundización, consolidación y modificación de dicha noción en la obra de Klein. Si bien trabajamos algunos conceptos de transferencia en Winnicott, queremos dejar en claro de que en el marco de la teoría psicoanalítica no sólo este autor, sino toda una serie de prestigiosos psicoanalistas han enriquecido y ampliado este concepto (Kohut, Kernberg, Fonagy, Green).

La extensión impuesta por los límites de esta monografía, nos lleva a optar por estos tres autores quienes construyeron las bases de las conceptualizaciones actuales sobre transferencia, especialmente en la dupla transferencia-contratransferencia.

A modo de conclusión, consideramos que el concepto de transferencia y su análisis constituyen un elemento teórico y una herramienta clínica imprescindible de nuestro quehacer profesional.

Por otra parte, visualizamos que la transferencia se encuentra ligada a las primeras etapas del desarrollo del ser humano, siendo condición del análisis adentrarse hacia el pasado, remitiéndose a su vez, hacia el presente del paciente, con el fin de que éste pueda esclarecer sus conflictos en relación a su vida infantil.

Para finalizar, destacamos que los conceptos utilizados por dichos autores, corresponden a diferentes épocas en las que vivieron y produjeron sus teorías, los cuales, a pesar de presentar similitudes en algunos aspectos; presentan características particulares.

 

Palabras claves: Psicoanálisis. Transferencia. Primeras etapas del desarrollo infantil.

 

1. INTRODUCCION.

 

 

El presente trabajo titulado: “Primeras aproximaciones al concepto de Transferencia en Freud, Klein y Winnicott” tiene como objetivo indagar y revisar de manera crítica las nociones fundamentales de cada autor en relación a dicho tema.

Considero que, como futura profesional, el concepto de transferencia y su análisis constituyen un elemento teórico y una herramienta clínica imprescindible de nuestro quehacer profesional.

Este ha sido un tema que reiteradamente ha suscitado mi interés a lo largo de la carrera, constituyéndose en uno de los motivos de la elección para este trabajo final de grado.

Como primer punto, nos centramos en el origen del concepto de transferencia en Freud, para luego intentar adentrarnos en la profundización, consolidación y modificación de dicha noción en los autores post freudianos (Klein y Winnicott); siendo el marco teórico de referencia de todos ellos la teoría psicoanalítica.

Es de relevancia mencionar que existen otros autores que han contribuido enormemente al desarrollo del concepto de transferencia tales como: Laplanche, Green, Kernberg, Kohut y Fonagy (entre otros), que merecen un desarrollo posterior y específico en relación a este tema.

Sin dejar de lado la importancia de esos autores, la extensión impuesta por los límites de esta monografía, nos lleva a optar por estos tres autores quienes construyeron las bases de las conceptualizaciones actuales sobre transferencia; especialmente en la dupla transferencia-contratransferencia.

Este último concepto también es objeto de una posterior revisión (no realizándose debido a lo anteriormente expuesto), ya que constituye uno de los pilares fundamentales junto a la transferencia, en la clínica psicoanalítica.

Aspiramos a que lo plasmado en este trabajo pueda oficiar de aporte y estímulo para futuros profesionales en nuestro medio.

 

 

2. CONCEPTO DE TRANSFERENCIA EN FREUD.

 

 

2.1. Orígenes de la noción de transferencia.

 

La teoría de la transferencia es uno de las grandes contribuciones de Sigmud Freud a la ciencia, constituyéndose dicho concepto en el pilar del tratamiento psicoanalítico. Cuando se revisan los trabajos de Freud desde la primera aparición del concepto hasta su desarrollo total, sorprende ver el breve período de tiempo dedicado a esta investigación. Parecería como si la teoría de la transferencia hubiera nacido de entero y de manera espontánea en la mente de Freud, aunque muchos otros autores han estipulado lo contrario, que la fue construyendo poco a poco.

Para esto expondré los momentos más significativos de su obra en relación a la teoría de la transferencia realizando una revisión crítica de la misma.

En los antecedentes inmediatos del análisis, la transferencia reveló la amplitud de sus efectos, este fue el caso de Anna O (1880-1882) tratado por Breuer por medio del método catártico, mucho antes de que el terapeuta pudiera reconocerla como tal, y sobre todo, manejarla como técnica propia. A comienzos de la década del 90, Freud (1895) solicitó a Breuer de comunicar los hallazgos sobre la histeria, observando que el impedimento para hacerlo se sostenía sobre el episodio sentimental con Anna O. Freud logra convencerlo, expresándole que a él le ocurrió algo similar, por lo que consideraba que dicho fenómeno era inherente a la histeria.

Estos acontecimientos nos permiten deducir que Freud, en un lapso transcurrido de aproximadamente diez años desde que finalizó el tratamiento con la paciente hasta la “Comunicación preliminar” (Freud, 1893), fue madurando su teoría sobre la transferencia.

Para comenzar tomaremos como primer trabajo “Estudios sobre la histeria” (Freud, 1895) donde aparecen reiteradas veces alguna observación sobre las características singulares entre psicoterapeuta y paciente.

 

2.2. La transferencia como falso enlace.

 

Es justamente aquí cuando el autor expone en su capítulo “Sobre la psicoterapia de la histeria” (Freud, 1895) de este libro fundamental, la transferencia, definiéndola como una relación humana entre médico y enfermo a través de un falso enlace.

El razonamiento del autor al descubrirla, parte de una evaluación sobre la confiabilidad de la coerción asociativa. Hay tres circunstancias en las que el método fracasa, pero al mismo tiempo no hacen más que convalidarlo. La primera se da cuando no hay más material a investigar en un área determinada, y por lo tanto, podríamos concluir que fracasa la coerción asociativa ya que no hay nada más que averiguar.

La segunda eventualidad descripta por Freud, es la de la resistencia interna, la cual llevó a comprender el punto de vista dinámico de las tendencias, el valor del conflicto en la vida mental. Explica que la coerción asociativa falla solamente en la medida en que tropieza con una resistencia, pero es precisamente por intermedio de la misma, que por vía asociativa se conseguirá llegar al material que se busca.

La tercera, es la denominada resistencia externa, cuya explicación debe buscarse en la particular relación del enfermo con su psicoterapeuta. Aquí Freud distingue tres casos: la ofensa, la dependencia y el falso enlace.

Cuando el paciente recibe una ofensa por parte del médico, algún desinterés, injusticia o desatención, se traba su capacidad de colaborar fallando su coerción asociativa, pero en cuanto esto se aclara, la colaboración se restablece y el procedimiento vuelve a funcionar de manera eficaz. El autor expresa que no es de importancia si dicha ofensa es real o sentida por el paciente. Lo que es relevante y Freud ya lo incorpora en su teoría, es la idea de realidad interna, la sentida por el paciente, el cual es un concepto fundamental para su futura teoría de la transferencia.

La segunda forma de resistencia externa proviene del temor del paciente a su dependencia, a perder su autonomía y hasta quedar unido sexualmente al médico (todavía se encontraba vigente su teoría de la seducción). El paciente niega su colaboración como manera de rebelarse y es también aquí donde la aclaración lo resuelve.

El tercer tipo de resistencia extrínseca es el enlace falso, donde el paciente adscribe al médico representaciones (displacenteras) que emergen durante la tarea. A esto Freud le llama transferencia y señala que se lleva a cabo por medio de una conexión errónea errada.(Etchegoyen, 1991, p. 95)

Podemos visualizar que en esta etapa de su teoría el concepto de transferencia se encuentra íntimamente ligado a la teoría de la técnica, fundamentalmente en la relación médico-paciente.

 

2.3. Transferencia, desplazamiento y deseo.

 

El término transferencia no se circunscribe sólo a este aspecto; parecería hallar  similitud y conexión con otros elementos de relevancia dentro de la teoría psicoanalítica.

En el capítulo siete de “La interpretación de los sueños” (Freud, 1900/1984c) emplea la palabra transferencia para dar cuenta de un proceso de elaboración onírica. Explica que el deseo inconciente no podría llegar nunca a la conciencia ni burlar los efectos de la censura sino adscribiese su carga a un resto diurno preconciente. Dice en su obra

…la representación inconciente como tal es del todo incapaz de ingresar al preconciente, y que sólo puede exteriorizar ahí un efecto si entra en conexión con una representación inofensiva que ya pertenezca al preconciente, transfiriéndose su intensidad y dejándose encubrir por ella. Este es el hecho de la transferencia que explica tantos procesos llamativos de la vida anímica de los neuróticos. (Freud, 1900/1984c, p. 554-555)

De manera análoga al proceso de producción del material onírico, Freud (1895) explicaba el caso en que su paciente Anna O transfería sobre su persona las representaciones inconcientes:

El contenido del deseo aparecía primeramente en la conciencia de la enferma sin ningún recuerdo de las circunstancias ambientales que hubieran hecho referirlo al pasado. Entonces el deseo presente, en virtud de la compulsión a asociar que dominaba en la conciencia, se ligaba a una persona que ocupaba legítimamente los pensamientos de la enferma y como resultado de esta unión inadecuada que yo denomino falsa conexión; se despertaba el mismo afecto que en otra época había impulsado a la paciente a rechazar este deseo prohibido. (Laplanche y Pontalis, 1971, p. 461)

Podríamos suponer que Freud utiliza aquí la misma palabra para describir dos procesos psicológicos diferentes aunque no desconectados entre sí.

A partir de lo anteriormente expuesto, podríamos concluir que en un comienzo, Freud (1900/1895) desde un punto de vista teórico, concibe la transferencia como un caso particular de desplazamiento del afecto de una representación a otra.

Advierte el autor que al remover el obstáculo del deseo transferido del paciente aparece en seguida como el recuerdo patógeno más próximo: es decir, en lugar de ser recordado, el deseo aparece en directa relación al terapeuta en tiempo presente.

De esta forma, y a pesar de que Freud explica la transferencia como resultado del asociacionismo, ya la ubica en la dialéctica del presente y el pasado, en el contexto de la repetición y la resistencia.

Aclara además, que esos enlaces falsos de la transferencia constituyen un fenómeno regular y constante en la terapia y que si bien imponen un aumento de trabajo, no implican un esfuerzo extra para el paciente; su tarea es la misma: superar el recordar que tuvo en cierto momento un determinado deseo.

Podríamos reflexionar que en aquel momento de los desarrollos freudianos, la transferencia se debía tratar como cualquier otro síntoma, a fin de mantener o restablecer una relación terapéutica basada en una cooperación confiada, en la que Freud hace intervenir, entre otros factores, la influencia personal del médico sin relacionarla para nada con la transferencia.

 

2.4. La transferencia a partir de un historial clínico (caso “Dora”).

 

Esta idea vuelve a aparecer en el “Fragmento de análisis de un caso de histeria- Dora” (Freud, 1905). Aquí Freud desarrolla una teoría amplia y comprensiva de la transferencia, donde sustenta, al mismo tiempo, mediante el historial clínico de una paciente, la patogénesis de los síntomas histéricos.

Expresa Laplanche y Pontalis (1971) que en la historia del concepto, existe una división cronológica entre las ideas manifiestas y la vivencia efectiva, división evidenciada en dicho caso (Dora). 

Podemos deducir, por lo tanto, que si se quiere rastrear la evolución de la transferencia en el pensamiento de Freud, nos corresponde dirigirnos más allá de lo manifiesto para adentrarnos a descubrir la intervención en las curas cuya representación ha venido hacia nosotros.

A pesar de que Freud  no consideraba aún a la transferencia como parte de la relación médico-paciente, su papel aparecía como fundamental, hasta el punto de que el autor, atribuye la terminación prematura de la cura a una falla de interpretación de la transferencia. Varias expresiones dejan entrever en esta etapa, que Freud no asemeja el conjunto de la cura (en su estructura y dinámica) a una relación de transferencia. Podríamos pensar, en relación a lo expuesto, que lo planteado por el autor es paradojal, esto puede deberse a que constantemente el mismo va reformulando su teoría a medida que va reflexionando sobre la misma.

Dice Freud que durante el tratamiento psicoanalítico la neurosis deja de producir nuevos síntomas, pero su poder no se ha extinguido, sino que se apoya en la invención de un tipo específico de estructuras mentales casi siempre inconcientes, a las que debe darse el nombre de transferencias. Se pregunta el autor:

¿Qué son las transferencias? Son reediciones, recreaciones de las mociones y fantasías que a medida que el análisis avanza no pueden menos que despertarse y hacerse concientes; pero lo característico de todo el género es la sustitución de una persona anterior por la persona del médico. Para decirlo de otro modo: toda una serie de vivencias psíquicas anteriores no es revivida como algo pasado, sino como vínculo actual con la persona del médico. (Freud, 1905, p. 101)

Alguna de estas transferencias son prácticamente idénticas a las experiencias antiguas, otras tienen una construcción más ingeniosa en cuanto sufren la influencia modeladora de algún hecho real.

La experiencia muestra que la transferencia es un fenómeno inevitable dentro del tratamiento psicoanalítico. Es utilizada por el paciente como recurso a fin de que el material patógeno permanezca inaccesible, pero solo después que se le ha resuelto es que éste llega a convencerse de la validez de las construcciones realizadas durante el

análisis. Es aquí donde aparece la transferencia como herramienta fundamental para la cura y al mismo tiempo como obstáculo.

Es en el epílogo de dicha obra que el autor afirma que el tratamiento psicoanalítico no crea a la transferencia sino que la descubre, la hace visible. Afirma además, que ésta existe fuera y dentro del análisis; la única diferencia es que aquí se la detecta y se la hace conciente. De esta manera la transferencia se va desarrollando y descubriendo constantemente. Plantea: “La transferencia, destinada a ser el mayor escollo para el psicoanálisis, se convierte en su auxiliar más poderoso cuando se logra colegirla y traducírsela al enfermo.” (Freud, 1905, p. 103)

 

2.5. Principales características de la transferencia.

 

En su Conferencia en la Clark University de Massachussets, Freud (1909) habla de la transferencia, subrayando su función de aliado en el proceso analítico y la define en relación a tres parámetros: conciente-inconciente, fantasía-realidad y presente-pasado. Concluye que la vida emocional que el paciente no puede recordar, es revivenciada en la transferencia y es allí donde debe ser resuelta.

En este punto, podríamos resumir y redefinir los principales aspectos de la transferencia. Como primer punto, se aclara que la misma es una relación de objeto peculiar de origen infantil, de naturaleza inconciente (proceso primario), y por lo tanto irracional, que entremezcla el pasado con el presente, lo que le otorga su forma de respuesta desajustada, inapropiada e inadecuada.

Como segundo punto, en cuanto fenómeno del sistema inconciente, corresponde a la fantasía, a la realidad psíquica y no a la realidad fáctica. Esto significa que los deseos, sentimientos e impulsos que aparecen en la situación actual deben explicarse en referencia al pasado y no en términos de aspectos reales de esa relación.

Debemos considerar que la transferencia (Etchegoyen, 1991) es lo inconciente, lo irracional, lo infantil que coexiste con lo conciente, racional y adulto en serie complementaria. Como analistas debemos descubrir la porción de transferencia que hay en todo acto mental; no todo es transferencia pero sí en todo hay transferencia.

 

2.6. La dinámica de la transferencia.

 

El otro texto de suma importancia en relación al tema de la transferencia es el titulado “Sobre la dinámica de la transferencia” (Freud, 1912/1986f). Aquí Freud se propone abordar el origen y la función de la transferencia en el tratamiento psicoanalítico; es la primera vez que el autor lo incluye como un fenómeno esencialmente erótico.

El descubrimiento del Complejo de Edipo (Laplanche y Pontalis,1971) no podía dejar de influir en la manera en que Freud comprendía la transferencia. Otros autores, como Ferenzci habían comprobado que tanto en el análisis con pacientes como en las técnicas de hipnosis y sugestión, el paciente hacía inconscientemente desempeñar al médico el papel de las figuras parentales amadas o temidas.

Freud subraya que la transferencia ha de buscarse en ciertos modelos, estereotipos, o clisés, que todos tenemos y surgen como resultante de la disposición innata y de las experiencias de los primeros años. Estos modelos de comportamiento erótico se repiten constantemente en el curso de la vida, si bien pueden cambiar frente a nuevas experiencias. Solo una porción de los impulsos que alimentan estos estereotipos alcanza un desarrollo psíquico completo: es la parte conciente, que se dirige a la realidad y se encuentra en disposición de la persona. Otros impulsos, detenidos en el desarrollo, apartados de la conciencia, han permanecido en lo inconciente. Por lo tanto Freud, distingue dos fenómenos que vienen del pasado: el que alcanzó un desarrollo psíquico completo y queda a disposición de la conciencia (experiencia), y el que queda apartado de éste y de la realidad y que, sometido al principio de placer, toma el presente por pasado en busca de satisfacción, de descarga (transferencia).

Dichos estereotipos de conducta, son siempre modelos del pasado en que están presentes en serie complementaria estos dos factores, experiencia y transferencia.

Freud  plantea que si la necesidad de amor de un individuo no se encuentra satisfecha en su vida real, dicha persona estará continuamente en una actitud de búsqueda, de espera, frente a quien quiera que conozca o encuentre y es muy probable que ambas porciones de su libido (conciente e inconciente), se apliquen a esa búsqueda.

El analista, no tiene que ser una excepción en tales circunstancias y por tanto, la libido insatisfecha del paciente se dirigirá a él tanto como a otra persona (como ya se dijo antes, la transferencia es la misma en el análisis que fuera de él). Si supera en naturaleza y cantidad lo que podría justificarse de manera racional, es porque la transferencia se sostiene más en lo que ha sido reprimido que en las ideas anticipatorias concientes. Freud (Etchegoyen, 1991) va a mantener en todos sus escritos la misma opinión: la transferencia es la misma en el análisis que fuera de él y no debe adjudicársele al método sino a la enfermedad, a la neurosis.

Es así que la ampliación del concepto, lleva a Freud a establecer una noción nueva: la neurosis de transferencia la cual es reemplazada por la neurosis corriente, en el que el enfermo puede ser curado mediante un trabajo terapéutico.

 

2.7. Transferencia y resistencia.

 

En este momento de su pensamiento y como ya lo mencionamos anteriormente, Freud (1912/1986f) comprueba que la transferencia sobre la persona del médico se desata en el momento en que alguno de los contenidos inconcientes están a punto de ser develados. Es en este sentido que la transferencia aparece como una forma de resistencia, señalando la cercanía al conflicto inconciente.

Nos preguntamos lo siguiente: ¿por qué la transferencia aparece durante el tratamiento psicoanalítico como resistencia?. En un principio la explicación de Freud parte de que es condición necesaria para que surja la neurosis el proceso descrito por Jung como introversión, según la cual, la libido capaz de conciencia y dirigida hacia la realidad disminuye, se hace inconciente, se aleja de la realidad y alimenta las fantasías del sujeto, reactivando los imagos infantiles. El proceso patológico entonces, se constituye a partir de la introversión (o regresión) de la libido.

En cuanto al tratamiento psicoanalítico consiste pues, en seguir a la libido en este proceso regresivo para hacerla de nuevo accesible a la conciencia y ponerla al servicio de la realidad; el analista se constituye de hecho en el enemigo de las fuerzas de la regresión y de la represión, que operan como resistencia. Por lo tanto, las fuerzas que pusieron en marcha el proceso patológico apuntan ahora al analista como agente de cambio que quiere revertir el proceso.

Concluye el autor:

Así, en la cura analítica la transferencia se nos aparece siempre, en un primer momento, sólo como el arma más poderosa de la resistencia, y tenemos derecho a concluir que la intensidad y  tenacidad de aquella son un efecto y una expresión de ésta. El mecanismo de la transferencia se averigua, sin duda, reconduciéndolo al apronte de la libido que ha permanecido en posesión de imagos infantiles; pero el esclarecimiento de su papel en la cura, sólo si uno penetra en sus vínculos con la resistencia. (Freud, 1912/1986f, p. 102)

Sin embargo esta explicación para el autor no es suficiente ya que afirma que no se puede emplear la transferencia como resistencia si se reflexiona sobre el término transferencia a secas. Es preciso separar una transferencia positiva (la cual divide en erótica y sublimada) de una negativa, una de sentimientos tiernos a otra de sentimientos hostiles. Solamente las transferencias negativas y positivas de impulsos eróticos actúan como resistencia; y son estos dos componentes, sigue Freud, los que eliminamos haciéndolos concientes; mientras que el tercer factor (transferencia positiva sublimada) persiste siempre “…y es en el psicoanálisis, al igual que en los otros métodos de tratamiento, el portador del éxito.” (Freud, 1912/1986f, p.103)

Al final de su artículo da una descripción del tratamiento psicoanalítico y señala que, en la medida en que el tratamiento se interna en el inconciente, las reacciones del paciente revelan las características del proceso primario, que lo llevan a considerar sus impulsos (o deseos) como actuales y reales, mientras que el médico trata de ubicarlos en el contexto del tratamiento. Del resultado de esta lucha, expone Freud, depende el éxito del análisis. Aclara, al mismo tiempo, que a pesar de que la lucha se desarrolla plenamente en el campo de la transferencia y le ofrece al psicoanalista grandes dificultades, también le da oportunidad de mostrar al paciente sus impulsos eróticos olvidados, en la forma más inmediata y concluyente.

 

2.8. Repetición y transferencia.

 

De esta manera, en la obra de Freud se abre un nuevo tema de investigación: la transferencia como fenómeno repetitivo, que lo va a ocupar durante mucho tiempo.

Es así que dos años después, estudia la transferencia a partir del concepto de repetición, que antepone al de recuerdo.

También en la Conferencia nº 27 de las “Conferencias de introducción al psicoanálisis” (Freud, 1916-17/1984a), presenta nuevamente sus ideas sobre la transferencia, recalcando que la neurosis surge como consecuencia de la repetición. El análisis de la transferencia admite convertir la repetición en memoria, y así la transferencia transcurre, de constituir un obstáculo, a ser el mejor agente para la cura

Este concepto, el de la transferencia como dificultad y como herramienta esencial para la cura, ya se nos presenta con el caso de Dora (Freud, 1905). En este caso, era utilizada por el paciente como forma de que el material patógeno permaneciera oculto, pero si durante el análisis la persona podía convencerse de la validez de sus construcciones, dicha transferencia podía darse como  resuelta.

Según Etchegoyen (1991), Freud parecería inclinarse más a la transferencia como promovedora de la resistencia. La relación transferencial, al convertir un deseo en algo que se relaciona con la misma persona a la cual ese deseo se direcciona, lo hace más arduo de aceptar. Es decir que el impulso (o deseo) se enlaza con la transferencia para así poder ser posteriormente resistido.

En resumen podríamos decir que la transferencia sirve a la resistencia porque primero, ésta se constituye como la distorsión más efectiva y segundo, porque lleva a la resistencia más potente.

Nos preguntamos:¿Qué puede ser la mejor forma de no recordar que transformar el recuerdo en algo actual, presente?, esto es: la ocurrencia transferencial, ninguna ocurrencia puede ser más efectiva para evitar el recuerdo. Etchegoyen relata un ejemplo que da cuenta de esto: en el momento en que comienza a sentir rivalidad hacia el padre, el paciente empieza a experimentar este sentimiento hacia el analista, lo que le sirve para no hacerse cargo del recuerdo.

Entonces, desde este punto de vista, la transferencia es sólo una estrategia que utiliza el paciente para resistirse. Esta explicación (Etchegoyen, 1991) posee igual validez como su inversa, esto es: el deseo nacido en la transferencia reactiva el recuerdo, como planteaba el Freud de 1895. Según este autor, el problema que se plantea aquí es que en determinadas ocasiones Freud habla de transferencia en función del recuerdo y otras veces en función del deseo.

Como ya se ha planteado: la mejor resistencia es la transferencia ya que transforma un recuerdo en algo presente, en algo actual. En cambio, desde el deseo, su actualidad será lo que mueva a la resistencia más fuerte. Siempre será más difícil confesar un deseo presente, un deseo dirigido hacia un interlocutor, que recordar que se lo ha experimentado con otra persona en el pasado.

De esta manera, se podría hablar de una contradicción entre ambos conceptos (deseo y recuerdo), pero a pesar de esto, dicha antinomia podría parecer inconsistente ya que la transferencia es a la vez pasado y presente: cuando se logra resolver se solucionan ambos. “El analista debe hacer que el pasado y el presente se unan en la mente del analizado superando las represiones y disociaciones que tratan de separarlos.” (Etchegoyen, 1991. p.107)

Siguiendo a este autor,  Freud no hace en ningún momento una distinción en su obra entre resistencia al deseo y resistencia al recuerdo pero desde sus orígenes percibe el interjuego entre estos dos factores, no desconociendo la complejidad del fenómeno.

 

2.9. Recuerdo y repetición.

 

Como ya ha sido mencionado, la neurosis de transferencia se enlaza con un mecanismo ya descrito en el año 1912, la repetición.

En “Recordar, repetir y reelaborar” Freud (1914/1986e) observa en la clínica con pacientes, que los fenómenos patológicos comienzan ahora a manifestarse en un tipo de espacio intermedio entre la vida que es la transferencia y la enfermedad.

“Es importante mencionar que el concepto de repetición no es nuevo, ya está implícito en la transferencia, ya que es algo que vuelve del pasado y opera en el presente”. (Etchegoyen, 1991, p. 115) Sin embargo, vale la pena señalar que la idea de falso enlace de 1895 no admite necesariamente la repetición, mientras que la de estereotipo o clisé sí lo hace.

Es en este artículo que Freud compara el recuerdo con la repetición; es importante señalar que si se da esta última es porque el recuerdo no está presente ya que éste se constituye como el medio para evitar la repetición. Es entonces que Freud contrapone el concepto de recuerdo al de repetición, utilizando a este último con un criterio preciso, exacto. Hasta 1912 la diferencia conceptual no es tan definida como en este momento de su obra, por lo que antes tampoco pareciera haber una distinción clara entre ambos conceptos (repetición y recuerdo). En este último año (1912), “…la dinámica de la transferencia se explica por la resistencia al recuerdo, pero en 1914 el recuerdo reprimido se repite en la transferencia.” (Etchegoyen, 1991, p. 115)

De esta manera, el concepto de recuerdo se entreteje con el de la experiencia, ya que cuando uno cuenta con un conjunto de recuerdos esto presupone que uno atravesó por ciertas experiencias.

 

2.10. El principio explicativo de la transferencia: la repetición.

 

Es en “Más allá del Principio de placer” (Freud, 1920/1984b) en el que el pensamiento del autor dará un gran giro. La idea de repetición cambiará radicalmente: lo que hasta ese momento era un principio descriptivo, y regido según el principio de placer/displacer se convertirá en un concepto explicativo y genético en esta obra.

Es justamente aquí, en el contexto de una profunda revisión sobre la naturaleza humana y el placer, que Freud se pregunta si hay algo más allá del principio de placer y termina concluyendo que sí, que lo hay.

Freud plantea que la transferencia funciona por la compulsión a la repetición y que al servicio del placer, el yo la reprime. Parecería que la transferencia se encuentra al servicio del instinto de muerte, fuerza que tiende a la inmovilización, al estancamiento. Pienso que esto nos lleva a indagar y a preguntarnos acerca de una posible contradicción, ya que si pensamos a la transferencia en su definición (como vínculo), ésta se encuentra ahora a favor de la pulsión de muerte (que tiene como objetivo destruir vínculos).

La repetición se torna ahora en el principio explicativo de la transferencia, Freud expresa que el paciente no puede recordar todo lo reprimido: “…más bien se ve forzado a repetir lo reprimido como vivencia presente, en vez de recordarlo,…en calidad de fragmento del pasado”. (Freud, 1920/1984b, p. 18)

La transferencia es gobernada por la repetición y el instinto de muerte, por lo que pasa a ser lo resistido y no la resistencia. El yo, por su lado se enfrenta a la repetición, reprimiendo a la transferencia, ya que para éste la repetición constituye lo amenazante, lo aniquilante como lo destructivo.

La repetición en la situación transferencial, prueba y comprueba que hay una impulso que lleva a repetir las situaciones del pasado más allá del principio de placer. El monto de displacer generado es lo que lleva a Freud a exponer la repetición como un principio y la pulsión de muerte como un agente pulsional de la misma categoría que el eros. En resumen: se re-define la transferencia como una necesidad de repetir a partir de la repetición como principio.

Podemos visualizar que desde el “Caso de Dora” (Freud, 1905), en el que define la transferencias como verdaderas “reimpresiones”, hasta “Más allá del principio de placer” (Freud, 1920/1984b) donde expresa que la reproducción en la transferencia tiene  por contenido un  fragmento de la vida sexual infantil y por tanto del Complejo de Edipo y sus derivados, cada vez más resalta la idea de que en la transferencia se actualiza lo esencial del conflicto infantil.

En relación a la idea anterior reflexionamos: si la transferencia implica una predisposición a repetir ligada a la pulsión de muerte, la única acción llevada a cabo por el individuo es contraponerse a través de una resistencia a la transferencia movilizada en este caso por la libido, por el principio de placer. Es de esta manera que la libido explica la resistencia a la transferencia.

No debemos olvidar que Freud fundamenta su teoría de que existe una pulsión de muerte cuya particularidad esencial es la repetición tomando el tema de la transferencia como ejemplo clínico, pero no realiza una exploración de su teoría de la transferencia. Cuando se revisan los escritos posteriores a 1920 no hay ninguno de ellos que implique una modificación en este sentido.

 

2.11. El concepto de transferencia en otras obras freudianas.

 

En “Angustia y vida pulsional”, 32ª conferencia dictada Freud (1933/1986b), se continúan con las mismas ideas ya mencionadas anteriormente.

Expresa el autor que tanto las vivencias olvidadas y reprimidas de la primera infancia se reproducen en el decurso del trabajo analítico de los sueños y en ciertas reacciones, en particular, los de la transferencia, “…y ello no obstante que su despertar contraríe el interés del principio de placer; y nos hemos dado la explicación de que en estos casos una compulsión a la repetición se impone incluso más allá del principio de placer”. (Freud, 1914/1986e, p. 99) Dice que es posible observar esto fuera del análisis en personas que durante su vida repiten siempre las mismas conductas o reacciones, o que parecen perseguidas por un destino despiadado; por lo que una indagación más atenta comprueba que son ellos mismos los que se depararon dicho destino.

También cuando habla del tratamiento psicoanalítico en las Nuevas Conferencias de introducción al psicoanálisis (Freud, 1933/1986b), expresa que en referencia a la teoría de la curación no tiene nada que agregar a lo dicho en el año 1916.

En “Pueden los legos ejercer el análisis?” (Freud, 1926/1986d) sostiene que las resistencias del enfermo, son fuerzas que se contraponen al trabajo de curación: “La ganancia de la enfermedad es la fuente de una resistencia; así el «sentimiento inconciente de culpa» representa {repräsentieren} la resistencia del superyó, y es el factor más importante y más temido por nosotros”.(Freud, 1926/1986d, p. 209)

Continúa aclarando que en el trabajo de cura aparecen otras resistencias. Si en la infancia el Yo tropieza con una represión causada por angustia, ésta última subsiste y luego aflora como resistencia cada vez que el Yo se aproxima hacia lo reprimido.

La lucha y superación contra las resistencias del Ello (representa lo inaccesible y oscuro de nuestra personalidad, tiene como objetivo la satisfacción de las pulsiones las cuales se rigen por el principio de placer. Las mociones pulsionales en el Ello son movibles y susceptibles de descarga mayor que en las otras instancias anímicas) constituye el principal trabajo en el transcurso de la cura analítica, dando como resultado un Yo fortalecido.

Cuando hace referencia al influjo “sugestivo” del terapeuta, expresa que no tiene como objetivo la sofocación de los síntomas, sino operar como fuerza pulsional para movilizar al Yo del enfermo a superar sus resistencias. A pesar de esto, menciona que surge un problema inesperado. Dice: “Quizá fue la máxima sorpresa para el analista que el vínculo de sentimientos que el enfermo entabla con él resultara de una naturaleza peculiarísima…En efecto, ese vínculo afectivo posee –para enunciarlo con claridad- la naturaleza de un enamoramiento”. (Freud, 1926/1986d, p.210)

El analista no hace nada para provocarlo, por el contrario, trata de mantenerse lo más humanamente alejado del paciente, a ser reservado. Habla Freud de un amor “compulsivo”, no acorde a la razón, y agrega además, que para el paciente esta conducta parecería contener cierto grado de agradecimiento, respeto, confianza y simpatía humana hacia el analista. En contraposición, este enamoramiento puede hasta producir la impresión de un fenómeno patológico. Puede en un comienzo ser favorable pero luego este amor puede volverse exigente, demanda satisfacciones sensuales y tiernas, reclama exclusividad, desarrolla celos y expresa hostilidad y venganza cuando no logra alcanzar sus objetivos. Al mismo tiempo empuja hacia atrás los demás contenidos anímicos y elimina el interés por la cura. Es así, dice Freud , que este enamoramiento ha reemplazado a la neurosis. El autor se pregunta: ¿qué hacer frente a esta situación?, como primer punto, sería poder utilizar dicha situación para aprender de ella. Es aquí cuando se muestra con total solidez de que en la neurosis se encuentra un fragmento de vida amorosa que tramita una vía anormal. Concluye a tomar como objeto de análisis dicho enamoramiento.

Expresa, a su vez, que esto no ocurre en todos los casos. Los aspectos sensuales y hostiles tropiezan con la resistencia del paciente procurando reprimirlos ante el analista. El paciente repite en la forma de enamoramiento hacia el analista vivencias anímicas que ya estaban prontas en él y se hallaban en conexión con la naturaleza de la neurosis. Los destinos de aquellos períodos olvidados de su vida los reproduce de manera patente, como algo presente, en vez de recordarlo.

Es a partir de aquí donde el análisis puede continuar con la ayuda de esta nueva situación. Es de suma importancia por tanto, la destreza que posea el analista en el manejo de la transferencia. El único medio “…es la reeconducción del pasado del enfermo, tal como él lo vivenció afectivamente o lo plasmó mediante la actividad cumplidora de deseo de su fantasía. Y esto exige del analista mucha destreza, paciencia, calma y autosacrificio.” (Freud, 1926/1986d, p. 213)

En su artículo “Psicoanálisis” (Freud, 1926/1986c) el autor expresa que la primera tarea del psicoanálisis fue el entendimiento de la neurosis, apoyándose ésta sobre tres pilares fundamentales: la doctrina de la represión, la significancia de las pulsiones sexuales y de la transferencia. Define a la misma como

…la llamativa peculiaridad de los neuróticos de desarrollar hacia su médico vínculos afectivos de naturaleza tanto tierna como hostil, vínculos que no se fundan en la situación real, sino que provienen del vínculo con los progenitores (complejo de Edipo) de los pacientes. (p. 256)

De esta manera se verifica que la transferencia es una comprobación de que el adulto no ha superado aún su dependencia infantil.

El manejo de la transferencia, que el médico debe de aprender, es la forma por la cual se permite movilizar al paciente a superar sus resistencias internas y a suprimir sus represiones. El tratamiento psicoanalítico se torna, de esta manera en una reeducación del adulto.

Freud (1940/1986a) prosigue con esta idea en su obra “Esquema del psicoanálisis”.

Lo asombroso explica, es que el paciente no se limita a considerar al analista como su consejero y auxiliador, “…sino que ve en él un retorno-reencarnación de una persona importante de su infancia, de su pasado, y por eso transfiere sobre él sentimientos y reacciones que sin duda se referían a ese Arquetipo.” (Freud, 1940/1986a, p. 175) Este hecho de la transferencia prueba ser un recurso de suma importancia para el trabajo analítico, pero a su vez puede acarrear serias dificultades. Es ambivalente ya que integra tanto actitudes tiernas, positivas como también negativas, agresivas hacia el analista, el cual es posicionado en la figura de padre o madre. Mientras es positiva puede brindarnos los mejores resultados. No sólo el Yo del paciente deviene fuerte, cancela sus síntomas (con el propósito de ganar la aprobación y el amor del analista), sino que encuentra otras ventajas.

Si el paciente sustituye la figura del analista por la de su padre o madre, le brinda también el poder que ejerce su Superyó sobre su Yo (ya que el origen del Superyó se ha constituido a raíz de sus progenitores). Por lo que, como hemos mencionado anteriormente, se puede aspirar a una poseducación del neurótico, teniendo este nuevo Superyó la oportunidad de corregir ciertos aspectos del pasado en que hayan participado sus padres en su educación.

Otra ventaja de la transferencia es que el paciente reproduce ante nosotros con gran claridad una pieza importante de su biografía, o sea que en lugar de informarnos, actúa ante nosotros.

Explica Freud, que no se puede evitar que una actitud positiva hacia el analista se torne repentinamente hacia una hostil, negativa. Sea una u otra posición, el analista posee la tarea de explicitarle al paciente una y otra vez que su ilusión es un espejismo del pasado. No se debe procurar que ni la hostilidad ni el enamoramiento arriben a un punto extremo. La transferencia se lograría si desde un comienzo se prepara al paciente para tales posibilidades y no se le permite atravesar sus primeros indicios.

Y si se logra, como las más de las veces ocurre, adoctrinar al paciente sobre la real y efectiva naturaleza de los fenómenos transferenciales, se habrá despojado a su resistencia de un arma poderosa y mudado peligros en ganancias, pues el paciente no olvida más lo que ha vivenciado dentro de las formas de la transferencia, y tiene para él una fuerza de convencimiento mayor que todo lo adquirido de otra manera. (Freud, 1940/1986a, p. 77)

La conducta ideal del paciente, agrega Freud, sería que él mismo pudiera exteriorizar sus reacciones anormales dentro de la transferencia, mientras que fuera del tratamiento se comportara de la manera más normal posible.

Finaliza el autor:

En diversas funciones servimos al paciente como autoridad y sustituto de los progenitores, como maestro y educador, y habremos hecho lo mejor para él si, como analistas, elevamos los procesos psíquicos dentro de su yo al nivel normal, mudamos en preconciente lo devenido inconciente y lo reprimido, y, de ese modo, reintegramos al yo lo que le es propio. (Freud, 1940/1986a, p. 181)

 

 

3. CONCEPTO DE TRANSFERENCIA EN KLEIN.

 

 

3.1. El desarrollo temprano en el niño: primeras obras en relación con la transferencia.

 

Como primer autor post-freudiano tomaremos a Melanie Klein, pionera en el psicoanálisis con niños.

Antes de adentrarnos en el tema transferencia, es importante destacar los trabajos realizados por Klein sobre los conflictos del niño en los primeros dos años de vida.

Entre uno de los más importantes encontramos el presentado en el Congreso de Innsbruck del año 1927, “Estadios tempranos del Conflicto edípico” (Klein, 1928/1978a) el que fue publicado en el Internacional Journal al año siguiente.

En esta obra, Klein (Etchegoyen, 1991) utiliza el término “desarrollo temprano” y no preedípico, para ella el Complejo de Edipo aparece antes de lo que plantea Freud. Según la autora, éste se inicia hacia el primer año de vida y se diferencia de aquel autor, para quien aparece a los 3 años de edad. Desde la concepción de Klein, en el Edipo temprano los objetos no se encuentran totalmente construidos, el padre y la madre no están discriminados y la “escena” transcurre en el cuerpo de la madre con la llamada “pareja combinada”; en donde el cuerpo de la madre contiene el pene del padre.

En otras palabras, la fantasía de los padres combinados saca su fuerza proveniente de otro elemento de la vida emocional temprana, la envidia asociada con los deseos orales frustrados.

Dice Klein (1952/1980):

El análisis de tales situaciones tempranas nos enseña que en la mente del bebé, cuando se ve frustrado (o insatisfecho por causas internas), su frustración se acopla con el sentimiento de que otro objeto (pronto representado por el padre) recibe de la madre la gratificación y el amor codiciados y que le son negados en ese momento. Aquí se halla una de las raíces de la fantasía de que los padres están combinados en una eterna gratificación mutua de naturaleza oral, anal y genital. Y esto es, a mi criterio, el prototipo de las situaciones tanto de envidia como de celos. (p. 268)

 

3.2. La teoría de las posiciones en la transferencia.

 

La tesis central del trabajo: “Los orígenes de la transferencia” (Klein, 1952/1980) parte de su teoría de las posiciones (posición esquizoparanoide y  la posición depresiva).

Cada posición (Klein, 1967) se encuentra determinada por cuatro ejes de análisis: Tipo de ansiedad predominante, Modalidad defensiva, Tipo de relación de objeto y Desarrollo del Yo.

En relación a la constitución psíquica, es claro que la teoría de las posiciones deja de lado a la de las fases libidinales. El reemplazo del término fase por posición se debe a un viraje teórico que indica cierta superación de la teoría del desarrollo. Es decir que si bien la vida psíquica se inicia con la posición esquizoparanoide (primer trimestre) y continúa hacia la posición depresiva (segundo semestre), el pasaje de una posición a otra implica la progresiva integración del Yo y la afirmación del sentido de realidad. Estas no son fases concluidas sino posiciones subjetivas que de acuerdo a la combinación de determinados elementos (como ser defensas, tipo de relación de objeto, ansiedad predominante y modos de respuesta del Yo), se articulan en fantasías. Esto es válido tanto para el niño como para el adulto.

Desde el inicio de la vida (Kohen de Abdala, 2007), se encuentra un Yo temprano que lidia con ansiedades intensas, las cuales crearán defensas especificas en el bebé, conformando una relación de objeto de tipo especial. Este Yo primitivo, a pesar de estar poco integrado, es capaz de establecer proyecciones e introyecciones. “El bebé sufre  ansiedades persecutorias, depresivas, confusionales y catastróficas que disocia, proyecta e identifica en un objeto, en su intento por defenderse de la insoportable angustia.” (p. 4) Progresivamente, la relación con el objeto externo habilitará, a través del mecanismo de introyección, que se instale el objeto bueno, núcleo del yo.

Es a partir de estos dos mecanismos (introyección y proyección) que se conforma la relación de objeto, y se delimitan sus dos áreas, el mundo interno (fantasía) y el mundo externo (realidad). De esta manera podemos concluir “…que la transferencia se origina en los mismos procesos que determinan la relación de objeto en los estadios más tempranos del desarrollo.” (Etchegoyen, 1991, p. 188)

 

3.3. Los orígenes de la transferencia.

 

El concepto de transferencia temprana en Klein tiene su apoyatura en sucesos de base empírica, en lo que ella descubre en los años veinte con su técnica de juego, aunque la formalización de sus descubrimientos demoró en llegar.

El término transferencia temprana (Etchegoyen, 1991) empleado por la autora, abarcaría los aspectos más arcaicos, más remotos del vínculo transferencial

El artículo que se titula “Los orígenes de la transferencia” fue presentado en el Congreso de Ámsterdam en 1951 y se publicó al año siguiente (es el único que escribió Klein sobre el tema).

El postulado básico de esta obra es que las etapas tempranas del desarrollo aparecen en la transferencia, y por lo tanto podemos captarlas y reconstruirlas. Por otra parte, la autora afirma que la relación de objeto aparece de entrada, con el comienzo de la vida.

Apoyada en la definición clásica de Freud (1905) en el epílogo al caso de Dora, Klein sostiene que la transferencia actúa a lo largo de toda la vida e influye en todas las relaciones humanas. En este artículo, postula que en el análisis, el pasado se va reviviendo gradualmente y cuanto más profundamente se penetre en el inconciente y mas atrás se pueda llevar el proceso analítico, tanto mayor será la comprensión de la transferencia.

Es por esta razón, que la necesidad del paciente de transferir relaciones de objeto, emociones y experiencias aumenta, focalizándose éstas sobre el analista. Esto conlleva a que éste lidie con sus ansiedades y conflictos que han sido reactivados en el análisis utilizando los mismos mecanismos que en situaciones anteriores .

De esta forma, Klein le otorga un valor universal al fenómeno transferencial y defiende el hecho de llevar su estudio a los niveles más arcaicos de la mente. Por otra parte, expone que la transferencia es una herramienta eficaz y confiable para reconstruir el pasado del paciente.

 

3.4. Diferencias con Freud y Anna Freud.

 

Klein (1952/1980) expone una diferencia con Freud y Anna Freud; no solo rechaza la teoría del narcisismo primario, sino que postula que la vida mental no puede existir sin relación de objeto, no puede darse en el vacío. Hay estados narcisistas y autoeróticos pero no estadios. Expresa la autora:

La hipótesis de que un estadio de varios meses de duración antecede a las relaciones de objeto implica que -excepto en cuanto a la libido que reviste el propio cuerpo del bebé- impulsos, fantasías, angustias y defensas, o no están presentes o no se relacionan con un objeto, es decir, que operarían in vacuo. El análisis de niños muy pequeños me ha enseñado que no hay necesidad instintiva, ni situación de angustia, ni proceso mental que no implique objetos, internos o externos; en otras palabras, las relaciones de objeto son el centro de la vida emocional. Más aun, el amor y el odio, las fantasías, las angustias y las defensas operan desde el principio y están ab initio inextricablemente ligadas a las relaciones de objeto. Esto me ha mostrado muchos fenómenos bajo una nueva luz.( Klein, 1952/1980, p. 266).

Esta importante diferencia no es la única aquí expuesta. En su artículo “Simposium sobre análisis infantil” (Klein, 1927/1978b), la autora expone sus diferencias teóricas y técnicas con respecto a Anna Freud.

Podríamos mencionar en primer lugar que Klein, considera que el análisis infantil sigue las mismas reglas del análisis del adulto (concluyendo que el manejo de la transferencia y su resolución es uno de los principios fundamentales de la situación analítica).

Anna Freud por su parte, deja de lado estas reglas en el análisis del niño y describe diferencias esenciales en la situación de transferencia de éstos y de los adultos.

En segundo lugar, Klein plantea que si se continúa con el método freudiano de respetar el setting analítico y se responde con interpretaciones al material del niño (no recurriendo a medidas pedagógicas), “…la situación analítica se establece igual (o mejor) que en adulto y la neurosis de transferencia, que constituye el ámbito natural de nuestro trabajo, se desarrolla plenamente.”(Etchegoyen, 1991, p. 145) Es aquí donde se analiza el Complejo de Edipo (ya mencionado anteriormente). De esta manera, los síntomas cambian (aumentan o disminuyen) en conexión con la situación analítica, dirigiéndose hacia el analista afectos y ansiedades del paciente.

De esta última enunciación podríamos definir a la neurosis de transferencia como el reconocimiento, tanto de la presencia del analista como del efecto del análisis.

En cambio, en Anna Freud, ella afirma que no se produce una verdadera neurosis de transferencia, por lo que no se debe explorar minuciosamente el Complejo de Edipo.

 

3.5.La fantasía inconciente y el fenómeno transferencial.

 

Otro concepto que fue reelaborado profundamente para explicar la transferencia fue el concepto freudiano de fantasía inconciente (Etchegoyen, 1991). Esta teoría formalizada por Susan Isaacs, es la pieza fundamental de la investigación kleniana. Según Isaacs las fantasías inconcientes están siempre presentes, activas en todo individuo.

Es decir que su presencia no es índice de enfermedad ni de falta de sentido de la realidad, así como no lo es la presencia del Complejo de Edipo. Lo que determinará el estado psíquico del sujeto es la naturaleza de estas fantasías inconcientes y su relación con la realidad externa.(Segal, 1972, p. 20)

De esta forma el analista (Etchegoyen, 1991) tiene mayor autonomía para interpretar y no precisamente debe esperar a que haya una rompimiento de discurso (por ejemplo como menciona Lacan). La fantasía se encuentra por debajo de todo el contenido manifiesto coherente, por lo que el analista kleniano no debe de esperar a esa ruptura de discurso.

La fantasía inconciente se expresa en instintos y por consiguiente existe, como estos, desde el comienzo de la vida. Estas fantasías operan en cierto nivel, con objetos primarios y con una porción de libido insatisfecha que los ha vuelto a cargar por vía regresiva (introversión). Es por esta razón, expresa Klein, que la transferencia opera de manera permanente y que es nuestra labor como analistas saber detectarla (y no sólo en aquellos momentos en que el paciente se refiere directa o indirectamente al analista).

 

3.6. La importancia de la transferencia negativa y positiva.

 

Es característico dentro de la técnica kleniana el énfasis en la transferencia negativa. Expresa la autora: “…explorando estos procesos primitivos me convencí de que el análisis de la transferencia negativa que ha recibido relativamente poca atención en la técnica psicoanalítica, es una condición previa del análisis de los niveles más profundos del psiquismo.” (Klein, 1952/1980, p. 266)

Es aquí donde podemos encontrar otra diferencia con Anna Freud. La misma postula que la transferencia negativa debe ser evitada en niños. Por el contrario, se debe reforzar en el niño la transferencia positiva, aplicando a  su vez medidas pedagógicas. Klein, en cambio, toma como principio base el análisis de la transferencia positiva como negativa, tanto en niños como adultos.

De esta manera es que la autora concluye lo siguiente: “… sostengo que la transferencia se origina en los mismos procesos que determinan las relaciones de objeto en los primeros estadios…”. (p. 266) Es a raíz de esto, que afirma que se debe analizar, tanto a los objetos temidos como amados, externos e internos, que dominan la primera infancia.

A pesar de las diferencias mencionadas anteriormente en relación a Freud, hay aspectos (Etchegoyen, 1991) de su técnica que tienen su apoyatura, parte en la técnica psicoanalítica sobre el descubrimiento realizado por dicho autor sobre los instintos de vida y de muerte; constituyendo un aporte fundamental al entendimiento del origen de la ambivalencia. Considerando que los instintos de vida y muerte, y en tanto el amor y el odio están en la más íntima conexión, la transferencia positiva y negativa se encuentran estrechamente entrelazadas.

 

3.7. Otros aspectos de la transferencia.

 

Por último mencionaremos otro elemento de la transferencia. Klein expresa, que cuando logramos descifrar los fragmentos de la transferencia, es fundamental reflexionar en términos de acontecimientos totales, transferidos del pasado al presente, como ser defensas, relaciones objetales y emociones. Supone una técnica por la cual los aspectos inconcientes de la transferencia se derivan de  la suma del material expreso.

La autora menciona algunos ejemplos como ser: las amistades del paciente, sus actividades diarias y los relatos de su vida de cada día. Estos elementos mostrarían, si indagamos su contenido inconciente, las defensas contra las angustias que se activan dentro de la situación transferencial.

Es decir, que se aparta del analista en la misma forma en que intentó apartarse de sus objetos primitivos; trata de clivar su relación con él, conservándolo como figura, sea buena, sea mala; desvía algunos de los sentimientos y actitudes experimentados hacia el analista o hacia otra gente de su vida corriente, lo que forma parte del acting-out. (Klein, 1952/1980, p. 269)

Es sólo conectando una y otra vez (y esto supone un trabajo duro y paciente), que las experiencias posteriores con las anteriores y viceversa, es sólo indagando su interconexión, que el presente y el pasado pueden unirse en la mente del paciente.

 

 

4. CONCEPTO DE TRANSFERENCIA EN WINNICOTT.

 

 

4.1. Winnicott:  algunas características de su pensamiento.

 

Para continuar trabajando el concepto de transferencia, tomaremos a Donald Winnicott, psicoanalista, psiquiatra y pediatra infantil, considerado un autor de referencia dentro del pensamiento psicoanalítico actual. Cabe destacar, que su teoría es utilizada por varios autores contemporáneos alrededor del mundo, como ser psicoanalistas, tanto americanos como ingleses.

Realizaré algunas aproximaciones sobre el concepto de transferencia en Winnicott, tomando elementos que aparecen en algunas de sus obras, las que considero que darán una idea global sobre dicha noción.

Como primer punto, considero relevante dar cuenta de ciertos conceptos esenciales dentro de su obra, que nos proveerán de una base para la posterior comprensión de su noción de transferencia.

Winnicott propone como valor fundamental la influencia ambiental (materna) en el desarrollo emocional temprano del bebé. Su concepción del vínculo humano consiste en mirar a la persona antes que sobre sus mecanismos psíquicos (Margulis y Rey, 2011), otorgándole un valor esencial al ser, a todo lo que implica cuestionarse que es lo que hace que la vida valga la pena ser vivida. Su dedicación e impronta al conocimiento de la vida infantil y adulta lo transforma en un estudioso de la naturaleza humana.

En distintas oportunidades Winnicott se dirige a Freud y a Klein manifestando la necesidad de que cada analista pueda enunciar sus hallazgos, no en un lenguaje rígidamente doctrinario, sino en uno propio.

De esta manera, el autor opina que los conceptos utilizados por la jerga psicoanalítica deben ser repensados de manera personal, cada vez renovadamente, para así mantenerlos vivos. Fiel a su postura, Winnicott ha ideado su propio lenguaje personal.

 

4.2. Divergencias entre Freud y Klein: continuación de conceptos introductorios en relación a la transferencia.

 

El desarrollo emocional del bebé es uno de los temas centrales dentro de la teoría de Winnicottt (1945/1958b). Es aquí donde se unen su condición de médico pediatra y psicoanalista. El autor intenta vislumbrar un período en relación a la construcción del narcisismo primario, el que anteriormente fue escasamente desarrollado y su curso normal fue dado por hecho. Esto constituye, no sólo una de las diferencias con el pensamiento de Freud, sino también con el de Klein .

Si la etapa primera (correspondiente al desarrollo emocional primitivo), se encuentra suscrita al narcisismo primario, “…no hay relación de objeto, ni hay tampoco, estructura psíquica.” (Etchegoyen, 1991, p. 191) Esto constituye una oposición fundamental entre Winnicott y Klein, quien en un momento de su investigación, rompe con la hipótesis del narcisismo primario, sosteniendo la existencia de un yo temprano.

Es a partir de Winnicott que este aspecto cambia rotundamente al afirmar que el complejo proceso que comprende el desarrollo emocional primitivo (que comprende los primeros seis meses de vida) está expuesto a múltiples influjos y puede alterarse.

Por aquella época, en la década de 1920, en el núcleo de todo estaba el Complejo de Edipo…Ahora bien, innumerables historias clínicas me demostraron que niños que contraían perturbación, fuera esta psiconeurótica, psicótica o antisocial, habían tenido dificultades en su desarrollo emocional primitivo en la infancia, aún de bebés (…) en alguna parte había algo equivocado. (Winnicott, 1981. Citado por Bareiro, 2010, p. 216)

Winnicott mantiene la idea de narcisismo primario (Etchegoyen, 1991), recalcando que, si durante los primeros meses no hay estructura psíquica, el comienzo del desarrollo se explicaría en términos de impulsos y fantasías. Esto se relaciona estrechamente con la importancia de los cuidados maternos en el desarrollo emocional primitivo del bebé, el cual requiere al comienzo de la vida de un ambiente adecuado.

Debido a que esta parte del desarrollo no es mentalizada, el autor va a llegar a reflexionar que el desarrollo emocional primitivo estará en vinculación con alguna función del analista, similar con la de los cuidados maternos.

Este aspecto conforma otra diferencia con Klein, ya que la misma postula que el niño participa de entrada. Winnicott, en cambio, no lo piensa así, ya que el niño, en un comienzo no tiene mente. Según el autor, ésta aparece para compensar la falta de cuidados maternos.

Winnicott afirma que nacemos con un deseo, y que si el medio no interfiere demasiado, ese deseo nos lleva hacia adelante. Klein, en cambio, piensa que toda persona quiere crecer y no crecer, es decir, hay un impulso a la integración como a la desintegración (teoría dualista de los instintos).

Según Anfusso y Indart (2009), Freud y Klein se caracterizan por ser dualistas, ya que tienden en su teoría a diferenciar pares de opuestos: conciente-inconciente, pulsiones de vida-pulsiones de muerte, etcétera. En cambio, las autoras afirman que Winnicott es monista, postulando una única fuerza vital, como impulsor de la vida humana.

De esta manera, se pasa de la oposición a la complementariedad, postulando así un cambio de paradigma en el Psicoanálisis.

El síntoma, lo compulsivo y repetitivo, elementos displacenteros que Freud postulaba como consecuencias de lo tanático, Winnicott los ubica en la categoría de lo defensivo

(el cual generalmente expresa esperanza). Lo mismo ocurre con el concepto de regresión acuñado por Freud.

En su obra “Aspectos metapsicológicos y clínicos de la regresión dentro del marco psicoanalítico” (Winnicott, 1954/1958a) el autor expresa que:

…pienso que no es útil emplear la palabra <<regresión>> siempre que se presente un comportamiento infantil….ha adquirido un sentido popular que no tenemos porque adoptar. Cuando en psicoanálisis hablamos de regresión damos a entender la existencia de una organización del yo y de una amenaza de caos. (p. 381)

Continuando en esta línea, el autor expresa, la esperanza de que surjan condiciones favorables que prueben la existencia de la regresión, posibilitando una oportunidad de dirigir el desarrollo hacia adelante, el cual ha sido impedido por la dificultad inicial causada por el  fracaso del medio ambiente (cuidados maternos).

Winnicott plantea en relación a esto, la idea de que en un ser humano sano y normal, cuando se expone ante un fracaso específico del medio ambiente (defendiendo de ésta manera a su self), surge una congelación de la situación de fracaso. Acompañada de esto se encuentra en el paciente, una suposición de origen inconciente (y luego susceptible de ser conciente), de que posteriormente : “…habrá oportunidad para una experiencia renovada en la cual la situación de fracaso puede ser descongelada y reexperimentada, con el individuo en estado de regresión, dentro de un medio…adecuado. (Winnicott, 1954/1958a, p. 381)

Es así que el autor afirma que la regresión se incluye dentro de un proceso curativo, constituyendo un fenómeno normal que puede ser estudiado en la persona sana. En el caso de las personas enfermas, eso no ocurre así, ya que hay poca esperanza de que se origine una nueva oportunidad. En un caso extremo, el terapeuta debe aproximarse al paciente, presentándole (de manera activa) una buena maternalización.

Los planteos de Winnicott (Anfusso y Indart, 2009) sobre la depresión, tendencia antisocial y la regresión a la dependencia, son ejemplos claros del cambio de modelo propuesto. Postulan las autoras, que en estos casos la compulsión a repetir no constituye una actitud destructiva, sino como expresión de un impulso esencial de los pacientes a constituirse en sujetos normales.

No necesariamente se resiste a la cura aquel que repite. Puede estar intentando que alguien se haga cargo de su necesidad de ser ayudado y comprendido.

Como conclusión podemos expresar que una de las diferencias más importantes entre la clínica de Freud y Winnicott, es que mientras el primero se dedica hacia el estudio de las neurosis de transferencia, el segundo se aboca específicamente a las perturbaciones de conflictos correspondientes a etapas anteriores. Freud, da por hecho el cuidado de las necesidades del niño. Winnicott por su parte, advierte de los fenómenos que aparecen en la clínica, producto de fallas en la adaptación y el medio del bebé.

 

4.3. El cuidado infantil y su influencia en la transferencia.

 

Como ya mencionamos anteriormente, el vinculo madre-hijo (medio) es fundamental para el desarrollo emocional primitivo en el niño.

En “Variedades clínicas de la transferencia” (Winnicott, 1954-55/1958d), expresa que un comienzo, el niño, o no se ha diferenciado, o el proceso de diferenciación ha comenzado, existiendo una dependencia absoluta hacia su medio inmediato y hacia su comportamiento. Puede haber dos posibilidades: que haya una adaptación ambiental al medio (en la cual comienza a existir un yo, experimentando impulsos del ello), o en el caso contrario, que no haya una adaptación ambiental suficiente (no habiendo una genuina instalación del yo; desarrollándose un seudo self integrado por reacciones causadas por fracasos en la adaptación). Cuando el medio ambiente fracasa en su función de adaptación activa “…este fracaso se registra automáticamente como un ataque, algo que irrumpe la continuidad existencial, que es aquello que, de no haberse interrumpido, habría formado el yo del ser humano en vías de diferenciación.” (Winnicott, 1954-55/1958d, p. 400- 401)

Para el autor, lo fundamental es la continuidad de la existencia, a partir de donde un sujeto comienza a ser (verdadero self). La diferencia sexual y los sucesos pulsionales surgen con posterioridad. Aquí otra diferencia con Freud, ya que en los primeros momentos del desarrollo el problema no se encuentra en el deseo, sino en la necesidad (necesidad de existir). Es por esta razón que resulta imprescindible la presencia del otro que sostenga y proteja.

En el análisis, el analista se rige según el principio básico del psicoanálisis: que el inconciente del paciente guíe el camino y sólo debe seguírselo a él. Cuando éste debe enfrentarse a una tendencia regresiva, debe encontrarse preparado para seguir el proceso inconciente del paciente.

Winnicott expresa que el comportamiento del analista

…por ser suficiente en lo que hace a la adaptación a la necesidad, es percibido gradualmente por el paciente como algo que da pie a una esperanza de que el verdadero self pueda por fin correr los riesgos propios de empezar a experimenta la vida. (Winnicott, 1954-55/1958d, p. 402)

Este momento se caracteriza por una gran dependencia, hallándose el paciente en un estado de regresión (regresión referida a los procesos tempranos del desarrollo). Según el autor, este momento es muy penoso para el paciente ya que es conciente (mientras que no lo es en el niño en la situación originaria).

Sostiene que en esta fase, las características de la transferencia se forman en base a la presencia del pasado del paciente. Es aquí, donde el “…presente se remonta o retrocede al pasado y es el pasado” (p. 402), en contraposición con la neurosis de transferencia, en donde el pasado ingresa al consultorio.  De esta manera, el analista se ve posicionado frente al proceso primario del paciente, en el contexto en el que tuvo su validez originaria.

 

4.4. Consecuencias de la adaptación suficiente del analista en el paciente.

 

La adaptación suficientemente buena del analista produce una serie de operaciones, en las cuales el paciente pasará del self falso al verdadero self. Es así que por primera vez hay posibilidades en el paciente de desarrollar su yo (defendiéndose de las angustias).

A partir de la adaptación exitosa del analista, el yo del paciente se encuentra apto para comenzar a recordar los fracasos originarios, los cuales en su momento, tuvieron un efecto disruptivo. Winnicott aclara que va a pasar un tiempo (dentro del tratamiento), hasta que el paciente tome un ejemplo del fracaso originario y sienta ira con respecto a éste.

Winnicott, en este aspecto, se sorprende al ver lo siguiente: el paciente utiliza los fracasos del analista, estos fracasos son necesarios, el autor postula que no es el objetivo proveer al paciente de una adaptación perfecta.

Lo principal es utilizar el fracaso del analista como fracaso pasado. De esta manera el paciente es capaz de percibir y encuadrar el fracaso, sintiendo ira sobre éste. Aclara el autor: “ El analista necesita poder utilizar sus fracasos en términos de lo que significan para el paciente, y si es posible, debe explicar cada uno de ellos aunque esto signifique el estudio de contratransferencia inconciente.” (Winnicott, 1954-55/1958d, p. 403)

La resistencia en el paciente persiste hasta que el analista descubre el fracaso (utilizándolo y a su vez, explicándolo).

A su vez el autor, sostiene que si el analista se defiende, el paciente pierde la oportunidad de mostrar ira en relación al fracaso pasado.

Por lo tanto, resulta necesario de que el analista busque sus propios fracasos en lugares donde aparezcan resistencias. A partir de sus equivocaciones, el analista va a permitirse enfadarse con el paciente debido al fracaso de adaptación (en el momento inicial en el cual ocurre). Es aquí donde el paciente se libera de la dependencia hacia su analista.

Es importante aclarar que el terapeuta se encuentra como objeto de la transferencia, pero no constituye ninguna de las figuras significativas de la infancia del paciente.

Considero que lo fundamental es que el analista sobreviva, resultando de esta manera digno de confianza para el paciente. Desde esta prueba de sobrevivencia es la base desde donde se sostiene el fenómeno transferencial

 

 

4.5. El concepto de transferencia en otras obras winnicotteanas.

 

En su obra: “El odio en la contratransferencia” (Winnicott, 1947/1958c), el autor ya expone desde antes nociones similares a las referidas en dicha redacción.

Winnicott postula que el analista se debe encontrar preparado para enfrentar la tensión, sin saber el paciente lo que está haciendo. Dicho analista debe poder asumir sus propios temores y odios, hallándose en una situación de madre de un recién nacido o un no nato.

Puede que en el paciente hayan existido buenas experiencias que permitan trabajarlas en el análisis. A pesar de esto se pregunta el autor: ¿qué acontece si no hay ninguna relación satisfactoria en la primera infancia que el analista pueda hacer uso en la transferencia?.

Es aquí donde realiza una distinción entre los pacientes que han vivido experiencias satisfactorias en la infancia (experiencias que pueden descubrirse en la transferencia) y aquellos otros cuyas experiencias no han sido lo suficientemente buenas. Aquí el analista oficia como persona que aporta ciertos elementos de tipo ambiental.

En este último caso, todo se vuelve importante en la técnica analítica, incluso aquellos aspectos que pueden darse por obvios, sin duda el trabajo del analista consiste en proveer un medio ambiente normal.

El autor agrega, que en ciertos análisis el paciente busca el odio del analista, por lo que aclara que se necesita del analista un odio objetivo.

Pronuncia el autor: “Creo que en análisis de los sicóticos, así como en las últimas fases del análisis, incluso de una persona normal, el analista debe hallarse en condiciones comparables a las de la madre de un niño recién nacido”. (p. 277)

En “Nuevas observaciones sobre la teoría de la relación parento-filial” (Winnicott, 1961/1991b), expone que desde una formulación teórica psicoanalítica, el bebé experimenta una angustia insoportable, recuperándose mediante la organización de las defensas.

Un buen desenlace en el análisis, conlleva, por lo tanto, que en la transferencia, pueda volver a experimentar esa angustia. Resume el autor: “…como analistas tratamos pacientes que necesitan que los derrumbes clínicos de su infancia sean recordados reviviéndolos en la transferencia”. (p. 96) Es a través de volver a vivir la experiencia de angustia, que el paciente obtiene alivio. El derrumbe psíquico original se encuentra en conexión con factores ambientales.

Si el tratamiento es exitoso, el paciente es capaz de localizar la falla ambiental (o trauma), experimentándolo dentro del área de la omnipotencia personal. El analista, por tanto, posee la función de fallar; a pesar de esto el autor recalca que esto no es tarea fácil,  no debemos olvidar sus efectos positivos.

En “Ausencia y Presencia de un sentimiento de culpa, ilustrada con dos pacientes” (Winnicott, 1966/1991a), expresa que la pauta de falla del analista corresponde “…a la pauta según la cual el propio ambiente del paciente le falló a este en una etapa significativa.” (p. 200) El autor se pregunta, si tal vez el analista puede dar al paciente algo mejor que lo que experimentó en un comienzo, aunque sólo como suceso, por lo que concluye que sí;  al afirmar que éste (hacia el final del análisis y si se realiza con éxito) puede ser capaz de desplazar a un progenitor o figura parental insatisfactoria.

 

 

5. CONCLUSIONES.

 

En esta aproximación al concepto de transferencia en Sigmud Freud, Melanie Klein y  Donald Winnicott expondremos las siguientes conclusiones:

En Freud esta noción constituye uno de los pilares fundamentales dentro de la teoría y técnica psicoanalítica, variando a lo largo de su obra de acuerdo a la formulación y reformulación de otros conceptos.

En una primera etapa, define a la transferencia (1895) como una falsa conexión entre el médico y paciente, encontrándose dicha noción íntimamente ligada a la teoría de la técnica. El término transferencia también fue utilizado por Freud (1900/1984c) para dar cuenta de otros procesos de producción como los de tipo onírico.

A partir de su trabajo en la clínica con Anna O, concibe a la transferencia como un caso particular de desplazamiento del afecto de una representación a otra. Es así que el deseo del paciente aparece en directa relación al terapeuta en tiempo presente. De esta forma, el autor ubica a la misma en la dialéctica del presente y el pasado, en el contexto de la repetición y la resistencia.

En cuanto fenómeno del sistema inconciente, la transferencia corresponde a la fantasía, a la realidad psíquica y no a la realidad fáctica. Esto significa que los deseos, sentimientos e impulsos que aparecen en la situación actual deben explicarse en referencia al pasado y no en términos de aspectos reales de esa relación, por tanto, es obstáculo y al mismo tiempo, herramienta fundamental para la cura.

Es con el descubrimiento del Complejo de Edipo, que Freud reconceptualiza la noción, postulando que la transferencia ha de buscarse en ciertos modelos, estereotipos, o clisés que todos tenemos y que surgen como resultante de la disposición innata y de las experiencias de los primeros años. Dichos estereotipos de conducta, son siempre modelos del pasado en que están presentes en serie complementaria estos dos factores: experiencia y transferencia.

La ampliación del concepto, lo lleva a establecer una noción nueva: la neurosis de transferencia es reemplazada por la neurosis corriente, en la cual el enfermo puede ser curado mediante un trabajo terapéutico.

A partir de 1912 en su artículo “Los orígenes de la transferencia”, Freud concibe a la misma como forma de resistencia señalando la cercanía al conflicto inconciente. Desde 1914 en “Recordar, repetir y reelaborar”, toma a la transferencia como fenómeno repetitivo, lo cual lo contrapone al recuerdo.

De acuerdo con este punto, esta última constituye la estrategia que utiliza el paciente para resistirse. Freud compara el recuerdo con la repetición; es importante señalar que si se da esta última es porque el recuerdo no está presente ya que se constituye como el medio para evitar la repetición. Hasta 1912 la diferencia conceptual no está tan definida como en este momento de su obra, por lo que antes tampoco pareciera haber una distinción clara entre ambos conceptos (repetición y recuerdo).

Es en el año de 1920, en “Más allá del principio de placer” que la idea de repetición cambia: lo que hasta ese momento era un principio descriptivo, y regido según el principio de placer/displacer, se convertirá en un concepto explicativo y genético.

La transferencia se encuentra al servicio del instinto de muerte, fuerza que tiende a la inmovilidad, al estancamiento. Considero que esto es curioso y nos hace preguntarnos acerca de otra posible contradicción, ya que si pensamos a la transferencia en su definición (como vínculo), ésta se encuentra ahora a favor de la pulsión de muerte (que tiene como objetivo destruir vínculos).

Es así que la repetición se torna en el principio explicativo de la transferencia. Es gobernada por la repetición y el instinto de muerte, por lo que pasa a ser lo resistido y no la resistencia (resistencia de transferencia). La repetición en la situación transferencial, prueba y comprueba que hay una impulso que lleva a repetir las situaciones del pasado más allá del principio de placer.

Podemos visualizar que desde el caso de Dora (Freud, 1905), en el que define la transferencias como verdaderas “reimpresiones”, hasta “Más allá del principio de placer” (Freud, 1920/1984b), donde expresa que la reproducción en la transferencia tiene  por contenido un  fragmento de la vida sexual infantil y por tanto del Complejo de Edipo y sus derivados; cada vez más resaltará la idea de que en la transferencia se actualiza lo esencial del conflicto infantil. Cuando se revisan los escritos posteriores a 1920 no hay ninguno que implique una  modificación sustancial en este sentido.

 

Klein, autora post freudiana, a pesar de poseer una base psicoanalítica en su trabajo con niños (la cual se constituye como pionera en este ámbito), se diferencia de Freud en algunos aspectos como por ejemplo en su concepto de “desarrollo temprano” en contraposición con el preedípico, utilizado por Freud. Este se inicia hacia el primer año de vida y se diferencia del Complejo de Edipo freudiano, que aparece a los 3 años de edad. Lo fundamental en Klein sobre el concepto de transferencia es que se origina en los mismos procesos que determinan la relación de objeto en los estadios más tempranos del desarrollo del niño. El término transferencia temprana utilizado por ella, abarca los aspectos remotos y arcaicos del vínculo transferencial.

Es en su obra “Los orígenes de la transferencia” (1952, 1980), donde postula que las etapas tempranas del desarrollo aparecen en la transferencia; y de esta manera podemos captarlas y reconstruirlas. Por lo tanto, la transferencia se constituye en una herramienta eficaz y confiable para reconstruir el pasado del paciente.

Al igual que Freud, Klein sostiene que ésta actúa a lo largo de la vida e influye en todas las relaciones humanas. A su vez, la relación de objeto, aparece de entrada, con el comienzo de la vida, discrepando con lo propuesto por Freud.

Rechaza la idea del narcisismo primario, postulando que la vida mental no puede existir sin relación de objeto. Su concepto de fantasía (que fue reelaborado del concepto freudiano) es utilizado por ella para explicar el fenómeno de la transferencia. Al ser la fantasía parte de todo el contenido manifiesto coherente, el analista debe tener una mayor autonomía para interpretar y no debe esperar a una ruptura de discurso por parte del paciente. Es así que podemos concluir, al igual a lo planteado por Freud, que la transferencia opera de manera permanente y es nuestra labor como analistas saber como detectarla.

Como podemos ver, hay elementos en Klein, que tienen su apoyatura en la técnica psicoanalítica de Freud. En relación a los instintos de vida y muerte, constituyen un aporte fundamental al entendimiento de la ambivalencia.

Esta autora toma como principio base la transferencia tanto positiva como negativa. Coincidimos en este aspecto, ya que ésta formulación permite analizar tanto a los objetos amados como temidos, internos y externos que predominan en la primera infancia. Conectando experiencias posteriores con anteriores, pasado y presente pueden unirse en la mente del paciente.

 

Como último autor nos referiremos a Winnicott, psicoanalista, psiquiatra y pediatra infantil, considerado un autor de referencia dentro del pensamiento psicoanalítico actual. El desarrollo emocional del bebé es uno de los temas centrales dentro de su teoría. Postula que el desarrollo emocional primitivo (que comprende los primeros seis meses de vida) está expuesto a múltiples influjos y puede alterarse; de ahí la importancia de los cuidados maternos en el desarrollo emocional primitivo del bebé. Debido a que esta parte del desarrollo no es mentalizada, el autor va a llegar a reflexionar que el desarrollo emocional primitivo estará en vinculación con alguna función del analista, similar a la de los cuidados maternos. Dentro de su teoría, la regresión se incluye dentro del proceso curativo, constituyendo un fenómeno normal que puede ser estudiado en la persona sana. En el caso de las personas enfermas, eso no ocurre así, ya que hay poca esperanza de que se origine una nueva oportunidad. En un caso extremo, el terapeuta debe aproximarse al paciente, presentándole (de manera activa) una buena maternalización.

Advierte de los fenómenos que aparecen en la clínica, producto de fallas en la adaptación y el medio del bebé. En el análisis, el analista se rige según el principio básico del psicoanálisis: que el inconciente del paciente guíe el camino y sólo debe seguírselo a él (enfrentándose a una tendencia regresiva en el paciente).

Winnicott expresa que el comportamiento del analista es percibido gradualmente por el paciente como algo que da pie a una esperanza de que el verdadero self pueda por fin desarrollarse. De este modo, las características de la transferencia se constituyen en base a la presencia del pasado del paciente, posicionándose el analista frente al proceso primario del mismo; en el contexto en el que tuvo su validez originaria.

A partir de la adaptación exitosa del analista, el yo del paciente se encuentra apto para comenzar a recordar los fracasos originarios, los cuales en su momento, tuvieron un efecto disruptivo.

Lo principal es utilizar el fracaso del analista como fracaso pasado, buscando éste sus propios fracasos en lugares donde aparezcan resistencias. Es así, que el paciente es capaz de percibir y encuadrar el fracaso, sintiendo ira sobre éste. El analista por su parte, debe poder asumir sus propios temores y odios, hallándose en una situación de madre de un recién nacido o un no nato. Por lo tanto, un buen desenlace en el análisis, conlleva a que en la transferencia,  el sujeto pueda volver a experimentar esa angustia originaria a partir de la cual se organizaron sus defensas.

 

En referencia a la noción de transferencia desarrollada por los tres autores,  constatamos el lugar de relevancia que ocupa, tanto a nivel conceptual como técnico, siendo su análisis una herramienta fundamental en el proceso de la cura.

El trabajo clínico que hemos desarrollado en las diferentes prácticas realizadas en nuestra Facultad (individual, grupal, institucional), nos muestra la utilidad de considerar los fenómenos transferenciales.

Aunque éstos no son interpretados dentro de un marco terapéutico clásico, sí consideramos de gran importancia su utilización en los diferentes ámbitos de intervención.

Por otra parte, hemos visualizado que la transferencia se encuentra ligada a las primeras etapas del desarrollo del ser humano, siendo condición del análisis adentrarse hacia el pasado, remitiéndose a su vez, hacia el presente del paciente, con el objetivo de que éste pueda esclarecer sus conflictos en relación a su vida infantil.

Para finalizar, no debemos olvidar que los conceptos utilizados por dichos autores corresponden a diferentes épocas en las que éstos vivieron y produjeron sus teorías; esto da lugar, a que, a pesar de presentar similitudes en algunos aspectos; sus producciones presenten un carácter singular.

Sofía Saavedra Pérez
sofa.saavedra [at] gmail.com
Licenciada en Psicología, Universidad de la República (Uruguay)
Especialización en Psicoterapia Focal Psicodinámica en CEIPFO (Uruguay)

 

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Febrero / 2019

Boletín Topía