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Un psicoanalista peculiar, soñador y sensitivo: Sándor Ferenczi

 
El Enfant terrible del psicoanálisis. (1873-1933)

No es fácil hacer una breve reseña para aludir a una obra tan vasta y rica como la de Ferenczi.[1] A pesar de haber sido uno de los mejores clínicos de nuestra ciencia, su influencia no es del todo reconocida y su nombre sigue siendo soslayado, a veces por ignorancia y en demasiadas ocasiones porque sus ideas son citadas como si fueran de otros. Asimismo, el no leer su obra -como la de otros psicoanalistas "olvidados"- es característico del dogmatismo que reina en nuestra ciencia. La Argentina, un país arrasado por ideas y movimientos políticos totalitarios, ha sido caldo de cultivo más que oportuno para las que he bautizado de "invasiones inglesas" e "invasiones francesas".[2] Pero, a pesar de todo, se le reconozca o no, es innegable que Ferenczi ha dejado una impronta en la teoría y en la práctica psicoanalítica en general y también en la referida al trabajo con los niños. Pionero entre pioneros, como lo bautiza Sándor Lorand[3], Ferenczi fue para muchos de sus colegas un enfant terrible[4]. Freud, que reconocía su talento y su aguda mirada clínica, alguna vez lo llamó "mi hijo querido".

Ferenczi pre-analítico

Ferenczi publica, entre 1899 y 1907, sus textos conocidos como Los escritos de Budapest. Entre ellos queremos destacar "Espiritismo" (1899), "Dos errores de diagnóstico", "Conciencia y Desarrollo" (1900), "El Amor en las Ciencias" (1901), "La homosexualidad femenina" (1902), "El valor terapéutico de la hipnosis" (1904), "Acerca de la neurastenia", "Estados sexuales intermedios" (1905) y "Acerca del tratamiento por sugestión hipnótica" (1906). Recién recibido de médico, relata Roudinesco, Ferenczi trabajó en el Hospital Saint- Roch, en el cual, cuarenta años antes, Philippe Ignace Semmelweis había tratado de que se le reconociera su descubrimiento acerca del carácter infeccioso de la fiebre puerperal. "Lo mismo que su ilustre predecesor, Ferenczi se mostró muy pronto adepto a la medicina social. Siempre dispuesto a ayudar a los oprimidos, a escuchar a las mujeres en dificultades y a aliviar a los excluidos y a los marginales, asumió en 1906 la defensa de los homosexuales, en un texto valiente presentado a la Asociación Médica de Budapest. En él refutaba los prejuicios reaccionarios de la clase dominante, que tendían a señalar como responsables del desorden social a las personas denominadas uranistas". Llegó a ser representante del Comité Humanitario Internacional para la Defensa de los Homosexuales, fundado por Magnus Hirschfeld en 1897. Abogando por reformas legales, intentó sensibilizar a sus pares, oponiéndose a las perspectivas discriminadoras y homofóbicas propuestas por Krafft-Ebing y Möebius, en especial a la consideración de la homosexualidad como una enfermedad degenerativa.

Es en 1907 que Ferenczi llega al psicoanálisis, luego de haber tenido noticias de los experimentos de Jung con asociaciones de palabras. Al mismo tiempo, vuelve a leer y a revalorizar La interpretación de los sueños. A partir de ese momento, la vida del vulnerable húngaro quedaría, hasta el fin de sus días, ligada al psicoanálisis. El psicoanálisis, por su parte, quedará para siempre ligado a él.

Lélekelemzés

Entre 1908 y 1909 escribe seis trabajos que tienen como intención difundir a la aún joven ciencia en el mundo de los médicos húngaros. Cuando los recopila los bautiza con el término de Lélekelemzés, nombre con el que traduce al húngaro la palabra Psychoanalyse creada por Freud. Lélekelemzés significa "Cura del alma" o "Estudio del alma". A la vez que lo invita a presentar su trabajo, Freud le pide que le agregue la palabra "psicoanálisis". Ferenczi aceptó, rebautizando a su recopilación: Estudio del alma: ensayos en el campo del psicoanálisis. El pedido del creador de la "cura por la palabra" resulta significativo[5]. ¿Si había elegido para su ciencia la conjunción de las palabras griegas Psykhe y Análysis, por qué parecía ahora renegar de ellas? Psykhe

-anima en latín- significa soplo, aliento, mientras que "psíquico" remite a anímico, espiritual, del alma. "Análisis" hace referencia, en uno de sus sentidos, a la acción de desatar, soltar. La psicología, por su parte, es el tratado de las funciones del alma.[6]

Ferenczi tuvo, desde el principio de su encuentro con el psicoanálisis y hasta el final de su vida, muy claro que esta ciencia es el estudio y la cura del alma humana. Es por esta razón que de su Lélekelemzés queremos destacar especialmente uno de los ensayos, Psicoanálisis y pedagogía, su carta de presentación ante la comunidad psicoanalítica, en tanto Freud lo invitó para que lo leyera en el Primer Congreso Internacional de Psicoanálisis realizado en Salzburgo en 1908. Allí Ferenczi pronuncia estas palabras, lamentablemente, muy vigentes:

El estudio de las obras de Freud y los análisis efectuados personalmente pueden convencer a cualquiera de que una educación defectuosa no sólo es fuente de defectos caracterológicos, sino también de enfermedades, y de que la pedagogía actual constituye un auténtico caldo de cultivo para las neurosis más diversas. Pero el análisis de nuestros enfermos nos conduce, a pesar nuestro, a revisar nuestra propia personalidad y sus orígenes; estamos convencidos de que la educación guiada por las más nobles intenciones[7] y realizada en las mejores condiciones -fundada sobre principios erróneos aún en vigor- ha influenciado nocivamente y de múltiples maneras el desarrollo natural; si a pesar de todo conservamos la salud, lo debemos seguramente a nuestra constitución psíquica más robusta y resistente de lo normal. De todas formas, aunque no hayamos enfermado, muchos sufrimientos psíquicos inútiles pueden ser atribuidos a principios educativos impropios; y bajo el efecto de la misma acción, la personalidad de algunos de nosotros ha resultado incapaz de disfrutar sin inhibición de los placeres naturales de la vida.

Ferenczi va aún más lejos cuando afirma que la pedagogía cultiva la negación de las emociones y de las ideas: "La pedagogía obliga al niño a mentirse a sí mismo, a negar lo que sabe y lo que piensa. El principio de la pedagogía actual es difícil de definir. Se parece mucho a la mentira. Pero mientras que los mentirosos y los hipócritas ocultan las cosas a los demás o les muestran emociones e ideas inexistentes, la pedagogía obliga al niño a mentirse a sí mismo, a negar lo que sabe y lo que piensa.” Continúa luego con una reflexión que alude a lo que Winnicott, tiempo más tarde, llamará "verdadero self":

Los sentimientos y las ideas rechazadas de este modo, inmersas en el inconsciente, no quedan sin embargo suprimidos; a lo largo del proceso educativo se multiplican, crecen y se aglomeran en una especie de personalidad distinta escondida en las profundidades del ser, cuyos objetivos, deseos y fantasías están en general en contradicción absoluta con los objetivos y las ideas conscientes.

Es comprensible que las ideas del "peculiar, soñador y sensitivo"[8] psicoanalista húngaro sean desmentidas: cuestionan, desde sus raíces, los principios educativos postulados por el "docto" Schreber:

Ferenczi aboga por una reforma pedagógica que permita evitar el rechazo de las propias ideas y emociones. Pensando, como solía hacer Freud, en las posibles objeciones a las reflexiones que ofrece, Ferenczi las contesta una por una. A la probable argumentación de que estaría fomentando el egoísmo, responde que el peligro reside, en realidad, en la hipocresía.[9]

El análisis psicoanalítico no conduce al reino desenfrenado de los instintos egoístas, inconscientes y a veces incompatibles con los intereses del individuo, sino a la ruptura con los prejuicios que dificultan el conocimiento propio, a la comprensión de los motivos hasta ahora inconscientes y a la posibilidad de un control de los impulsos que se han convertido en conscientes.

Concluye su trabajo sosteniendo la necesidad de fundar una pedagogía que se base sobre la comprensión y la eficacia, no sobre dogmas.

En el prefacio a las Obras Completas de Ferenczi, Michaël Balint nos informa que Psicoanálisis y pedagogía fue, en vida de su autor, solamente publicado en húngaro. A pesar de ser el fruto de la primera reflexión sobre pedagogía escrita por un psicoanalista, el texto quedó enterrado en la ignorancia y el olvido. Es Balint quien produce su exhumación, al traducir y publicar las obras completas de su maestro.

Entre otros aportes que Sándor Ferenczi hizo a nuestra ciencia se halla su insistencia, ante Freud, de la necesidad que los analistas atraviesen un período de auto conocimiento profundo de sí mismos, aún más completo que el de sus pacientes. Análisis llamado, por algunos, didáctico.[10]

Psicoanálisis con el niño que habita en el adulto

En 1929, en su trabajo Principio de Relajación y neocatarsis, Ferenczi relata: "Discutiendo con Anna Freud sobre algunas medidas técnicas, me planteó ella esta oportuna cuestión: 'Trata usted a los pacientes como trato yo a los niños en mis análisis infantiles.' Tuve que darle la razón." Es que en esos tiempos Ferenczi ya sabía que, atendiendo pacientes graves, era imprescindible que él se saliera de ciertos moldes: "Durante mi larga práctica analítica, me he hallado constantemente en trance de infringir algunos de los consejos técnicos de Freud". A veces, los pacientes de Ferenczi, en lugar de quedarse obedientemente tendidos sobre el diván, se levantaban de golpe, caminaban por el consultorio y le hablaban mirándolo a los ojos. Eran personas que necesitaban que la sesión se prolongara, que él las atendiese en sus domicilios o que les diera más de una sesión por día. Seres de una gran labilidad emocional que estaban atravesando momentos difíciles y recordando situaciones traumáticas. Ferenczi tenía que crear, como los analistas de niños, una técnica distinta a la utilizada por Freud con sus pacientes adultos neuróticos. Para eso, le era necesario transgredir. De esta demanda, originada en la clínica, nació la tan cuestionada -inclusive por el mismo Freud- "técnica activa" ferencziana.

Otro de los escritos para comentar, imprescindible para dar cuenta del aporte que Ferenczi hizo al psicoanálisis, es la conferencia que dio en 1931 en la Asociación Psicoanalítica de Viena: Análisis de niños con adultos. Reconoce, en primer lugar, la labor pionera en el análisis infantil de Hermine Hug Hellmuth[11], para luego valorizar los aportes de Melanie Klein, de Anna Freud y de August Aichhorn.

En lo que me concierne, no he tenido demasiados contactos con niños en el psicoanálisis y ahora estoy sorprendido al tropezarme con este problema por un camino distinto. ¿Cómo he llegado a él? (...) Al tener una especie de fe fanática en las posibilidades de éxito de la psicología de las profundidades, he considerado los eventuales fracasos más como una consecuencia de mi escasa habilidad que como fruto de la "incurabilidad", hipótesis que me ha conducido necesariamente a modificar la técnica en aquellos casos difíciles que resultaban imposibles de proseguir con la técnica habitual.

Ferenczi explica que utiliza con sus pacientes "difíciles" y en estados muy regresivos, técnicas propias del análisis infantil. Se encuentra, así, con el niño que aún existe en el adulto y comprueba no sólo que éste puede comportarse como una pequeña criatura, sino también que el analista puede tomar, por obra de su contratransferencia, un rol similar al que los padres y educadores asumen frente a los niños:

Es innegable que los niños son influenciables, que tienden a apoyarse sin resistencia sobre alguien "grande", en sus momentos de debilidad, que existe un elemento de hipnosis en la relación entre niños y adultos, y hay que acomodarse a esta realidad. Así que el gran poder que los adultos tienen frente a los niños, en vez de utilizarse, como se hace a menudo, para imprimir nuestras rígidas reglas en el psiquismo maleable del niño, podría ser utilizado para educarlos con mayor independencia y con mayor sentido de la responsabilidad.

Muchos de los pacientes a los que Ferenczi alude habían sido víctimas, durante su infancia, de situaciones traumáticas ocasionadas por abuso sexual. El psicoanalista húngaro continuará con este controvertido tema en Reflexiones sobre el traumatismo[12], en su Diario Clínico y en 1932, al comunicar su muy polémica conferencia Confusión de lenguas entre los adultos y el niño. El lenguaje de la ternura y el de la pasión. [13] En esta ocasión afirma:

Nunca se insistirá bastante sobre la importancia del traumatismo y en particular del traumatismo sexual como factor patógeno. Incluso los niños de familias honorables de tradición puritana son víctimas de violencias y violaciones mucho más a menudo de lo que se cree. Bien son los padres que buscan un sustituto a sus insatisfacciones de forma patológica, o bien son personas de confianza de la familia (tíos, abuelos), o bien los preceptores o el personal doméstico quienes abusan de la ignorancia y la inocencia de los niños.

Más adelante, Ferenczi dice que esos adultos con predisposiciones patológicas confunden los juegos y conductas de los niños con los deseos de una persona sexualmente adulta, confusión que los lleva a abusar de las criaturas. El niño puede intentar protestar, pero a la larga es vencido por la fuerza y la autoridad aplastante del adulto. Llevado por el temor y la indefensión, se doblega a la voluntad del agresor y lo introyecta, para poder seguir sosteniendo con él un vínculo de ternura. A este mecanismo de defensa psíquico Ferenczi lo llamará “identificación con el agresor”. Suele atribuírsele a Anna Freud la creación de este concepto. En su Diccionario de Psicoanálisis, Laplanche y Pontalis lo definen:

Mecanismo de defensa aislado y descrito por Anna Freud (1936): el sujeto, enfrentado a un peligro exterior (representado típicamente por una crítica procedente de una autoridad, se identifica con su agresor, ya sea reasumiendo por su cuenta la agresión en la misma forma, ya sea imitando física o moralmente a la persona del agresor, ya sea adoptando ciertos símbolos de poder que lo designan. (...)

 

Un poco más adelante, los autores del Diccionario mencionan a Ferenczi diciendo que cuando éste utiliza el término identificación con el agresor lo hace en un sentido muy especial: la agresión a la que se hace referencia es el atentado sexual del adulto, que vive en un mundo de pasión y de culpabilidad, sobre el niño que se supone inocente. El comportamiento descrito como resultado del miedo es una sumisión total a la voluntad del agresor; el cambio provocado en la personalidad es "(...)la introyección del sentimiento de culpabilidad del adulto". (Ferenczi, 1932).

Laplanche y Pontalis han leído mal. Si Ferenczi habla de la identificación con el agresor en 1932, no puede haber sido Anna Freud la responsable de "aislar y describir" ese mecanismo de defensa en 1936, año en el que publica su libro El yo y los mecanismos de defensa. Más aún, leyendo atentamente el capítulo IX, titulado precisamente La identificación con el agresor, podemos discernir que, aunque Anna Freud no se refiera en este trabajo a casos de abuso sexual, la descripción que hace es muy similar a la de Ferenczi. Por otra parte, en su larga trayectoria como psicoanalista de niños, ella tuvo la ocasión de comprobar casos de abuso y a ellos se refirió en varios de sus trabajos. La hija de Freud tuvo un gesto claro de reconocimiento hacia Ferenczi cuando, con relación a las innovaciones técnicas del psicoanalista húngaro -es decir, la técnica activa- el 29 de noviembre de 1931 le escribe a Lou Andreas-Salomé: No me preocupa, en tanto y en cuanto quien practique este método sea Ferenczi porque tiene la necesaria moderación, pero otros no deberían ponerlo en práctica. Mucho me temo que Ferenczi se va a alejar pronto de nosotros y a encerrarse. Anna sabía que el sensible y talentoso Sándor se veía condenado al ostracismo pero, desmintiendo lo que sus sentidos y su comprensión le señalaban, ella prefería creer que se trataba de un camino elegido en lugar de ser efecto del obligado exilio provocado por la discriminación de su padre y de Jones. El que alguna vez fuera reconocido como Visir Secreto, fue señalado, al fin de sus días, como cabeza de turco.[14]

Víctima de una anemia perniciosa, Ferenczi murió en mayo de 1933, con la promesa de Ernest Jones de publicarle Confusión de lenguas entre los adultos y el niño en la International Journal of Psyco-Analysis. Poco antes de morir Ferenczi, Freud le escribe a Jones una carta en la que dice que una paciente de Sándor, la señora Severn, parecía haberle provocado a su analista una pseudología phantástica.[15] En junio, Jones le contesta diciéndole que la "paranoia"[16] de Ferenczi se había puesto en evidencia “a la vista de su último articulo para el congreso” y que veía contraproducente publicar, ahora que él había muerto, su último artículo, ya que sería un perjuicio y un descrédito para el propio autor. Y agrega: “Sus postulados científicos y sus declaraciones sobre la práctica analítica no constituyen más que una sarta de errores que solamente sirven para desacreditar al psicoanálisis y dar pábulo a sus enemigos”. El polémico y valioso trabajo en el que Ferenczi no solamente denuncia sino que, además, teoriza acerca de la frecuencia del abuso sexual contra la infancia, fue conocido recién en 1949, gracias a Michaël Balint.

No traducir, no publicar, no pensar

En su Prólogo al Diario Clínico[17] de Ferenczi, Judith Dupont [18] relata que para Balint era imperiosa la necesidad de que, tanto la Correspondencia Freud-Ferenczi (1921-1932) como el Diario Clínico aparecieran juntos, en tanto son textos que se complementan, esclareciendo uno al otro. Si pasó mucho tiempo para conocerse en Francia, al español todavía no ha sido traducida. Luego de la muerte de Etcheverry, pareciera que Amorrortu ha desistido de la edición de estos textos, tan prometidos como esperados. ¿Será que la editorial no los encuentra redituables? ¿Quiénes leerían este epistolario? Atravesados primero por las ideas kleinianas y luego por la lacanianas, parecería que los psicoanalistas argentinos no tenemos ni tiempo ni interés para leer a Ferenczi, fenómeno que no sucede en otros países. Tanto en España como en Francia las ideas del talentoso húngaro son, desde hace muchos años, descubiertas y valorizadas.[19] De modo similar, en su colaboración al libro Grandes Psicoanalistas, compilado por Nasio, This se pregunta, en 1996, por qué, si la correspondencia entre Freud y Ferenczi

-1236 cartas- duró un cuarto de siglo, no fue traducida durante tanto tiempo al francés: "¿Censura, prohibición de leer?" La hipótesis de This es acertada, es indudable que de eso se trata. Y que para derrotar a esa censura, paradojalmente, la única forma que tenemos es leer, indagar e insistir para que la publicación de la Correspondencia se realice. Nadie nos puede negar el derecho a pensar.

Notas

[1] Para el conocimiento de la vida y obra de Sándor Ferenczi han sido inestimables los aportes brindados por Jiménez Avello, Genovés Candioti y colaboradores en Para leer a Ferenczi.

2 La Escuela Inglesa, creada a partir de las ideas de Melanie Klein, le dio al psicoanálisis argentino una impronta fundamental. Posteriormente, a partir de los años setenta, desembarcaría en nuestras tierras la teoría de Lacan. Si utilizo la palabra "invasión" para caracterizar ambos procesos es con la intención de enfatizar que, tanto la teoría kleiniana como la lacaniana, fueron utilizadas, por algunos psicoanalistas, como instrumentos de poder. Los dogmatismos desvirtúan a una ciencia, la empobrecen en tanto censuran otros conocimientos, produciendo una suerte de monopolio teórico.

3 En Historia del psicoanálisis. Tomo I, capítulo II, Sándor Ferenczi. Un pionero entre pioneros.

 

4 En su polémico ensayo Análisis de niños con adultos (1931) dice Ferenczi: "Soy conocido como un espíritu inquieto, o, según me han dicho recientemente en Oxford, como el enfant terrible del psicoanálisis."

5 En 1890 Freud publica en el manual de medicina Die Gesundheit (La salud) el artículo Psichische Behandlung (Seelenbehandlund), Tratamiento psíquico, tratamiento del alma. La salud era una obra de divulgación que reunía colaboraciones de distintos autores. Dice: "Psique" es una palabra griega que en alemán se traduce "Seel" (alma). Según esto, "tratamiento psíquico" es lo mismo que "tratamiento del alma". Podría creerse, entonces, que por tal se entiende tratamiento de los fenómenos patológicos de la vida anímica. Pero no es éste el significado de la expresión. "Tratamiento psíquico" quiere decir, más bien, tratamiento desde el alma -ya sea de perturbaciones anímicas o corporales- con recursos que de manera primaria e inmediata influyen sobre lo anímico del hombre. Un recurso de esa índole es, sobre todo la palabra, y las palabras son, en efecto, el instrumento esencial del tratamiento anímico.

 

6 La traducción es un tema esencial y siempre controvertido en la historia del psicoanálisis. En Freud y el alma humana, Bruno Bettelheim dice: Muchos que, como yo, tienen al alemán como lengua materna y emigraron a los Estados Unidos a mitad de su vida están disconformes por cómo se han vertido al inglés las obras de Freud. El número de imperfecciones y de errores categóricos es enorme. (...) En su mayoría, las traducciones se concluyeron en vida de Freud y fueron aceptadas o, al menos, indultadas por él. (...) En su obra y en sus escritos, Freud suele hablar del alma: de su naturaleza y de su estructura, de su desarrollo, de sus atributos, de cómo se revela en todo lo que hacemos y soñamos. Por desgracia, nadie que lo lea en inglés puede sospecharlo, pues casi todas sus abundantes referencias al alma y a sus cuestiones, han sido extirpadas en la traducción. El rastreo de la palabra alma lo lleva a Bettelheim por el camino del mito. La historia de Psiquis, afirma, pudo atraer a Freud porque "este personaje hubo de penetrar en los infiernos y recuperar allí algo antes de alcanzar la apoteosis. De manera similar, Freud también tuvo que atreverse a entrar en los infiernos -en su caso los infiernos del alma- para conseguir su iluminación". Acompañando a Bettelheim en sus reflexiones, agrego que las traducciones demasiado "traidoras " y la sugerencia de Freud hacia Ferenczi tienen como intención cometer un nuevo "asesinato del alma". En este caso, el almicidio sería dirigido hacia las mismas raíces del psicoanálisis, en tanto se viola su espíritu creativo, subversivo y romántico.

7 En su libro Por tu propio bien: Raíces de la violencia en la educación del niño, Alice Miller utiliza, de manera irónica, esa conocida frase que da nombre a su libro, aludiendo a las crueldades e injusticias que se cometen con el niño en nombre de la educación. Las palabras de Ferenczi, "las más nobles intenciones", tienen un significado similar.

8 El 16 de abril de 1968 Anna Freud dio una conferencia en el Instituto Psicoanalítico de Nueva York. Gracias a Kart Fallend tenemos conocimiento que, en esa conferencia, "la habitualmente muy discreta ‘Gran Dame’ del Psicoanálisis, se mostró como aguda crítica”. La heredera de Freud se refirió a las dificultades dentro del propio mundo psicoanalítico, aquellas que se presentan con relación a otras posturas psicoterapéuticas y a la atracción que el psicoanálisis seguía ejerciendo, allá por los años sesenta, entre los futuros estudiantes, los alumnos y el público en general. Fascinación de un psicoanálisis que, a comienzos del siglo XX, era considerado “un arma e impulso revolucionario en la liberación de las barreras sociales y la moral burguesa, y allí se encontraban outsiders: personas no convencionales, inconformistas, cuestionadoras y sedientas de saber”. Entre esas personas, Anna decía -con nostalgia- en su conferencia: Existían también seres humanos fuera de lo común, peculiares, soñadores, sensitivos, que habían experimentado en su propia persona la desdicha neurótica. Lo que dejaron en sus producciones escritas da testimonio de su capacidad para el trabajo analítico. A pesar de esto, sólo una minoría de ellos buscaría y encontraría hoy en día acogida en nuestros institutos de enseñanza psicoanalítica. Anna denuncia un hecho que sigue siendo actual: en muchas instituciones psicoanalíticas, sobre todo en las "oficiales", le es negado el acceso a toda persona que presente aquellos

atributos tan valorados por ella. Es casi desde su creación que hubo en el psicoanálisis dos movimientos contrarios, tanto desde su ideología como en su técnica: uno conservador y reaccionario, que encierra en sus entrañas al mismo espíritu autoritario y fascista del eminente doctor Daniel Gottlieb Moritz Schreber y otro movimiento, subversivo, creativo y democrático, que puebla con sus ideales el alma de aquellos psicoanalistas que poseen una verdadera vocación de servicio. En nuestros días, siguen vigentes las observaciones de Anna Freud. Los analistas que, sin duda, ella nos autorizaría a adjetivar de petulantes, oportunistas e insensibles, no solamente hacen del psicoanálisis un lugar de poder sino que son, además, algunos de los responsables del desprestigio que sufre esta ciencia en nuestros días.

9 Referido al tema de la hipocresía en torno a lo sexual, Ferenczi emite una categórica afirmación: Nadie desea oír hablar de lo que cada cual hace. El parecido de esta frase con una de Foucault nos pareció más que significativo: Casi nadie sabe que casi todo el mundo lo hace. El filósofo francés se refiere a ese secreto universal de la masturbación: secreto compartido por todo el mundo, pero que nadie comunica nunca a ningún otro. ( Michel Foucault: Los anormales.)

10 Elizabeh Roudinesco rescata la figura del talentoso psicoanalista húngaro haciéndonos notar que Ferenczi buscaba en el psicoanálisis el modo de aliviar el sufrimiento de sus pacientes. De modo que las grandes hipótesis generales lo atraían menos que las cuestiones técnicas. Era más inventivo que Freud en el análisis de las relaciones con el otro. En una carta de 1908, descubrió la existencia de la contratransferencia, al explicarle a Freud su tendencia a considerar los asuntos del paciente como suyos propios. Dos años después, Freud conceptualizó la noción para hacer de ella una apuesta esencial en la situación analítica. Es decir que la correspondencia epistolar entre los dos hombres

tenía la función de hacer surgir nuevas problemáticas que después servían para nutrir la doctrina común.

11 Hermine von Hug-Hellmuth (1871-1924) fue no solamente una de las primeras mujeres en ingresar a la Universidad de Viena, sino que también formó parte del grupo inicial de analistas que participaron en los tiempos en que el psicoanálisis nacía. Debido a haber sido la tercera mujer aceptada (1913) en la Sociedad Psicoanalítica de Viena -la primera, Sabina Spielrein y la segunda, Margarethe Hilferding- y que creó la terapia del juego, puede ser considerada una pionera en el análisis de niños. Sigmund Freud la respetaba mucho, de allí que publicara varios de sus trabajos en la editorial de la Asociación Psicoanalítica. La confianza de Freud también se evidencia en que, además, le derivó a su propio nieto Ernst, uno de los hijos de Sophie. Sin embargo, resulta significativo que ninguno de los trabajos de esta autora hayan sido publicados en la Revista de la Asociación Psicoanalítica Argentina ni, por lo que sabemos, en ningún otro medio de habla castellana. Sí se encuentran en otras publicaciones y fueron traducidas, además, del alemán al inglés y al francés. No poder leerla en nuestro idioma es otra forma de ignorarla. ¿La razón? Tal vez más de una. Por un lado, "las invasiones inglesas", que recortaron lo que sí debíamos leer y lo que era mejor que ignoráramos. Pero la motivación más potente es el descrédito que podía darle al psicoanálisis el episodio de la trágica y sórdida muerte de Hug-Hellmuth en manos de su sobrino Rolf Hellmuth, de dieciocho años. El 24 de septiembre de 1924 encontraron a Hermine muerta en el sofá de su departamento. Había sido estrangulada. En lo aparente, se trataba de un robo. Hermine hablaba desde hacía tiempo de su temor a ser víctima de violencia por parte de Rolf. Él le robaba y le exigía, cada vez con mayor cuota de agresividad, grandes sumas de dinero. En el juicio, Rolf manifestó ser una víctima "de los erráticos métodos educativos de su tía: a la ternura de un momento le seguía la severidad del siguiente" Sentenciado a doce años de prisión, cuando salió de la cárcel se presentó ante Paul Federn exigiendo una compensación económica por haber sido utilizado como sujeto de experimentación por la doctrina psicoanalítica. Federn se lo derivó primero a Eduard Hitschammn y luego a Helen Deutsch quien, con evidente ironía, escribe: "El psicoanalista fue de la opinión que una mujer analista sería mejor - ¡podía en efecto reemplazar a la tía muerta! Sugirió mi nombre". El sobrino de Hermine nunca se presentó en el consultorio, pero persiguió a Helen por las calles de Viena hasta que su marido contrató un detective para protegerla. De allí en adelante, no se supo nunca más de Rolf. La muerte de Hermine fue caldo de cultivo de chismes denigratorios motivados, en gran parte, por razones políticas. Muchos aprovecharon para culpar a los psicoanalistas no médicos, por ejemplo a Reich, acusado de ejercicio ilegal de la medicina. Los psicoanalistas legos, los que verdaderamente lograron el reconocimiento del psicoanálisis, fueron paradojalmente las víctimas de las acusaciones. Los kleinianos (con su canciller Jones a la cabeza) no se quedaron atrás y aprovecharon la trágica oportunidad para denigrar a los vieneses.

12 Artículo póstumo aparecido en 1934. Obras completas, Tomo IV.

13 Trabajo leído en el XII Congreso Internacional de Psicoanálisis.

14 Pierre Sabourin titula así su prefacio al Tomo IV de las Obras Completas de Sándor Ferenczi.

15 La antigua psiquiatría designaba con ese término a toda manifestación de un paciente considerada no creíble. El diccionario médico alemán Pschyrenbel define a la pseudología fantástica como la “invención de experiencias que tan sólo son cuentos de hadas". En torno al tema de la desmentida que hizo el mismo Freud acerca del abuso sexual y de las acusaciones que contra él hizo Krafft- Ebing, el lector interesado puede recurrir al texto "Abuso sexual: Violencia de la desmentida", de mi autoría, y al libro de Masson.

16 Es absolutamente inexacto y tendencioso el diagnóstico de Jones. Los testimonios de Balint, Sambourian, Jiménez Avello y Genovés Candioti -entre tantos otros- nos brindan una versión distinta y sin segundas intenciones. Ellos hablan desde la verdad histórica.

17 En la Argentina aparecieron dos ediciones del Diario Clínico de Ferenczi La primera en 1988, publicada por Conjetural, con una valiosa Introducción de Jorge Jinkis y traducción de Beatriz Castillo. Tiempo después, en 1997, Amorrortu lo edita con dos prólogos, el de Judith Dupont y el de Michaël Balint y con epílogo de Pierre Sabourian. La traducción del alemán al español, fue hecha por José Luis Etcheverry. En esta segunda oportunidad aparece con el nombre que originariamente le diera Balint: "Ohne Sympathie keine Heilung. Das klinische Tagebuch von 1932.". Sin simpatía no hay curación. El diario clínico de 1932. Los prólogos de ambas ediciones son de una lectura insoslayable.

18 Después de la muerte de Michaël Balint (1970), el psicoanálisis francés continuó su directo protagonismo en la revalorización de la obra de Ferenczi, a través de Judith Dupont, psicoanalista integrante de la Asociación Psicoanalítica Francesa. Al mismo tiempo, se editó en 1972 la Biografía sobre Ferenczi de Ilse Barande -un texto desconocido en la Argentina-. En la publicación de la "Correspondence: Freud/Ferenczi", también hubo una importante participación francesa gracias a Judith Dupont . Ella contó con la colaboración de Pierre Sabourin y Bernard This.

19 En 1993 se realizó en Budapest un Congreso Internacional sobre Ferenczi. En marzo de 1998 se hizo otro en Madrid. Éste fue organizado por la Asociación Psicoanalítica de Madrid, la Société Sándor Ferenczi, la Association Internationale d'Histoire de la Psychanalyse, la Fédération Européenne de Psychanalyse, la Association Psychanalytique Hongroise y el Institut Sándor Ferenczi de New York. La Revista Le Coq-Héron publicó algunos de los trabajos allí presentados en los números 154 y 155.

BIBLIOGRAFÍA

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* Psicoanálisis. Obras completas. Editorial Espasa-Calpe. Madrid.1984.

* Diario clínico. Editorial Conjetural. Buenos Aires. 1988.

* Sin simpatía no hay curación. El diario clínico de 1932. Amorrortu editores. Buenos Aires. 1997.

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· Rodrigué, Emilio: Sigmund Freud. El Siglo del Psicoanálisis. Editorial Sudamericana. Buenos Aires. 1996.

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· Internet: Se encuentran textos y una web sobre Sándor Ferenczi en La red psi en Internet: Psicomundo: www.psiconet.com

 

 

Isabel Monzón
Licenciada en psicología y psicoanalista
Socia titular de la Asociación de Psicólogos de Buenos Aires
Socia fundadora del Ateneo Psicoanalítico
imonzon [at] hotmail.com
Web: www.imonzon.com.ar

 
Articulo publicado en
Marzo / 2001

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