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Una rebelión juvenil conmueve al mundo

 
Cuando el 26 de octubre, víspera del fallecimiento de Néstor Kirchner, nos encontramos con Mariano Pacheco en la puerta de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, en oportunidad del inicio de las II Jornadas Subterráneas, no podíamos imaginar que el tema de la rebelión juvenil podía alcanzar tal magnitud. Sí pensamos en la toma de los colegios capitalinos, el rol de los secundarios y algunas facultades en la defensa de la educación pública, por supuesto en el reciente asesinato de Mariano Ferreyra defendiendo la causa de los trabajadores tercerizados, recordamos las muertes jóvenes que regaron las luchas de la última década en Gral. Mosconi, Corrientes, el 19 y 20 de diciembre, a Darío y Maxi… y entonces nos propusimos trabajar sobre juventud y política, de cómo una nueva generación juvenil comenzaba a dejar atrás la negra noche de la cultura neoliberal y retomaba el camino de los ’60 del siglo pasado. La movilización estudiantil europea y los acontecimientos del norte de Africa superaron todas nuestras hipótesis. Las notas siguientes son el fruto de aquel encuentro. Mario Hernandez

El futuro es hoy, aquí y ahora

 

En el régimen capitalista, la civilización, la libertad y la riqueza hacen pensar en un rico harto de comida que pudre todo lo vivo y no deja vivir lo que es joven. Pero lo que es joven crece y alcanza la cumbre pase lo que pase.

Lenin

 

Las revueltas del norte de Africa, principalmente en Túnez y Egipto, y el papel jugado por la juventud, han puesto puntos suspensivos y alejado momentáneamente de los medios, a un proceso que podríamos calificar junto a Franco Berardi, “Bifo”, de “una suerte de insurrección europea”[i].

 

Francia

 

Setiembre/Octubre 2010. La participación de los jóvenes en el movimiento de protesta por la reforma de las jubilaciones. Las manifestaciones reúnen a bachilleres del centro de las ciudades y de los barrios periféricos, a alumnos de diferentes edades, algunos muy jóvenes. También chicas y mujeres jóvenes enfrentándose a la policía. Una parte se moviliza claramente por el tema de las jubilaciones porque temen que el retraso en la edad de jubilación de sus mayores disminuya el número de puestos que quedarán para los recién llegados al mercado de trabajo, pero por encima hay una exasperación política, alimentada por el contraste entre los planes de salvamento de los bancos y los sacrificios requeridos a la población trabajadora. Se trata de una coalición de estudiantes con ferroviarios, empleados públicos y privados, profesores, empleados administrativos, estibadores del puerto, jubilados y desempleados.

“No queremos que nuestros padres se mueran trabajando, y nosotros no nos queremos secar bajo el sol buscando casa y trabajo”, dice un muchacho de 19 años. “Creían que en la economía inmaterial ya no había más trabajadores, ni manos curtidas, ni estudiantes en la miseria, ni responsabilidad colectiva a la hora de defender los derechos”, explica Arnauld, un estudiante de segundo año de química. “Somos la parte que los especialistas en estadísticas no tomaron en cuenta”, agrega Michel, otro estudiante de la misma materia. “Hay 25 % de desempleo entre los jóvenes, y el gobierno quiere hacer trabajar a la gente hasta los 70 años. ¡Una locura!”. “Por eso hemos venido con los sindicatos”, comenta Lucie, una joven recién ingresada a la Universidad. “Estamos hartos del cinismo, de la arrogancia del gobierno, de las injusticias permanentes, de ver cómo hacia arriba se viola la ley y hacia abajo nos ponen presos por cualquier insignificancia.” [ii]

Detrás de la confrontación social por las jubilaciones, hay un fenómeno de proporciones dramáticas: la juventud francesa atraviesa un período negro con tasas de desempleo por encima de las normales, niveles de pobreza drásticos y exigencias carcelarias para encontrar una vivienda. “Juventud sacrificada”, “generación perdida”, “futuro sin trabajo y sin casa”, “juventud excluida”, los calificativos que retratan el panorama de los jóvenes en Francia son un catálogo del pesimismo que se instaló en las nuevas generaciones.

Los datos son un espejo de ese desaliento. En 2010, 24 % de los jóvenes activos estaba sin trabajo mientras que la tasa de pobreza entre los jóvenes de 20 y 29 años llegaba al 11 %. “Es una generación perdida”, dijo la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en un informe de agosto de este año. Si se comparan los niveles de desempleo mundiales con el francés, el calificativo no es exagerado: 13 % contra casi el 25 % en Francia.

El ingreso en la vida activa de los jóvenes es a menudo una carrera de obstáculos y humillaciones. “Nos plantean exigencias delirantes. Si buscamos trabajo nos requieren 5 años de experiencia, y si buscamos casa nos imponen salarios que sólo una persona que lleva años en la vida activa puede ganar. Es un círculo vicioso en el que la miseria gana cada vez más terreno”, cuenta Valentine, una informática de 23 años que lleva más de un año buscando trabajo y dos sin encontrar una vivienda. Estas dificultades “básicas” se incrementan en proporciones de exclusión demoledoras si el joven es hijo de inmigrados, tiene un nombre árabe o rasgos de otras latitudes.[iii]

 

Reino Unido

 

El 10/11 más de 40 mil estudiantes y docentes de los sectores universitario y terciario recorrieron las calles de Londres y paralizaron el centro de la ciudad desde el mediodía hasta finales de la tarde para expresar su oposición a los recortes en el presupuesto educativo. La protesta, que fue convocada por el sindicato de estudiantes (NUS) y de docentes (UCU) fue la más grande en generaciones y dejó en claro que los trabajadores y estudiantes no están dispuestos a pagar una crisis que ellos no crearon. A pocos días de haber anunciado un drástico paquete de medidas de recorte, el gobierno dio a conocer su decisión de triplicar, a partir de 2012, los aranceles universitarios -ya inaccesibles para los hijos de los trabajadores y la población de menores ingresos-. El gobierno de la alianza conservadora liberal anunció su plan de recortar el presupuesto universitario en un 40% para el año 2014. Desde que se conoció la medida se han visto varias protestas de estudiantes universitarios, incluyendo ocupaciones de sedes universitarias. En Irlanda se vio una de las manifestaciones de estudiantes más numerosa de los últimos tiempos.

Los carteles decían: ¡Impuestos a los ricos, no a los estudiantes! ¡La educación es un derecho! ¡Que la crisis la paguen los capitalistas no los estudiantes! ¡Universidad para todos! ¡Educación gratuita, ya!

Pero los estudiantes no están solos. También en noviembre los trabajadores del subterráneo londinense y los periodistas de la BBC salieron a la lucha en una clara señal de oposición a los ataques implementados por sus patronales.

En el marco de los drásticos recortes en el sistema de beneficios y ayudas sociales y la pérdida de más de un millón de puestos de trabajo en el sector estatal, anunciados por el gobierno de la alianza conservadora-liberal, el desempleo juvenil alcanzó récord en el Reino Unido. La cifra total de adultos menores de 25 años que carecen de un puesto laboral ronda el millón de británicos, de acuerdo con datos de la Oficina Nacional de Estadísticas (ONS) al cierre de noviembre último, publicados por el diario The Guardian.En la actualidad, la tasa de desempleo juvenil alcanza el 20,3 %, el nivel más alto desde que comenzaron los registros en 1992. 

Italia

 

En diciembre se votó la reforma de la Universidad. Así describe Marco Revelli a los jóvenes participantes de masivas movilizaciones de protesta: “Los protagonistas del martes (21.12) eran en gran parte menores de edad que no pueden decodificarse con ninguna de las claves del análisis político y social anterior. Son hijos del bienestar interrumpido, la generación «futuro cero». Pondré un ejemplo. En Turín, el Politécnico siempre había sido una escuela de élite y un lugar de orden. De él salían ingenieros formados dentro del horizonte de la gran empresa, que asumían sus códigos de funcionamiento. Eran los custodios del saber del gran capitalismo.

Pues bien, hoy el Politécnico es el más radicalizado. He oído hablar a investigadores e ingenieros y me parecía estar oyendo a los obreros de Mirafiori de los años ochenta. Fuerza de trabajo utilizada en un gran ciclo a la que de repente se priva de derechos y orgullo para arrojarla a un segmento periférico.

El otro día, delante del aula magna, había una pancarta que decía: «Nos habéis quitado demasiado, ahora lo queremos todo». Los recursos se han esfumado en los grandes circuitos financieros globales, están deslocalizados.”[iv]

 

Puerto Rico y Wisconsin (EE. UU.)

 

Desde diciembre los estudiantes puertorriqueños cumplen una huelga contra el aumento del 300% de la matrícula universitaria. En un comunicado, los empleados de la UPR manifestaron su solidaridad con los universitarios en huelga, criticaron además el intento del gobierno de descalificar la huelga estudiantil y aseguraron en nota a la prensa que la intención de los alumnos es luchar por el "derecho de todos los puertorriqueños a una educación universitaria pública y el acceso al ofrecimiento de labores académicas e investigativas de calidad".

El sábado 26 de febrero, más de cien mil personas se concentraron en Madison, Wisconsin, para manifestarse en contra de la iniciativa del gobernador republicano Scott Walker para eliminar los derechos a la negociación colectiva de la mayoría de los empleados públicos. Se trata de la manifestación más grande acaecida en Madison desde la guerra de Vietnam. Decenas de miles de personas marcharon en manifestaciones de solidaridad en todo el país. En Nueva York, miles se reunieron en una concentración para "Salvar el sueño estadounidense" en las afueras de la municipalidad.

Multitudes de varios miles de personas también se congregaron en Chicago, Columbus, Los Ángeles y Denver, entre otras ciudades. En Wisconsin, centenares de manifestantes desafiaron las órdenes de la policía y durmieron en el interior de la sede del gobierno el domingo por la noche, a pesar de la orden de Walker de que abandonaran el lugar. La policía de la sede del gobierno decidió no hacer cumplir la orden de Walker luego de que centenares de activistas sindicales, estudiantes y manifestantes insistieron en permanecer allí.

El cineasta norteamericano Michael Moore se sorprendía de la participación estudiantil en las multitudinarias movilizaciones: “¿Qué les parece eso de que cientos de estudiantes de secundaria de Wisconsin hayan abandonando las clases hace cuatro días y hayan ocupado ahora el edificio gubernamental del Capitolio y sus jardines en Madison para pedir que el gobernador detenga sus ataques a los profesores y a otros trabajadores estatales?

Yo tengo que decir que es una de las cosas más extraordinarias que he visto en años. Ahora estamos viviendo uno de los momentos más asombrosos de la historia. Y este momento ha llegado porque todos los jóvenes del mundo han decidido que ya han tenido bastante.”

 

¿De vuelta a mayo del 68?

 

Era la pregunta que comenzaban a hacerse varios analistas de la rebelión juvenil en Europa[v] cuando aquélla pasó a alimentar el fuego de las revueltas árabes.

El mayo francés del 68 fue un levantamiento masivo en un país del capitalismo avanzado después de 20 años en condiciones de prosperidad imperialista. Este no es el caso por la actual crisis que atraviesan las economías avanzadas. En la actualidad la repartición de la renta nacional es el eje de la disputa. En el pasado lo fue el cambio o mantenimiento de las estructuras capitalistas en las fábricas, en la economía y en toda la sociedad burguesa. La huelga general contra los aparatos políticos y sindicales de la clase obrera y contra el poder fue la expresión de la ruptura entre la clase obrera y sus dirigentes. Tampoco la situación ha llegado a este punto.

Sin embargo, se tratan de imponer límites al acceso a los estudios superiores, reservando la Universidad a las futuras élites dirigentes. El adolescente que termina un aprendizaje profesional o estudios superiores no es esperado como fuerza de trabajo socialmente deseada. Los empleos son escasos y sin relación con el nivel cultural. Los estudios dejan de ser un derecho, son un privilegio. Un lujo que se paga. Se trata de contradicciones que no podrán ser reabsorbidas ni atenuadas por el sistema en los años por venir. De allí que la radicalización de la generación de menos de 25 años sea un fenómeno mundial y que sus temas sean convergentes, lo que indica el carácter fundamental y no circunstancial del movimiento. La dominación del capital se ha hecho inaceptable para el mundo juvenil.

Sumado a todo esto, las movilizaciones juveniles en Europa, el norte de África y América retoman una de las características centrales de Mayo del 68: la unidad obrero-estudiantil. Dimos varios ejemplos a lo largo del artículo. Nos interesa finalizar destacando los párrafos finales del manifiesto de los estudiantes de Rennes 2 a los trabajadores, parados y precarios de los países de la UE[vi]:

“Ferroviarios belgas, siderúrgicos castellanos, portuarios marselleses, intermediarios griegos, interinos, precarios e indeseables de todas partes, vuestra lucha es la nuestra. En todas partes debemos responder de forma solidaria y coordinada a cada ataque de cualquiera de nuestros oligarcas nacionales más o menos cómplices de los comisarios y de los banqueros europeos.

Para detener las contrarreformas y los planes rigurosos, por la mejora de nuestras condiciones de vida, por una política de apertura y solidaridad con relación a los emigrantes y proletarios de todos los países, organicemos en todas partes comités de lucha, asambleas generales interprofesionales, brigadas de piquetes volantes coordinados paso a paso más allá de las fronteras. Bloqueemos la Europa del capital, desbloqueemos la Europa-fortaleza, librémonos de los Sarkozy, Merkel, Barroso ¡y Berlusconi! Huelga general indefinida! ¡Bloqueo económico!”.

 

Mario Hernandez

Sociólogo

revistalamaza [at] hotmail.com

 

Notas

 

[i] Las luchas estudiantiles no son una explosión pasajera, sino el inicio de un largo período que marcará el próximo decenio, una suerte de insurrección europea. (Franco Berardi, Bifo, “Seré sintético”).

[ii] Febbro, Eduardo, “Que vivan los estudiantes”, Página 12, 24.10.2010.

[vi] Ver http://juralibertaire.over-blog.com/article-adresse-aux-salaries-chomeurs-et-precaires-des-pays-de-l-union-europeenne-59671054.html

 

 

¿Borrón y cuenta nueva? El papel de los jóvenes en la política contemporánea

 

En la narración conviene siempre aplicar los secretos del arte de la lencería. Una historia seduce siempre más por lo que oculta. Lo que sugiere siempre es más revelador que aquello que se exhibe.

Guillermo Sacomanno, La lengua del malón

 

 

Palabras preliminares

 

Rumiando, así proponía Nietzsche acercarse a los textos. Una manera parecida quiero sugerir en estas líneas para arrimarnos, ya no a una textualidad, sino a ciertos procesos políticos de nuestro país. Postales de un recorrido por los procesos de politización de la juventud argentina en la última década y media. Ahora que parece -o que ciertos comunicadores sociales parecen haber descubierto- que no toda la juventud argentina se comió el versito del éxito neoliberal (aun para pobres, porque el exitismo como modelo también tiene un lugar para los desplazados del centro de la producción y el consumo). Por  eso intentaré seguir en estas líneas aquello que Rosana Reguillo Cruz ha definido como el enfoque socio-cultural: aquel que parte de miradas de largo plazo, restituyendo a los procesos su historicidad.

En este sentido, habría que decir, en primer lugar, que lo que hoy aparece como una novedad es sin lugar a dudas que un sector importante de la juventud se organice, se movilice, construya un proyecto de militancia en base al apoyo a un gobierno, puesto que fue el conjunto de la clase dirigente (política, sindical, etc.) la que entró en crisis y fue cuestionada en 2001. Por supuesto, trazar una genealogía de la politización de los jóvenes implica intentar, al menos, acoplar estas experiencias con las del resto de sectores populares, ya que hablar de los jóvenes como de una unidad social, de un grupo constituido, que posee intereses comunes, y referir estos intereses a una edad definida biológicamente -como alguna vez señaló Pierre Bourdie- constituye una manipulación evidente. Esto, a su vez, implica desde el vamos asumir que no hay una juventud, sino juventudes atravesadas por las luchas de las clases que constituyen la sociedad. Esto, que no es más que el piso (hoy que se habla tanto de ellos), una obviedad, es necesario remarcarlo, porque existe una tendencia muy fuerte en sectores ya no reaccionarios sino “progresistas”, que suelen olvidarla, ocultarla, ponerla en lateralidades tales que se nos borran del horizonte. Entonces, tal como suele plantear Eduardo Gruner, cabe preguntarnos, aquí también, qué clase de lucha es esa lucha de clases.

 

Del 96

 

Las jornadas insurreccionales del 19/20 de diciembre de 2001 funcionan como símbolo insoslayable de todo aquel proceso de insubordinación al modelo neoliberal que se venía dando desde hacía algunos años en nuestro país.

En Nuestra América, con la emergencia del zapatismo en México, a partir de la rebelión indígena producida en la Selva Lacandona en 1994, un nuevo horizonte se abre para todos aquellos que no se resignaban a aceptar que la mundialización capitalista debería seguir por siempre así, triunfante y sin oponentes, tal como se presentaba tras la caída de los socialismo reales. El zapatismo fue, en este sentido, un componente fundamental en el proceso de politización de los jóvenes en toda América Latina. Fueron ellos, además, quienes tuvieron la capacidad de poner sobre la mesa la necesidad de abordar el desafío de articular lo local (allí donde se producía la invención de una mirada y un territorio), junto con lo nacional y lo global (y también la necesidad de articular las tradiciones populares con la emergencia de las nuevas tecnologías).

En Argentina, 1996 es un año clave.

Por un lado, en marzo de 1996, se produce una gigantesca movilización de repudio por los 20 años del golpe. Es el comienzo de la desarticulación de la teoría de los dos demonios, que había primado en el sentido común de nuestra cultura durante más de una década. Es además el momento de emergencia de HIJOS. Los Hijos por la Identidad, la Justicia, Contra el Olvido y el Silencio, tienen la misma edad que tenían sus padres al ser detenidos-desaparecidos. Luego de dos décadas de lucha de las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo, ahora son estos jóvenes quienes toman en sus manos la continuidad de las banderas de sus abuelas, pero también de sus padres. Tienen una consigna potente: Si no hay justicia, hay escrache. Y junto con sus métodos de protesta contra un sistema judicial que no funciona y el escrache social de los responsables de los crímenes, estos muchachos y estas chicas inundan de colores, de ritmos y alegrías todas sus batallas.

Toda una nueva narrativa literaria y cinematográfica comienza a surgir, asimismo, por esos años.

También en 1996 se producen las primeras puebladas (de Cutral Có y Plaza Huincul a Tartagal y Mosconi), que fueron contagiando el entusiasmo y la eficacia, mostrando que la protesta social obtenía conquistas materiales que posibilitaban hacer menos difícil la extremadamente difícil situación por la que atravesaba una porción enorme de la población trabajadora del país, ahora sin trabajo. El piquete y la asamblea se extenderán rápidamente por todo el país, dando surgimiento a los nuevos movimientos sociales, de fuerte base territorial y matriz comunitaria. Ante cada protesta, el menemismo despliega las fuerzas de Gendarmería para reprimir. Y son los jóvenes los grandes protagonistas de los piquetes, de la resistencia (con piedras y gomeras) que logran evitar el desalojo o recuperar la ruta luego de intensos combates callejeros que a veces duran todo un día o toda una noche.

A partir de 1996 (y durante todo 1997 y 1998), van a producirse además importantes luchas contra la Ley Federal de Educación. Actos, movilizaciones y cortes de calles. Nuevamente, luego de varios años de inexistencia, surgirán Centros y Coordinadoras de Estudiantes en los colegios secundarios. Diversas conmemoraciones (los 24 de marzo y los 16 de septiembre, sobre todo) irán chocando contra los directivos de las escuelas y un todavía sentido común antisubversivo instalado en muchos padres. Esos jóvenes, protagonistas de aquellas experiencias, ligarán su intervención en los colegios con los acercamientos a las barriadas populares, realizando apoyo escolar y recreación con niños, junto con una búsqueda por expresar culturalmente sus rebeldías (fanzines, programas de radio, recitales, etc. Toda una movida juvenil, además, contra el gatillo fácil).

El activismo en las universidades comienza, también en esos años, a dar sus primeros pasos de combate contrahegemónico, librando batallas contra la Ley Superior de Educación e intentando contrarrestar el discurso neoliberal. Son las experiencias (de izquierda) que a partir del nuevo milenio le arrancarán varias federaciones (la de La Plata y Buenos Aires, por ejemplo) a la conservadora Franja Morada.

Será toda esa juventud la que va a confluir en la rebelión de diciembre de 2001. Todos aquellos nucleados en agrupaciones estudiantiles, culturales, en movimientos sociales, que junto con otros miles de jóvenes trabajadores (entre los que no se puede dejar de destacar, por su participación activa y su firme decisión de enfrentar la represión, a los “motoqueros”) y de sectores medios y populares de la ciudad y el conurbano (no necesariamente jóvenes), protagonizarán aquellas jornadas que reclamaron primero que se vayan todos y luego pregonaron por la unidad de los piquetes y las cacerolas.

Experiencias a las que se le van a sumar las de las fábricas recuperadas y el emergente sindicalismo de base, junto con las experiencias de resistencia contra el saqueo de los recursos naturales y la contaminación; el avance del feminismo y de las asociaciones que fueron haciendo cada vez más visible la lucha por la diversidad de géneros; la emergencia de colectivos culturales y comunicacionales que comenzaron a cuestionar el monopolio de la producción y circulación de la información y el autoencierro del arte en sus propias lógicas. En fin, todas esas experiencias que en Argentina emergieron desde abajo y a la izquierda, junto con los importantes avances populares producidos en el resto de Nuestra América, han sido elementos fundamentales en la emergencia de una nueva manera de entender el mundo y de intervenir sobre él.

 

El año del Bicentenario

 

El 2010 fue el año del Bicentenario primero y de la muerte de Néstor Kirchner después. Dos hitos a partir de los cuales los voceros oficiales (oficialistas) insistieron una y otra vez con la Nueva Argentina, la que había recuperado la política gracias al ex presidente y que comenzaba a ser parida ahora por jóvenes que despertaban tras largos años de estupidismo neoliberal. Es curioso que la reinstalación de los parámetros tradicionales de la política (sus formas estatales de entenderla, de practicarla, de enunciarla) sea resimbolizada como la recuperación de la política, poniendo en el lugar de la no política a todas las experiencias que en 2001 buscaron, precisamente, sacar a la política del lugar de la gestión de lo existente y colocarla nuevamente en el horizonte de los cuestionamientos al orden social vigente y sus intentos de cambiarlo.

Por supuesto, también 2010 es el año de las tomas de colegios secundarios y universidades en Córdoba y Buenos Aires (dos ciudades que, si bien no son la Argentina, convengamos que representan históricamente dos núcleos claves de la geografía nacional), del asesinato de Mariano Ferreyra por parte de una patota sindical de la CGT y de la muerte de otros hermanos en Formosa y Lugano. Hechos, estos últimos, que pusieron sobre el tapete que tras 8 años del nuevo modelo el problema principal de los sectores populares (la precarización de la vida: el trabajo y la vivienda, pero también el transporte en el que hay que trasladarse día a día para ir de un sitio al otro) sigue sin poder resolverse, en un país con crecimiento y ganancias empresariales record. ¿Qué perspectiva de futuro puede construirse un joven que no puede construir su propia casa ni zafar de trabajos siempre de segunda o tercera categoría?

En fin, quería destacar que estas últimas luchas, sobre todo en las movilizaciones de los secundarios, podían visualizarse toda una rebeldía, una creatividad, una alegría, una voluntad de pelea que nos hace sospechar que todo el recorrido del período 2000-2003 no está sepultado, no es sólo parte del pasado.

Recuerdo que hace dos años (en septiembre de 2008), cuando se dio una coyuntura de lucha educativa similar, con paros de docentes universitarios y secundarios en reclamo de mejoras salariales y mayor presupuesto para infraestructura, acompañados por varias tomas de facultades en la Universidad de Buenos Aires (Sociales; Filosofía y Letras; Psicología), conjuntamente con una serie de tomas de colegios secundarios en la Ciudad (exigiendo mejoras edilicias y la restitución de becas para estudiantes, quitadas por el ejecutivo conducido por Mauricio Macri), recuerdo -decía- que escribí unas líneas en las cuales afirmaba que se solía insistir con frecuencia en que éramos una generación adormecida, atontada, estupidizada por los mensajes de textos de los celulares (ahora con twiter), los programas televisivos tipo Tinelli (ahora hay que sumarle nuevamente Gran Hermano), la Playstation, el chat y el tránsito permanente por la web (ahora con Facebook); que jóvenes con impulsos revolucionarios eran los de los 60´ y ´70 y no como hoy en día, que como mucho se pelea cuando la soga ya se la tiene por el cuello (ahora, con el seisieteochismo a la cabeza, pareciera que los jóvenes por fin tenemos un lugar para hacer realidad los sueños de esa generación desaparecida. Por supuesto, tal como sostiene Florencia Peña: ¡todo se lo debemos a Néstor! ¡Cómo si entre 1996 y 2003 nada hubiese pasado en este país!).

En fin, también el tema de los 70 es un tema escabroso. Por supuesto, no hay que ni detenerse en las estupideces que puedan decir tipos como Jorge Lanata (y que luego tienen ecos en personajes tan disímiles como Martín Caparrós, Susana Giménez o Mirta Legrand), pero sí hay que prestar atención a la disputa presente por los significados actuales de aquellas apuestas de transformación. La de esas mujeres y esos hombres que hoy nos ayudan a descubrir y definir “el pasado olvidado de las batallas reales, de las victorias efectivas, de las derrotas que dejan su signo profundo”, como alguna vez supo escribir Michel Foucault. Nos ayudan a corrernos de la efeméride vacía, del ritual estéril, del fetiche de las placas y las conmemoraciones, y a colocar en primer lugar la voluntad que apuesta por una transformación radical de la sociedad y no por conformarnos con mejorar un poco la situación actual. En este sentido, qué actualidad cobran las palabras sostenidas por Walter Benjamin en sus Tesis sobre el concepto de historia: “Encender en el pasado la chispa de la esperanza... [porque] tampoco los muertos estarán a salvo del enemigo, si éste vence. Y este enemigo no ha cesado de vencer” (Tesis VI). Chispa que nos ayude a tender esos puentes, para que las luchas de antaño funcionen en el presente como una suerte de “inspiración”. Porque la reivindicación de los muertos (los desaparecidos de ayer y los de hoy -¿dónde carajo están Luciano Arruga y Jorge Julio López?-, los asesinados por la dictadura y los caídos en las luchas durante la “democracia”, desde Teresa Rodríguez a Maximiliano Kosteki, Darío Santillán y Carlos Fuentealba, pasando por los caídos durante el 19 y 20 de diciembre de 2001), decía, que la búsqueda testaruda por no olvidar a nuestros muertos, no tiene por qué ser una cuestión moral, ya que es una cuestión política. Memoria ligera, entonces, capaz de continuar con sus luchas y multiplicar esos ejemplos. La de todas aquellas, todos aquellos que se rebelaron, que tuvieron voluntad de luchar por transformar la sociedad.

 

Mariano Pacheco[vi]

Estudiante de Letras UBA

marianopacheco9 [at] hotmail.com

 

[vi] Integró el MTD en Almirante Brown, provincia de Buenos Aires. Participa en el Frente Popular Darío Santillán desde su fundación. Autor de De Cutral-Co a Puente Pueyrredón. Una genealogía de los movimientos de trabajadores desocupados, Editorial El Colectivo, Bs. As., 2010.

 

 

Juventud militante

Una obra en construcción, un desafío revolucionario

 

El debate sobre la “juventud militante” ha sido motorizado por el kirchnerismo para significar que representa algo más que al gobierno de turno. En su fase tardía, se arroga, cuando no dicho fenómeno en su totalidad, por lo menos su condición de musa inspiradora o la generación de las circunstancias que lo propiciaron. Es un relato típico: la creación de un movimiento popular desde el Estado, o sea sin el impulso elemental que viene desde abajo. El “relato” K se convierte así en una versión interesada: la creación de una “juventud militante” dirigida por funcionarios muy bien remunerados de Aerolíneas Argentinas y la Corporación Puerto Madero, o desde secretarías o sub-secretarías de gobierno. El programa de esta “juventud militante” no es desafiar el poder o al menos cuestionarlo, sino justificarlo, ya que, afirman, los desafíos y los cuestionamientos están encarnados por el propio poder. Estamos frente al diseño de una juventud domesticada, que acepta gustosa empalmar con otra “juventud”, la “sindical”, que reivindica una trayectoria histórica iniciada junto a las tres A. No puede pasarse por alto que el asesinato de un joven militante por antonomasia, Mariano Ferreyra, haya sido ejecutado cinco días después de que esta Juventud Sindical recibiera el óleo oficial en la cancha de River. En la tribuna se paseaban los “Gallego” Fernández (segundo de Pedraza) y los Favale (el barrabrava imputado de la UF). Al mismo tiempo, uno de los dirigentes de La Cámpora, el recién designado Secretario de Justicia Alejandro Álvarez, es abogado de la Juventud Sindical. Que esta invocación a la juventud militante ocurra cuando el gobierno procede a dar un viraje en su relación con los organismos financieros internacionales, para reanudar el endeudamiento internacional de Argentina no es casual. El mito ‘militante’ opera como cobertura de un realineamiento del gobierno hacia el capital internacional.

 

Qué hay de nuevo

 

La gran irrupción de la juventud precede largamente al kirchnerismo tardío, pues tiene lugar con el movimiento piquetero y enseguida el movimiento estudiantil. Pero incluso en este caso no ha llegado a abarcar a la masa de la juventud, algo que solamente ocurre en situaciones prerrevolucionarias. El planteo kirchnerista apunta a la estatización de este movimiento, para lo cual ofrece a los jóvenes la promoción de los planes asistencialistas, que no tienen el carácter de derechos sociales adquiridos, pero sí el objetivo de armar un clientelismo electoral. La “juventud militante” es entendida, así, desde el Estado como la formación de un cuerpo de pichones de punteros. La militancia bien entendida es, por el contario, la participación de la juventud en la lucha de clases de los trabajadores y en el combate político para que los explotados se sacudan de encima la manipulación política desde arriba. El desafío, una juventud de masas que se transforme en factor político de la Argentina, no puede estar al servicio del pago de la deuda externa, la minería contaminante o las telefónicas -características fundamentales del kirchnerismo-.

Indudablemente, este proceso de manipulación es, al mismo tiempo, una forma de ingreso de la juventud en la actividad política; apoyando al gobierno, algunos sectores “se han politizado”. Para que dejen su condición de punteros y se conviertan en militantes deberán, sin embargo, atravesar el doloroso proceso de la desilusión con el gobierno que pacta con el Club de París, paga la deuda con el dinero de la Anses y mantiene en sus puestos a los asesinos de Mariano.    

 

Una nueva generación, un nuevo comienzo

 

En los últimos años un sector de la juventud ha sido protagonista de grandes movimientos de lucha, gérmenes de la rebelión popular de diciembre de 2001 (el “argentinazo”). Un momento crucial de esta etapa estuvo dado por el asesinato de Kosteki y Santillán.

A la vez, la rebelión de 2010, conocida como “estudiantazo”, fue ejemplar, pues mostró una juventud que salía a la lucha en forma independiente, sin ataduras con los poderes de turno. Por eso, dio por tierra con todos los intentos de manipulación oficial.

Referente de la FUBA y militante del Partido Obrero, asesinado el 20 de octubre de 2010 por una patota de José Pedraza, el burócrata de la Unión Ferroviaria, Mariano Ferreyra expresó el carácter genuino que tiene la nueva generación -en las luchas estudiantiles y junto a los trabajadores-. Es que el incipiente movimiento de la juventud está presente en los nuevos activistas de la clase obrera, que quieren sacarse de encima a la burocracia de los sindicatos y poder conquistar derechos elementales, como la planta permanente, el blanqueo o la jubilación. En las antípodas se encuentra el “modelo” de juventud de Cristina, con la Juventud Sindical o La Cámpora, que en Formosa celebró “El día del militante” junto a Insfrán, responsable político de los asesinatos de tobas que luchaban por sus tierras. Ni vale la pena hablar de la derecha, que no cumple absolutamente ningún papel en el movimiento de la juventud.

 

Militante es el que lucha por el socialismo

 

Mariano Ferreyra es un emblema para el desafío del momento: la organización cotidiana, tenaz, sistemática, en pos de una transformación radical del estado de cosas. Una verdadera juventud militante, que lucha por el socialismo, tiene su desarrollo en escuelas, universidades, barrios y fábricas. Su lugar es la vanguardia, no el furgón de cola que propician para ella el poder de turno y los intelectuales al servicio del poder.

 

 

Alejandro Lipcovich

Presidente de la FUBA y militante de la UJS – Partido Obrero

alelipco [at] yahoo.com.ar

 

 

La política en el estudiantazo cordobés

 

A fines de julio del 2010 un oscuro y desconocido anteproyecto de Reforma de la Ley de Educación Provincial se presentaba a los docentes cordobeses en forma de Jornada Institucional “de consulta”: en pocas horas éstos debían expedirse sobre más de 100 artículos. La redacción del anteproyecto no tuvo como protagonistas ni a docentes ni alumnos: la UEPC (gremio docente mayoritario cordobés, afín al gobierno) junto con el Consejo Provincial de Políticas Educativas (CPPE) creado por el gobernador Juan Schiaretti, elaboraron el monstruo. Al CPPE lo integraban, entre otros actores, las fundaciones Arcor y Minetti, el Consejo Católico para la Educación de Córdoba, Universidades privadas (Católica de Córdoba, Empresarial Siglo XXI, Blas Pascal) e incluso nacionales (UNC, UNVM) ¿Qué salió de esa alianza sospechada de pluralismo progresista?

Por ejemplo, en sus artículos 11 y 35, el anteproyecto planteaba la inclusión de educación religiosa opcional en escuelas públicas. El artículo 46 mencionaba como un deber del Ministerio de Educación “el propiciar la firma de convenios de colaboración mutua entre las autoridades educativas con los sectores de la producción y el trabajo”. El artículo 19 señalaba la posibilidad de que el sector privado contribuya financieramente en la educación pública. Además existían otros artículos que claramente establecían como no obligatorio el derecho estudiantil a organizarse en centros de estudiantes, o la declaración explícita en el acápite sobre educación sexual de la defensa del “derecho a la vida” justo en un momento en que las discusiones por la legalización del aborto avanzaban en toda la sociedad argentina.[vi] Es de comprender a esta altura el matiz claramente político que cobró fuerza en el estudiantazo cordobés, toda vez que las consignas, los reclamos y las protestas estudiantiles denunciaban a la Iglesia católica más allá de la Ley, a las empresas privadas que precarizan el trabajo, al poder político que encubre no tan sutilmente toda posibilidad de politización precoz de los jóvenes, al reaccionario intento de desplazar la discusión sexual bajo el mote del “derecho a la vida”, y un largo etcétera…        

Nutridos y animados por las crecientes formas festivas que adquieren las coloridas marchas de aniversario del 24 de marzo y la que recuerda la Noche de los Lápices, la caída de techos de uno de sus mayores establecimientos (el colegio Alejandro Carbó) y el deterioro edilicio generalizado puso sobre el tapete la discusión del supuesto “Plan de obras” del gobernador Schiaretti. Junto a ello el clima de protestas que ya se respiraba en Buenos Aires hizo el resto: las tomas estaban cerca y bastó la conjunción de miles de estudiantes de varios establecimientos -públicos y privados- en asamblea… así es que a fines de setiembre más de 20 colegios secundarios cordobeses estaban tomados, más cuatro terciarios de la Ciudad de las Artes y tres pabellones de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la UNC. Se sumarán con el tiempo las escuelas de Trabajo Social y Comunicación Social, ambas de la UNC. Para los secundarios el apoyo desde Ciudad Universitaria fue vital, pues inyectó fuerzas y generó un espacio de solidaridad y discusión.

A la par de los centros de estudiantes, y en la mayoría del proceso, las asambleas de base estudiantiles lideraron la movilización ¿Dato menor?, Decididamente no. Tampoco era posible localizar voceros o referentes; los asambleístas anoticiaban a los cordobeses mediante comunicados sin permitir la intervención de los grandes pulpos informativos como LV3 o La Voz del Interior. Otro dato: no prestarse al falso juego comunicacional y elaborar el propio discurso mediante la creación de sus propios medios: pase y vea estudiantazocba.blogspot.com

Los medios de comunicación simplificaban la lucha diciendo que era “una réplica de las tomas iniciadas en Buenos Aires”, rotulando a los estudiantes como seguidores de una moda. Frente a esto, por ejemplo, la asamblea de alumnos del Colegio Manuel Belgrano (uno de los más grandes y movilizados) respondió:

“…si bien este es un punto muy importante debido al evidente estado deplorable de varios colegios, nuestros reclamos son mucho más profundos. Nuestra lucha se está dando en un marco nacional y tiene un antecedente de más de 15 años a la par de reivindicaciones docentes, y si se mantiene vigente es porque nunca se recibieron respuestas que satisfagan la demanda de manera estructural.” (Comunicado de la Asamblea de Alumnos de la Escuela, 1 de Octubre de 2010, Córdoba).

El mismo comunicado se expresa así sobre el fenómeno de las tomas:

“… es la expresión de un movimiento estudiantil que se organizó en el contacto con la realidad de la Educación Pública. Una realidad en la que la educación, lejos de ser un derecho, es pensada como un gasto, donde los educadores son considerados como empleados y su salario como un costo, donde los estudiantes somos consumidores y productos para un mercado (…)A este sistema educativo le oponemos la alternativa que construimos día a día: pensamos y creamos una educación que sea crítica e integral. Crítica para formarnos como sujetos capaces de tener incidencia en la realidad social y comprenderla de manera autónoma. Integral para poder construir nuestra propia identidad con libertad para elegir el porvenir que queremos.”

Durante la segunda semana de octubre los estudiantes firmaron un acuerdo con el Ministerio de Educación por el cual se establecía un plazo para que el Gobierno provincial presente un plan de obra completo a los alumnos. Además, los estudiantes podrían debatir la Ley de Educación a partir del 14 de Octubre hasta el 28 de octubre, para presentar después propuestas en la Legislatura. Sin embargo, el 15 de diciembre la Ley entraba a la Legislatura y era aprobada por el oficialismo provincial -y nacional- sin modificar varios artículos polémicos como el del financiamiento y la educación religiosa. De allí la enorme represión a los estudiantes descontentos que sí se vio en todos los medios nacionales.   

Lejos de representar una réplica del movimiento estudiantil porteño, de limitarse a demandas edilicias o de ser una revuelta “hormonal” pasajera (una de las tantas caracterizaciones lanzada por la prensa cordobesa), el movimiento estudiantil que protagonizó de setiembre a diciembre del 2010 el denominado “estudiantazo cordobés” contiene en sus entrañas un profundo sentido político democratizador que pocos quisieron o soportaron ver prefiriendo, en cambio, sepultarlo dentro de la maraña simbólica y confusa del año que pretendió transformarse en puro festejo del Bicentenario argentino. Larguemos una hipótesis en busca del sentido de estas cosas: al igual que los movimientos de protesta o reivindicativos que pueden encontrarse en variados colectivos de trabajadores precarizados, comunidades de pueblos originarios, o de personas en busca de un lugar para vivir por toda la Argentina, entre tantos otros fenómenos de lucha social, el movimiento estudiantil expresaría una segunda oleada democratizadora que revelaría en su emergencia las grietas socioculturales de la democracia liberal consolidada en la Argentina de las últimas décadas. La primera ola correspondería al largo derrotero pos dictatorial: la puesta en escena de la lucha por los derechos humanos, por la consolidación del sistema democrático, y la vida política callejera renacida de las cenizas del neoliberalismo hicieron un primer trayecto beligerante cuyo cierre simbólico está en el ya mítico diciembre del 2001. Y una nueva generación parió justo allí: la de los jóvenes que protestan por la precarización laboral, la que enfrenta y odia a la policía en movilizaciones y recitales de rock, la que emprende viajes iniciáticos por Latinoamérica, la que conoce muy bien los principios de la autogestión, la que practica con similar entusiasmo la diversidad sexual, la horizontalidad política y la asamblea, la que rechaza la autoridad de la Iglesia y otras tantas verduras institucionales modernas porque conoció entre otras noticias el destape de la pederastia… Ésta es la generación que sale a las calles y enfrenta no sólo las balas policiales sino también la balacera discursiva que se enquistó en el progresismo argentino a título de “ciudadanía bienpensante”, y que supone que la conflictividad de las sociedades humanas actuales (profundamente capitalistas) se tramita mediante “canales de diálogo institucionales”. Los que lo ignoran, qué duda cabe, se transforman automáticamente en inadaptados.

 

Una versión más extensa de este texto se encuentra en www.topia.com.ar

 

Fernando Aizicson

Historiador. Docente de la Universidad Nacional de Córdobaferaizic [at] gmail.com

 

Nota

 

[vi] Ver Etchichury, Horacio “Algunos elementos sobre el debate del Anteproyecto de Reforma de la ley 8113”, y “Educación y trabajo”, de Roitman, Susana. Ambos en http://estudiantazocba.blogspot.com

 

 

Sobre Cárcova y las deudas sociales*

Ayer participé de la marcha por justicia para los chicos asesinados en Cárcova[vi]. Fui con Graciela, del gabinete de primaria. Las dos pensamos que era importante que la escuela estuviese presente.Fue verdaderamente masiva, por momentos emocionante. Recorrimos varias cuadras, entramos al barrio y se hicieron breves discursos junto al monolito que lleva la placa con los nombres de los chicos asesinados.El acto estaba convocado por agrupaciones políticas, organizaciones que trabajan en Cárcova hace tiempo. Y está bien, muy bien, eso está muy bien. Sin embargo, los cánticos, las banderas, las consignas... por un momento me pareció que estaba en el Obelisco o en el Congreso. No sé si todos, o quizás muy pocos de quienes asistieron, creo, entendieron qué estaban haciendo ahí. O estaban para otra cosa.Indignación, enojo y tristeza. Esas son las sensaciones ante algunas prácticas de ciertas organizaciones sociales.Siempre que puedo expreso mi simpatía y mis coincidencias con el actual gobierno, pero este tema, creo, lo incluye y va más allá, de hecho, cada vez son más los que utilizan estas metodologías (pro K, anti K, malos imitadores de otros partidos).Digo: Es bueno ser militante. Es bueno creer en lo que uno proclama. Está muy bien querer convencer a los otros de que ese es el camino. Pero es malo subestimar, no escuchar el dolor del otro, verlo sólo en términos de un voto más o un voto menos.Me estoy acordando: hace unos meses, Santiago, un alumnito de segundo año me explicaba que sus reiteradas faltas se debían a que "trabajaba" yendo a marchas y manifestaciones para X agrupación. Cuando le pregunté no podía precisar con exactitud de qué se trataban, y no porque mi alumno sea un tonto, sino porque nadie se acordó, seguramente, al momento de pagarle, de explicarle cómo era la cosa. No supe qué decirle. ¿Sabrá alguna de esas personas que Santiago escribió un montón de hojas borrador, por su cuenta, contando lo que ocurre en el barrio y que planea hacer con ellas un libro? ¿Conocerán sus inquietudes? ¿Alguno de estos personajes le habrá preguntado qué quisiera ser en el futuro? ¿Sabrán ellos que para eso, como buen militante, Santiago tiene que ir a la escuela?Muchos de estos chicos, si no los ninguneasen, si vieran sus individualidades, sus inteligencias, podrían ser unos cuadros increíbles. Como Santiago. Como Analía, pasta de gran periodista.Ayer fue un gran acto, sin dudas. "Está todo el barrio", dijo uno de los familiares. A mí se me ocurrió decir: "Y vino mucha gente de afuera". Me miró: "Eso no es lo importante, lo importante es que vino la gente del barrio". Claro.Cuando llegó el momento de hablar, Noemí, que la mayoría de las veces tiene la palabra justa, se metió entre la gente para llegar al micrófono y poder expresarse. Transcribo de Página 12: "Está muy bien que los políticos vengan a apoyarnos en este momento, pero está mucho mejor que se dejen de hacer promesas y que tomen medidas urgentes porque a nuestros chicos los siguen matando. Acá la única salida que tienen los jóvenes es ir a cartonear al Ceamse. Lo que necesitan los chicos es trabajo. Basta de falsas promesas."

* Claudia Szelubsky, docente de la escuela de Villa La Cárcova (José León Suárez/Partido de San Martín) de la que Joaquín Romero, joven baleado el 3 de febrero, era alumno.

 

Nota

 

[vi] El jueves 3 de febrero la Policía Bonaerense asesinó en José León Suárez a Franco Almirón y a Mauricio Arce, e hirió de gravedad a Joaquín Romero. Franco tenía 16 años. Mauricio tenía 17 años. Joaquín, internado en el Hospital Thompson del partido de San Martín, tiene 19 años. Todos tenían en común el ser adolescentes y el ser pobres. Todos ellos recibieron balas de plomo.

 

 
Articulo publicado en
Abril / 2011

Boletín Topía