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Espejitos de colores

 
Memorias para el futuro 9

Publicado en Clepios, una revista de residentes de Salud Mental Número 21, septiembre 2000.

 

En la reciente presentación del libro de Silvia Bleichmar , Psicoanálisis y Neogénesis (2000) , la autora dijo: “Me niego a discutir con un autor extranjero de tercera en su país, teniendo nosotros autores de primera...”. Las palabras me dejaron inquieto varios días y se transformaron en preguntas. ¿Cómo llegan aquí sobrevalorarse “autores de tercera” de otros lugares? ¿Cuál será el motivo para que nos tengamos que repetir que tenemos “autores de primera”? No reiteraré lo dicho en otras líneas citando a David Cooper valorizando autores argentinos porque doy por descontado la calidad de lo producido en este sector del planeta. Si brasileños, españoles, mexicanos, italianos, norteamericanos, franceses y tantos otros se formaron, citan y trabajan autores argentinos, ¿por qué aquí no?

Hay dos fenómenos paralelos que podemos conjugar. El desconocimiento de la “Industria Argentina ” y la sobrevaloración de ciertos “espejitos de colores” que nos llegan. Para desarrollar las ideas podemos recurrir a la historia en la búsqueda de herramientas.

Hernán Kesselman publicó el artículo “Salud Mental y Neocolonialismo en Argentina” en 1973 dentro de una compilación, Psicología Argentina Hoy. Eran otros tiempos. En esos momentos se hablaba de Imperialismo y Neocolonialismo. De países centrales y periféricos. De penetración imperialista y dependencia. El autor había trabajado en el mítico Servicio del Lanús de Mauricio Goldenberg, y era uno de los miembros fundadores de Plataforma, grupo que había renunciado de la Asociación Psicoanalítica Argentina por motivos ideológicos en 1971. En el texto desarrollaba una idea central: los Trabajadores de Salud mental estaban atravesados por el llamado “neocolonialismo”. Este concepto implicaba que el imperialismo seguía dominando veladamente a sus colonias. El autor afirmaba que en salud mental se reproducía “con mayor o menor similitud la estructura y el funcionamiento del gran mercado que es el sistema social capitalista, con sus típicas relaciones de producción, con su mitos de la ‘libre elección' y ‘libertad de trabajo', con sus sistemas de monopolio tendientes a fomentar la dependencia externa e interna del Imperialismo”. Kesselman aclaraba (y esto lo considero fundamental) que no evaluaba la validez científica de los cambios de la psiquiatría moderna, los cuales consideraba como un avance, sino a quienes enriquecía dicho avance.

Para ello recorría los tres sectores en que se hacía visible el neocolonialismo: en la investigación (quiénes y para qué proyectos se destinaban fondos); en la asistencia (qué tratamientos eran puestos de moda por quienes tenían el poder); en la docencia (qué teorías sobre la salud y la enfermedad mental se enseñaban y qué camino se debía recorrer para el aprendizaje de nuevas técnicas). En la segunda parte del artículo hacía un recuento de “todas aquellas novedades que van apareciendo y que configuran el último grito en la moda de las elites científicas metropolitanas de los países ‘desarrollados'. Son ellas las que habrán de dictar el ‘boom' de turno en los países dependientes que comienzan a inundar sus ateneos científicos y sus mercados editoriales con el tema. Para el trabajador en Salud Mental, son las manifestaciones de las ‘nuevas ideologías' en la psiquiatría moderna.” Más adelante decía: “esto fue generando en el trabajador de salud mental un prototipo de pensamiento dependiente , que lo ha llevado por lo general a aceptar pasivamente las teorías adaptacionistas y funcionalistas, usualmente importadas de Estados Unidos, para satisfacer las demandas y necesidades cada vez más crecientes de asistencia Psiquiátrica.” En el final del trabajo proponía una salida en el nivel de las acciones políticas, propias de esa época.

Pero la descripción no deja de sorprender por cierta actualidad. Quizá porque sea la del sistema que ha triunfado en los últimos años. Hay quienes hoy sostienen, como James Petras, que detrás de la máscara de la globalización se encuentra el imperialismo.

En nuestro campo varias generaciones nos formamos mirando extasiados hacia “los nortes” - elija Ud. su propia metrópoli según su enfoque predilecto -, desconociendo o desvalorizando lo hecho aquí. Todo lo procedente del exterior es de primera, dejando lo propio en lugares de tercera o cuarta. Así colonizados compramos toda clase de artículos extranjeros que por el sólo hecho de provenir de ciertos lugares gozan de garantía absoluta.

Creo fundamental volver a pensar estas ideas, historias y autores. Recuperar nuestro pensamiento crítico e independiente. Hacernos cargo de la potencia como productores que nunca quedará opacada por los reflejos de tantos espejitos de colores.

 

Articulo publicado en
Septiembre / 2000

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