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La lucidez de Eros

 
(Poesía y erotismo)

La cultura exige continua sublimación; por tanto, debilita a Eros,
el constructor de la cultura. Y la desexualización, al debilitar a
Eros, desata los impulsos destructivos. Así, la civilización está
amenazada por una separación instintiva en la que el instinto de la
muerte lucha por ganar ascendencia sobre los instintos de la vida.
Organizada mediante la renunciación y desarrollada bajo la renun-
ciación progresiva, la civilización se inclina hacia la autodestrucción.
Herbert Marcuse

 

Los cuerpos son honrados.
Max Frisch

El gran mitólogo y poeta inglés Robert Graves (el mismo de Yo, Claudio, y Los Mitos Griegos), en un famoso discurso dedicado a los poetas, nos da cuenta de que la poesía al igual que el erotismo, es básicamente un medio para conservar el poder, sobre todo el “mágico” poder del amor frente a la rutina y la muerte. Según Graves hay tres formas de este amor: el amor fraterno, en especial cuando el poeta se siente particularmente vinculado a un lugar, a una profesión o a un arte. Luego hay el amor físico del “noviazgo” poético que lentamente se funde en amor marital. Y finalmente está el amor “poético-erótico”, el cual, aunque se basa en el lenguaje del amor físico, trasciende el eslabón sexual y es utilizado para realizar “milagros”.
La palabra poesía en griego tiene exactamente este significado: poesía (poiseis) quiere decir “hacer que ocurra algo extraordinario”, o sea un milagro. Los escoceses utilizan la palabra maker (el que hace) al referirse a un poeta, pero a menudo lo escriben makar, que en griego es makarios, y que significa “bendito”, feliz, el que hace que ocurran cosas extraordinarias.
Hoy en día, la tecnología parece estar en guerra contra la artesanía y la ciencia en guerra secreta contra el erotismo de la poesía. El significado original de estos términos, lamentablemente ha sido olvidado. Artesanía significa inteligencia, y astuto como adjetivo. Tecnología es un nombre griego compuesto que originalmente significaba “el asunto de la artesanía”, pero que ahora representa la aplicación de lo mecánico a la manufactura. En cuanto a la supuesta oposición entre ciencia y poesía deberíamos recordar la terminología original: ciencia que significa el arte de saber, es el equivalente latín de la palabra griega filosofía, el “amor a la sabiduría”. Y poesía proviene del verbo griego poiein, que quiere decir “hacer” o “fabricar”, lo cual explicaría la relación entre maker, makar y makarios, la antigua palabra para designar al poeta (el hacedor). Siendo el poder de la poesía, como el de eros, la capacidad para que ocurran “cosas maravillosas”, extraordinarias. Esta potencia, es de una clase tal que los “pseudos científicos”, esos “enanos ingeniosos”, al decir de Galileo, o los “académicos burócratas”, no pueden reconocer. Desecharían como ilógico un proceso similar al escribir poemas. Sin embargo, y sin caer en las trampas de una hermenéutica superficial, que transforma a la poesía en un “bicho extraño y peludo”, los poemas, en apariencia “ilógicos” y “arbitrarios”, están en el lenguaje y al mismo tiempo más allá del lenguaje.
En el lenguaje de la poesía todo puede suceder, la sucesión de los acontecimientos no está subordinada a ninguna regla de lógica o de continuidad. La estructura de un poema es analógica. Su sistema está regido por la ley de correspondencias. Y como en el erotismo, todo sujeto puede tener cualquier predicado, toda relación concebible es posible. El poema es lenguaje, pero lenguaje que opera en un nivel más intenso, (escandaloso), y cuyo sentido logra despegar del fundamento lingüístico sobre el cual había comenzado a deslizarse. Así como en el erotismo, el lenguaje del cuerpo supera al propio cuerpo. En todo encuentro erótico, como en todo poema, hay un personaje “ausente”, pero siempre activo: la imaginación, el deseo. El poema como el erotismo nos propone otra clase de comunicación, regida por leyes distintas a las del simple intercambio de noticias e informaciones. Las palabras del poema, las partes del cuerpo de eros, es la de todos los días y, al mismo tiempo, es lenguaje que dice cosas distintas a las que todos decimos. Al decir de Octavio Paz, “hay siempre una hendidura entre el decir social y el poético: la poesía es “la otra voz”. La potencia de Eros, y la “peligrosidad” de la poesía son inherentes a su ejercicio y es constante en todas las épocas y en todos los poetas. Incluso ésta es la razón de la censura con que han visto a la poesía mística todas las Iglesias. Por ejemplo, San Juan de la Cruz no quería decir nada que contradiga las enseñanzas de la Iglesia, pero sus poemas, sin quererlo, decían otra cosa.

¡Quién pudiera agarrarte por la cola
magiafantasmanieblapoesía! (Juan Gelman)

El erotismo poético – entendido como la exaltación del goce sensual hasta el punto de excitar el instinto voluptuoso de los lectores- incluye tal variedad de estilos, tonos, motivaciones, tantas poéticas, y tantas políticas (estrategias narrativas) como el total de la literatura en su conjunto. No es “puramente comercial” como suele creerse. Muchas grandes obras de la literatura erótica costaron prisión, tormento y hasta la muerte a los autores. Y en otros casos solo se reprodujeron apenas unos pocos ejemplares y para uso exclusivo del propio autor. Buena parte de la poesía erótica, y sobre todo las mejores obras que ésta incluye comportan satisfacción del deseo del autor en el plano imaginario. Y esta se extiende al futuro lector cuando la escritura de las mismas tiene eficacia expresiva y estética. En este sentido podemos preguntarnos: ¿es el erotismo un adiestramiento de los impulsos, una “política”, cuya potencia es una poética en sí mismo?. Frente a lo erótico y frente a lo poético, nos encontramos con el rubor de sentirnos manejados por algo que nos ignora, que se aprovechará de nuestro sentimiento más profundo: El ser humano constantemente se da miedo a sí mismo. Sus movimientos eróticos le aterrorizan”, expone Georges Bataille en el prólogo de su ya clásico ensayo El erotismo. Ambas fuerzas, opuestas al poder, permanecen en las sombras, y nuestro patetismo consiste en buscar infructuosamente la dominación por la denominación, pero ni siquiera en ello vamos a encontrar reposo. Si el erotismo es la fascinación que produce el imaginario; y la construcción de un texto poético, erótico, es agregar la poética al imaginario o la ficción del erotismo, me atrevería a decir que lo erótico y lo poético, en su finalidad misma, admiten desde las nieblas místicas del ya citado San Juan de la cruz, o el “éxtasis piadoso” de Santa Teresa hasta la impúdica lascivia del Marqués de Sade: aquello que va de extremo a extremo entre la destreza del dominio y la urgencia de los cuerpos.
Para el poeta Octavio Paz, la poesía es testimonio de los sentidos, que sin perder sus poderes, se transforman en vehículos de la imaginación y nos hacen oír lo inaudito y ver lo imperceptible (hacen que ocurra algo extraordinario, nos recordaba Robert Graves). Y ¿no es esto, por lo demás, lo que ocurre en el sueño y en el encuentro erótico? Hay una pregunta de base que se hace todo poema, también los amantes y en ella se condensa lo erótico: ¿quién eres? En síntesis, podríamos afirmar que la “lucidez de Eros”, resulta de la relación entre erotismo y poesía, y que esta es tal que puede decirse, sin afectación, que el erotismo es una poética corporal y que la poesía es una erótica verbal.
Para el propio Paz, el erotismo es la parte más sutil del fuego (juego) del amor. Y también es la ilusión del amor. La fascinación que produce dicho imaginario. Lo que excita el amor sensual. La exaltación del deseo y la sublimación (poesía) del instinto sexual. De ahí, que el erotismo no siempre, ni necesariamente esté ligado a la función y actividad sexual. Incluso para Bataille el erotismo es la actividad sexual del hombre en la medida en que éste difiere de la de los animales. La actividad sexual del hombre no siempre es erótica. Y es erótica cuando deja de ser rudimentaria o simplemente animal.
El erotismo como la poesía es rito, ritmo y representación. Sexualidad transfigurada: metáfora. Siendo la imaginación, la potencia que mueve al acto erótico como al poético: la poesía erotiza al lenguaje, el erotismo es una metáfora poética de la sexualidad animal. En este sentido, el erotismo acerca a dos figuras emblemáticas, y aparentemente opuestas: el control y la castidad del solitario asceta (Las tentaciones de San Antonio) y el desborde del libertino (Los 120 días de Sodoma y Gomorra de Sade): ambos niegan a la reproducción. Textos eróticos como complemento de los textos religiosos, blasfemias, sacrilegios y profanaciones como formas inversas de la devoción religiosa. El ateísmo erótico-poético como una creencia: la subordinación del cuerpo a un fin trascendente.
En la mitología griega, Eros representaba la fuerza de atracción de los elementos primordiales y ordenadores del mundo. Una divinidad protectora de la hermosura de los jóvenes, un dios cuya potencia (la tan celebrada por los antiguos, “potencia de Eros) es capaz de producir el amor. El estudio de estos mitos revela, de modo general, una estructura que muestra el sentido de esta institución original: el hombre sexualmente activo, llamado el erasta, que siempre es un maestro, divino o heroico. Al que está ligado un joven sexualmente pasivo, el erógeno, que es siempre un adolescente impúber; su sujeción sexual termina, precisamente, con la aparición de la pubertad y la aptitud para el matrimonio. Así pues, en la sociedad griega la homosexualidad tiene su origen iniciático cuya prehistoria puede discernirse en las prácticas y concepciones de las pruebas de iniciación de los jóvenes en los cultos destinados a Eros y a Dionisos. Eros: hijo de Afrodita y el más joven de los dioses. Representado a lo largo de la historia del arte como un ser alado, caprichoso y travieso. Cuyas armas eran el arco y las flechas (Cupido, en la versión romana), que eran dirigidas al corazón de los humanos para encender el fuego irresistible de la pasión amorosa. Además, Eros simbolizaba el poder general de unificación y comunión. La conjunción y conexión de los opuestos, lo femenino y lo masculino, la vida y la muerte. El orgasmo que es al mismo tiempo, una pequeña muerte (Bataille), y que el erotismo, la poesía, tratan de aplazar a cualquier precio. La pulsión de vida, en oposición a la pulsión de muerte (Thánatos).
Siguiendo esta línea, la erotización de la pulsión de muerte sería, al decir de Catherine Millot, un esfuerzo de reparación para ligar, a pesar de todo, a Eros y a Thánatos, para erigir el sexo como defensa contra la muerte. Esta erotización de la pulsión de muerte, es la que permite hacer en la poesía de un Genet, del abandono una dicha, en los textos de Mishima, del dolor (San Sebastián) un placer, o en los films de Pasolini, de la pérdida una alegría. Y de las amenazas inquietantes de antropofagia y sacrificio en el cuento Bajo el sol jaguar de Italo Calvino, otras tantas promesas de goce. En estas obras, como en tantas otras a lo largo de la historia de la literatura, desde la más remota antigüedad hasta nuestros días, la poesía y el erotismo tienen como objetivo afirmar los derechos de la carne, la decencia y la libertad sexual prohibida. Y van trazando una huella muy clara no sólo de las costumbres, sino también de la política de diversas épocas, de la permisividad o de la censura, de aspectos religiosos, sociales, psicológicos que hacen a la totalidad del ser humano en su devenir temporal.
Pero no siempre la poesía erótica es tal, con frecuencia incurre deliberadamente en obscenidad y pornografía, con intenciones que trascienden tanto el erotismo como el hecho estético. Una poesía erótica instrumental de objetivos meramente proselitistas. A propósito, recordemos la diferencia entre erotismo y pornografía. El término pornografía viene del griego pornografos. Porné: prostituta. Y Grafo: escritura. O sea tratado o escritura acerca de la prostitución. En este sentido, la pornografía posee un carácter obsceno, su ideal es mostrarlo todo. En oposición al erotismo que no deja de ser pudoroso, y tiene que ver con los pliegues. De ahí que erotismo también se asocie, en cierta forma al adiestramiento de los impulsos. Cuyo correlato en la escritura está relacionado con el paradigmático procedimiento, o estrategia narrativa desplegado por la narradora Scheherazada, en la erótica y clásica “Las mil y una noches”, y que en definitiva sólo cuenta para no morir.
Desde otra perspectiva, el escritor español Francisco Umbral, comenta irónicamente:
La cuestión está en la rodilla, Baudelaire (lo cuenta Proust) amaba las rodillas femeninas. Amaba, quizá, en la mujer, lo que tiene de menos femenino, esos momentos de su cuerpo en que asoma el hombre que pudo ser, un fantasma varón o un fantasma de varón. Desde la pintura, y a partir de Lascaux (el nacimiento del arte) Bataille afirma, que lo que nos parece digno de ser amado es siempre aquello que nos sobresalta, lo inesperado, lo inesperable. Como si, paradójicamente, nuestra esencia respondiese a la nostalgia de lograr aquello que sabíamos en un principio imposible.
También merecen un apartado especial, dentro de este corpus poético – erótico, aquellos personajes literarios apasionados por el saber: tal es, pues, la pasión del Conocimiento, encarnada por Eros, que poseyó a Fausto y Don Juan, esos sacerdotes de Dionisos; hijos de Prometeo, en los que comulgan Eros y el conocimiento. Personajes que aparecieron casi simultáneamente durante el Renacimiento, en un momento de la historia en que el hombre estaba a punto de transformar su perspectiva del tiempo. La idea de un tiempo circular en los griegos, la noción cristiana de un tiempo marcado por el pecado original, empezaron a ceder su lugar a la de un tiempo más abierto, a un porvenir en progreso.
En este sentido no hay perversiones, porque “la potencia de Eros” (el erotismo) es en una dimensión la rebeldía contra las leyes de la naturaleza, así como en otra dimensión es el acercamiento intelectual mediante el sexo, a la naturaleza en profundidad: el erotismo ejercido como cultura, es un humanismo. Mejor dicho es un socialismo, en cuanto que, favorece el mestizaje social. Huye de la entronización idealista, de un sexo personal, y patrocina la diversidad de las criaturas amorosas y amadas. El erotismo es subversivo ya que ignora las clases y las supuestas jerarquías, las ciencias y las artes, el día y la noche. Sus postulados como los de la poesía (que al decir de Lautréamont debe ser hecha por todos) se desarrollan desde el punto más vivo de nuestra naturaleza: el deseo. Hay una capa simbólica que esconde y deja entre-ver “la política de Eros”: un sistema, una estrategia de pantallas conscientes o inconscientes que separan el deseo de su representación. Y como apuntara Italo Calvino, se observa un estado de deseo cuando de un estado de satisfacción se pasa a un estado de creciente satisfacción y por lo tanto, de inmediato, a un estado de insatisfactoria satisfacción, es decir, de deseo. A través de Eros, y como sugiere el acápite inicial de Max Frisch: Los cuerpos son honrados. Desde este punto de vista, toda poesía es política, es decir erótica.
Sin embargo, y esta es una de las paradojas trágicas (por lo intenso) de la humanidad, y como lo anticipara Marcuse, en Eros y civilización (1953), nuestra civilización está, generalmente hablando, fundada en la supresión de los instintos….Y puesto que la civilización es principalmente la obra de Eros, es antes que nada extracción de la libido; la cultura obtiene una gran parte de la energía mental que necesita sustrayéndola de la sexualidad.
Pero si la poesía y el erotismo se hallan enraizados tan profundamente en el ser humano, ¿por qué, entonces, se habla y fomenta su desaparición? Quizá porque los poderes que gobiernan nuestra sociedad quieren eliminar el espejo cambiante que se acaba de exponer y quieren apropiarse definitivamente, sin dejar rastro, del campo de su negación y de los campos imaginarios. Tendencia que quiere, asimismo, actuar utópicamente prometiendo como recompensa de la adaptación generalizada algo más de placer, constituyendo algo así como “una trascendencia y plusvalía aparente “ sobre la categoría de lo erótico y lo poético. Marcuse ya la había calificado como “des-sublimación represiva”. Esta es la estrategia conservadora de la estructura de una civilización técnicamente progresiva que ha intentado vencer la miseria material más burda, pero que impide a los hombres, por medio de coacciones menos visibles, que avancen en consecución de la libertad, e intenta indemnizarles por ello. Pero sólo como plusvalía aparente de sus productos de consumo. Lo que siempre se podía soñar o desear se ofrece ya sin más, desfigurándolo en un sistema obsceno y pornográfico de los placeres sustitutivos. Poetización engañosa de un falso erotismo de lo rutinario: así se incluye lo más lejano en lo próximo. En definitiva lo que esta política de evitar conflictos quiere demostrar es, ante todo, la imposibilidad de la tragedia.
Frente a esta tendencia “thanática”, la potencia de Eros se presenta en la poesía como un medio en el que la vida humana no sólo intenta comprenderse a sí misma, sino que incluso se pone en juego un cambio de percepción de las cosas que tiene el poder de transformarlas: lo repugnante puede transformarse en deseable, el afecto en crueldad, lo feo en hermoso, los defectos en cualidades, las cualidades en miserias. Mientras que la vida corriente se halla dominada por la rutina (“esa muerte a plazos”), por costumbres y exigencias de trato social que proporcionan “seguridad” y mantienen una realidad colectiva hipócrita, Eros pretende destruir, neutralizar o desplazar esas barreras. Y lo hace para facilitar nuevas experiencias. En la poesía, en el erotismo, el originario principio del placer de la psique se subleva contra esa realidad demasiado angosta e insatisfactoria y, en forma parecida a un sueño, hacen acto de presencia las posibilidades molestas y prohibidas, así como las que infunden irritación o miedo.
Ahora bien, y volviendo al principio, a Robert Graves, al rescate que hace del “hacer” (“que ocurra algo extraordinario”), y a la reconciliación tan necesaria en nuestros tiempos, entre poesía y ciencia, me gustaría concluir este artículo a modo de recordatorio, y que a partir de la lectura del libro de Octavio Paz La llama doble, se fue transformando en un “imaginario epitafio”, dedicado a quien fuera el “inventor” del psicoanálisis:

La genialidad de Freud residió en que supo unir su experiencia de médico
con su imaginación poética. Hombre de ciencia y poeta trágico, Freud nos
mostró el camino de la comprensión del erotismo: las ciencias biológicas
unidas a la intuición de los grandes poetas.
Su doble aspecto de Eros, luz y sombra, se cristaliza en una imagen repetida
de la poesía: la antorcha olímpica encendida en la oscuridad de la noche
para ser pasada a los que proseguirán la marcha.

 

Héctor J. Freire
Escritor
hector.freire [at] topia.com.ar
 

 
Articulo publicado en
Noviembre / 2004

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