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El lazo social como limite al avance neoliberal

 

“En tiempos de incertidumbre y desesperanza, es imprescindible gestar proyectos colectivos desde donde planificar la esperanza junto a otros"

Enrique Pichón Riviere

 

En 1930 Sigmund Freud creó uno de sus trabajos más filosóficos: El Malestar en la Cultura, en el cual nos propone reflexionar sobre el malestar permanente de los sujetos por el hecho de estar sometidos a la coacción cultural.  En aquel momento, Europa vivía una de las etapas más oscuras y convulsionadas de su historia. Faltaban apenas tres años para que Hitler comience su carrera como canciller y de ahí en adelante, todo el hecho harto conocido por el mundo.

El discurso neoliberal rompe los vínculos sociales ya que apunta a un sujeto individual que goza solo a partir de su transformación en un mero consumidor de objetos

En nuestros tiempos, podríamos pensar que ya no sería, solamente, la represión de los deseos en su estado más puro, ahora se suma la imposibilidad producida por la evolución del sistema capitalista, que encarna lo más despiadado e incrementa este malestar exponencialmente.  El capitalismo enferma.

Estudios de la sociedad argentina de cardiología, del mes de abril de 2018 confirman que más del 40% de la población nacional tiene alta presión, más del 60% tiene sobre peso y más del 30% tiene muy elevado el colesterol en sangre, con lo cual es muy preocupante el panorama sanitario en nuestro país.

Así mismo, el INDEC (índice de precios al consumidor) confirmó que, en el segundo semestre del 2018, la pobreza ascendió al 32% en Argentina. Son 14.3 millones de personas las que viven en la pobreza, mientras que la indigencia está en los 6.7%.

Para pensar este malestar que sufren hoy los sujetos, podríamos contextualizarlo a nivel social. En el pasado más reciente, se ha observado una caída del Estado Nación como institución donadora de sentido, una función que podría asimilarse a la paterna en tanto operaba como referente de los sujetos. Por otro la emergencia de una operatoria radicalmente otra, la emergencia de un sistema que fue ocupando el lugar del Estado Nación, pero desentendido de su función primordial dadora de sentido.

A partir de la década del 70, el sistema capitalista profundizó sus formas de acumulación, mutando al neoliberalismo. En la Argentina y América Latina, a través, de un plan sistemático, logra penetrar con la furia de un huracán y arrasar con todo a su paso. El pico neoliberal se dio, en primer lugar, en la década de los 90 y posteriormente, en la actualidad recrudece su avance dejando una huella negra en nuestra historia.

El plan fundamental del neoliberalismo consiste en denigrar y deprimir al Estado Nación, además de incapacitarlo operativamente. Lograda esta primera etapa, sin un Estado Nación que done sentido, el lugar fue ocupado por el Mercado.

El Estado Nación ya no la instancia dominante productora de subjetividad, y ese corrimiento de su lugar afecta profundamente a los sujetos generando un malestar aún mayor al ya mencionado por Freud, en su texto de referencia.

Lo colectivo no únicamente como “masa” o “populismo” sino haciendo hincapié en el lazo social como sostén de una subjetividad que de otro modo se ve altamente fragmentada por los discursos imperantes

De un tiempo a esta parte, se hace más evidente la dificultad que el neoliberalismo genera en los lazos sociales, ya sea obstaculizando el establecimiento de los lazos como su sostenimiento. El discurso neoliberal rompe los vínculos sociales ya que apunta a un sujeto individual que goza solo a partir de su transformación en un mero consumidor de objetos. La proliferación del consumo como un (no) sentido es la (no) lógica. Es por excelencia el lugar de individuación de los sujetos. Es allí en donde el lazo de diluye y rige la lógica del “sálvese quien pueda”.

En condiciones neoliberales, la dominación del sujeto no es la alienación - como lo fue durante la hegemonía del Estado Nación - sino la fragmentación. Podemos pensar en este sentido, que lo propuesto culturalmente, es coercitivo y a la vez fragmentario. Lo cual elevaría el nivel de malestar dada la imposibilidad de encontrar algún paliativo pensando con esos otros.

"Si el destino reactivo para la subjetividad ciudadana era la alienación en un sentido dominante, el destino reactivo de la subjetividad consumidora es la ausencia de sentido"

Digamos que la ausencia de sentido banaliza la posibilidad de hacer lazo social y concluye en la fragmentación, elevando los niveles de malestar del sujeto.

"El agotamiento del Estado Nación como pan-institución donadora de sentido no sólo implica el agotamiento de esa lógica social y sus tipos subjetivos, sino también el agotamiento de sus estrategias de subjetivación."[1]

Dicho de otro modo, el pasaje del Estado al mercado, altera radicalmente el estatuto de la subjetividad instituida en los tiempos actuales.  El soporte subjetivo de la organización social ya no es el ciudadano producido por las instituciones sino el consumidor instalado por los artefactos del mercado. Con este pasaje se expropia al sujeto de lo colectivo.

La serie, formada por personas que se encuentran agrupadas con un fin inmediato, pero sin vinculación como lazo social, también se ve fulminada desde el discurso neoliberal. Hoy se accede al banco desde el "home banking", se ha reducido la necesidad de hacer "cola en un banco" y los jóvenes se envían mensajes a través de alguna red social, a pesar de estar en el mismo recinto y en el mismo momento. Se llega al emburbujamiento del sujeto y la imposibilidad de hacer lazo.

El mercado se encarga de convertir al Estado en un administrador y lo precariza. Es allí en donde pierde su más importante función, la de donar sentido en su “función paterna” a las instituciones transmisoras, y deja vacíos, lagunas que afectan que aíslan a los sujetos. Esta disgregación también constituye demandas aisladas, dispersas.

Digamos que, todos estos cambios de organización social, produjeron en el sujeto un entendimiento distinto de la realidad. El sistema comenzó a organizar las relaciones vinculares, ya no desde la hegemonía del Estado, articulando en su función paterna, sino desde la lógica de mercado, que tiene como fin fundamental la propuesta del consumo para aumentar la rentabilidad. Ya no importan los límites impuestos desde el Estado a través de sus instituciones. Ya no son necesarios. Ya no se trata del “capitalismo antiguo” que nos mostraba a un sujeto alienado. El Neoliberalismo es una fábrica de subjetividades. Reviste mayor gravedad en lo que respecta al malestar del sujeto ya que lo que en el capitalismo industrial era exclusiva responsabilidad del otro, encarnado en la clase social dominante, hoy se vuelve contra el propio sujeto que a partir de su propio rendimiento es amo y esclavo en un mismo lugar. Tal como lo argumentó Foucault, el sujeto se volvió un “empresario de sí mismo”.

Teniendo en cuenta que una de las herramientas fundamentales utilizadas contra el sujeto es el aislamiento, podríamos pensar en la posibilidad de encausar en lo colectivo como una forma de alivio del malestar. Pensar con otros, entre otros, como una salida posible al enfrascamiento consumista.

Lo colectivo no únicamente como “masa” o “populismo” sino haciendo hincapié en el lazo social como sostén de una subjetividad que de otro modo se ve altamente fragmentada por los discursos imperantes.

Sigmund Freud trabajo el concepto de Masa en su texto “Psicología de las masas y análisis del yo” (1905) como la suma de lo individual que deviene plural. La construcción populista produce acciones que limitan a ese Otro al que se dirigen las demandas. Se configura como un límite al neoliberalismo, y a partir de esta concepción el sujeto se incluye en un colectivo que puede acercar las demandas de los sujetos al Estado y sus representantes.

En "Psicología de las masas y análisis del yo" Freud nos muestra cómo una persona que forma parte de una masa se subordina y deja de ser independiente. Las masas son asociaciones de individuos que se someten a la autoridad de un líder que los domina con sugestión. Esta masa de individuos se manifiesta con características arcaicas: violentas, impulsivas, bárbaras. Estos grupos sin tarea, hipnotizados, sin posibilidad de análisis alguno se sostienen por la identificación con el líder que genera de modo secundario identificaciones entre los participantes de la masa.

La identificación se produce a partir de que la masa - un gran grupo de individuos - pone en el líder el lugar del ideal del yo, operador simbólico que sostiene la identificación de los yoes de los miembros entre sí.

A diferencia de lo que sucede en "la masa", la idea de Populismo implica algo más que la identificación con el líder.  Desde su inicio, los sujetos que integran el colectivo deben estar implicados en el colectivo con sus necesidades y demandas. Podríamos decir que la demanda ocupa el lugar del líder.  A diferencia del sujeto de la masa, sometido a un amo que lo sugestiona y en donde no es necesaria la participación intelectual de los sujetos, en el populismo el sujeto se implica con su identidad en tanto ésta es política.

"El populismo es todo proyecto político hegemónico aplicable a situaciones en las que existan demandas sociales insatisfechas. La articulación de esas demandas democráticas es el objetivo principal del líder populista".

El populismo es un modo de construcción de lo político inherente a una comunidad. Sabemos que es impensable que una comunidad pueda satisfacer todas las demandas de los sujetos. La demanda populista implica hablar y hacerse escuchar.

La identificación se produce a partir de que la masa -un gran grupo de individuos- pone en el líder el lugar del ideal del yo, operador simbólico que sostiene la identificación de los yoes de los miembros entre sí

Laclau concibe al populismo como expresión indiferente a la ideología, a las versiones, grupos, clases o momentos históricos. También al desarrollo económico y social de una sociedad. Lo define como "lucha popular democrática", formación social que depende de una lógica de articulación de demandas.

Postula a la demanda como una centralidad. Porque son las demandas insatisfechas de los sujetos las que se transformarán en reclamos y devendrán políticas. Es la tarea de poder sostener esas demandas, expresadas en una equivalencia simbólica, tomada como bandera del propio reclamo popular.

El populismo propicia la articulación de esas demandas dispersas expresadas en una que tracciona como equivalencia y comienza con la construcción de lo político como forma identitaria de la sociedad.

El populismo es contingente, sostiene. Construcción política que tiene su origen en la demanda social.  Podríamos pensar en una demanda que nace de una necesidad insatisfecha, que en la vincularidad con sus pares se evidencia como emergente de realidad. La demanda es colectiva, se manifesta, se cristaliza en demanda social. Una lucha popular democrática. Populismo como formación social que depende de una lógica de articulación de demandas que se relacionan y conforman identidad.

La posibilidad de articular una demanda popular produce lazo social.

La construcción de algo nuevo, que se inaugura desde una posición humana por lo tanto siempre carente y no sustentada en ideales narcisistas ni en amos omnipotentes.

El psicoanálisis y el populismo tienen puntos de encuentro en tanto ambos abogan por la emancipación del sujeto y proponen el lazo social como constituyente de la subjetividad.

La construcción de la identidad en tanto política –como propone el populismo-, da razón de ser a un colectivo a partir de demandas genuinas y no de ideales encarnados en la figura del líder –como sucede en la masa-. Instituye la directa "participación" democrática en los sujetos que están en relación con sus propias necesidades y sus propios deseos, dejando de lado la "representación" democrática que los hace legos. Delegar, en ese sentido es darle a otro la representación de lo propio. Esto es una amenaza al sistema. Hacerse cargo de lo propio, dejar de estar sometido al Otro. Categorías de la emancipación del sujeto que cobran sentido en populismo y psicoanálisis.

Pensar la implicancia del discurso psicoanalítico y el populismo como discursos que pueden formar un horizonte común para intentar contrarrestar el tremendo malestar que en la época actual constituye el avance del neoliberalismo.

Luca Méndez
Psicoanalista y Psicólogo social
lumendez80 [at] gmail.com

 

Bibliografía

  • Sigmund Freud – El Malestar en la cultura
  • Sigmund Freud: "Psicología de las masas y análisis del yo"
  • Sociedad Argentina de Cardiología: https://www.sac.org.ar/actualidad/nueva-radiografia-de-los-factores-de-riesgo-en-la-argentina/
  • “Del Fragmento a la Situación” - Grupo Doce
  • Nora Merlin - "Populismo y democracia" - Revista Topia
  • Ernesto Laclau – “La razón Populista”
  • El discurso neoliberal rompe los vínculos sociales ya que apunta a un sujeto individual que goza solo a partir de su transformación en un mero consumidor de objetos
 

[1] “Del fragmento a la situación” – Grupo Doce

 

Articulo publicado en
Junio / 2020

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