¿Por qué darnos al tiempo de la escritura compartida, al de la reflexión sobre lo que hacemos?
Este es un trayecto de idas y vueltas, entre los talleres y los espacios de escucha psicológica en un hospital de día. Un diálogo que vamos construyendo, que al mismo tiempo busca otras formas de sostener(nos) a quienes acompañamos.
En estos intermedios compartimos las diferencias que se dan entre un espacio y otro para pensar las intervenciones.
Nos proponemos aquí una apertura hacia algunas situaciones que reflejan esta manera de trabajar, una apertura hacia nuestros diálogos, una conversación que por momentos va hallando una voz común que confluye en un nosotros, y por otros va tomando distancias en el decir singular de cada uno.
Un sufrimiento detenido en el tiempo, actualizado en un cuerpo que duele, que se inquieta, que se marea, que tiembla, que no encuentra lugar. Un cuerpo que quiere huir todo el tiempo, es traído al hospital de día, después de haber sido llevado a otros numerosos espacios de salud mental. Tratamientos infructuosos. Sufrimiento detenido, enquistado en un pasado inmodificable, encadenado a múltiples diagnósticos del mundo psi. Este sufrimiento llega apenas representado por palabras de dicho mundo: psicosis, ataques de pánico, mareos, palpitaciones, agitaciones, parálisis, ideas de muerte, internaciones, electroshock. Una lista interminable, de un padecer sometido a un circuito cerrado al que no se le encuentra salida y que parece decir poco de lo singular del cuerpo que lo enuncia.
En un principio, ante la presencia de otro, dramatizaba una y otra vez la misma escena marcada por sus malestares físicos y por auto-reproches, desesperanza, falta de motivación, de ganas de vivir. Insistía una y otra vez en no poder superar situaciones que le ocurrieron y que ahora es demasiado tarde. Toda su vida estaba en un pasado inmodificable.
Navega los bordes del dispositivo, arrastra los pies, su cabeza ladea y habla con el puchero de una niña en la boca. Durante un largo tiempo su circulación en el espacio de Escritura y otros talleres era evitando la participación: se negaba a levantarse del sillón la mayoría de las veces, y sacudía la cabeza diciendo que No con el cuerpo, ante la invitación a la escritura. Algo de su rechazo parecía buscar una escucha de algo más que no se estaba diciendo. Hubo algunas conversaciones que mantuvimos en los márgenes (al terminar el taller, en un pasillo, mientras los demás escribían) donde ella retomaba ese leitmotiv que llevaba a cada espacio del hospital de día: una imposibilidad para hacer nada, porque lo que debió hacerse no sucedió. Un eslabón perfectamente identificado quebrando una línea de tiempo a la cual ya no es posible volver. Hablaba de un dolor actual atorado en un pasado que la mortifica y, a su vez, no dejaba pasar ninguno de los consuelos que parecía solicitar.
En sufrimientos solitarios signados por la repetición, muchas veces encerrados en diagnósticos, mantenemos una insistencia, una convicción, tal vez una necesidad de que pase algo. Que pase algo, en tanto acontecimiento y en tanto pasaje y movimiento. Tratamos de habitar una lógica del pasaje, movimientos continuos como los que se pueden dar entre los distintos territorios que componen el hospital de día.
Se presentó un desafío: sostener la mirada ante palabras que buscan la renuncia -mi renuncia- a ese insistir que significa mi presencia. "No sé qué escribir, no me sirve de nada, no cambia nada". Insistir, y ofrecer alternativas que asomen la posibilidad de crear algo nuevo, decir otras cosas, otras palabras para habitar nuevos tiempos. Así fuimos construyendo juntas otro modo de participación, desde los márgenes, pero adentro, ya no afuera del dispositivo.
Dice Deleuze, que "devenir no es alcanzar una forma, sino mantenerse en una zona de proximidad, de cercanía. [...] El devenir es siempre entre o en medio. Allí surge la potencia de lo indefinido. [...] La literatura aparece como un intento o como una iniciativa de salud. [...]." (1) En la oscuridad de este encierro, una pregunta es el rayo de luz que se filtra por la mirilla. "¿Hay una salida? ¿Acá me van a ayudar?"
Estaba en el sillón igual que siempre. La invité a hacer la ronda. "No: desde acá. Yo miro desde acá. Yo voy a escribir igual, pero desde acá", dijo. Escribir desde el sillón, fuera de la ronda, pero dentro de la misma sala, tener un trato especial. Acuerdos, que se van asentando también en los antecedentes que van dejando huella de una semana a la otra. No es la primera vez que escribe desde el sillón, fue en una de esas insistencias que apareció la posibilidad y un soporte para que pueda hacerlo: un objeto rígido sobre el cual apoyar su letra. Esta vez retoma ese microdispositivo y lo solicita, para escribir me pidió el soporte. "Para poder apoyar", dice. Escribe y cuando me acerco dice si se lo puedo alcanzar a su psiquiatra. Le digo que se lo entregue ella y acepta.
Buscamos permanentemente crear espacios del decir y promover libertades de circulación. Nos servimos del trabajo de Jean Oury, para pensar las transferencias en la institución como compartidas, móviles, dinámicas y cambiantes.
Buscamos permanentemente crear espacios del decir y promover libertades de circulación. Nos servimos del trabajo de Jean Oury, para pensar las transferencias en la institución como compartidas, móviles, dinámicas y cambiantes. Transferencia, remite etimológicamente al nombre que portaban los autobuses en Atenas, las metáforas (2), es decir: portadores y transportadores. La transferencia como movimiento, como desplazamiento, e incluso, como soporte.
La escucho angustiada, sin poder decir nada. En una intervención poco calculada, le digo que tal vez en ese momento no podía encontrar las palabras, pero que enseguida comenzaría el taller de escritura y que podría ser una buena oportunidad de búsqueda. Intervención que habilita a pensar que no todo transcurre ahí, que hay otro tiempo y espacio. "Podés preguntarle a la profe". Otra intervención que se me adelanta. Que el peso de las palabras sea distribuido. Soportar la transferencia podría tener también ese sentido; el de soportar con otros. Hay distintos soportes y es importante reconocerlos.
Hace algunos encuentros que el espacio de escritura le sirve de soporte para habitar en la hoja diferentes modos de decir sobre su sentir, su padecer. A veces en clave leitmotiv, a veces más inclinada sobre el malestar corporal que se repite. Estos textos se volvieron puentes a su espacio de escucha individual con su psicólogo, donde ella los lleva y a veces los leen juntos.
Le propongo que tome una frase de su texto y escriba algo breve para compartir con el grupo. Lo hace, mas no lo comparte. Al terminar me deja leer el texto breve en el que retoma la descripción del malestar y la mortificación por no haber pedido ayuda antes. Conversando, dice que no puede conectar, que siente ansiedad cuando estamos en la ronda. Le pregunto si es por la ronda o por algo externo. Dice: "no, es mi ansiedad natural". Le pregunto si puede escuchar lo que otros leen o comparten, y dice que no, que lo que escucha pasa. Yo digo "pasan como agua" y asiente, dice que eso tendría que trabajarlo.
En la repetición a veces puede ser necesario prestar una metáfora, que es el desplazamiento de significado entre dos términos con una finalidad práctica, estética... y también clínica ¿por qué no? Metáfora significa literalmente transferencia de significado. La metáfora/vehículo que puede transportar ese decir a otro plano, otorgarle la posibilidad de otra dimensión, tal vez una profundidad.
Me cuenta que está escribiendo sobre lo que le pasa fuera del taller, porque se lo sugirió su psicólogo. La escritura funcionando como herramienta, como artefacto de comunicación con sus terapeutas. Le propuse entonces que trabajemos juntas para que desde la escritura pueda focalizar la atención en un tema, que es algo que le preocupa. Le pregunté por el invierno, tema trabajado aquel día. Dice que no le gusta, que prefiere el verano, por la pileta, la malla, y que el frío le da contracturas. La invité a escribir sobre eso durante la semana, sobre todo lo que no le gusta del frío. Ella acepta estas propuestas, tal vez sin resultados tangibles. Pero habilitamos así una fuga posible: la escritura también puede ser vehículo/metáfora para trabajar en el taller otras búsquedas, una línea de tiempo nueva en la cual nutrir y nombrar aquello que la compone.
Dice Oury que para que haya libertad de circulación, se requiere la existencia de un espacio y un movimiento, tanto en el sentido concreto del término -poder caminar-, y además puntos de referencia múltiples y diferentes. Una estructura que permita que valga la pena ir de un punto a otro. Que un punto sea distinto al otro, que sostenga la ilusión de que no será igual al anterior, que haga valer la pena el movimiento.
Andaba con su escrito dando vueltas, buscándome. Aunque el espacio es de escucha psicológica, entre nosotros circulan principalmente escritos. Palabras volcadas sobre papeles que posibilitan cierto conjuro del malestar corporal. Palabras, otra materialidad que hace más tolerable el padecer. Palabras donde darse refugio, morada. Lugar donde demorarse, donde encontrar otro tiempo para significar aquello muchas veces inefable. La escritura como un medio de exploración existencial y expansión vital que posibilita relanzar procesos de singularización. Comienza a escribir sobre sus miedos, sobre la pérdida de libertad a partir de su enfermedad. Palabras para esos nudos de una línea temporal cristalizada. Se retoman estos significantes y se generan aperturas. Escribe sobre situaciones que soportó y por miedo no las pudo decir. En una ocasión, me pide que la lea. Ella me escucha con atención, cuando termino de leer su texto, la veo llorar por primera vez: "es muy fuerte lo que me pasó", dijo. Otras formas de expresarse esperan inventarse.
Sobre la apreciación de temporalidad en la escritura, dice Calmels que "la línea crea una presencia simultánea al movimiento de la mano, simultánea y perdurable. La marca del lápiz es fiel al gesto, deja evidencia de que algo ha ocurrido y es testigo de los movimientos. [...] El trazo crea espacio, pero además crea tiempo. Crea espacio en tanto que marca la textura de la hoja, transforma el espacio neutro haciendo visible su existencia. [...] En cuanto al tiempo la línea nos da idea de viaje, así como hay costados en el espacio, en el tiempo hay pasado, presente y futuro. [...] su letra avanza, está en el tiempo." (3)
Con el tiempo, sus escritos sirven de referencia del recorrido realizado. Se la escucha decir luego de leer uno de ellos: "¡Que mal que estaba en ese momento!"
Dice Calmels: "La presencia de la letra en el papel no garantiza la objetividad del que lee, y menos del que lee su propia escritura. El compromiso del escritor con lo escrito lo lleva a necesitar la 'prueba del tiempo', ésta es el primer reaseguro de que lo escrito sigue siendo confiable. (..) Al que escribe nunca le alcanza la palabra. (...) Volver a leer y pasar por la escritura tantas veces como sea necesario." (4)
Algunos encuentros más adelante se suman a la ronda desde una esquina. Se suma a la mesa desde la punta. Dice e insiste, cada vez con mayor precisión y claridad, que no puede retener lo que escucha de los otros, las lecturas en voz alta no le resultan comprensibles. Entonces buscamos otra vez una variación que pueda serle de apoyo: releer el texto del poema desde el papel, tomar contacto con él, y seleccionar un fragmento que le sirva de punto de partida para escribir. Esta vez comparte su texto con el grupo, pidiéndome que le preste la voz. No escribe desde su fraseo recurrente, no escribe sobre su malestar. Comprende el poema y discute con él. Asegura que es de suma importancia hallar la pasión y los propios gustos, la búsqueda del placer. Pero que aquello no es incompatible con el cansancio.
Siguiendo a Calmels, "el fenómeno de la escritura no consiste en volcar fuera lo que tengo dentro, no se trata de ordenar formalmente un saber. (..) sino trabajo original sobre el papel." (5)
Ensayamos maneras de habilitar transferencias que amplíen las posibilidades de acompañar sufrimientos. Dar lugar a la diversidad, a partir de situar las aparentes incongruencias y/o diferencias de apreciación entre un espacio y otro. Compartimos la diferencia y ahí permitimos que afloren otras lecturas. Esto lleva a la apertura, a una multiplicidad de sentidos. No es la sumatoria de saberes, ni el intercambio de información de lo que dijo o escribió un paciente, o de cómo se lo vio en tal o cual espacio. Al decir de Trosman: "No todos vemos la misma escena, aunque estemos mirando el mismo cuadro. No hay un solo significado para cada significante, ni para cada señal. Es en este vacío de sentido inmediato y unívoco, en esta multiplicidad de significados, donde se produce la subjetividad." (6)
Un equipo interdisciplinario se sostiene en práctica permanente, en deliberaciones, en discusiones, en intervenciones acordadas sobre un fondo de incertidumbre.
Un equipo interdisciplinario se sostiene en práctica permanente, en deliberaciones, en discusiones, en intervenciones acordadas sobre un fondo de incertidumbre. No es la mejor y más eficaz composición para completar un poder, como una totalidad conquistada. La interdisciplina más bien como detención de arrogancias profesionales, un impoder compartido que autoriza la deliberación. (7)
Este modo de situarnos en la clínica, nos concierne en un proceso complejo. La pregunta continua que vuelve sobre nuestros modos de intervenir, sobre los límites del saber propio, nos sitúa en un terreno endeble, muchas veces inhóspito. También, es una forma de dimensionar la importancia de nuestra presencia en cada situación, con sus alcances, pero sobre todo con sus limitaciones.
La interdisciplina, como construcción de puentes para poder salir de una concepción reduccionista, individualista y patologizadora del sufrimiento. Un movimiento que apunta a generar espacios, despojarlos de preconcepciones, estar a la espera de que emerja un decir.
La interdisciplina, como construcción de puentes para poder salir de una concepción reduccionista, individualista y patologizadora del sufrimiento. Un movimiento que apunta a generar espacios, despojarlos de preconcepciones, estar a la espera de que emerja un decir. El equipo permite sostenerse en ese no saber. No aspiramos a crear formas, sino mantenernos en producción de singularidad percibiendo fuerzas vitales que buscan anunciarse como pueden. "Es importante que mantengamos nuestra abstinencia, la función de espacio vacío para que cada uno pueda nadar hacia el objetivo que considere importante en su vida dentro de un mar de significados. Una dirección de la tarea que favorezca la plasticidad del cuerpo y de la mirada." (8)
Entre escrituras y escuchas, se esboza un paisaje interdisciplinario y comunitario en el hospital de día, el cual emerge resistiendo a los discursos y prácticas individualistas actuales. Nos encaminamos en una dirección diferente ante al avance de un modo de producción de subjetividad generadora de aislamientos y segregación, con su tendencia a reducir la complejidad de los sufrimientos en sus dimensiones sociales, políticas, económicas, culturales, biológicas, etc., a categorías diagnósticas individualizadas y cerradas.
En esta confluencia de arte y salud mental, la intervención clínica se enriquece con dispositivos expresivos y se habilitan procesos de singularización y reescritura de lo subjetivo. El entre que se genera se convierte en una vía de despatologización creando diversas trayectorias vitales, habitando los márgenes del sistema con potencia clínica, política y ética.
¿Por qué darnos al tiempo de la escritura compartida, de la reflexión sobre lo que hacemos?
Pensamos este espacio de escritura como un registro del quehacer interdisciplinario que revitaliza nuestra labor, y a su vez como una retroalimentación de este entusiasmo que nos permite (entre)tenernos en nuestras propias prácticas. Pensamos y ensayamos reflexiones desde ese medio, desde ese entre, donde creemos que pasan cosas valiosas.
Abrimos la posibilidad de tener otras perspectivas de cómo acompañar sufrimientos: sostener la mirada, no ser indiferente ante la negatividad o la pasividad y darle tiempo a que aparezca una respuesta. Renovar la insistencia en la propuesta. No pasar por alto la presencia del otro. Sobre todo, cuando hay sufrimientos que se encaminan hacia la soledad, la cronicidad, y la perpetuación de su padecer.
Esta manera de trabajar genera una huella a la cual nosotros también podemos volver. Hacer camino al andar y saber qué hacemos una línea de tiempo, o varias, nos da lugar para una danza. Recuperar los pasos, ensayar. ◼
1. Deleuze, Gilles, La literatura y la vida, Alción Editora, Córdoba 2006.
2. Oury, Jean, "Libertad de circulación y espacio del decir", Artículo de mayo de 1998, Topía, https://www.topia.com.ar/articulos/libertad-de-circulaci%C3%B3n-y-espacio-del-decir
3, 4 y 5. Calmels, Daniel, El cuerpo en la escritura, D&B Editores, 1998.
6 y 8. Trosman, Carlos, Corpografías: una mirada corporal del mundo, Topia Editorial, Buenos Aires 2013.
7. Percia, Marcelo, Deliberar las psicosis, Lugar Editorial, Buenos Aires, 2004.
Laura Huberman
Arteterapeuta
Email: laurahuberman [at] gmail.com
Juan Terraes
Psicólogo
Email: juanterraes [at] gmail.com
Proyecto Suma