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Psiquiatría, Psicoanálisis y Cultura Comunista

 
Batallas ideológicas en la guerra fría. Siglo XXI editores, 290 páginas

Obertura

Psiquiatría y cultura de izquierda

Una primera condición histórica de los problemas abordados en este libro se sitúa en el lapso que se despliega entre los años treinta y los cincuenta, y en el desplazamiento por el cual la psiquiatría, o una parte de ella, como saber disciplinar legítimo, se separa del modelo médico (de lo que Nathan Hale llama el “estilo somático”) y se reúne con otros saberes, provenientes del campo político, las ciencias sociales y la cultura intelectual. Ha sido un proceso complejo, con tensiones y malentendidos, que en una primera impresión puede comprenderse como una “desmedicalización” de la psiquiatría. En verdad, lo que nace es una formación de compromiso que no rompe sus lazos con la medicina, pero que ya no puede concebirse como una rama médica; un giro que, como se verá, se implanta con fuerza en los años de la segunda posguerra y se corresponde con un momento de consolidación, de reconocimiento y de autoconciencia de una psiquiatría renovada en torno de los temas de la salud mental. Pero nunca lo nuevo es enteramente nuevo. Los cambios en la disciplina psiquiátrica son parte de una reorientación de la medicina que recuperaba la tradición pública del higienismo que, en su saber y en los modos de intervenir sobre los problemas de la sociedad, se constituía en una ciencia social aplicada. Por supuesto, la higiene no ofrece una tradición homogénea; no faltan en ella debates y conflictos.

Algo cambiaba en el escenario global, desde los treinta y, con claridad, en la segunda posguerra; un giro epistémico impactaba sobre el suelo común que alimentaba esa reunión de las disciplinas médicas con el pensamiento social. Dicho brevemente, frente a los desafíos que nacen del imperativo de dar cuenta de los cambios en el mundo contemporáneo, las visiones sobre la sociedad adquieren una nueva autonomía y el ascenso de las ciencias sociales corre paralelo con la declinación de los modelos biológicos. Wright Mills, en un texto clave, sitúa ese momento de giro en los años cincuenta y se refiere a la “imaginación sociológica” como un “estilo de pensamiento” que tiende a imponerse y a relegar el pensamiento físico y biológico (Wright Mills, 1961). El desplazamiento de la biología por la sociología como lenguaje y como patrón de saber imprime una reorientación general de la disciplina psiquiátrica en sus proyecciones sobre la sociedad. Desde luego, el primer sustento de la higiene en la cosmovisión del naturalismo positivista empieza a resquebrajarse antes. La caída de los motivos naturalistas es un rasgo que recorre el siglo XX, no sigue un proceso uniforme y muestra formas y tiempos diversos en la filosofía, las ciencias sociales o las disciplinas estéticas (Stuart Hugues, 1972). En el caso de las disciplinas psi, ese tránsito que relega los motivos del naturalismo es el más tardío. Recién hacia los cincuenta las nuevas tendencias de una psiquiatría orientada a lo social cobran fuerza en la tradición de la higiene y de la prevención y se extienden a los psicólogos, que empiezan a incorporarse al sistema público de asistencia.

En la Argentina, en sus derivaciones hacia el ámbito público y en sus relaciones con el aparato estatal, la psiquiatría se había desarrollado en un entramado que comprendía dos focos y dos problemas. Por un lado, la medicina pública, es decir, la higiene; por otro, la criminología, en una visión que extendía los temas de la prevención hacia la función de la “defensa social”. Es este segundo foco el que había dominado, desde comienzos del siglo XX, en el camino que llevaba al alienista del hospicio a los márgenes de la sociedad. Cuando Gregorio Bermann, un discípulo destacado de Ingenieros, funda Psicoterapia (1936-1937) y la RLP (1951-1954), el foco ha cambiado y se ha disuelto esa relación casi constitutiva con la criminología y la defensa social. Los desplazamientos y las transformaciones del dispositivo psiquiátrico hacia los cincuenta no tienen un sentido único. Lo importante, para el propósito de esta investigación, es que en esos años se consolida una izquierda psiquiátrica a partir del círculo de profesionales del PCA. Se agrupaban en la RLP bajo la dirección de Bermann, quien retomaba, en condiciones bastante diferentes, el proyecto reformista iniciado con Psicoterapia. En esa formación se combinaban motivos científicos y filiaciones políticas. Y se agregaba el propósito de intervenir en la lucha ideológica en las ciencias y la cultura.

El marco estaba dado por el movimiento internacional que afirmaba la supremacía estratégica del sistema comunista: en la coyuntura de una escalada en la confrontación con los Estados Unidos, el PCA se abroquelaba en la postulación de la estricta separación entre ciencia burguesa y ciencia proletaria.

La izquierda psi, entonces, recorta una configuración disciplinar, pero también intelectual, cultural y política. Pertenece a las formaciones ideológicas de la izquierda, pero a la vez integra ciertas nociones propias del discurso psiquiátrico y psicoanalítico, aun cuando en ese entramado de ideas y programas el componente disciplinar se revela bastante laxo. Se trata, entonces, de una formación compleja de discursos, proyectos, iniciativas, apropiaciones; involucra una trama de saberes establecidos -la psiquiatría, la psicología y el psicoanálisis- en una dimensión pública, que comprende prácticas de asistencia y formación. Una historia de esa configuración, en la Argentina, debe comenzar por la psiquiatría. Desde las condiciones de su formación, esa trama heterogénea se caracteriza por exceder, en su producción discursiva y en la construcción de sus objetos, los límites de la medicina mental. Psiquiatría y sociedad enuncia, en una primera aproximación, el campo de problemas e intersecciones que allí se abre. O salud mental y política, si se atiende a las proyecciones sobre las prácticas y las instituciones públicas. En esa configuración discursiva, por otra parte, no puede eludirse la función de los actores, enmarcados en lugares y en carreras institucionales, en la cátedra, el hospital o la gestión estatal. En esos cruces emergen las tensiones y superposiciones entre la función del especialista y las posiciones intelectuales que buscan situar sus objetivos y su quehacer en horizontes y compromisos más vastos.

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Temas: 
 
Articulo publicado en
Julio / 2016

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