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Selfie and Sexting

 
Apuntes sobre la historia de la infancia (II)

Una niña le exige a su madre que saque fotos de lo que está haciendo una amiga, como no lo hace, ella toma su celular y no cesa de disparar desde varios ángulos. La madre trata de oponerse diciendo que con mirar alcanza y sobra. La niña culmina con dos selfies: la primera con su amiga y la última ella sola. Cuando concluye quiere volver a casa pronto para que las tomas sean subidas a su Facebook. La madre, ya un poco molesta, le dice que no quiere llegar a casa y tener que estar horas discutiendo para que apague la computadora.

La escena nos permite continuar con los apuntes para la historia de la infancia. Como sabemos una historia fragmentada que debe bucearse teniendo claro que siempre ha quedado en manos de los adultos registrar y pensar a los niños. Sin duda hemos avanzado desde el advenimiento del psicoanálisis para acá. Ya sabemos de la sexualidad infantil y sus relaciones con el inconsciente, también conocemos por Jean Piaget cómo es la evolución de la inteligencia desde el inicio de la vida. Estos y otros estudios han permitido a los adultos generar una comprensión mucho más profunda de los niños.

En contraposición a lo anterior, hay un fenómeno novedoso que ha llevado adelante la medicina: la medicalización psiquiátrica del niño con el síndrome ADHD. No lejos de esto, conocemos cómo las multinacionales de la comida y los videojuegos por Smartphone dedican estudios de marketing para incitar al consumo autónomo de los niños de esos juegos, de los snacks y las bebidas gaseosas. Como se ve no se tira a los niños del monte Taigeto, pero se los envía hacia al consumismo y la medicalización.

En éste artículo analizaremos cómo niños y adolescentes son los que, día a día, suben a las redes sociales una enorme cantidad de fotos y videos de su vida y de sus amigos. Son protagonistas y testigos, con sus selfies, sextings y videos nos dan los elementos para observarlos. Es en el minuto a minuto de la web donde está la historia de la infancia viva hoy; la que debemos tratar de comprender. Toda una ruptura con los modos previos de conocer a los niños.

 

Allá lejos

 

Philippe Ariès señala que hay cambios muy significativos entre el siglo XII y el XIII, expresiones de una sociedad diferente producto de un despliegue económico que reanima rutas, mercados y donde se van transfiriendo hacia las ciudades todos los sistemas de control y organización. Es un momento donde la moneda cobra realce, la palabra ganancia adquiere una gran relevancia y una nueva autonomía personal se hace presente. También surgen nuevas lenguas.

Es un desarrollo con estos ejes: A) Nuevos idiomas, B) Otra manera de hacer circular riquezas, C) Una nueva subjetividad de época que realza lo singular y que pone en cuestión los valores que promovía la iglesia católica. D) La ciudad es el centro de la vida y trae una manera diferente de la circulación de los bienes económicos y simbólicos. E) Viviendas que inauguran un espacio íntimo: el dormitorio conyugal.

 

Historia de los Niños

 

Para comprender la infancia en el Antiguo Régimen Ariès sigue tres líneas: 1) Cómo se construye la palabra infancia. 2) Cómo se define su evolución y 3) Cómo aparecen representados los niños en cuadros y esculturas.

1.- Con la transformación del lenguaje cambian las maneras de simbolizar el mundo. No todas las palabras surgen al mismo tiempo, hay cosas que no son fáciles de denominar, es que el latín y el griego tienen derivaciones muy precisas, imposibles de alcanzar por las lenguas romance. Por eso los conceptos se van sedimentando con el uso. Realiza un seguimiento del naciente francés para tratar de denominar la infancia: “…el francés se verá, pues, obligado a tomar de otros idiomas extranjeros, o de las jergas escolares, o de oficios, los términos que designen a ese niño pequeño, quien se vuelve objeto de interés general. Tal es el caso del italiano bambino, que dará el francés bambin, chiquillo (...) Con el tiempo, estos vocablos cambiarán de sentido y designarán al niño pequeño, pero ya un poco despabilado. Aún persistirá una pequeña laguna para designar al niño en sus primeros meses; esta insuficiencia del vocabulario no se remediará hasta el siglo XIX, cuando se adopte del inglés el término baby, que designaba durante los siglos XVI y XVII a los niños en edad escolar. Es la última etapa de esta historia; en adelante, con el francés bebé, el niño chiquito tiene así su nombre propio.”[1]

2.- Señala que existen dos tiempos en la evolución de la infancia. La primera definida por el establecimiento de los dientes definitivos a que se les atribuye la responsabilidad de pronunciar correctamente las palabras. Proceso que va desde el nacimiento hasta los siete años. La segunda, pueritia, que dura hasta los catorce años. Momento en que el proceso de maduración infantil, de acuerdo a los parámetros de la época, concluye.

3.- Con agudeza observa que en las pinturas, el mundo de la imagen de aquél entonces, se representa a los niños como adultos pequeños. Por eso busca dónde y de qué manera se representaba a los niños como tales. Encuentra en el mundo griego las imágenes perdidas de chicos en cuadros, esculturas y arte religioso o funerario. Esas representaciones realizadas con gracia y armonía tienen un modelo: los pequeños Eros de la época helenística.

 

Salto Histórico

 

Las representaciones artísticas son un buen indicador para ver cómo son y cómo se personifica a los niños en diversas épocas. También cómo y dónde juegan, qué espacios públicos y privados usan, qué tipo de socialización realizan y quiénes son los principales protagonistas de esos intercambios.

Con las modificaciones que las máquinas de comunicar producen, las representaciones, los usos y costumbres, los juegos y la vida de los niños están documentadas y son de fácil acceso. Las imágenes, acorde con la sociedad del espectáculo y las nuevas condiciones tecnológicas, se han desplegado de manera increíble. No nos faltan imágenes, todo lo contrario, hay una sobresaturación de las mismas. La gran novedad, además, es que son los niños y adolescentes sus productores. No necesitan adultos para sacar fotos o videos y subirlos a la web. Es un mundo sin las mediaciones de los adultos. Estas imágenes, una vez subidas a la web, no desaparecen más, quien se interese por investigar la infancia actual debe recurrir a ellas.

 

Todo empieza en la ecografía

 

Las cámaras digitales, los teléfonos, las tablets, etc. traen dispositivos para realizar videos y sacar fotos sin límite; los que no tienen que pasar por ningún proceso de laboratorio para verlas. Ya no hace falta un fotógrafo especialista en gramajes de película o diafragmas para el paso de la luz. Todo es instantáneo y compartido en nanosegundos por vía de la placenta mediática.

Se rompió el registro por los mojones que marcaban un cambio trascendente en la vida del niño. Ya no se trata de la foto del bautismo, de la comunión o del bar mitzva. Es decir, los rituales de paso no tienen la misma consistencia que antaño.

De esta manera del documento fotográfico por mojones se pasa a un registro profuso y permanente. Así la vida personal y social, como una cinta sin fin, se hace imagen sin ningún orden de relevancia. Las imágenes empiezan con las ecografías del embarazo y su copioso despliegue se amplía incesantemente para concluir en maneras autónomas de mostrarse como el sexting y el selfie.

 

Sexting

 

En este tipo de imágenes, como ya hemos trabajado previamente[2], se trata de desnudos provocadores donde las imágenes que se suben a la nube, son prácticamente centralizadas en los genitales propios. Su nombre en inglés es la unión de dos palabras: 1) Sex (sexo, sexualidad) y 2) texting (envío de texto).

Ese tipo de fotografía queda ubicada en la parte más consumida y visitada de la web: las diversas formas de la pornografía. Muchas muchachas, la mayoría ofreciendo servicios sexuales, en su Facebook se presentan mostrando sus nalgas o sus senos al descubierto. Hay varones, por su parte, que ponen en su foto de portada penetraciones múltiples y acrobáticas.

El sexting demuestra que las tecnologías de comunicación han potenciado la relación entre capitalismo, imagen y pornografía. Este modelo cultural establece como premisa central: que la vida no tiene mucho sentido si no se consigue hacer de ella un espectáculo y si el mismo es de tipo erótico-placentero mucho mejor dado que es el marketing que “más rinde o mejor paga”, acorde con las condiciones generales de la exuberancia y el exceso que, por vía de la publicidad, la producción capitalista requiere y estimula.[3]

 

Selfie

 

El autorretrato ha sido largamente trabajado e investigado por los grandes pintores, en muchas de sus obras el cuadro es ocupado por el rostro del pintor. Si quisiéramos establecer la genealogía de las selfie por fuera de la fotografía deberíamos ir directamente a esas pinturas. Pero no seguiremos esa riquísima línea de investigación. Iremos por la primera fotografía selfie conocida.

Es Philadelphia, en octubre del año 1839, según los datos que nos proporciona Wikipedia, cuando Robert Cornelius investigando para mejorar el daguerrotipo en la puerta del negocio familiar hace el primer autorretrato fotográfico. Su realizador colocó en el dorso de la misma el siguiente texto: “La primera foto jamás tomada”. Podemos decir que la historia del selfie comienza allí.

Debemos definir selfie, una vez más recurrimos a Wikipedia: “La palabra «autofoto» es una alternativa adecuada en español al término inglés «selfie», formado por el prefijo auto y el sustantivo foto como forma abreviada y coloquial de «fotografía». Es de género femenino, como «fotografía» (una autofoto), su plural es «autofotos» (…). Si se prefiere emplear el anglicismo «selfie», lo adecuado es destacarlo en cursiva (…). También es válida la alternativa «autorretrato»”.

Con el sexting y las selfie tenemos cabal conciencia de cómo la sociedad del espectáculo ha desplegado todos estos medios comunicativos para que sean consumidos a toda hora y de la forma más masiva que hayamos conocido. Esto demuestra la enorme capacidad de la solícita placenta mediática que llega sin intermediarios al celular o la tablet del niño. Las sencillas operaciones que permiten tanto tomar una selfie como subirla a la web han roto cualquier posibilidad de intermediación de los adultos.[4] El niño ha aprendido de su familia que debe registrarse a sí mismo como sus padres lo hicieron con él a partir de la primera ecografía. Pero la multitud de fotos actuales han perdido la consistencia que antes tenían y rompe la manera en que las fotografías daban cuenta de los rituales de paso del crecimiento infantil.

Consecuentemente con lo anterior existe tanto en los aparatos con que se toman las fotos como en la placenta mediática una enorme capacidad de almacenamiento que llevan a que la condición básica de las mismas queden bajo el paradigma del consumismo: una acumulación enorme que termina siendo insignificante o que quede dirigiéndose hacia el desnudo de una parte del cuerpo, los genitales, por ejemplo, acorde con la pregnancia que la pornografía tiene en la web.

También se nos hace claro que la dirección de la producción de imágenes se centra en la propia imagen. Que hay, consecuentemente con la extimidad reinante que impone hacer público todo lo que antes se consideraba privado, en dicha exposición una cada vez mayor distancia con el pudor y la vergüenza. Por el contrario, predomina el exhibicionismo y éste, más temprano que tarde, indica el camino hacia la imagen pornográfica. Parece que como la manera más indicada de tener reconocimiento y éxito en las redes sociales.

Esto nos enfrenta a articulación entre claustrofilia y sobreexcitación. El niño o el joven que debe adecuarse a las normas del portarse bien, esto es, ser silencioso, respetar y seguir la conveniencia del encierro en sus casas o las escuelas, rompe todos los moldes con las filmaciones o las fotos. La desnudez, la sexualidad irrumpen y rompen diques que esas normas de la vida cotidiana imponen.

El exceso que en todas sus formas promueve la sociedad del espectáculo vuelve a dejar atrás al pequeño Eros griego y nos lleva sin prisa y sin pausa a que la imagen pornográfica sea la predominante y termine siendo la más atractiva para niños y adolescentes.

 

Notas

 

[1] Ariès, Philippe, El niño y la vida familiar en el Antiguo Régimen, Taurus ediciones, Madrid, 1987.

[2] Hazaki, César: “Sexting”, en Revista Topía N° 60, abril de 2011.

[3] Ídem nota 2.

[4] Existe una nueva aplicación, Snapchat, por la que se comparten fotos que duran solo unos segundos, luego desaparecen. Las snaps vuelven a demostrar la inclinación de los jóvenes por comunicarse por imágenes y la velocidad constante de los cambios tecnológicos.

 

 
Articulo publicado en
Julio / 2014

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