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Todo pasa

 
Fue cuando el fútbol se lo comió todo

“[...] la confrontación en el campo deportivo y la amistad en el campo de las relaciones humanas que nos permiten afirmar que es posible, aún hoy, en nuestros días, la convivencia en unidad y en la diversidad, única forma de construir la paz. Por ello pido a Dios nuestro Señor que este evento sea realmente una contribución para afirmar la paz. Esa paz que todos deseamos ...”. Así decía el General Jorge Rafael Videla en la cancha de Ríver el día de la Apertura del Mundial 78.
El mundial 78 es un acontecimiento fundador en Argentina de la constitución de un tipo de dirección política con el objetivo de usar el fútbol para ocultar hechos terribles y proponer una forma de renegación de la realidad para que la sociedad aceptara lo siniestro en silencio y se acoplara a festejar los éxitos del campeonato mundial. Acontecimiento que fue parte del estado de excepción que estableció el famoso decreto de “necesidad y urgencia” y que jalonó estrategias a largo plazo para dominar la sociedad, muchas de las cuales, aún hoy, están vigentes. El evento mundial de fútbol fue puesto rápidamente al servicio de la expectativa de la dictadura, recordemos que ésta no tenía plazos y sí objetivos. Es decir que aspiraba a que se perpetuaran en el poder los grupos económicos y políticos que habían dado el golpe de estado, una manera de copiar el imperio de mil años que soñaron los nazis para Alemania.
Este modelo que hace cambiar, entre tantas otras cosas, radicalmente el fútbol en la Argentina -como parte de un proceso mundial- articuló con eficacia:
a) Grandes negocios.
b) Una ola privatizadora de los clubes de fútbol -una forma de apoderamiento de las instituciones civiles- para uso y beneficio de los grupos económicos hegemónicos, en consonancia con el desguazamiento del estado.
c) Una nuevo dispositivo de seducción y captura de los jóvenes.
d) Nuevos imperios mediáticos.
e) El personalismo como eje principal de su dirección. La institución Asociación del Fútbol Argentino (AFA) queda absolutamente amañada por la férrea dirección de Julio Grondona, Don Julio, para amigos y enemigos.

 

Libertad del dinero

Una de las características de la burguesía es que mientras sus ideólogos hablan de una libertad irrestricta en todo los niveles, los que tienen dinero y poder hacen cosas muy distintas a ese canto de sirena que sus intelectuales proclaman. Una cosa es la teoría y otra los manejos de los que reparten el mazo del dinero. La tiranía del dinero férrea y vorazmente dirige nuestras sociedades. Los empresarios, por ejemplo, Eurnekián y Macri licitan servicios públicos con sus empresas y después no pagan el canon que corresponde. La burguesía conoce la libertad que deviene de su propio estado de derecho pero más sabe de la manera de quedarse con la plusvalía de los países y regiones, para lo cuál transgrede sin cesar ese conjunto de leyes que debería respetar. Por ello derrumba las leyes que funda, lo legal es una fachada que los grupos económicos usan, imponen o transgreden de acuerdo a su poder. Sólo respetan esa legalidad si les conviene.

 

“Todo pasa”

Así reza la inscripción del anillo papal que Don Julio Grondona lleva en su dedo meñique. Don Julio comenzó su presidencia de AFA con la dictadura militar y aún continua en el cargo en forma ininterrumpida desde entonces. En diversos reportajes, concedidos con un claro sentido de alianza política con el medio al cual brinda la entrevista, comenta la cantidad de presidentes de la república y personas con distintos tipos de poder que vio crecer y caer en todos estos años.
Es difícil imaginar alguna personalidad que se mantenga al frente de una Asociación durante tanto tiempo, sobre todo en una que tenga tanta influencia política y económica como la AFA. No tiene prácticamente oposición dentro de la organización del fútbol y, fuera de la misma, el poder político y económico se siente a gusto con lo que su institución realiza y, en consecuencia, con su dirección. Es un liderazgo que le conviene a muchos o es demasiado poderoso y nadie se atreve a hacerle frente.
Es muy llamativo que la AFA aparezca tan monolítica, sin líneas de puja interna, sin discrepancias. Don Julio lleva siete períodos consecutivos de cuatro años cada uno al frente de AFA. Una sola vez tuvo una lista opositora que lideró Teodoro Nitti -hecho ocurrido en 1991-; el resultado de la elección fue: 39 votos para Don Julio, 1 para Teodoro Nitti. Significativamente, después de esa elección nunca más hubo una lista opositora.
Hasta en las instituciones más rígidas y tradicionales hay líneas internas, discrepancias, lucha por la presidencia, etc. En AFA no. Por eso es el sueño institucional de la derecha absolutista: todo legal pero sin nadie que ponga en duda o cuestione el poder. De alguna manera, detrás del orden institucional, AFA promueve el estado de excepción, dado que no deja que nada, ni nadie, se oponga a la alianza que encabeza su presidente.
La AFA se sostiene, como el FMI, generando el empobrecimiento generalizado de los clubes y luego yendo a su rescate con préstamos que los obligan a seguir sus directivas sin oponérsele. En la larga cadena de causas del deterioro y vaciamiento anotamos la crisis social que empobreció a la mayoría de la población y las dirigencias que los usan para su beneficio propio.
Por ello dependen de los adelantos de dinero de la televisión que son administrados en forma de “rescates salvadores” por la misma AFA.
Esto explica, en gran medida, la permanencia de Don Julio al frente de la asociación y que no aparezca una alianza que exprese un conjunto de intereses políticos y económicos que se le opongan. Entonces, con la complicidad o el sometimiento de las dirigencias del fútbol todo esto pasa como si fuera algo normal, de acuerdo a derecho. Así Don Julio ha logrado naturalizar su poder. Lo que se fundó por la violencia del estado de sitio está olvidado, omitido. Una larga serie de complicidades, omisiones y olvidos muestra una institución que respeta leyes. La casa está en orden.

 

Cuerpo de Rey

El personalismo va en contra de todos los intentos de las instituciones democráticas de hacer desaparecer los riesgos totalitarios; se sabe que quienes ejercen cargos perpetuándose en el tiempo aprovechan el poder para repartir prebendas y beneficios para sus acólitos. Personalismo que recuerda tanto a los reyes absolutistas de antaño como a los caudillos provinciales argentinos actuales. Que al mismo tiempo permite o fomenta un manejo del fútbol tan poderoso que lo hace girar alrededor de los grandes negocios que la globalización del mismo genera. Así se puede:
- Hacer campaña política para intentar el asalto a la presidencia de la nación (Boca-Macri que sigue el modelo Berlusconi de poder económico/mediático y club de amplia raigambre popular).
- Lavar dinero a nivel internacional (affaire Tévez) con un incesante, intenso y sospechoso movimiento de jugadores que dan efectiva cuenta de la mundialización del fútbol articulado por la televisión.
- Que los grupos empresarios se apoderen de las asociaciones civiles como factoría para hacer negocios. Esos complejos movimientos de jugadores y dinero hacen que se blanqueen oscuros capitales que pasan de los denominados paraísos fiscales a las arcas del fútbol para desde allí volver a desaparecer.
- En Argentina ha abierto camino a un conjunto de empresas que “compran niños” para representarlos y llevarlos hacia los clubes vidrieras (fundamentalmente Ríver y Boca) para después volver sobre el recurrente sueño de que Europa sea conquistada por el héroe de turno.
Es por esta lógica que los padres de los niños acuden a los representantes para que su hijo avance en el proyecto de ser futbolista. Lo que vuelve a remarcar el efecto que el fútbol tiene en el imaginario social y cómo es aprovechado por los nuevos modos de captación de las familias generando la insistencia de padres y adultos de buscar un destino salvador para los niños y para ellos mismos a través de la profesionalización temprana de los chicos en el ámbito deportivo.
Es bajo esta presidencia de AFA que todas estas prácticas se han aceptado y potenciado, lo que demuestra una confianza absoluta en que nada, ni nadie, moverá a Don Julio del poder que ejerce. De alguna manera reina al modo de aquel rey que proclamó: “El estado soy yo”.

 

El Señor del anillo

Los anillos tienen una larga tradición de ser la encarnadura del poder: el Papa y su anillo -ante el que hay que hincarse y besar- sintetiza como ninguno el tema de la pleitesía que se le debe al portador del mismo.
El famoso anillo de Don Julio demuestra una aparente discrepancia entre el cuerpo del presidente de AFA y la leyenda “Todo Pasa” del mismo. Claro que no se trata de una leyenda “oficial”, como la inscripción de la moneda de un dólar, que reza “En Dios Nosotros Creemos”. Se nos plantea entonces la cuestión de dónde dirigir nuestra atención para tratar de entender la conjunción entre el anuncio de la fugacidad permanente de la vida que el anillo informa o al cuerpo de permanencia constante en el poder de Don Julio.

 

El vértigo y su estrategia

El lema del anillo que parece una versión actual del filósofo griego Heráclito es, en realidad, una apología del vértigo. Una expresión ideológica que propugna que si todo pasa rápido, se olvida. Es por el vértigo -enemigo de la reflexión crítica- que en la sociedad mediática de masas un problema se tapa con otro. A veces no hace falta volver sobre las máximas del Tercer Reich -miente, miente, que algo quedará- sino que sumando asuntos velozmente, sin solución de continuidad, la verdad de cada uno de esos problemas dejará de tener importancia.
Se pierde, en el vértigo, la consistencia de la reflexión crítica para dar paso al sentido común y el prejuicio. El vértigo hace prevalecer lo institucional y desdeña lo instituyente, es lo antagónico a una crisis, es una de las maneras que adquiere la realidad sólo como novedad, puro giro de sensaciones. Porque el vértigo va en busca de la sensación, se alimenta de un imperio de sentimientos que se evacúan con el advenimiento de lo siguiente -lo que viene, lo que viene, lo que viene...- en un movimiento sin pausa y sin otro destino. Vale la sensación como único recurso, el vértigo apunta a la piel y a la adrenalina, por ello es lo más alejado de la reflexión crítica. Hace más al hábito que al pensamiento.
Claro que Don Julio y su gente usan la propuesta sensoria para sostener sus omnipotentes poderes. La dirección de AFA tiene debajo el modelo de memoria que el poder usa. La que permite el deslizamiento de desconfiar de la victoria de Argentina ante Perú y no de las consecuencias sociales y políticas que la dictadura nos dejó. Una memoria reiterada, vaciada y abusiva como una nueva fecha patria que no explica el sentido profundo de los hechos. ¿Acaso se insiste en establecer puentes y articulaciones de este gobierno del fútbol con la dictadura militar?
Cuerpo y anillo muestran la táctica y la estrategia para mantenerse en el poder. Don Julio no se mueve de su lugar de poder -es el maldito consenso estúpido- y logra que nadie se le oponga. Podemos decir que la AFA es una de las instituciones que ha perpetuado un poder -reciclado- desde la dictadura militar hasta aquí. Además los éxitos futbolísticos han colaborado para que la tarea papal de Don Julio cobre consistencia nacional e internacional. Argentina se ha consolidado como parte del poder internacional del fútbol y esto ha permitido repartos y creación de negocios en el que participan un sinnúmero de empresas de distinto orden, empezando por Torneos y Competencias y su monopolio de las transmisiones televisivas del fútbol.
La articulación de presidencia eterna y el “Todo pasa” da una extraordinaria conjunción entre memoria y olvido. Recurso brillante que articula una forma de relato del poder que “... se convierte así en trampa e impone un relato canónico mediante la intimidación o la seducción, el miedo o el halago. Se utiliza aquí una forma ladina de olvido, que proviene de desposeer a los actores sociales de su poder originario de narrarse a sí mismos. Pero este desposeimiento va acompañado de una complicidad secreta, que hace del olvido un comportamiento semipasivo y semiactivo, como sucede en el olvido de elusión, expresión de mala fe, y su estrategia de evasión y esquivez motivada por la oscura voluntad de no informarse [...] en una palabra por un no-querer-saber” (1).
El eslogan del anillo funciona como un relato apologético del olvido, la inscripción es relato y eslogan de campaña. El anillo hace manifiesto lo que “deberíamos olvidar, no saber, no aceptar, refuerza la condición de excepción del olvido como cualidad humana” (2).
En el anuncio de que todo pasa (el devenir y su apología) quién lo anuncia perdura, por eso está al servicio de ocultar el cuerpo y ejercicio del poder. Haz lo que yo digo pero no lo que yo hago. Memoria y olvido necesarios para que esta forma de poder se mantenga y perdure sin oposición.

César Hazaki
cesar.hazaki [at] topia.com.ar

(1) y (2) Ricoeur, Paul, La Memoria, La Historia, El Olvido. Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 2000.
 

 
Articulo publicado en
Abril / 2005

Boletín Topía