Escribir en esta oportunidad es arrancarle un resto a una época meramente autoconservativa, es inventarse un tiempo que no responde a la productividad, es denunciar cada vez más, su imposibilidad para encontrarlo sin reducirse a la inmediatez.
Existieron épocas en las cuales las renuncias se enlazaban a la posibilidad de acceder a un futuro deseable, hoy nos encontramos en una coyuntura signada por el desconcierto en la cual ciertos consensos que hemos construido como sociedad a lo largo de los años, se encuentran en constante revisión.
Mientras se decide algún modo de protesta factible contra una propuesta de vida carente de enunciados posibilitadores de existencia, siguen brotando en estos entres, las adolescencias. En tanto que revisamos qué de lo viejo nos llevó a donde estamos y qué de lo nuevo puede ser menos olvidable, hay quienes se van constituyendo solicitándonos algún marco de referencia.
La adolescencia como tal, referida a un período de pasaje de la infancia a la adultez no existe desde siempre ni ha estado presente en todas las culturas.
La adolescencia como tal, referida a un período de pasaje de la infancia a la adultez no existe desde siempre ni ha estado presente en todas las culturas, en sociedades capitalistas el camino de la infancia a la adultez no se realiza mediante un tipo de rito o pasaje efectuándose de forma abrupta y, de un momento al otro, lxs niñxs devienen adultxs (Palazzini, 2004). Es por ello, que este pasaje mediado, que aún es posible de diferenciar, se encuentra en constante tensión, debido a que actualmente cualquier proceso que requiera cierta disponibilidad es aplacado por la inmediatez del mercado y de un futuro incierto que reclama una alerta y cuestionamiento permanente ante el tiempo no utilizado al servicio de ello.
La fragmentación de los vínculos sociales contemporáneos fragiliza uno de los trabajos psíquicos propios de la adolescencia respecto de la exogamia, modificando sus modalidades de aparición. Palazzini (2004) hace referencia a que en la adolescencia se requiere un trabajo de "construcción del afuera" como una categoría que supone atravesar la endogamia para habilitar el encuentro con lo nuevo y diferente de los primeros vínculos. Es por ello, que la problematización incansable de los discursos mediáticos en estos últimos días de grupos como los "therians" lleva a interrogarse qué es lo más inquietante de su propuesta, y si así lo fuera, por qué inquieta que adolescentes circulen y produzcan encuentros en lo público de modos impensados para algunxs.
Además, este grupo en particular introduce en la agenda debates en torno a la humanidad y a ciertas objeciones dirigidas hacia ella. En este punto, se evidencian transiciones de la infancia a la adultez que permiten leer los modos en que la sociedad actual ofrece acompañamiento en este proceso, desplazando la discusión acerca de si dicho acompañamiento resultaría fallido o no.
Por último, cabe resaltar que, según las formas singulares de constitución psíquica, existen diversos modos de articularse aquellos sentires y vivencias que algunxs fueron relatando en estos días según las preguntas que les realizaron desde diversos portales. Sin embargo, lo que debería orientar el debate es que se trata de un grupo reducido de adolescentes que encuentran una forma de enlazarse -por fuera de lo virtual- para compartir ciertos códigos, vivir experiencias, posibilitar la tramitación de un momento de pasaje y exponer nuevos modos de ligazón con lo social.
Bleichmar (2002) describe la adolescencia como un proceso abierto a la resignificación, en el cual se ponen en juego dos movimientos de recomposición psíquica: uno vinculado a la construcción de un modo relativamente estable de la identidad sexual y otro relacionado con la reorganización de los ideales, en tensión con aquellos ofertados por los vínculos primarios. Resulta necesario destacar que este tiempo de recomposición ubica a los ideales como un operador fundamental en el pasaje de la infancia a la adultez.
En este sentido, los ideales se encuentran directamente ligados a las condiciones históricas de producción de subjetividad (Bleichmar, 2002); el avance feroz del neoliberalismo, la baja de la imputabilidad, una reforma laboral que aplasta toda posibilidad de desear por fuera del horario laboral, el descenso de la natalidad, la violencia sistemática hacia lxs jubiladxs, la defensa de nuestro territorio ante la posibilidad de apropiación extranjera, el aumento de la crueldad ante cualquier operatoria que reconozca a otrxs como semejantes y disponga de un coto al ejercicio de la misma, la puesta en discusión de enunciados que históricamente nos han diferenciado como argentinxs produce efectos específicos en los modos contemporáneos de recomposición identificatoria de las adolescencias.
En este punto, mientras los discursos mediáticos se interrogan acerca de quiénes son los denominados "therians", dónde se reúnen, si presentan alguna psicopatología o cómo son los vínculos que sostienen con el sistema de salud, en Argentina se despliegan debates, como los mencionados, que proyectan un futuro poco alentador para lxs jóvenes.
Tal como recuperaba Bleichmar (2002) como argentinxs hemos ido atravesando un proceso de desidentificación debido a que la historia misma arrasó con significaciones operantes hasta hace algunos años, lo cual constituye un obstáculo para la elaboración de propuestas para jóvenes y adolescentes. Es decir, nos encontramos en momentos de repensar aquello que Aulagnier (2010) denominó como "contrato narcisista", el cual refiere a un acuerdo comunitario que incluye ideales que se transmiten con el objetivo de asegurar la continuidad generacional. De esta manera, se ofertan discursos y enunciados no demasiado incongruentes a lo propuesto por los vínculos primarios con el fin de no favorecer a la pérdida de todo soporte identificatorio. Entonces, si se habla de una desidentificación de enunciados en lxs adultxs y de parte de muchxs jóvenes, de una desestimación a los ofertados por la época actual, es de vital importancia pensar la inserción de adolescentes en grupos de pares como apoyos necesarios para una posterior recomposición identificatoria, ya que el campo del grupo permite la elaboración con otrxs, ya que sin la interferencia de adultxs, se podrá crear, imaginar y pensar escenarios privilegiados para la circulación libidinal (Palazzini, 2004). En este entramado social desfavorable, el deseo de encontrarse y de construcción de comunidad por fuera de las pantallas exige una trama social que funcione como sostén, habilitando la exploración sin sancionar, patologizar ni violentar las formas singulares de tránsito de dichas experiencias.
En líneas anteriores se logra vislumbrar que, el universo del semejante, se ha reducido con notoriedad a la hegemonía clásica y que cualquier ofrecimiento apartado de lo propuesto, genera resistencias. En esta línea, Fernández Miranda (2019) enfatiza que no hay transformación de la subjetividad histórica sin una transformación de la ética, en tanto en todo proceso de transformación se pone en juego la dimensión micropolítica del lazo con la alteridad.
Este lazo con la alteridad es un terreno en disputa, lo que trae la visibilidad de grupos como los "therians" y su consumo masivo, además de la patologización de la juventud.
Este lazo con la alteridad es un terreno en disputa, lo que trae la visibilidad de grupos como los "therians" y su consumo masivo, además de la patologización de la juventud, es la banalización de lo identitario o su reducción a un mero objeto de debate que conlleva el riesgo de invisibilizar luchas históricas, es así como ciertos grupos abren la posibilidad de volver a interrogar el trabajo incansable de las Abuelas de Plaza de Mayo o de la comunidad travesti-trans por el reconocimiento de su identidad, y es en este escenario, en donde lo que podría considerarse un intento de nuevas formas de enlace e identificación propia de la adolescencia, devuelve la emergencia de defender aquella historia compartida en la que se sostenían enunciados que estimábamos difíciles de problematizar.
En este entramado, complejo y fluctuante, el compromiso es con las adolescencias y juventudes en insistir en abrir interrogantes a las narrativas contemporáneas, con el objetivo de asumirnos vigilantes de aquello que busque aplacarlas para volverlas grises, monótonas, y apáticas.
La clínica permite advertir cómo estas coordenadas sociales se inscriben en la singularidad de cada sujeto y cómo se vuelve imposible su generalización considerando evidente la tensión entre constitución del sujeto y producción de subjetividad.
La clínica permite advertir cómo estas coordenadas sociales se inscriben en la singularidad de cada sujeto y cómo se vuelve imposible su generalización considerando evidente la tensión entre constitución del sujeto y producción de subjetividad.
En una sesión, una adolescente, en una reciente elección vocacional, menciona: "quiero ser periodista, para contar la verdad". Y es allí, en estos recovecos del discurso, que se renueva una y otra vez el compromiso con sostener el poder portar algunas ilusiones necesarias, como la de creer que aún es posible un mundo capaz de relatar alguna "verdad". Esta frase que denuncia que la época en la que vivimos eventualmente se podría narrar de otra manera, distinta a la que hoy atravesamos, nos recuerda que allí hay quienes esperan otras condiciones de posibilidad, que aún aguardan ofertas simbólicas alternativas menos excluyentes y más habilitantes. Por último, retomo a Fernández (2017), quien sostiene que por más eficientes que sean las estrategias de disciplinamiento, siempre queda un resto; es desde allí que se podría cartografiar algún panorama de insumisiones. Insumisiones ante enunciados que nos fragmentan y devuelve ajenxs e insumisiones por no desistir ante la búsqueda de prácticas que permitan avizorar en el horizonte la posibilidad de algún tipo de enlace amoroso con otrxs. ◼
Bibliografía
Aulagnier, Piera. La violencia de la interpretación. Amorrortu. Argentina. 2010.
Bleichmar, Silvia. La identificación en la adolescencia. Tiempos difíciles. Revista encrucijada. Argentina. 2002.
Bleichmar, Silvia. Violencia social- Violencia escolar. De la puesta de límites a la construcción de legalidades. Noveduc. Argentina. 2008.
Fernández, Ana María. Jóvenes de vidas grises. Psicoanálisis y biopolíticas. Nueva Visión. Argentina. 2017.
Fernández Miranda, Jaime. El trabajo de lo ficcional. Letra viva. Argentina. 2019
Palazzini, Liliana. Trabajos psíquicos de la adolescencia. 2004.
Paula Araceli Scatolaro
Lic. en Psicología. Santa Fe
Email: paulascatolaro1 [at] gmail.com