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Aborto legal: que la ola se vuelva tsunami

 

El derecho al aborto voluntario constituye una demanda histórica gestada por el movimiento de mujeres y el feminismo. Refiere no solo a la necesidad de terminar con las muertes evitables de mujeres gestantes, en su mayoría jóvenes y pobres, sino que alude también a la demanda sobre la autonomía y la decisión sobre el propio cuerpo. Por ello se trata de un reclamo que excede el campo sanitario y los derechos democráticos, pues interpela a los cánones morales y religiosos que naturalizan el orden patriarcal. La posibilidad de decisión de las mujeres y personas gestantes en torno a sus cuerpos y a la maternidad como opción, constituye una punta del ovillo de la cual tirar para comenzar a desarmar la trama de la construcción histórica de la opresión y subordinación de las mujeres, base sobre la que se asienta la superexplotación capitalista de la mayoría de ellas (Belluci, 2015).

La propia Organización Mundial de la Salud (2016) reconoció que 222 millones de mujeres en el mundo no tienen acceso a métodos seguros de anticoncepción. 

La propia Organización Mundial de la Salud (2016) reconoció que 222 millones de mujeres en el mundo no tienen acceso a métodos seguros de anticoncepción.  A su vez 47 mil mujeres mueren anualmente como consecuencia de abortos inseguros, por lo que millones más resultan afectadas en su salud, muchas de manera grave y permanente. La mayor parte de estas mujeres se encuentran en los países más pobres y desiguales (en las regiones de África y América Latina), en donde la interrupción voluntaria del embarazo está prohibida y, en algunos casos, presenta penas de hasta 30 años para las mujeres -como son los casos de Nicaragua y El Salvador.

Por lo tanto, en los países más pobres, las mujeres trabajan más horas y reciben menos paga y por menos horas. 

Es en estas regiones en donde también la brecha salarial de género se amplía del 23 por ciento a nivel mundial a cerca del 32 por ciento en promedio. Y también aumenta la cantidad de tiempo que las mujeres le dedican al trabajo no pago o de cuidado (limpieza, cuidado de hijes o familiares, etc.) frente al trabajo remunerado. Mientras que las mujeres de países pobres trabajan diez horas en promedio, de las cuales solo reciben salario por cinco de ellas, en los países centrales el promedio de horas trabajadas es de ocho y cobran salario por seis. Por lo tanto, en los países más pobres, las mujeres trabajan más horas y reciben menos paga y por menos horas. Sin embargo, en estas condiciones de vida y aún a sabiendas de las posibles consecuencias de salud o criminalización, las mujeres siguen decidiendo abortar, incluso más allá de sus creencias religiosas o morales.

 

De la vivencia personal al reclamo colectivo

En 2015 en Argentina tuvo lugar el inicio de una nueva oleada de movilización del movimiento de mujeres que alcanzó eco a nivel mundial. El número de femicidios en el país despertó a miles y miles de mujeres que salieron a la calle bajo la consigna #NiUnaMenos. La movilización del 3J se convirtió en un hito que se replicó en países latinoamericanos como México, Chile, Brasil o Perú; pero también en el Estado Español, en Francia, en Turquía y hasta en la India (Beavoir, 2018).

Esta primera movilización tuvo un carácter defensivo ya que la consigna central fue para “que no nos maten más”, pero progresivamente el movimiento de mujeres siguió avanzando en el reclamo al Estado y los gobiernos sobre la responsabilidad de la situación de las mujeres y contra la impunidad de femicidas, violadores y violentos. Poco después, la demanda en torno a la brecha salarial de género dio lugar a la primera coordinación internacional del paro mundial de mujeres de 2017 realizado el 8 de marzo, día internacional de las mujeres trabajadoras, que fue replicado en 2018. El contexto de crisis económica e intentos globales de implementar reformas de flexibilización laboral hicieron mella en las mujeres trabajadoras, las más explotadas entre los explotados, que salieron a las calles.

En este marco, en Argentina, la demanda histórica de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto, gestada en los Encuentros Nacionales de Mujeres, que reclama ¡Educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar y aborto legal para no morir!, también comenzó a ser tomada por las mujeres en la participación callejera. El reconocimiento del cuerpo propio como territorio de disputa permitió transformar la vivencia personal de los abortos clandestinos, de los embarazos no deseados y de las maternidades forzadas en un reclamo político que se multiplicó y se hizo sentir en la marea de pañuelos verdes que adolescentes, mujeres trabajadoras y de sectores populares comenzaron a vestir como bandera de esa lucha.

El pañuelazo del 19F de 2018 frente al Congreso de la Nación, impulsado por la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto y su masiva repercusión, junto con la movilización del 8M que llevó al derecho al aborto entre sus primeras consignas, instalaron el debate de la interrupción voluntaria del embarazo en la escena pública. Y franquearon las puertas del Congreso que durante años se había negado a discutir el tema, cajoneando en seis ocasiones anteriores el proyecto de ley elaborado por la Campaña.

Sin embargo, la legitimidad del derecho al aborto voluntario se dirimió en las calles, en los colegios, en los lugares de trabajo y en el conjunto de los espacios sociales en donde se inmiscuyó la oleada de luchas feministas. 

Durante dos meses 734 expositores presentaron los más variados argumentos a favor y en contra de la legalización del aborto en Argentina en las sesiones abiertas del plenario de comisiones que armó el dictamen que llegó a la cámara baja el reciente 13J. Desde aspectos vinculados al inicio de la vida humana, la dimensión epidemiológica del aborto, el carácter traumático hasta la constitucionalidad de la norma, múltiples fueron los tópicos y argumentos ungidos en el debate. Sin embargo, la legitimidad del derecho al aborto voluntario se dirimió en las calles, en los colegios, en los lugares de trabajo y en el conjunto de los espacios sociales en donde se inmiscuyó la oleada de luchas feministas. Pues llegó para poner en discusión los obstáculos en el derecho a decidir de las mujeres, lo que trasciende al reclamo por el derecho al aborto y le da potencia a otras demandas del movimiento de mujeres.

Por ejemplo, entre las adolescentes y estudiantes, el reclamo por la aplicación de la educación sexual integral con perspectiva de género constituyó un planteo fundamental en este proceso que horadó el mito sobre la desimplicación de la juventud en los asuntos educativos y en el desarrollo de prácticas de cuidado de sí y los otros. El alcance de este fenómeno llegó a estudiantes de escuelas públicas de las grandes urbes, pero también a escuelas privadas religiosas y de pequeños pueblos o ciudades donde el control social de la misógina Iglesia Católica se vive con mayor crudeza. Son estas mismas jóvenes las que llevan adelante la denominada “revolución de las hijas”, pues interpelan las asunciones morales e ideológicas patriarcales de las generaciones adultas, especialmente de sus madres y padres y les convocan a la participación social a favor del aborto y otros reclamos.

Por ejemplo, entre las adolescentes y estudiantes, el reclamo por la aplicación de la educación sexual integral con perspectiva de género constituyó un planteo fundamental en este proceso que horadó el mito sobre la desimplicación de la juventud en los asuntos educativos y en el desarrollo de prácticas de cuidado de sí y los otros.

Otro ejemplo se observa en los diferentes lugares de trabajo en donde han proliferado las comisiones o espacios de género desde donde no solo se vehiculizan las acciones de apoyo al aborto legal sino también, se organizan protocolos de prevención de las violencias de género y se acompaña a las trabajadoras que viven situaciones de violencia dentro o fuera del trabajo, como es el caso de las ferroviarias del tren Sarmiento y su organización denominada La Casa que Abraza (Lenta, Longo y Zaldúa, 2018a).

La Red de Profesionales por el Derecho a Decidir, conformada en 2014 por profesionales de la salud, es otro ejemplo relevante. Viene creciendo exponencialmente en sus miembres quienes desempeñan un papel fundamental en la garantía actual de las Interrupciones Legales de los Embarazos (ILE), hallando el camino para el desarrollo de las futuras prácticas de aborto voluntario. También se destacan las redes de docentes, de estudiantes, de cátedras libres y de materias curriculares que se vienen implementando en diferentes universidades e institutos terciarios del país desde 2015, enmarcadas en la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto. Estas redes instalan debates con las currículas académicas en donde el tema del aborto suele ser un tabú o incluso, en donde se expresan las concepciones más moralistas, misóginas y revictimizantes de las mujeres.

 

Seamos un tsumani

Un millón de personas participaron en la vigilia frente al Congreso de la Nación y en muchas plazas del país reclamando que se apruebe la media sanción de la ley de interrupción voluntaria del embarazo. Ese acontecimiento histórico de movilización fue alimentado por las jornadas previas de lucha como así también por los sucesos internacionales que, en Polonia, Irlanda o en Chile, están encabezando las mujeres en reclamo del aborto legal. Es una ola global que socava el poder milenario de la Iglesia como uno de los puntales del orden patriarcal y los Estados que sobre éste se amparan.

La emoción permanente que brotaba en las calles y entre los cuerpos que pasaron la noche soportando el frío, fue el reflejo del reconocimiento de “estar haciendo historia”. Para muches, por primera vez se hizo evidente que no fueron los “votos” de los diputados los que lograron la media sanción, sino la oleada del movimiento de mujeres la que torció voluntades de diputados de diferentes bloques que durante años se negaron siquiera a tratar el proyecto en una comisión. Este aprendizaje sobre la fuerza colectiva demuestra que los derechos de los sectores oprimidos y explotados no se reciben de la buena voluntad de los que gobiernan, sino que se conquistan con la organización y la partición política en el espacio público, tal como lo ha demostrado la lucha de las mujeres en oleadas anteriores (Lenta, Longo y Zaldúa, 2018b).

#QueSeaLey es una consigna que condensa actualmente la demanda del movimiento que lucha por el derecho al aborto. Sin embargo, para lograrlo, se requiere ya no de una ola sino de un tsunami. Es decir, de la organización y movilización masiva del movimiento de mujeres que exprese con claridad esta demanda como exigencia a los senadores, pero también en las instituciones de salud y educación, en los medios masivos de comunicación y demás instituciones que están y estarán implicadas en la garantía del derecho al aborto de las mujeres y personas gestantes. Pues la resistencia a perder los privilegios de poder económico y social por parte de las instituciones representantes del orden capitalista-patriarcal no debe ser menospreciada. Sin embargo, no hay ningún dios que diga que no podamos hacerlo.

Por María Malena Lenta
Lic. en Psicología y Mg. en Psicología Social Comunitaria. Docente e investigadora UBA. Militante de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto. Militante de la Agrupación de Mujeres Isadora.
malena1917 [at] gmail.com

Referencias bibliográficas

Beavoir, M. (2018). La nueva oleada de las luchas de las mujeres, en Correspondencia internacional 41, 18:21.

Bellucci, M. (2015). Historia de una desobediencia aborto y feminismo. Buenos Aires, Argentina: Capital Intelectual.

Lenta, M., Longo, R. y Zaldúa, G. (2018a). “Trabajadoras ferroviarias: del mundo masculino a la Casa que Abraza”, en Zaldúa, G., Longo, R., Lenta, M. y Bottinelli, M. Dispositivos instituyentes sobre géneros y violencias (27:46). Buenos Aires, Argentina: Teseo.

Lenta, M., Longo, R. y Zaldúa, G. (2018b). “El movimiento feminista: breve genealogía de las demandas de las mujeres”, en Zaldúa, G., Longo, R., Lenta, M. y Bottinelli, M. Dispositivos instituyentes sobre géneros y violencias (13:18). Buenos Aires, Argentina: Teseo.

OMS (2016). El aborto como problema de salud pública (Boletín Informativo 11). Recuperado de: https://www.paho.org/nic/index.php?option=com_docman&view=download&alias=710-boletin-informativo-el-aborto-un-problema-de-salud-publica&category_slug=datos-y-estadisticas&Itemid=235

OIT (2016). Informe: las mujeres en el trabajo. Ginebra, Suiza: Organización Internacional del Trabajo.

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Articulo publicado en
Julio / 2018

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