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Agroquímicos y Salud Infantil en la Argentina de hoy

 

La salud colectiva, en el sistema capitalista en el que vivimos, es una mercancía más. La salud pierde el lugar central que tiene para la vida, ya que en el mercado de los intercambios se protegen los negocios privados de los poderosos, aunque esté en juego la vida de la población.

Hay un analizador de todo esto, que es lo que está sucediendo en varios pueblos y ciudades del país con la protección de la cual gozan las fumigaciones con plaguicidas de plantaciones de soja y maíz transgénico, a pesar de que múltiples investigaciones revelan los efectos gravísimos que están causando, y que se repiten en todas las poblaciones afectadas.

Hace unos días atrás la Asociación de Profesionales del Hospital de Niños R. Gutierrez de Buenos Aires invitó al Dr. Medardo Avila Vazquez, pediatra y neonatólogo, docente de la Universidad de Córdoba y colaborador de Médicos de Pueblos Fumigados, organización que da respaldo a los equipos de salud que atienden a las poblaciones que se enferman por los agrotóxicos, ya que sus observaciones clínicas son descalificadas por intendentes y productores ricos.

He aquí algunos de los datos más importantes que aportó Avila Vazquez. Hace alrededor de 10 años los médicos comenzaron a observar en pueblos de Misiones, Tucumán, Chaco, en los que se empezó a sembrar soja, modos de enfermarse que antes no veían, y que se repiten en las distintas provincias de la misma manera.

Malformaciones congénitas. Una comisión de los Ministerios de Salud Nacional y Provincial de Resistencia, Chaco, revisó las historias clínicas de la única maternidad pública, y pudieron observar que en 1997 habían nacido 46 niños con malformaciones; en 2001 60 malformaciones y en 2008 186 malformaciones, siendo que no había aumentado la cantidad de partos.

En Latinoamérica nacen entre 1,5 y 2% de chicos con malformaciones. En la maternidad de Resistencia, el 4,5%. Se estudiaron 2200 casos y se vio que no había aumentado ni la diabetes, ni el tabaquismo, ni la rubeola, ni la epilepsia maternas, causas habituales de malformaciones. En simultáneo se investigó la relación de agrotóxicos con malformaciones. Cuando los trabajadores guardaban los bidones de agrotóxicos en la casa, vieron que la proporción de malformaciones en sus hijos crecía 16 veces. Los patrones les daban los carísimos bidones diciéndoles que si los perdían o se los robaban iban a tener que pagarlos, y los trabajadores dormían con los bidones debajo de la cama.

Abortos espontáneos. Comenzó a registrarse una epidemia de abortos espontáneos en poblaciones rurales. En el Barrio Ituzaingó y en Malvinas Argentinas de Córdoba el 23% de los embarazos de los últimos años sufrieron abortos espontáneos. En las mismas poblaciones, cuando nacían chicos engendrados en los meses de la fumigación, se llegaba a tener el 100% de los niños internados en terapia intensiva con malformaciones. En los años anteriores el promedio había sido del 20%.

Datos provenientes de Dinamarca resultan muy elocuentes.

En los criaderos de chanchos se empezaron a utilizar alimentos balanceados a base de soja y maíz transgénico argentino. Comenzaron a notar que entre el 15 y 20% de los cerditos se morían antes de nacer con malformaciones. Al cambiar la alimentación por soja y maíz no transgénico argentino, más caro que el anterior, notaron que el porcentaje de abortos volvió al 2% habitual e histórico.

Cáncer. Los propios habitantes de varios pueblos fumigados empezaron a notar que muchos vecinos se enfermaban de cáncer en una proporción no habitual. Al hacer un estudio en el Barrio Ituzaingó de Córdoba de la distribución de los cánceres, pudo observarse que todos los casos estaban alrededor de los campos fumigados. De 30 chicos, 23 tenían niveles muy altos de pesticidas en los dosajes. La municipalidad prohibió la fumigación. Como el castigo era una multa, los productores pagaban la multa y seguían fumigando. Desde la Secretaría de Salud de Córdoba se realizó una denuncia y juicio penal y se logró parar por primera vez esa fumigación.

El promedio de muerte por cáncer en el país es del 20%. Ituzaingó, en los últimos 10 años, tuvo el 33%. En San Salvador, un pueblo arrocero fumigado de Entre Ríos, en el 2011, el 50% de la población murió de cáncer.

Lo que en cualquier lugar en que se considerara la salud pública una prioridad hubiera sido inmediatamente suspendido y denostado por su efecto letal, en estos casos se esconde, se tapa, no se difunde y se miente para que no se conozca. Queda así a la vista que hoy no puede haber salud pública de calidad si los propios usuarios, ciudadanos y ciudadanas que se atienden en el sector público, y sus trabajadores, no intervienen activamente en el control y la auditoría de los acuerdos entre privados y gobiernos, incluyendo los de las direcciones gremiales involucradas.

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Articulo publicado en
Agosto / 2014

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