CUERPO Y PALABRA: Dos lenguajes que se entretejen | Topía

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CUERPO Y PALABRA: Dos lenguajes que se entretejen

 

Comenzaba el año 2000 y en la reunión del equipo de psicología del Hospital B. Rivadavia recibíamos a una terapeuta corporal que habíamos convocado con la ilusión y la esperanza de poder añadir una nueva mirada a nuestra tarea de atender, comprender y ayudar a las mujeres climatéricas que asistían al Servicio de Ginecología. Siempre nos encontrábamos con trabas y dificultades para ayudar a elaborar la crisis que atraviesan las mujeres en esa etapa de su vida: el climaterio. Trabajábamos compartiendo la coordinación con los ginecólogos y las nutricionistas y en ese momento pensamos: ¿por qué no intentar incluir el trabajo corporal como un instrumento más? ¿Se podrían cumplir nuestras expectativas?

Con ese entusiasmo comenzamos con Alicia Lipovetzky -la terapeuta corporal- una tarea compartida que duró aproximadamente diez años y que nos brindó muchísimas satisfacciones no sólo por trabajar juntas, sino también por el efecto positivo que logramos ver en nuestras pacientes.

En el año 2005, después de haber trabajado juntas durante cinco años, a Isabel Costa le surgió la necesidad de preparar un proyecto de tesis para una maestría que estaba cursando en ese momento. Necesitaba la base empírica para poder demostrar y justificar por un lado, que el dispositivo grupal y el aporte del trabajo corporal contribuyen a la elaboración de los cambios en la imagen del cuerpo y en la autoestima que la mujer sufre en la crisis climatérica y, por el otro, que la coordinación compartida de psicóloga y terapeuta corporal facilita nexos entre el lenguaje corporal y la palabra. Esta es la experiencia que deseamos transmitir en esta ocasión.

Para llevar a cabo la misma, de las dificultades de la crisis climatérica, seleccionamos las que se refieren a la concientización y aceptación de los cambios corporales que se producen como consecuencia de la extinción de la actividad ovárica y la pérdida de la capacidad reproductiva, entre ellos, la alteración de la imagen del cuerpo, su impacto en el narcisismo y más precisamente en la autoestima o sentimiento de sí. Los cambios que la mujer debe enfrentar la obligan a hacer un verdadero proceso de duelo. Así como la adolescente debe despedirse de su cuerpo de niña, la mujer climatérica deberá despedirse de su cuerpo joven.

 

“…la imagen del cuerpo es propia de cada uno; está ligada al sujeto y a su historia. (…) Gracias a nuestra imagen del cuerpo portada por -y entrecruzada con- nuestro esquema corporal, podemos entrar en comunicación con el otro. (…) la imagen del cuerpo es soporte del narcisismo…” (Dolto, 1986; 21).

 

“El sentimiento de estima de sí es inestable. Lo hacen fluctuar las experiencias gratificantes o frustrantes en las relaciones con los otros, la sensación de ser estimado o rechazado por los demás; el modo en que el ideal del yo evalúa la distancia entre las metas y las aspiraciones, por un lado, y los logros y el éxito por el otro. Lo hacen fluctuar también las exigencias que el superyó ejerce sobre el yo; cuanto más estricto es el superyó, más disminuye la autoestima. Y lo apuntala la representación de objetos libidinalmente investidos que ratifican su amor al yo al proveer suministros narcisistas.

El investimiento narcisista es afectado por la pérdida de fuentes externas de amor, por presiones superyoicas exacerbadas, por la incapacidad de satisfacer las expectativas del ideal del yo, por la frustración pulsional, por enfermedades o por cambios corporales indeseados.” (Hornstein, 2000; 216-217).

 

Dado que en la crisis climatérica el escenario donde suceden los cambios es el cuerpo de la mujer, con la consiguiente injuria narcisista, se ven afectados el narcisismo y más precisamente la representación de sí. 

Por otra parte,  hoy existen interpretaciones prejuiciosas del climaterio que tienen influencia en las mujeres que lo viven, atribuyéndole una connotación negativa. Nuestra cultura hipervalora la juventud y la belleza y margina a la mujer madura por temor y rechazo a la vejez y a la muerte. La internalización de estas influencias se lleva a cabo en el superyó y se relaciona con los ideales y los metaideales. Por esta razón este aspecto del sistema narcisista, el sistema de ideales, se ve afectado durante el climaterio en la medida que se lleva a cabo un balance de vida reconociendo los ideales que se constituyeron en metas y no se han cumplido y, por otra parte, en la falta de modelos identificatorios que puedan contemplar la nueva situación de la mujer en esta etapa.

 

Dispositivos usados para desarrollar la experiencia

 

Organizamos talleres de reflexión grupal con inclusión de trabajo corporal, con sesiones de frecuencia semanal de dos horas de duración durante seis meses.

¿Por qué el grupo como instrumento? Porque para la elaboración de los cambios de la crisis climatérica el grupo actúa como sostén y constituye un espacio soporte que facilita nuevas identificaciones en la medida que se produzcan modelos y enunciados identificantes con la presencia e interacción real de otros como pares.

¿Por qué la terapia corporal? El trabajo corporal es un objetivo fundamental para esta etapa de la vida. Es necesario que la mujer se conecte con su cuerpo y su imagen corporal, que durante el climaterio sufre cambios significativos: las alteraciones hormonales, la aparición de disfunciones metabólicas, la pérdida del cuerpo de la juventud, los cambios en la sexualidad, la irrupción de sentimientos de angustia e irritabilidad, etc.

En este caso utilizamos técnicas de abordaje corporal como gimnasia conciente, expresión corporal, improvisación y elementos de eutonía y del Método Feldenkrais. Transitar por estas técnicas permite hacer concientes zonas del cuerpo oscuras o inconcientes para poder discriminarlas y así integrarlas a una unidad más conciente. De esta manera se va reconstruyendo la imagen corporal de cada mujer tomando en cuenta la singularidad de cada una, cuyo resultado son cambios en los comportamientos corporales habituales.

Consideramos que el cuerpo que aparece como lo más “natural” es el producto de un proceso social; por lo tanto es una construcción social. El cuerpo abarca un sustrato biológico y constituye el asiento de la subjetividad, expresando los códigos de la cultura en que está inmerso. El cuerpo habla, es productor de signos, sus rasgos externos, posturas que adopta, y vestimentas con que se lo cubre expresan la historia de quien lo porta, refieren a su origen, su posición social, a qué grupos y clase pertenece.

Se utilizaron como fuente de datos los registros de las sesiones del taller de reflexión y trabajo corporal, tomando en cuenta los discursos de las mujeres y las condiciones corporales. Se analizó el significado de los discursos según la teoría psicoanalítica para alcanzar la comprensión de los mismos. Se tomaron en cuenta las verbalizaciones referidas:

-a la representación del cuerpo anterior al climaterio y del cuerpo actual;

-al sentimiento de estima de sí durante el climaterio;

-al sistema de ideales y metaideales;

-a la imaginación de la mirada del otro sobre sí misma.

 

Los cambios corporales que se tuvieron en cuenta eran los que identificaban las mismas mujeres y los que se señalaban desde la coordinación, referidos a:

 

-flexibilidad del cuerpo;

-grado de movilidad;

-posturas;

-desarrollo de la creatividad;

-sensaciones y emociones;

 

Comenzamos el primer mes con cuatro sesiones, con propuestas pautadas:

Propuesta de la primera sesión:

“Dibujen el contorno de su cuerpo, desde la cabeza a los pies. Quédense con este dibujo interno”. Repartimos una hoja a cada una y ofrecemos lápices de colores para que cada una elija uno (y se dibuje). Cuando concluyen el dibujo, se pone música y se propone: “¿Cómo se iría moviendo cada una con este dibujo?”. Se les pide que anoten en la hoja del dibujo la emoción que les generó.

Propuesta de la segunda sesión:

Se trabaja la representación del cuerpo anterior al climaterio y del cuerpo actual. Cómo se veía cada una y cómo la veían los demás, se incluyen emociones e imágenes.

Propuesta de la tercera sesión:

Se investigan los ideales y metaideales a través de un recorrido corporal desde la niñez hasta la adultez incluyendo las imágenes y sensaciones que les despierta el transitar por cada etapa evolutiva con las expectativas y proyectos que tenía cada una, haciendo un balance de los ideales alcanzados y los que no se cumplieron.

Propuesta de la cuarta sesión:

Se trabaja la autoestima y la imagen que les devuelve la mirada del otro sobre sí mismas. Se señalan coincidencias y divergencias.

Continuamos trabajando con los emergentes que surgieron de estas cuatro sesiones durante cuatro meses hasta volver a repetir las propuestas iniciales en cuatro sesiones el último mes,  con la finalidad de poder dar cuenta de los cambios logrados (tanto positivos como negativos).

Cada sesión comenzó  con un registro propioceptivo del cuerpo y otro al finalizar para dar cuenta si hubo modificaciones o no.

Como ejemplo seleccionamos la primera de las cuatro sesiones del inicio y los  discursos de algunas pacientes.

 

Dice una paciente:

“La imagen que tuve, la emoción, de lo que dibujé, mi contorno, me hizo sentir que mi cuerpo estaba sujeto. Y en el movimiento con la música era como que quería lograr liberarme. Tuve la sensación que tenía que abrir los brazos así (hace gestos de abrirlos), quería lograr liberarme, y con la música lo logré. Como una atadura del cuerpo. (Le pedimos alguna asociación con la imagen de sujeto). Todo muy sujeto, muy controlado, tenía necesidad de liberarme y levantar los brazos. Lo que asocio con la palabra sujetado es como que mi cuerpo está limitado, contenido. Con respecto a  ese rostro enojado. Yo sentí que yo puse rostro a ese enojo. Ese enojo que sentí por no haber sentido qué quería hacer, a ese enojo le puse un rostro. Era algo mío de dentro, viejo, pero que era mío.”

Al finalizar la experiencia dice la misma paciente:

“Cuando percibí la respiración se me movía el abdomen, el aire entraba tranqui. Tuve conciencia bien de lo que me movía. Me vi como me había dibujado, con los kilos de más, por momentos me cuesta levantar mis hombros, quería ponerme a prueba y podía dominar mis hombros, era moverme sin esfuerzo. Empecé por los pies, hasta la cabeza y recorría todo el cuerpo bien. A lo último tenía algo acá contenido, como una emoción acá (se señala la garganta, desde el esternón). Sentía los latidos. Sentí libertad. Yo sentí mucha diferencia en lo que escribí.”

Dice otra paciente:

“Yo escribí que no sentí ninguna emoción, lo único que me vi obesa. Me quedé mal.  Cuando dije que no sentía ninguna emoción era como que no sentía nada, pero ahora me siento mal. Porque me veo gorda, fea. Arriba me siento más chica, abajo redonda. Me hace mal, me hace sentir mal, me veo mal. Me dio bronca, me da bronca. Porque ¡ay! estoy redonda, me veo mal. Aparte me da bronca el dolor en las rodillas, en las piernas, parece que todo tiene que ver, está todo relacionado una cosa con la otra. ¡Todo tiene que ver parece! Tengo que revertir esto. Me siento horrible”.

Al finalizar la experiencia dice la misma paciente:

“A diferencia de la otra vez yo me hice más chiquita. Comparando con la otra vez, ahora en la foto no me vi tan grande (gorda). Me pone alegre. El movimiento de las manos me gustó, siento el corazón, hasta los latidos. La emoción es serenidad”.

Dice otra paciente:

“Mi imagen me la veo agrandada y caída de hombros. Emoción no. La necesidad de moverme para cambiar la postura y sentirme más ágil. Me siento muy pachorrienta. Con respecto al dibujo, hoy me veía acá sentada, pero luego, como que mi imagen fue la que me devuelve el espejo, que no soy de mirarme mucho, pero cuando me voy a bañar, me miro mitad del cuerpo y me veo como regordeta y con muchos rollos. Últimamente me veo así no como erguida, sino caída. Siento que tengo que hacer algo, pero que me cuesta a la vez.  Hoy me costaba moverme en relación a la imagen. Como que me sorprende”.

Al finalizar la experiencia dice la misma paciente:

“Con el contorno me sentí más cómoda era un cuerpo que lo puedo manejar, sentí los pies clavados en el piso, los moví hacia el costado y el frente. Sentí algo de positivo. Me siento mucho más libre, sin tomar en cuenta si me miran o no. La palabra es: Libertad”.

 

Conclusiones

 

A manera de síntesis podemos concluir que hemos podido identificar modificaciones en la imagen del cuerpo y en la autoestima, así como aportes de la psicoterapia grupal y del trabajo corporal que contribuyen a la reelaboración de la imagen corporal y a la reinvestidura narcisista del cuerpo. Asimismo hemos podido comprobar que la coordinación compartida de psicóloga y terapeuta corporal facilita nexos entre el lenguaje corporal y la palabra.

Es nuestro deseo que esta experiencia contribuya a desarrollar y mejorar el abordaje del climaterio, puesto que, si bien en la actualidad hay un incremento de la investigación de esta etapa, el abordaje interdisciplinario aún se encuentra en vías de construcción y aún hoy tiene connotaciones negativas en nuestra cultura.

 

Bibliografía

 

Doltó, F., La imagen inconsciente del cuerpo, Buenos Aires, Paidós, 1986.

Hornstein, L., Narcisismo. Autoestima, identidad, alteridad, Buenos Aires, Paidós, 2000.

 

Isabel Costa

Psicóloga

isacosta [at] speedy.com.ar

 

Alicia Lipovetzky

Coordinadora de trabajo corporal

alicia.lipo [at] topia.com.ar

 
Articulo publicado en
Agosto / 2012

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