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Dolor

 

“El dolor físico es una sensación molesta de una parte del cuerpo, causado por lesiones o estados morbosos y transmitida por los nervios sensitivos al cerebro”.
“Aflicción, sufrimiento moral”.
Estas son definiciones de dolor tomadas de un diccionario. Como se ve, dolor físico y aflicción se explican separadamente.
Desde la perspectiva reichiana, no hay sensación emocional que no se manifieste en el cuerpo.
No hay dolores físicos que no tengan o hayan tenido que ver con sensaciones emocionales.
No siempre la sensación físico-emocional es percibida por la persona para su integración y comprensión.
Reich desarrolló su trabajo partiendo de la vida y su característica fundamental, el movimiento.
A partir de esto, observó en las personas, cómo ese movimiento vital era bloqueado, obturado a la manera de coraza protectora y como forma de evitar el registro o, tal vez, la expresión de emociones que pudieran poner en riesgo su seguridad. Ser castigado, abandonado, no querido.
Un descubrimiento en el campo de la biología confirma las hipótesis del trabajo de Reich. En la Universidad de Boulder (Colorado), en EE. UU.1, con un microscopio electrónico de gran tamaño, se observó la respuesta de células vivientes que mantenían un movimiento regular pulsatorio. Se vio cómo estas presentaban variaciones, como respuesta a los cambios del ambiente negativos a su vitalidad: bajas temperaturas, presencia de determinadas sustancias, etc. Se observó entonces como las células cambiaban su forma, encogiéndose, achicándose a modo de protección, disminuyendo la amplitud pulsátil.
Al retornar al medio original, retomaban su forma y su vitalidad.
En una situación riesgosa, frente a algo que amenaza la integridad, se produce un movimiento instintivo de encogimiento, de cierre, de protección.
Simultáneamente esos cierres producen sensaciones emocionales registradas o no por la persona.
Esta reacción puede ser observable a simple vista o apenas perceptible. Grandes gestos, o pequeños cierres musculares que suceden tan frecuentemente.
Cierres en la panza, en el pecho, en la garganta, en la mandíbula...
Un ejemplo fácil. Imaginemos una situación que genera mucho miedo. Hay una inspiración brusca, respiración agitada, un cierre diafragmático, un apriete en la panza.

¿Y el dolor?

Volviendo al ejemplo del microscopio. Dijimos que retornando la célula al medio adecuado, retoma su forma original y pulsa libremente.
Esto no sucede si la situación adversa persiste. En este caso, la célula pierde su capacidad de volver a su forma y se mantiene viviendo con baja pulsación y energía.
Lo mismo pasa con los músculos. Si la vivencia de amenaza desaparece, la respiración se aquieta y profundiza, los músculos retornan a su movimiento habitual.
Es diferente si los cierres musculares se produjeron en los primeros años de vida a la manera de coraza protectora. También cuando una situación física y emocionalmente violenta se mantiene en el tiempo.
Los bloqueos musculares en diferentes partes del cuerpo según la historia personal, pueden ser luego un lugar de contracción crónica, que resulta en una reducción de movimiento, energía y sentimientos en el organismo.
Se experimenta como contracción o dolor.
Dolor físico por exceso de tensión o como aviso que hay algo que se enferma.
Según las posibilidades económicas pero también según las creencias, culturas y costumbres, se busca la forma de apaciguar, disminuir o anular los dolores.

Veo fotos
- Fotos de guerras. Fotos de nenes en la guerra.
Chicos revisados por soldados. Chicos rodeados de casas bombardeadas. Hay rigidez en todo el cuerpo. Las caras reflejan miedo, angustia, tristeza.
- Nenes y nenas en fila con un plato en la mano, esperando su ración de comida. Algunos lloran otros parecen sin vida.
Esta foto pertenece a un campo de prisioneros pero seguramente puede representar escenas similares de nuestro “mundo civilizado”.
Si siguen con vida, ¿qué registros quedan en sus cuerpos? ¿qué marcas?

Escribo para la memoria
- Masacre de los pueblos originarios de América.
- Genocidio armenio.
- Millones de muertos en el holocausto por la mano de los asesinos nazis.
- 30 mil desaparecidos en nuestro país. Masacre y tortura.
- Iraquíes bombardeados por los invasores.

Leo
“Bombardeos israelíes sobre territorio palestino”.
“Misiles palestinos sobre población israelí”.

El dolor

La amenaza y la tortura producen fuertes amenazas físicas y emocionales.
Cuando el miedo impide llorar o gritar, cuando todavía hay fuerza para hacerlo, esos impulsos castrados generan fuertes dolores en distintas partes del cuerpo.
Cuando no hay más fuerzas, cuando la resignación y la muerte ganan en el cuerpo aún vivo, la persona se vuelve insensible.

Duele la injusticia
- El asesinato de un maestro puede doler en la garganta. Energía-emoción que queda atragantada y quiere salir.
- Las bombas que matan indiscriminadamente, caen en colegios, casas, terminales de ómnibus. Duele en el pecho que se cierra. Duele en la panza, la revuelve hasta dar ganas de vomitar.
Dolor, pena, indignación. Duele en el cuerpo porque indigna en la conciencia y la indignación se agiganta cuando no queda sólo en el pensamiento sino que tiene cuerpo.
Sabemos de la gran capacidad humana para negar el dolor. Se lo puede tapar con drogas farmacológicas o no. Mirando para otro lado, no escuchando, mirando sin ver, no dejándose respirar.
También sabemos que a muchos no les duele el dolor de los otros. Al contrario, lo organizan y promueven, amparados en discursos políticos, económicos o religiosos.
Para esos seres el desprecio. Su dolor en el caso que lo tengan no conmueve.
Poder sentir el dolor, es poder estar en contacto con el sufrimiento propio y ajeno. Poder expresarlo y transformarlo.
Las palabras – las manos – los cantos – los puños – las marchas – las rondas – los gritos...
Y sí... a pesar de la fuerte carga a la que en mayor o menor medida estamos sometidos, carga que abierta o sutilmente nos lleva a tapar el dolor, al sometimiento y la disociación, a pesar de eso… intentamos poner nuestra energía vital al servicio de la creatividad, el compromiso y la resistencia.

 

Busi Dubin
Terapeuta Reichiana
busidu [at] hotmail.com

 

1 Navarro, Federico, Somatopsicopatología, Editorial SUMMUS, Brasil, 1996.

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Articulo publicado en
Octubre / 2007

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