El mito del héroe y la barbarie cometida en nombre de la utopía | Topía

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El mito del héroe y la barbarie cometida en nombre de la utopía

 

En el editorial del número anterior finalizaba diciendo que civilización y barbarie "son las características que tiene el sujeto. En él conviven fuerzas que lo llevan a reconocerse en el otro humano y otras que tienden a aniquilarlo y, por lo tanto, a destruirse como sujeto". La historia de nuestra cultura nos muestra que cuando una civilización se proclama como la única verdad los otros se transforman en bárbaros. De esta manera los bárbaros son necesarios -como plantea Kavafis en su poema- ya que, en nombre de la civilización, se puede justificar cualquier exterminio. Para ello se crea un mito fundador de alguna epopeya histórica. Sabemos que el mito pertenece a la categoría de la esperanza. Es el que transforma una reunión en una ceremonia humana. El mito es propio de la cultura y, en su historia, vamos a encontrar la importancia que ha tenido el mito del héroe.

Freud comienza planteando, en el apéndice B de Psicología de la masas y análisis del yo, lo que había dicho en Tótem y Tabú para, luego, explicar como surge el héroe. El Padre de la horda primordial es asesinado por sus hijos. Las rivalidades que comenzaron llevó a que renuncien a ocupar su lugar y, sobre ese tabú, se creó la hermandad totémica. Pero en alguna época esa privación llevó a la añoranza de querer ocupar el lugar del Padre. El primero que lo hizo fue un poeta épico en su fantasía. El poeta presentó la realidad bajo una luz mentirosa, en el sentido de añoranza : inventó el mito heroico. Héroe fue el que había matado él sólo al Padre terrible de la horda primitiva. Así, como el Padre había sido el primer ideal del hijo varón, ahora el poeta creaba un héroe que se constituía en un yo-ideal omnipotente que sustituyó al Padre. El héroe pretende haber sido el único autor de la hazaña que, sin duda, la horda como un todo osó perpetrar. En este sentido, continúa Freud : "El poeta que dio este paso, y así desasió de la masa en la fantasía, sabe empero hallar en la realidad el camino de regreso a ella. En efecto, se presenta y refiere a esta masa las hazañas de su héroe, inventadas por él. Así desciende hasta la fantasía. Ahora, bien, estas comprenden al poeta, pueden identificarse con el héroe sobre la base de la misma referencia añorante al Padre primordial. La mentira del mito heroico culmina en el endiosamiento del héroe. Quizás el héroe endiosado fue anterior al Dios Padre, y el precursor del retorno del padre primordial como divinidad. Cronológicamente, la serie de los dioses es, pues, como sigue : Diosa Madre- Héroe- Dios Padre. Pero sólo con la exaltación del Padre primordial, jamás olvidado, recibió la divinidad los rasgos que todavía hoy le conocemos". El héroe, quiere ser ante todo el mismo y, aspira a convertirse en origen de sí mismo ; quiere ocupar el lugar del Padre no identificándose con él. En este sentido se ubica en el lugar del yo-ideal. Por ello la figura heroica ha sido manipulada y utilizada para justificar diferentes ideologías y políticas o determinadas situaciones históricas. De esta manera el mito, por sí solo, no explica la multiplicidad de factores que contribuyen a forjar un héroe. Los mitos germánicos fueron utilizados para fundar el nazismo sobre la base de una raza superior y realizar la mayor barbarie de nuestro siglo : el Holocausto. La necesidad de imponer una industrialización forzada en Rusia determinó la creación del mito de un padre protector : "el padrecito Stalín". Este, para lograrla, masacró a millones de personas. El mito del Che Guevara, que se forjó luego de su muerte, fue vaciado de contenido por un mercado que vende su foto en remeras.

Lo que se valora en el héroe es una motivación ética de construir un mundo mejor. Al pasar los límites impuestos por la sociedad son transgresores cuya acción está regida por la ilusión utópica. Esta situación la podemos observar en los movimientos mesiánicos. En ellos vamos a encontrar como los explotados y oprimidos se organizan alrededor de algún profeta o iluminado para transformar su desesperación en esperanza. El mensaje mesiánico anuncia la llegada de la Edad de Oro. Mañana saldrá el Sol. Lo que ocurre es que el mesianismo fomenta el deseo mediante la promesa de una sociedad utópica que, cuando llega al poder, se transforma en la sumisión absoluta del deseo a instancias que considera infalibles : la Nación, el Estado, el Partido, la Raza o la Religión.

En este intento de encontrar el paraíso aparece el infierno. En esto coinciden los adictos y los utópicos. Los primeros buscan la ilusión a través de un producto químico capaz de sustituir la acción transformadora de la realidad. Las utopías organizan un orden donde no hay posibilidad para el deseo.

En este sentido el capitalismo globalizado reglamenta las libertades humanas de acuerdo a un modelo estrictamente utópico: mañana estaremos mejor, hoy la mayoría de la población mundial se muere de hambre. Esta dimensión del deseo, que algunos llaman utopía en el sentido moderno, no es otra cosa que sostener la ilusión de la espera en un mundo que no puede ser modificado. Esto está presente desde la República de Platón, la Ciudad Sol de Campanella, el colectivismo de Stalín, la "teología neoliberal" -como denomina Eric Hobsbawn- a la actual ideología capitalista o los fundamantalismos religiosos y étnicos. Por ello nada mejor que recordar a W. Benjamin : de esta manera "ni siquiera los muertos estarán a salvo del enemigo, si éste vence. Y no ha dejado nunca de vencer". Benjamin dice que no hay esperanza para los vencidos pero ese dolor de la memoria, que llamamos pasado, no se rompe jamás. Es así como advierte que "en la idea de felicidad late inalienablemente la idea de salvación". Esta última arruina a aquella ya que, al proyectar el presente hacia un absoluto imposible, termina rigiendo la condición humana y solo queda la repetición de lo mismo.

Nuestro siglo se caracterizó por defender un nuevo héroe : El Partido y sus delegados políticos. Pero estos han realizado las mayores barbaries en la historia de la humanidad en nombre de la impunidad democrática o totalitaria. Se olvida, con demasiada frecuencia, que esa cosa que felizmente se ha hundido no fue ni pretendió ser nunca socialismo. Fueron estados social-autoritarios más que socialistas. Es decir variantes despóticas de un capitalismo totalmente centralizado en una burocracia que, tras realizar políticas exterminadoras -conjuntamente con los fascismos-, naufragaron.

En la actualidad no existen héroes. Si tuviéramos que definir aquellos que los medios de comunicación nos presentan como héroes vamos a encontrar que realizan una transgresión "light" cuya ética se mide por el "raiting" que tienen en televisión. Es que nuestra época se caracteriza por el vacío que ha dejado la muerte del Padre. Como plantea Fernando Savater : "el reto es si el hijo será capaz de recuperar un acceso al Padre o se le negará un Padre muerto no por él sino en contra de él". Esto lo logrará a través de una acción transformadora donde actuar es agredir, ofender y oponerse para dar forma ; quién se conforma se confunde con lo establecido. Aquellos que realizan actuaciones pierden las formas en acciones carentes de sentido. Es que crear formas es tarea de disconformes que se hagan responsables de su deseo. A esto se opone la culpa como remordimiento, hartazgo o temor al castigo. Quién padece de esta culpa buscará cualquier excusa para presentar su renuncia. Por ello, continua Savater : "el hijo activo, que ama a su padre y no tiembla al ser amado por este, disfruta su culpa con orgullo, como desafío y como disciplina : la considera a fin de cuentas como la sal de la vida". De esta manera tratará de buscar un lugar -una topía- para dar respuesta a sus deseos y necesidades. En esta acción transformadora puede ser posible reencontrarse con el mito del héroe colectivo : la fraternidad totémica. Desde allí es posible plantearse que no hay verdades únicas ni luchas finales. Pero, sin embargo, podemos orientarnos mediante verdades que reconozcan donde está la barbarie y luchar contra ella. Una civilización donde predomine la equidad social, económica y política todavía no existe pero la barbarie sigue existiendo. Es imposible contemplar la barbarie y no reconocerla. Esto se llama complicidad.

Bibliografía

Bauzá, Francisco Hugo, El mito del héroe. Morfología y semántica de la figura heroica,

Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 1998.

Benjamin, W, Angelus Novos. La Gaya Ciencia, Barcelona, 1970.

Carpintero, Enrique, "La utopía como porvenir de una ilusión" Topía revista,

número V, agosto de 1992.

"El exceso de realidad produce monstruos" Topía revista,

número XXIV, noviembre-febrero de 1998/99.

Freud, Sigmund, Tótem y tabú, Amorrortu ediciones, tomo XIII, Buenos Aires, 1979.

Psicología de la masas y análisis del yo, Amorrortu ediciones,

tomo XVIII, Buenos Aires, 1979.

Moisés y la religión monoteista, Amorrortu ediciones, tomo XXIII,

Buenos Aires, 1979.

Hobsbawm, Eric, Historia del siglo XXI, Crítica, Grijalbo, Mondadori, Barcelona, 1995.

Laplantine, Francois, Mesianismo, posesión y utopía. Las tres voces de la imaginación

colectiva, Gedisa editorial, Barcelona, 1977

Savater, Fernando, La tarea del héroe, Taurus editorial, Madrid, 1983.

 
Articulo publicado en
Marzo / 1999

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