Hacia una metasomatología de la transferencia. Un trabajo en equipo | Topía

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Hacia una metasomatología de la transferencia. Un trabajo en equipo

 
Un original abordaje y conceptualización del trabajo en equipo con una paciente autista

Una psicoanalista y un psiquiatra trabajan en la Clínica de Saumery, en Francia. Ellos escribieron dos trabajos sobre una misma paciente. El interés de los dos textos para nuestros lectores tiene varios niveles. Primero, cómo articulan su trabajo en equipo, cuestión esencial en pacientes graves, donde es necesario compartir lineamientos generales de trabajo. Segundo, nos permite ver cómo son los abordajes actuales en internación en Francia, desde su legislación hasta la forma de trabajo. Finalmente, nos acerca a una original conceptualización sobre el cuerpo y la transferencia, que permite enriquecer los abordajes clínicos.

 

Introducción por Luciana Volco

¿Habría una posibilidad de experimentar, de sentir y de pensar sin ningún movimiento de afectación? ¿Cómo sentirse cuerdos y enteros si nuestro cuerpo no encontró un respaldo afectivo sobre el cual apoyarse y unificarse? Afectos pensados y pensamiento de los afectos constituyen la materia prima de una “metasomatología” indispensable para pensar una transferencia unificadora.

La historia no puede inscribirse sin piel, sin los huecos, valles, arroyos, protuberancias o fallas donde anidarse, enrollarse en espera del silencio, madurar y luego, a lo mejor, hablar para contar lo visto, leído, olido, sentido. Cada hoja que se escribe y se imprime se cose a otra, como el cuerpo de un libro apoyado en su lomo (dossier)1.

Escritos en simultáneo y por separado, sin concertación, el primero para la Universidad Católica de Angers, el segundo para el Centro Artaud de Reims, los artículos presentados aquí intentan mostrar cómo el pensamiento clínico y el trabajo de la transferencia se enriquecen cuando se basan en un “espíritu institucional” compartido, una “transferencia de trabajo”.

Ambos textos comienzan con el momento particular de un pedido formal de una paciente que quiere consultar su historia clínica (dossier). Luego toma consistencia la idea de una psicoterapia singular, a través de escenas clínicas en las que el cuerpo se pone en juego con formas constantemente renovadas. Escenas que permiten comprender como las hipótesis, las teorías que aparecen, en sesión y fuera de ella, no pueden sostenerse técnicamente sin una clínica de la contención y del contacto. Contención y contacto, entonces, como respaldo sólido e indispensable del trabajo terapéutico.

 

Sobre un pedido de consulta de historia clínica2

Luciana Volco, Psicóloga clínica y Psicoanalista argentina residente en Francia

La internación de Maureen3  en Saumery fue pensada para relevar y aliviar un poco al equipo de Sector que la atiende habitualmente. Maureen tiene cuarenta años y es una antigua autista que puede aun gritar y agitarse durante días enteros. En Saumery la recibimos tratando de hacerle un verdadero lugar, en nosotros, para poder pensar en ella, sostenerla, servirle de columna vertebral y aliviar su angustia.

Su psiquiatra, Antoine Fontaine, me propone participar en el tratamiento de Maureen. Antoine y yo, psiquiatra y psicóloga, trabajamos a menudo juntos y formamos lo que hemos definido como una pareja terapéutica. Los pacientes a menudo nos hablan de lo que este dispositivo provoca en ellos. Esta reedición transferencial de la pareja parental parece facilitar y acelerar el trabajo terapéutico. La doble transferencia que se pone en juego se reveló a menudo asombrosamente rápida y eficaz para revivir sensaciones y vivencias reprimidas y/ o clivadas.

Maureen está encantada con la idea. Proponerle este trabajo significa para ella tanto como para nosotros, un compromiso a largo plazo. La recibo cada semana desde mayo de 2011, durante los períodos de internación en la clínica.

Hablamos primero de la historia de su familia, dibujamos su árbol genealógico. Sitúa perfectamente a todos los miembros de la familia sin confusión entre generaciones. Maureen describe a su madre como una Barbie, siempre elegante, eternamente a dieta. Maureen fabrica ropa para muñecas Barbie que compra en Emmaüs4  dónde va algunos sábados al mes en el marco de una salida organizada por la clínica.

Cuando abordamos la historia de su vida, me cuenta que vivió en distintos lugares del mundo: la familia seguía a su padre, ingeniero, en sus continuos desplazamientos profesionales. Sitúa correctamente en el tiempo todos los acontecimientos importantes personales y familiares. Nos encontramos entonces, con gran sorpresa para mí, bien situadas en cuanto a su historia y su geografía, pero… ¿Qué sucede en su cuerpo? La lista de los sufrimientos corporales que su historia clínica nos revela es impresionante: luxación congénita de las rótulas, meningitis a los tres meses de vida, escoliosis, problemas de elocución, enuresis.

Hace cerca de un mes le pidió a su médico consultar su historia clínica. Antoine le explicó la vía institucional a seguir para su pedido: debe enviar una carta a la directora adjunta, responsable de la calidad de los servicios de la clínica, para poder tener acceso a su historia clínica. Maureen escribió la carta y su pedido fue aceptado. Pidió que tres personas estén presentes en el momento de la consulta: su médico, una pasante con quien se lleva bien, y yo. Habríamos podido contentarnos con respetar la ley.5

Habríamos podido responder a su pedido de forma burocrática: lectura de la historia clínica en presencia de su médico…y asunto resuelto. Pero escogimos hacerlo de otro modo.

Teniendo la costumbre y el placer del trabajo en equipo y, sobre todo, del pensamiento entre varios, privilegio siempre las consultas múltiples, ya sea por un pedido puntual de un paciente (como aquí) o bien para pensar un caso entre todos: médico, monitores referentes, psicólogo, pasantes. Estos intercambios son siempre muy ricos. Somos pues tres para acompañar de manera muy solemne su pedido.

- ¿Pero Maureen, por qué quieres realizar esta consulta?
- Quiero medir los progresos de mi tratamiento.

Lo que podía parecer una demanda suspicaz, casi paranoica, cambia de tono. Antoine propone: una historia clínica6  es algo sobre lo cual uno puede apoyarse, literalmente, un apoyo para la espalda7 , para nuestra “verticalidad”8. Maureen nos pide que la ayudemos a tenerse en pie, y a medir el camino recorrido y el que falta por recorrer. Nuestro trabajo consiste también en adaptarnos a las modalidades y las capacidades de expresión y de elaboración de cada paciente, sin idealizar la simbolización, sin prejuzgar de la calidad del intercambio posible. Es útil aprender a descifrar todo tipo de mensajes, sutiles manifestaciones corporales, cambios de tono muscular, de postura, temblores, rubor, palidez, etc., y saber asociar estos elementos, ya sea en el consultorio o durante el almuerzo que compartimos con los pacientes, en los pasillos, en el marco de una consulta de historia clínica. Para medir el camino recorrido y el que queda por recorrer, Maureen supo crear la situación que necesitaba, tener las hojas de su historia clínica entre sus manos, algo concreto de lo cual agarrarse, en nuestra presencia, bajo nuestra mirada. Somos nosotros los que nos adaptamos a su necesidad y sus capacidades, su modo peculiar de conducir su propio tratamiento. Elegí este ejemplo de situación clínica para mostrar cómo, pensando entre varios, en un cruce entre el psicoanálisis y la psicoterapia institucional, podemos darnos los medios para transformar un simple hecho en un acontecimiento clínico. A condición de aceptar pensar y trabajar entre varios, y no creer que tenemos el monopolio del efecto terapéutico. Los efectos terapéuticos no se exigen; se esperan, se construyen, se organizan, se comparten, se interpretan entre varios, apoyándose en la red institucional. Como lo explica Jean Oury: “El especialista (analista o psiquiatra) representa una función del conjunto. Una función que opera en un momento dado, indisociable de lo demás”.9

Maureen nos pide, entonces, que la ayudemos a juntar los elementos de su historia clínica. Estos elementos representan la historia del paciente y de lo que teje con nosotros, en transferencia. La historia clínica se vuelve entonces una suerte de “estado civil del psiquismo”. Y lo que inscribimos en ella es…el paciente mismo.

“Quiero consultar mi historia clínica” significa para nosotros:

“Quiero saber cómo me piensan, como estoy inscripta por (¿en?) ustedes”. O dicho de otro modo: ¿Cuál es mi lugar? Y en la dinámica transferencial aquí en cuestión, esta pregunta implica una reedición de vivencias maternales primarias. ¿Cuán disponible estuvo la madre de Maureen para su bebé, en qué tipo de mundo interno pudo inscribirla y de qué manera? ¿Se pudieron interpenetrar sus miradas? Si su madre, al mirar a Maureen, vio un cuerpo plano, superficial, en espejo a su ausencia de interioridad10, la imagen del cuerpo no pudo construirse en tres dimensiones. Para ello, tal como lo explica Geneviève Haag11, el bebé necesita vivir la experiencia de estar bien sostenido y mirado mientras su madre lo amamanta. ¿Sin esta seguridad de base, cómo mantenerse derecho, cómo “verticalizarse”? Quizás, y es nuestra apuesta, juntando todos los elementos de su historia clínica, elementos que representan a la vez las partes de su cuerpo y sus objetos internos. Nos hemos apoyado en esta situación, una consulta durante la cual las personas que la sostienen están disponibles y piensan (la piensan) conjuntamente, para producir y facilitar el proceso de verticalización. Y sabemos bien hasta qué punto la verticalización es importante en el trabajo con pacientes autistas. El siguiente paso es acompañarla para transformar las secuencias que forman parte de su definición de ella misma12  y que representan uno de los trastornos más grandes del autismo. Pasar de las secuencias al ritmo, inventar un tiempo vivido y ritmado, más que secuencial.13

Hoy en día podemos decir que Maureen tiene su lugar en la clínica. Casi no grita, camina más derecha, acepta hacer algunas tareas al servicio de la colectividad (atender el teléfono, tocar la campana que anuncia las comidas) como pago de sus sesiones. Habla de sus sueños y de su sexualidad, conmigo o con su psiquiatra.

Podemos pensar que este recorrido fue posible porque hemos hecho un verdadero esfuerzo teórico y cotidiano para construir las herramientas terapéuticas que nos corresponden, gracias a una articulación eficaz entre profesionales. Apoyándonos entonces en este trabajo de articulación, respetando el lugar y el potencial terapéutico de cada uno, podemos articular para nuestros pacientes el cuerpo y la cabeza, los sentimientos, los pensamientos y las acciones, en un espacio-tiempo que se hace soportable y vivible para ellos…y para nosotros.

 

La acogida del cuerpo14

Antoine Fontaine, Psiquiatra Clínica de Saumery

Conocí a Maureen hace ocho años, en el momento de su primera internación en la clínica de Saumery. Yo había organizado una salida a la costa, un día de mucho calor. Como ella no tenía traje de baño, le presté una túnica africana, llevada para la ocasión. En el agua, había apretado, sorprendentemente, sus muslos contra los míos. Me acuerdo de una cierta incomodidad por este abrazo mezclado de agarre, sexualidad y miedo a ahogarse. Durante todo el camino de vuelta, casi pegada a mí mientras conducía, la había escuchado llorar, resoplar y jugar con sus mocos. La sentía emocionada, demasiado emocionada por la belleza de este día, un exceso de sensorialidad que me hizo pensar en una vivencia autista. Un diagnóstico que iba a cambiar el rumbo de su tratamiento.

Anteriormente doblado en dos por una escoliosis, el torso operado de Maureen se ha enderezado. Grita menos, y no tan fuerte. Anima una rúbrica poética en el blog del club terapéutico de la clínica. Después de la acreditación V215, donde causó sensación ante los expertos visitantes, quiere ir a por la V3 y seguir defendiendo la clínica. No se agarra más de las paredes y camina mejor, en equilibrio sobre sus pies que ahora están instalados en zapatos ortopédicos más cómodos. Siguiendo mi consejo, su equipo de sector le propuso sesiones de packing16. Empieza a tomar clases de francés, ortografía, gramática y caligrafía. Sus letras no están unidas las unas a otras (texto, textura, tesitura, tejido). Su voz y su escritura son como palotes.

Maureen pide consultar su historia clínica. Obediente, sigue el procedimiento. Manda una carta a la “Cruq”17 y habla con su psicóloga para explicarle sus motivos, a saber “ver cómo ha avanzado”. En el momento de la consulta nos damos cuenta de la importancia de la historia clínica: una recopilación de piezas. Piezas cuya articulación refleja la atención, una combinación de elementos trazados, escritos, hablados, silenciosos. Un conjunto ligado por una espalda. Ver cómo la pensamos aquí, lo que se escribe sobre ella, y lo que intercambiamos en conjunto. Cómo su espalda, respaldada sobre nuestra historia clínica, la ayuda a articular mejor su palabra y su cuerpo. Quizás haya hecho ella también una auditoria como experta visitante…

- “¿Cómo puedo presentarla cuando vaya a Reims para hablar de la acogida del cuerpo y leer el poema que Usted me trajo?”

-La Paciente Sensorial Secuencial en la Clínica de Saumery.

Maureen escucha largamente mi comentario de “Armonía de la Tarde” de Charles Baudelaire.18 Mientras la miro mecerse frente a mí, el rostro entre las manos, los ojos semicerrados, el pelo ceñido por un paño, los dos pies en punta.

En el momento del comentario del verso He aquí que llega el tiempo en que vibrante en su tallo, destaco su balanceo, su verticalidad temblante y frágil, entre caña, varilla metálica, hueso y roble, que se completa con el verso ¡Un corazón tierno que odia la nada vasta y negra! Aludo a su angustia melancólica que la empuja a evaporarse en las nubes para descansar en el verso Cada flor se evapora cual un incensario; El cielo está triste y bello como un gran altar. La paciente sensorial secuencial da una definición de alto nivel para contar como la discontinuidad de su cuerpo es el núcleo de la ausencia del sentimiento de existir.

Vale la pena considerar la vida cotidiana como una microsemiología que cuenta el movimiento de vaivén entre sensorialidad y pensamiento. Aquí, la semiología psiquiátrica tendría que seguir la lógica del examen clínico: inspeccionar, palpar, probar, olfatear, sentir, escuchar, deducir, reflexionar.

¿De qué solemos hablar entre terapeutas en la clínica? De la ropa, de las necesidades del cuerpo, de la bebida, de la comida. ¿Y qué observamos? Que todas esas cosas que normalmente van de suyo echan por tierra nuestras ilusiones de un fundamento dado por sentado. ¿Cómo evaluar la importancia de esto en virtud de nuestras orientaciones clínicas? Querer tenerlo en cuenta en la psicodinámica de un tratamiento implica referirse a un marco conceptual específico que Amaro de Villanova19 llama “la metasomatología del pensamiento”, y que implica una serie de preguntas a tener en cuenta a la hora de comprometerse con una función terapéutica en psiquiatría.

Para iniciar la construcción de un marco, hace falta un fondo, como en cestería cuando uno empieza una cesta por su fondo por una cruz, o asegurándole su base a una pieza de alfarería, o su fundación al muro.

He aquí un ejemplo de la “metasomatología del pensamiento”:

Un niño de ocho años consulta con sus padres. De noche tiene pesadillas, se cae a menudo, en la escuela, se sienta mal, agitado, agota a sus padres. Está en terapia desde hace aproximadamente un año y medio, su hermana y su madre también. Recibo a los padres de vez en cuando para ayudarlos a pensar la vida cotidiana junto a Baptiste. Le he recetado entre 0 y 22 gotas de Laroxyl, para que pueda dormirse y transitar sus noches sin demasiadas pesadillas, sin demasiadas dificultades. Su analista expresara luego su desacuerdo con el medicamento. Qué pena pensar en la pureza del acto antes que en el sufrimiento… Qué pena, también, adormecer el dolor para esquivar su transferencia… Se trata del arte y la medida entre la acogida del cuerpo real y del cuerpo vivido. Recordemos que este cuerpo no es el nuestro y que comunica por fuera de la palabra.

Esta tarde, cuando lo veo entrar en mi consultorio con sus padres, está agotado y no puedo reprimir mi preocupación. A pesar de constatar que ha venido con su patineta, signo de un juego de su edad, de un juego de equilibrio, de cinética, de su cuerpo en vías de apropiación, Baptiste está cansado, agotado, sus ojos miran hacia otro lado.

Tengo que ser conciso. Ya son las 19hs. ¿De dónde viene este cansancio? De una pesadilla en la que se ha encontrado con su abuelo y su padre muertos. Hablamos de otros sueños, en los que se cae por la ventana, así como de algunos pensamientos diurnos, y de sus ganas de tirarse por el balcón. Sus padres se sorprenden y preocupan al escuchar el contenido de sus pensamientos. Por mi parte, sé que no siente bien sus piernas, desde la primera vez que lo vi había notado que caminaba un poco sobre la punta de los pies, señal de que la envoltura corporal no está cerrada, que la base está sin acabar. Pregunto cómo transcurre el momento de acostarlo, quién le cuenta cuentos, ¿papá se sienta al lado suyo? ¿Ah, papá te acompaña y se duerme antes que vos?

Un extraño Dr. Who surge en mí, familiar y extraño a la vez, y esa tarde, me adentro en este país unheimlich. “Te voy a enseñar algo. Acostate en el sofá, te quito los zapatos, me siento a tus pies. Apoyalos bien sobre mis muslos”. La fuerza con la que los apoya me hace pensar que necesita terriblemente contacto y sostén. Hablo en voz alta, cuento una pequeña historia haptonómica y propongo que, a partir de ahora, papá haga lo mismo.

“¿Crees que papá está muerto en su sueño y que te abandona? Tienes razón de tener miedo. En la mitología griega, Hypnos y Thanatos son primos, y mucha gente piensa como vos. Para afrontar la oscuridad de la noche, hace falta confiar en su cuerpo, sentir que la cama está solida, que hay presencia bajo tus pies, que no te vas a caer. Si tenés un poquito de miedo cuando papá se vaya a la cama, podés poner tus pies sobre una pequeña almohada”. El padre cuenta entonces que de niño él también tenía terribles pesadillas de caída sin fin. Baptiste lo mira intensamente. Comparten algo. Siento que algo se abre para el papá, que se escucha a través de su hijo, como un grito que resonaría entre ellos. Baptiste se sienta y les enseño lo que es el contacto haptonómico20 con la experiencia del lápiz agarrado entre nuestros dos dedos índices. Podrán divertirse en casa. Baptiste está muy alegre, la sensación de cansancio se ha desvanecido, y se va cantando subido a su patineta.

La semana siguiente recibo en mi consulta a la psicoanalista de la madre, quien le ha contado que ha sorprendido a su niño jugando a la noche en su cama con un lápiz diciendo “Antoine Baptiste, Baptiste Antoine…” Todos nos emocionamos, la madre, la psicoanalista, y yo, que todavía me siento emocionado escribiéndolo. ¿Cómo se crea el símbolo en este juego de contacto, entre la ida y la vuelta, entre hola y adiós, de cada lado de un lápiz, a condición de que se trate una presencia real, y una ausencia real? Una vez la base construida, el silencio se vuelve permeable a una presencia.

La acogida del cuerpo trata de esta cuestión tan delicada. Por supuesto está la historia de esta familia. Podríamos desarrollar las ramificaciones que ha llevado a esta construcción, y estaremos muy felices de entender, explicar, de asociar embarazo patológico, historia de los padres y de los antepasados. Pero ante todo, nos encontramos delante del Presente del cuerpo vivido en transacción terapéutica. El idioma del cuidado debe en un principio ser un idioma encarnado en el cuerpo, para poder preparar ese cuerpo a recibir la historia que podrá construirse luego.

La transferencia es en primer lugar la instauración de un sostén realmente vivido/sentido por los protagonistas, terapeutas, enfermeros y pacientes. La construcción del marco sigue con la edificación de los bordes, los límites espacio-temporales, el ritmo dado a las sesiones que tendrá que enmarcarse en una intensidad sostenible. En efecto, cada sesión tiene que abordarse como si fuera la primera y la última.

Un paciente esquizofrénico que se siente mucho mejor me habla con frecuencia de sus convicciones: “Oí a una niña llorar en el 6to piso, y pensé que Usted le había pedido hacerlo para ponerme a prueba y curarme…”. Reacciona mejor a mis hipótesis: “¿Esta niña que llora se encuentra realmente en el 6to piso?”. Me dijo hace muy poco: “El corazón tiene sus razones que la razón desconoce”. Y parafraseo a Pascal y a mi paciente: “el cuerpo tiene sus razones que la razón desconoce”.

A menudo nos olvidamos de esta dimensión esencial, y aun cuando pensamos “cuerpo” nos quedamos en nuestro espíritu, un cuerpo demasiado razonado. La acogida del cuerpo en psiquiatría no se hace sin poner a prueba la unidad somato-psíquica en el espacio de la transferencia. No ocurre de manera automática y, sobre todo, a corto plazo. No ocurre si no se trabaja un esfuerzo de comprensión a largo plazo, una disponibilidad sostenida, y el cuestionamiento de esta fobia del contacto emocional, que se esconde demasiadas veces detrás de la teorización estéril de la psiquiatría ordinaria. Nos enfrentamos muchas veces a la aceptación de sentirnos tocados o no. Hace diez años, introduje en Saumery el packing y el aprendizaje del tacto haptonómico, y desde entonces estos abordajes participan de nuestro marco de tratamiento. Es cierto que los cuerpos no se tocan de cualquier manera, no solamente los cuerpos de los pacientes psicóticos, de la misma manera que no se toca la psique de las personas de cualquier manera.

Miremos cómo estamos maltratando o descuidando en nuestros servicios la atención a diario del cuerpo de nuestros pacientes: la habitación, la ropa, el cabello, ¿Cómo aceptamos la incuria de un paciente en el hospital de día, por ejemplo, y que se vaya sin que le hayamos ofrecido una ducha, un cuidado? Las manos, las uñas, los pies de los pacientes: incluso en Saumery donde cuidamos esta cuestión nos podemos encontrar con pies heridos por uñas demasiado largas, quebradas o con abscesos. Frente a tal fracaso de la integración de las necesidades primarias, deberíamos casi avergonzarnos de nuestra “inteligencia”. Tomar el partido de los cuidados primarios; ahí está el sentido profundo de una visita de planta: comprobar la realidad de los neceseres de baño.

Max ha dejado crecer sus uñas de pies hasta que se encarnaron. Logra decir que no le gustan sus pies, que le dan vergüenza. ¿Quizás aceptará la ayuda de Romain, el nuevo enfermero, recién recibido? Hablamos de este problema en la consulta con la madre del paciente. La señora cuenta como ella también se arranca las uñas hasta sangrar cuando piensa en sus otros niños que ha tenido que confiar a la ASE21 para protegerlos de un padre maltratador y de su propia debilidad, aun a riesgo de repetir su propia historia. Habla de desgarramiento.

El tratamiento implica un proyecto de lenta puesta en forma del cuerpo y/o de sus partes, para prevenir, en lo posible, la eterna repetición de estas primeras vivencias de desgarramiento. Las uñas, la boca, la lengua, la piel, el pelo, el periné, la psique arrancadas. Se ven los huecos, las brechas a llenar por todos los medios: glotonería, Tocs22, alucinaciones, delirio, trastornos generalizados del comportamiento.

En la Asamblea General Anual del Club Terapéutico23, mientras miraba como profesionales y pacientes sentados alrededor de la mesa recontaban juntos los votos24, concentrados, me dejé llevar a pensar que una de las funciones del Club era dar verticalidad, contención y legitimidad al conjunto de la institución. Cruzando las necesidades primarias y la verticalidad humana, el socius asegura una función fórica, y el espacio del cuerpo se vuelve a delimitar. Es lo que veía en este momento de votación que no era semblante. Estas historias de cuerpo nos acercan a las primeras experiencias de vida que conmueven, si las dejamos, todos los aspectos de una institución: de los baños de pies al Club, pasando por una historia clínica y atravesando a todos los que en ella escriben.

Traducción: Luciana Volco

Notas

1. «Le dossier d’un livre» podría traducirse como «el lomo de un libro», pero la traducción literal del francés sería «la espalda (“dos”) de un libro», ya que “dos” y “dossier” tienen la misma raíz etimológica. (N. de la T.)

2. Texto basado en la intervención en el marco de la “Semana Profesional”, Universidad Católica de Angers, Instituto de Psicología y de Sociologia Aplicada, el 28 de febrero de 2012.

3. El nombre fue elegido por la paciente cuando le comentamos nuestro deseo de escribir sobre su tratamiento. Maureen leyó los dos textos e introdujo modificaciones y precisiones.

4. Movimiento fundado por el sacerdote “l’Abbé Pierre” en Francia a fines de la segunda guerra mundial para ayudar a las familias pobres y sin techo, mediante la venta de objetos donados.

5. En Francia, los usuarios del sistema de salud tienen el derecho a consultar su historia clínica exclusivamente en presencia de un médico de su elección.

6.«dossier» en francés. (N. de la T.)

7. «dos», en francés. (N. de la T.)

8. La verticalidad es un concepto importante en la concepción de Geneviève Haag sobre la evolución del autismo en tratamiento. Para G. Haag, psicoanalista especialista en autismo, la verticalidad constituye un avance en el tratamiento de los niños autistas, que poco a poco van incorporando la noción de tercera dimensión y de volumen. Estas adquisiciones les permiten a su vez enderezarse y enfocar la mirada. Las diferentes etapas que atraviesan los niños autistas en tratamiento están descriptas en detalle en su texto “Resumé d’une grille de repérage clinique des étapes évolutives de la personnalité dans l’autisme infantile traité”, en La Psychiatrie de l’enfant, 38-2, 1995. p. 495-527.

9. Oury J., Il, donc, Vigneux, Matrice, 1998, p. 16.

10. Fenómeno frecuente en el autismo, por lo menos cuando se infiere su origen psicológico.

11. Cf. “Resumé d’une grille de repérage clinique des étapes évolutives de la personnalité dans l’autisme infantile traité”, 1995, en La Psychiatrie de l’enfant, 38-2, p. 495-527.

12. Se describe a ella misma como “la paciente secuencial sensorial de Saumery”.

13. Según el diccionario “Le Robert”, una secuencia es una “serie ordenada desprovista de sentido”.

14. “Políticas de la hospitalidad”, Conferencias y debates, La Criée Centre Artaud, Reims, Jueves 23 de febrero de 2012.

15. Se trata de un sistema de auditoría externa obligatoria realizada cada cuatro años por la «Alta Autoridad de Salud», en todos los establecimientos hospitalarios franceses. (N. de la T.)

16. El «packing» o envoltorio húmedo es una técnica de psicoterapia introducida en Francia por el psiquiatra M. A. Woodbury en los años 60. Esta técnica es muy  utilizada en las instituciones que practican la psicoterapia institucional. Se trata de sesiones durante las cuales se envuelven los brazos y las piernas del paciente con toallas húmedas y luego todo el cuerpo y la cabeza con una sabana húmeda y fría. Rápidamente, el cuerpo se calienta provocando una sensación de unidad corporal, a veces por primera vez. Dos, a veces tres terapeutas formados a esta técnica acompañan al paciente, en general uno sostiene la cabeza del paciente, otro los pies, y el tercero toma notas. La sesión puede ser silenciosa o el paciente puede expresar las sensaciones y vivencias que este envoltorio le produce. Los terapeutas pueden hacer comentarios sobre el estado del cuerpo del paciente o sobre lo que ellos mismos perciben. En general los pacientes hablan de sensaciones muy profundas, de sentirse envueltos, sostenidos, a veces emergen recuerdos muy antiguos. Lo que emerge puede ser, según la patología del paciente, del orden de la re-vivencia y la regresión o del orden de una vivencia de sostén nunca experimentada. La noción de envoltorio es importante en el marco teórico de esta técnica y se apoya en los escritos de Didier Anzieu (sobre todo El Yo-piel, entre otros).

17. Comisión de las relaciones con los usuarios y de la calidad de la atención (Commission des relations avec les usagers et de la qualité de la prise en charge), instancia interna obligatoria para todos los establecimientos de salud franceses. (N. de la T.)

18. Charles Baudelaire: “Armonía de la Tarde” en Las Flores del mal en Spleen et Idéal, XLVII

He aquí que llega el tiempo en que vibrante en su tallo
Cada flor se evapora cual un incensario;
Los sonidos y los perfumes giran en el aire de la tarde,
¡Vals melancólico y lánguido vértigo!

Cada flor se evapora cual un incensario;
El violín vibra como un corazón afligido;
¡Vals melancólico y lánguido vértigo!
El cielo está triste y bello como un gran altar.

El violín vibra como un corazón afligido,
¡Un corazón tierno que odia la nada vasta y negra!
El cielo está triste y bello como un gran altar;
El sol se ha ahogado en su sangre coagulada.

Un corazón tierno, que odia la nada vasta y negra,
¡Del pasado luminoso recobra todo vestigio!
El sol se ha ahogado en su sangre coagulada...
¡Tu recuerdo en mí luce como una custodia!

19. Psicoanalista, director de la Clínica de Saumery.

20. Frans Veldman (1921-2010) es el fundador de la Haptonomía. Describe esta disciplina como la “ciencia de la afectividad”. Etimológicamente la haptonomía se construye a partir del griego (hapto): yo toco, reúno, establezco una relación, tomo contacto para tratar, curar, sanar, confirmar, afirmar. La hapsis representa el acto de tocar, el tacto, la sensación, el sentimiento, el dominio de lo afectivo. Por ello la haptonomía constituye la “ciencia fundamental de la afectividad”. A partir de esta definición, podemos concebir el concepto de “contacto psico-tactil”. Veldman consideraba que podemos “escuchar con las manos” y “tocar con las orejas”. La psicoterapia puede enriquecerse con sus enseñanzas, si consideramos la emoción como un poderoso vector de ligadura entre psique y soma. La emoción no se decreta, su función vinculante aparece cuando el terapeuta acepta escuchar el lenguaje de la entidad psique-soma y no solamente el de una psique localizada en el espíritu. ¿Acaso Freud no escribía al final de su obra “el yo como entidad corporal de superficie”, abriendo así la pregunta de la extensión de la psique sobre el cuerpo?

21. Ayuda Social a la Infancia (Aide Sociale à l’Enfance), institución estatal que se hace cargo de los niños abandonados o maltratados por sus familias. (N. de la T.)

22. Trastorno obsesivo compulsivo (N. de la T.)

23. Un club terapéutico es una asociación 1901, equivalente de lo que en Argentina se conoce como Asociación Civil sin fines de lucro. Herramienta esencial de la psicoterapia institucional, el club funciona dentro de la clínica como dispositivo de contrapeso a la jerarquía médica, y los diferentes clubes de diferentes instituciones están agrupados a su vez en una federación nacional llamada «Croix Marine».

24. Cada año se eligen en el Club Presidente, Secretario y Tesorero. Pacientes y profesionales se presentan a esta elección en forma paritaria.

 

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Articulo publicado en
Julio / 2014

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