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Psicoanálisis y Género en Tiempos Posmodernos

 

Es el interés de este artículo poder acercarles a Uds. algunas reflexiones acerca de los aportes del interjuego entre los Estudios de Género y los Psicoanálisis a los desafíos que nos presenta la clínica en la actualidad.
Una de las críticas más comunes que se nos suele hacer a los especialistas en este campo, es que nos transformamos rápidamente en cientistas sociales y ya no podemos ser considerados psicoanalistas serios.
Esta crítica, a mi entender es efecto del poco ejercicio que tienen los Psicoanálisis en pensarse historicamente. Y en todo caso no lo tomaría a mal porque creo que expresa una gran verdad. Uno de los mayores aportes que los Estudios de Género le han ofrecido, en su bienavenido matrimonio de más de 20 años, a los Psicoanálisis, es el de convocarlos a dar cuenta de la construcción sociohistórica de sus supuestos y de la necesidad de poder entender sociohistoricamente la construcción de las subjetividades femeninas y masculinas y sus interrelaciones de las cuales se ocupa.
Haciendo una historia de este encuentro entre estos dos corpus nos encontramos en los inicios, al psicoanálisis describiendo y prescribiendo modernidad para todos, ya que el modelo vincular y de caracterización de la femineidad y la masculinidad que tiene como supuestos son propios de lo que se denomina sociedad patriarcal de la modernidad.
El feminismo a su vez le respondía algo que podría expresarse del siguiente modo:- esa modernidad que vos prescribís, nos sostiene en un lugar de inferioridad social y subjetiva catalogada como natural o estructural y eso te lo decimos a ti que eres tan moderno, en nombre de llevar hasta la última instancia los ideales de la modernidad, es decir te apelamos para que seas más consecuente con uno de los relatos centrales de la modernidad que es el logro de la igualdad”.
Las críticas desde los Estudios de la Mujer y luego desde los Estudios de Género, apuntaban a visibilizar los malestares producidos por las prescripciones de los dispositivos sociales y familiares en relación con lo que hoy denominamos femineidad tradicional. Señalando que el modelo de salud mental subyacente a dichas prácticas mantenían un doble código para mujeres y para varones. Visibilizando que los criterios acerca de lo que es ser sano mentalmente se contradicen con las prescripciones de la femineidad normal.
Estas reflexiones están inscriptas en una modalidad de pensar la vida en términos de lucha progresiva por la posibilidad de inclusión en la polis-mercado de todos los actores, aún los más relegados.
Esto es importante de señalar, porque por lo menos hasta este momento, los estudios de género que interrogan acerca del status de la diferencia y la adquisición
jerárquica de las identidades de género se sostienen en su mayoría en un cierto modo de pensar la política, es decir la distribución desigual del poder y como equilibrarla , que implica una apelación a la inclusión equitativa en el reparto de los bienes sociales.
Si el problema hasta ahora residía en las tensiones y contradicciones entre universalidad y particularidad, que pasa cuando cae la apelación a la universalidad que es uno de los acontecimientos centrales de los tiempos posmodernos ?
La caída de uno de los polos de la tensión, la universalidad, puede tener como efecto que algunos piensen que lo que ha triunfado es la diversidad. Lo cual puede derivar en que ciertos discursos y prácticas críticas contraigan maridajes precoces con ciertos relatos posmodernos, suponiendo que triunfo la particularidad.
Vale estar advertido que en estos tiempos corremos varios riesgos:
Desde la teoría de la sexuación del Psicoanálisis podemos deslizarnos hacia la naturalización del patriarcado moderno en momentos en que este no existe ya del modo en el que fue descripto.
Desde los Estudios de Género podemos a veces apelar a la igualdad de condiciones y valorización de las diferencias en términos de democratización de las instituciones de la modernidad que ya no son como entonces.
Para caracterizar algunas de las paradojas y perplejidades de la vida cotidiana en estos tiempos, utilizaré el modelo de relacionar condiciones socio-histórica-económicas con construcción de la subjetividad, que creo es de utilidad clínica al ayudarnos a identificar quienes son en realidad estos sujetos que nos aparecen en la consulta en la actualidad.
Elijo para ejemplificar los usos de este modelo de abordaje hablar de un grupo poblacional poco estudiado desde esta perspectiva que a mi me gusta denominar como la última generación de modernos
Quienes son estos últimos modernos?
Son los adultos jóvenes (blancos, de clase media y urbanos). Sujetos de veinte y largos y treinta y pocos años, que habiendo sido socializados para una modernidad progresiva y llevada hasta su última instancia democrática, les toca conformar su identidad adulta en momentos en que los organizadores de la edad adulta de la modernidad se han fragilizado. Elijo esta generación entre otras razones pues se suponía que la misma iba a lograr la equiparación entre los géneros y describirla es un interesante modo de monitorear como estamos en realidad.
Voy a abordarlo en tres ejes: el desasimiento de los padres, el amor y el trabajo.

1-Desasimiento de los padres:
En la actualidad se han complicado las posibilidades de ejercicio de la adultez en términos de los valores de la modernidad . La autonomía financiera y adquisición de un trabajo dador de identidad es casi una utopía en estos momentos.
En relación a ciertos padres exitosos, , algunos con profesiones liberales con vida de clase media alta, estos jóvenes al independizarse sueles bajar de clase social.
En el mejor caso, los pertenecientes a esta generación serán asalariados con bajos honorarios o contratados flexibilizados. Para seguir perteneciendo a la misma clase social, en el caso de los que todavía tienen “padres que no se cayeron”, hay que seguir siendo hijo, la autonomía implicaría caída de la clase.
Menuda complicación en los términos de desasimiento de la autoridad parental, complementada con el conflicto de baja intensidad generacional existente en la actualidad, la tentación para quedarse es más grande que el estímulo para irse. Simultáneamente el “afuera” es vivido cada vez más como peligroso.
De todos modos me parece que para pensar clínicamente estas vicisitudes habría que revisar el concepto de ideal de autonomía como opuesto al de dependencia que sostiene el Psicoanálisis de la modernidad y poder trabajar con la idea o con la ética de la interdependencia. Creo que debemos avanzar por una línea que esté focalizada en como librarse del otro, sino en como participar activamente, reconocerse y hacerse conocer en las relaciones con el otro. Considero que este cambio de mira es válido no sólo para trabajar el desasimiento de la autoridad parental sino en relación con el ideal de autonomía en general.

2- En relación al trabajo:
Agrego a lo señalado anteriormente que estos últimos modernos , se encuentran con que existe un quiebre en la posibilidad de devenir adultos modernos, dada fundamentalmente por los cambios en el mercado de trabajo, en la forma de organización del mismo y en la concentración económica que generan los actuales modelos de exclusión social. En lo referente a las mujeres, acontece que cuando entran al mercado laboral ( del que todavía existe), advierten que a diferencia del sistema educativo que aún es más igualitario, el modelo dominante del mercado laboral pertenece al tradicional modelo masculino del sin parar, sin descansar, para el frente. Se dan cuenta que ese traje le queda mas a la medida, y hasta por ahí, a los congéneres varones . Muchas se angustian, otras se sintomatizan, por ejemplo desprofesionalizandose aun cuando han sido estudiantes destacadas.

3- Que pasa con el amor:
Comenzaría diciendo que la mayoría de las mujeres de esta generación fueron educadas para lograr sus objetivos y acceder a casi todos los bienes sociales en las mismas condiciones que sus hermanos varones, manteniendo sus padres varones, un doble código de oportunidades entre sus esposas y sus hijas. Habilitándose para estas mujeres una serie de oportunidades no permitidas para sus madres.
Educadas creyendo mayormente en la igualdad de oportunidades, salvo algunas excepciones, la expulsión del paraíso igualitario sólo se comienza a percibir en relación a dos vicisitudes amorosas caracterizo como:
1) Mito de la serpiente
2) Llegada o no del primer hijo

 

1) Mito de la serpiente:
Tomado de la fascinación de Eva con la serpiente amorfa, este mito remitiría a esta cuestión tan femenina de “agarrar cualquier cosa” que las ame. La serpiente representa eso cuya única condición erótica es que las ama y las atrapa en una subjetivación en “tanto ser del otro” e imperativo de “deber estar acompañada no importa por quien”.

 

2) Llegada o no del primer hijo:
a) no llegada: cuando el primer hijo no llega por diversos motivos( de elección, de posibilidades y otras). Todo el mundo se empieza a poner nervioso, ellas incluidas.
Ya que es cuando por primera vez donde advierten en carne propia la prescripción normativa mujer=madre: toda mujer para serlo, debe ser madre.
b) llegada: Cuando llega el primogénito advierten que todo el mundo, ellas incluidas nuevamente, sostienen una cultura de crianza de predominio materna con el lema de que para el niño no hay nada mejor que una madre todo lo full-time que se pueda.
En cuanto a los varones, en esta generación , casi ninguno de bien elegiría estar con una mujer que no trabaje y no tenga intereses propios. Fundamentalmente porque ninguno esta dispuesto a cargar con el lastre de ser el único sostén económico y social de esa pareja, por el desgaste que produce ser un hombre proveedor. Huyen despavoridos frente a la posibilidad de estar con alguien que los coloque como centro único de sus intereses en la vida.
Pero a no confundirse y entusiasmarse con que todo es nuevo y todo lo nuevo es mejor, porque suele aparecer lo que podríamos denominar como pasión pigmaliónica: el mito de hacerse una mujer a la imagen de uno.

Argumento del mito:
Mujer que trabaje, que progrese pero, siempre un pasito atrás, para que pueda darle la mano que la ayude a saltar el charco o a salir del fango. Hay que ser más so pena de angustia de desmasculinización .
Pero, cabe la pena señalar que a diferencia de otras generaciones, este imperativo de dominio en relación con el ser se ha quebrantado y ha perdido legitimidad, ya que casi ningún hombre piensa hoy de verdad que las mujeres son inferiores.
En todo caso podríamos decir que pigmalión, es una figura a la que apelan muchas veces los varones para poder mantenerse deseantes y disfrutar de estar acompañados. Es el autoreconocimento de estar constituidos por un régimen deseante de dominio masculino, aún a costa de tener que hacerle una zancadilla a la moral igualitaria en la que creen.
La necesidad de armar esta zancadilla, es un efecto de que ellos también son hijos de padres patriarcales a los cuales critican, frente a los cuales han decidido plantarse, para poder construir un tipo de masculinidad más dueña de sí y no tan construida en términos de sostener una imagen de sí, con el empobrecimiento subjetivo que esto acarrea. No quieren ser como sus padres, pero no hay representación validada de una subjetividad masculina que no sea ser más.
Por eso la contracara de pigmalión es la epidémica figura,” esta es mucha mujer para mi”. Para ser todo un hombre para ella, mujer valorada, hay que ser más hombre que El Padre. Justo ese padre al cual no quieren imitar, que no quieren ser, pero más.
Resultado: fobia y huida
Creo de todos modos se comienzan a ver diferencias en esta generación que describo:
-al decirse enamorado
-al hablar del otro
- en los derechos que se le suponen al otro
- y en recuperar la pareja como una posibilidad válida de estar con el otro y no ser del otro para ambos géneros.
En la actualidad, hay nuevas distribuciones de las barajas, hay mesa de negociación entre dos actores más equilibrados en sus poderes con mejores tecnologías para enfrentar y poner a jugar los conflictos .
Pero simultáneamente, parecería ser que estamos asistiendo a una época de flexibilización afectiva, que al igual que la laboral no propicia la creación de nuevos empleos duraderos, sino que aumenta los contratos temporales a prueba. Con muy poca posibilidad de negociación por lo lábil del vínculo.
En fin, vivimos en tiempos difíciles, pero apasionantes.

Débora Tajer
Psicóloga
Subcoordinadora del Foro de Psicoanálisis y Género
 

 
Articulo publicado en
Octubre / 1997

Boletín Topía