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Restos. Rémoras. Rezagos.

 
Sobre representaciones: tortura y represión Narrativas argentinas 1970-2000. (1)

- Pensar la literatura como forma de inventar lo sucedido para que suceda en una historia de lecturas. Borrar la imposibilidad del lenguaje de transmitir una experiencia: esta escritura como parte de esa materialidad: leer partes, pensar el pensamiento en esquirlas, restos, rémoras, rezagos.

- Pensar la literatura como camino oblicuo que permite el pasaje del cuerpo por el enrejado de la prohibición. El triunfo de la letra o el fracaso del sentido.

- Cito: “Lo que no puede producirse en lo real (en lo real político, en la real-polítik), vuelve en el plano de lo imaginario.”3

- La literatura argentina hace hablar a los cuerpos desde sus orígenes (El matadero, de Esteban Echeverría, 1938), aunque para ello invente formas de enmudecimiento. Ese silencio habla. Entre el silencio y lo que habla en el silencio, se intenta una escritura. ¿Qué es lo que haría que un tema se convierta en una matriz productiva de hechos estéticos-éticos más que la relación con la experiencia?

- El cuerpo que escribe, como un cuerpo testigo: ser testigo y dar testimonio.

- Pensar la representación de los cuerpos implica considerar ese enorme vacío que se inscribe entre los textos y los testimonios y el silencio de sociedades enteras, donde algún trabajo de escritura haga el rescate, la exhumación, siempre muy posterior, de los hechos sobre los que da testimonio.

- Pensar la relación entre los textos y la experiencia: como transmisión, pero de una experiencia de lecturas. Ninguna de estas ideas está producida por otra cosa que la lectura, todo proviene de la lectura, entendiendo que se superpone, se trama, actúa sobre, otras experiencias. Se trata de lo que las lecturas le hacen a mi cuerpo.

- Crear un teatro de ideas para modos de representación de los cuerpos en sus construcciones lingüísticas y represivas, una indagación sobre su función como elaboradores del habla del testigo.

- Pensar la relación entre cuerpo y política en la literatura argentina una vez más: entre la escrita antes, durante y después, sobre la Dictadura Militar de 1976 y la escrita sobre la Shoah. La Shoah en el horizonte de las interpretaciones de toda lectura y escritura posterior a él: parte de la cultura, de las lecturas, con que la literatura argentina fue inventando formas de un hacer hablar a la Historia. Dar a ver como un dar a sa-ber.

- Se trata de pensar lo que las lecturas le hacen a un cuerpo. Yo soy mi cuerpo. Se trata de pensar lo que una historia de lecturas puede hacerle a un cuerpo. ¿Qué le hacen a mi cuerpo? ¿Qué le hacen a un cuerpo social? Escribir “sufro” no produce sufrimiento, ni da a leer sufrimiento, es preciso una escritura que sufra.

- Elijo “El niño proletario” y Los Tadeys, Osvaldo Lamborghini, Cuerpo a cuerpo, David Viñas, Cambio de armas, de Luisa Valenzuela, La ciudad ausente, de Ricardo Piglia, para una primera trama ejemplar, de procedimientos de ficcionalización: el trabajo metafórico y referencial sobre tortura, represión, cuerpos desaparecidos, en cautiverio, la clandestinidad, durante la dictadura. Saberes médicos, policiales, Historia del Arte, Cultura Nacional, lo que vendrá.

Escribir “sufro” no produce sufrimiento, ni da a leer sufrimiento, es preciso una escritura que sufra

- La Historia argentina inventó figuras, tropos, recursos de la imaginación del Poder: los Desaparecidos y su correlato corporal, las Madres de la Plaza (cuyo poder destituyente ha sido el resultado inédito de una política: ‘no llorar, no abandonar el espacio público, persistir’4 y con la que abrieron una ‘falla’ en el sistema represivo) y los Niños apropiados: perfeccionamiento de los procedimientos de manipulación sobre los cuerpos, que la literatura ha pre-anunciado en Los Tadeys: narra la apropiación de los hijos de violados y asesinados por ‘grupos de tarea’, para convertirlos en objetos sexuales y luego en cadetes militares.

- “El niño proletario” inicia esta serie como una premonición: ‘fantasía política’ que pone en escena clichés de la cultura popular y la llamada “literatura culta”, del discurso “patriótico” y del discurso normalizador de las instituciones. La frase “Matar a un niño proletario es un hecho perfectamente lógico y natural. Es un hecho perfecto.”5, dice que “matar es perfecto”, y agrega a esta transgresión la idea de “sujeto político” y “lucha de clases”, instalando la intolerable lectura de lo narrado.

Creo en una vuelta a la ‘verdad’ del testimonio: devolverle la historicidad a la narración sobre los cuerpos, con una relectura de lo que está en el borde de los géneros

- Lamborghini está dialogando con la literatura argentina de los años ‘30 (Larvas, de E. Castelnuovo) y 40 años más tarde, los que someten brutalmente al niño del título ya no son los adultos de una institución, sino sus pares: tres niños de la llamada clase media, uno de los cuales “sería el que nos lideraría después”. Ese después de un relato del ‘73, no publicado en Argentina hasta el ‘83, es su presente cercano: la Dictadura de 1976. Así, en “El niño proletario”, la mudez del cuerpo sin nombre (silencio de la víctima) habilita una exagerada inadecuación ortográfica que podríamos decir ‘violenta a gritos’, ‘a interjecciones’, las leyes del lenguaje, que se corresponde con las violencias que sufrirá el protagonista. Con operaciones lingüísticas, el texto se transforma en una especie de primer plano de cine pornográfico y ‘snuff’: no hay otra cosa que sexo y muerte, y todas las combinaciones de sexo y muerte que vinculan al poderoso con la víctima, aunque atenúe el horror de lo narrado un efecto paródico continuo. También se explicita un ‘pacto de silencio’ (figura de la ‘política’ por excelencia) entre los victimarios, sellado con ingesta de semen y excrementos. Así, si el lenguaje crea un texto donde el delito es justificado por la superioridad moral de clase, la boca se vuelve el lugar de una sexualidad y unos deshechos propios, como valor supremo: el cuerpo del Otro es menos valioso que las excrecencias de Uno. El cuerpo victimado se manifiesta en su muerte ‘con la lengua afuera’: doble sentido de “haber quedado exhausto” y del gesto de “burlarse del otro”. Un escalofrío recorre el texto, irradia en la lectura una impunidad de la anécdota, del lenguaje, del odio, anuncia un futuro.

- Creo en una vuelta a la ‘verdad’ del testimonio: devolverle la historicidad a la narración sobre los cuerpos, con una relectura de lo que está en el borde de los géneros.

- Elijo Gutural y otros sonidos* de Estela dos Santos, Diario íntimo de Odolinda Correa* de Roma Mahieu, En estado de memoria* de Tununa Mercado y La traducción* de Sonia Catela, para una segunda trama ejemplar que desarrollo en otro texto. Formas extremadamente singulares de la representación del cuerpo femenino en situaciones límites, en escrituras también limítrofes, aún en su adscripción a géneros o fórmulas. Exponen como objeto del relato a mujeres que, víctimas de miseria e ignorancia, represión escolar, violación sexual, exilio, enfermedad, prisión o secuestro, tortura, intervención en nombre de la salud mental, física o reproductiva y otras discriminaciones, “hablan” en una 1º persona: diario íntimo, confesión, crónica, documento, memorias, cuaderno de bitácora. Indecidible.

- Instalado su registro en ese límite de las formas de ficcionalización, la subjetividad así expuesta pone al relato en el dilema de recepción que establece toda escritura trabajada entre la ficción del testimonio y el testimonio de la ficción. Esta no casualidad, esta primera persona que me interpela desnudamente en cada texto, es lo que establece el corpus: ellos, ellas, me han comprometido, no en la lectura solamente, sino en sus efectos. Deberé, pues, responder. Estos textos reescriben aquello que nunca cesa de necesitarse decir. De aquí, un programa.

- Volviendo: un fragmento de La ciudad ausente6,“La grabación”, es la supuesta transcripción de la desgrabación del testimonio de un hombre que fue testigo y que presta testimonio, de cómo él vio, en el campo, la constante llegada de camiones que traían cuerpos y la cavada de los pozos y cómo los pozos eran tapados con cal, por lo que creaban un mapa, una cartografía de puntos blancos en la noche, porque la helada producía una reverberación en los lugares donde estaban los pozos, que él, el testigo, había contabilizado como más de 700...

Trabajar con el olvido y poner en escena el olvido. Lo que no debe ser olvidado es que hubo un olvido

- Un riesgo: ‘el texto como osario de signos’.7 La escritura como el hueso pelado, lo que después de la cal y el paso del tiempo ha quedado de los cadáveres. Si los textos son memoria, si los textos son la memoria social, estarían condenados al fracaso, porque la memoria, como operación, construiría osarios: lugares de conservación de la casi nada, restos, el espejo de la nuda vida.

- Entonces otra operación es posible: trabajar con el olvido y poner en escena el olvido. Lo que no debe ser olvidado es que hubo un olvido.

- Gerard Wajcman8 concluye en que el verdadero objeto del arte del siglo XXI no es, como podría suponerse por la insistencia de la palabra en las sociedades de Occidente, la Memoria, sino el Olvido. Describe los antimonumentos del artista Jöchen Gerz. Una ciudad alemana lo convoca para una obra sobre la Shoah. Toma la calle empedrada más importante del centro cívico, levanta todos sus adoquines y separa 2146, la cifra de cementerios judíos existentes en Alemania en 1939, destruidos por los nazis. Abajo de cada adoquín escribe el nombre de un cementerio y se vuelven a colocar, con la inscripción hacia abajo. Los ciudadanos de esa ciudad y del mundo que transiten esa calle pisarán con sus pies sin saber cual adoquín es el que está escrito y cuál no, aleatoriamente pisarán por siempre lo que queda, el vacío, la falta, de los miles de cementerios judíos aniquilados. Arrasar cementerios: la aniquilación de la aniquilación, ahora escena pública, no a la vista, sino a los pies del Mundo...

- Similar operación se lee en La ciudad ausente, porque esa cal que reverbera en la noche es como el adoquín dado vuelta. Esos campos donde se pueden contar hasta 700 luminosidades bajo la escarcha, son la versión de la calle de los adoquines intervenidos, pozos negros que irradian la luz de un conocimiento, excedidos por la potencia de lo que allí yace.

Preguntarse no cómo ocurrió, ni siquiera por qué ocurrió, sino: cómo es posible que hubiera leyes que lo hicieran posible o que no lo hicieran imposible

-Olvidar o recordar son actos de la voluntad. Oscar del Barco9 dirá: “más que oponerse al olvido (lo que no puede darse), habría que tratar de acceder a la verdad del campo de exterminio en cuanto revelación”. A veces, es necesario ser atravesado por el destello de un estilo que se desprende involuntariamente de la palabra del testigo. Trabajar el lenguaje para provocar algo que sea inolvidable.

Inolvidable, ese debería ser uno de los objetivos de la literatura, ser inolvidable.

- Cito:“Se podría decir que un texto, en el sentido de una invención de pensamiento, es eso que un cuerpo hace al lenguaje. (…) obliga a pensar, repensar eso que se llama sujeto (...) Entonces, la poética es ella misma una ética en acto del lenguaje (...) es en un mismo movimiento, política. Una política del sujeto. De los sujetos.”10

- La literatura: aquello que puede un cuerpo en el lenguaje. La literatura como una acción. La literatura ‘se hace cargo’ de encontrar un lugar, que es lo mismo que encontrar un estilo, porque el lugar que la literatura busca es un lugar en el estilo: “mi estilo lo confirma letra por letra”, dice el narrador de “El niño proletario”.

- Pensar algunos temas que la literatura argentina no pudo trabajar todavía: la desaparición de las manos del cadáver de Perón. En cambio, el robo del cadáver de Evita y la relación establecida entre el secuestrador y ese cuerpo embalsamado, fue matriz de muchos textos. Una operación, la del ocultamiento de ese cadáver, que está pre-anunciando lo que la dictadura militar posterior va a hacer con los cuerpos.

- Como si la Historia le estuviera avisando a la literatura: como si le diera los argumentos a la literatura. Dice Primo Levi: “si comprender es imposible, conocer es necesario. Porque aquello que ocurrió puede retornar. Las conciencias pueden ser nuevamente seducidas y oscurecidas: incluso las nuestras”.

- Los textos dados a leer como metáfora que regresa.

Preguntarse no cómo ocurrió, ni siquiera por qué ocurrió, sino: cómo es posible que hubiera leyes que lo hicieran posible o que no lo hicieran imposible. Y habiendo ocurrido y sabiéndose, cómo una sociedad pueda negarlo por omisión, olvido o voluntad. Y cuál es el destino (la marca ética que eso deja en él) del cuerpo social que ha elegido eso o que ha dejado hacer, sin sentirse responsable.

- La historia argentina no abandona sus motivos, ni literarios, ni históricos y los reinstala a nivel de lo real o de lo ficcional, infinitamente. En 2001, 2002: todo estalla, crisis total del sistema económico-político-social, otra vez hemos perdido todo. Incluso las metáforas. ¿Qué narrativas darán cuenta de esto? Es una de las preguntas que se hace Martyniuk, en un texto emblemático del cruce entre sociología, filosofía, literatura. La sensación, escribe, que tiene una sociedad, de que la desaparición (en todos los niveles de materialidad) es algo que continúa sobre los cuerpos continuamente.11

- De la enorme tristeza. Nadie olvida nada.

Notas

1. Edición para Topía a partir del Seminario: “El cuerpo en la letra. Representación del cuerpo en la tortura y la represión. Narrativa argentina 1960-2000.”, 2009, Universidad de Jerusalén, Israel y 2010, Universidad Autónoma de Barcelona, España. Los textos con * se pueden encontrar completos o en importantes fragmentos en la curaduría de Literatura “1976-2006. 30 años 30 fragmentos sobre tortura y represión”, entrando por www.lilianalukin.com.ar, Otras publicaciones, ARTEUNA. O bien en: http://www.arteuna.com/convocatoria_2005/Textos/Liliana-Lukin.htm

2. Publicó 15 libros de poesía desde 1978, coordinó las Jornadas Cuerpos Argentinos 2007-12, desde UNA y UBA y la Clínica de escritura poética de la Biblioteca Nacional 2005-2012

3. Nicolás Rosa, Cuaderno de Narrativa Argentina, Noveno Encuentro de Escritores R. Noble, “La Historia en la literatura”, Buenos Aires, 1996.

4. Alejandro Kaufman en las Jornadas “Cuerpos Argentinos”, UNA, Bs.As., 2008.

5. Osvaldo Lamborghini, “El niño proletario” en Sebregondi retrocede, 1973, en Novelas y cuentos, Barcelona, Ediciones del Serbal, 1988 y en Novelas y cuentos I, Ed. Sudamericana, Buenos Aires, 2003.

6. Ricardo Piglia, La ciudad ausente, Editorial Sudamericana, Buenos Aires,1987.

7. Jean Baudrillard, El intercambio simbólico y la muerte, Monte Avila, Caracas, 1981.

8. Gerard Wajcman, El objeto del siglo, Buenos Aires, Amorrortu, 2002.

9. Oscar del Barco, “Algo sobre los campos de exterminio”, Revista Nombres Nº 10, U.N.C., Córdoba, Argentina, 1997.

10. Henri Meschonnic, La Poética como crítica del sentido, Bs. As - Madrid, Ed. Mármol-Izquierdo, 2008.

11. Claudio Martyniuk, Esma: fenomenología de la desaparición, Buenos Aires,  Ed. Prometeo, 2004.

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Articulo publicado en
Noviembre / 2016

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