UN GRUPO INTERGENERACIONAL EN LA ATENCION DE ADOLESCENTES | Topía

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UN GRUPO INTERGENERACIONAL EN LA ATENCION DE ADOLESCENTES

 
Taller realizado en el Congreso de Salud Mental y Derechos Humanos de la Universidad de Madres de Plaza de Mayo. Buenos Aires, noviembre del 2006.
  • Soy Alejandro Vainer. Voy a coordinar este taller sobre Nuevos Dispositivos Psicoanalíticos en Instituciones Públicas,  Grupo intergeneracional en un Servicio de Adolescencia en un Hospital Público.

Este taller está organizado por la Revista Topía. Yo antes de empezar voy a referir, lo que hemos decidido hacer los que estamos en la Revista Topía en todas nuestras actividades en este Congreso, que es pedir y exigir la aparición con vida de Jorge Julio López. Dicho esto, les voy a contar algunas cosas. A mi  derecha están, Susana Ragatke que es médica, psiquiatra y psicoanalista, trabaja en el Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez y es parte del Consejo de Redacción de la Revista Topía.; y Susana Toporosi,  psicóloga y psicoanalista, coordinadora de salud mental del Servicio de Adolescencia del Hospital R.G. de la Ciudad de Buenos Aires y también miembro del Consejo de Redacción de la Revista Topía.
Debería estar y no está, Ona Sujoy que iba a ser comentadora del trabajo, con lo cual vamos a tener algún tiempo más para debatir entre nosotros, una cantidad de cuestiones que plantea este dispositivo de trabajo.
Hace ya dos o tres años que la Revista Topía presentamos en este Congreso, una serie de talleres sobre nuevos dispositivos sicoanalíticos. Quiero decir unas palabras sobre eso. Primero “Nuevos dispositivos psicoanalíticos” es un subtítulo de nuestro suplemento “Topía en la clínica” y es toda una toma de posición dentro del psicoanálisis y la salud mental.
Por nuevos dispositivos psicoanalíticos nosotros tomamos la idea de dispositivo, no la idea freudiana de dispositivo, sino la idea de dispositivo como un artificio que organizamos para diferentes situaciones clínicas, de acuerdo a la psicopatología, cómo implementar distintos dispositivos a partir de esos diagnósticos. Dispositivos psicoanalíticos, esta es  una toma de posición bastante distinta a la clásica psicoanalítica, que el psicoanálisis se regía por cierta técnica psicoanalítica en singular. Nosotros consideramos que a partir de lo que nosotros podemos conceptualizar y ver en distintas situaciones clínicas, organizamos distintos artificios, abrimos distintos espacios, que son estos nuevos dispositivos psicoanalíticos.
Este año lo que hemos traído son dispositivos psicoanalíticos en instituciones públicas y lo que vamos a trabajar hoy, específicamente en este taller, son dispositivos grupales, en un hospital público. Después charlaremos entre todos.
Me voy a detener otro poquito como para enfocar el tema. Lo grupal a pesar de haber sido en nuestro país y en el mundo impulsado por muchos psicoanalistas, muchas veces se consideró como por fuera de los dispositivos psicoanalíticos. Se los llamaba psicoterapia de grupos, a pesar de que quienes lo llevaban adelante eran psicoanalistas. Con indicaciones e intervenciones psicoanalíticas pero que sin embargo quedaban por fuera. Enrique Pichon Riviere, organiza grupos operativos en el hospital Borda, 60 años a esta altura y a partir de ahí hubo diferentes autores que han trabajado en nuestro país y también fuera de nuestro país, el armado de distintos dispositivos grupales y que muchas veces se han pensado como si estuviera por fuera del psicoanálisis.
Bueno, aquí las compañeras van a exponer como estos dispositivos, sí son psicoanalíticos y tienen una indicación clínica y su pertinencia.
Yo me quedaría aquí, esto fue a modo de introducción, para poder considerar que es lo específico de este grupo intergeneracional en el servicio de adolescencia en un hospital público.  Después charlaremos entre todos.

 

    Traemos a este espacio de intercambio entre instituciones, una experiencia grupal que estamos haciendo en los últimos años, que excede el marco de los grupos terapéuticos tradicionales, que también seguimos manteniendo, y que se nutre en la historia particular de este hospital, que fue pionero en el trabajo grupal.
     Comenzamos en julio del 2001, y resulta una tarea que nos ha despertado gran entusiasmo, que no decae en nosotras ni en colegas que se fueron incluyendo, más allá de las preguntas y dudas que nos van surgiendo.
      Se trata de un grupo intergeneracional, al que concurren el adolescente y un adulto en función parental, y se pueden incluir otros integrantes de la familia. 
       Se efectúan entrevistas de admisión en las que se  identifica el motivo de consulta y conflictiva familiar vinculada al mismo. Se descartan situaciones de alto riesgo en lo inmediato, y las contraindicaciones a la agrupabilidad (fallas severas en la simbolización, duelos recientes, secretos sin esclarecer que involucren al adolescente, enfermedades en estado terminal en la familia, impulsiones severas, adulto acompañante psicótico) y se los convoca a incluirse en este grupo.
        Este  dispositivo funciona una vez por semana, contratando una permanencia de cuatro meses para cada grupo familiar.  Tiene como objetivo ahondar el diagnóstico a la par de operar terapéuticamente y decidir la indicación de otra estrategia en caso de no resolverse la problemática planteada.
        Este abordaje específico tiene como precedente nuestra experiencia en talleres intergeneracionales de encuentro único, como actividad en la sala de espera del Servicio de Adolescencia, en los que detectamos una productividad francamente mayor a la de los talleres de adolescentes y de adultos por separado.
        La atención de la salud a toda edad, más aún tratándose de niños y adolescentes, requiere el reconocimiento del contexto familiar y social al que pertenecen; saber si este adolescente que llegó al hospital tiene familia, escuela y grupo, o carece de estos sostenes necesarios para transitar su adolescencia.  La figura de un adulto implicado se hace imprescindible siempre, pero muchos de nuestros pacientes no lo tienen, porque los adultos también están precarizados en su propio sostén, por ende no pueden proteger ni dar pautas de ordenamiento.  Con estas condiciones conviven muchos de nuestros pacientes.
         Partimos del presupuesto, actualmente, de que quien se acerca a la institución en búsqueda de atención médica o psicológica lo hace también desde experiencias de pérdidas en lo social, laboral, desarraigos, cambios o abandonos de la escolaridad, crisis familiares.  Consideramos que el hospital público debe ofrecer una función de sostén que aporte al apuntalamiento subjetivo de dicha población, así como las demás redes de contención social que se pueden ir reconstituyendo o creando.
         Pensamos en la indicación de este grupo como abordaje inicial cuando hay trastornos del vínculo familiar relacionados con el motivo de consulta y fallas del sostén social, necesario para favorecer la salida exogámica.  En los adolescentes prestamos especial atención a la falta de pertenencia grupal tanto como a que estén integrados a grupos de riesgo.
         Siempre consideramos al grupo como el modo predilecto de estar en la adolescencia, y desde allí enfatizamos el valor de recuperar ese modo para lo terapéutico. No tener pertenencia grupal y no poder acceder a ella constituye uno de los motivos de mayor sufrimiento en la adolescencia. Pero esta es una experiencia peculiar, dado que proponemos incluir un adulto en función parental, justamente en el momento en que se espera que el adolescente comience a desasirse de las figuras parentales, y genere espacios de intimidad por fuera de la familia.

        Para conceptualizar sobre este dispositivo son dos los autores que nos acompañan, Winnicott y Käes.
         Desde Winnicott, tomamos que para que se dé el desasimiento del adolescente de sus figuras parentales, es necesaria la confrontación generacional. Donde haya un adolescente pujando por crecer, tiene que encontrar un adulto que ofrezca un soporte par su empuje. La confrontación se teje entre este deseo del adolescente por crecer y esta tolerancia del adulto para posibilitarlo.
Para el adulto implica:

  • Mantener la asimetría adulto-adolescente
  • Aceptar la confrontación sin rechazarla, respetando el valor de su existencia y no queriendo distorsionarla o cambiarla
  • Tolerarla, ya que tiene alto valor de molestia, no siempre se entiende que está sucediendo, es provocativa
  • No intentar resolverla otorgándole rápidamente un sentido o mediante un procedimiento intelectual.

Para poder ofrecer este soporte y desarrollar las funciones de sostén y corte, necesarias pero no suficientes para la confrontación, el adulto se tiene que sentir sostenido por el contexto familiar y social.
      Que no haya confrontación indica que no se ha entrado en un proceso de adolescencia y es un indicador de una situación patológica. Sin embargo no todas las formas de confrontación son promotoras de crecimiento.
        El joven que ha iniciado su proceso adolescente siente deseos de crecer, pujar por logros de autonomía y reconocimiento de su manera diferente de sentir, pensar y actuar, y esto hace a su posición en la confrontación con los adultos.
         En nuestros pacientes encontramos diferentes posicionamientos ante las figuras parentales:

  • La oposición que tiende al desasimiento, con características vitales, a la que Kancyper denomina confrontación trófica. Apunta al crecimiento y al desprendimiento paulatino, no a la prescindencia absoluta de la dependencia parental.
  • La oposición del adolescente que tiende a reclamar aquello de lo que fue privado antes de tiempo, con conductas que orillan el riesgo, pero no tienen una intencionalidad tanática.  Sería una convocatoria al estilo de la tendencia antisocial de Winnicott.
  • La oposición absoluta, negativismo con manifestaciones en forma de actuaciones de alto riesgo para sí mismo, y con una franca tendencia tanática, no convocante.
  • La falta de oposición, por una posición infantil, dependiente, sin asomarse al proceso adolescente.
  • La falta de oposición por una problemática psíquica, de distintos niveles de gravedad
  • La falta de oposición cuando se invierten los lugares, y a la figura parental desvitalizada la acompaña el hijo adultizado, sobreadaptado a la precaria situación familiar. Estos vínculos de roles invertidos no presentan confrontación y tienen un alto costo en la evolución del hijo.

        Käes dice que el sufrimiento del mundo actual es un sufrimiento de las formaciones intermediaria de los procesos de ligadura intrapsíquica y de las configuraciones de vínculos intersubjetivos.  Al decir formaciones intermediarias se refiere fundamentalmente al preconsciente.  Afirma que la actividad del preconsciente siempre se halla implicada en las experiencias traumáticas, ya sea por falla o por insuficiencia y considera que las patologías del orden de lo traumático son siempre patologías conjuntas del narcisismo y del contrato intersubjetivo.
        Käes afirma que las patologías del preconsciente sólo pueden ser tratadas contando con otro, cuya actividad preconsciente, es decir cuya posibilidad de poner en palabras, otorgar representaciones y tejer redes simbólicas de sostén, proporcione el empuje necesario para la reactivación de la actividad de simbolización y de ligadura que a un determinado sujeto le es inaccesible en ese momento.  En el grupo los significantes aportados por cada uno de los integrantes se tornan utilizables para los demás, facilitando y generando un efecto multiplicador en este sentido.
         Käes habla de la movilización en grupo por la polifonía de las palabras y el trabajo de la intersubjetividad que ayuda a elaborar, pensar y dar sentido a los acontecimientos. Käes describió estos grupos implementados para situaciones de catástrofes. Nuestras familias del hospital están todavía afectadas por la catástrofe social cronificada, y a su vez tienen que afrontar la crisis de la adolescencia de sus hijos, por eso nos es útil tomar este modelo.
   
             Volviendo a nuestra experiencia clínica, la dinámica que se genera en este tipo de grupos resulta fructífera para armar lazos y para desplegar la confrontación adolescente-adulto en un marco ampliado, que le dé mayor sostén que la soledad de una familia precaria o precarizada.
                El grupo facilita el reconocimiento por parte de los padres del mundo adolescente tan temido, descalificado, idealizado o envidiado.  También permite registrar que no hay una única adolescencia y que la necesidad de pertenecer a un grupo con el que se identifique, como espacio de transición hacia la exogamia, no borra las necesidades de subjetivación de cada adolescente.
                  Las intervenciones de los terapeutas apuntan a promover la participación y                                   la construcción de transferencias laterales,  con el aporte de señalamientos e interpretaciones referidas fundamentalmente a los modos de vincularse de los integrantes.
                 Suelen surgir los motivos de consulta actuales, pero la dinámica grupal activa la posibilidad de historización familiar y social de cada uno.  Este camino genera nuevas significaciones con efecto terapéutico.  Se pone rápidamente a la vista si se da o no la confrontación generacional y la calidad de dicho proceso, qué grado de participación activa toman padres e hijos de cada familia, si los padres le dan o no lugar a los hijos, quién sostiene a quién entre padres e hijos.   Son activos intercambios grupales acerca de cómo encontrar caminos posibles, que suelen producir movilizaciones productivas en cada familia.

 

Viñetas clínicas:

  •             Gastón, 13 años, es derivado desde Nutrición para atención psicológica. En tratamiento por obesidad moderada, surge que desde hace pocos meses tiene crisis de llanto sin motivo aparente.  

Vino acompañado por su mamá quien refiere que le pasa lo mismo y nunca la mandaron a un psicólogo, ella habla sin darle oportunidad a Gastón para hacerlo.
Gastón tiene buen rendimiento escolar pero no tiene una buena inclusión social, recibe algunas críticas por “gordito” y sus padres no le facilitan la independencia.
En el grupo se desplegó el apego de la mamá a su familia de origen y la características de seguir llorando a lo largo de los años la muerte de sus padres, así como también no aceptar los cambios, mudanzas; y lo considera una característica compartida con Gastón, el menor de sus hijos.
Surge que el llanto inmotivado de Gastón está ligado a un cambio, inició la escuela secundaria en este año y le cuesta la adaptación, y llora igual que su mamá y junto a ella cuando ella le recuerda la muerte de los abuelos.
En el grupo se fue dando la posibilidad de trabajar la falta de discriminación entre madre e hijo y a través de ella Gastón dejó de llorar y empezó a defender sus deseos propios de pequeños grados de autonomía, confrontando con su madre.  Así logró tener algunas salidas con compañeros, no permitidas ni reclamadas por él hasta este momento.
Si bien la mamá se mostraba preocupada, pudo tolerar este paso de crecimiento, apoyándose en las experiencias de otros padres del grupo, y diferentes formas de confrontación.
El motivo de consulta se resolvió, en cuatro meses, con logros en la socialización. Si bien se le propuso una experiencia de grupo de adolescentes a Gastón, no fue aceptada,  aunque se había llegado a ese nivel de logro.

     Otro comentario a incluir, es que nosotros estuvimos a cargo de un grupo de chicos afectados por la tragedia de Cromañon. La primera etapa de la atención, la hicimos con este dispositivo. Es decir, con un grupo en el que incluimos a los chicos y a los padres que los podían acompañar. Esta etapa fue muy conmovedora para todos, también para nosotras las terapeutas. Pero fue sumamente útil, porque  todos fueron muy afectados, tanto los chicos que habían estado en el lugar, como los padres que  los recibían, los esperaban, los iban a buscar a una guardia, no sabían si estaban muertos o vivos.
Después de dos meses de trabajo en grupo intergeneracional se hizo útil y necesario separarlos. Se formó un grupo con los chicos y otros con los padres.
Fue relativamente más sencillo pensar y utilizar este dispositivo gracias a que veníamos trabajándolo antes con otro tipo de pacientes. Su efectividad fue  evidente.

S.T. Una de las cosas que quería agregar es que rápidamente los padres pueden empezar a escuchar de otros adolescentes lo que no pueden o no quieren escuchar de sus hijos, y viceversa. Esto es lo que se produce en la primera etapa y lo que hace que se produzcan cambios bastante más rápido de lo que nosotros observamos en las terapias individuales y familiares. 

Pregunta- ¿Puede ser que un adolescente se niegue a concurrir a este tratamiento?

 ST: Nos pasa muchas veces esto que vos decís. Hay muchos adolescentes que al principio no aceptan el grupo. Con respecto a eso, nosotras pensamos que es muy importante que el terapeuta pueda trabajar esta temática previamente con los adolescentes y con los padres que los acompañan y sobre todo, tengamos en cuenta que es muy importante que el terapeuta haya trabajado dentro de sí mismo la aceptación de  los tratamientos grupales. A muchos terapeutas les cuesta mucho valorizar los tratamientos grupales y en esto yo creo que estamos atravesados por la historia de lo que fueron los grupos en la Argentina, donde hubo muchos años en los que no se hicieron terapias grupales, donde además también hubo corrientes teóricas que desvalorizaron totalmente lo que es el psicoanálisis en grupo, muchos terapeutas formados en esa etapa tienen que hacer doble trabajo, pero es interesante ver cómo dentro de un equipo, donde hay terapeutas de distintas edades y distintos grados de formación, la experiencia y los resultados van produciendo modificaciones en la cabeza de los terapeutas. Hay muchos que nunca serán terapeutas de grupo, o sea que no se definen a trabajar con grupos, pero sí pueden valorizar el dispositivo y pueden trabajar para la derivación. En realidad todos los terapeutas del equipo derivan a grupo. En este momento, también a partir de ir viendo el proceso de crecimiento del trabajo grupal que se fue dando dentro del Servicio. Pero los adolescentes muchas veces no quieren y por ejemplo, hay situaciones donde el adolescente es llevado un poco forzadamente a la primera entrevista, por los padres, y se producen situaciones insólitas.
Por ejemplo frente a un adolescente que viene con su mamá, ella quejándose de todo lo que el chico la molesta, una mamá en posición defensiva, insistente en lo que se pelea con ella; al comenzar a desplegar la problemática ya en la primera  reunión, el chico empieza a contar todas las tareas que él realiza en la casa y los padres de otros adolescentes empiezan a valorizarlo. Ahí se produce un cambio por el cual el chico quiere empezar a venir al grupo,  aún cuando  la mamá no puede concurrir, en ocasiones. No es que los dos tienen que venir o los dos faltan y es notable como este chico, no quiso faltar nunca al grupo. El lugar de reconocimiento que hubo de parte de los otros padres, fue motor de cambio en hijo y madre.   Cabe aclarar que una de las consignas es que en caso de tener que faltar un integrante de alguna familia es deseable que no dejen de concurrir los restantes.

S.R. Que el adolescente se niegue al tratamiento, es una cuestión bastante común, en la clínica con adolescentes.  No es raro recibir a padres –y esto puede pasar en el hospital como en el consultorio- expresando “yo creo que mi hijo está muy mal pero se niega a venir”. Nosotras tomamos mucho esta cuestión de entender el NO, como un eje de la adolescencia muy importante, y ver si a ese NO se lo puede esclarecer aún sin la presencia del chico, iniciando algún abordaje con los adultos. Muchas veces abre la posibilidad y el chico se incorpora. Pero en el grupo, y quiero reafirmar esto, la consigna es que se cita a la dupla de los papas, a veces vienen los dos y a veces hasta más de un hijo, pero ya les relatamos que la consigna es que si alguien tiene que faltar no tienen porque faltar los otros. Es bastante efectiva esta propuesta, lo cual no quiere decir que en este dispositivo no haya deserción. Pero la hay en todos los dispositivos terapéuticos.

Pregunta- O sea que en el grupo pueden darse situaciones que, por ejemplo, vayan padres solos y se trabaje en el grupo intergeneracional con estos padres en relación al hijo.....

S.R. – No como algo definitivo. Se implica a todos, las dos generaciones, pero si llega a venir uno solo no se los excluye, se trata de ver si se puede abrir el significado de este NO y lograr que venga, puede que  sea efectivo y puede que no. Pero cuando se decide hacer la indicación hay alguna chance a la vista.

Pregunta- ¿El dispositivo es abierto o cerrado? ¿El grupo empieza y termina todo junto en los cuatro meses? Me queda esa pregunta para imaginar el dispositivo.

S.T. – El grupo dura cuatro meses, es abierto en el primer mes, donde todavía se pueden incorporar, pero a partir de un cierto momento se cierra y continúa así hasta que terminan esos cuatro meses.
Después de esos cuatro meses, muchas veces ocurre que muchos pacientes no están para terminar absolutamente su tratamiento, necesitan continuar. Entonces se derivan a otras estrategias, por ejemplo al grupo de adolescentes los chicos y al grupo de padres los padres; o, a veces, a terapia individual si fuera necesario. Pero lo interesante es que después de estos cuatro meses, hay poca deserción en el pasaje a otro dispositivo, porque ya hay un trabajo y un compromiso. Así tenemos pacientes de problemáticas graves que están tratados en el servicio desde hace varios años y que fueron atravesando distintos dispositivos de acuerdo al momento y los cambios que se fueron produciendo.

Pregunta- ¿Agrupan pacientes con patologías semejantes?

S.T.- Los grupos son heterogéneos en cuanto a patología y sintomatología. Algo en común es que en todas las patologías graves, que son las que llegan al hospital, con problemáticas sociales muy importantes también, nos parece que el dispositivo grupal va a intervenir en la posibilidad de sostener a los adultos que por razones sociales, están muy desvirtuados en su función parental. Se sienten ayudados a partir del sostén que les da la pertenencia al grupo y a la vez, por el hecho de que en estas familias hay generalmente problemáticas donde no se puede desplegar la confrontación del adolescente,  proceso que permite transitar la adolescencia.   Sí, tenemos en cuenta las contraindicaciones a integrar un grupo terapéutico de estas características. Ya sea por cuestiones parentales, secretos familiares que involucran a los adolescentes, cuestiones de padres psicóticos, chicos con un nivel bajo de simbolización que no podrían compartir el grupo con otros pares, duelos muy reciente o enfermedades terminales en la familia  que llevarían a muertes inmediatas. Estas situaciones no se incluyen en grupo

Pregunta- ¿Cuantos coordinadotes son?

S.T.- Trabajamos dos. En cooterapia. ¿Vos preguntas si por algo especial no somos uno? Sí, es una tarea que requiere mucho sostén también para los terapeutas. Cuando trabajamos en el grupo de Cromañón éramos tres terapeutas y aún así, cuando terminaba el grupo, por lo menos yo personalmente, necesitaba salir a la calle y caminar un rato. No podía salir del grupo, entrar al servicio y seguir atendiendo pacientes.

S.R.- Cada vez, los pacientes son un poco más graves, y en esta modalidad de atención –lo dijimos un poco al principio- que es un equipo interdisciplinario, los chicos tienen su médico clínico, trabajadora social, a veces son medicados... Entonces, cuando más graves son, más complejidad requiere su atención en lo interdisciplinario, entonces  también repartirnos entre los coordinadores, funcionar cada uno como administrador de algunos de estos pacientes.  Si cada uno toma algunos, puede haber como seis familias, hay mucho trabajo por hacer fuera de la hora de grupo, además de reflexionar  entre los coterapeutas, supervisar, comunicarse con el clínico u otros profesionales intervinientes, es decir una cantidad de acciones artesanales que es trabajo plus, que hace al funcionamiento de los tratamientos y exige mucho de uno. Necesitamos más que la hora y pico del grupo, para armar y sostener un grupo, tanto en este como en  los otros grupos.

S.T.- Lo que hemos descubierto en los últimos años, en que las patologías que llegan al hospital son más graves con las fallas de sostén familiar y social, es que también es difícil la continuidad en la tarea terapéutica. Hemos descubierto que a los terapeutas que se encuentran solos en la estrategia individual o en terapia familiar, les es muy difícil sostener la transferencia de estas situaciones tan difíciles y el trabajo de coterapia en grupo, es mucho más contenedor para los terapeutas. A su vez esto permite trabajar mejor. Los grupos no son sólo en beneficio de los pacientes, sino también en beneficio del trabajo de los terapeutas que se sienten más sostenidos trabajando con otros para hacer soporte de este trabajo.

S.R.- También hace a la formación porque un terapeuta que tiene mayor formación y experiencia con otro que recién empieza o tiene menos, en este sentido es formativo.

Pregunta-: ¿Los adolescentes participan en presencia de los padres?
S.R.  Lo que más observamos es que los adultos hablan desconociendo la posibilidad de que los hijos lo hagan por sí mismos, pero con nuestras intervenciones apuntamos a darles lugar a los adolescentes y se producen modificaciones en las posiciones tomadas por hijos y padres.

S.T.  En la primera entrevista, cada chico se sienta al lado del padre. Después, en las siguientes sesiones, lo que va apareciendo, son las posibles movilidades de los lugares. Y en semanas sucesivas se puede ver en la sala de espera  a los adolescentes del grupo  hablando entre si, en tanto los padres se acercan entre ellos.

Pregunta-: ¿Y cómo se ubican espacialmente en la sesión grupal?
S.R.-  Algunos están sobre el hombro de la mamá pegados con poxipol; mayormente se sientan por grupos familiares, pero se producen cambios de ubicación espacial  en todos los casos en que no se trata de un vínculo atrapante y rígido que elude la exogamia.
Pregunta.- Uds. hablan del dispositivo psicoanalítico. ¿Cómo es el trabajo, interpretan  la transferencia, cómo son los señalamientos?
Digo para diferenciar, porque lo dijeron muy rápido esto, que usan muy esporádicamente una interpretación o señalamiento y que promueven las transferencias laterales, digo, para diferenciarlo de un grupo de sostén o de apoyo, para llamarlo un grupo psicoanalítico.

S.T.- Si. En el grupo, por ejemplo en la viñeta que contó Susana, se trabaja la relación del síntoma del adolescente con lo que le sucede al padre, y esto en la historia transgeneracional aparece muchas veces. O sea, que esto nosotras lo vamos interpretando y además trabajamos, en relación a lo transferencial, tratando de intervenir para que empiece a tejerse una transferencia entre los miembros del grupo. Creo que un ejemplo estuvo en el caso que vos comentaste recién.

S.R.- Claro, lo que promovemos es lo lateral entre los miembros del grupo. Pero dentro de esto,  como privilegiamos la cuestión de la diferencia generacional, estamos trabajando el Edipo, prácticamente. Ahora, que se dan fenómenos de transferencia masiva con los terapeutas, también, sobre todo porque en este hospital, no es que a todos los chicos los recibe un mismo profesional y después los aceptamos en el grupo, sino que todavía hay alguno que antes fue visto por mí o por Susana u otro terapeuta, y entonces se da que le hablan al terapeuta que lo entrevistó antes del grupo y no le hablan a los otros. Esto lo trabajamos, tendiendo a señalarlo más que a interpretarlo, tratando de que se arme red. Es difícil administrar interpretaciones en plazos tan cortos y poder trabajarlas, más bien se trata de desarmar las transferencias masivas con el terapeuta y facilitar la red entre ellos, entre padres y entre los chicos; y por sobre todo lo intergeneracional.

Pregunta-: Yo pensaba que al ser cuatro meses y esperando que al principio de un grupo se da esta cosa que se llama transferencia radial…

S.T.- Nosotras pensamos que no podemos hacer largos periodos de grupo intergeneracional, por la etapa de la adolescencia, justamente. O sea, tratamos de intervenir en estas situaciones de dificultad para la confrontación y luego, ahí sí, van a los grupos terapéuticos, que son tanto el de adolescente como el de padres, de mucha mayor duración, donde se trabaja más con interpretaciones ligando situaciones a lo histórico social de cada uno. Pero en esta etapa, que es una etapa inicial donde también hay que tener en cuenta que se va a dar todo un proceso que en un período bastante breve, habrá que cerrarlo.
El grupo intergeneracional en la atención de adolescentes constituye una herramienta en experimentación, con buenos resultados hasta el momento para realizar diagnóstico y para intervenir con los adolescentes y sus familias, especialmente en sectores que han sufrido el traumatismo de la ruptura de lazos sociales y la exclusión en la Argentina.
Constituye además un dispositivo que ofrece mayor apuntalamiento a los terapeutas que intervienen con este sector social de la población.

 

Dra. Susana Ragatke
Salud Mental de Adolescencia
Hospital “Ricardo Gutiérrez”
susana.ragatke [at] topia.com.ar

Lic. Susana Toporosi
Salud Mental de Adolescencia
Hospital “Ricardo Gutiérrez”
susana.toporosi [at] topia.com.ar

Coordinador: Lic. Alejandro Vainer

 
Articulo publicado en
Noviembre / 2006

Boletín Topía

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