Universidades y Mercado | Topía

Top Menu

Titulo

Universidades y Mercado

 
Formando profesionales aptos para la precarización laboral y el rápido consumo institucional

MESA REDONDA: “POLÍTICAS MANICOMIALES: EL PRET A PORTER CORDOBÉS EN MATERIA SALUD MENTAL- DISCAPACIDAD- EDUCACIÓN SUPERIOR” 

OBJETIVOS: Pensar el impacto de las políticas de precarización y vaciamiento, en la vida institucional y en las subjetividades de los que circulan y trabajan en la Universidad Pública. Mostrar cómo estos nuevos perfiles profesionales se integran luego a las politicas manicomiales que se ejecutan en salud.
CONCLUSIONES: La Universidad pública reconvertida a las políticas del neoliberalismo y el mercado a partir de la decada de los 90 y con la sanción de la L.E.S es un eslabón más donde se une, explica y articula la devastación del sistema de salud y educación públicas.

 

“UNIVERSIDADES Y MERCADO: FORMANDO PROFESIONALES APTOS PARA LA PRECARIZACIÓN LABORAL Y EL RÁPIDO CONSUMO INSTITUCIONAL.”
Esta mesa surge de múltiples charlas, intercambios, inquietudes, que hoy tratamos de objetivar para compartir con uds.
Yo me propuse acercar mi reflexión sobre la Educación Superior Estatal y su articulación con las políticas que se ejecutan luego en salud. Para eso opté por una mirada al sesgo, mostrando algunas postales de la vida institucional de una unidad académica donde me desempeño como docente.
1º postal: recorriendo las aulas: el perfil de alumno. Tendríamos que pensar cómo la subjetividad “alumno” ha sido trocada por la de “consumidor de ofertas educativas”. Eso explicaría al menos mi sensación de que cada vez más trato con clientes exigentes e insatisfechos, que consideran a la educación una mercancía que tienen que ser apta para consumir rápidamente, y al docente un vendedor -poco entrenado- en algunos casos. Para el docente “despertar el interés” lo pone casi en la función de un estimulador temprano, haciéndose mercancía  o compitiendo por ubicar a su saber en el estatuto de mercancía tan o más atractiva que otras.
2º postal: la circulación: se restringe casi a la entrada y salida de las aulas, a la hora de clase. Muchas veces esa hora de clase incluso es “cambiada” por la hora del apego al apunte, o “canjeada” por clases de apoyo en instituciones privadas y pagas, satélites a la universidad, espacios que son a su vez fuentes de trabajo para gran cantidad de ex docentes ad honorem que se cansaron de hacer la cola a la espera de algún cargo. Esa es una de las primeras rutas del dinero que se arma en torno a la universidad pública, que recepta el fracaso académico y lo introduce de nuevo en el régimen de una escolarización. (reproduciendo casi la lógica de enseñanza en el secundario). Esta ruta del dinero también funciona obviamente en la  preparatoria para el ingreso sobre todo a universidades que ya tienen cupo, explicito o encubierto.
3º postal: las prácticas. La oferta de prácticas es un bien escaso que cotiza alto. Tener antecedentes para competir por esos lugares puede implicar pasar por circuitos de formación en instituciones privadas pagas, por ejemplo bajo la figura de acompañante terapéutico. Eso cotizará como antecedente a la hora de competir con sus compañeros para entrar en alguno de los circuitos de prácticas que brinda la universidad.
A su vez, los acompañamientos terapéuticos han pasado a ser las primeras formas de trabajo –precarizado- a las que puede acceder un profesional recién recibido o por recibirse.
4º postal: la formación de postgrado. En todos los casos marca la devaluación del título de grado. El postgrado tiene  aranceles altos, y abre a la carreras de postgrado como maestrías y doctorados. Esta es una fuente de ingreso para los docentes de mayor jerarquía en el escalafón que cotizan allí monetariamente su capital simbólico acumulado. Para los egresados que no consiguen colocación en el mercado laboral, siempre les queda continuar su formación. Así llegarán a veces a obtener un doctorado sin pisar otra realidad que la académica.  
1º marcación ¿Nos dice algo que alrededor de la universidad pública y gratuita existan estas rutas de dinero, algunas más satelitales, otras –como los postgrados-  más integradas al propio financiamiento que se espera que la universidad logre para subsistir? . ¿Nos dice algo que la mayoría de los sueldos docentes estén por debajo de la línea de pobreza, y que por otro costado existan estos negocios florecientes que cotizan muy bien la formación? Estamos en la pista: todo vaciamiento lleva los recursos hacia otras rutas: la mercantilización de la educación.
Seguimos tensando algunas imágenes que nos muestran estas postales. Formando profesionales… para insertarse dónde? Haciendo qué?
Cuando acompaño como supervisora de prácticas en la Facultad de Psicología a alumnos de los últimos años en sus prácticas supervisadas en instituciones, mi sensación no es que están “faltos”: de estudio, de capacitación, de práctica, cosa que haría pensar en los déficit de la actual formación. Cuando los veo moverse, mi sensación es que están tal cual los requiere el mercado de las instituciones o de las corporaciones que van a absorberlos como recursos humanos. Por eso el subtítulo que utilicé: profesionales aptos para el rápido consumo institucional. Profesionales pret a porter. En general han pasado ya por los primeros empleos-basura (ej. call center) Traen impresas esas marcas: cultivar el sentido de la oportunidad, adaptarse fácilmente a las condiciones de trabajo, identificarse rápidamente a la misión institucional desde la cual se los convoca. Se sienten “elegidos” entre muchos y eso estimula su competitividad, los compromete a demostrar en esas primeras prácticas todo su potencial. Tienden a saltar por sobre los conflictos y tratar de ofrecer alguna visión novedosa antes que detenerse a pensar en lo que no funciona. Están escasamente politizados y fuertemente desmovilizados, y en lugar de eso registran una especie de hiperactividad para  la formulación de proyectos o propuestas, que en general funcionan como cosmética para “tapar”  alguna coyuntura difícil. La disciplina del hambre y el desempleo explican esta “agilidad”. También encuentro ese sesgo cuando funciono como docente tribunal de tesinas. Cada vez recibo más anteproyectos que se proponen evaluar poblaciones de riesgo. El objetivo siempre es “alertar a la población” y “diseñar” políticas de prevención. Si alguien se guiara sólo por esta superproducción de proyectos pensaría que los mismos van a tener luego una gran acogida en el campo de la salud. Sin embargo eso no pasa. Entonces, qué función tiene una superproducción así? Que circuito van a alimentar?  La “hiperactividad” investigativa de esta actual universidad, (que apela a la imposición de mecanismos meritocráticos y diferenciadores como, por ejemplo, el programa de incentivos) recoge toda esa producción ¿y la pone a circular dónde? Qué clase de impacto tiene finalmente en la vida de la población todo ese derroche de producción, de papers?  O se trata sólo de una coartada en la cual se sabe, se conoce de antemano, qué investigaciones van a ser recogidas luego por el sector productivo? (ó empresariado vernáculo como algunos afirman). Quizá al igual que a nuestros niños “nos cabe” ese diagnóstico: hiperactividad con déficit atencional. Atender al juego del mercado nos “distrae”, nos ocupa,  nos hace entrar en una maquinaria de la que es muy difícil salir. Sobre todo, cuando esas “salidas” están balizadas: marginalidad,  exclusión, desempleo. Así se cumple la política imperante de un  Estado Gendarme del liberalismo oligárquico (1), que se limita a garantizar el libre desenvolvimiento de las fuerzas económicas en un mercado cuasi-absoluto, haciendo entrar a la empresas y organismos internacionales de financiamiento, como “evaluadores” externos de esa universidad.
Por otro lado, si la universidad tiene que “sobrevivir” y sobrevivir implica aceptar esas reglas de juego, como dicen algunos compañeros, tendremos que aceptar estos últimos estertores de la transformación, que en la misma línea de análisis nos subordina triplemente a la lógica del capital (2): subordinación al empresariado por asfixia presupuestaria, endeudarnos para sostener el financiamiento institucional, y  salir a “colocar” nuestros productos en las góndolas del mercado, para lo cual, los criterios organizativos internos empresariales son muchos más adecuados que  el cogobierno. La transformación operada por esta politica de mercado fue removiendo por lo tanto los obstáculos que impedían hacer de la universidad una empresa rentable: despolitizando los órganos de gobiernos, reduciendo la participación estudiantil en los mismos, profesionalizando las funciones de gestión y gobierno para crear una capa de profesionales tecnoburocrática. Cuando la empresa termine de tragarse a la universidad, …¿podremos, quizá, acercarnos a  preguntarle, cómo va a sponsorear a las actividades no rentables, como la salud y la educación?
Y la empresa, y el mercado nos va a decir: primero, haga un buen diagnóstico, para ver y conocer a su población, cuáles son las necesidades, acá no se puede improvisar….de ese diagnóstico saldrán seguramente propuestas, estrategias, bueno,  y presente algún proyectito…ah, bueno, pero implementar este proyecto sería muy costoso… eh! casi tan costoso como tener politicas en salud, en educación!… bueno, a ver cómo se las arregla para conseguir financiación para su proyecto…. No la consiguió? …bueno, vea  qué puede hacer con esta partida…
Bueno, todos sabemos –en general- para qué alcanzan esas partidas: para dibujar pompas de jabón sin nada adentro. La gran carcaza genera pequeñas carcazas que se reproducen al infinito. Cada una lleva adentro un trozo de nada, para ser repartido entre supuestos destinatarios o beneficiarios de la nada. Pero todos nos mantendremos en forma, corriendo y recorriendo los pasillos, llevando y trayendo agitadamente carpetas que contienen adentro carpetas con informes que reproducen informes. Hiperactividad con déficit atencional. El mercado es un gran generador de distracciones. Ese diagnóstico sin duda nos cabe. También bourn out, y tendremos la suerte de ser recogidos, un poco más allá, por alguno de esos diagnósticos para los que sí sirvieron nuestras pequeñas investigaciones. Y seremos población de riesgo, y nos cabrán también esas pequeñas estrategias que diseñamos para los otros afectados. Tendremos la posibilidad de saber, finalmente, si somos resilientes o nó. Si  podemos sobreponernos a  nuestros contextos adversos. Y quizá recibamos alguna condecoración como empleado del mes.
De los empleados del mes…a nuestro actual perfil de profesionales
No fueron preparados para ver al mundo del trabajo como un campo de tensiones, sino como un mundo de oportunidades. Con el malestar interiorizado, hecho cuerpo, todo se interpreta en el terreno interpersonal. Rápidamente los límites los dejan  frustrados y  proclives a ver a su tarea como sin sentido. El exitismo, el voluntarismo y la entrega personal aparecen como valores supremos. En general desconocen los marcos regulatorios legales de distinto tipo, y rápidamente se asimilan a la vida institucional que los albergue, tratando de mostrarse necesarios y cubrir los baches que encuentran, sin más.
Probablemente esta especie de perfil sea un modo de subjetividad profusamente descripto ya. Lo novedoso en todo caso sería asumir que coincide, casi punto por punto, con el perfil profesional que dibujan los planes de estudio. Por lo tanto, estas características no deben pensarse en términos deficitarios, sino como efectos  de  la profundización de un modelo social que ha combinado con singular eficacia el clientelismo político y la lógica de mercado como orientadora de todas las acciones de la dinámica social desde hace ya casi 2 décadas.
En este punto, tendríamos que pensar qué queda de la Universidad Pública y Estatal, y si no es ya una enorme carcaza vacía de los principios de la universidad reformista de 1918. O preguntarnos qué sentido tiene que siga existiendo una carcaza así, frente al auge de las universidades privadas. Cuando me hago estas preguntas, pienso en los criterios arquitectónicos-políticos con que se remodelan los grandes edificios históricos: se preserva la carcaza, como símbolo de un cuidado y respeto  “formal” por la historia como patrimonio, pero se modifica absolutamente su interior, su función, y lo que circula allí dentro. En nuestra Córdoba, parece que “cuidar” el patrimonio es asegurar que el mercado entre allí. Ahora, dos décadas…¿no deberían ser ya un tiempo para evaluar cual ha sido el tipo de “cuidados” y “desarrollos” que el mercado propicia?
Los problemas que enfrentan los nuevos egresados:
El mundo laboral que los acoge no se parece en nada a ese “mundo de infinitas posibilidades” que promete la libertad capitalistica. Contextos devastados en lo público, mercantilización de la salud en lo privado. Pero no fueron formados  para transformar nada, sólo para proponer paliativos. Abren sus livianas valijas, implementan sus livianas técnicas, y surgen las contradicciones: nada en el mundo del sufrimiento humano es liviano. Primeros choques que los confrontan con la imposibilidad. Los retoques no alcanzan. El sufrimiento es social, político económico, histórico. Como los sujetos. Y ahora qué hacemos? Cómo lo bordeamos, cómo lo salteamos, cómo hacemos para simularle un lugar que no tiene? El mercado tiene la receta: lo que no se integra al circuito de la producción, se estigmatiza, se fragmenta, se objetaliza, y seguro….entra en algún diagnostico. Los problemas que enfrentan los nuevos profesionales se encuentran con los problemas que traen: el franco problema de haber sido formados como técnicos abstinentes y neutros que iban a salir al mercado a “aplicar” su tecnología. A encontrar su nicho desde donde ofertar y contraofertar. La Universidad como espacio político, cultural, deportivo, social, se transformó en  lo que algunos llaman  “un enseñadero” preparatorio para pasivizar, infantilizar y disciplinar a los sujetos para su rápido consumo en los requerimientos del mercado
Un profesional que reprodujera esa “agilidad y flexibilidad” en sus respuestas, que le llamara a la precarización y vaciamiento “mundo cambiante” al cual había que adaptarse, que supiera “dibujar” proyectos que ayuden a apagar incendios, sería un eterno trabajador de coyunturas. Eterno presente, sin otra proyección que evitar “caerse” del sistema. Para esto los programas y contenidos empezaron a recortar “sobrantes”: justo los contextos históricos y políticos de producción del conocimiento, así como su función social, eran ya también obstáculos a remover de los programas de las materias. Había que llegar rápido a la partecita de la técnica: recetas. Todo embebido en un supuesto pluralismo donde las teorías más contrapuestas  pasaron a “dialogar” y ser presentadas en una supuesta convivencia armónica, cada cual ocupándose de “un” aspecto del ser humano, que podría luego integrarse sin problema. Para eso estaba la interdisciplina, el equipo. Cada cual llegaría con “partecita” que juntar a la que traía el resto. Allí volveríamos a armar a nuestro ser humano objeto de estudio. De modo que el mercado nos dijo: creced, formaos, y luego juntaos en pequeñas corporaciones a las que llamareis equipos de trabajo interdisciplinario. Y así llegamos muchos, portando esa partecita. La amarga sorpresa  fue que de la unión de esas partecitas resultaba ahora un Frankestein. Por más que quisiéramos emparchar y anexar el órgano doliente que traía el médico, más el síntoma conversivo que traía el psi, más el sujeto clase media empobrecida que traía el trabajador social, de esas pequeñas fábricas de partes en la que se había dividido la formación profesional  no volvíamos a armar un sujeto. En el camino se nos había perdido la dimensión histórica y la dimensión política de nuestras teorías y nuestras prácticas. Tal cual nos necesitaba el mercado. “A-históricos”. “A-políticos”. Aplicando paliativos para sus grandes recetas de exclusión. Receptando el desaguase operado por sus políticas. Anestesiando allí donde el mercado desgarra. Dejando el paso libre para que las políticas de la concentración económica sigan su curso. Un curso que nos dijeron, es inevitable. Más tarde o más temprano, todos los caminos llevarían allí. Hoy leí un aforismo que tensaba desde el humor y la ironía eso que resuena como verdad sofocada. Y me dejó pensando. Decía: “Si todos los caminos llevan Roma, habrá que destruir Roma”. (3)                                                                                                                              

CITAS Y REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS:

-(1) y (2) Cfr “Universidad y políticas neoconservadoras: hacia un modelo mercantil, clientelar, diversificado y competitivo”. Pablo Imen
-(3) Tomado de un trabajo de A. Grande: “Dolor, venganza, devastación” en Revista Topía. Nº 50. 2007
-¿La Universidad jardín de infantes? D. Prieto Castillo. Rev. Voces de la Universidad. UNRC. Nº 28
-Mirada crítica en innovación educativa. Leiva Olivencia. Universidad de Málaga España.Publicado en Rev. Voces de la Universidad. UNRC. Nº 28
- Construyendo ciudadanía y participación política: (para salir de lo que por ahora sólo son políticas del miedo.) Claudia Huergo. Art. Inédito. 2007
-El “conflicto” universitario... ó  alguien que nos acerque un busca polo…ó las musas se han marchao de mí. Claudia Huergo. Art. Inédito. 2006
-Docentes universitarios: el derecho a ser explotados. Crónica de una desmentida. Claudia Huergo. Art. Inédito. 2007
-Universitarios: ¿ciudadanos o consumidores? Claudia Huergo. Art. Inédito. 2007

 

Lic. Claudia Huergo
Universidad Nacional de Córdoba. Facultad de Psicología. Cátedra de Psicoanálisis.
psi_claudiahuergo [at] yahoo.com.ar

 
Articulo publicado en
Abril / 2008

Charla y debate

Boletín Topía

Ultimas Revistas

Tapa Revista Topía #89 (Agosto/2020). La nueva Anormalidad.
Agosto / 2020
Tapa Revista Topía #87 (Noviembre/2019). El derecho a la salud.
Noviembre / 2019