La palabra de quienes trabajan. Hospital Belgrano | Topía

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La palabra de quienes trabajan. Hospital Belgrano

 
La Salud Pública en Debate.

Continuamos esta sección de encuentros con quienes trabajan en el ámbito de la Salud Pública. Esto permite a los lectores apreciar qué es lo que efectivamente está sucediendo en el quehacer cotidiano en Salud Mental. Cómo se trabaja en algunos lugares, cuáles son las problemáticas concretas. En este caso encontraremos la tramitación de la violencia, cómo se palpa la medicalización en Salud Mental y las dificultades en el trabajo interdisciplinario e interinstitucional.

Participaron Ricardo Mauro (Lic. en Psicología y jefe de unidad), Rita Wassertheil (Lic. en Psicología y coordinadora de Adolescencia, Marisa Rubín (Lic. en Psicología y coordinadora de Adultos), Natalia Schaposnik (Lic. en psicología y coordinadora de Niños), Joaquín Tey (Lic. en Psicología y jefe de residentes), Marina González King (Psiquiatra y jefa de residentes) y Carlos Barzani (tanto como profesional de Adolescencia del Hospital y miembro del Consejo de Redacción de Topía).

Topía: Cuenten algo del hospital, quiénes son, cómo trabajan, qué población atienden…

Rita Wassertheil (RW): Trabajo en el hospital hace treinta años, coordino el área de adolescentes. Atendemos desde los 13 a los 20 años, a partir de los 21, va para el área de adultos. Y atendemos con esta flexibilidad, que si el equipo de niños tiene alguna admisión en que por la problemática, considera que aunque tenga 12 años es mejor que lo veamos en Adolescencia, lo hacemos. Atendemos a demanda, los pacientes vienen a pedir turno. Muchos vienen derivados de escuelas de la zona de influencia del hospital. En el Hospital funciona desde hace muchos años una red interinstitucional que nuclea una vez por mes a distintos representantes de escuelas, en su momento de los juzgados, defensorías, etc. Se ha ido armando a lo largo de los años una relación entre los docentes o directivos o asesores de las diferentes escuelas de la zona, Villa Zagala, Villa Ballester, San Martín, Villa Martelli.

Marisa Rubín (MR): Creo que eso pasa no solo por la cercanía, sino por el lugar de referencia que es el hospital para la zona, y el tipo de respuestas que encuentran.

Natalia Schaposnik (NS): A veces vienen pacientes de bastante más lejos porque vivían en el barrio o tienen alguna referencia, vienen a veces de Escobar o más lejos.

RW: De hecho abrimos la puerta y no le preguntamos donde vive, ni le pedimos el documento, lo hacemos pasar y le tomamos los datos. Lo que sí nos pasa, sobre todo con adolescentes -supongo que con niños también- es que si viven muy lejos y tienen hora y media o dos horas de viaje para venir, a veces se hace difícil sostener una frecuencia semanal teniendo que viajar tanto. Este es un obstáculo que es en todo caso del paciente, una limitación que no es nuestra, nosotros lo atendemos.

Carlos Barzani (CB): Tampoco se exige el documento, que en algunos otros lugares se les exige para atenderlos.

Ricardo Mauro (RM): Es un hospital zonal de segundo nivel de complejidad dependiente del Ministerio de Salud de la provincia de Buenos Aires. Está emplazado en la zona de San Martín, con un área programática que incluye San Martín y Vicente López, y un área de influencia bastante importante por ser un hospital provincial. La provincia de Buenos Aires está dividida en doce regiones sanitarias y nuestro hospital está en la región V; esta región comprende toda la zona norte en la cual están incluidos 13 municipios y éste es uno de los hospitales provinciales. La población que nosotros recibimos es una población de barrios populares que circundan al hospital, barrios de trabajadores, con mucha densidad de población que fue aumentado a lo largo del tiempo, y eso es lo que ha demandado que el hospital, de ser monovalente desde que se creó en 1948 a 1975, cuando se convirtió en policlínico. Allí es donde comienza el primer equipo de salud mental que fue formado por Ramón Beloso, que fue el primer jefe y el que fundó el servicio con tres psicólogas en ese momento, y así fue adquiriendo la densidad que tiene hoy, más o menos entre 45 y 50 profesionales, entre planta, residencia y algunos pasantes.

MR: Uno trata de priorizar los cercanos, pero a veces hay pacientes que vienen de muy lejos porque no hay respuesta en muchos lugares. Les dan turnos para 6 u 8 meses, y entonces terminan como empujados de un lado a otro llegando al hospital que le da respuesta antes, pero a veces es muy difícil para esos pacientes que puedan sostener un tratamiento con una frecuencia semanal. Y en ese sentido, Ricardo, al haber sido coordinador de salud mental de la región sanitaria V y haber trabajado con diferentes efectores, le permitió hacer contactos en diferentes lugares. Me acuerdo un caso de una muchacha que vivía en Escobar y tenía una enfermedad por la que no podía casi moverse. Y se vino hasta acá porque no encontraba respuesta en otros hospitales. Ricardo llamó por teléfono a Escobar, habló con alguien puntualmente y se le consiguió un turno por una cuestión de contacto.

RW: Igual a veces no solo vienen porque no consiguen respuestas, sino porque tienen transferencia con el hospital por alguna cuestión, porque vivieron en la zona, o porque conocen a alguien que trabaja. A veces uno intenta derivar porque parece bastante complicado sostener una frecuencia, y aun así quieren, algunos sostienen y otros no.

MR: Y también a veces por la transferencia de otros efectores con el hospital. Hoy hice una admisión de alguien que mandaban del Castex. Y la paciente decía: “Me decía el doctor de allá, ¿pero por qué no va al Belgrano que es tan lindo?” ¡Tan lindo! (Risas)

RM: Es cierto que se producen cuellos de botella importantes por la cantidad de pacientes que recibimos. Una cosa que hemos priorizado particularmente desde hace ya un tiempo, es el arte de escuchar. Como decía Lacan: “el arte de escuchar es equivalente al arte del buen decir.” Lo que se hace es fundamentalmente evaluar cuál es la gravedad, el riesgo y la urgencia de cada paciente cuando llega, independientemente de las cuestiones burocráticas, que muchas veces se plantean en otros lugares, donde rápidamente se le dice hay turno o no hay turno. Es cierto que no tenemos turnos en lo inmediato, pero vamos resolviendo algunas cuestiones dándole lugar a la posibilidad de que si vienen de algún sitio en el que se le puede ubicar algún dispositivo más cercano, lo tratamos de hacer. Es decir, una de las dificultades que aparecen en muchos lugares es que las redes están, pero los circuitos muchas veces no funcionan. Aquello que debiera funcionar directamente, por ejemplo, alguien que demanda un turno en Pilar, debiera poder conseguirlo directamente y no que tenga que llamarlo yo y decirle “che, ¿le podés conseguir un turno?” Y ahí sí consiguen. Pero es por ese conocimiento y no es por cómo debería ser, lo mismo las internaciones.

El 80% de los pacientes adultos que recibimos vienen ya medicados

Joaquín Tey (JT): Más a modo informal, levantar el teléfono porque tiene un conocido con, un contacto de, y a partir de ahí, se puede concretar el trayecto.

RW: Una de las dificultades más grandes que tenemos en adolescentes, retomo un poco el tema, es el tema de las internaciones.

Topía: ¿Con qué dispositivos cuentan?

RW: Consultorios externos, ambulatorio. Interconsulta. Pero no hay una guardia de Salud Mental de 24 hs en el hospital. Las urgencias se derivan al Hospital Eva Perón (ex Castex) porque nosotros no tomamos urgencias. Hay excepciones, pero tenemos cierto ordenamiento. No somos un servicio expulsivo porque tratamos de darles lugar a los pacientes cuando vienen, pero si vienen pacientes descompensados, que necesitan una atención intensiva en guardia o una internación, nosotros no podemos dar respuesta a eso porque no tenemos esos recursos.

Cuando viene un adolescente por un intento de suicidio, por una descompensación y tenemos que derivar a un dispositivo de internación se nos complica mucho. Por supuesto que la cuestión de levantar el teléfono y ver si hay lugar en Capital en alguno de los lugares a los que se podría derivar, Hospital de Niños, Alvear, ayuda, pero si no, se nos hace muy difícil porque en la provincia nosotros no tenemos lugares de internación para adolescentes.

RM: No hay lugares de internación para adolescentes y niños.

MR: Es una piedra caliente un adolescente descompensado…

RW: No te lo reciben.

CB: En La Plata sí, sino más cerca en Capital el Tobar García o el Gutiérrez (Hospital de Niños).

RW: Por la distancia, vos tenés un familiar que vive en San Martin, ¿cómo hace para ir a ver a su hijo o hija a La Plata? Y el Tobar García no te lo recibe porque es de Capital, el Alvear dependiendo de a quien llamás, por ahí te hacen un lugar, en el Hospital de Niños (Ricardo Gutiérrez) en algún momento como teníamos residentes rotando nos resultaba fácil hacer la derivación…

RM: La región sanitaria V -que abarca esos 13 municipios que son alrededor de dos millones y medio o tres millones de habitantes- tiene solamente 8 camas de internación de mujeres por Salud Mental en el Hospital Eva Perón en lo que hace a hospitales que dependen de la provincia. Esto no implica que algunos municipios tengan sus propias camas de internación. Nosotros estamos en una región que integra Malvinas Argentinas que tiene el Hospital Carrillo que tiene 42 camas de internación, pero es solo para la gente de ese municipio.

La franja más difícil es la que va entre los 14-15 a 18 años. Es una franja que tiene las dificultades de no poder tener un lugar justamente ante las descompensaciones o desencadenamientos psicóticos que se dan a esa edad, no hay un lugar de atención con internación en la provincia, por lo menos en la región sanitaria. Particularmente los puntos más complejos para nosotros son el primer cordón y el segundo, porque en el tercer cordón más o menos se arreglan. En Exaltación de la Cruz, Zárate, Escobar y Pilar han abierto algunas camas y resuelto sus posibilidades dentro de cada uno de los municipios. Pero en términos de la provincia, el primer y segundo cordón, eso está mucho más dificultado por la densidad de población que hay también. Entonces eso se vuelve más difícil. En realidad lo que aparece como figura, es que esa franja depende de los servicios zonales o los servicios locales de protección y promoción de los derechos de niños, niñas y adolescentes que se ocupan de tener clínicas conveniadas para la internación de estos pacientes. Pero la clínica tiene solo una cama conveniada, nunca hay posibilidades.

Topía: ¿Qué quiere decir cama “conveniada”?

RM: Hay un convenio del Ministerio de Desarrollo social por la ley de protección de derechos de niñas, niños y adolescentes con una clínica que era Ferromed que tenía 10 camas. Pero ahora cerró y quedó un convenio con una o dos clínicas.

Topía: Clínicas privadas que tienen convenio en una zona de dos millones y medio de habitantes y por municipio una o dos camas…

RM: En Pilar abrieron tres camas para niños y adolescentes.

CB: Y con adicciones también es muy problemático para adolescentes. Incluso había una comunidad terapéutica que dependía del SENAF (Secretaría Nacional de Niñez, Adolescencia y Familia) -la isla Silvia- que también fue cerrada. Allí se podía internar a adolescentes con graves problemas de adicción, pero está cerrada. El protocolo es derivar al CPA (Centros provinciales de atención de adicciones), pero los adolescentes vuelven sin respuesta. A los que podemos los atendemos en el servicio tratando de conformar una red con otras instituciones como el CIC (Centro de integración comunitaria), con el centro de atención primaria que le corresponde por su domicilio, con algunos centros juveniles que están reabriendo…

RM: La isla Silvia tuvo unos vaivenes complejos, porque en determinado momento se decidió que adicciones ya no era un problema de salud, sino un problema social. Por ejemplo, en el ámbito provincial, Adicciones estuvo 4 años en la esfera del Ministerio de Desarrollo Social. Fue una aberración que no dependiera de salud. De esa forma se trabajaba de forma descoordinada con los CPA. A partir de la Ley Nacional de Salud Mental y Adicciones los CPA volvieron al ámbito de salud.

Le dijeron que la única manera que te atiendan en la guardia es pateando la puerta

Topía: ¿Qué tipo de problemáticas llegan?

RW: A lo largo del tiempo van llegando diferentes problemáticas; en algún momento se pusieron de moda los casos de bulimia y empezaron a aparecer casos de chicas bulímicas. Si bien hay veces que nos derivan y tratamos ad hoc de armar algo que nos permita atenderlas, con la nutricionista, con la médica de adolescentes de acuerdo al caso por caso. En general, no podemos tomarlas. Hay equipos que trabajan en otros hospitales que trabajan con equipos establecidos para casos de trastornos de la alimentación; nosotros no somos un equipo que nos dedicamos a eso. Tampoco atendemos especialmente pacientes adictos, porque para eso están los centros especializados en adicciones y nosotros -al ser un hospital que no tenemos equipos armados para atender pacientes adictos con grupos familiares, tipo hospital de día- los podemos atender una o dos veces por semana, pero no más que esto, con lo cual esto también se deriva. Pero a nadie se le pregunta ¿usted es adicto? El paciente viene, empieza a hablar y por ahí en algún momento comenta que consume, y no es que uno le va a decir: “Ah no, entonces no te podemos atender más.”

MR: No atendemos a adictos en el sentido de que no tenemos un dispositivo apropiado para el tratamiento de la adicción si de lo que se trata es que deje el consumo. Ahora, atendemos un montón de pacientes adictos que consultan por alguna otra cuestión. En la guardia, ayer, un muchacho con una importantísima adicción a la cocaína, mi sugerencia fue una consulta al CPA como para deshabituarse, pero ¿por qué llegó a eso? Porque él decía: “soy un boludo”, y dijo un montón de cosas. Y frente a eso, sí puede venir al servicio a trabajarlo, más allá de que sea un adicto. No a la cura sintomática porque no tenemos un dispositivo adecuado, pero no quiere decir que no se atiendan adictos.

RM: Pero no es por la cuestión de la cura sintomática; justamente, nosotros formamos parte de la relación del sujeto al síntoma, cuáles son esas relaciones y en función de eso trabajamos… Otra cosa es aquel paciente que llega con una adicción de muchísima data y que, además, necesita deshabituación o desintoxicación, una internación para pasar la abstinencia, bueno, eso no lo tenemos. Pero sí recibimos a todos aquellos sujetos que tienen derecho a ser escuchados y a ser reconocidos en sus síntomas. Me parece que desde ahí partimos para trabajar, por eso es que no tenemos áreas nominadas sintomáticamente, por eso es por grupos etarios y, además, definidos por algún dispositivo en particular, como por ejemplo, la interconsulta.

NS: Niños llegan muchos derivados de las escuelas, de los hogares. Con muchos problemas distintos, y -como todo- uno es el motivo de consulta y otro es el panorama que se abre cuando se empieza a escuchar un poco más. Desde problemas de conducta, de aprendizaje, abuso, violencia, problemas graves del desarrollo con diagnósticos y certificados de discapacidad que ya vienen de otro lado, problemas dermatológicos, etc.

RW: También tenemos un servicio de odontología que atiende bastantes adolescentes con problemas, donde hacen operaciones maxilofaciales. Si deben ser operados, los derivan para que trabajemos con ellos antes de las operaciones, situaciones de abuso, de violencia, de adolescentes con problemas de agresividad, embarazos adolescentes, situaciones de madres adolescentes que no se hacen cargo de sus hijos, madres adolescentes cuyos padres no quieren que sigan en contacto con el papá…

NS: Las problemáticas de violencia y abuso a veces llegan con algo ya en curso de una situación legal y a veces para ver si hubo abuso o no, si podemos detectar o les podemos decir. Llegan de distintas maneras, muchas veces estos pacientes llegan a través de la interconsulta en una internación, porque hay algo que a los pediatras les llama la atención, algo que pescan en el cuerpo, o encuentran alguna lesión, también en relación al descuido de algún chico…

RM: Incluso antes de la Ley Nacional de Salud Mental, el servicio se ha dispuesto a trabajar multidisciplinariamente y multisectorialmente, se trabaja no solamente internamente con el hospital -con trabajo social, con pediatría, con las distintas especialidades del hospital- sino con los diversos sectores, con los Hogares, Tribunales de Familia, Servicios Locales, Colegios.

Trabajar en el ámbito público es caminar el hospital

Topía: ¿Y los residentes que problemáticas ven?

JT: Es interesante la llegada al hospital con ciertos diagnósticos y las etiquetas, por ejemplo, con un auto diagnóstico que dice “soy adicto” o “tengo ataque de pánico”. A veces es un modo de llegada, después hay que escuchar y ver de qué se trata y si es el dispositivo del hospital o no.

Marina González King (MGK): En psiquiatría no es tan diverso, solo atendemos adultos en nuestro hospital…

RW: Tampoco hay neurólogo infantil.

RM: La psiquiatría -infanto juvenil- es una especialidad en extinción, cada vez hay menos y es una problemática general de toda la región. Me parece interesante plantear como fue reduciéndose la entrada de residentes a hacer psiquiatría, en cuatro años se redujo a la mitad.

MGK: Eso se ve un poco en todas las especialidades médicas, tanto en capital como en provincia, se da que eligen hacer una concurrencia que es un sistema no rentado…

Topía: ¿Por qué eligen concurrencia?

MGK: Porque pueden trabajar aparte o por fuera de la concurrencia y, de ese modo, muchas veces ganan más dinero que haciendo una residencia. Se viene viendo esto en los últimos años. En líneas generales, en las distintas disciplinas médicas es cada vez menor el número de gente que rinde el examen de residencia. Y en psiquiatría esta disminución se ha visto muy marcada.

Topía: O sea ¿bajó a la mitad no porque redujeron las vacantes, sino porque quedan desiertos los puestos?

RM: Sí, aunque este año en particular, se ocuparon casi todos.

MR: Se ocuparon casi todos, pero con toda la gente que se presentó. No quedó gente afuera casi.

RM: De 110 que se presentaron hace cuatro años este año se presentaron 52 o 53 en toda la provincia, para 34 cargos. Se ocuparon casi todos porque muchos rindieron también el examen de Capital y adjudicaron allí. 

Hay escuelas que están atravesadas por muchísima violencia, con chicos muy violentados, y eso hace que haya una gran cantidad de maestros que estén de licencia por enfermedad

Topía: ¿Hay diferencia de sueldo?

MGK: Sí, mil o dos mil pesos. Y aparte, en la C.A.B.A., la matrícula no tiene un costo de mantenimiento y en la provincia sí, bastante alto, y lo mismo los aportes jubilatorios. Hay que pagar la Caja Médica.

C.B.: En Capital, el aporte jubilatorio del residente es como el de cualquier empleado público, en cambio, en provincia no tenés aporte jubilatorio como residente, ya que es una beca. En provincia por el solo hecho de ejercer la profesión -te paguen o no, es decir, aunque seas concurrente- tenés que colegiarte, lo que implica pagar anualmente la matrícula, y a su vez pagar mensualmente la Caja profesional, tanto los psicólogos como los médicos.

MGK: Por otro lado, Psiquiatría no es una especialidad elegida históricamente. Es un mundo completamente nuevo para alguien que estudió Medicina, y no creo que se conozca tan en profundidad la formación en la residencia. Puede ser también que no la elijan por eso, ya que no es de las que cuesta acceder a un puesto.

RM: El otro día un residente nuestro de psiquiatría iba con un estudio de laboratorio y pasó un médico de otra especialidad y le dijo: “¿Vos con eso en la mano, que tenés que ver con eso?”

MR: Y a otro residente alguien de docencia le dijo: “Yo pensé que vos querías ser médico.”

Topía: ¿Con qué dificultades teórico clínicas se encuentran en la práctica?

MGK: Para los médicos es muy complejo el comienzo de la especialidad. La continuación también. Pero es como empezar de cero prácticamente. Es todo un cambio.

JT: Es el encuentro con una especialidad, con la propia disciplina, con la interdisciplina, y con la salud pública si uno está trabajando en un hospital.

MGK: Sí, y con un discurso también psicoanalítico, que es el del servicio y el de la residencia que a nosotros nos resulta muy complejo de comprender. Así que para los médicos es complicado. Uno no sabe desde dónde o cómo posicionarse. Si es lo puramente biológico, si es más la escucha, es como que se mezcla todo esto y resulta bastante complejo. Nosotros rotamos en consultorios externos en segundo año y estamos como recién comenzando el camino y nos resulta bastante difícil, desde seguir pidiendo laboratorios, estudios, pero los diagnósticos son eminentemente clínicos. Y el encuentro con otros discursos también tiene su dificultad.

JT: A mí me parece que la experiencia con la residencia permite encontrarnos con la complejidad de un paciente. Uno sale de la facultad con cierto marco teórico, con la cuestión de la escucha, del inconsciente, de la apuesta al sujeto, pero, además, uno se encuentra con la complejidad en relación a muchas problemáticas con las que viene un paciente y, por eso, es importante establecer lazos con otros servicios.

RM: Las problemáticas teórico clínicas, de las cuales nosotros vamos pensando desde el discurso del psicoanálisis y de la psiquiatría, no dejan de entrar en tensión con las problemáticas sociales, culturales y políticas que se dan en determinado momento histórico, porque el hospital pasó por muchos momentos históricos y eso también hay que tenerlo en cuenta. El desafío que se presenta es pensar como ha incidido el mercado en la cultura. Esto hace que se presenten ciertas modas, nomenclaturas o patrones, como el DSM, que se mete en términos de establecer ciertos diagnósticos o cierta patologización y puede hacer que se descuide lo que sintomatológicamente trae el paciente. Y una de las dificultades mayores que tenemos en los pacientes adultos debido a todas las incidencias del mercado en cuanto a las premuras que exigen que cada sujeto hoy sea un empresario de sí mismo, hace que hoy todo tenga que resolverse rápidamente, entonces, ¿qué es lo que pasa? El 80% de los pacientes adultos que recibimos vienen ya medicados. Medicados, automedicados con psicofármacos. Específicamente con benzodiazepinas de hace muchísimo tiempo y, por otra parte, por cierta circulación de psicofármacos en los barrios a través de reventa.

MR: Llegan muchos pacientes psicóticos, muchos, y obviamente también está la cuestión de la medicación. Pero más allá de la gravedad o no que presentan ciertos pacientes, es la posición de algunos pacientes respecto de lo que les pasa. Para mí es una preocupación, sobre todo porque estamos referenciados en el psicoanálisis, entonces, también tienen limitaciones. Hay gente que llega sufriente, pero que respecto de eso que le produce dolor dice “que pastilla me va a dar”, por ejemplo.

NS: Yo pensaba en la impronta del diagnóstico y la medicación en los niños; que además es muy complicado por los efectos que genera. También porque trabajar con los niños es siempre trabajar con muchos otros y eso implica trabajar con los padres, pero también con los médicos, y hay muchos profesionales que también sostienen esto. Entonces, a veces, hay que hacer caer otros discursos. Cada momento tiene una impronta; el diagnostico de hace unos años era ADD, ahora es TGD (Trastorno General del Desarrollo), y vienen con un certificado de discapacidad muy chiquitos y hay que desarmar y desandar para ver si encontramos un sujeto ahí.

Topía: ¿Cómo lo hacen clínicamente?

RW: En general los certificados tienen un tiempo y trabajamos sobre la impronta que tiene el diagnóstico para esos padres en relación al lugar que le dan al chico y la posibilidad de encontrarse con algo ahí y con lo que puede, con lo que no puede, con un sujeto.

MR: Algunos padres te dicen: “Mi hijo es un TGD.”

RW: Sí, o ha venido con un cuaderno, con carpetas, con diagnósticos y estudios como si ese fuera el hijo.

NS: Empezamos a preguntarle por el hijo. Me acuerdo de una paciente de hoy, que vino con un diagnóstico, y le pregunté: “¿Qué es eso?” Y me miró como diciendo “¿No sabés?, ¡me voy si no sabes!” No, le digo, cuénteme que entiende usted por eso, quién le dio ese diagnóstico, y después de eso empezamos a leer una historia en la que había un rechazo desde el embarazo, se entera tarde del embarazo y no lo quiere, y menos lo quiere porque era varón, y muchas cuestiones más. Podés empezar a armar una historia en relación a ese bebé, ese niño, como una de las cosas. Por otro lado -y esto lo vengo escuchando en los últimos tiempos- también los médicos tienen la fantasía de que se le podría dar una medicación a una madre que rechaza al hijo y con la medicación lo va a amar y se va a transformar en una madre amorosa y divina, donde el chico va a estar perfectamente cuidado. Está esa fantasía de que haya alguna pastillita que modifique todo de un día para otro. Y con esto estamos armando, desarmando e inventando todos los días. También nos pasa con muchos pacientes que las familias son muy complicadas, muy disfuncionales, con mucha dificultad en el lazo y con chicos donde el trabajo con ese otro significativo se hace difícil. A veces trabajamos con tíos, con abuelos, con vecinos, con el Hogar. Es toda una experiencia trabajar con chicos que estén en un Hogar y que el otro de referencia de ese chico no sea, ni madre, ni padre, ni tío, ni nada y que a veces tampoco tiene tantas ganas de ponerse a pensar sobre ese chico porque hay un montón de chicos de los que se tiene que hacer cargo… Es inventar todo el tiempo en relación a qué es posible y qué no. Porque muchas veces no se puede o se puede poco.

RM: La apuesta es cómo subjetivar algunas cosas, porque a veces se produce con los chicos una situación dificultosa y es que debido a cierto certificado, les permite tener a los padres o al Hogar un subsidio, entonces, los padres tienen la premura de exigirle al pediatra que le dé el certificado para que esto, presentado en la obra social, le permita un subsidio en algún lugar, con lo cual esto estigmatiza. Como dice Natalia, me parece que la cuestión es subjetivar algo de la problemática, independientemente de estas cuestiones que atraviesan los estigmas.

RM: Con otra dificultad que nos encontramos es que si bien nosotros somos un servicio numeroso, atendemos una población bastante importante, tratamos de darle ingresos y poder escuchar a los pacientes y darles algún lugar. Pero la problemática con la que nos encontramos es que se ha producido un importante cuello de botella porque muchos de los tratamientos son prolongados. Algunos a lo largo de toda la vida; lo que produce que los psiquiatras tengan muchísima cantidad de pacientes. Y más en los últimos años debido a que el mercado ha generado que la respuesta que tiene la población ante la premura que tiene el mercado, es que todos tenemos ataques de pánico. A la urgencia de resolver las cuestiones en lo inmediato, la sociedad ha dado como respuesta el pánico. Y esto se ha tipificado y de alguna manera, todo se medica.

RW: Uno escucha a los pacientes que a veces vienen con un diagnóstico y cuando interrogás acerca de dónde escucharon eso, quién le dijo eso; sale de los médicos, de la escuela… entonces es difícil ponerse a desarmar algo que viene ya tan armado desde los referentes de los adolescentes como puede ser un docente, alguien del gabinete, el médico que lo atendió. “Andá a ver a un psicólogo porque lo que vos tenés es un ataque de pánico.” Nosotros desde el equipo de adolescentes también compartimos mucho de lo que ella comentó con respecto a las dificultades, es que a veces no contamos con otros significativos y otras veces están demasiado encima, o sea que hay que ir maniobrando, yo siempre digo que a los padres hay que hacerlos entrar para después hacerlos salir, al menos con los adolescentes.

Hay algo que empezó hace un tiempo a llegar al servicio que es el tema del bullying, que tiene mucha prensa y un poco de amarillismo. Esto sí llega derivado de las escuelas, “que le hacen bullying”. Empezamos a trabajar como con cualquier paciente, a interrogar en que le concierne esto que trae, en que está implicado; si para él es un problema esto. Cuando vienen derivados de las escuelas con un discurso del tipo “no sé por qué estoy acá”, “mi mamá me trajo”, “de la escuela me mandaron”; hay un compás de espera que se abre apuntando a la subjetividad del paciente. Y a poder armar un pedido que se diferencie de lo que dicen desde la escuela o los padres. El otro día recibí una chiquita de 12 años obesa. “La médica me dijo que si no adelgazo me voy a morir.” Hay que ver como desarmar todo eso, cómo es, qué pasa, etc.

NS: En niños son casi todos “mandados”, más allá de que el niño siempre viene traído por otro, los padres vienen derivados por alguien que, además, por ejemplo, si no va al psicólogo, lo echan de la escuela…

La verdad que la escuela es una fuente de derivación importante de pacientes, es importante porque detecta muchas cosas, en ese sentido bienvenida, pero también muchas veces expulsan y muchas veces, por ejemplo, un nene tiene que ir al neurólogo porque se le ocurrió a una maestra que no sabe qué hacer con él, y a veces eso se hace presente en los tratamientos obstaculizando.

RM: Esta es una de las cosas que en principio hay que tratar de desarmar o de desandar. Porque muchas veces llegan estigmatizados porque la premura, y también a veces es “entendible”, entre comillas, este discurso de los maestros de rápidamente dar una respuesta. Porque ahora como se han roto todos los pactos sociales, entonces esto ha hecho que van los padres, apuran al maestro, los maestros dicen que tiene que ir al neurólogo, y se entiende que por ahí a veces dan una respuesta apurada para intervenir de alguna manera dando algún lugar, para que no se violenten con los maestros… Lo mismo pasa con la premura de otros discursos, tenemos que saber cómo funciona la lengua del otro, y cuáles son los efectos de esa lengua del otro en los sujetos.

Tenemos un gran porcentaje de los enfermeros del hospital que están con licencia psiquiátrica

Topía: ¿La “lengua del otro” que sería?

RM: Otras especialidades, en los discursos de otros estamentos, de la justicia, por ejemplo. La justicia viene con las cuestiones de violencia y ahí es un tema muy complejo, siempre digo que los discursos de las políticas públicas, si bien las políticas públicas son necesarias, a veces los discursos de la política pública coagulan un goce que muchas veces es muy difícil de sortear, particularmente alrededor de la violencia, y podemos discutir un montón de cosas con lo que es violencia de género, pero ahí es como que se han coagulado ciertas cuestiones que me parece que hay que poder desandar y subjetivar en relación a las dificultades que se generan en un ambiente. Nosotros atendemos personas que están en contextos de muchísima violencia, desde mujeres que vienen porque están en el puerperio y no pueden tener relaciones sexuales y el marido las muele a trompadas… esto pasa muchas veces. Pero la mujer viene, se cura y dice: “Bueno, pero yo lo quiero, no lo voy a denunciar.” Estas cosas son muy difíciles de trabajar y nosotros nos encontramos con situaciones de violencia de mucho tiempo, de muchísimo tiempo, sostenidas en el tiempo.

Topía: ¿Y cómo trabajan concretamente la violencia de género?

RM: Las mujeres llegan por otras cosas. La violencia es parte integrante de ese discurso, pero no llegan por la violencia, llegan por otras cosas. Porque ahora como hay mucha información, la mujer que va a hacer alguna denuncia por violencia lo hace en la comisaría de la mujer. Pero escuchando a las pacientes uno encuentra que hay mucha violencia, particularmente en las que yo he atendido, siempre he encontrado que en la historia, en su infancia ha habido violencia. Muchas veces he encontrado en la historia situaciones de violencia que ya vienen encarnadas en su historia, en su historia infantil y a veces es muy difícil desmontar algo de esto en función de llevar, intentar acompañar, o intentar introducir alguna terceridad. A mí me parece que desde la política pública hay que intentar formar a la policía, que es algo más complicado porque introducen una terceridad donde no les dan bola, o cagan a trompadas al marido y ya… son situaciones complejas. Por lo menos en lo que nosotros encontramos dentro de lo que es nuestra población, en lo que yo encuentro, pasan estas cosas. Y la idea es cómo introducir alguna alteridad porque esto lo que va horadando es en los pibes, produce estragos en los hijos. Cómo lograr que algo se introduzca como una legalidad, ya que a veces la mujer no puede, por distintas circunstancias, por su historia, por su posición…

Topía: ¿Y cómo hacen para introducir alguna legalidad?

RM: Hay algún momento donde algo de esa violencia tiene que subjetivarse al punto de que sea un goce egodistónico. Entonces en ese punto, a veces, se puede acompañar a que haga una denuncia. Pero particularmente ni siquiera por la mujer misma, sino por los hijos que están presenciando toda esa violencia, y que muchas veces también son pasibles de esa violencia. Entre esas cosas como otras, también que hagan alguna intervención por la comisaría de la mujer o se las acompaña…pero todo esto hay que subjetivarlo, no es algo sencillo.

RW: Estaba recordando una paciente adolescente que producto de las entrevistas surge que había sido abusada. Yo no voy a acompañarla a hacer la denuncia, porque no me corresponde, porque debo preservar la transferencia para que ella pueda venir a hablar de esas cosas, lo que sí puedo hacer es contarle que en el servicio del hospital nosotros tenemos un servicio de trabajo social, la puedo acompañar y esto es en acto. Le pregunto, ¿te interesaría? Salgo del servicio, voy a trabajo social, golpeo la puerta y digo “hola, Fulanita es paciente mía”, la acompaño hasta allí. Cuando aparece esto no somos nosotros los que vamos a denunciar. Me parece mucho más efectivo, y para preservar la situación transferencial trabajar para que sea la paciente la que haga la denuncia. Esto implicaría decir, por ejemplo, si vos querés informarte, te puedo acompañar en este momento si estás de acuerdo, adonde esté el equipo de trabajo social, y que los trabajadores sociales te informen cuáles son tus derechos, qué podes hacer, etc. Yo no le estoy diciendo tenés que hacer la denuncia, la acompaño, entra en el equipo de trabajo social, comenta, después es una decisión de la paciente, y yo podría acompañarla en esa decisión, siempre y cuando esté dispuesta a hacer esa denuncia y todo lo que va a implicar eso.

Topía: ¿Y en situaciones de violencia con un niño o un adolescente cómo trabajan?

MGK: En el caso de menores está la obligatoriedad de denunciar como agente de salud.

CB: Nosotros desde adolescencia lo que hacemos es trabajar con el servicio local de protección de derechos de niños, niñas y adolescentes cuando hay alguna situación de este tipo.

RW: Es una instancia pre judicial.

NS: Trabajamos muchas veces con trabajo social del hospital y con el servicio local de afuera, del municipio, que es una instancia pre judicial que se ocupa de estas cosas. Lo que no deja de ser complicado porque en general hay cosas que no son fáciles de resolver, pero a veces la respuesta que tenemos no es la que nosotros esperamos, me acuerdo de algunos casos de chicos que vienen derivados del servicio local. Por ejemplo, me acuerdo de un caso que ya habían sacado al nene de la casa del papá y la madrastra por un tiempo, y lo derivan al tratamiento. Parecía como si eso mágicamente pudiera acomodar todas las cosas ya que a los dos días aun con informes y llamados y reuniones donde señalamos que no había nada que diera cuenta de que estaban las condiciones para que ese chico volviera, la decisión fue que volviera. De estos casos hay muchos, ellos tampoco cuentan con muchos recursos; trabajan para la re vinculación. Además, yo creo que también esperan resultados mágicos de los tratamientos, y también es cierto que tienen muy pocos recursos en cuanto a hogares, tienen muchos expedientes y no tienen mucha gente, pero lo que digo es que aun haciendo todos los pasos legales que uno tiene que hacer y considere que hay que hacer, no tenemos los resultados que a uno le den la tranquilidad de trabajar con esos pacientes.

CB: Es decir, en lo que hace a qué dificultades encontramos en la práctica, una es la falta de recursos. Y otra, es el trabajo interdisciplinario e interinstitucional porque resulta complejo llegar a acuerdos y no siempre los acuerdos se respetan. Hay distintas visiones ideológicas y teóricas. Pero así como a veces el trabajo con otras instituciones y sectores obstaculiza, otras veces el trabajo se potencia, se facilita. Por ejemplo, una de las tareas que hago dentro del área de adolescencia es trabajar con algunas escuelas conjuntamente con un centro de atención primaria. En una escuela hubo una situación específica de una chica de 13 años que nos contó al equipo de salud que el hermano de 17 años abusaba de ella. Con anuencia de la alumna, lo trabajamos en conjunto con la directora de la escuela dentro de la escuela, lo citamos al papá, hicimos un trabajo con el papá y a su vez dimos intervención al servicio local. El servicio local poco tiempo después lo dejó dormir. Uno llamaba permanentemente para que citaran al padre y te decían, por ejemplo, que no tenían correo… Y claro, pregunté si no podían citarlo por teléfono, y me responden “Ah, no me di cuenta, como siempre citamos por correo y el correo no funciona…” Finalmente lo citaron vía telefónica tanto al padre como al hermano.

Topía: ¿Qué otras problemáticas tienen?

RM: Todo el sistema de salud tiene una fuerte presión desde muchos lugares. Así como las maestras tienen quemada la cabeza, con lo cual a veces es difícil trabajar; no siempre porque se descomprometan o desimpliquen de la situación, sino porque están atravesadas por muchísima violencia. Hay escuelas que están atravesadas por muchísima violencia, con chicos muy violentados, y eso hace que haya una gran cantidad de maestros que estén de licencia por enfermedad. Y cuando digo la ruptura de pactos sociales es en ese punto, donde los padres, los chicos y los maestros ahora están disgregados, en una suerte de entramado violento, con lo cual cada uno va haciendo lo que puede. Como decía Natalia, intentando trabajar con los maestros con los que se pueda trabajar. En enfermería, por ejemplo, nosotros tenemos un staff de enfermería y un gran porcentaje de los enfermeros del hospital están con licencia psiquiátrica.

Es que los enfermeros son los que están todo el tiempo. La guardia del hospital es un lugar muy violento, altamente riesgoso, donde se ha conformado cierto imaginario y cierta representación de la guardia en los últimos años, no en otros tiempos. En otro tiempo el hospital era un lugar donde se venía a morir, en otra época se venía a curar y tenía una función social, distintas funciones ha tenido el hospital de acuerdo a la densidad de población y la población que se ha asentado alrededor. Ha cambiado muchísimo lo que es las estructuras, particularmente con varias generaciones de gente sin trabajo, porque la población hace 20 años atrás todavía era una clase trabajadora que aspiraba a que sus hijos fueran a la escuela, y era algo que estaba fuertemente instalado y tenía una pregnancia muy fuerte. Últimamente ha tenido y tiene una representación distinta. Hace poco tiempo viene un señor a la guardia, entra a la guardia y empieza a patear la puerta. Yo le pregunto, por qué en vez de patear la puerta no se dirige a la ventanilla y se anuncia y cuenta para qué quiere atenderse. Me contesta que le dijeron que la única manera que te atiendan en la guardia es pateando la puerta. Vino directamente a patear la puerta, ni siquiera a anunciarse previamente. Esa es la representación social que ha quedado de esta guardia, una guardia donde los enfermeros son los que se enfrentan a esta situación y reciben por primera vez al paciente que son pacientes que muchas veces aparecen baleados, acuchillados, con botellazos en la cabeza. Y vienen en conjunto, no vienen solos, a veces vienen con amistades, con familia y exigen que el paciente salga vivo, incluso a veces cuando ya viene medio muerto. Ahí los enfermeros son los primeros que reciben. Si bien han mejorado muchísimo la atención, han hecho un trabajo fundamental con el triage, y ahora están haciendo un muy buen laburo. Pero a pesar de eso son escupidos, golpeados, a ciertos médicos los han agarrado del cogote, también entraron a robar… Es un hospital expuesto como muchos otros hospitales a ciertas circunstancias violentas que se dan en muchos lugares.

MR: Es un hospital rodeado de villas, tenemos La Rana, Las Flores, Loyola… 

A veces nos encontramos cambiando de antipsicótico o antidepresivo, no por un criterio clínico, sino por un criterio de disponibilidad en farmacia

Topía: Lo que están diciendo es que las problemáticas llamadas “sociales” y la ruptura de los pactos es lo fundamental. Al principio comentaron algo de la medicalización, pero lo más difícil de la situación clínica -por lo que ustedes cuentan- tiene que ver con el entramado de discursos y las dificultades que están comentando ahora con relación a la violencia.

MR: Ese es el entorno en el que nos movemos. De todos modos, en nuestro servicio en particular, al menos en las situaciones violentas no es que el paciente rompe la puerta. Es más común que los que llegan más “sacados” son los que tienen patologías psiquiátricas. Vienen buscando medicación, ésta es la situación que frecuentemente se puede armar en el servicio o en la puerta del servicio.

CB: En realidad, en cuanto a la población con la que trabajamos, lo más preocupante son los que no llegan. Hay muchísimos adolescentes que no consultan y que están encerrados en la casa o en la esquina drogándose; y tampoco van a la escuela.

Topía: Y con ellos ¿en primer nivel qué dispositivos de trabajo tienen?

RW: El primer nivel de atención depende de los municipios, no depende de la provincia. Trabajan los municipios a través de los centros de salud, centros de atención primaria, y se están haciendo algunos movimientos. No sé cómo están funcionando los centros de San Martin…

CB: Eso va y viene, depende de los avatares político-partidarios. En algún momento funcionó muy bien el programa Envión, han llegado a tener 150 chicos que iban a contra turno, pibes que no estaban escolarizados, o que les costaba la escuela o tenían algún problema de adicción…

Con un sistema de tutores, talleres, ayuda escolar, una pequeña beca como estímulo, pero eso ha durado 2 años y se cayó. Estuvo 2 años cuasi desmantelado y ahora aparentemente -hemos tenido una reunión la semana pasada- el municipio tiene la intención de reflotarlo con otro nombre y sin la beca. Es muy importante que los adolescentes tengan un lugar de pertenencia, donde puedan juntarse con otros para hacer una actividad que los convoque, sea algo deportivo, artístico o recreativo. Este programa funcionaba como sostén para los jóvenes en estas situaciones, son los que no llegaban al hospital y a través de este programa comenzaron a llegar y pudimos empezar a hacer un trabajo conjunto.

RW: Nosotros habíamos establecido un muy buen vínculo con la gente de Envión, teníamos reuniones, nos sentábamos a conversar de los pacientes que nos derivaban. Cuando se desarmó por cuestiones políticas, se fue el equipo técnico que estaba trabajando y los chicos quedaron en banda. Entonces, la sensación de frustración que uno tiene cuando estuvo trabajando, armando redes y eso se desarma y no se sostiene en el tiempo, es enorme. Te quita la posibilidad de seguir trabajando y pensando cómo hacer. Y también te resta en que cuando se vuelva a armar, también uno está como con cierta reticencia. Empezar de cero ¿para qué?, ¿para que en 1 año lo desarmen porque cambió el intendente? Entonces tenés que rearmarte y volver a poner entusiasmo…

CB: Eso del lado de nosotros como profesionales de la salud, pero también para los pibes genera un descrédito hacia las instituciones. Algo que era bueno para ellos se borra de un plumazo y entonces genera la idea de que las instituciones no sirven…

NS: Eso es mucho peor.

CB: Una de las cosas que nos decían los vecinos cuando desde el centro de salud con el que trabajamos hicimos un trabajo de relevamiento casa por casa era esto, “ah, pero ya vinieron una vez y se fueron; ¿otra vez van a venir y se van a volver a ir?” El abc de cualquier trabajo territorial es que si no se mantiene en el tiempo es un maltrato hacia la comunidad, termina siendo maltrato…

NS: En cuanto a empezar de nuevo, nosotros también tenemos otra cuestión: los equipos se forman con residentes que rotan, de niños, por ejemplo, soy la única psicóloga de planta y con mucha gente que rota por 1 año… en eso de empezar de cero también estamos acostumbrados, y eso tiene muchas complicaciones si bien tiene cosas a favor. También uno va renovándose con las ganas de transmitir; armar cosas, pero tiene también lo que no se sostiene. Por ejemplo, cuando termina la rotación hay que derivar a los pacientes, tiene esa complejidad puertas adentro.

RM: De todas maneras en el grueso, podemos hacer un trabajo con una apuesta fuerte y de pensar las tensiones que sobrevuelan a todo el hospital, que son las que sobrevuelan a la sociedad que nos circunda, en distintos barrios, con distintas problemáticas y uno puede historizar qué ha pasado en el país, en distintos lugares, para saber en qué estado estamos desde la situación sociopolítica. Así y todo, podemos trabajar interdisciplinariamente con los distintos equipos, con trabajo social trabajamos mucho, con los pacientes que vienen con problemáticas sociales nosotros podemos resolver alguna cuestión y particularmente trabajo social se ha renovado muchísimo…

Topía: Y además por lo que cuentan trabajan con varias disciplinas y con muchos sectores.

NS: Con pediatría, con cardiología.

MR: También trabajamos con ginecología, con obstetricia, con la médica de adolescentes, tenemos atención integral del adolescente…

RW: Es un hospital que de alguna manera permite y posibilita y es una de las cosas que propiciamos nosotros: trabajar en el ámbito público es caminar el hospital. No es que estamos encerrados en el servicio, en los consultorios, concebimos una práctica que, si bien es la experiencia del consultorio, que en el hospital tiene su lugar, pero también es para pensarlo en las tensiones propias que se producen dentro del hospital y con esto trabajamos; y es fundamental que vayamos trabajando cada vez. Es algo en permanente movimiento, no es algo que nosotros pensemos estático.

CB: No es solo la palabra, hacemos.

RW: Exacto, hacemos, es en acto.

Topía: Para ir terminando, ¿qué cambiaría cada uno de ustedes para trabajar mejor?

MR: Por supuesto que uno a la hora de pedir pide más recursos de toda índole. Muchas veces falta medicación, esto es un tema no menor, uno empieza a instalar algún plan farmacológico y se discontinua esa medicación porque no se entrega y se cambia por otra que a lo mejor no es de la misma calidad…

Topía: ¿Los abordajes son grupales, familiares, individuales?

MR: Son individuales en principio. Sí podemos armar una red con los familiares.

RW: Pero no hay modalidad de grupos ni tratamiento familiar.

MR: No, no tenemos un dispositivo específico, pero si alguien viene a preguntar si hacemos tratamiento de parejas, les decimos, vengan, hacemos la entrevista y vemos…

Topía: Pero no tienen esa herramienta como para hacer un diagnóstico y decir en este adolescente o adulto indicamos terapia familiar o de pareja.

RW: No, pero en el caso por caso muchas veces dentro del equipo se dan situaciones en las que trabajamos con los padres algún punto del trabajo con el adolescente y derivamos a que puntualmente esos padres trabajen con alguien del equipo. Pero no hay una ventanilla que diga atención para las familias. Pero se puede armar en el caso que consideremos, que haya una serie de entrevistas con la familia, el padre con el hijo, etc. Eso tenemos la libertad de hacerlo.

MR: En algún momento estábamos trabajando varios del hospital y es un tema que cada tanto se reflota, la posibilidad de organizar a contra turno talleres para las pacientes que atendemos, pacientes graves, psicosis, y también nos topamos a veces con las dificultades que hay en las instituciones; que no hay cargos, no hay nombramientos, no hay recursos, muchas veces presentamos proyectos y nos dicen que los hagamos con lo que hay.

RW: En el trabajo con adolescentes nos gustaría tener un psiquiatra infanto juvenil, lugares donde derivar en la provincia, lugares en la provincia donde internar, adicciones y cuestiones graves.

CB: Y en especial dispositivos intermedios entre los consultorios externos y la internación. Por ejemplo, un Hospital de día.

MGK: Consultorios, nos faltan consultorios.

La ley de salud mental tiene que ser una ley que tienen que conocer todas las especialidades, no solamente Salud Mental

RM: Ahí hay un problema, nosotros tenemos un servicio que vos entrás y decís: este servicio no lo tiene cualquiera; 10 consultorios más 2 de jefatura es bastante importante. Pero es verdad que somos muchos. Yo cambiaría la distribución horaria. Desde mi lugar no lo puedo hacer, pero yo cambiaría eso, no atendería todo el mundo de 9 a 12 todos los días porque es una locura. Yo redistribuiría y se puede hacer. Hay una dificultad complicada que tenemos, la farmacia del hospital trabaja hasta las 12, entonces los pacientes a los que se les da la medicación y tienen que retirarla por farmacia, no pueden venir en otro horario, a las 12 se quedan sin medicación y no pueden venir al otro día, y es cierto; hay mucha gente que viaja y no tiene un mango y no puede venir 2 días. Ese es un problema, pero se puede redistribuir de otra manera.

NS: Pensando esta pregunta que vos decís, creo que nosotros nos la hacemos. Yo la empecé a pensar desde adentro, yo me hago la pregunta todo el tiempo y no me es tan novedosa, en este momento estamos pensando en cómo mejorar el vínculo con el trabajo en pediatría, que se está haciendo complicado, también pienso en la posibilidad de que el registro sea más riguroso, en el archivo de datos y que aparezca un paciente y poder buscarlo. No tenemos secretaria y a lo mejor eso sería importante, que venga cualquiera y pregunte por un paciente de hace 3 años y uno lo ubique inmediatamente y no es tan fácil. También pienso algunas cuestiones para trabajar con pacientes graves, como para que se pueda concientizar y trabajar incluso con la población médica esto, me parece que es una pregunta que tenemos constante.

RM: Sí, y también tenemos distintas posiciones entre nosotros. Clínicamente yo podría decir que me enorgullezco del servicio que tenemos. Si bien con alguno uno puede discrepar un poco más, pero clínicamente los pacientes son recibidos, están siendo asistidos, cada uno desde las posiciones y prácticas que cada uno tiene. Los pacientes son recibidos y escuchados. En ese punto es serio el trabajo que se hace. Con algunas cuestiones que por ahí cambiaría.

MGK: Retomo un poco lo que decía Marisa sobre la medicación; cuando rotamos por consultorios externos nos encontramos teniendo que hacer malabares, cambios de medicación que quizás no ameritaría en ese momento hacerlo, pero tiene que ver con que no hay disponibilidad de determinada medicación y el paciente no la puede comprar, y a veces nos encontramos cambiando de antipsicótico o antidepresivo, no por un criterio clínico, sino por un criterio de disponibilidad en farmacia, y eso dificulta muchísimo.

JT: Yo en cuanto a qué cambiaría pienso en cómo fortalecer aún más los vínculos en relación con las otras disciplinas y especialidades médicas, porque por ahí somos mirados un poco como el bicho raro del hospital. Igualmente me parece que en estos últimos años se abrió mucho más el trabajo en relación al resto del hospital y eso está bueno, ir abriendo puertas y permitiendo abrir nuevas trayectorias.

RM: La interconsulta lo que revela es de alguna manera que es lo que uno espera de determinado servicio. Muchas veces algunas especialidades médicas o algunos médicos requieren la intervención de salud mental cuando hay que apagar incendios; el paciente catatónico que está muy mal, pero no hace quilombo no requiere salud mental, pero el que hizo quilombo en la otra sala, tiró a la mierda la comida, hizo despelote, para eso llaman. Hay que hacer todavía mucha escuela dentro del hospital en relación a qué pacientes requieren la intervención de salud mental, no es solamente el quilombero…

Yo lo que cambiaría fundamentalmente, pero en todos los hospitales, no en el nuestro solamente, es que la ley de salud mental tiene que ser una ley que tienen que conocer todas las especialidades, no solamente Salud mental. Porque aun hoy, no todas las especialidades la conocen y los que la conocen reniegan bastante. Cuando nosotros queremos internar a un paciente por salud mental en alguna de las camas nuestras, viene la gente de la especialidad médica X y dice “acá no se atiende a ningún paciente de salud mental porque nosotros no tenemos ninguna guardia, no tenemos posibilidad de sostenerlo cuando el servicio trabaja solo hasta las 5 de la tarde.” Los psicofármacos han avanzado mucho en lo que es la sintomatología, incluso desde la psiquiatría y funcionan muy bien, con lo cual con el cuidado de dejar las indicaciones desde las 5 de la tarde de un día hasta las 8 de la mañana del otro se podría sostener desde las distintas guardias internas. Pero hay mucho prurito todavía con el paciente de Salud mental, que es el quilombero, que no lo vamos a poder sostener, entonces acá no queremos a nadie. Van, golpean el escritorio del director y el director dice “No podemos atender porque no tenemos acá los recursos.” En todos los hospitales pasa eso, yo estuve en la región sanitaria y pasaba. Y cuando salió la ley -porque yo estuve en un período del 2008 al 2012 y en el medio sale ley- yo decía “hay que bajar de las direcciones que la ley de Salud mental es para todos, no solamente para Salud mental; funciona para todos, para el hospital.” Y con esto todavía hay mucha resistencia…

MR: Me parece que nuestro servicio goza de un buen nombre, en la zona, en la región. Nos enorgullecemos de esto, pero al mismo tiempo esto aumenta todo el tiempo la demanda. Vayan al Belgrano que se atiende bien, o que les dan turnos.

RW: Bueno, por ahí nosotros hemos hecho cosas para que esto nos vuelva…

Entrevista realizada en julio de 2015 por Carlos Barzani y Alejandro Vainer

Hospital Belgrano

El Hospital Manuel Belgrano se encuentra en Villa Zagala, partido de San Martín, de la Provincia de Buenos Aires. Su área programática incluye tanto los partidos de San Martín como de Vicente López, en una zona muy densamente poblada.

El 9 de octubre de 1944, el presidente Edelmiro Farrel colocó la piedra fundamental para la construcción de cuatro edificios para alojar ciegos en una superficie de doce hectáreas. Fue fundado en 1948 con ese fin.

En 1950 se convirtió en un Hospital Neumotisiológico de 50 camas. En 1975, debido a la disminución de dichas patologías, se transformó en un policlínico de agudos. En 1979 la Nación lo cedió y pasó a depender del Ministerio de Salud de la provincia de Buenos Aires. En 1986 se implementó una experiencia innovadora basada en un sistema de Cuidados Progresivos (mínimos, intermedios e intensivo), cambiando la idea de internación tradicional por sectores. Esto favoreció la optimización de recursos y el trabajo interdisciplinario. El Hospital tuvo una planificación estratégica para las acciones basadas en las necesidades del usuario y una fuerte inserción comunitaria. Esto llevó a que recibiera una serie de premios a la calidad por su organización y atención.

Desde 1991 el Hospital fue “descentralizado”, pasando a formar parte de la Región Sanitaria V de la provincia. Es un Hospital asociado a la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires y cuenta con Unidad Docente Hospitalaria y cursadas de la mayoría de las especialidades.

La Unidad de Psiquiatría del Servicio de Clínica Médica comenzó a funcionar en 1977 y en 1990 adquirió el estatuto de Servicio de Salud Mental. La Residencia de Salud Mental fue creada en 1989 en el marco de apertura de residencias de varias especialidades. Actualmente cuenta con 140 camas de internación, con una dotación de 600 agentes propios y Residencias en casi la totalidad de especialidades, entre las que se encuentra Salud Mental. Ésta cuenta con 3 psicólogos y 3 médicos por año y un jefe por cada especialidad, siendo en total 26 residentes más tres instructores (de psiquiatría, de psicología y de primer nivel de atención). El Servicio cuenta 9 psicólogos y 7 psiquiatras de planta permanente y una cantidad variable de pasantes y concurrentes.

Entrevista realizada en julio de 2015 por Carlos Barzani y Alejandro Vainer

 

 

 
Articulo publicado en
Noviembre / 2015

Boletín Topía