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Volver a trabajar con los sueños

 

I

Freud siempre sostuvo que la interpretación de los sueños era la mayor de sus contribuciones. La convirtió en una herramienta fundamental para el trabajo analítico, la “vía regia” para el acceso a lo inconsciente. Para prevenir sus abusos, delimitó su uso en el desarrollo del tratamiento.[1]

Han pasado más de cien años, ¿cuál es el panorama hoy? El lugar de los sueños parece haber quedado en un cierto olvido a lo largo de los diversos caminos para el trabajo con lo inconsciente en “los psicoanálisis”. Olvido que podemos pensar como resistencias del analista.[2] Uno puede dar varias explicaciones para este fenómeno. El lugar de los sueños en las teorías herederas de Freud hegemónicas lleva a priorizar otros aspectos del trabajo clínico, como el hecho de trabajar con sesiones breves que no da espacio para el trabajo con los sueños. También el argumento de que en el trabajo con patologías en lo que predomina lo negativo “supuestamente” hay poco espacio para el sueño y el soñar mismo.[3] Quizá haya un conjunto de motivos para desdeñar el trabajo con los sueños. No creo que sea por su falta de validez. Todo lo contrario, simplemente las hegemonías en el campo psicoanalítico los han relegado. Y esto produce sus efectos.

 

II

Los sueños tendrán el lugar que el propio analista les dé en su contratransferencia.[4]

Los sueños no llegan solos al espacio analítico. Los lapsus, los actos fallidos y los síntomas entran sin pedir permiso. No hace falta convocarlos, entran al consultorio de la mano del padecimiento subjetivo. Los sueños (salvo algún problema con el dormir) no aparecen sino a pedido del analista. Sea porque el paciente ya conoce su importancia para el análisis o bien por la explícita pregunta sobre los mismos. Si en las entrevistas no aparecen sueños espontáneamente tenemos que investigar sobre ellos. Sino suponemos que ya hay una regla fundamental en funcionamiento en las entrevistas, nunca explicitada ni acordada con el paciente. Si esto sucede nos sumergimos en una pseudo asociación libre y atención flotante y no tendremos ni información de los sueños y tampoco se podrá investigar sobre los sueños en el presente, los sueños infantiles y sueños repetitivos. Cada uno de éstos tiene un importante valor diagnóstico: la capacidad de soñar del paciente, la historia o no de su neurosis infantil y episodios traumáticos con sueños que intenten ligar lo acontecido.

Pero no tienen sólo valor diagnóstico. El pedido mismo crea el campo transferencial propiciatorio para que los sueños se conviertan en elementos de trabajo. Esto no implica que automáticamente el paciente los traiga, pero abre el camino de los sueños.

Una viñeta clínica. En una de las primeras entrevistas le pregunté a un paciente si recordaba sus sueños. Él consultaba por una crisis laboral y de pareja. Me respondió que soñaba con vivir de grande en un lugar donde todo el año fuera verano y hubiera vacaciones. También dominar el inglés y ser universitario. Tuve un momento de desazón contratransferencial ya que no hablábamos de los mismos sueños e intuía el poco valor que les daba. Sin embargo, tuve este dato en cuenta, pero pedí asociaciones sobre lo que había surgido. Esto permitió abrir el campo a sus deseos conscientes infantiles, qué había cumplido, qué no, de dónde provenían y cuánto de su crisis había puesto en cuestión “sus sueños”. Más adelante retomé la pregunta por sus sueños “de noche” a los cuales daba escaso valor: no solía recordarlos o solamente eran reiteraciones sobre las “preocupaciones del día”. Señalé su importancia y aunque esto no tuvo efectos momentáneos permitió dejar una base para el trabajo futuro. No es lo mismo que esté o que no esté delimitada cuál es la “cancha” de trabajo analítico. Si no damos valor al hecho de los sueños y el soñar, difícilmente el paciente se lo dé.

Otras veces la puerta de entrada puede ser un síntoma bastante común hoy en día en todo el arco de la psicopatología: los problemas para dormir. Esto siempre tiene algún correlato en relación al soñar: presencia de pesadillas, o algunas imágenes, fantasías e ideas que puede ser de mucho valor para diagnóstico y para trabajar en el análisis. No todos tienen la misma forma de problemáticas con el sueño y el dormir. Reducir esta cuestión a una problemática biológica deja de lado las motivaciones inconscientes de tales problemáticas. Esto nos permite investigar en las entrevistas y abrir la puerta al trabajo con los sueños.

 

III

Los sueños son una potente herramienta para los diversos dispositivos psicoanalíticos con los que abordamos distintas patologías y situaciones. Si bien tenemos que darles su importancia es necesario no convertirse en un “fundamentalista de los sueños” porque ni con todos los pacientes ni en todos los espacios pueden aparecer, y siempre su trabajo se enmarca en el contexto del análisis bajo la brújula de la transferencia y contratransferencia.

Luego de haber sembrado el campo durante las entrevistas los sueños pueden o no aparecer. El hecho mismo de que un paciente que no recordaba sueños y empiece a soñar para su analista es un hecho trascendente, más allá de las interpretaciones que luego acontezcan.

Al llegar los sueños a la sesión el mero pedido de asociaciones produce un cambio de clima en el trabajo analítico. Las posibilidades que dan los sueños y sus derivaciones modifican el curso de la sesión y nos conducen a nuevos caminos impensados hasta entonces.

La interpretación de los sueños siempre es parcial. Los diferentes sentidos latentes que pueden abrirse a partir de ellos en una sesión son incalculables (y ni qué hablar de la destreza de muchos para interpretarlos fuera de la misma sin tener la posibilidad de comprobar la pertinencia de dicha interpretación con las asociaciones del paciente). Así como el fin de análisis, la interpretación completa es parte de la utopía de analistas (y pacientes). El relato, las aclaraciones que podemos pedir de las imágenes, sensaciones se pueden extender en conjunto con las asociaciones, lo que precedió al relato, los restos diurnos, la situación en que lo soñó y especialmente la dinámica transferencial vuelven a los sueños una compleja música de orquesta donde quizá podamos señalar o interpretar una línea melódica de algún instrumento en dicha sesión. La validez de dicha intervención la obtendremos si estimuló nuevas asociaciones o algún cambio de clima transferencial (un enojo o una cara de sorpresa pueden ser la mejor huella de haber pulsado la cuerda correcta). Es decir, si confirmó los hilos tendidos y si abrió nuevos caminos en el análisis.

Pero además tenemos que considerar situaciones particulares en dispositivos específicos.

En la actualidad, atendemos pacientes de una vez por semana. En ese caso es necesario recalcar la importancia del trabajo con los sueños. Trabajando con dicha frecuencia es común que el paciente realice una “crónica” burocrática de sus padecimientos con algunas asociaciones que debiéramos llamar racionalizaciones en la mayoría de los casos. Pero todo cambia de color si se incluye algún sueño que puede abrir senderos cualitativamente diferentes por donde transitar. Si nosotros le damos el valor es posible que los sueños vayan jalonando el trabajo analítico.

También en dispositivos grupales psicoanalíticos el trabajo con los sueños es una herramienta importante. Trabajar en asociación libre grupal un sueño permite al soñante tomar perspectivas novedosas sobre el mismo. Las asociaciones propias y del resto de los participantes posibilitan extender resonancias. En dicho trabajo uno tiene que tomar en cuenta que las asociaciones dicen más de quien las profiere que del sueño mismo, y a la vez de la compleja trama de transferencias que circulan en los grupos. Mi impresión es que el clima de un grupo terapéutico cambia al sumergirse en el trabajo con algún sueño. Así como en otros dispositivos psicoanalíticos, desvía del relato cotidiano, de las quejas, para abrir otras puertas hacia lo inconsciente.

Finalmente, poder rescatar el trabajo con los sueños también permite abrir los horizontes de lo que cada paciente puede llevarse luego de terminado su análisis. Los sueños continuarán a lo largo de la vida. Si hubo algún trabajo sobre ellos serán una inagotable fuente de contacto con su propio inconsciente. Un contacto que tendrá huellas de los trabajos analíticos realizados, transformados en “propio análisis”.[5]

 

IV

A pesar de la importancia que Freud y la mayoría de sus discípulos les dieron, las actuales hegemonías dentro del psicoanálisis han relegado el trabajo con los sueños en el análisis. Los sueños no han perdido su potencia como herramientas en el análisis. Simplemente, si no se los invita a trabajar en nuestro espacio, no producen.

Ya es hora de volver a los sueños.

 

Alejandro Vainer

Psicoanalista

alejandro.vainer [at] topia.com.ar

 

 

 

 

Notas

 

[1]Freud, Sigmund, “El uso de la interpretación de los sueños en el psicoanálisis”, en Obras Completas, Tomo XII, Amorrortu Editores, Bs. As., 1980. La importancia se traduce en que fue escrito en 1911 y se convirtió en el primero de la serie sus Escritos técnicos.

[2]Estas líneas continúan y avanzan sobre lo trabajado por varios autores hace casi 10 años “Los sueños: lo inconsciente olvidado”, Suplemento Topía en la Clínica Nº 6, Bs. As., 2001. También en www.topia.com.ar. E incluso en el antiguo libro sobre este fenómeno: Baremblitt, Gregorio, La interpretación de los sueños, una técnica olvidada, Helguero Editores, Bs. As., 1976.

[3] Pero que es fundamental el trabajo con los mismos. Carpintero, Enrique, “La importancia del trabajo con los sueños en los nuevos dispositivos psicoanalíticos”, en www.topia.com.ar

[4]“La productividad de un paciente en relación al relato de sueños está naturalmente también muy determinada por la manera en que el analista reacciona ante tales relatos y por la forma en que el paciente percibe el interés del analista en ellos.” Thoma, H. y Kachele, H. Teoría y práctica del psicoanálisis. Tomo I. Fundamentos. Ed. Herder, Barcelona, 1989, pág. 193. Para la cuestión de la contratransferencia consultar Vainer, Alejandro, “Contratransferencia y subjetividad del analista”, en Topía Revista Nº 58, Bs. As., abril 2010.

[5]En el pertinente significado que le da Fernando Ulloa al propio análisis. Ulloa, Fernando, Novela clínica psicoanalítica. Historial de una práctica. Ed. Paidós, Bs. As., 1996.

 

 
Articulo publicado en
Noviembre / 2010

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