No es posible pensar la embestida contra la ley nacional de salud mental si no se enmarca en un intento de destrucción de las políticas públicas universalistas dando lugar a procesos de mercantilización, individualización y privatización de los problemas de salud y en una puja corporativa en contra de su comunitarización, desfamiliarización y desmercantilización.
El manicomio puede pensarse en sentido amplio como lógica que excede los muros del psiquiátrico, o en sentido restringido como modelo de atención.
Voy a hablar de manicomios. Quiero aclarar que por supuesto no desconozco las numerosas experiencias de producción de salud mental comunitaria (asistencia, prevención, promoción, investigación) que se realizan o han realizado desde las entrañas mismas de los psiquiátricos argentinos. Las mismas son contraculturales, muchas veces sostenidas ad honorem, muchas veces son perseguidas por el poder manicomial, mi reconocimiento a sus equipos. Dicho ello, el manicomio puede pensarse en sentido amplio como lógica que excede los muros del psiquiátrico, o en sentido restringido como modelo de atención. En tanto modelo de atención ha sido caracterizado de múltiples maneras. En una investigación que realicé anteriormente lo nombré como de una "custodia indiferente" (Pierri, 2021). “Custodia” por el encierro, “indiferente” por no tener los medios presupuestarios, el personal, los recursos para desarrollar los proyectos terapéuticos que requeriría.
Dicha custodia indiferente produce huellas de desgaste en los cuerpos de personas internadas ,y también en sus trabajadores/as. Estas marcas se producen y distribuyen desigualmente entre los grupos sociales (clase social, género, etnia), aporte este de la epidemiología crítica (Breilh, 2009). Desde otro ángulo pero en cierto modo en el mismo sentido, según Franco Basaglia (1972) existen distintos modos de relaciones con las personas internadas que no se definen por criterios técnico profesionales, sino que serían establecidos por el sistema socioeconómico. Entre estos modos de relación se encontraría el “institucional” que encuentra a la persona internada en el hospital psiquiátrico sin derechos y abandonada a merced de la arbitrariedad institucional por falta de poder contractual.
La custodia indiferente produce huellas de desgaste en los cuerpos de personas internadas, y también en sus trabajadores/as.
A partir de estas dos ideas merece la pena particularizar los efectos del manicomio según grupo social, segmentación social y por ende subsector del “sistema” de salud al que recurren ante situaciones de padecimiento grave.
- Los sectores trabajadores y más postergados, ante situaciones de sufrimiento psíquico agudo, han sido internados en los grandes manicomios argentinos donde las camas se han contado de a miles en el siglo XX.
En investigaciones anteriores (Pierri, 2017) hallamos distintas formas en las que se expresa dicha custodia indiferente: el desgaste de los cuerpos (más breve o más extenso) de las personas internadas hasta llegar a la muerte, las condiciones de trabajo de sus trabajadores/as. Las huellas de lo manicomial pueden rastrearse en distintos niveles (cuerpos, trayectorias de vida en el hospicio, condiciones de vida y/o trabajo allí)
Otro espacio de internación para este grupo social han sido las granjas, quintas, o espacios tercerizados de atención (en general vía sistema público, vía obra social) en general dedicados a problemáticas ligadas al consumo.
El estudio de esos documentos da cuenta del lento o rápido deterioro de esos cuerpos a los que se pareciera ‘dejarse morir’.
De ese tipo de establecimientos en general solo tenemos noticias por los medios gráficos cuando se denuncian situaciones de maxima gravedad como ser muertes dudosas (fallecimientos en incendios, por “suicidio”, con signos de violencias). Espacios de encierro con escaso control estatal. En todos los casos podemos pensar en la falta de un tercero de apelación que rompa la encerrona trágica. .
- Los sectores de la clase dominante. Aquí es necesario considerar las subalternidades de género y otras interseccionalidades también. No es extraño encontrar películas (la reciente “27 noches” por ejemplo) que retratan los manicomios “5 estrellas” (donde viven la misma indiferencia y procesos de desubjetivación aunque con ciertos lujos hoteleros).
La desmanicomialización no puede pensarse únicamente como el cierre de los hospitales psiquiátricos, sino como una transformación más profunda de las formas sociales, culturales e institucionales.
Allí podemos encontrar por ejemplo, y entre otras personas internadas involuntariamente, a mujeres de la clase dominante a las que se les ha negado y expropiado el derecho a hacer y deshacer con sus herencias/fortunas/ etc. Con anterioridad a la existencia de estas clínicas vip, durante el siglo XX las mujeres de las clases acomodadas si no fueron encerradas en alguna habitación de la residencia familiar en la ciudad o en el campo o pueblos lejanos, fueron internadas en los pabellones de pensionadas de los psiquiátricos estatales sufriendo la misma degradación y desgaste en sus cuerpos que las mujeres de sectores trabajadores, aunque con algunas comodidades mayores a cambio del pago mencionado.
En ese marco URGE QUE cada uno de los artículos de la Ley Nacional de Salud Mental sean leídos como denuncias específicas al manicomio y como producto de más de 50 años de lucha y denuncia contra dicho modelo de atención.
Para los grupos sociales no subalternizados dentro de la clase dominante las internaciones psiquiátricas suelen ser menos cruentas en tanto no pierden el poder contractual en el vínculo con los profesionales.
En ese marco URGE que cada uno de los artículos de la Ley Nacional de Salud Mental sean leídos como denuncias específicas al manicomio y como producto de más de 50 años de lucha y denuncia contra dicho modelo de atención.
Bibliografía
Carla Pierri
maildecarlapierri [at] gmail.com