"este mundo, esta empresa, este mundo de
hoy, que te esnifa la cabeza una y otra vez"
Desde el celular o en la computadora, en la televisión o en un diario, sentado en mi habitación o en un bar, en la casa de un amigo o en la universidad, en una plaza o después de un partido, en fin, en una multiplicidad de espacios es posible hacer ver y se hace ver que hay territorios y poblaciones, ciudades, escuelas, hogares, plazas, días, noches, incendiadas o bombardeadas y destrozadas. El celular o cada pantalla personal muestra esas constantes y repetidas imágenes.
Rostros llenos de lágrimas y desesperaciones, desgarrados y atormentados. Se trata de la desolación por habitar en ciudades hechas ruinas. Ya no son -sin embargo- únicamente ciudades destruidas sino también imágenes de rostros que expresan la perdición, haber sido víctima de misiles y bombardeos. Sobre esos rostros o esos cuerpos se posa -por tanto- una red técnica de visibilidad e iluminación.
"Rostrocidad" (Deleuze. Guattari. 1999) maquillada, exaltada, iluminada, hacen ver muecas y gestos que se acompañan de enunciaciones que dicen de medidas bélicas implementadas y triunfales. Se trata de las expresiones de empresarios o de políticos empresarios que desde lugares muy distintos a las ciudades rotas y destrozadas hacen ver y lo dicen en sus enunciaciones que sus finalidades es alcanzar la paz mundial. Asesinan y bombardean -por tanto- para el bien de la humanidad.
Tres imágenes y/o tres escenas que hacen ver y decir desde la técnica virtual de una cierta bélica realidad.
Tres imágenes y/o tres escenas que hacen ver y decir desde la técnica virtual de una cierta bélica realidad. Que haya destrucciones y bélicas explosiones no es una novedad para nuestra inquietante cotidianidad. Su particularidad, es su virulencia y velocidad. Virulentas imágenes constantemente repetidas, insistidas, "introducidas", multiplicadas y recibidas por cierta corporeidad por cuya conexión y afección con la técnica quizás esté modificando o fabricado la subjetividad.
"Este mundo, esta empresa, este mundo de hoy", cantaba el poeta. Fraseo cantado que me impulsa a preguntar: ¿mundo político-empresarial, técnico, destructivo y brutal? ¿el mundo empresarial qué corporalidad requiere para su actualidad y acentual presencia técnica virtual y bélica descomunal? Se trata menos de escribir y pensar sobre cierta fragilidad corporal y más sobre lo incitado e inducidos a estar en la virtualidad, aquietados en su acentuada realidad, ¿comandando cierta economía libidinal, física o mental? Por, sobre todo, se trata de criticar como la técnica virtual -entre otras fuerzas- sitúa nuestra corporalidad a ser espectadores expectantes de los veloces y rapaces misiles y su inquietante destructividad.
De esto intentaré escribir, de velocidades de locos o mejor dicho de un mundo comandado por ciertos poderosos.
De esto intentaré escribir, de velocidades de locos o mejor dicho de un mundo comandado por ciertos poderosos.
Particular velocidad que se constituye o se hace ver en imágenes que me incita a decir sobre una brutalidad que se exponen entre ruinas y crueldades. Desde este rincón físico soy espectador y quizás también se incita e inserta a toda una población a ser nerviosos y ansiosos espectadores de un mundo veloz y destructor. Una velocidad que se opera y se mueve a la rapidez del vuelo visible desplegados en los altos cielos que parecen rasgados o cortados por feroces e intensos misiles. De eso se trata: el alto recorrido celestial para luego estrellar sobre cierta territorialidad poblacional. De eso se trata, de ruinas, muertes y del borramiento de todo límite. Sin límite, lo que se ve, es lo que no se deja de exponer en cada pantalla virtual y personal.
Si de un lado del mundo se revientan y vuelven ruinas las paredes y se hacen trizas a las poblaciones, del otro se exponen las triunfales medidas explosivas. Entre ruinas y dominadores también y a la misma vez o mejor dicho siguiendo detrás están-estamos lxs preocupadxs espectadorxs. Somos -desde cierto rincón de inocencia y perplejidad- los que vemos el recorrido de esos belicosos misiles, el movimiento rapaz que desde el norte mundial trazan su crueldad.
Suelo escuchar -desde la técnica virtual- ese tango que decía: "el mundo fue y será una porquería... en el 506 y en el 2000 también". Sin embargo, en la actualidad, una particularidad se volvió mundial: la crueldad y las ruinosas ciudades se vuelven rápidas y repetidas imágenes virtuales que cada quien puede ver una y otra vez. Mejor dicho, toda esa gran bélica brutalidad es incitada a reproducirse a partir de una extendida tecnificación virtual, actual y real.
La subjetividad actual (quizás sea preciso decir cierta parte y fragmento de la misma) estaría injertada, insertada, incrustada en una maquinaria realidad virtual dirigida y comandada desde cierta jerárquica empresarial que sujeta la economía libidinal, física, corporal y mental.
La subjetividad actual estaría injertada, insertada, incrustada en una maquinaria realidad virtual dirigida y comandada desde cierta jerárquica empresarial que sujeta la economía libidinal, física, corporal y mental.
La presencia técnica que visualiza las crueldades en repetidas y velocidades imágenes en las cuales somos inducidos a ser parte del entramado. Tramado a estar entre bombas y bombardeos que arrinconan y destruyen ciudades y nuestra física espacialidad que desde otro rincón de este mundo nos volvemos en sus inocentes espectadores.
Trazo mundial, insisto, virtual, actual y real. ¿La técnica nos une en una misma realidad virtual -que no deja de ser real y actual- a nuestras afecciones mentales y corporales y a los bombardeos bélicos que se impulsan desde el norte imperial? ¿Nuestra economía corporal, libidinal y campo ocular se une y constituye con la feroz técnica que se dinamiza, disemina y despliega en esos proyectiles bélicos y descomunal? ¿Entre la economía física y mental y el despliegue de los misiles y su destructividad nos une la acentuada y virulenta realidad virtual? ¿Entre la tecno corporalidad y las técnicas bélicas expandidas desde el norte imperial nos une-articula la virtualidad extendida en cada rincón de la errática cotidianidad? De ser así, se sujeta una subjetividad a estar en una economía física y corporal, afectiva y mental aquietada a lo que induce desde el gran poder bélico.
Ahora bien, si es verdad que desde los proyectiles, misiles o bombardeos uno o varios poderosos políticos incrementan sus famas y ganancias, así como uno y varios ávaros empresarios con cada virulenta reproducción y -por, sobre todo- cada venta de pantallas y celulares aumentan sus vanidades y dinerales, ¿nuestra sujeta subjetividad se potencia en cada y constante conexión virtual? ¿El aumento de conexiones virtuales incrementa nuestras capacidades y modalidades reales de obrar, pensar, sentir desde cada diverso rincón de esta corporal cotidianidad? ¿La potencia afectiva e intelectual se expande en las dinámicas luces de la era técnica virtual o más bien lo que se estaría escabullendo es una repetitiva modalidad de sujetar, capturar, arrinconar posibilidades vitales, individuales y sociales? ¿"Nuevo mundo de posibles" -como decía Guattari- se abren con conexiones virtuales o se inyecta y estimula solo realidades oculares para oscurecer aperturas de otras intrincadas realidades?
En ese-este mundo virtual acontecen muchas realidades, una de ellas es la que bombardean con imágenes y misiles que se transan con amplios intereses e incrementados dinerales. ◼
Matías Forlani
Licenciado en Psicología (UNS). Docente de Psicología Social y Psicología General, Facultad de Ciencias Sociales y Políticas, UNCUYO. Doctorando en Ciencias Sociales, FCSyP