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Alegres Corderos (de pasiones tristes). Descuentos exclusivos para la comunidad Topía en esta experiencia teatral inmersiva

 

Spinoza, el filósofo neerlandés, describió las pasiones tristes como aquellos afectos que disminuyen nuestra capacidad de actuar, nos vuelven impotentes y nos dejan a merced de fuerzas externas. Con el tiempo, vuelta a vuelta del reloj y hoja a hoja del calendario, pueden convertirse en falta de esperanza y resignación. ¿Ante qué? Ante un mundo que somete y despersonaliza, mientras nosotros, ignorantes de nuestra potencia colectiva, aceptamos como inevitables situaciones que quizá podrían ser transformadas.

Para Spinoza, las pasiones alegres, en cambio, aumentan nuestra potencia de actuar. Y esa diferencia se vuelve especialmente visible en el encuentro con otros. Mientras las pasiones tristes pueden debilitarnos y aislarnos, las alegres pueden acercarnos, fortalecer los vínculos y ampliar nuestra capacidad de actuar en común.

Un pueblo que vota su propio destino

Esta idea se pone de manifiesto en Alegres corderos (de pasiones tristes), de Fernando de Candia y codirigida por Tomás Nuñez, una experiencia teatral inmersiva que plantea una pregunta tan incómoda como actual: ¿cuál es la potencia de un pueblo cuando tiene que decidir sobre su propio destino?

Inspirada en Un enemigo del pueblo, de Henrik Ibsen, la obra transcurre en el teatro local de Punta de Agua, un pueblo ficticio y, al mismo tiempo, profundamente argentino. Allí, la minera, principal fuente de empleo y desarrollo local, genera desechos que contaminan el agua y enferman a sus habitantes. Cuando el médico del pueblo descubre lo que sucede, debe enfrentarse al poder político y empresarial. Pero en esa disputa aparece un tercer actor fundamental: el pueblo, al que hay que convencer, porque tiene el poder de decidir qué hacer con esa información.

Ahí es donde el teatro deja de ser solamente representación para convertirse en experiencia. Nadie es únicamente espectador: cada persona forma parte de la Junta Vecinal, escucha los argumentos, puede pedir la palabra, discutir y finalmente votar.

El público no observa esos afectos desde afuera: los experimenta y participa de ellos. La obra pone en escena no solo el conflicto evidente entre quienes tienen el poder y quienes no, sino la capacidad o incapacidad de unos vecinos para reconocerse como sujetos capaces de ser una fuerza colectiva de plantar bandera y hacerse escuchar.

Sin duda, es una obra de pasiones. Durante la asamblea aparecen miedo, indignación, esperanza, resignación, intereses contrapuestos y golpes de poder. El público no observa esos afectos desde afuera: los experimenta y participa de ellos.

La potencia está en las butacas

Quizás la pregunta que deja Alegres corderos no sea solamente qué decisión tomar frente a una crisis, sino qué poder tiene el pueblo para participar de esa decisión. Porque si las pasiones tristes nos llevan a aceptar el mundo tal como se nos presenta, las alegres pueden abrir otra posibilidad: encontrarnos con otros y descubrir, en ese encuentro, una potencia que individualmente no sabíamos que teníamos. En esta obra, esa potencia no está fuera de escena: está sentada en las butacas, pide la palabra y levanta la mano para votar.

Ficha técnica

Título Alegres Corderos (de pasiones tristes)
Género Experiencia teatral inmersiva y audiovisual
Lugar Ítaca Complejo Teatral — Humahuaca 4027, CABA
Horario Sábados a las 17:30
Instagram @alegrescorderos

★ Beneficios exclusivos para la comunidad Topía

 

Articulo publicado en
Septiembre / 2026

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