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Articulaciones entre el trabajo de duelo y el trabajo de sueño

 

[…] los verbos vivir y soñar son rigurosamente sinónimos.
Jorge Luis Borges

 

¿Cuáles son las ventajas de trabajar con los sueños de los pacientes que cursan un duelo?

La labor clínica se desliza entre la ciencia y el arte de encontrar y co-construir significados con los sueños de los pacientes.

 

En 1900, siguiendo un modelo neurofisiológico, Freud comienza a trabajar con los sueños y los define como un acto psíquico de pleno derecho. Cumplimiento (disfrazado) de un deseo inaceptable (sofocado por la represión), es un compromiso entablado entre estos deseos y el de dormir, en el trabajo del sueño, encargado de transformar materiales previos. (Freud, 1986, vol. IV ) El trabajo del sueño es el proceso de formación del mismo.

La censura, como guardián del dormir, actúa mediante cuatro mecanismos: condensación del material psíquico, desplazamiento, simbolización y elaboración secundaria. Tiene por función enmascarar el deseo oculto. “Todo sueño no es más que una forma particular de nuestro pensamiento, que posibilita las condiciones del estado del dormir”. El mismo procura solucionar las tareas planteadas a la vida psíquica y aliviar su tensión. No es creativo.

En 1920, en Más allá del principio del placer, introduce una excepción a la teoría del cumplimiento de deseo con las neurosis traumáticas. La pesadilla (postraumática) constituye una categoría especial de sueños: más que un uno verdadero, es memoria cargada de afecto, temor al daño proveniente del mundo externo.

 

Los autores posfreudianos pertenecientes a la escuela inglesa, entre ellos Klein, Bion, Meltzer y Bollas, enriquecen la teoría de los sueños con sus aportaciones personales.

Bion formula un modelo epistemológico de los sueños. Estudia los efectos del trastorno de pensamiento en pacientes gravemente perturbados y elabora una teoría del pensamiento basada en la experiencia emocional. Discípulo de Melanie Klein, retoma el postulado del pasaje de la posición esquizo-paranoide a la depresiva, por la posibilidad de reconocimiento del dolor y sufrimiento del otro, que se apuntala en la intervención del otro: la madre. (Bion, 2003)

La experiencia interna de ansiedad y sufrimiento del bebé se vuelve tolerable cuando es pensada y elaborada, primero por la madre desde su reverie (ensueño), especial estado de conciencia por el que ella conoce y alivia las necesidades del bebé, y luego por el niño. A este proceso lo denomina “desarrollo de la función alfa”, capacidad de transformar una experiencia física en una psicológica. Como la tolerancia a la frustración produce pensamiento, la frustración se vuelve más tolerable.

Cuando fracasa la posibilidad de usar la experiencia emocional se manifiestan graves consecuencias en el desarrollo de la personalidad, distintos grados de deterioro psicótico. Sin un  “aparato para pensar los pensamientos”, invade un terror sin nombre.[1] Los elementos beta, las cosas en sí mismas sin procesar, quedan “congelados”, imposibilitados de volverse pensamientos, por eso no es posible su uso en los sueños o en la vigilia. Ellos se utilizan en la identificación proyectiva.

La experiencia emocional durante el sueño[2] no difiere de la de la vigilia, porque soñar es una variante del pensar; ambas deben ser elaboradas por la función alfa para emplearse durante el sueño. El núcleo del sueño ya no es el contenido manifiesto sino la experiencia emocional. Esta idea será retomada por Meltzer y Bollas.

 

Meltzer, continuador de la obra de Klein, afirma que dormimos para soñar, no para preservar el dormir.

Imágenes de la vida onírica, los sueños también se manifiestan durante la vigilia, como fantasías inconcientes. Ellos no se limitan a develar lo reprimido, sino que crean nuevos significados, un tejido mental, y brindan nuevos enfoques a un problema. Son experiencias emocionales. Como soñar es pensar, el sueño se interrelaciona con la sesión: ella puede ser una asociación al sueño relatado y un sueño relatado puede ser actuado en sesión. (Meltzer, 1987)

 

Según Bollas, “[…] estudiando el mundo de los sueños de un sujeto es factible descubrir el trato dispensado por el yo al sujeto soñante’’, la relación de la persona consigo como objeto. (Bollas, 1991, pag.97)) “En el sueño somos sujeto y objeto [vemos] de qué manera trata […] el yo inconciente al sujeto que sueña: relación de objeto que expresa aspectos significativos de la lógica de cuidado de la madre”. Esto es, cómo se interiorizó la manera de tratar de la madre que lo tomó por objeto y los rasgos heredados del bebé.

La estructura del yo, postula, es la huella de un vínculo, el pasado está presente en la personalidad, no solo sepultado en forma de recuerdos en el inconciente reprimido. Una memoria de la ontogenia del sujeto, recuerdo profundo de las experiencias de la díada madre-bebé, en la que la madre proporciona una experiencia transformacional, la reverie de Bion.

Un analista-madre es aquel que ayude al paciente a expresar lo sabido no pensado, que es como Bollas denomina al inconciente reprimido nunca representado. Un saber existencial y no representativo.

 

 

Los duelos

 

En Duelo y melancolía, Freud da su ya conocida definición del duelo como reacción por la pérdida de una persona o abstracción igualmente amadas. (Freud, 1986, vol.XIV, pag.241)

Al reformular la clásica teoría, André Green se ocupa no del duelo por la pérdida de una persona amada, sino de la pérdida del el amor de la persona. “El rasgo esencial de esta depresión es que se produce en presencia del objeto, él mismo absorbido por un duelo’’. (Green, 1990, pag.216))

Si a causa de un duelo materno –por la pérdida de un ser querido o de objetos fuertemente investidos, –se interrumpe el proceso de maternaje, dejan de funcionar la gratificación y frustración maternas, y en el niño surgen sensaciones de vacío, muerte e inexistencia. Green plantea que el caso más grave se produce cuando el desencadenante del duelo materno es la pérdida de un hijo a una edad temprana. ¿Cómo se manifiesta esa “depresión blanca”? (Green, 1990, pag. 215) Según el autor, es un resultado de la transferencia. La sintomatología está relacionada con la experiencia de vacío mental e inexistencia. En oposición a la depresión ‘”negra’, la melancolía.

Resumidamente, para la elaboración del duelo blanco, el trabajo analítico ha de focalizarse en dos objetivos: matar a la madre muerta en el escenario transferencial, descrito como frío, sepulcral, congelado, y revivir al hijo muerto. La consecuencia será la puesta en marcha del interés por el mundo de los objetos. El objetivo terapéutico se basa en poder reestructurar esa parte muerta.

 

 

Análisis de una secuencia enlazada de sueños

 

 

E. se siente angustiada por la muerte de su padre, perdida, como atrapada, ocurrida tres años antes, lo que la lleva a consultar. En tiempos en que se agudizó la enfermedad de aquel, ella deja de convivir con su pareja y vuelve a la vieja casa familiar, para cuidarlo.  Tras su muerte, permanece viviendo con la madre., quien suma una pérdida más a una serie de pérdidas anteriores no tramitadas ( de sus padres y hermanos). A medida que transcurre el tiempo E. va sintiéndose cada vez más encerrada en un vínculo simbiótico con la madre, que no puede modificar. Las dos mujeres viven “duelos eternos” que se transmiten desde la cultura de la familia materna. El mandato es sacrificar la propia vida en honor al duelo, mandato que E. cumple y la atrapa.

 

Primer sueño

 

En la primera sesión cuenta un sueño “raro” que tuvo. Estaba en una cárcel y no sabía por dónde salir. Sobre el oído le caía caca de paloma. Iba a hacer un trabajo para su jefe, pero al volver ya no tenía el lugar; su lugar de trabajo se le había “perdido”. Todo estaba muy oscuro. Me siento muy angustiada.

La cárcel representa la casa materna, el ritual del duelo, el mundo de las tinieblas. Al habitarlo pierde su lugar en la vida, en el mundo externo. Se convierte a sí misma en una ofrenda. La intrusión de un desecho ( lo muerto) en su interior. Así se presenta en su primera sesión.

 

 

Tras nueve meses

 

Soñé que estaba con mucha angustia, que me ponía a llorar desconsoladamente, sin parar. (Sabe que es un sueño). No sé qué hay alrededor. Estaba con una mujer, en un lugar al aire libre, con luz, quizás agua detrás. Cuando me desperté, no estaba angustiada.

En este sueño se mantiene la angustia, pero hay elementos nuevos; pasa de la oscuridad y el encierro a la luz, al aire “libre”, la claridad. Sigue la imagen de la madre, a quien acompaña. De la imagen del excremento se pasa a la de agua: algo se está purificando, no la invade corporalmente. Con estos elementos del sueño ya no se sienta angustiada, comienza a salir de la cárcel-encierro-entierro.

 

Unos días después

 

Es extraño. Comienzo a ir a la pileta. Me encanta el agua, esta me marca cómo estoy. Sé nadar. Voy a lo profundo y si siento que me ahogo, es como qué me peleé con mi mamá. Cuando estoy angustiada, el agua (la madre) me saca el oxígeno.

En el sueño, la profesora de natación (¿la terapeuta?) me indicaba que hiciera un largo. Veo que voy hasta lo profundo de la pileta y vuelvo con tranquilidad y paz. La profesora me dice que no esperaba que fuera hasta el fondo. Ella tampoco, la paciente, esperaba poder lograrlo.

Comienza a ir a la pileta, retoma algo propio, un movimiento que le resulta placentero. Reconoce el ahogo que le produce el vínculo materno, que le saca el oxígeno y le provoca una pérdida del manejo de su cuerpo. Aparece un nuevo personaje, la profesora-terapeuta con la que va construyendo movimientos que no podía haber imaginado.

Trabajamos la evolución del sueño. Como en la novela, el personaje principal va evolucionando. Ella comienza un recorrido con angustia, sentimientos de vacío y desconsuelo, atrapada en un vínculo mortífero. Puede tranquilizarse al disminuir la angustia y recuperar su espacio personal luego de un trabajo profundo sobre dos duelos: el duelo de la madre, no tramitado, congelado, por sus propias pérdidas (familia de origen en la infancia y adolescencia de la paciente y del esposo más tarde), que ella, E., encarna y padeció a través de su historia, y el que desencadena la consulta, la pérdida del padre. Duelos congelados reforzados por el mandato cultural.

Boszormeny –Nagy subraya que “Cuando los procesos de distanciamiento no pueden ser llevados hasta el final, es porque existen duelos más antiguos no resueltos, que fragilizan todas las ulteriores experiencias de toma de distancia.” (En: Goldbeter-Merinfeld, 2003, pag.142 ).

Paul et al. (1965) encuentran en este tipo de familias una gran resistencia al cambio, se encuentran en un “estado de equilibrio congelado” con una necesidad de reencontrar el objeto perdido. El paciente pasa a ser “ blanco y portador de portador de sentimientos ambivalentes, …lo que mantiene su papel patológico y refuerza su sintomatología”. Estos autores observan una conexión entre “la respuesta desadaptada a la pérdida y la cristalización de los vínculos simbióticos en la familia”. (Goldbeter-Merinfeld, pag.143)

 

El trabajo onírico muestra una correspondencia con los cambios que la paciente realiza en su vida: al comenzar a salir del atrapamiento en la relación con la madre produce una apertura en sus vínculos, amplía sus intereses, comienza a estudiar literatura y se permite armar un espacio propio dentro de la casa familiar.

 

Susan Olson afirma que: “Los sueños, durante el duelo, sirven como una guía en el camino del dolor psíquico. Nos muestran las pistas del proceso de duelo, dónde se encuentra, hacia dónde se dirige y cuál es el trabajo que todavía se debe realizar”. (Olson, 2010, pag.7)

Mogenson, afirma que la psique “[…] es creada en gran parte por el proceso de duelo en sí mismo. Cuanto más precisas imaginamos nuestras pérdidas, más psicológicos nos volvemos. El duelo es un proceso creativo muy intenso”. (Mogenson, 1992)                 El duelo es una renuncia.

 

El artista Paul Klee señala que “No se trata de reproducir lo visible, sino de hacer visible lo invisible. No ahogar ni clausurar su poder de insinuación. Lo visible no importa como ya visto, sino como promesa de algo entrevisto…lo invisible no es el reverso de lo visible, sino su promesa.” (Klee, 1940)

 

Considero que la articulación entre trabajo de sueño y trabajo de duelo en el ámbito terapéutico permite hacer visible lo invisible, poder representar  lo que sólo era un saber existencial, siguiendo a Bollas, lo sabido no pensado. La promesa de recuperación de algo que quedó perdido o congelado.

 

 

Notas.

 

  1. Estado de ansiedad terrorífico, difuso, resultado de la falta de capacidad de contención o reverie materna.
  2. Bion produce un giro en la teoría del sueño de Freud : éste no es el guardián del dormir, sino que dormimos para soñar.

 

 

 

Bibliografía.

Bion, Wilfred. Aprendiendo de la experiencia. Ed. Paidós. Barcelona. 2003.

Bollas, Christopher. La sombra del objeto. Psicoanálisis de lo sabido no pensado. Amorrortu Editores. Buenos Aires. 1991.

Bollas, Christopher. El momento freudiano. Ediciones Karnac. Londres. 2015.

Freud, Sigmund. (1900) La interpretación de los sueños. Amorrortu Editores. Buenos Aires. 1986.

Freud, Sigmund. Más allá del principio del placer. (1917) Amorrortu Editores. Buenos Aires. 1986.

Goldbeter-Merinfeld, Edith. El duelo imposible. Las familias y la presencia de los ausentes. Editorial Herder. Barcelona. 2003.

Green, Andre. Narcisismo de vida, narcisismo de muerte. Amorrortu Editores. Buenos Aires. 1990.

Klee, Paul (1940). Teoría del arte moderno. Editorial Cactus. Buenos Aires. 2007

Meltzer, Donald. Vida onírica. Una revisión de la teoría y la técnica psicoanalítica. Tecnipublicaciones. Madrid. 1987.

Mogenson, Greg. Greeting the angels: An imaginal view of the mourning process. Baywood Publishing. Amitiville. NY. 1992

Olson, Susan. By grief transformed. Dreams and the mourning process. Spring Journal Books. New Orleans. 2010.

 

 

 

 
Articulo publicado en
Enero / 2020

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