El cuerpo, en el teatro participativo y en el arte como transformador subjetivo, institucional y social | Topía

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El cuerpo, en el teatro participativo y en el arte como transformador subjetivo, institucional y social

 

El cuerpo es el principio... el cuerpo habla siempre... Poner el cuerpo...

Pienso al cuerpo como una herramienta potente de creación del ser humano y de múltiples posibilidades de vincularse con el otro. El cuerpo no sólo tiene la capacidad de transportar nuestras ideas, nuestros sentimientos y sensaciones, nuestra subjetividad, sino que en sí tiene su propio lenguaje, y concientemente utilizamos escasamente ese lenguaje, y generalmente, sin saber que nuestro cuerpo piensa, siente, hace y comunica todo el tiempo, permanentemente,

Es necesario descifrar los códigos del lenguaje del cuerpo (incluyo la palabra, que es parte de nuestro cuerpo, es un elemento sonoro del cuerpo); el cuerpo es un territorio vivo, poco explorado como lenguaje, salvo artistas como los bailarines, los mimos, la expresión corporal o algún tipo de teatro y algunos otros, alcanzan algún nivel de conocimiento y de las posibilidades del lenguaje corporal.

Nuestra formación como sujetos sociales está basada y desarrollada desde una estructura del lenguaje verbal; a la palabra la hemos desarrollado hasta el máximo de sus posibilidades y formas, aunque no la utilicemos en forma continua. Mientras tanto el cuerpo habla siempre, el cuerpo escucha, el cuerpo dialoga, el cuerpo siente, el cuerpo se mueve, el cuerpo piensa, el cuerpo produce, el cuerpo une y separa, el cuerpo revoluciona, el cuerpo es silencio y es sonido, el cuerpo comunica, el cuerpo vincula, el cuerpo acciona, el cuerpo transmite, el cuerpo es vida, el cuerpo es muerte... y hasta en ese momento el cuerpo habla.

 

Mi experiencia personal en abordar el cuerpo se inicia desde el Mimo Contemporáneo, pasando por el Teatro Participativo con las experiencias sociales y últimamente, como las del Frente de Artistas del Borda, o sea relacionando permanentemente al CUERPO con el arte en su rol de transformador subjetivo, institucional y social.

Hace muchos años atrás como estudiante de un teatro básicamente de texto, tuve la necesidad de recorrer alguna formación artística más corporal, sentía incompleta mi formación como actor y leyendo un afiche de Ángel Elizondo recién regresado de Europa donde anunciaba los cursos de MIMO Y EXPRESION CORPORAL... y ahí fui y de ahí vengo.

Vengo de una larga formación y de experiencia conceptual y técnica del Mimo Contemporáneo, basado en técnicas y conceptos del lenguaje corporal. El Mimo Contemporáneo trabaja con todo el cuerpo, con la acción corporal. Poner en igualdad las posibilidades de expresar, comunicar, transmitir, crear, hacer a través del cuerpo, sean éstas en forma independiente, parciales y totales.

 

En toda estructura teatral convencional, basada en la representación y en la ficción, desde los escenarios convencionales y con el público en función de espectador, que especta, que mira, que siente, que piensa... pero en ese momento de la representación teatral no acciona corporalmente... no pone el cuerpo totalmente, no hay participación activa plena, total, y por lo tanto no influye en esa estructura de representación teatral.

Esta convención teatral basada en un sistema de comunicación cerrada, donde un grupo de actores, mimos, o bailarines desde un escenario con sus cuerpos envían mensajes, ideas, sentimientos a través de una dramaturgia y puesta de escena, que el público o espectador desde su lugar, recibe, decodifica pero en ese momento no puede devolver corporalmente... a lo sumo, reír, llorar, emocionarse, pensar... pero su cuerpo no acciona y si lo hace es forma limitada, desde la posición sentada la mayoría de las veces y pasiva. En general sucede esto, sabiendo que existen excepciones en el teatro contemporáneo.

 

A partir de esa limitación formal y conceptual, comencé a estructurar un tipo de teatro que llamé Teatro Participativo... esa necesidad de buscarle al cuerpo una mayor participación de la gente-público en el hecho teatral, y una actitud corporal distinta del actor: poner el cuerpo en la realidad social. Para ello estructuré un dispositivo de formación, investigación y realización basado en la utilización de espacios reales-cotidianos, trabajar en y desde la realidad para transformarla, y con la participación plena del público y actores. En un sistema de comunicación abierta y participativa.

 

Con respecto a los espacios reales pueden ser abiertos y cerrados, fijos o en movimiento... Porque en los espacios reales-cotidianos, cualquier persona ha circulado, circula y puede circular. Es un espacio propio, conocido, su cuerpo lo acepta, lo reconoce, no le es ajeno, no lo inhibe. Puede accionar con mayor libertad, participar activamente. La participación de la gente puede ser individual, grupal, institucional y comunitaria-social.

En referencia a la realidad, trabajar en y desde la realidad, es justamente eso... desde la realidad de ese espacio real-social elegido (no transformado) situamos acciones (situaciones) que nos lleven a una nueva realidad...

En ese dispositivo se intenta transgredir todos los comportamientos y vínculos corporales sociales convencionales, para buscar nuevas formas de expresión, de creatividad y comunicación a través del cuerpo, de la comunicación con el cuerpo, porque el cuerpo siempre habla... el cuerpo siempre comunica... y poner el cuerpo en la realidad.

 

El Teatro Participativo se caracteriza por sacar el teatro a la “calle” y la experiencia del Frente de artistas del Borda (FAB) se caracteriza por sacar la locura a la calle, ponerle el cuerpo a la locura.

La experiencia del FAB está pensada y llevada a cabo desde conceptos y técnicas del Teatro Participativo, trabajando en y desde la realidad para transformarla, haciendo participar a la gente, partiendo de la acción corporal, utilizando el lenguaje corporal cotidiano-real que le permita vincularse permanentemente, tanto a las personas que lo habitan como a las que trabajan en el manicomio.

Hacer participar a esta institución manicomial con el afuera, vincularla, relacionarla con otros instituciones-cuerpos del afuera. Realizar un montaje participativo de instituciones y producir mensajes, ideas, sensaciones, que generen una nueva realidad en esa realidad institucional, y cuyo objetivo o desenlace es la desmanicomialización.

 

El Borda...

 

El Borda, Barracas. Zona sur, zona de barracas, de depósitos.

Zona sur... zona de exclusiones, de depósitos de personas

un largo muro con rejas separa el adentro y el afuera,

donde adentro viven 1000 cuerpos tristes

En un poema de Julio Garber.

“yo vivo... tú vives... él vive...

nosotros vivimos...

¡Entonces que nos dejen!!!!.

¡Entonces que nos dejen!!!!

¡ENTONCES, QUE NOS DEJEN!!!!”

Suena como un grito que pocos escuchan

Adentro y afuera.

Es un grito descarnado de 1000 cuerpos,

pienso que son otros 1000 desaparecidos

Son los gritos descarnados, silenciados

por un sistema cerrado que los controla,

un sistema sin habla, sin tiempo renovador.

Gritos contenidos en un hospital (¿hospital?)

que a veces se parece a una cárcel.

Aparece el poder, la soberbia, el amo

el enfermo, el esclavo, los silenciosos, el pueblo.

Otra vez el Sistema que acalla los gritos,

los delirios, lo loco, lo nuevo, lo revolucionario.

Adentro y afuera.

la lucha está dada entre los que sostienen el sistema y

los que intentan cambiarlo hasta nunca más.

Nunca más, momento en que esos gritos silenciados

se escuchen, circulen entre nosotros,

que vuelvan a ser gritos de lucha,

Voces de vida, desde el manicomio,

desde la cárcel, desde la villa, desde el pueblo.

El arte y el Borda. Para Nunca Más el Borda.

Entonces ese día, (permiso Julio Garber)

Yo vivo... tú vives... él vive...

Nosotros vivimos...

¡¡¡Entonces vivamos!!!

¡¡¡ENTONCES VIVAMOS!!!

 

Entonces, en el Borda, en ese contexto, en ese espacio real, se crea el FRENTE DE ARTISTAS DEL BORDA... que a través de talleres artísticos, coordinados por artistas y psicólogos y/o psicólogos sociales, se transforman en un espacio creativo, donde se procesan técnicas y conceptos de cada disciplina a nivel de la formación y experimentación hasta llegar a la producción artística, que luego se convierten en espectáculos, recitales, o exposiciones en teatros, centros culturales, facultades, hospitales, festivales, congresos entre muchas otras presentaciones, teniendo como objetivo la desmanicomialización, el arte contribuyendo a procesos alternativos al manicomio estatal y privado.

 

Esta práctica coincide con una ideología, la del artista que se enrola en el arte contestatario y transformador. El arte y el artista se pueden dividir en dos corrientes; una, el reproductor y afianzador de estructuras y sistemas artísticos, políticos y sociales, o la de asumir una posición transformadora y revolucionaria.

Enrique Pichon Rivière definió al artista “… como personaje de nuestro tiempo tiene que abordar los problemas de cualquiera de sus semejantes, pero con la diferencia que él se anticipa y por ser anticipado se le adjudican las características de un agente de cambio”…aquí el Teatro Participativo, desde una estructura basada en el lenguaje del cuerpo (pleno y total) revoluciona la realidad, para generar nuevas realidades, donde el arte desplegado en las etapas de formación del individuo y de los grupos, donde el arte mezclado permanentemente en la vida cotidiana para hacerla más sensible, más solidaria, más democrática, más inteligente, más creativa, más humana, mejor vida.

 

Alberto Sava

Artista y Psicólogo Social

Fundador y Director del Frente de Artistas del Borda.

albertosava [at] speedy.com.ar

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Articulo publicado en
Noviembre / 2009

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