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La historia de la desaparecida Federación Argentina de Psiquiatras (FAP)

 

Este trabajo fue presentado en el XVI Congreso Argentino de Psiquiatría organizado por APSA, Mar del Plata, Marzo de 2000. El mismo forma parte de una investigación que los autores están realizando, hace más de dos años, sobre la historia de la Salud Mental en la Argentina desde 1957 hasta 1983.

La FAP se creó el 8 de octubre de 1959 y finalizó su experiencia en diciembre de 1983. Debido a la brevedad de la exposición abarcaremos el primer período que concluye en 1969. Durante esos años encontramos las contradicciones y tensiones, entre los diferentes grupos de psiquiatras, para constituir una organización gremial, profesional y científica que lleve adelante un proyecto en el campo de la Salud Mental. El surgimiento de esta nueva problemática se produjo a partir de los cambios que se habían realizado en nuestro país y en el mundo al finalizar la segunda guerra mundial, momento en el cual el capitalismo necesitó reformular un nuevo pacto social en el que debía asegurar el desarrollo económico. Para ello, el Estado se encargaba de la seguridad social y económica de los ciudadanos. Este denominado “Estado de Bienestar” planteó una respuesta a la crisis del capital y al problema del empleo, con un Estado activo que utilizaba los mecanismos de redistribución social en la producción de servicios sociales para el conjunto de la población. Desde esta perspectiva, el proceso de transformación del orden manicomial está determinado por esta dinámica política y económica, donde los manicomios fueron reestructurados dando cuenta de nuevas experiencias institucionales como las Comunidades Terapéuticas, los Hospitales de Día y el trabajo preventivo con la comunidad, utilizando los instrumentos que proporcionaba el psicoanálisis, la psicología institucional y la psiquiatría social. Es aquí donde apareció el concepto de “campo de la Salud Mental”, como aglutinador de esta nueva corriente que pretendía superar el manicomio como forma de asistencia. Recordemos que, en esos momentos, la mitad de las camas de internación en el mundo eran psiquiátricas. Es así como se realizó el cambio del sistema de Salud en EEUU, en Inglaterra, en Francia la llamada reforma del Sector y la importante reforma en Italia realizada por Franco Basaglia. En la Argentina esta política coincidió con la imposición del desarrollismo como estrategia económica, política y social en el período tecnocrático del gobierno de Arturo Frondizi y durante la dictadura de Onganía. Los mojones de estos cambios comenzaron con la creación del Instituto Nacional de Salud Mental en 1957; las nuevas carreras de Psicología en Rosario en 1954 y, en 1957 en la Universidad de Buenos Aires junto con Antropología, Sociología y Ciencias de la Educación. Por último, el primer Servicio de Psicopatología en un Hospital General, ganado por concurso por Mauricio Goldenberg en Lanús, Provincia de Buenos Aires.

Todos estos hechos tenían como objetivo el descentramiento de la psiquiatría y los manicomios como únicos actores en la enfermedad mental. De ahí la configuración de un nuevo campo: la Salud Mental, que abarcaba distintos actores e instituciones. La mayoría de los psiquiatras apoyaron parcialmente este tránsito, porque en definitiva, les sacaba parte del poder de ser los únicos “dueños” de la enfermedad mental.

En este contexto histórico, el 8 de octubre de 1959 en la ciudad de San Luis y en el marco de la III Conferencia de Asistencia Psiquiátrica, organizada por la comisión Argentina Asesora de Salud, se creó la Federación Argentina de Psiquiatras (FAP). Uno de los temas de esta Conferencia fue el de “Títulos habilitantes para el estudio y tratamiento de los enfermos psíquicos”. El relato oficial fue presentado por Carlos Sisto, Omar Ipar y Dichiara, el ala más conservadora de la Psiquiatría, cuyo título era: “Encrucijada actual de la psiquiatría”. En el mismo, alertaban sobre los riesgos “frente a la invasión de actores extraños a la medicina, dispuestos a desvirtuar toda su historia, su técnica y sus penosas conquistas terapéuticas”. El monopolio psiquiátrico de los tratamientos estaba siendo cuestionado por la influencia que comenzaba a tener el psicoanálisis y por las nacientes Carreras de Psicología del país. A pesar de que en la discusión desarrollada en las Mesas Redondas, los profesionales que intervinieron, aceptaron que el psicólogo podía participar en el diagnóstico y el tratamiento de un paciente, las conclusiones de la Conferencia siguieron la opinión del relato oficial. Esto fue que “deben ejercer la psicoterapia únicamente los médicos”. Y se logró, dicha conclusión, mediante una moción de orden por la que no se discutió lo resuelto por las Mesas Redondas. Si hubiera habido votación, la balanza se hubiera inclinado a favor de los psicólogos. El debate terminó a las trompadas, literalmente, y con el retiro de la delegación de alumnos de Psicología de la Universidad de Rosario.

De esta manera la Federación Argentina de Psiquiatras (FAP) surgió para insertar a los psiquiatras dentro del nuevo campo de la Salud Mental. Pero, a la vez, como una defensa corporativa de los propios psiquiatras frente a los nuevos movimientos. Esta contradicción produjo tensiones en la FAP cuyas consecuencias, como veremos a continuación, se manifestaron durante sus primeros diez años.

En 1960 se realizó la IV Conferencia de Asistencia Psiquiátrica en Buenos Aires, donde se aprobaron los estatutos de la FAP y se organizó federativamente, dividiendo el país en siete regiones: Noroeste, Nordeste, Centro, Litoral, Sur, Cuyo y Capital Federal. Cada regional nombraba sus autoridades que, a su vez, estaban representadas en las asambleas generales por delegados.

Desde su creación se propuso como un organismo científico, profesional y gremial.

En sus fines se mezclaron tanto la defensa corporativa como la promoción de la prevención, el mejoramiento global de la asistencia, la investigación y la educación.

A través de sus estatutos, la FAP se alineaba en el mismo camino de las “cartas de buenas intenciones” para la Salud Mental que la Argentina, de fines de los 50, había escrito. Solamente buenas intenciones, ya que la FAP quedó, hasta fines de la década del '60, como una organización que no tuvo poder efectivo.

Las ideas acerca de la Salud Mental habían multiplicado organismos y agrupaciones, muchas de ellas, de características burocráticas. No sólo se había creado el INSM, también las Comisiones Asesoras, como la Comisión Nacional Asesora de Salud Mental –interdisciplinaria y elegida políticamente por el reglamento del INSM-; y la Comisión Argentina Asesora en Salud Mental (CAASM), organismo privado fundado por los propios psiquiatras y, antecedente directo de la FAP. Acerca de esa época, Cesar Cabral, psiquiatra reflexólogo y participante activo en organizaciones de esa época, comentó: "Todo el año 1955 estuvimos discutiendo qué se podía hacer con la psiquiatría, y durante 1956 teníamos una idea más clara: convocar a una reunión de psiquiatras para discutir específicamente el problema de la asistencia. Anteriormente los psiquiatras se congregaban en jornadas o congresos para discutir temas ‘psiquiátricos’. Entonces pensamos en descentrar el problema y crear algo que se ocupara específicamente del problema de la asistencia y provocar un cambio. Por mucho tiempo mantuvimos una discusión teórica, si era justo segregar la asistencia psiquiátrica del contexto general de la asistencia del país, o si era factible hacer un plan de asistencia psiquiátrica independientemente de lo que pasara en el plano general. Si lo psiquiátrico estaba tan mal, entonces había una legalidad para hacer una separación para dar impulso a lo psiquiátrico; porque si quedábamos sujetos a un Plan Nacional entonces íbamos a quedar relegados y no se iba a poder obtener recursos efectivos de los poderes públicos".

Gervasio Paz, psiquiatra reflexólogo y presidente de la FAP durante la década del 70 planteó que: “después de la Revolución Libertadora se creó la Comisión Argentina Asesora de Salud Mental. En esta comisión entró todo el mundo. Psiquiatras del interior y de la Capital. Pero en general con formación académica, y con un espectro ideológico que iba de la derecha al centro y a la izquierda. De ahí surgió una Comisión que organizó los primeros Congresos de Psiquiatría, y en esa Comisión estuvieron Pichon Rivière, Bleger y Goldenberg, entre otros. La FAP no será nada más que el desarrollo de esa Comisión, su ampliación y su institucionalización con la tentativa de ser un gremio profesional, no meramente un organismo que convocaba Congresos. Sería la primera organización de los psiquiatras. Juntó gente de todas partes.”

A los psiquiatras de esa época los podemos dividir en dos grupos. Un grupo al que llamaremos manicomial, integrado por los defensores del sistema de hospicios, como Carlos Sisto, Omar Ipar y otros directivos de los manicomios del país. El otro grupo lo denominaremos reformista, y estaba integrado por quienes se oponían a la situación de los manicomios y querían modificar sus estructuras. Esta división hizo que los lugares de poder se convirtieran en cargos formales ya que, no había homogeneidad en ningún proyecto debido a sus diferencias teóricas, técnicas e ideológicas.

El grupo de psiquiatras reformistas estaba heterogéneamente compuesto: convivían psicoanalistas como Enrique Pichón Rivière, Raúl Usandivaras, Horacio Etchegoyen, Jorge García Badaracco; psiquiatras dinámicos como Mauricio Goldenberg y Guillermo Vidal; y reflexólogos como Gregorio Bermann y Gervasio Paz. Las contradicciones, entre ellos, no les permitían encontrar el camino más adecuado para salir de la vieja psiquiatría. Las diferencias eran teóricas, en cuanto al abordaje de la Salud Mental, pero sobre todo ideológicas y políticas (abarcaban el arco que iba desde el radicalismo hasta el comunismo pasando por el socialismo). Esto dificultaba acuerdos básicos entre ellos.

Por eso, a pesar de que los Estatutos de la FAP revelaban preocupaciones y compromisos, estos quedaron como una declaración de principios, hasta fines de la década del ‘60.

En este sentido, Gregorio Bermann escribió en 1965 que "Con una buena dirección, la FAP puede llegar a ser, no sólo el organismo que unifique a los psiquiatras del país, sino también un poderoso factor de progreso de la especialidad". La FAP, con más de cinco años de existencia seguía siendo una de las tantas esperanzas fallidas.

Es necesario pensar por qué, a principios de los '60, este heterogéneo grupo reformista de la psiquiatría se encontraba con inconvenientes para las reformas concretas en el campo de la Salud Mental.

En principio había factores externos al mismo grupo. El poder lo seguían teniendo los psiquiatras manicomiales, eran directores de los manicomios, como O. Ipar del Neuropsiquiátrico de Buenos Aires, o su sucesor Carlos Sisto. No se habían implementado reformas significativas en el Sistema de Salud Mental, con lo cual el manicomio siguió siendo el eje de la Psiquiatría y Ellos, sus dueños, es decir, Directores, Jefes de Cátedra, partícipes de Comisiones Asesoras, etc. De allí la importancia del Servicio de Goldenberg en Lanús ya que era la demostración, en los hechos, de que otra Salud Mental era posible, aunque en la periferia; cuando intentó llegar al centro, las posibilidades de transformación mostraron sus límites.

El episodio clave fue el Concurso por la Titularidad de la Cátedra de Psiquiatría. Allí Mauricio Goldenberg fue derrotado a raíz de una oscura maniobra de los psiquiatras manicomiales. Los hechos se desarrollaron entre 1964 y 1966. No era sólo un Concurso, se disputaba cuál era la versión oficial de la Psiquiatría. A Goldenberg y su grupo se los toleraba fuera de Buenos Aires, pero no presidiendo la denominada, así con mayúscula “Cátedra en el Hospital”, es decir, el Neuropsiquiátrico de varones de Buenos Aires. En el sorteo, el jurado había quedado compuesto por Raúl Usandivaras y Horacio Etchegoyen, que se presumía serían favorables a Goldenberg. Se habían presentado, además de Goldenberg, Ramón Melgar y Juan J. Betta.

Muchos años después Horacio Etchegoyen comentó este episodio:

"En el manicomio pensaban que yo iba a nombrar a Goldenberg, cosa que era absolutamente cierta, porque la diferencia entre Goldenberg y los otros era sideral. Si alguno de los otros lo hubiera superado, lo hubiera elegido. Entonces me hicieron un problema para descalificarme como jurado. Yo era profesor titular contratado en Mendoza, y estaba por terminar mi contrato. Preferí presentarme a concurso antes de que me nombraran de nuevo como contratado. Lo que hicieron fue atacar mi propio concurso en Mendoza. Sacaron a la luz el trabajo que yo había presentado en la APA acerca de un tratamiento, donde repetía algunas de las "malas" palabras del paciente, lo exponía como material clínico. Empezó la guerra para no nombrarme profesor titular y poder sacarme de jurado. Mendoza no era tan importante; lo importante era sacarme de esa facultad para invalidarme como jurado en Buenos Aires. Así que me acusaron de ‘pornográfico’. Mucha gente que estaba contra el grupo reaccionario del hospicio me defendió. Hubo quien me sugirió renunciar al jurado, y que no iba a haber problemas con el concurso de mi cátedra en Mendoza. No lo hice. Son cosas innegociables para mí. Después de esa situación la Oficina Panamericana de la Salud, que había decidido que mi cátedra fuera modelo para toda Latinoamérica, me otorgó una beca para ir a perfeccionarme a Londres en 1966, donde finalmente me fui a vivir."

En esta lucha hubo contradicciones y rupturas en el grupo reformista, por ejemplo, mayoritariamente, el Centro de Estudiantes de Medicina apoyó a R. Melgar, que era radical. Goldenberg no tenía un apoyo político, aunque sí un lugar importante y relaciones dentro del campo de la Salud Mental.

Finalmente, Ramón Melgar se convirtió en el titular de la “Cátedra” en 1967. Por su parte, Mauricio Goldenberg tampoco hubiera llegado a ser titular, de haberse resuelto a su favor dicho concurso, ya que seguramente habría sido de aquellos que renunciaron en repudio a la intervención de la Universidad realizada por la dictadura de Onganía y

 conocida como “La noche de los bastones largos”.

Por otro lado, encontramos que también había factores internos en este grupo reformista que le impedían realizar acciones concretas. Mencionaremos:

1- La defensa de la psiquiatría: Todos ellos se proponían el pasaje de la psiquiatría a la Salud Mental, pero manteniendo la psiquiatría como disciplina hegemónica. Esto significaba que tenían una defensa corporativa en la apropiación exclusiva del campo de las psicoterapias. También ellos se oponían a que los psicólogos realizaran psicoterapia, cuestión que consideraban patrimonio exclusivo de los médicos psiquiatras. Como dice Sally Schneider, una de las primeras psicólogas recibidas en la UBA y miembro del equipo de Mauricio Goldenberg: "No era que abiertamente los psicólogos podíamos atender en el Lanús, sino que Goldenberg me decía que en mi caso podía tomar pacientes, por mis capacidades". Con lo cual, el campo de la Salud Mental que este grupo alentaba quedaba confinado a los psiquiatras. De esta manera impedía que los psicólogos y otros profesionales se sumaran a sus propuestas.

2- Las diferencias teórico - ideológicas: Las diferentes luchas entre ellos hicieron que no conformaran un grupo de poder. En lo teórico, el psicoanálisis era un punto de discusión insoslayable. El grupo de Psiquiatras Reflexólogos -Thenon, Bermann, Paz, etc.-, aliados con los psiquiatras manicomiales atacaban a los psicoanalistas. En ese punto es paradigmática la polémica de los psiquiatras del PC con Bleger. Por otro lado, en cuanto a la ideología iban desde la izquierda (en ese momento mayoritariamente del Partido Comunista), como los reflexólogos, a socialistas independientes, como Goldenberg, a radicales como Etchegoyen. Es de destacar que, en esta época, los acuerdos y diferencias políticas estaban absolutamente relacionados con las perspectivas ideológicas y científicas.

En este sentido, la FAP, a principios de la década del ’60, se convirtió en un lugar vacante, una posibilidad. Se había convertido en una institución con muchos jefes. No pudieron tener influencia sobre los psiquiatras más jóvenes, ni en los psicoanalistas, los cuales se mantuvieron ajenos a ella.

Aunque ciertos cambios empezaban a producirse, se necesitaba aumentar el número de asociados. Esta situación comenzó con la maniobra para impedir que Goldenberg ganara el concurso de la “Cátedra”.

En un texto, escrito mucho tiempo después, la psicoanalista Marie Langer recordó que: “La Federación Argentina de psiquiatras era una organización profesional bastante dormida y tradicional en sus métodos profesionales todavía a mitades de los sesenta y su cercanía a los comunistas no le ayudaba mucho a despertar. La historia de la nueva FAP comenzó hacia 1964, cuando Mauricio Goldenberg pretendía, con todo derecho, la titularidad de la cátedra de psiquiatría. Mauricio tenía con la APA una relación muy buena y, de hecho, ayudaba mucho a sus discípulos psiquiatras para que entraran en la Asociación a formarse como psicoanalistas. Por esos días vino a la Comisión Directiva de la APA uno de esos discípulos a pedirnos que el mayor número de los miembros de APA ingresáramos en la FAP porque desde ahí podríamos apoyar la candidatura de Mauricio. Entramos masivamente en la FAP; Mauricio Goldenberg no logró la titularidad porque en ese momento se produjo el golpe militar de Onganía que clausuró la Universidad. Pero nosotros, pagando nuestra cuota mínima y sin colaborar en nada, seguimos perteneciendo a FAP.”

A fines de 1966 comenzaron las transformaciones institucionales, al ser elegida una nueva Comisión Directiva presidida por Guillermo Vidal. Esta surge a partir de una alianza de los psiquiatras reformistas del interior con los de Buenos Aires.

En 1967 se inició la publicación de la Gaceta Psiquiátrica, el boletín oficial de la FAP. Ya en ese primer número, se evaluaba críticamente lo hecho hasta octubre de 1967 y cómo la FAP nunca había funcionado efectivamente. En un fragmento del texto se plantea que: "Diversas causas impidieron su desenvolvimiento. Entre éstas deben destacarse, por su especial trascendencia, la precaria estructura federal que se le imprimió de entrada y la falta de una categorización de sus miembros... No nos llamemos a engaño. La FAP está en marcha, mas todavía es mucho lo que falta para que entre de lleno en el terreno de los hechos tangibles. Por ahora no pasa de proyecto. Un proyecto halagüeño, ciertamente, pero mero proyecto al fin."

La unidad buscada en la FAP también estaba en sus actividades científicas que se intentaban abiertas y convocantes. En Octubre de 1968, la regional Capital realizó un coloquio sobre Esquizofrenia, incluyendo a cuatro expositores de diferentes perspectivas teóricas y clínicas: Mauricio Goldenberg (enfoque psiquiátrico), Edmundo Fischer (enfoque biológico), Julio Ortiz de Zárate (enfoque genético) y David Liberman (enfoque psicoanalítico).

Ese año también se cambiaron los Estatutos de funcionamiento. La siguiente generación de psiquiatras reformistas (muchos de ellos ligados al psicoanálisis y a la izquierda) comenzó a tener una participación efectiva en la dirección de la FAP, lo cual permitió ir incorporando a la psiquiatría en el campo de la Salud Mental.

Gervasio Paz, uno de sus protagonistas, recordó en una entrevista:

“Después de renunciar a la UBA me llegó una propuesta de entrar en una Comisión de la FAP, que empezaba un período de renovación. Había sido un sello que había quedado en algún escritorio de algún funcionario de la época. Por un acuerdo entre Mauricio Goldenberg, Guillermo Vidal y otros psiquiatras se formó una primera Comisión renovada. En esa Comisión estábamos Valentín Barenblit, Vicente Galli, Dicky Grimson, Silvia Bermann, entre otros. Después de un tiempo Guillermo Vidal renuncia, en buena medida, porque poco a poco la FAP comienza a politizarse.”

De esta forma, la mayor parte de los psiquiatras reformistas llegaban a ciertos consensos para ubicar a la FAP como una organización que podía ayudar a la transformación de la situación de los psiquiatras y de la Salud Mental. Pero la misma no sólo era entendida como una lucha científica y gremial sino también política. En este sentido, algunos psicoanalistas que expresaban su descontento en la APA comenzaron a nuclearse en la FAP. La mayoría de ellos pertenecían a los grupos Plataforma y Documento que, en 1971, realizarían la primera ruptura en la APA. Es así como Emilio Rodrigué, José Bleger, Emiliano Galende y Marie Langer trabajaron en la dirección de la FAP en los años siguientes.

Sí la política estaba en la FAP era porque expresaba un momento particular de nuestro país. En mayo de 1969, se inició una huelga general cuya consecuencia fue una eclosión social en la ciudad de Córdoba que desbordó las fuerzas policiales y militares. Este hecho, que se conoce como “el Cordobazo”, fue el comienzo del fin de la dictadura de Onganía, y marcó un punto de inflexión en las luchas sociales y políticas de la Argentina. La política comenzó a ser la protagonista, y la Federación Argentina de Psiquiatras a movilizarse en el campo de la Salud Mental. Ya no proponían, únicamente, una defensa corporativa de los psiquiatras. El editorial de fines de 1969 era elocuente: “Debemos hacer una unión indestructible de toda la familia psiquiátrica en defensa de nuestros intereses, que no son otros que los intereses de la salud de nuestro pueblo. Pero debemos terminar con los grupos, con los localismos...” Se iniciaba la inclusión dentro del campo de la Salud Mental, a ésta dentro de la Salud y, finalmente, a los psiquiatras con el conjunto de los trabajadores. Se volvía impensable no tener en cuenta a los demás en la defensa de las cuestiones propias. Esto llevaría a que, unos años después, se conformara la Coordinadora de Trabajadores de Salud Mental (CTSM), en la cual participaba la FAP junto con la Asociación de Psicólogos de Buenos Aires, la Asociación de Psicopedagogos, la Asociación de Asistentes Sociales y los psicoanalistas que habían realizado la primera ruptura con la APA.

Comenzaba la década del ‘70. Éste es otro momento histórico. La FAP realizó sus actividades en todo el país. Se inició la experiencia de la Coordinadora de Trabajadores de Salud Mental con el Centro de Docencia e Investigación (CDI), proyecto, aún hoy novedoso, de formación interdisciplinaria. Pero la represión ejercida por grupos de derecha, como la Triple A y luego la dictadura militar diezmaron las organizaciones profesionales y gremiales. La FAP llegó hasta el final de la dictadura.

Emiliano Galende recordó: “...En diciembre de 1983 cerramos las puertas de la FAP en Capital (no sin cierto orgullo de haber transportado hasta allí su nombre y sus banderas), conscientes de que se abría un nuevo tiempo histórico y de que éste requería de nuevas ideas y nueva organización”.

La FAP quedó en el pasado como una desaparecida. No sólo su historia, sus siete “Congresos Argentinos de Psiquiatría” no quedaron en la memoria, ya que la numeración de los actuales “Congresos Argentinos de Psiquiatría” partieron de desconocer los anteriores. El comienzo de nuevos tiempos históricos y la necesidad de nuevas organizaciones no implican negar el doloroso pasado. Necesitamos de experiencias anteriores para nutrirnos y así construir un futuro mejor.

Bibliografía:

Alberti, José María, Reformas y Contrarreformas, Políticas de Salud Mental en Argentina, Fotocopia de la versión preliminar de su tesis de doctorado, Río de Janeiro, Julio 1996.

Bermann, Gregorio, La Salud Mental y la asistencia psiquiátrica en la Argentina, Paidós, Buenos Aires, 1965.

Borinsky, Marcela, “La disputa por la psicoterapia: la encrucijada de la psicología entre la crisis de la psiquiatría y el psicoanálisis en los comienzos de la década del 60”, artículo inédito, Buenos Aires, octubre 1998.

Langer, Marie, Memoria, Historia y diálogo psicoanalítico, Folios Ediciones, Buenos Aires, 1984.

Gaceta Psiquiátrica, órgano oficial de la Federación Argentina de Psiquiatras, Nº1, Octubre 1967, Nº2 septiembre 1968, Nº3 Abril 1969 y Nº4 noviembre 1969, Buenos Aires.

Entrevista a Cesar Cabral realizada por Pablo Troianovsky.

Entrevistas a Gervasio Paz, Sally Schneider y Horacio Etchegoyen, realizadas por los autores.

Vezzetti, Hugo, “Psicoanálisis y cultura comunista”, La Ciudad Futura, Revista del Club de Cultura Socialista Nº27, febrero-marzo 1991, Buenos Aires.

Weissman, Patricia, Cuarenta y cinco años de psiquiatría argentina desde las páginas de Acta, Universidad Nacional de Mar del Plata, Mar del Plata, 1999.

 
Articulo publicado en
Marzo / 2000

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