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La interpretación en la clínica psicoanalítica

 

Para abordar uno de los puntos centrales de las intervenciones clínicas del analista convocamos a tres psicoanalistas para responder a tres interrogantes sobre la temática.

1-¿Cómo usa la interpretación con pacientes neuróticos?
2-¿Cuál es la diferencia, si la hubiera, en su intervención con pacientes límites o psicóticos?
3-Ejemplique lo anterior con algunas viñetas clínicas.

La interpretación supone evidenciar y hacer llegar al paciente aspectos de sus propios contenidos inconscientes y de las consecuencias que ellos tienen. Contenidos del inconsciente reprimido (si resultan de mecanismos defensivos más avanzados, llevando entonces el sello del conflicto) o del llamado inconsciente escindido si se originan en traumas ontogénicamente arcaicos, signados por la ausencia, el trauma masivo, el terror y los mecanismos primitivos.

Los contenidos inconscientes se manifiestan en síntomas y síndromes emocionales y psicosomáticos, lapsus, actos fallidos, contenidos simbólicos de acciones, resistencias, transferencia, sueños, silencios, etc.
Considero que tales aspectos inconscientes aparecen y se hacen accesibles en el vínculo terapeuta-paciente mediante múltiples mecanismos comunicacionales. Intervienen simultáneamente el lenguaje verbal y una enorme y sumamente compleja diversidad de modelos de transmisión no verbal, conscientes e inconscientes en ambos participantes. Muchas veces los contenidos inconscientes se hacen asequibles al paciente sin voluntad ni intención por parte del terapeuta, aunque otras veces sí.
Por esto, a mi modo de ver, la interpretación siempre puede hacerse presente, pero no es siempre posible controlarla y administrarla a voluntad por parte del profesional.
Por otra parte, considero que todo paciente posee aspectos estructurados en torno a ejes edípicos, y otros centrados en entornos preedípicos, que determinan mayor psicoticidad o trastornos graves de personalidad. Creo que en diversos momentos del tratamiento predominan unos u otros.
Por todo lo anterior, en cuanto a cómo hacer llegar al paciente referencias de sus contenidos inconscientes, no diferencio mayormente entre pacientes neuróticos, límites o psicóticos. No creo en la supuesta precisión casi neuroquirúrgica, milimétrica, propuesta para las intervenciones analíticas por las posturas ortodoxas.
En la comunicación confiable que se da en un setting terapéutico bien establecido suceden muchos fenómenos, algunos manejables y otros no tanto. Ellos abren el acceso al inconsciente del paciente y develan sus contenidos, así como las consecuencias que surgen de tales contenidos.
Naturalmente, el diagnóstico es importante para conceptuar a los pacientes. Si predominan los elementos neuróticos, interpretar supondrá en mayor medida la inferencia por parte del analista del material inconsciente del paciente y la transmisión a éste de tal material, expresable conceptualmente.
En los psicóticos o las distorsiones de personalidad serán posiblemente más efectivos los modelos de aproximación centrados en la comunicación primaria, a través de acciones simbólicas. Será más efectiva la acción que la explicación verbal-conceptual para hacer saber a estas personas acerca de aspectos inconscientes que los afectan.
Mas considero que en todos los casos el acceso a lo inconsciente puede suceder sin una voluntad definida por parte del terapeuta; simplemente suceden en el vínculo hechos que pueden tener un alto grado de valor interpretativo. Y también que todo paciente puede presentar elementos de las diversas series patológicas en diferentes momentos.
Para ejemplificar lo anterior propongo cuatro viñetas:

 

1) En una sesión de mediados de diciembre, luego de que yo había planteado mis vacaciones anuales, un hombre refiere estar sintiendo la nostalgia angustiosa y teñida de fastidio que le era familiar a principios de todos los marzos, cuando termina el Carnaval, fiesta popular en la que tenía amplia inserción y que lo hacía sentir valioso. Relataba la desazón que le provocaba ver desarmar los tablados de barrio -escenarios de carnaval en su infancia- y el triste recuerdo del aroma a hojas otoñales quemadas por las vecinas.
La interpretación fue acerca de su tristeza y rabia por la separación que yo imponía, dejando solo a un niño que me necesitaba. Rápidamente convino en el sentido latente y desapareció su tristeza, haciéndose su rabia más clara y tolerable.
He aquí un ejemplo de una interpretación clásica, conceptualmente comprendida por el terapeuta, verbalmente expresada al paciente, y con efectos definidos.

 

2) Una joven con un trastorno esquizotípico de personalidad y una relación familiar muy agresiva mejora ampliamente en sus primeros meses de terapia al tener un espacio donde ser escuchada y -sobre todo- desplegar su rico mundo interno y su creatividad e inteligencia, brillantes pero distorsionadas por sus trastornos emocionales y la escasa continencia de su entorno.
Le advierto que por una semana no voy a poder verla (viene dos o tres veces semanales) y comienza con actitudes un tanto bizarras e inadecuadas que había dejado de lado (agresividad, exposición a riesgos, provocaciones y conflictos con el entorno inmediato, concurre a las sesiones y a sus estudios de arte disfrazada, etc.).
Le interpreto -le digo- que lo que sucede tiene que ver con la amenaza de pérdida de su espacio en la terapia. Responde que no sea tonto, que no me crea el eje del universo. Mis palabras no tienen efecto y exacerba sus actitudes, sobre todo la agresividad.
Le digo más tarde que me gustaría que pinte un paisaje y me lo traiga, y que esa semana podrá mandarme mails que abriré con cierta frecuencia y responderé en forma breve. Rápidamente mejoran sus síntomas. Por supuesto, ella percibió que el sentido de lo que le decía era el mismo que le había expresado verbalmente. Pero aclara “yo necesito movimiento, acción y cuerpo, y si vos me permitís eso, entonces no sos tan estúpido como a veces parecés”.
En estos casos el acceso a lo inconsciente se da de modo mucho más primario: no alcanza la verbalización de sus necesidades inconscientes y masivas de holding, afecto y espacio para el desarrollo de su self: deben ser aportadas por un marco que se las ingenie para contenerla.
Considero que se sigue tratando de una forma de interpretación, en tanto se accede a requerimientos grabados en otros sectores del inconsciente -en este caso no reprimido sino escindido- y lo que se hace con este nivel de entendimiento es operativo y beneficioso para el paciente.

 

3) Yo supervisaba a un analista que describía un problema que se le había presentado.
Su paciente, una mujer con rasgos borderline a quien llamaremos Laura, entró a la sala de espera y percibió que el inicio de la sesión que le correspondía y valoraba mucho se vería postergado debido a que el paciente anterior, un niño psíquicamente grave, no quería irse y estaba gritando exaltado a su madre.
Laura estaba tensa y angustiada, y el analista la hizo pasar al consultorio. Luego salió a la sala de espera a tratar de resolver la situación del pequeño, para lo que hizo que la madre tomara al chico en brazos y lo tranquilizó cantando y meciéndolo entre ambos. Las cosas salieron bien y el niño y su madre se fueron.
En ese momento el analista constató que no había cerrado la puerta del consultorio, por lo que Laura observó la escena.
En la sesión que siguió inmediatamente, Laura aportó muy poco material y se mantuvo básicamente silenciosa, aunque muy tranquila luego de la tensión inicial. El analista se acusaba a sí mismo de su tontería por no haber cerrado la puerta, al tiempo que esperaba que en cualquier momento se desencadenara un grave problema a partir de su error. Decía que por su descuido había arruinado la posibilidad de trabajar analíticamente.
Con el tiempo vimos las cosas de otro modo. En realidad la interpretación más importante estaba hecha: el miedo a ser abandonada que Laura tenía frecuentemente se había visto mitigado al ver a su analista en una actitud afectuosa y continente con un niño.
El día del problema no había mucho más que decir, y -tal como la evolución lo mostró- las cosas se hicieron más fluidas y fructíferas en el tratamiento.
La interpretación, si así puede llamarse, fue -traducida a un modelo clásico- “usted tiene miedo que yo la abandone, tal como le sucedió tantas veces en su inestable infancia. Pero son posibles otros vínculos en los que puede confiar.”

 

4) Durante parte de mi análisis personal, mi padre sufrió una enfermedad relativamente grave.
Yo me quejaba amargamente ante mi analista por la angustia que su situación me provocaba.
En determinado momento mi analista preguntó: “¿Qué tiene y cómo está su padre?”.
En ese instante constaté con desagrado cuan egoísta podía yo ser: estaba preocupado mucho más por mí mismo que por mi padre. Al mismo tiempo se abrieron puertas hacia elementos de hostilidad inconsciente hacia él que yo tenía ocultos, acompañados de intensa culpa.
La intención de mi analista al preguntar no fue -al menos conscientemente, como lo reconoció luego- señalar mi narcisismo o egoísmo, sino averiguar un poco más acerca de la situación. Sin embargo su pregunta fue quizás la interpretación que con más fuerza y efectividad me llegó de su parte durante mucho tiempo.
Aquí los mecanismos interpretativos no se basaron en el esclarecimiento consciente por parte del analista acerca del material, sino que a partir de una serie de intercambios el paciente logró apropiarse de contenidos que le eran inconscientes, para tenerlos en su acervo y poder utilizarlos. En ningún momento la secuencia [entendimiento por el analista >>> comunicación al paciente >>> insight] estuvo presente. Mas el resultado fue que paciente y analista pudieron acceder al material.

En todos estos casos y en todo tratamiento en el que el marco lo permita, las diferentes formas de contacto abren puertas a sucesos e interacciones que pueden adquirir valor interpretativo dentro de la situación analítica. Son tanto o más valiosas que la interpretación clásica como elementos de acceso a lo inconsciente. En los pacientes más graves son probablemente más frecuentes y útiles, cuando no los únicos posibles.

 

Rafael Sibils
Psiquiatra
Ex- Presidente y actual Coordinador Científico de la Asociación Uruguaya de Psicoterapia Psicoanalítica (AUDEPP)
rafasi [at] adinet.com.uy

 

Lo instituyente y lo mutativo

Quiero detenerme sobre dos atributos que se le han adjudicado a la interpretación psicoanalítica. Estos atributos surgen de contextos teóricos muy diferentes. Aquello que me hace incluirlas en una sola reflexión es el modo que tengo ahora de pensar sobre ellas. Este modo no implica en modo alguno una reelaboración total de este tipo de interpretación sino simplemente resalta una faceta particularmente simple en la cual este tipo de interpretación puede ser inscripta. Los atributos a los que voy a referirme son lo instituyente y lo mutativo.
En primer lugar me quiero referir a un atributo que podría llamarse instituyente, en la medida en que se supone que ella instala la transferencia o crea el sujeto supuesto al saber para el paciente. Esta mirada sobre ese tipo de interpretación proviene de la teorización lacaniana y del proceso que se sigue a la inclusión de un paciente en análisis como parte final de las entrevistas preliminares. Difiere en modo absoluto de la concepción kleiniana para la cual la transferencia está presente de entrada en una mezcla confusa o bifásica de transferencia negativa e idealización. A esta concepción se le ha criticado el modo abrupto con la cual introduce la significación edípica instalando una significación donde había un hueco sin esperar el trabajo del paciente para hacer sus propias conexiones asociativas. Nos estamos refiriendo a la interpretación que inaugura el análisis de Dick donde Melanie Klein le otorga el lugar de interior de mamá y pene del papá a los juguetes que la propia Melanie Klein identificaba con esos nombres. Este modo de interpretación inaugural o instituyente difiere entonces de la acentuación que sobre un significante hace un analista lacaniano para mostrar una soldadura que se ha establecido en el desplazamiento metonímico de la cadena significante en el inconciente. Y difiere también de la concepción freudiana que separa las aguas en cuanto que ninguna interpretación podría instalar la transferencia en la psicosis ya que ella está definida por su ausencia, como una neurosis narcisista y no transferencial. Esta interpretación instituyente puede hacerse presente no sólo como señal de entrada del analizante al análisis, sea este niño o adulto, neurótico o psicótico sino que puede producirse en cualquier momento del desarrollo del encuentro analítico lo cual implica que el análisis se reinstituye o se detiene. Decir, como decimos, que puede hacerse presente en el psicótico significa que no hay una diferencia estructural que impida que un paciente psicótico establezca una transferencia con un analista. En este punto la diferencia freudiana que separa neurosis y psicosis en cuanto al narcisismo -neurosis narcisistica o neurosis de transferencia- no nos parece determinante. Pensamos que es el analista el que cierra las puertas de la transferencia en el paciente psicótico, como si dejarlo entrar en ella -transferencia psicótica- es exponerse a un riesgo demasiado elevado, lo cual muchas veces es cierto. En el caso del psicótico el impedimento no está en la instalación de la transferencia, sino más bien en lo real que en el psicótico toma la transferencia. Podríamos decir que hay un exceso de realidad en el vínculo que él establece. Con la realidad con la cual el psicótico no se lleva bien es con la convención de realidad que gobierna nuestras vidas por las cuales éstas tienen un menos de realidad, un no ser tan reales, en ser convenciones. En la psicosis la realidad hay que soportarla, o la realidad de la psicosis al ser multidimensional nos deja mudos. En esas multidimensiones el punto es que no se sabe en cual de esas dimensiones está. En cuanto a los neuróticos la evidencia clínica muestra que la defensa está tan armada que ninguna transferencia es suficientemente fuerte para atravesarla.
La interpretación instituyente es fenoménicamente un brusco relámpago que toma la forma de hacer presente al paciente y al analista la existencia de un vínculo que los ata, un vínculo que los hace necesarios uno al otro. En el vínculo analítico el inconciente es el objeto que los convoca. Esta existencia del inconciente puede ser percibida por uno u otro o por ambos a la vez.
Mi propósito, en este escrito necesariamente sucinto, es hacer lo que se podría llamar un comentario sobre el proceso de lo instituyente. Esta operación no sólo está dada por la interpretación sino muchas veces por la intervención. Una intervención a la que llamamos la búsqueda y la creación del puente. Este puente es una herramienta que comparten analista y paciente y que surge del paciente mismo, lo cual amplía el campo de las herramientas a utilizar en la instalación de un análisis ya que la propuesta instituyente viene del paciente. Muchas veces todo el análisis se realiza sobre el puente. Sobre él se producen los intercambios que favorecen un desarrollo. Recuerdo con especial interés las experiencias de Ariel Bufano y sus títeres con pacientes psicóticos en el Hospital Borda donde toda la transferencia se realizaba sobre ese objeto intermediario. En el mismo sentido Winnicott tomaba muy en cuenta el objeto -transicional justamente- que traía el niño y era sobre ese objeto sobre el cual centraba su interés, lo cual se transformaba no solo en el objeto situado entre el afuera y el adentro del paciente sino en el objeto que hacía la transición o puente entre el paciente y el analista. Buscamos en la intervención ese objeto transicional que haga puente.
Traeré dos viñetas del análisis de niños que me facilitó la Lic .Mariana Strin en las que se ve esto en acción:
“Gastón, de 14 años pide a sus padres hacer una consulta porque le pasa algo y no sabe por qué. En la primera entrevista, me encuentro con un chico con postura un poco encorvada, andar desganado y vestido con un gorro con el que jugaba y se tapaba los ojos. Me cuenta que le gustan las películas de terror y las clasifica en dos tipos: las fantasiosas y otras más reales que son las que hay infecciones, contagios. Relata que desde el año pasado a veces se descompone al ver algunas películas: ‘primero tengo calor, después me baja la presión, me mareo, me agarran náuseas y a veces, fiebre. Al día siguiente me levanto y estoy perfecto’. Agrega que le resulta raro que esto le pasa de noche y acompañado y al ver la película de día, no. La primera vez que le sucedió esto fue viendo una película en su habitación, acostado en su cama con su hermana de 15 años al lado y un amigo en un colchón debajo de la cama. En las entrevistas me fue diciendo los títulos de los diferentes films en los que se desencadenó su angustia y me preguntaba si los iba anotando. En las sesiones siguientes preguntaba cuántos había anotado. Decidí ver algunas de las películas y hablar con él de ellas, de las escenas que recordaba, de aquello que lo impactó a él y de lo que me impactó a mí pero que a él no lo había siquiera rozado. A partir del encuentro de ese objeto: “la película de terror”, se instala el análisis. En la sesión no hablamos de él: hablamos de cine. De los momentos de mayor terror y de la indiferencia, de lo que queda del cine. Creamos películas con dibujos como un board-story. El análisis se ha instalado. El inconciente está en el objeto, está afuera de él, entre él y yo. Esta maniobra ha sido imprescindible para la instalación del análisis.
La mamá de Marcos de 15 años pide una entrevista porque su hijo estaba por repetir por segunda vez el 7mo. grado del primario. Ella relata que una de sus preocupaciones es que no ve en su hijo motivación alguna. Dice que Marcos es inteligente pero como no se despierta su interés todo lo va dejando. Cuenta que ella era igual a su edad y terminó la escuela secundaria de grande. A Marcos le cuesta leer, y con sólo las primeras letras de una palabra la completa como cree que sigue y no como en verdad sigue. Esta situación le impide entender las consignas de lo que se le pide en el colegio o entender algún texto. En los primeros encuentros él me cuenta que lo que más le gusta es andar en skate y que tiene un fotolog donde sube diferentes fotos de su skate y de amigos y que busca que la gente entre y le dejen sus firmas ahí. Otra cuestión que le interesa mucho es “hacer plata para comprarse cosas”. Piensa todo el tiempo en qué puede trabajar y esto rápidamente le permita ganar dinero. Todas las posibilidades de trabajo vienen por parte de la mamá quien hace unos años es la que logró hacer un cambio económico saliendo de un origen humilde hasta poder tener su propia empresa de seguridad. A Marcos no le gusta hablar del colegio, de sus materias ni de las pruebas que le van a tomar. Prefiere ni pensar en eso. En los momentos que se nombra alguna cuestión sobre el colegio es como si “se desconectara, como si quedara ausente”. La madre tenía negativizado el deseo de trabajar de Marcos, a pesar de que eso le había “salvado la vida” a ella. Con la madre el hecho de positivisar el deseo que tiene Marcos de trabajar y no ver sólo lo positivo en el desempeño escolar, produjo un cambio en el vínculo con el hijo que a Marcos lo alivió enormemente y por otra parte le dije a Marcos que nos íbamos a comunicar con el fotolog, lo cual produjo un trabajo sobre el leer, trabajo que se llevó a la sesión. El intercambio en el fotolog se hablaba en la sesión. Nuevamente esa maniobra instituyó el análisis.”
Dada la extensión del escrito solo anunciaré cual es mi idea sobre el atributo mutativo de la interpretación. Este nombre, mutativo, se le debe a Edward Glover que después de hacer una extensa encuesta entre los psicoanalistas para ver el modo en que usaban la interpretación confirmó sus sospechas que éstas se usaban en los tratamientos a manera de un psicoanálisis salvaje, es decir con exceso y sin rigor. Propuso entonces la confección de la interpretación eficiente, a la que llamó mutativa por su capacidad de hacer cambios en el paciente y la sometió a un control riguroso que debía tomar en cuenta la dimensión tópica, dinámica y económica. A lo largo de la experiencia analítica acumulada se fue dando un proceso en el cual los analistas pudimos aceptar que este atributo de la mutación no podía ser establecido ni construido a priori de su emisión sino que era un fenómeno que sólo se podía comprobar apres-coup. Se podía observar que se había producido una mutación en el paciente, pero no se la podía anticipar. Lo llamativo de este atributo mutativo es lo banal que puede ser la intervención que a veces toma la forma de un comentario y no de una interpretación, ni de una construcción.
Una breve viñeta servirá como ejemplo. M. es una adolescente cuyo discurso abigarrado y confuso y su conducta bizarra la ubica por lo menos en la esfera de una paciente border. Después de un largo trabajo analítico ella enuncia que ha logrado poner en orden cosas que nunca iban juntas en su vida lo que se traducía en el ordenamiento de su casa, muebles y pintura que ahora dejaban de ser un caos bizarro para convertirse en un objeto armonioso. El comentario que yo hice fue un aforismo popular: “Dicen que llegar es fácil, lo difícil es mantenerse”. La sesión posterior ella dijo que dejaba el tratamiento porque yo le estaba diciendo que ella debía seguir siempre enferma. Trabajamos juntos para entender qué es lo que yo había querido decir, lo cual se estableció como un: es imposible estar bien sin hacer algo para estar mejor. Eso tuvo un efecto mutativo porque su conducta habitual que era que después de un logro todo se desmoronaba cambió hacia una posición más activa que ella se propuso y que consistía en lograr más para no perder lo que ya tenía. Quién hubiese pensado que un simple comentario: “lo difícil es mantenerse” hubiese tenido un efecto tan decisivo: tanto que marcó la dirección de la cura: la dirección inversa de la repetición.

 

Mario Waserman
Psicoanalista
m-waserman [at] fibertel.com.ar

 

1- ¿Cómo usa la interpretación con pacientes neuróticos?

En el más lato sentido del término: a partir de diferentes marcas en su discurso conciente producido por asociación libre, (lo mas libremente que puede) infiero representaciones-meta, como diría Freud, que no le son concientes, es decir, le serían inaccesibles sin el aporte del analista. Transformo en enunciado discursivo a representaciones que no tienen estatuto semántico verbal. Esto es esencialmente hacer conciente lo inconciente o donde ello era que advenga el Yo. Procurarle al paciente significaciones imprevistas pero fundamentadas siempre en el material que él nos procura.
El efecto general de la interpretación no es el de un insight sorprendente, aunque a veces sí lo hay, es mas bien un lento tejer de la red por perlaboración o sobretrabajo que finalmente, en un tiempo elevará los peces del Inc. Al sistema Prec-CC del Yo de Realidad definitivo.
No es un camino directo a la felicidad, como les gustaría a los analizantes y a nosotros cuando somos pacientes, pero sí un lento procedimiento de reestructuración psíquica que nos permite disponer de nosotros mismos de maneras novedosas que nos facilitan aspirar a un mejor bienestar.
Yo parafrasearía a Etchegoyen diciendo que la interpretación debe ser veraz, abstinente y pertinente, que se refiere al receptor y no a las personas que lo rodean. Sí, se puede informar al analizante de alguna percepción que tenemos sobre lo que él relata de los objetos que lo rodean sin tomarla él mismo en cuenta, sin metabolizarla pensativamente y sacar mas conclusiones sobre otras personas y las relaciones que establece con ellas. Sí, es interpretación cuando le informamos de una transferencia efectuada sobre una de las personas que lo rodean, además de las que efectúa en la sesión analítica.
La abstinencia no es establecer una lejanía para una “objetividad” fácil, sino un trabajo continuo en la intersubjetividad con el paciente para defender la diferenciación Yo-no Yo a la que nos comprometimos.
Mencioné antes que también damos informaciones, esclarecimientos dentro de ciertos enredos del Preconciente, contrastaciones con la realidad que el analizando reconoce sin querer tomarla en cuenta, etc.

2- ¿Cuál es la diferencia, si la hubiera, en su intervención con pacientes límites o psicóticos?

Aquí me gustaría dejar de lado la interpretación como herramienta principal del psicoanálisis, que lo es, pero a las que no se les ha dado estatuto técnico. Informaciones preguntas, contrastaciones con la realidad, apertura de opciones de pensamiento que el paciente no se permitía por sus represiones u otras defensas, operaciones que realizan el pensamiento de Bion de que el psicoanálisis es una herramienta de crecimiento mental. Confiamos en que ese crecimiento mental cuanto más le permita al analizando aprender de su experiencia, terminará en la ampliación de su capacidad para resolver los conflictos en los cuales suele estar atrapado.
Hacer conciente lo inconciente sigue siendo una definición general del objetivo psicoanalítico, pero como dije antes implica una serie de operaciones que no constituyen sólo a la interpretación. Unir lo disociado, reintroyectar lo proyectado, esclarecer problemáticas preconcientes-concientes son también parte del quehacer psicoanalítico. En la medida en que hayan deformaciones o debilidades del Yo que configuran patologías mas allá de las neurosis, la indicación y la prescripción deben ser consideradas parte del psicoanálisis, siempre y cuando haya por parte del analista una autorevisión ideológica que le permita respetar las diferencias de las estructuras psíquicas entre él y su paciente.
He recibido a veces algunas objeciones por analizar monjas o sacerdotes los cuales por elección conciente, fundamentada de ellos, estaban en lucha contra su deseo sexual, la formación de una pareja y una familia estaban desestimadas como objetivo vital, hay ciertas elecciones de vida que el psicoanálisis no puede proponerse torcer sin grave alteración de la abstinencia como en estos casos. Aquí por ejemplo lo que hice fue reconocer la dificultad de la lucha y quitar fantasmas sobre la masturbación en el sentido de la salud física, asumiendo los analizandos los costos sobre la salud psíquica.
En estos momentos los analistas hemos trascendido con amplitud el conflicto entre deseo y prohibición que caracteriza a los neuróticos, asumimos patologías por déficit, como pueden ser los borders y psicóticos, con los cuales la conexión empática o de inconciente a inconciente va a intentar reconstruir o construir estructuras psíquicas a las que la historia del paciente no les dio lugar. Allí hay operaciones psíquicas que no responden exactamente a lo que es una interpretación.
Veamos también la operación técnica por la cual se le presta desde el analista representabilidad a vivencias prematuras, traumáticas a las que analizando no alcanzó a darles palabras y ni siquiera a darles representabilidad.
Tengo una paciente a la que la madre le dio el destino de cuidarla en su vejez y extremadamente abusada por sus hermanos con violencia física, uno de los cuales llegó a mandarla al hospital rompiéndole un brazo. Ella se quejaba a su impotente mamá de que no podía respirar a lo que le contesté yo, que quizás ella se sentía morir y no podía ni imaginar que quizás algunos miembros de su familia la querían matar. No creo que esto haya sido una interpretación, como develamiento de representaciones reprimidas. Creo que nunca llegó a representarse el deseo de muerte de su familia. Tiempo después de mi intervención tiene una grave reyerta con una colega sumamente competitiva y tiene una crisis de angustia en la cual le grita a su adversaria que la quiere matar y poseyendo la clara sensación de esto en medio de la crisis. Creo que reconstruyó en una transferencia la vivencia de ser asesinada que nunca había constituido como tal.
Estas también son intervenciones psicoanalíticas no interpretativas a las cuales habrá que darles su lugar.
Un paciente con déficit narcisista debe recurrir a su hermana para que le aporte recuerdos sobre su infancia, no los tiene reprimidos, simplemente no los tiene, yo acepto la ayuda de su hermana, como ayuda memoria de él e intentamos reconstruir entre los 3 una historia de él de la cual extraigamos un sentido para la persistente depresión de él y una serie de síntomas invalidantes en su vida cotidiana.
Para finalizar: Una teoría con la potencia explicativa de la freudiana no puede tener sólo una manera rígida de aplicación. Tiene que tener un “contexto de aplicación” un espectro de aplicaciones en tanto sea una teoría de diferentes conformaciones del Aparato Psíquico.
La técnica es la puesta en acto del entrenamiento psicoanalítico: formación teórica, análisis personal y entrenamiento de supervisión.

Isabel Lucioni
Psicoanalista
ilucioni [at] ciudad.com.ar
 

 
Articulo publicado en
Marzo / 2009

Boletín Topía