Medicamentos: la mercancía exquisita del capital vernáculo | Topía

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Medicamentos: la mercancía exquisita del capital vernáculo

 
La utilización de psicofármacos en la población es un tema digno de investigación que se enmarca en el campo del empleo de medicamentos en general aunque tiene algunas particularidades que deben ser exploradas. Se constituye además en un punto crítico para el debate de todos aquellos que trabajan en el Sector Salud, con especial énfasis en un actor clave: el médico. Y, en el caso de los psicofármacos, fundamentalmente[1] el psiquiatra, quien, eventualmente, tiene a su cargo la tarea de indicar, prescribir y controlar determinada medicación psicofarmacológica. Este artículo brinda algunas referencias del lugar privilegiado del medicamento a nivel del mercado mundial de mercancías y ciertas particularidades de nuestro país, intentando plantear algunas cuestiones críticas del mismo con el objetivo de estimular la reflexión y el debate de los trabajadores de la salud en torno a este dilemático tema. Se repasan asimismo algunos mecanismos empleados por las empresas farmacéuticas para “estimular”, a través de los médicos, la prescripción de sus productos.
 
Introducción: la danza de los billones.
 
La obligación de la prescripción médica convierte al mercado de la psiquiatría en un mercado más fácil de manipular que otros. En términos comparativos, las empresas tienen que convencer a muchas menos personas.
David Healy
 
El mercado farmacéutico es uno de los que genera mayores ganancias a nivel mundial. Pocos mercados a nivel global pueden ostentar cifras de ganancias similares. Tal vez los únicos que arrojen números de esa magnitud sean el mercado de armas y el de drogas ilícitas. La astronómica cifra de ventas ascendía en el año 2002 a 430.3 billones (430.000 millones)[2] de dólares estadounidenses (IMS World Review, 2003[3]). Para el año 2004 las ventas crecieron un 7% respecto al año anterior: calculando los mercados donde se realizó auditoria de ventas y estimando los mercados donde esta no fue realizada, había pasado la barrera de los “500”, ubicándose en 550.000 millones de dólares (IMS Health, 2005). Para el año 2008 IMS Health pronostica que el monto global ascenderá a la friolera de 730.000 - 745.000 millones de dólares (IMS Health, Nov. 1, 2007).
En cuanto a las regiones, Norteamérica (EEUU y Canadá), Europa y Japón dan cuenta del 88% del total de ventas auditado para el año 2004. Las ventas del mercado de medicamentos en Norteamérica creció un 9% respecto al 2003, siendo el total de 248.000 millones (el 45% del mercado mundial para el año 2004). Mientras la Unión Europea arrojó una cifra de 144.000 millones. China es un mercado emergente también en el rubro de venta de medicamentos: creció un 28% y seguirá creciendo en los próximos años (IMS Health, 2005).
Si realizamos un análisis por clase de drogas, los 10 medicamentos más vendidos dan cuenta del 33% del total auditado (más de 173.000 millones de dólares). El medicamento más vendido en el hipocolesterolemiante Lipitor (Atorvastatin, del Laboratorio Elea), por cuarto año consecutivo. Sus ventas para el 2004 fueron de 12.000 millones de dólares.
Entre las diez drogas más vendidas en los últimos años hay dos hipocolesterolemiantes: Lipitor (Atorvastatin) y Zocor (Sinvastatina); dos antiulcerosos: Nexium (Esomeprazol) y Orgastro (Lanzoprazol); dos psicofármacos: Zyprexa (Olanzapina) y Effexor (Venlafaxina); una eritropoyetina: Erypo (Eritropoyetin); un antiasmático: Seretide (Salmeterol/Fluticasona); un antiagregante plaquetario: Plavix (Copidogral); y un antihipertensivo: Norvasc (Amlodipina). Otros medicamentos que siguen teniendo altísima prescripión y réditos son: Seroxat o Paxil (Paroxetina), Zoloft (Sertralina) y Celebrex (Celecoxib), habiendo estado ubicados ente los diez más vendidos en el año 2002 (IMS Health, 2003).
En cuanto a los grupos terapéuticos, los hipolipemiantes mantienen el primer lugar en ventas (30.000 millones U$$) y los antiulcerosos la segunda (25.000 milones U$$). Mientras las drogas oncológicas alcanzaron el tercer lugar con un crecimiento muy marcado, sobrepasando a los antidepresivos y estabilizadores del estado de ánimo. Sus ventas en el 2004 crecieron 17% con respecto al 2003, sumando más de 24.000 millones en ventas. Siete de estas drogas oncológicas llegaron a constituirse en “blockbusters”   
(drogas con ventas de más de 1000 millones de dólares anuales). En ese año hubo 82 drogas que alcanzaron esa categoría, 17 más que el año anterior (IMS Health, 2005).
 
Las empresas farmacéuticas: lo que dicen, lo que callan, lo que esconden
Se miente más de la cuenta
por falta de fantasía:
también la verdad se inventa.
Antonio Machado. Proverbios y Cantares, XLVI
 
Según el Prof. David Healy existen dos tipos de problemas en relación a las estrategias de marketing por parte de las empresas farmacéuticas para venta de los medicamentos (enfatizando el caso de los psicofármacos): los de índole “académica” y aquellos de índole “clínica” (Healy D., 2001: 324). Estos últimos son aún más acuciantes que los primeros pues se relacionan directamente con la información disponible para los profesionales que deben prescribir determinada droga por lo cual los identificaremos y describiremos brevemente. Algunas de las estratagemas existentes son:
a) Subreporte (o no reporte) de información: los ensayos clínicos cuyos resultados no favorecen los intereses de las compañías farmacéuticas no son publicados
b) Reporte selectivo de información: al no existir obligación de los laboratorios de reportar todos los datos de los estudios que son publicados en consecuencia se publican datos y resultados parciales y convenientes a los intereses de las compañías. Un ejemplo contundente de esto es el no reporte sistemático y universal de datos relacionados a la calidad de vida (Quality of life: QoL scales data) en el caso de los IRSS.[4]
c) Sobrerreporte de estudios favorables: los datos de estudios de empresas farmacéuticas se presentan de una manera confusa en la cual no puede calcularse el número de estudios que verdaderamente se realizaron. Algunas estimaciones sostienen que mediante este procedimiento se llega a un 25% de sobreestimación de la eficacia de los nuevos antipsicóticos, por ejemplo.
d) Artículos de autoría fantasma (Ghost written articles): usualmente son artículos publicados en revistas especializadas como provenientes de simposios o conferencias. En ellos aparecen con la autoría de referentes reconocidos del campo de la psiquiatría y psicofarmacología pero no está claro si ellos siquiera han visto los artículos que llevan sus nombres.[5] Es interesante resaltar otro aspecto. El mercado de los medicamentos en general tiene algunas especificidades que lo distinguen de otros. Una de ellas consiste en el hecho de que las empresas deben vender sus mercancías (medicamentos) a los consumidores (pacientes) pero no pueden hacerlo directamente sino a través de un “mediador clave”.[6] Así, los laboratorios deben convencer de su utilidad a un número menor de personas/consumidores que en otros mercados. En el caso que nos ocupa estos mediadores o actores clave son los médicos, ya que serán estos los que prescribirán determinado tratamiento. Y en el caso de los psicofármacos, los psiquiatras pero también los médicos de otras especialidades.[7] De todas formas la “mano invisible”[8] no descansa: esta dinámica ha cambiado en los últimos años. Las empresas farmacéuticas en la actualidad han creado directamente o en otros casos apoyan[9] a grupos de pacientes o familiares de pacientes para que aboguen por el empleo de una determinada droga. En términos de Healy: “Parte de los planes de desarrollo de mercado de muchas drogas incluyen la formación de grupos de pacientes, para que presionen a favor del nuevo tratamiento. De hecho, las empresas farmacéuticas organizan reuniones para determinar la forma de establecer dichos grupos” (Healy D., 2000). Un ejemplo flagrante es el de la organización CHADD (Children and Adults with Attention Deficit/Hyperactivity Disorder) (Sauvagnat F., 2005). Este es uno de los grupos de autoayuda para pacientes con “Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad”.[10] Surgido en los EEUU en 1987, ha venido realizando “lobby” en ese país para ampliar la difusión de las bondades de la Ritalina (Metilfenidato) bregando por su desclasificación como droga de categoría II (equivalente en ese país a “estupefaciente”) por el tedioso procedimiento necesario para su prescripción. Lamentablemente para la organización se reveló (a partir de un reportaje por TV) que había recibido donaciones por valor de 1 millón de dólares del laboratorio Ciba-Geigy, fabricante del producto en ese entonces. Este hecho había sido escatimado puntillosamente como información a los miembros y adherentes de CHADD. Asimismo, según el informe elaborado por la Drug Enforcement Agency de EEUU (DEA) sobre esta cuestión, en la información propalada por CHADD se omite el hecho de la potencialidad de la Ritalina en desarrollar adicción y abuso, presentándola como un “estimulante benigno” (Sauvagnat F., Op. Cit.). Hace tiempo se discute sobre el manejo de los datos y reportes de ensayos realizados por compañías farmacéuticas. Un reciente artículo escrito por Benedict Carey en el New York Times en enero de este año (Carey B., 2008) reseña un reporte publicado en el New England Journal of Medicine de fecha reciente. En él se revela que algunas de las más reconocidas empresas farmacéuticas jamás publicaron una buena parte (hasta un tercio) de sus investigaciones/ensayos llevados a cabo para lograr la aprobación de ciertas drogas por parte del gobierno de los EEUU entre 1987 y 2004, engañando de esta manera a médicos y consumidores sobre la verdadera efectividad de las drogas. Entre los laboratorios mencionados figuran tres importantes empresas que comercializan antidepresivos IRSS: Ely Lilly (Prozac-fluoxetina)[11], Pfizer (Zoloft-Sertralina) y Wyeth (Effexor-Venlafaxina). El artículo consigna que en los ensayos publicados, un 60% de las personas medicadas con antidepresivos refirieron alivio de su depresión, comparado con un 40% de los que estaban medicados con placebo. Pero al incluir en el análisis los ensayos con resultados menos “positivos” para los intereses de las compañías, dicha ventaja se acorta: los antidepresivos muestran una ventaja sobre el placebo pero por un margen muy modesto. Como se ve, un claro ejemplo del subreporte y del reporte selectivo de información apuntados más arriba. Los porcentajes hablan por sí solos: mientras el 94% de los estudios positivos (37 de 38) fueron publicados, solo el 14% de los que tuvieron resultados negativos o dudosos siguieron esa vía. El hecho de no publicar resultados desfavorables no depende solamente de los laboratorios productores de la droga en cuestión sino también de la reluctancia de los periódicos o revistas especializadas, o de los propios autores involucrados en dichos ensayos.
 
Líderes de opinión, líderes de prescripción y mecanismos de cooptación de las empresas farmacéuticas
¡Que manga de fayutos somos todos!
¡La fuerza del gomán, como deschava!
Gomán. Iván Diez  
Crisis social, crisis económica: a río revuelto... En un artículo publicado en la Revista Social Studies of Science el profesor e investigador de la Universidad de California Andrew Lakoff, realiza un análisis sobre el prescripción de psicofármacos en Buenos Aires, Argentina, a partir de investigaciones desarrolladas por él en 1998, 1999 y por último durante los meses de julio y agosto de 2001 (Lakoff A., 2004). En el artículo titulado The Anxieties of Globalization. Antidepressant and Economic Crisis in Argentina (Las Ansiedades de la Globalización. Los Antidepresivos y la crisis en la Argentina), Lakoff describe el rol y los mecanismos empleados por las empresas farmacéuticas para moldear las acciones de los actores clave del campo de los medicamentos, los médicos, de manera de orientar las “conductas de prescripción”. Si bien analiza la situación de los psicofármacos en general, se concentra en el caso de los nuevos antidepresivos, los Inhibidores de la Recaptación Selectiva de Serotonina- IRSS (comparando la evolución-aumento- en la prescripción y ventas con respecto a la de los ansiolíticos) y las estrategias de marketing usadas con los médicos en Buenos Aires durante la crisis financiera del 2001. El autor se pregunta si el incremento en la venta de antidepresivos en ese momento se debió a la situación social o a determinadas prácticas de promoción de ventas. Para responder esto estudió la estructura de mercado farmacéutico en el país, el carácter de las relaciones entre las empresas farmacéuticas y los médicos, y el rol de las herramientas de investigación de mercado en la orientación de dichas relaciones. Plantea que las “relaciones farmacéuticas” (interacciones entre los médicos y compañías farmacéuticas) y las diversas tácticas mediante las que operan las compañías se estructuran y organizan mediante lo que denomina una economía de obsequios (gift economy).[12] Esta podría ser considerada como verdaderos mecanismos de cooptación a través de los cuales se crean y refuerzan lazos de lealtad con los médicos. Describe pormenorizadamente las estrategias por parte de las empresas farmacéuticas en relación a: propaganda, venta y comercialización, monitoreo de la prescripción de los profesionales (auditoría de prescripción), etc., cuyos efectos son monitoreados por las cifras de venta proporcionados por Empresas de Base de Datos.[13] En el artículo se establece el modo en que cada cultura y sociedad condicionan la comprensión de los problemas de salud mental y como a partir de ello las moléculas hallan formas diferentes de entrar a un mercado muy especial en el cual los “consumidores” (los pacientes) no deciden directamente que producto (drogas) consumirán sino que esta decisión esta mediada por otro actor: el médico. En el caso de Argentina, plantea el artículo, los psiquiatras comprenden y utilizan los IRSS no como un tratamiento ante la falta de serotonina en el cerebro (modelo biológico de los trastornos mentales, predominante en EEUU por ejemplo) sino para el sufrimiento causado por la situación social y el sentimiento de vulnerabilidad e inseguridad debido a la crisis económica y política[14], y sin que ello implique necesariamente un aumento de los diagnósticos de Depresión.[15] En la misma línea de problematización y denuncia del texto de Lakoff sobre las consecuencias de las prácticas de promoción y venta de los productos farmacéuticos transita el argumento que expone el psiquiatra argentino Federico Pavlovsky en un artículo publicado en la Revista Topía (Pavlosky F., 2006). Allí se tratan los avatares e intríngulis de las “relaciones farmacéuticas” en nuestro medio, desde la visión de un joven profesional, y se pasa revista a los múltiples modos, ora implícitos y sutiles, ora explícitos y groseros, a través de los cuales las empresas farmacéuticas inciden en los comportamientos de prescripción de los médicos en general y psiquiatras en particular. Pavlovsky describe su experiencia (que, digámoslo, es la experiencia habitual, preponderante, en los ámbitos del ejercicio de la medicina, tanto privada como pública) en su relación con las empresas farmacéuticas, y de que manera desde el primer día de ingreso a la residencia médica[16] se establecen los mecanismos a través de los cuales los laboratorios van generando los lazos de confianza y lealtad con los médicos. En el artículo se enumeran algunos de los ofrecimientos y obsequios (la gift economy de la que habla Lakoff): viajes a congresos (que incluye traslado, alojamiento, comidas, invitaciones especiales a cenas y a fiestas), botellas de Champagne, lapiceras, souvenirs, etc., etc. De nuestra cosecha podríamos agregar que también constituye una buena oportunidad para los asistentes para realizar agradables jornadas de turismo. Esto último quizá sea el correlato inevitable de algunos Congresos y Jornadas “científicas” cuyo principal fin es promocionar la última droga “milagrosa” para la Depresión o la Esquizofrenia. Obviamente los obsequios y gentilezas son otorgados a quienes guardan determinados parámetros de prescripción y sus “performances” (si “te da bien” o “mal” la auditoría, como se consigna en el artículo) son monitoreadas mediante la auditoría de prescripción descripta previamente. Pavlovsky propone, para finalizar, una pregunta inquietante: si esta “economía de obsequios” incide o no en su hábito de prescripción. Textualmente: “Si para viajar al próximo congreso de San Diego, USA, en el año 2007, tengo que recetar anualmente 200 antidepresivos de X marca, ¿Eso va a incidir en mi prescripción? Profesionales a quienes respeto dicen que no. Yo (finaliza el razonamiento de gran valor autocrítico) no estoy tan seguro”[17] (Pavlovsky F., 2006). En nuestro país, mientras tanto, existen algunos estudios de consumo de psicofármacos por la población como el de Eduardo Leiderman, psiquiatra y profesor de la Univ. de Palermo, Bs As. En una investigación publicada en la revista Vértex (Leiderman E. y col, 2006), da cuenta de la realización de encuestas (N= 1777) a transeúntes en la ciudad de Bs As. Un 15,5% de los encuestados (N= 276) afirmaba estar consumiendo algún psicofármaco en ese momento (12,2% benzodiacepinas y 3% antidepresivos), mientras que el 29,4% respondió haber consumido algún psicofármaco alguna vez en su vida. Esta prevalencia es muy superior a la de otros países o ciudades. Por ejemplo: Reino Unido (3,5%), EEUU (5,5%), Canadá (7,2%), España (7,2%), Francia (9,1%), San Pablo, Brasil (10,1%), Europa (6,4%).[18]
El caso Argentino desde la óptica de las empresas farmacéuticas: el Yukón de los medicamentos
Dentro del espectro de las distintas regiones y países del mundo, la Argentina se destaca por constituir un país cuyas particularidades sociales y del mercado de salud permiten a las empresas farmacéuticas obtener réditos enormes, una (otra) verdadera “renta extraordinaria”. Entre otros hechos dignos de mención podemos destacar que la proporción del gasto en salud correspondiente al consumo de medicamentos es excesivamente elevado con respecto a otros países, tanto desarrollados como subdesarrollados. Pero no es el único hecho destacable, como veremos. En relación al gasto en medicamentos como proporción del gasto en salud nacional diversos estudios lo sitúan entre un 30 a 35% (Comisión Pro Cátedra Libre de Salud y Derechos Humanos. Facultad de Medicina, UBA, 2002: 32%;Gattari M. y col. S/f: 34.5%). Esta proporción es exagerada al compararla con otros países “en vías de desarrollo” (para usar el eufemismo a la moda de los discursos oficiales que pretende reemplazar al de países “subdesarrollados”) de la región, así como con las cifras de países desarrollados.
Algún “incauto” podría exclamar: Pero, ¡¿cómo se ha llegado a esta situación?! Evidentemente la magnitud y complejidad del problema no permiten respuestas simples ni la reducción del mismo a una sola de sus varias dimensiones. Sin embargo es obvio que está directamente relacionado a la ausencia de un plan de Salud Público, Integral, Universal y Gratuito al servicio de la mayoría de la población que durante años verificó nuestro país y las consecuentes políticas sobre medicamentos como parte primordial y estratégica del mismo. Aunque está claro que ya no podemos hablar de ausencia de planes o políticas, ni de “falta de voluntad política” como suele reprochársele a algunos gobiernos. La voluntad política ha estado (y está) más que presente: son claras líneas de acción y decisiones implementadas, viabilizadas, gestionadas por los diversos gobiernos en las últimas décadas, con mayor o menor fervor “neoliberal” pero apuntando en la misma dirección y que lograron convertir al sector salud del país en uno de los “cotos de caza” predilectos de las empresas farmacéuticas, tanto nacionales como extranjeras. Los trabajadores de la salud y específicamente los médicos, sin desconocer las líneas de fuerza existentes ni los descomunales intereses en juego, deberían reconocer éste como un problema central y prioritario en su trabajo cotidiano aportando a la solución del mismo.
Bibliografía
2) Comisión Pro Cátedra Libre de Salud y DD HH en la Facultad de Medicina de la UBA, 2002. Medicamentos para todos. En una argentina nueva es posible. Por la producción pública de medicamentos básicos esenciales. (2a parte). http://www.ecoportal.net/content/view/full/21212
3) Gattari, Miriam y col. Estudio de utilización de ansiolíticos y antidepresivos en cuatro entidades de la seguridad social de la Argentina. Período 1997-2000. Fac. De Cs Exactas y Naturales, Univ. De Belgrano, Bs. As. Mimeo, S/F.  
4) Healy, David. Psicofarmacología y dominación del ego (III). Conferencia pronunciada el 30 de noviembre del año 2000 en el Centro de Adicción y Salud Mental (CAHM) de la Universidad de Toronto, Canadá. http://www.lainsignia.org/2002/octubre/cyt_005.htm
5) Healy, David. The dilemmas posed by new and fashionable treatments. Advances in Psychiatric Treatment (2001), vol. 7, pp. 322-327.
6) IMS Health, 2003. Report released on February 25, 2003.
8) IMS Health, 2007. Report released on November 1, 2007.
8) Lakoff, Andrew. The Anxieties of Globalization. Social Studies of Science 34/2 (April 2004) 247-269.
9) Leiderman E., Mugnolo J., Bruscoli N., Massi J., Consumo de psicofármacos en la población general de la ciudad de Buenos Aires. VERTEX, Rev. Arg. De Psiquiat. 2006, Vol. XVII: 85-91.
12) Pavlosky, Federico. La tentación: Vicisitudes de un psiquiatra. Revista Topia. Dossier 150 años del nacimiento de Freud. Por qué el psicoanálisis en el Siglo XXI. Agosto de 2006.
13) Sauvagnat, François. Una entidad controvertida: La hiperactividad con trastorno deficitario de la atención. En: L’ Interrogant, Setembre 2005, Fundació Nou Barris per a la Salut Mental, Barcelona.     
 
Mario A. Chavero
Psiquiatra
Magister en Salud Pública
Hospital Psiquiátrico de Oliveros, Oliveros, Santa Fe

mariochavero [at] hotmail.com (subject: Articulo%20Topia%2054)
 

 

[1] Fundamentalmente pero no exclusivamente: los psicofármacos, sobretodo los ansiolíticos y crecientemente los antidepresivos IRSS, son prescriptos también por los médicos clínicos, generalistas o de otras especialidades.
[2] En la fuente no se aclara pero suponemos que se considera a l billón (billion) como equivalente a 1.000 millones, siguiendo el criterio empleado en EEUU, Brasil, Grecia, Turquía, y desde hace poco tiempo Inglaterra, entre otros países. Mientras, en la mayoría de los países de Europa y en América Latina, 1 billón equivale a 1012 (1.000.000.000.000). Dado que los cálculos son realizados utilizando el primer criterio a lo largo del texto haremos equivaler “billion/billón” a “1000 millones”.
[3] La auditoría/análisis realizada por IMS Health se realiza sobre la venta de aproximadamente el 90% de las drogas bajo prescripción, más algunos medicamentos de “venta libre” (OTC por sus siglas en inglés: “over the counter”, o “sobre el mostrador”) en más de 80 países, arrojando una cifra de 400.600 millones de dólares. Proyecciones posteriores elevan esta cifra a lo que correspondería al 100%: 430.300 millones de dólares. http://www.imshealth.com/ims/portal/front/articleC/0,2777,6599_3665_41336931,00.html      
Sobre la empresa IMS Health, ver nota al pie Nº 13.
 
[4] Las escalas de Calidad de Vida (QoL scales) son escalas que miden el funcionamiento global (no específico en determinado ámbito o dominio de su estado de salud). De aproximadamente 100 estudios en los cuales se usaron escalas de Calidad de Vida se reportaron menos de 10 (Healy D., 2001: 323).
[5] Healy estima que hasta el 50% de los artículos que aparecen en respetables publicaciones científicas indexadas en Medline son de “autoría fantasma” o escritos por personal pertenecientes a los laboratorios.
[6] Podríamos hacer la salvedad, y tal vez parcialmente, de las drogas OTC (“over the counter” en inglés, “sobre el mostrador” o “de venta libre”) para los cuales es legal la publicidad abierta y pública a través de diversos medios de comunicación.
[7] Ver nota al pie nº 1.
[8] Que sólo es invisible para quien se tape cínicamente los ojos: la mano tiene cabeza de medusa y nombre y apellido (nombres y apellidos): son co-responsables, junto a las instancias del Estado que favorecen su accionar por acción u omisión, de la enfermedad y muerte que genera su voracidad rampante y necesidad de ganancia incesante.
[9] Healy llega a hablar de “penetración” (Healy D., 2001) o aún de “infiltración” (Healy D., 2000) de los grupos de pacientes.
[10] Codificado en el DSM-IV y en la CIE 10
[11] Con fecha 29/01/08 en el mismo periódico se hace la necesaria aclaración que en el caso de la Laboratorio Ely Lilly se han publicado todos los ensayos realizados por el mismo pero que en uno de ellos se han presentado como positivos los resultados del Prozac, siendo que en la Revisión realizada por la Food and Drug Admistration (FDA) en dicho ensayo esta droga había demostrado tener una perfomance menor con respecto al placebo.
[12] El artículo aporta un dato elocuente de esta estrategia en nuestro país: en el Encuentro de la Asociación Americana de Psiquiatría que tuvo lugar en New Orleans en el año 2001el contingente más importante fue el de Argentina, con la presencia de 500 psiquiatras. Los gastos de viaje, alojamiento e inscripción de la gran mayoría de ellos fueron cubiertos pos las empresas farmacéuticas. 
[13] La más importante de estas firmas a nivel mundial es IMS Health, multinacional con sede en el Reino Unido y con subsidiarias en varias ciudades del mundo, entre ellas Buenos Aires. Vende a las Empresas Farmacéuticas la información sobre las ventas generales y clases terapéuticas específicas en términos de unidad y de valor en relación a los mercados regional y global, pudiendo la información ser especificada por ciudad, por vecindario y aún hasta el nivel del Código Postal de las farmacias que realizaron la venta de un producto determinado. El sitio web es: http://www.imshealth.com. Otra de las firmas en este rubro es Close Up. La misma, que también cuenta con filial en Argentina, “complementa” la información provista por IMS Health al proveer las empresas farmacéuticas la información sobre las prescripciones individuales de los médicos, obtenida mediante microfilmes de las recetas médicas obtenidas en las cadenas de farmacias. Close Up afirma cubrir la información de 18 millones de prescripciones de las alrededor de 300 millones efectuadas por año en Argentina, pudiendo producir un “perfil” de más de 90.000 médicos, incluidos cerca 2000 psiquiatras en la ciudad de Buenos Aires. El sitio web es: http://www.closeup.com.ar/(Lakoff, A., 2004).
[14] Recordemos que este artículo es producto de un trabajo de investigación cuya última fase tuvo lugar en julio y agosto de 2001, y fue escrito probablemente luego del estallido social de Diciembre de 2001.
[15] En algunos países (por ejemplo en EEUU) es obligatorio realizar y consignar un Diagnóstico de un Trastorno Mental definido según la nosología establecida (DSM-IV) para poder prescribir determinada medicación: por ejemplo la indicación/prescripción de antidepresivos supone necesariamente un diagnóstico de “Depresión”.
[16] Si bien hace hincapié en el campo de la Residencia en Psiquiatría esta descripción puede extrapolarse a las demás Residencias médicas y otras formas de formación de Postgrado.
[17] El texto arroja otro dato sugerente: al Congreso Mundial de Psiquiatría de Canadá del año 2006 viajaron 250 psiquiatras argentinos. La gran mayoría, obviamente, con los gastos cubiertos por los laboratorios.
[18]Si bien el artículo reconoce las limitaciones de índole metodológica existentes a la hora de comparar la prevalencia de consumo de psicofármacos entre diferentes ciudades, países o regiones, una rápida mirada a las cifras presentadas dan cuenta de las ostensibles diferencias con el estudio realizado en Bs. As.
 
Articulo publicado en
Noviembre / 2008

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