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NARRATIVA Y POLITICA

 
Roberto Arlt: la conspiración de la literatura

La ensayista Sylvia Saítta, una de las mayores especialistas en la obra de Roberto Arlt, analiza en esta entrevista la manera en que este escritor estableció nuevos modos de pensar los vínculos entre literatura y política. Además, explica cómo la literatura fantástica de los 40, lejos de evadirse de la realidad, la representaba críticamente.

GABRIEL L. ERDMANN.

A- lguna vez se dijo que "Arlt es a la literatura lo que el peronismo es a la política: entrar de prepo a la modernidad...". ¿Qué opina al respecto?

- —La vinculación peronismo-Arlt se hizo muchas veces, aunque Arlt haya muerto antes. Incluso en su libro El sexo peligroso , Donna Guy diseña una línea interpretativa que comienza en el Astrólogo e Hipólita y culmina en Perón y Eva Perón. Yo creo, sin embargo, que se trata de dos modernidades diferentes: Arlt instala nuevas reglas para pensar los vínculos entre la literatura y el mercado, entre la instancia de creación y de recepción de una literatura por parte de un público ampliado, que contradicen las reglas de un campo cultural regido hasta ese entonces por otras instancias de legitimación. Me parece entonces por lo menos aventurado comparar esta "subversión" que Arlt realiza hacia el interior del campo literario con lo que implica la irrupción del peronismo en la política argentina, que modifica tanto las reglas del propio campo político como también los modos de pensar la cultura, los hábitos, las costumbres sociales, las relaciones entre la ciudadanía y el Estado, etc., etc. Sí creo que Arlt establece nuevos modos de pensar los vínculos entre literatura y política. Por ejemplo, si tomamos Los siete locos y Los lanzallamas y los vinculamos con el momento político de la Argentina en el que fueron escritos, podemos ver que ambas novelas trabajan con el imaginario social de la revolución que se activa fuertemente antes y después del golpe de Estado de 1930, un imaginario de la revolución compuesto por los restos dispersos de los discursos fascistas y comunistas que circulaban en ese entonces en diversos sectores del campo intelectual, y el discurso de las asociaciones ligadas al ocultismo y la teosofía, que Arlt conocía muy bien no sólo como experiencia personal (como ya lo había escrito en Las ciencias ocultas en la ciudad de Buenos Aires , de 1920) sino porque eran discursos recurrentes en los medios masivos de las primeras décadas del siglo. Mi hipótesis es que Los siete locos y Los lanzallamas , captan ese imaginario social de la revolución, y lo hacen a través de la representación de la conspiración como el modelo de la intervención política en la Argentina de finales de la década del veinte, un modelo de intervención que efectivamente estaba siendo llevado a cabo por amplios sectores de la sociedad civil y del ejército, y que, a su vez, abrevaba en el imaginario abierto por la revolución rusa. En este sentido, Arlt es realista, no porque en su novela se hable de la coyuntura política del día a día, sino porque capta mejor que nadie el clima que se esta viviendo en esa Argentina pre-golpe, que es el clima de la conspiración, que pone en crisis valores hasta ese momento muy fuertes en la sociedad: democracia, justicia social, igualdad de derechos ante la ley, etc.. Arlt intuye mejor que nadie que la Argentina esta buscando un tipo de liderazgo diferente y de ahí la figura del Astrólogo, que remite tanto a Uriburu como a Agustín P. Justo.

- —Además no se mueve con un esquema previo, no parte del realismo ruso como los de Boedo.

- —Para nada, ya que en Los siete locos Arlt capta que la política y los modos de hacer política durante el segundo gobierno de Yrigoyen pasan por la conspiración y la sociedad secreta, una sociedad secreta que, en términos ficcionales, remite al complot conspirativo que efectivamente se estaba realizando para derrocar a Yrigoyen. ¿Por qué pensar, entonces, que las reuniones entre El buscador de oro, el Astrólogo, el Rufián Melancólico, Erdosain, son más inverosímiles que las reuniones secretas que en ese mismo momento están realizando sectores del radicalismo con socialistas independientes, conservadores y nacionalistas? Por eso creo que en Los lanzallamas , escrita después del golpe de Estado, la sociedad secreta estalla: después del golpe, la alianza política que lleva a Uriburu al poder comienza a resquebrajarse del mismo modo en que la sociedad secreta liderada por el Astrólogo deja de funcionar. En este sentido, coincido totalmente con Beatriz Sarlo cuando habla del Arlt como un "extremista": no hay reformas que puedan realizarse para modificar un estado social; sólo el posible subvertir el orden existente por medio de la violencia. En este sentido, no es casual que el abogado comunista que había sido expulsado de la sociedad secreta de Los siete locos , reaparezca en Los lanzallamas para ser nuevamente expulsado por el Astrólogo: no se trata de organizar soviets sino de crear "el rayo de la muerte". En Arlt, entonces, no hay conciliación, no hay armonía, sino enfrentamiento de clases y violencia. En este sentido, Arlt está totalmente alejado del discurso oficial del primer peronismo, que impulsa la conciliación entre las clases sociales. Es, a mi entender, Adán Buenosayres de Leopoldo Marechal, la novela que trabaja con el imaginario que abre el peronismo en los años cuarenta. En la novela de Marechal, si bien la acción transcurre en los años veinte, irrumpe la sociedad moderna de los años cuarenta, con una ciudad abierta al mundo, y en cuyas calles se concentran las masas, los medios de transporte. Es una ciudad "en marcha"; es una ciudad de la industria y del comercio; es la ciudad del imaginario peronista de la producción y del trabajo. Por eso es una novela de integración y no de conflicto. Es una novela donde la resolución de los problemas de la Argentina se da en la conciliación de clases sociales, de religiones, de lenguas. De ahí que yo crea que, si bien transcurre en 1927, el imaginario con el cual está pensada la novela es el de los cuarenta. Esta conciliación es la que no veo en la literatura de Roberto Arlt.

- —¿Entonces hay "lucha de clases"?

- —Tampoco lucha de clases, porque leer a Arlt desde un aparato ideológico es muy difícil. En los personajes de Arlt no hay "conciencia de clase", casi no hay proletariado, hay lumpenes. Creo que está más cerca del anarquismo que del comunismo, aunque Raúl Larra haya querido demostrar lo contrario. De hecho, y como señala David Viñas, quienes aparecen valorados positivamente en Los lanzallamas son los anarquistas. Los anarquistas, que están falsificando dinero, son las únicas figuras que son valoradas positivamente porque tienen un proyecto. No quiero decir con esto que Arlt sea anarquista, sino que en su literatura la salida es siempre violenta. Nuevamente, estamos muy lejos del peronismo, sobre todo del primer peronismo.

La invasión de los Otros

- —En la década peronista la realidad es percibida como una ficción y, para algunos, como una pesadilla. ¿Qué obra literaria cree usted que refleja mejor esta cuestión?

- —Creo que así como Los siete locos capta de un modo no realista un modo de concebir a la política como conspiración, lo que aparece en textos como Casa tomada , Sábado de gloria , Las puertas del cielo o El sueño de los héroes —ninguno de ellos realista— es, como ha analizado Andrés Avellaneda, la sensación de "invasión", la idea de una ciudad invadida por el Otro... Y si bien el relato de invasión es característico de la literatura fantástica donde son motivos recurrentes los fantasmas, los vampiros, los hombres lobos, los monstruos, las diferentes modalidades de confrontación con "lo otro", en los cuarenta estos motivos se resignifican políticamente. Por eso creo equivocado sostener a la literatura fantástica de esos años como un modo de evasión de la realidad política ya que se trata de una literatura que está haciendo referencia a lo que está pasando de un modo oblicuo pero no menos críticos. Tanto en los primeros cuentos de Julio Cortázar como en los de Martínez Estrada aparece representada la invasión de lo otro, de lo bárbaro, de lo diferente, de lo irracional, en el mundo de todos los días. En los cuentos se narra entonces el enfrentamiento de dos lógicas que no pueden conciliarse. En este sentido, y a diferencia de lo que sucede en la novela de Marechal, la conciliación es imposible. Si pensamos en Casa tomada , en Omnibus , en Bestiario de Cortázar, los personajes intentan acomodarse a un nuevo estado de cosas y fracasan: son dos mundos enfrentados cuyas realidades son intraducibles; la única resolución es que una lógica se subordine a la otra. Luego, en cuentos como El otro cielo , aparece la fascinación por lo otro, por la barbarie, que es la misma fascinación que tiene Sarmiento cuando habla de Facundo: la fascinación por aquello que es radicalmente diferente y por eso es temible y fascinante a la vez.

- —Pero en otros no está esa fascinación, por ejemplo en Bioy Casares.

- —Totalmente de acuerdo. Si pensamos en El perjurio de la nieve , por ejemplo, Bioy Casares postula un espacio cerrado en el cual desaparecen las nociones de causalidad y de desarrollo histórico. En esa figura de un padre que pretende arrancar a su hija de la muerte a través de la repetición exacta de cada uno de sus días, se busca eternizar un presente absoluto en el cual el futuro sea igual al pasado. En ese relato, se busca un orden inmutable, que esté fuera de la historia y que sea atemporal. Como analizó Jorge B. Rivera, se trata de textos que ratifican en el plano narrativo la estructuración de un mundo cerrado como símbolo de un orden que se desea no contaminable por los avatares de la historia.

- —Volvamos a Leopoldo Marechal. ¿Por qué "Adán Buenosayres" es una obra que no se pudo leer cuando fue publicada?

- — Adán Buenoayres fue publicada en 1948 cuando Marechal era funcionario del gobierno peronista. Esta ubicación hace que Adán Buenosayres fuese un texto no leído hasta la década del sesenta en que los cambios introducidos a partir de Rayuela crean las condiciones de su lectura. Recién a partir de la publicación de El banquete de Severo Arcángelo de 1965, Marechal se convierte en un escritor conocido. En su momento, sus viejos camaradas martinfierristas o los integrantes de Sur no pueden leer la novela por cuestiones ideológicas, pero tampoco fue leído, como dice el mismo Marechal, por los peronistas. Dice Marechal: "Los peronistas prácticamente ignoraron mi existencia: ponían el acento sobre los aspectos populistas de la cultura". Y en efecto, Adán Buenosayres tiene poco que ver con la idea de arte nacional y popular que tenía el peronismo. El único que sí puede leerla es Cortázar, que en 1949 hace una reseña en la revista Realidad donde dice: "Aquí esta el futuro de la novela argentina". Y en efecto, sería muy difícil pensar la literatura de Cortázar sin la de Marechal porque es en esa novela donde aparecen muchos procedimientos que uno reencuentra en Cortázar: tanto la mezcla de lo alto y de lo bajo, de lo culto y lo popular, de lo cómico y lo serio, como el uso de la parodia, la polifonía, el cruce de discursos que provienen de zonas diferentes. Para mí es una de las grandes novelas argentinas, es impensable pensar la literatura argentina sin Adán Buenosayres .

- —En "Adán Buenosayres" hay una pluralidad de estilos, es un gran punto de condensación, está todo…

- —Efectivamente, y por eso Cortazar dice: "Estamos haciendo un idioma para la literatura argentina" cuando lee Adán Buenosayres . ¿Y por qué lo dice? Porque todavía en la literatura argentina estaba abierta una cuestión que se remonta a los comienzos del siglo XX que es con qué idioma se escribe la literatura argentina. Recordemos que la novela se publica en 1948, que es el mismo año en que Ernesto Sabato publica El túnel , una novela en la que los personajes hablan de "tú". Esto es, todavía teníamos esa oscilación en la novela argentina, cuya tradición es bastante corta. Por lo tanto, Marechal escribe, después de Arlt, la segunda gran novela argentina del siglo XX.

- —¿En qué década ve con más claridad, riquezas, matices y ambivalencias, la relación entre la literatura argentina y la cultura de masas?

- —Creo que la tensión entre la cultura de elite y la cultura popular es constitutiva de nuestra literatura: está en El matadero de Esteban Echeverría, en el Facundo de Sarmiento, en las apropiaciones de Leopoldo Lugones del Martín Fierro , en el primer Borges. Distinta es la relación de la literatura con la cultura de masas, que si bien podemos leer en Arlt y su relación con, por ejemplo, el folletín, se consolida en los años sesenta en la literatura de Manuel Puig, quien incorpora a su literatura todos los registros de la cultura de masas. A su vez, creo que, a partir de los años veinte, es bastante difícil pensar una literatura no atravesada, de alguna manera, por la cultura de masas.

 
Articulo publicado en
Abril / 2006

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