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URANIANOS, INVERTIDOS Y AMORALES

 
HOMOSEXUALIDAD E IMAGINARIOS SOCIALES EN BUENOS AIRES (1902-1954)*

Introducción

El objetivo de este trabajo es indagar las significaciones imaginarias que circulaban en la sociedad porteña con relación a la homosexualidad, en la primera mitad de este siglo. Para ello haré un recorrido por diferentes textos; científicos, periodísticos y literarios.

En estos "relatos" me detendré en lo que, para estos autores, era "natural", lo que decían "sin saberlo" (Aries, 1988:265), tratando a su vez, de develar las significaciones imaginarias sociales que sostenían y subyacían en sus discursos y, por lo tanto, en sus prácticas.

Siguiendo la línea de pensamiento de Castoriadis (1981) podemos decir que lo que mantiene unida a una sociedad y le otorga su singularidad propia, y la diferencia de otras sociedades y de la misma sociedad en diferentes épocas es, la compleja urdimbre de significaciones imaginarias que empapan, orientan y dirigen toda la vida de la sociedad considerada y a los individuos concretos que corporalmente la constituyen (Castoriadis, 1981:68). Este conjunto de significaciones compartidas que constituyen el imaginario social instituido o efectivo, definen y estipulan lo que para dicha sociedad será lo valorado y lo rechazado, lo normal y lo patológico, lo que es "real" y aquello que no lo es, lo que tiene sentido y lo que no lo tiene, lo cuestionable y lo imposible de ser siquiera pensado.

Si lo pensamos en referencia a las teorías "psi", podemos decir que el imaginario social se hace "texto", estableciendo cuáles serán las áreas iluminadas, cuáles quedarán necesariamente oscuras y cuáles impensadas. Con relación a las teorizaciones acerca de la homosexualidad la pregunta que guió a los "especialistas en la psiquis" fue: ¿por qué alguien llega a ser homosexual?

Esta "inocente" pregunta nos parece lógica, natural; pero para poder construirla hizo falta un requisito previo, que existiera el "sujeto homosexual".

Contexto histórico

Foucault (1982, Cap 12) al investigar la evolución de la noción de "individuo peligroso" en la psiquiatría legal, pone de relieve el pasaje de una adecuación del castigo a las "conductas", en los códigos penales anteriores al siglo XVIII, a una necesidad de adaptarlo a la "naturaleza" del criminal. Cambio que requirió de la intervención de la "medicina mental" en la institución penal. La Medicina, y en particular la Psiquiatría como higiene pública, debía bregar por una profilaxis del cuerpo social, individualizando a los sujetos "peligrosos" para por un lado, protegerlo de ellos, y por otro lado, aplicar una terapéutica que "reformara" a estos sujetos.

Consecuentemente, se pasó de la penalización de las que eran llamadas prácticas de sodomía a la invención del sujeto homosexual, con el consiguiente interés por indagar su naturaleza, la etiología, si puede diseminar o infectar al cuerpo social con su anomalía, si es hereditaria o adquirida.

El término "homosexual" fue acuñado en 1869 por el médico húngaro Karl Benkert en una carta dirigida al Ministro de Justicia de Hannover defendiendo los derechos de esta minoría y con el propósito de evitar que Alemania rompa con la tradición napoleónica de no penalizar las prácticas homosexuales1. De esta manera se inicia la discusión pública de la tesis que sostenía que la homosexualidad era innata, razón por la cual era injusto perseguir a quienes la "padecían". Esta tesis provenía, en realidad, del médico alemán Karl Henrich Ulrichs para quien el "uranio" constituía un tercer sexo (la elección de este término se basaba en un mito de Platón). Para Ulrichs el uranio era una persona cuya alma femenina, habitaba un cuerpo masculino, y viceversa para la mujer. Consideraba que al ser el "uranismo" algo heredado, no aprendido y minoritario, no había razones para castigarlo.

En la misma línea, el neurólogo alemán Magnus Hirschfeld a través de la creación del Comité Científico Humanitario, que publicaba el anuario "Yearbook for Sexual Intermediates" dedicado a la temática homosexual, iniciaría la lucha por su despenalización. Por otro lado, Krafft Ebing, quien había leido a Ulrichs, sostenía de igual modo que la homosexualidad era congénita, aunque llegando a conclusiones muy diferentes. La consideraba como "un signo de degeneración funcional y manifestación parcial de un estado neuropsicopático" (Hartwich y Krafft Ebing, 1937:290) siendo necesario su tratamiento psiquiátrico.

Para intentar responder qué teorizaban algunos de los precursores de la psiquiatría y la psicología en Buenos Aires, abordaré muy brevemente los desarrollos de cuatro autores: Francisco de Veyga (1902-1903), José Ingenieros (1910), Aníbal Ponce (1931) y Enrique Mouchet (1953).

Es interesante notar que, así como la enseñanza de la materia Psicología en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, en sus inicios en 1896, estuvo a cargo de abogados (Matienzo-Rivarola-Dellepiane) (Rossi, 1995:77), los primeros artículos sobre homosexualidad fueron publicados por un psiquiatra y médico legista en los Archivos de Psiquiatría y Criminología. Los casos clínicos descriptos se refieren a sujetos que eran detenidos por la policía, generalmente por Escándalo.

Para ubicarnos en el contexto histórico resulta pertinente recordar que en el año 1875 el Concejo Deliberante de la Capital Federal legalizó la prostitución con el propósito de controlar el contagio de las enfermedades venéreas. Apoyándose en San Luis y San Agustín justificaban que "ya que la prostitución se ha perpetuado (...) porque hay ciertas necesidades que son eternas como el tiempo" era conveniente reglamentar la apertura de burdeles para llevar a cabo un escrupuloso control médico sobre las prostitutas y así "salvar en cuanto se pueda (...) a las jeneraciones futuras de cierta clase de males"2 (Tamini, 1869:133). Los funcionarios atribuían el elevado porcentaje de mortalidad infantil a las enfermedades venéreas difundidas por la prostitución (de las prostitutas a los hombres, y de estos a su familia).

Entre 1875 y 1936 se dictaron innumerables ordenanzas modificando la reglamentación de los burdeles con el fin de controlar la salud pública y evitar la trata de blancas. En este debate participaron médicos, socialistas y feministas, además de una fuerte presión internacional, debido a que se afirmaba que la legalización de la prostitución favorecía el tráfico de mujeres. (Guy, 1994)

Finalmente en 1936 el Congreso eliminó los burdeles con la Ley de Profilaxis Social.

Muchos de estos "invertidos profesionales" eran detenidos en los burdeles legalizados. Justamente, otra peculiaridad de estas teorizaciones y primeros casos clínicos es que se refieren a lo que actualmente llamaríamos travestis que, excepto en uno de los casos, ejercían la prostitución. Evidentemente el universo analizado está determinado por el particular lugar donde fueron desarrolladas las observaciones y las entrevistas: la Clínica Criminológica y la Sala de Observación de Alienados de la Policía de la Capital Federal. Y no podía ser de otra manera, las disciplinas ligadas a la salud mental recién comenzaban a tener autonomía. La demanda que se hacía a la ciencia estaba determinada por el auge del positivismo y a una interpretación de lo social desde la Medicina, que concebía a la sociedad como un organismo, a la crisis como una enfermedad, y el crimen como un mal (una bacteria) que había que extirpar de la "sociedad cuerpo". Acompañado simultáneamente por una fuerte presión de los médicos para intervenir y emitir opiniones dentro del ámbito político (Terán, 1987).

Francisco de Veyga (1866-1948)2

Fuente: Archivos de psiquiatría y criminología (1902-3)

A lo largo de los años 1902 y 1903 publica cinco artículos. Presentando seis casos clínicos y, ¡hasta con fotos!

Concibe la inversión como una "desviación psicoorgánica" y describe al invertido como una "mezcla alternante de sátiro y erotómano, se les vé‚ furiosos, excitados, presa de una sed inextinguible de placer, buscando sin cesar en que abrevar el deseo." (1903:333)

Afirma que el invertido es un delirante, "se ha forjado un afeminamiento que no existe, ni puede existir...". Lo compara con el megalómano, el perseguido y el místico. "Sus actos son simples, absurdos, llenos de detalles infantiles y ridículos, antes que grandes, heroicos, como ellos los pintan. Sus amores están llenos de accidentes policiales ó de qui-pro-quo, no porque merezcan la pena sino por lo absurdos que son. Y los desengaños de que se quejan, si es que existen, no son los resultados del abandono ó la deslealtad, sino de la fatiga ó el hastío que inspiran con sus infelices exigencias y sus ineptitudes." (1903:334)

Diferencia al "invertido" del "pederasta patentado"4 o "sodomita", sosteniendo que el primero se caracteriza por tener actitudes que reflejan la idea de imitar a la mujer.

Postula que la etiología de la inversión del instinto sexual de cualquier orden es resultado de la acción combinada de dos factores íntimamente ligados entre sí, los centros orgánicos de la vida mental y las características del aparato genital, primando el poder de los primeros: "...la actividad sexual tiene su base orgánica en el aparato destinado a la reproducción, pero su centro dirigente está en el cerebro". (1903:194) De modo que ante la ausencia de alteraciones del aparato genital, se puede imputar a la constitución mental del individuo muchas desviaciones o aberraciones de orden funcional. Plantea que clínicamente no hay ningún rasgo que diferencie la inversión innata de la adquirida por cualquier motivo. La educación de las funciones sexuales influye para determinar o no, la inversión en sujetos congénitamente predispuestos de la misma forma que, en los no predispuestos, condiciones especiales de educación y ambiente pueden determinar perversiones sexuales adquiridas.

Sostiene que la idea que sirve de base al "delirio" es la de la transformación sexual, reforzada por las imágenes del ambiente en que entra, el ejemplo y las sugestiones. Adjudica al ambiente el factor determinante del "delirio" y su conservación.

Considera que al "delirio" (factor mental) se le suma el efecto de las tendencias sexuales innatas que pueden ser "normales" o "mórbidas" (inversión o aberración del instinto). Estas dependen de la organización anatómica del individuo y buscan abrirse paso. A criterio de De Veyga las mórbidas se expresan con mayor frecuencia y aclara que solo describir algunas para evitar el "hastío":

Los "fellatores", revisten un carácter impulsivo y aclara que: "la furia con que se libran al acto es característica de los invertidos". Entre estos separa un tipo particular que, "llevan su aberración al extremo de absorber las pérdidas que ocasionan", a quienes denomina "espermófagos".

Los que se excitan con la visión de un objeto emblemático de virilidad "y con mayor razón de un órgano vivo, real". Calificando esta tendencia como una forma particular de "fetiquismo" que provoca impulsos violentos, ya sea la masturbación, la tendencia a tocar, o a poseer el objeto.

Los "masoquistas", quienes gozan y se excitan con el trato desconsiderado, o bien con golpes, injurias o la emisión de sangre.

Como tipo de "aberración" más común destaca la que tiene como objetivo la "sodomía".

 

Algunas Puntuaciones:

Llama la atención la presentación de los casos acompañados de fotografías. Encontramos la posible explicación en el primer artículo. Como estos sujetos pertenecían al grupo de los que "hacen profesión pública de su inversión. No era, pues, el caso de pensar en el secreto profesional."(1902:44)

Puede inferirse que otorga gran importancia al ambiente en la génesis de las llamadas perversiones sexuales ya que:

Otorga un lugar decisivo a la educación, el ejemplo y la sugestión en la determinación de la inversión sexual adquirida, así como a su inhibición en los sujetos con predisposición congénita.

En alusión a uno de los casos, resalta los efectos que provocó su estadía en el Servicio: "Al dejar el Depósito, después de haber sufrido varios días el régimen disciplinario que rije allí, su aire de marica parecía haberse disipado bastante." (1903:202)

José Ingenieros (1877-1925)5

Fuente: Archivos de psiquiatría y criminología (1910)

En este artículo, Ingenieros propone hacer "una clasificación sistemática de las perturbaciones psicosexuales, de acuerdo con el proceso de formación genética que corresponden" (p.4)6. Critica la bibliografía producida hasta el momento (Krafft-Ebbing, Lombroso, Janet, Mercante y De Veyga entre otros) por considerar que sólo se hizo una "copiosa" enumeración empírica de observaciones "no guiadas por ningún concepto general" (p.4).

Sostiene que los fenómenos psicológicos son la expresión de procesos biológicos, y que la función de reproducción, en particular, encuentra su expresión en tres procesos distintos diferenciables por su origen y su evolución. Estos son:

1) La emoción sexual: es el fenómeno biopsíquico que aparece primitivamente, y que en el ser humano se conoce como "voluptuosidad de cópula y que es simplemente la emoción propia con que el organismo reacciona a la excitación de la sensibilidad sexual (especializada) ó su representación psíquica.""(...)la voluptuosidad es la resonancia emotiva del organismo a la realización de una tendencia biológica"(p.6)

2) La tendencia sexual o instinto: La emoción sexual repetida, tiende a crear un hábito, que por su utilidad biológica y generalización en la especie, se fija como carácter adquirido y se transmite hereditariamente como tendencia sexual. Aclara que los instintos no son fijos, sino variables; la educación los desarrolla, desvía o inhibe. Cuestión que, entre otras cosas, produce diferencias en su desenvolvimiento en el hombre y la mujer.

3) El sentimiento especial: es decir, el amor propiamente dicho; es una formación psicológica de la experiencia individual sobre la base congénita de la tendencia. Así como esta es producto de la herencia, el amor es producto de la educación. Ingenieros piensa que aparece inesperadamente en la adolescencia provocando una sintomatología característica (se pierde la noción de lo real, germinan romanticismos, se generan imprevistas oscilaciones del humor, del gusto, del carácter, estados afectivos indecisos, etc.) que anuncia la aparición de una representación psicológica de una función nueva cuyo objetivo esencial es la conservación de la especie.

"En su hora oportuna esos movimientos orgánicos y sensaciones internas repercuten sobre la conciencia, traduciéndose por una emotividad especial en presencia de los individuos del sexo opuesto"(...)"Voluntaria o involuntariamente, el organismo dispone sus elementos para la elección afectiva que encauzará sus nuevas funciones: fórmase un ideal en cada sujeto, tendiendo á sintetizar inconscientemente en él las cualidades complementarias más aptas para la procreación de seres biológicamente superiores."

"Una vez producida por los sentimientos la función electiva, la tendencia o instinto ha encontrado las condiciones propicias para realizarse y asume caracteres volitivos, de acción, convirtiéndose transitoriamente en pasión, que es la fase activa de la vida sentimental y compele a la realización de la tendencia"(p.8)

Para Ingenieros, estas tres manifestaciones genéticas de los fenómenos psicosexuales pueden perturbarse conjuntamente o por separado. La emoción, la tendencia o el sentimiento pueden estar exageradas (hiperafrodisías), disminuidas (anafrodisías) o desviadas (parafrodisias). Clasificando, de esta manera, la patología de las funciones psicosexuales en nueve grupos puros que pueden estar, a su vez, combinados entre sí.

Toma como criterio de morbilidad, toda actividad que no responda a su función. Como la actividad sexual, razona, tiene como función la reproducción de la especie, serán de carácter mórbido, toda emoción, tendencia o sentimiento que no esté vinculado a esa finalidad biológica.

En referencia a la temática de este trabajo, resulta pertinente indagar tres de los nueve grupos "patológicos"; los tres grupos de parafrodisias.

a) Parafrodisias instintivas: forman parte de las patologías del instinto sexual (adquirido en la experiencia de la especie). Las considera como una tendencia congénita, las causas ocasionales sólo despertarían una tendencia latente; las señala como un síndrome típico de degeneración mental. Advierte que este tipo de inversión es poco frecuente y que no hay que confundirlas con pseudoinversiones adquiridas, muy comunes en internados, conventos, cuarteles y en agrupaciones permanentes de individuos del mismo sexo. "En todos estos pseudo-uranistas la tendencia sexual es primitivamente normal, pero ha sido desviada por la educación; el hábito de la pederastía activa o pasiva ha creado sentimientos invertidos, desviando en sentido homosexual la primitiva tendencia. Componen la gran masa de los homosexuales militantes, aunque todos pretenden hacer creer que son verdaderos invertidos congénitos..., comprendiendo que su perversión adquirida es más disculpable con el disfraz de la anomalía congénita."(p.23-4)

b) Parafrodisias sensitivo-emotivas: forman parte de las patologías de la emoción sexual (adquirida en la experiencia individual). Comprende a los sujetos en que "la voluptuosidad sexual está desviada de sus excitantes y de sus reacciones normales, ya por predisposición degenerativa, ya por hábitos anormales contraídos en el curso de la experiencia sexual."(p.46) Describe dos subclases:

i) los excitantes normales de la emoción sexual están sustituidos por otros que desvían la cópula de su finalidad (la reproducción de la especie). Incluye a "la pederastía activa y pasiva, el safismo, el cunnilinguo, la masturbación personal y ajena, el tribadismo, etc."

ii) las asociaciones mórbidas entre sensaciones no genitales y la reacción voluptuosa. Es decir, el "fetichismo sensual" y las sinestesias genitales.

c) Parafrodisias sentimentales: forman parte de las patologías del sentimiento sexual [adquirido en la evolución individual como representación psicológica de la experiencia individual (emotividad) y de la especie (instinto)]. Se trata de la desviación primitiva del amor hacia seres y objetos que no tienen relación alguna con el instinto de reproducción. Personas que concentran su amor en los animales (zoofilia), estatuas, cuadros, o bien un objeto relacionado a alguna persona, constituyendo diferentes formas del "fetichismo psíquico".

En otro orden ubica al "uranismo psíquico", que sería el momento en que la amistad entre dos hombres o dos mujeres se "complica" en amor. Diferenciándolo claramente de la inversión de la tendencia o la voluptuosidad, ya que excluiría toda "complicidad" del instinto o los sentidos (amor platónico). Resalta, apoyándose en Mercante (1905), que esta clase de uranismo, es más común en las mujeres, ya que las homosexuales femeninas tienen predisposición a mantenerse "romancescas y contemplativas".

Algunas Puntuaciones:

Se podrían delinear dos líneas de pensamiento presentes en Ingenieros; la primera, arraigada en la biología, tiende a mantener y reproducir lo instituido; la segunda de características instituyentes, apoyada en la relatividad cultural, tiende a denunciar las diferencias de clase y de género.

Esta última podemos visualizarla cuando afirma que los delitos sociales no están arraigados en la biología sino que están definidos por las reglas del momento y que "un acto no es honesto ni delictuoso en sí mismo, como tampoco es moral, ni inmoral: su carácter es relativo al medio en que se produce." (1908:516). También se diferenciaba de los teóricos europeos como Lombroso al sostener que la prostitución no obedecía a fallas biológicas y que, además, era una forma de liberación biológica y económica para las mujeres. (1919/25)

En cambio, cuando se refiere a la homosexualidad en Grecia, la describe como "costumbre contra-natura" y considera "ilegítimo" separar "el sentimiento erótico de sus relaciones naturales con la reproducción de la especie"(1919/25:247,250)

Aníbal Ponce (1898-1938)7

Fuente: Ambición y angustia de los adolescentes (1931).

Es la reproducción casi literal del curso que dictó, a fines de 1931, en el Colegio Libre de Estudios Superiores de Buenos Aires.

Sitúa su estudio en tres planos: el biológico, el psicológico y el social.

Diferencia amor de función reproductora. Haciendo notar, además, que el término reproducción es mucho más amplio que sexo, ya que por ejemplo las células se reproducen sin sexo.

En primer término analiza el comienzo de la tendencia sexual en los adolescentes como signo de madurez orgánica, y posteriormente, el tema del amor como expresión de la personalidad desarrollada.

Sitúa el comienzo de la adolescencia con "el sentimiento de que hay algo en la intimidad que no puede expresarse, algo así como una vaga conciencia de que el propio organismo se transforma"(p.27) (refiriéndose, tanto a las nuevas secreciones de las glándulas como a la transformación del cuerpo en general: caracteres sexuales primarios y secundarios). En síntesis, a criterio de Ponce, sería la madurez corporal la que despierta la curiosidad e interés sobre las cuestiones sexuales en el adolescente respondiendo a un imperativo de su propio cuerpo.

Diferencia la psicología de los adolescentes de la psicología animal ya que con aquéllos se presenta el importante problema de saber: "¿qué significado adquieren para la conciencia adolescente las transformaciones cuyos productos difundidos por la sangre en todo el organismo han llegado a impregnarlo profundamente?"(p.32). De esta forma, define a la tendencia sexual como "inconciente" y al deseo sexual como la traducción en términos concientes de esa necesidad orgánica, es decir, el tomar conciencia de esa necesidad.

Con relación a la homosexualidad sostiene que el adolescente aspira a reconstruir un ambiente social en base de otros adolescentes como él, con necesidades idénticas a las suyas, y que la necesidad de un alma gemela se vuelve cada día más conciente. De este modo, las manifestaciones de "simpatía adolescente" y sentimiento tierno se entremezclarían con la tendencia sexual engendrando un fenómeno que considera normal en la evolución de los adolescentes al que denomina "fiamma". Puntualiza que estas primeras "amistades" entre adolescentes de igual sexo presentan características extrañas: entusiasmo intenso, celos, lágrimas, reproches, sacrificios, etc. Luego analiza la "schwärmerei"; a la que define como una "fiamma" a la cual se sobreañaden sentimientos de respeto, admiración y ternura filial; es experimentada por personas del mismo sexo, aunque de una edad mucho mayor. Y acentúa el carácter sensual de ambos fenómenos.

Los explica apelando a la bisexualidad inicial del organismo. Sostiene que cada persona al comienzo de su desarrollo llevaría en potencia los caracteres de ambos sexos, y en cierto momento de la vida embrionaria se impondría el sexo definitivo, inhibiendo o frenando el otro, aunque sin destruirlo, subsistiendo dispersos elementos de la glándula "vencida".

Señala, además, que en la crisis fisiológica de la pubertad es frecuente que el varón adquiera durante cierto tiempo rasgos de feminidad, y viceversa en la mujer.

Entonces, el razonamiento que hace es: si la glándula "vencida" fue capaz de imprimir al organismo púber, la huella de su influencia, hay que admitir también su capacidad para determinar en la psiquis del adolescente las tendencias correlativas.

Concluye así, que a la tendencia sexual (por así decir, el "hambre" del organismo que busca calmarse) se suman "desde las sombras" las tendencias "bastardas" del sexo "vencido". Dando a los adolescentes "un alma tan ambigua como su cuerpo".

Con relación a los determinantes sociales advierte: "Alimentadas sobre todo por el aislamiento y el encierro, las "llamas" son productos casi exclusivos de los internados y los seminarios, de los cuarteles y los reformatorios; de todos aquellos ambientes, en fin, que sin llegar propiamente a la clausura mantienen separados a los dos sexos en el momento de mayor peligro para la conducta futura de los adolescentes".

Algunas Puntuaciones:

Se puede advertir el impacto Darwin y la influencia de Ingenieros en la utilización del método genético en el análisis de la función reproductora en las diferentes especies, desde los organismos unicelulares hasta los animales superiores.

Al anclar la sexualidad en lo corporal, se ve obligado a criticar al Psicoanálisis, negar la sexualidad infantil y argumentar que, si aparece cierta curiosidad sexual en los niños no se debe a "un imperativo de su propio cuerpo" sino al ocultamiento e hipocresía de los adultos, y lo que les atrae, en realidad, es lo prohibido.

Logra cierto equilibrio en la dialéctica natura-nurtura adjudicando causas orgánicas y sociales a la conducta homosexual. En un primer movimiento fisiologiza la orientación sexual, y en un segundo momento advierte acerca de las causas sociales que la intensifican en uno u otro sentido.

Enrique Mouchet (1886-1977)8

Fuente: Tratado de las pasiones (1953)

Mouchet se autodefine como psicólogo vital. Este sería un biólogo de la introspección, "se sitúa de primera intención en medio de su propia existencia y convierte su sentimiento vital en el centro de gravedad de sus concepciones fundamentales"(p.13). El sentimiento vital, ligado al concepto fisiológico de cenestesia, está formado fundamentalmente por las sensaciones internas y en menor medida por las externas, sobre todo, las de mayor valor afectivo. Siguiendo a Ribot, dirá que la conciencia no es otra cosa que "el conocimiento de que goza el ser vivo de sí mismo por vía interna"(p.21).

Por pasión entiende al fenómeno afectivo caracterizado por "su honda intensidad y su relativa larga duración"(p.15), sobre la cual van a germinar las emociones, las que se distinguen por sus efectos intensos y momentáneos. Desde un punto de vista metodológico, considera a la pasión como la lente de aumento más adecuada para descubrir los designios recónditos del alma. Desde un punto de vista moral, la extirpación de una mala pasión es el gran triunfo del espíritu.

Se refiere a la homosexualidad en el capítulo 6, "Psicología del amor"; parágrafo 17, "Amor uraniano".

Parte de los desarrollos de Ulrichs y el Psicoanálisis y formula su propia teoría, tildando las teorías freudianas de fantasiosas:

"Si un joven, hijo de madre dominante; si otro de padre brutal y tiránico y madre sufrida y sumisa; un tercero de progenitores equilibrados; un cuarto que quiere mucho a la hermana, ingresan simultáneamente en un internado profesional donde existe un clima de perversión homosexual, todos concluirán por ser uranistas. Si el psicoanalista interpreta cada uno de los cuatro casos encontrará la explicación en la causa anotada y no en el ambiente corrompido, y las cuatro interpretaciones pansexuales serán entre sí diferentes y contradictorias por ser frutos de la imaginación creadora de los adictos a la doctrina"(p.263)(subrayado mío)

Clasifica a los homosexuales en tres grupos, designando los dos primeros como "una misteriosa alquimia de la naturaleza":

1- Constitucionales de base hormonal: Caracterizados por perturbaciones endócrinas que repercuten sobre el cuerpo, imprimiéndole la apariencia del sexo contrario. Subjetivamente, si son hombres se perciben interiormente como mujeres, y si son mujeres, como hombres, a causa de una aberración en el sentimiento vital. Señala que pueden curarse por tratamiento con hormonas unido a la psicoterapia.

2- Constitucionales de base neurótica: Los describe como enfermos del sistema nervioso.

3. Normales desde el punto de vista anatómico-fisiológico; pero pervertidos de la conducta: Los incluye en la familia de los que adquirieron una "mala costumbre". Y los relaciona con la pederastia en los griegos. Este último grupo es blanco de su crítica, como los autores que a su criterio hacen "apología de la homosexualidad", por ejemplo los que critican su penalización en el Código Penal Alemán.

Algunas Puntuaciones:

Es un texto plagado de juicios morales y valorativos.

Concepción de la heterosexualidad como ideal psicofisiológico.

Concibe las diferencias de género como la expresión armónica y adecuada de la vida psíquica.

De igual modo que los autores precedentes, sostiene que la larga convivencia de personas de un mismo sexo pueden "pervertir" las costumbres y provocar amores y conductas homosexuales.

Admite que las expresiones amorosas de los homosexuales son idénticas a las de los heterosexuales, y que la pasión que sienten cuando se enamoran, es de la misma intensidad que si fuera una persona del sexo opuesto.

Algunas aproximaciones conclusivas

Contrariamente al énfasis innatista que le habían impreso a la homosexualidad Ulrichs y los médicos y psiquiatras del Comité Científico Humanitario en Alemania por un lado, y en otro sentido psiquiatras como Krafft Ebbing, Westphal y Lombroso, aunque estos últimos muy alejados de las intenciones de los primeros, aquí en la Argentina se exaltaba el papel del ambiente, todos podían caer en "conductas amorales" si se les impedía el comercio sexual "normal".

Esto adquiere relevancia, ya que si la homosexualidad es innata no reviste "peligro", en cambio, si es "adquirida" y se cataloga, ya sea como vicio, perversión o enfermedad, lleva implícita la idea de contagio, pero a la vez la posibilidad de prevenirla.

Ingenieros(1910), De Veyga(1902-3), Mercante(1905), Ponce (en 1931, en un libro vuelto a reeditar hasta 1990) y Mouchet (1953) advierten acerca del peligro de aislar a los dos sexos y resaltan la importancia del ambiente y la educación en la determinación de la homosexualidad, como en su inhibición en los sujetos con predisposición congénita.

Esta creencia también está presente en la literatura, en el periodismo y la motivación de algunas leyes...

En 1914 se estrena la obra Los Invertidos del anarquista José González Castillo. Se trataba de como una mujer descubría que tanto su esposo (Florez) como el sujeto que la cortejaba buscando ser su amante (Perez), tenían una vida homosexual secreta. Ante dicho descubrimiento, esta mujer-madre se enfrenta a ambos, mata de un disparo a Perez, le entrega el arma a su marido y lo incita a suicidarse para salvar a sus hijos del "mal ejemplo". El "final" estaba preanunciado desde el comienzo de la obra, Perez y Florez eran médicos y se autoconcebían "amorales" considerando su "segunda naturaleza" como "vicio y aberración". En el transcurso de la obra, Florez escribía el informe sobre un peritaje a un "invertido" y le expone a la esposa su "teoría": "...hay una ley secreta...extraña, fatal, que siempre hace justicia en esos seres, eliminándolos trágicamente, cuando la vida les pesa como una carga...Irredentos convencidos...el suicidio es 'su última, su buena evolución'..."(p.20). En la escena final cuando la esposa le entrega el revolver le recuerda: "...ahora te queda lo que tú llamas la última evolución...tu buena evolución!"(p. 81). Este mensaje se repite insistentemente a lo largo de toda la obra como el final inevitable de todos los invertidos.

González Castillo, al finalizar la obra la noche del estreno, dirigió unas palabras al público presente alertando sobre "la amenaza gravísima y un peligro constante para la salud moral y física de nuestra sociedad" que entrañaban los invertidos. Agregó además: "Evitar ese peligro, combatiendo el nefasto y repugnante vicio por todos los medios posibles es hacer obra buena y moralizadora, y ninguno mejor que aquel que sea capaz de inspirar asco y odio hacia una aberración, que, hasta ahora, sólo nos inspiraba desprecio o lástima..."(González Castillo, 1914:2)

En 1926 Roberto Arlt (escritor de clase media) publica El juguete rabioso. En su tercer capítulo, que lleva el nombre de la novela (p.60-65) describe a un homosexual como corrupto, sucio, de clase alta, enfermizo y con un ferviente deseo de haber nacido mujer. Se considera a sí mismo "chiflado" y "degenerado". Y adjudica su "desviación" al ambiente: "Yo no era así antes...pero él me hizo así".

Podemos preguntarnos si estos autores "reflejan" cierta "realidad" que vivían los homosexuales de la época, o si se trata de una "construcción" a través de la cual proponen un "modelo". Es decir, ¿"reflejan" realidad o "producen" realidad?

Diré que reflejan una realidad que al mismo tiempo producen y que, además, por su repetición desde diferentes focos, se contribuye a mantener y re-producir. No resulta raro, entonces, que los personajes homosexuales de ambas obras se vean a sí mismos como enfermos, son miembros de la sociedad, y como tales, son receptores de sus discursos desde que nacen y los internalizan. (Cf Barzani; 1993, 1997) Parafraseando a Bourdieu, podríamos decir que al imponerles un nombre, una etiqueta ("enfermos", "degenerados", "desviados") que los define, los clasifica, los instituye, los constituye, se los está conminando a convertirse en "lo que son", es decir, en "lo que deben ser", se les "ordena" que llenen su función, que jueguen el juego desde dicha función, que vivan conforme a su "naturaleza social". (Bourdieu, 1982:75)9

Los diarios porteños de Septiembre y Octubre de 1942 revelaban un escándalo en el que estaban implicados los cadetes del Colegio Militar. Un grupo de homosexuales utilizaban como "señuelo" a una "joven de gran belleza" conocida como Sonia (19 años). La mujer entablaba conversación con los cadetes que la abordaban, y en la creencia de que tendrían relaciones sexuales con ella aceptaban ser llevados por ella a un departamento donde una vez allí, la joven desaparecía, dejándolos con un hombre, el cual les revelaba la verdad y les proponía tener relaciones con hombres. Mientras que muchos jóvenes se retiraban, otros aceptaban el cambio. A estos últimos se los fotografiaba desnudos, pero con algún elemento del uniforme que revelara su condición de cadete, para ser usado en caso de que alguno decidiera denunciarlos. Un cadete que no había aceptado intervenir, denunció el hecho ante los superiores. Los diarios del 30 y 31 de Octubre publicaron nombres y apellidos de 33 civiles que habían sido detenidos "en altas horas de la noche" en "distintos focos de corrupción donde sujetos amorales se reunían en pretendidas ‘fiestas’" secuestrándose además 170 fotografías. De las crónicas se desprende la "inocencia" de los jóvenes cadetes ante la astucia de los "amorales" que organizaban estos "antros de perversión" y "habían provocado la desviación de los cadetes". El temor y rechazo a la homosexualidad por parte de los porteños no sólo se revela en estas crónicas, sino también en los sucesos que fueron protagonizados los Sábados 26 de Septiembre y 3 de Octubre por la noche, poco tiempo después de haberse conocido los hechos. En la noche del 26 muchos civiles habían "hecho víctimas de sus pullas y vejámenes a los otros mil cadetes que nada tuvieron que ver en el desgraciado episodio". Razón por la cual se habían armado escándalos e intercambio de insultos en el centro de la ciudad. Evidentemente los cadetes no toleraron las bromas homofóbicas de los civiles y la noche del Sábado 3 transitaban en pequeños grupos que provocaban a los transeúntes, agrediendo a quienes los observaban y entregándolos detenidos a la policía. Un grupo de 15 cadetes atacó a un menor que, según ellos, "los había mirado sonriente". El muchacho fue lesionado y la policía se limitó a detener al menor sin tomar ninguna medida contra los agresores. Las bromas de los civiles y las batallas campales que se sucedieron en varios lugares provocadas por los cadetes, dan una idea de los sentimientos que provocaban la homosexualidad; y nos permiten corroborar el peso que dichas representaciones simbólicas tienen en las mentalidades y comportamientos de los actores sociales, quienes quedan aprisonados por aquéllas (Baczko, 1984: 8,16).

El miedo a la homosexualidad, conjuntamente con las advertencias acerca del peligro de larga convivencia de personas del mismo sexo produjo que el gobierno militar de 1944 sancionara un decreto que modificaba la Ley de Profilaxis Social con el fin de permitir la instalación de burdeles cerca de los cuarteles. Entre otros firmaron el decreto, el futuro presidente Perón (1946 a 1955)10.

El 30 de diciembre de 1954 firmó un decreto legalizando los burdeles municipales.

Aunque muchos pensaban que formaba parte de su ataque contra la Iglesia Católica dicho decreto estaba en consonancia con el de 1944 y fundamentado por los funcionarios de la secretaría de Salud Pública, tal como podemos corroborarlo en los Archivos de la Secretaría de Salud Pública de Noviembre de 1948. Entre otros artículos, se publica uno del doctor Nicolás Greco (Profesor Honorario de las Facultades de Ciencias Médicas de BsAs y de La Plata) que promueve la legalización de la prostitución citando a San Agustín y a Santo Tomás de Aquino, como lo habían hecho los concejales de la ciudad en 1869. Por otro lado, responzabiliza a la ley que abolió los prostíbulos, de provocar a:

"el hombre, imposibilitado en cierta época de su vida de constituir familia, un serio problema social para sus relaciones intersexuales, recurriendo (...) a recursos artificiales como la masturbación o las perversiones sexuales, es decir, la homosexualidad o pederastía en el hombre o al tribadismo o safismo en la mujer, la que también tiene necesidad de satisfacer su instinto sexual haciéndolo entre ellas cuando no lo puede hacer con el hombre. Otros recursos de perversión sexual como el beso genital o la bestialidad concluyen, como la inversión sexual y la masturbación, en el debilitamiento orgánico y mental tanto del hombre como de la mujer, en los cuales se observan estados de postración, de alteraciones nerviosas y psicopáticas diversas".

Pierde relevancia discutir si la legalización de la prostitución tenía que ver con un ataque contra la Iglesia o si estaba determinado por el temor latente y sostenido durante décadas acerca de que, el "ejemplo" y la abstinencia sexual (heterosexual) causaban la homosexualidad, la pseudoinversión, la perversión, o como se la llamara. Seguramente ambas cuestiones tuvieron su peso, pero lo cierto es que fue ese, y no otro, el argumento elegido por el gobierno. Ya sea porque los funcionarios creían realmente en dicho peligro, o bien, porque conocían el temor y las creencias populares en torno a la homosexualidad, como las teorías desarrolladas por los profesionales del campo de la salud mental. De hecho, la semana anterior a la sanción del decreto que legalizaba la prostitución, se realizaron razzias masivas de "amorales" en diferentes lugares de la ciudad con el fin de "terminar de una vez por todas con las peligrosas desviaciones que esta gente muestra a la sociedad"(Diario La Prensa).

Otra significación imaginaria fuertemente arraigada proviene del discurso religioso judeo-cristiano y se refiere a establecer una relación natural entre sexualidad y reproducción de la especie. Así como desde la religión se pregona que las prácticas sexuales no procreativas son pecado, para los autores analizados pasaron a ser perversiones o aberraciones sexuales. Se apoyan en la biología como garantía de objetividad científica. Y a pesar de que Ingenieros se vale de la relatividad cultural para abordar las diferencias de clase y de género, no puede transferir dicho razonamiento a la temática sexual, y acusa a los griegos de hacer una "desenfadada apología" y "una cínica idealización en obras inmortales" de la homosexualidad (Ingenieros, 1962: 245 n.3).

También en las ciencias biológicas los imaginarios sociales pesan en la determinación de lo que será motivo de investigación y de lo que, necesariamente, quedará impensado. Podríamos inferir que, presuponer que la única función del sexo era la reproducción y estudiar la sexualidad bajo el prisma antropocentrista, produjo que en siglos anteriores no se investigara la conducta homosexual en los animales (¿no se percibiera?).

Podríamos ubicar que recién con la invención del concepto de pulsión (Freud, 1905), se asestó un golpe a la concepción que atribuía a la sexualidad un fin y un objeto específicos. Aunque Freud mismo no está exento de contradicciones, ya que, por un lado, adjudica a Iwan Bloch el "mérito" del cambio de "sus puntos de vista patológicos por los antropológicos en la concepción sobre la inversión" (1905:127 n.9); y considera fuente de grave injusticia que se tilde de perversas y se las proscriba, a las prácticas que han abandonado el propósito de la reproducción y persiguen la ganancia de placer como meta autónoma (1917:289; 1929:102). Por otro lado afirma que se requiere que en la pubertad "la zona genital cobre la función de sintetizar las diversas prácticas sexuales para la meta de la reproducción"(1905:217) y concibe a las perversiones como detenciones o inhibiciones en el desarrollo (1905:190; 1910:57-8; 1935).

Mientras las primeras citas darían cuenta de un movimiento instituyente que tiende a modificar lo socialmente instituido, las últimas ponen de manifiesto el impacto y el peso del imaginario social efectivo. Impacto que podemos corroborar en textos muy posteriores al período explorado:

"(...) es posible definir la genitalidad adulta como el pleno ejercicio de la capacidad libidinal de un sujeto mediante la puesta en juego de los elementos remanentes de todas las etapas de maduración psicosexual, con la culminación en el nivel genital, con otro sujeto del sexo opuesto y con la aceptación implícita de la capacidad de procrear(...)" (Aberastury y Knobel, 1971:87)

A pesar de haber transcurrido varias décadas y provenir de autores del Psicoanálisis, vemos que aún conserva cierta vigencia la representación social que concibe la procreación como culminación de la sexualidad. La homosexualidad ya no será una "aberración", sino una "detención" en el desarrollo. (Cf Barzani, 1993)

Epílogo

El objetivo de este trabajo ha sido indagar las significaciones imaginarias que circulaban en la sociedad porteña con relación a la homosexualidad entre 1902 y 1954.

El recorrido a través de algunos textos científicos y literarios, como de crónicas y editoriales periodísticos de diferentes corrientes ideológicas, nos han permitido visualizar la insistencia y repetición de las siguientes:

* Temor y rechazo hacia los homosexuales (homofobia social).

* Homosexualidad como efecto de la mala educación o la abstinencia en las relaciones sexuales "normales".

* Relación "natural" entre sexualidad y reproducción de la especie.

Estos imaginarios sociales que circulaban respecto de la homosexualidad, se hicieron "texto" en los discursos y teorías, y "carne" en las prácticas y conductas de los porteños (Cf Barzani; 1993, 1997). Manteniendo y re-produciendo cierto orden instituido común al conjunto de la sociedad, más allá de su posición política e ideológica. Se pudo rastrear, además, la pregnancia de dichos imaginarios en producciones posteriores al período explorado y que se perfilan como objeto de una futura investigación que indague la vigencia que puedan tener en las prácticas, teorías y discursos en la actualidad11 y, por otro, el surgimiento de discursos instituyentes que fueron debilitando aquéllos imaginarios.

NOTAS

* Una primera versión de este trabajo obtuvo el 2do premio en el 2do Concurso de monografías para estudiantes de la Facultad de Psicología (UBA) (presentado en Diciembre 1996). Una versión más reducida (1902-1910) fue premiada en las V Jornadas de residentes de salud mental del área metropolitana (Diciembre 1998) como el mejor trabajo en el área: institucional.

1. Foucault sitúa el nacimiento de la categoría homosexual en 1870 con la definición que hace Westphal de las "sensaciones sexuales contrarias" (Foucault 1977: 56).

2. Las citas serán transcriptas con las reglas ortográficas del texto original.

3. Médico, psiquiatra y médico legista. Fue profesor suplente de Medicina Legal en la UBA desde 1893. En 1900 fue designado profesor titular. De 1906 a 1910 dictó la cátedra de Psicología de la Facultad de Filosofía y Letras. Fundó y dirigió la Clínica Criminológica y la Sala de Observación de Alienados de la Policía de la Capital Federal desde 1900.

4. Por el contexto parece desprenderse que De Veyga e Ingenieros utilizan el vocablo "pederastía" como sinónimo de homosexualidad y no de pedofilia, como suele usarse en la actualidad.

 

5. Médico higienista especializado en patología nerviosa y mental. Cultivó, además, el estudio de las ciencias sociales. Adscribió críticamente a la antropología criminológica lombrosiana y a las teorías darwinianas. Aunque la traslación de estas últimas al an lisis social se vio bloqueada, por un lado, por la importancia que otorgaba al factor económico en la evolución histórica; y por otro lado, debido a la definición del hombre como animal productor, que genera un ambiente artificial modificando las condiciones en que se desarrolla la lucha por la vida. En 1900 ejerció como jefe de clínica en el Servicio de Observación de Alienados de la Policía de Buenos Aires, y desde 1907 dirigió el Instituto de Criminología anexo a la Penitenciaría Nacional. Fundó y dirigió los "Archivos de psiquiatría y criminología" entre 1902 y 1913 y la Revista de Filosofía entre 1915 y 1929. Estuvo a cargo de la materia Psicología II de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA entre 1908 y 1913.

6. El número a continuación de "p.", corresponde a la página de dónde fue extraída la cita y se refiere a la fuente que se está reseñando.

7. Estudió hasta tercer año de Medicina y trabajó en el Laboratorio de la Cátedra de Psiquiatría que funcionaba en el Hospicio de las Mercedes. A los veinte a¤os conoció a Ingenieros de quien fue discípulo. Fue colaborador y luego director de la Revista de Filosofía, y Profesor de Psicología en el Instituto del Profesorado Secundario.

8. Médico psiquiatra y filósofo, estuvo a cargo de la materia Psicología experimental y fisiológica de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA entre 1919 y 1943 aproximadamente. Fue decano de la Facultad de Humanidades de La Plata (1923-6). En 1930 funda la Sociedad de Psicología, siendo su primer presidente y en 1931 el Instituto de Psicología, asumiendo como director.

9. Queda abierta la siguiente pregunta: ¿qué grado de la subjetividad de un sujeto no está condicionada o determinada por la estructura y las significaciones de la sociedad en que vive? En este sentido, vale la pena citar una reflexión de Freud de "Psicología de las masas...": "Cada individuo es miembro de muchas masas, tiene múltiples ligazones de identificación y ha edificado su ideal del yo según los más diversos modelos. Cada individuo, participa, así, del alma de muchas masas: su raza, su estamento, su comunidad de credo, su comunidad estatal, etc., y aun puede elevarse por encima de ello hasta lograr una partícula de autonomía y originalidad."(Freud, 1921:122)(subrayado mío)

10. La relación de Eva Perón con los homosexuales y su amistad con Paco Jamandreu merecen un análisis más profundo que excede los límites de este trabajo.

11. En este sentido, una encuesta realizada entre los porteños (Kornblit, Pecheny, Vujosevich; 1998) se pueden encontrar entre otros datos, que entre los 450 encuestados el 40,7% sostenía que la homosexualidad es una enfermedad y el 22,9% la consideraba "peligrosa" y aprobaba que se la reprima.

 

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Diarios

Crítica: 4 de Octubre de 1942

El Diario: 5 de Octubre de 1942

31 de Octubre de 1942

La Nación: 31 de Octubre de 1942

La Prensa: 28, 29 y 30 de Diciembre de 1954

Noticias Gráficas: 4 de Octubre de 1942

5 de Octubre de 1942

30 de Octubre de 1942


 

Por Carlos Alberto Barzani
Lic. en Psicología

Psicoanalista
carlos.barzani [at] topia.com.ar
http://www.carlosbarzani.com.ar

 
Articulo publicado en
Mayo / 2000

Boletín Topía