Jorge Rodríguez | Topía

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Jorge Rodríguez

Presentaciones de la primera edición

Presentación en el Segundo Congreso de Salud Mental y Derechos Humanos de la Universidad Popular de Madres de Plaza de Mayo

 

Jorge Rodríguez:

Con Enrique compartimos varias pasiones insanas: editamos, intentamos escribir, trabajamos de analista. No podemos ocultar otras, que son de cada uno: a mi me enloquecen las traducciones, a él la realidad: es periodista. Supongo que es por algunas de ellas me invitó a esta nueva presentación de La alegría de lo necesario. Esa especie de confrontación con la última década infame.Ademas de libros edita dos revistas de las cuales es el director Topia Revista. Psicoanálisis, sociedad y cultura y Topía en la clínica. No solo cabalga sobre dos caballos...sino que además escribe sus editoriales. No muchos analistas sostienen una labor periodística de tal envergadura, recuerdo dos: Jorge Jinkis con Conjetural y Sitio y Sergio Rodríguez con Psyché. Mas lejos y mas cerca está Camus.Periodismo científico es uno de sus nombres, en esta ocasión no me alcanza. Saint John Perse, primer poeta en recibir un Nobel, cuando le pidieron definir “poeta” dijo “es aquel que se atreve a transformar lo cotidiano”. Periodista, también es alguien que se le anima a lo cotidiano, tanto en lo que tiene de continuidad, de reasegurador, como en lo que lo hace temblar, estallar. Uno de los riesgos de un analista periodista –y que Enrique reconoce especialmente- es el de la cosmovisión. La tentación de creer que se tiene explicación para todo. ¿Cómo enfrentarlo? Enrique nos dice que puede hacerse mediante un “encuentro de saberes”, tal como lo testimonia su libro. Y estamos mas cerca de lograrlo cuando cada saber, además de posibilitarnos, preserva algo...el psicoanálisis puede recordarnos lo personal en lo social; mediante lo filosófico podemos conservar enigmas: el periodismo, con su compromiso, evita que caigamos en los abismos de la abstracción; con lo poético, suavizamos, le quitamos ferocidad, al fundamentalismo que acecha en lo ideológico.Como analista uno puede, en las palabras, estudiar el deseo y sus destinos, esos lazos íntimos y privados, donde nos inquietan esos encuentros con lo mas ajeno de uno, donde no deja de sorprendernos nuestra esencial extranjeridad. En su libro Enrique procura otros movimientos: las palabras, si: pero también el cuerpo; el deseo, si, pero también la necesidad de la acción; y de los lazos íntimos a las redes sociales.Sostiene, para ello, complejas conjeturas, a cada una de las cuales les haré una pregunta sin inocencia:la “condición pulsional del sujeto” ¿lo psíquico solo es pulsional?la “cultura como espacio soporte” ¿cuál es el valor psíquico de lo ambiental?, y la de “una filosofía de la acción” ¿en que consiste el enigmático y cotidiano paso del deseo al acto? –en suma- su libro me abrumó cuando leí “como volvemos a inventar lo que nos mantenía unidos”me interpeló al plantear – en un mundo psy dominado por el imperialismo del deseo- el valor de la acción y de los cuidados; también me parece necesario un psicoanálisis de la acción. No solo en Freud hay una teoría de la acción, mas acá y mas allá de las palabras.Y, me provocó, un libro que, parece, es para ser leído, produce uno de mejores efectos cuando empuja a escribir... permitan lo comparta con uds. Mascotas cautivasCuriosa paradoja la de cautivar, significa tanto “privar de la libertad” como “atraer”.“Esa mina me gusta”; “¿Podré seducir a ese hombre?” “soy tu esclava, hacé de mi lo que quieras” “Ese hombre recuperó su libertad”Amar ¿es un acto de máxima libertad? Y estar condenado lo es ¿solo de libertades mínimas?Estamos entre la esclavitud y la atracción. Seducir para esclavizar.Inquietante coincidencia. El marketing –esa habilidad perversa que usan las empresas y los políticos- ostenta, orgulloso su máximo logro: tener un público cautivo. Es el famoso mercado de millones de cautivos... dicen esto sin inocencia ni culpa. No hay castigos ni penas para los canallas que no llegan a ser delincuentes.Público y mercado cautivos ¿para qué? Para meterles algo...cosas inanimadas mediante ideas, sentimientos, sensaciones, deseos... objetos de consumo.¿Para ciertos políticos se trata de tener una población cautiva? No lo podemos dejar de ver, mas cerca, mas lejos. Cautiva ¿para que? Para sacarnos, despojarnos, abusar de la indefensión mientras dura. Despojos públicos y privados, al pueblo se le saca y no se le da lo que le corresponde. Nos van sacando lo que tenemos en común: los espacios públicos, aquellos que no son de nadie y son de todos. Los visibles, los de arriba de la tierra y los invisibles. También se nos despoja de lo que recibimos y recibiremos por el trabajo.Cuando ese meter y sacar es público, se realiza sin consentimiento ni acuerdo, y abusa de la inocencia, de la confianza, de la fe, implícitas en todo pacto social. ¿Qué nombre ponerle?Cuando ese meter y sacar se da en un espacio de intimidad y privacidad corrompe el alma, la viola. Perverso es uno de sus nombres. En el espacio público produce desesperanza. indignidad, violencia potencial, destructividad insensata,...aquí la traición, esa mentira actuada, es la condición del ser canalla...Miles de esos millones, cautivos de algunos, son los que --todas las benditas noches de nuestras puertas-- buscan...en la basura, en esas bolsas de plástico negro, los desechos de los bien comidos y bien bebidos. Cierto cinismo de supermercado pregona utilizar bolsas verdes para cartón y papel.Otros o los mismos, pasan de buscar –no encuentro la palabra- a sacarllevar lo que pueda tener algún valor de calles, veredas, alcantarillas, monumentos, monolitos, faroles, rejas, carteles indicadores...¿Con el tiempo no habrá mas señales de..vida? ¿Estamos en uno de los estados anteriores a ser desierto?La idea, parece, es la de sacar, agarrar, llevarse...¿a donde? Aunque no existan, a algún lugar seguro. Otros -muchos mas de lo que puedo tolerar- se la llevan fuera del país.Una enorme cantidad de nuestros delincuentes, mayores y menores, son dirigentes, funcionarios y empresarios. Cuántos encuentran complicidad en su familia y amigos, y connivencia en apoderados y profesionales necesarios para las transas...así transforman valores y logros humanos. La familia como asociación ilícita es hija de la asociación mafiosa entre estado y empresa.Una curiosidad de nuestros días la constituye el amor rabioso por las –denominadas- mascotas. En muchos casos se trata de consoladores existenciales.Durante el terrorismo de Estado –cuando cualquier cuerpo estaba cerca de la tortura y la muerte- descubrimos los beneficios del estar en forma, del cuidado corporal; ese raro deporte sin barrio, los gimnasios; esa comida sin sabor llamada dietética y los restaurantes naturistas; los métodos para adelgazar,...Al cuerpo amenazado se le responde con los beneficios de una vida con el cuerpo sano...con salud, palabra noble, que desde entonces, se me hizo sospechosa...En este presente de múltiples despojos consumados, resalta la presencia, inevitable, de miles de cautivos, que por las noches se nos aparecen como seres fantasmales, amenazantes, humanos... entreesto, se extiende, como peste berreta, el amor por las mascotas.Esta patética humanización de animales ¿que relación tiene con la interminable animalización de seres humanos?En el barrio el perro es perro y el gato, gato...aunque alguno llegaba a enamorarse de una gallina, se trataba de una pasión pasajera...Mascotas, mezcla rara de indefensión social y cierta desolación personal... El amor por ellas tiene momentos compartidos: pisar mierda. Son miles –y siempre vecinos nuestros- los que las sacan a pasear y hacer sus necesidades por nuestras veredas y plazas, esos inocentes espacios públicos.Mascotas, criaturitas de dios, que por ahora no hablan y que nos necesitan eternamente para sobrevivir, son potencialmente desobedientes, en cualquier momento escuchan el llamado de la especie... Tan ocupados estamos con ellas que no tenemos tiempo para nuestros hijos empobrecidos, hambreados, embrutecidos por este terrorismo sin nombre. Algún día ¿dejaremos de ser mascotas cautivas?.

Noviembre, 2003