Orquestas comunitarias. Tocar, esperar, amar y escuchar en tiempos de inmediatez y exclusión | Topía

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Orquestas comunitarias. Tocar, esperar, amar y escuchar en tiempos de inmediatez y exclusión

 

Luego de acompañar durante dos años a una orquesta de la ‘Red de Orquestas Barriales’ de la ciudad de Córdoba, a la que asisten niñxs y adolescentes que viven en la periferia, me interesa compartir algunas ideas conjugando conceptos de la salud mental y del psicoanálisis.

Estas orquestas funcionan como un espacio soporte de contratos inclusivos y de transformación subjetiva. El desafío en estos tiempos narcisistas y desiguales es apostar para que estos espacios autogestivos puedan sostenerse

El objetivo de esta red es crear prácticas de enseñanza artística bajo el marco de la Pedagogía Popular. Se basan en el modelo venezolano del Maestro Abreu, “aprender tocando, aprender luchando” y buscan, a través de la enseñanza de violín y cello, construir ciudadanía y garantizar el ejercicio de derechos. A diferencia de otras propuestas orquestales, ésta es abierta e inclusiva, puede asistir “cualquier, cualquiera” (Skliar, 2011).

Hoy, fuera y dentro de nuestros consultorios nos encontramos con niñxs cada vez más omnipotentes, más torpes físicamente y menos empáticos. En el caso de las adolescencias, predomina una clínica de excesos, consumos problemáticos, apatías y aburrimiento, atravesados por el uso excesivo de pantallas y por una lógica de mercado que ubica a estos dos grupos etarios como “prosumidores digitales”.2 Byung-Chul Han (2021) sostiene que el “mundo se torna cada vez más intangible, nublado y espectral. Nada es sólido y tangible.” En el mismo sentido, pregona que la digitalización en la que vivimos va a terminar acabando con el mundo de las cosas.

Las condiciones de producción de subjetividad están delimitadas por las épocas, así las generaciones analógicas, cuando fuimos púberes, coleccionábamos figuritas, etiquetas de cigarrillos, hojas y sobres de cartas con diferentes motivos, cosas que hacían signo de época, pero que también representaban el mundo adulto que venía por delante. Existía, tomando palabras de Han (2021), “una fetichización de las cosas”. En cambio, lo que hoy está fetichizado, agrega, son la Información y los datos. Esta tendencia pone en jaque la posibilidad de lazo social, al menos como la conocemos hasta ahora. El violín como objeto es un elemento sólido y tangible. Su aprendizaje pone de manifiesto un antagonismo: aprender a tocarlo demanda mucho tiempo y paciencia (aspectos que podrían considerarse en desuso para los códigos actuales), pero pareciera, al mismo tiempo, que lxs convoca y desafía.

¿Qué posibilita que chicxs que pasan largas horas frente a las pantallas sin poder salir a jugar a la calle por peligrosa, sostengan el deseo de aprender y de vincularse con el instrumento?

¿Qué sucede con estos niñxs que dicen que se enamoran del violín? ¿Por qué gozan y logran un aprendizaje a pesar de que mencionan y padecen historias de fracaso escolar? ¿Qué vivencian en la relación con el delicado y frágil instrumento que además de ser tangible tiene alma?3

Un informe elaborado por el Observatorio de Deuda Social Argentina (OSDA-UCA), estimó que el 82,9% de la población de Niños, Niñas y Adolescentes (NNyA) entre 5 y 17 años, no realizan ninguna actividad artística o cultural extraescolar, como música, teatro, murga, u otras.4 Según lo concluido en las entrevistas con padres y madres, asistir a los ensayos es, para la mayoría, la única posibilidad de compartir con otros, ya que, por los problemas de seguridad, muchos niñxs no pueden salir a jugar a las calles del barrio.

¿Qué posibilita que chicxs que pasan largas horas frente a las pantallas sin poder salir a jugar a la calle por peligrosa, sostengan el deseo de aprender y de vincularse con el instrumento? ¿Por qué acuden, a pesar de tener que cuidar hermanos o salir a hacer changas, a un espacio reglado en donde son, al mismo tiempo que alojados, desafiados con un aprendizaje novedoso?

Alejandro Vainer (2017) postula que “la música es mucho más que los meros sonidos. Son cuerpos, relaciones, pasiones, encuentros, lugares, tiempos.” Establece que la música desborda los sonidos, “la música nos toca” en una relación con otros, “es una experiencia corporal e intersubjetiva.”

La orquesta funciona como un lugar que brinda referencias identificatorias que posibilitan habitar o rehabitar un espacio de pertenencia

Es sorprendente la atracción de otros niñxs cuando descubren los ensayos, cuando el sonido convoca a curiosxs que se encuentran jugando o recibiendo una merienda en el centro comunitario. Es difícil encontrar palabras que retraten las expresiones de esxs niñxs que se animan a empuñar el violín por primera vez, posiblemente las más adecuadas sean: el asombro y sensación de belleza. Muchos directores de las orquestas describen a ese asombro como propio de “la belleza del sonido del violín”, que despierta un goce, una extrañeza y un interés en los niñxs por conocerlo.

La orquesta funciona como un lugar que brinda referencias identificatorias que posibilitan habitar o rehabitar un espacio de pertenencia. La red tiene reglas que deben ser cumplidas y, si bien abre su ingreso sin condiciones a quien quiera aprender, los ensayos tienen un horario y una dinámica que cumplir. Hay un momento para conversar, otro para la clase, uno para la merienda y otro para guardar el instrumento.

Beatriz Janin (2020), sostiene que “el psiquismo se constituye en un entorno familiar, social e histórico”, en donde “vamos siendo quienes somos en un ‘entre’, estando con otros, en el intercambio simbólico con los otros y desde que nacemos.”

Hoy son cada vez menos los espacios como clubes y organizaciones barriales que, así como contienen y prestan una identidad a las niñeces y sus familias, ofrecen un espacio en donde, de manera reglada, se pueden aprender deportes y realizar actividades culturales. Ana María Fernández (2014) postula que para lograr inclusión es necesario inaugurar procesos comunitarios que creen condiciones para transformaciones subjetivas que hagan posibles “formas de vida menos feroces.”

En el espacio de estas orquestas pude observar que entre lxs chicxs surgían conversaciones sobre la ferocidad que lxs atraviesa: robos en sus casas, bullying, dificultades para ser atendidos por médicos, fracasos escolares y amorosos, entre otros malestares. Durante las clases, en cada director había palabras específicas que hacían alusión con formar parte de un grupo y una orquesta, aprender a esperar, escucharse, disfrutar y gozar de lo bello. Palabras que son parte, junto con la presencia física firme y amorosa de quien la enuncia, de intervenciones subjetivantes. Ofrecen una posibilidad de ligadura, de abrochamiento simbólico desde un lenguaje concreto, mediatizado por el instrumento y el grupo, para nominar aspectos importantes en la construcción de ciudadanía, sobre todo en terrenos “abyectos” (Butler, 2002). Comprendo que en esas frases hay un ejercicio de una función terciaria: un adulto que funciona como “Portavoz” (Aulagnier, 1975), que representa una ley, sostenida desde un lugar de autoridad y ternura, que facilita la construcción de espacios intersubjetivos (Varnier, 2009).

Estas orquestas funcionan como un espacio soporte de contratos inclusivos y de transformación subjetiva. El desafío en estos tiempos narcisistas y desiguales es apostar para que estos espacios autogestivos puedan sostenerse. Porque, además de garantizar derechos, brindan una afectiva presencia que delimitan, de manera amorosa, legalidades; y apuestan al goce en una actividad de salud mental colectiva. Porque, definitivamente, ante las consecuencias que las políticas individualistas producen, la salida es colectiva (Moffat s/f).

En lo personal guardo, para siempre, el registro emocional y físico que me despertaba la especial interpretación de los chicxs de Bella Ciao. ◼

 

Bibliografía

Butler, J., Cuerpos que importan, Editorial Paidós, Buenos Aires, 2022.

Fernández, A., Conferencia dictada en el marco de las Jornadas de Encuentros y Formación. “Adolescencias y Juventudes en Rosario. Red de instituciones que trabajan con Adolescencias y Juventudes en Rosario.”, 2014.

Ferreira dos Santos, S., Clínica con Adolescentes. Problemáticas contemporáneas, Editorial Entreideas, Buenos Aires, 2022.

Han, B., No-cosas. Quiebras en el mundo de hoy. Editorial Taurus, 2021.

Jarolavsky, E., “Contrato Narcisista (P. Aulagnier – R. Kaës)”, revista Psicoanálisis e intersubjetividad Nº 4, diciembre 2008. Recuperado en: https://www.intersubjetividad.com.ar/contrato-narcisista-p-aulagnier- r-kaes/

Skliar, C. (2011), Pedagogías de las Diferencias. Notas, Fragmentos, Incertidumbres. 1° Edición. Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Centro de Publicaciones Educativas y Material Didáctico 2018. Libro digital EPUB.

Vainer, A., Más que sonidos. La música como experiencia, Editorial Topía, Buenos Aires, 2017.

Notas

1. Especialista en clínica. Magíster en Salud Mental. Docente y miembro de EPSI (Estudios Psicoanalíticos Córdoba).

2. Término acuñado por Alvin Tofler en 1980, en su libro La Tercera Ola en donde anticipaba que los usuarios digitales iban consumir contenidos digitales al mismo tiempo que producían contenido.

3. Es una varilla cilíndrica de madera que va por el interior del instrumento y soporta la presión de las cuerdas al tensarse. Sin esta pieza, el sonido sería vacío y débil, como consecuencia, también la tapa del instrumento se hundiría y no podría tocarse.

4. “Condiciones de vida y desarrollo de la Infancia: Continuidades y rupturas de la salida de la pandemia” del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina (ODSA-UCA), Mayo 2022. https://wadmin.uca.edu.ar/public/ckeditor/Observatorio%20Deuda%20Social/...

Paula Saravia
Psicóloga. Psicoanalista
paula2saravia [at] gmail.com

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Articulo publicado en
Abril / 2025

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