Dar en el blanco: La raza en el diván. Lo psíquico es político | Topía

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Dar en el blanco: La raza en el diván. Lo psíquico es político

 
Editorial Topía, 2025, 304 páginas

En estos días se distribuye una importante novedad de Editorial Topía, La raza en el diván. Lo psíquico es político de Thamy Ayouch. En el libro el autor analiza la construcción de subjetividades en relación a la raza. Una raza que no “existe”, pero que tiene múltiples efectos de marcas traumáticas, muchas de ellas transgeneracionales. El libro nos invita a pensar psicoanalítica y políticamente la cuestión de la raza, pero a partir de allí, propone pensar las marcas que las hegemonías y las desigualaciones producen. A continuación, publicamos el prólogo que escribió para la versión en castellano Mara Viveros Vigoya, que es profesora titular de la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional de Colombia, cofundadora y tres veces directora de la Escuela de Estudios de Género de esta misma facultad.

Prólogo

La raza en el diván, de Thamy Ayouch, es un libro necesario, tanto para quienes buscan enunciarse desde la práctica del psicoanálisis como para quienes lo hacemos desde las ciencias sociales críticas. Permite tender puentes entre compartimentos que han permanecido relativamente estancos, como el psicoanálisis, los estudios feministas, los estudios críticos de raza y los estudios culturales, entre otros. Solo una aproximación interseccional como la que despliega Thamy Ayouch en este texto permite entrelazar estos enfoques de manera tan fecunda. Es un libro pertinente también para quienes, simplemente, han tenido una relación con el psicoanálisis como analizantes o como usuarias/os de otras prácticas terapéuticas psicológicas que igualmente ignoran la realidad social que moldea las subjetividades. Estaba en mora de escribirse, y hoy celebramos la publicación de la traducción de este libro del francés al español, porque nos ofrece la posibilidad de cruzar el puente entre reflexiones y debates que, aunque conversaban hace tiempo, no habían hecho explícito el modo en que pueden afectarse mutuamente. No se trata de una propuesta teórica aditiva ni acumulativa de saberes provenientes de distintas disciplinas, sino de una invitación a imbricarlas de forma dinámica y procesual.

Cuántos practicantes del psicoanálisis no se habían enfrentado ya a la negligencia y a la epistemología de la ignorancia del psicoanálisis canónico respecto a la inextricable continuidad entre los determinantes del contexto sociopolítico y los procesos de subjetificación, incluida la subjetividad no sólo del analizante sino la del analista. Cuántas practicantes racizadas/os o disidentes sexuales no se habían formulado preguntas similares a las que plantea Thamy en este texto, con tanto rigor teórico y fluidez simultánea. No dudo de la recepción que tendrá este libro entre esas y esos lectores. Generará también resistencias, sin duda, como ya lo he presenciado.

Leer este libro es escuchar a Thamy develar con firmeza las omisiones que permiten y propician los puntos impensados del psicoanálisis, despojándolo a veces de los matices invocados por sus fervientes defensores, quienes se amparan en la pluralidad de sus prácticas para así acallar la incomodidad que les provoca la intensidad del sufrimiento de las personas racializadas, la digna rabia, la justa cólera. Es también seguir a Thamy cuando regresa a estos matices para elaborar una propuesta propia, cuidadosa y al mismo tiempo profundamente afectada por los encuentros que ha experimentado a lo largo de sus múltiples viajes disciplinarios, lingüísticos, geográficos y afectivos. Son notables las huellas que han dejado en su camino los pasos firmes de las afrofeministas brasileras y particularmente de quienes han practicado el psicoanálisis. Thamy es un viajero incansable, y esperamos que lo siga siendo, que continúe invitándonos a descentrarnos, a estar dispuestas y dispuestos a dejarnos afectar por los encuentros.

No, el psicoanálisis no es un “deporte de blancos”, como escuché decir a Thamy. Afortunadamente, hoy está siendo fuertemente interpelado por una nueva generación de analistas y analizantes que exigen que sea feminista, antiheteronormativo, antirracista, anticapacitista, y mucho más, en formas que aún estamos por descubrir. No podemos, por prisa ni por torpeza, permitir que las luchas que ha librado el psicoanálisis -antes para existir y ahora para transformarse- se osifiquen detrás de certezas universalizantes, comprometiendo su potencial emancipador.

La lectura de este libro ofrece herramientas para explorar la subjetividad como una vía de investigación social, capaz de desestabilizar relatos dicotómicos: sobre el yo que investiga y el otro/la otra/lo otre que es investigado; sobre el papel de la agencia y la estructura en el comportamiento social, de las que se suele ignorar su interdependencia; y sobre la distinción entre “lo político y lo científico” para cuestionar el rol y el tono que deben asumir las ciencias sociales en su participación en los asuntos públicos. La raza en el diván invoca la necesidad de considerar los efectos psíquicos de la opresión que generan las relaciones sociales de género, raza, sexualidad y capacidad, entre otros marcadores sociales, efectos que suelen ignorarse en la mayoría de encuestas e investigaciones sociales. Este rastreo, ofrecido en el ensayo, promete rendir valiosos frutos para los estudios sociales con perspectivas feministas y antirracistas.

Thamy pone al servicio de este recuento la experiencia de su blanquitud precaria en el país que habita, Francia. Es esta experiencia de ser continuamente un “outsider within” en múltiples órdenes sociales la que le permite perturbar las normas establecidas de esos contextos y, a la vez, acoger el júbilo que produce la libertad de inhalar y exhalar profundamente las posibilidades de nuestro soplo vital, tan singular y único, pero también tan revelador de nuestra común humanidad. Thamy Ayouch ha ejercido con maestría todas las artes posibles a su alcance para no ser completamente gobernado por las relaciones sociales de raza, clase y género, consciente de su efectividad social. Este libro inspira a dejarnos sorprender por el potencial de nuestras resistencias y nuestra multiplicidad experiencial. Invita a habitar las posibilidades que abre la ira, entendiéndola como una pasión que, a diferencia del resentimiento, potencia las versiones no esencialistas de las identidades, incluidas las políticas colectivas. Estas identidades emergen en el encuentro, en esa coincidencia en tiempo y espacio de cuerpos y sentires que se reconocen en las luchas, y que convergen en proyectos colectivos y en las calles para expresar la primacía de la relación sobre los elementos y la posibilidad de ser más que la suma de sus partes.

Escribo estas líneas como afrofeminista, que a pesar de mi crítica continua al racismo que puede infiltrarse en los discursos y prácticas del feminismo, no ha renunciado al apelativo de feminista. Estoy convencida de que el feminismo mantendrá su potencial emancipador siempre que siga siendo una pregunta abierta, un discurso que no se deje institucionalizar y un proyecto que interroga y desestabiliza las normas de género y sexualidad de forma constante. Este movimiento, necesario, lo hermana con la crítica y reflexión que plantea este libro. Escribo como académica antirracista ladinoamefricana, afroindígena y afromestiza, habitante de un país, Colombia, y de una región, “América Latina”, donde el racismo se ejerce en relación con la apariencia, los rasgos físicos, los gestos, el acento, y se evidencia en las marcas que deja en los cuerpos, no en función de la genealogía o el origen. En este contexto, hablar de racismo se deslegitima bajo la pretensión de que solo ocurre en otras geografías y en otros tiempos pasados. Escribo como amiga de Thamy, y desde las resonancias que produjo encontrarlo, y entramar su camino y el mío.

Mara Viveros Vigoya
Bogotá, 11 de noviembre de 2024

 

Thamy Ayouch, Psicoanalista
IG: @thamyayouch

Temas: 
 
Articulo publicado en
Abril / 2025

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