El fin de una intervención comunitaria | Topía

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El fin de una intervención comunitaria

 
Psicoanálisis y subjetividad en una práctica en el campo de lo colectivo

Hace años que vengo sosteniendo que los psicoanalistas no pueden dejar de lado la dimensión política cuando hacen una práctica social. Dar cuenta de esta cuestión resuelve tanto problemas éticos como técnicos cuando un psicoanalista se involucra a operar en el campo de lo colectivo. Facilitar o asesorar en la transformación de un grupo o institución es comprometerse en la dirección de esa transformación. Eso es un compromiso político. Dar cuenta de ello es un compromiso ético. La tan mentada neutralidad del analista funcionaría como resistencia a esa transformación. Por otra parte es imposible imaginar una intervención valedera, en cualquier campo, si los profesionales que la llevan a cabo, no tienen en cuenta el contexto histórico-político que la atraviesa y por el cual ellos mismos son atravesados.
Desde esta perspectiva paso a relatar una intervención comunitaria, que realizamos con un grupo de colegas, en una fábrica abandonada por sus patrones y posteriormente recuperada por sus trabajadores.
Grissinópoli es una fábrica recuperada transitoriamente por sus obreros, ya que una ley de la Legislatura de la Ciudad le otorgó una tenencia transitoria por dos años, la cual vence en octubre del corriente año. Tiene más de 40 años en el mercado y llegó a tener más de cincuenta personas trabajando1. Desde 1998 comenzó una larga agonía que terminó con el vaciamiento de la fábrica por parte de los patrones.
El 3 de junio de 2002, los trabajadores comenzaron una huelga para reclamar por los diez meses de salarios caídos. Los dueños abandonaron la fábrica, y el Sindicato de la Alimentación se vendió por dinero a la patronal, en medio de las negociaciones en el Ministerio de Trabajo. La huelga se convirtió en toma.
Se forma así el primer grupo para defender su identidad de obrero. Roto el contrato capitalista, patrón-obrero, el grupo defiende su existencia como tal tomando la forma de asamblea, piquete u olla popular, signo de estos tiempos donde la burguesía abandona las fuentes de trabajo estafando a los obreros y al Estado mismo.2
Cómo llegamos a la fábrica. A los pocos días de comenzado el conflicto, un compañero de la revista llegó a la reunión habitual del Consejo de Redacción de Topía, con la noticia de que en su barrio esta fábrica había sido tomada por sus obreros. Como revista y como psicoanalistas veníamos implicándonos en los procesos sociales, sosteniendo un psicoanálisis comprometido con la realidad de la cultura.
La situación que atravesaba Grissinópoli nos fue implicando como psicoanalistas. Por ello comenzamos haciendo lecturas de lo que pasaba y pensando cómo ayudar en el conflicto. Esto fue aceptado por los trabajadores a pesar de que lo que imperaba entre ellos era el miedo y la desconfianza, por eso decidimos intervenir con precaución.
A medida que empezamos a participar fuimos diseñando un dispositivo de intervención comunitaria. Hablamos de intervención comunitaria en tanto los obreros pueden apropiarse de su trabajo en la medida en que establezcan una red de solidaridad con otros sectores sociales políticos. Esta se caracterizó por el grado de implicación, o sea, dejar de lado la neutralidad y tomar una posición. La inclusión en el campo produciría de hecho una modificación en el mismo, como así también en los sujetos intervinientes. Se respetó el principio de abstinencia y se lo garantizó con un grupo que operaba en el campo y otro que, desde afuera, iba leyendo e intercambiando opiniones sobre lo actuado. Se iban pensando y creando dispositivos de trabajo. El grupo externo operaba como un espacio soporte, 3 que permitía soportar la emergencia de la pulsión de muerte como así también analizar la contratransferencia y el grado de implicación del grupo que estaba operando en el campo. Otro elemento distintivo fue que la interpretación se generaba en “acto”, y que a la demanda se la escuchaba y se la detectaba interactuando con el grupo. No era una demanda clásica ya que ésta se caracteriza por el pedido formal de una institución o grupo que registra algún malestar.
Cómo lo hicimos. Nunca fuimos un grupo externo, nos metimos en la fábrica e intervinimos desde adentro. Operábamos durante las mateadas, las choripaneadas en la vereda, en grupos reducidos, individualmente y con todos juntos. La primera choripaneada se resolvió en una asamblea que propiciamos para producir un fenómeno de apertura de la fábrica. La acción siguiente fue organizar, desde las revistas Topía y La Maza, un festival artístico para recaudar fondos, en el Sindicato de ATE.
Convocamos y se autoconvocaron asambleas barriales, partidos políticos, centros de estudiantes, militantes de la cultura, y la prensa en general. Era la forma de evitar el aislamiento pero también de interpretarlo.

 

Algunos fenómenos:

La dinámica: Giraba en dos posiciones que denominamos Fábrica abierta-Fábrica cerrada. La conducta de los trabajadores era por momentos hacia afuera, conectándose con las fuerzas que promovían la recuperación de la fábrica, siendo ellos protagonistas del proceso y convirtiéndose así en un grupo sujeto. En otros momentos reproducían los años de trabajo bajo patrón, se replegaban sobre sí mismos esperando que les dijeran qué tenían que hacer.

La añoranza del Patrón: La figura mesiánica de un patrón que vendría a hacerse cargo de ellos y a salvarlos de las desventuras de aquel momento, tal cual lo habían hecho durante 25 años, circulaba permanentemente. Las figuras en que se corporizó esa transferencia fueron fundamentalmente la del abogado, quien no rehusó ese lugar; y nosotros que, por el contrario, nos corrimos permanentemente de ese lugar y lo fuimos verbalizando con señalamientos, chistes y en acciones mismas. Pero no solamente en la transferencia se notaba esa añoranza. Entre ellos los liderazgos funcionaban en tal sentido. ¡Ahora sos el patrón...! se decía como reproche o admiración. Había zonas de la fábrica en las cuales los obreros no entraban. Las oficinas de la administración y las computadoras eran respetadas, como si no les pertenecieran. La información era manejada solamente por la empleada administrativa que era la que siempre había estado cerca de los patrones.

Un momento “clave” de la intervención.
A los pocos días de la toma los trabajadores se contactaron con un abogado con el que dieron los pasos para la formación de una cooperativa y realizaron una presentación judicial para que la fábrica les fuera entregada. Habían depositado en él y en la decisión de la jueza todas sus expectativas. La idealización de la figura del abogado funcionaba como la de un padre protector y omnipotente que los salvaría de sus desventuras, transfiriendo en él la figura del patrón. Durante esos días en el discurso y en la actitud de los obreros se observaba el fenómeno de fábrica cerrada. La espera se alargaba porque coincidía con la feria judicial. Esperaban que el abogado se acercara. La ansiedad crecía, la incertidumbre se convertía en ideas omnipotentes tales como que después de la feria todo estaría solucionado. Tratábamos de que reflexionaran medidas alternativas, pero era imposible. Esa monolítica transferencia con el abogado era un obstáculo que decidimos acompañar hasta que alguna circunstancia nos permitiera intervenir para producir alguna modificación4. Evaluábamos que el proceso judicial era insuficiente, pero además la posición pasiva y de sometimiento del grupo no sólo reproducía la relación con el patrón sino que dificultaba la conformación de un nuevo grupo con conductas activas a fin de apoderarse de su fuente de trabajo. La ilusión del supuesto regalo de un abogado y una jueza no les produciría ningún cambio en la subjetividad.
Mientras tanto trabajamos en ir constituyendo un fenómeno de fábrica abierta, con el acercamiento de las asambleas barriales, centros de estudiantes, partidos políticos y vecinos. Logramos instituir las choripaneadas de los sábados al mediodía y que ese fuera un momento de encuentro de todos los que apoyaban la lucha. En esas circunstancias de fábrica abierta los obreros se distendían, bajaban la ansiedad y la angustia, además de que podían hablar tanto de las cuestiones grupales como personales y familiares. En esos encuentros se fue estructurando lo que luego se llamaría Grupo de Apoyo.
Al finalizar la feria judicial los obreros esperaban pasivamente noticias del abogado. Trabajamos sobre esa pasividad. Se realizó una asamblea el sábado durante la choriceada y se decidió ir el jueves siguiente al juzgado y se le comunicó lo decidido al abogado. Fueron la mayoría de los obreros y varios compañeros del grupo de apoyo, se imprimieron volantes para repartir y se llevaron pancartas. El secretario del juzgado informó que el caso Grissinópoli estaba ya casi resuelto. La fábrica sería entregada al Crown Down (figura jurídica que prevé la nueva ley de quiebra, por la cual un inversionista puede comprar la quiebra a precio vil).
Cundió la decepción. Nos reunimos en la puerta del juzgado a fin de reorganizar al grupo ya que la caída estrepitosa de la transferencia con el abogado se podía convertir en un fenómeno de pánico colectivo por lo violento de la ruptura de esa estructura libidinosa5. Era el momento de pasar de lo jurídico a lo político. Se decidió ir a la Legislatura porteña para interesar a legisladores sobre el conflicto, lo cual se logró con representantes de partidos de izquierda. Se siguió trabajando por la noche y se decidió convocar a una asamblea para el sábado siguiente con todas las fuerzas de apoyo e invitar a los legisladores. La asamblea fue muy nutrida. Los legisladores decidieron presentar un proyecto de ley que frenara el desalojo y recuperara la fábrica. Se decidió hacer una marcha hasta Chacarita. De regreso se formalizó la constitución del grupo de apoyo, que desde ese momento tuvo funcionamiento orgánico con una reunión semanal y una red de mails y teléfonos.
Desde ese momento comenzó otra forma de producción subjetiva. Se instituyó la asamblea de obreros para la toma de decisiones. Se escuchaban frases tales como: “nosotros lo hacemos de esta forma”. Comenzaron a conectarse con otras fábricas en lucha. Fueron a clases en las facultades y actos estudiantiles y políticos. Ofrecieron reportajes. Desplegaron una verdadera acción política a fin de recuperar su fábrica. En agosto se realizó un encuentro de obreros de fábricas recuperadas con más de 500 participantes, en Grissinópoli.

 

Otros momentos
La intervención continuó después de la recuperación de la fábrica y algunos momentos fueron significativos:
La huelga continúa: Un mes después de recuperada la fábrica seguían colgados los carteles con leyendas de “fábrica en huelga” y “fábrica tomada”. En la choriceada del sábado, entre risas y desconcierto, se señaló esta contradicción que fue rápidamente tomada por los obreros que no sólo cambiaron los carteles por otros con la leyenda “fábrica recuperada”, sino que además bajaron el viejo cartel con el nombre de la fábrica para cambiar la razón social, el nombre del patrón por “Cooperativa la Nueva Esperanza”.
Brukman enseña: El día de la primera caída de Brukman en manos de la patronal y la policía, que fuera rápidamente recuperada por sus obreros y la comunidad, nos dejó una enseñanza: los obreros no se apoderan de los espacios que son santuarios de los patrones –oficinas, salas de directorios, computadoras con información, etc.-. No lo habían hecho ni ellos ni los de Grissinópoli. Al volver a la fábrica se trabajó este tema, le señalamos que para ellos esos espacios seguían siendo de los patrones. Al dramatizar la situación los chistes eran elocuentes: ¡Señor me da un vale! …¡Che servime café!
Cocinando para Uds.: Ciertos temas como el manejo del dinero, contabilidades y cuentas bancarias no son cosa de obreros sino de patrones. Así estaba significado y era muy difícil de modificar. Diseñamos un dispositivo donde nosotros -todo el grupo de la intervención- cocinamos para ellos, servimos la comida y levantamos la mesa. Diseñamos un dispositivo donde todos -el grupo de intervención y los obreros- cocinamos, servimos la comida y levantamos la mesa. El objetivo era crear un ambiente de horizontalidad y distensión. Se charló de esos problemas. El tema se pudo revertir cuando una de las trabajadoras trajo el concepto de que en una cooperativa son todos iguales, no hay diferencias ni jerarquías (exactamente igual que en esos momentos en la mesa), con lo cual el saber sobre las finanzas no es un derecho sino una obligación.

 

Final de la intervención
De grupo de apoyo a Centro Cultural de Arte y Oficios. Después de la recuperación la presencia de participantes en el grupo de apoyo se fue reduciendo, limitándose casi a los militantes de partidos políticos que discutían sus posiciones. Mientras, los obreros tomaban mate en la cocina y los vecinos se aburrían o desertaban. Ya había surgido la idea de fundar un centro cultural en espacios de la fábrica que no se utilizaban. Se propuso y fue aceptado por el grupo de apoyo y la asamblea de obreros. Los obreros pensaron un nombre y se discutió el sentido del centro: producir un fenómeno de fábrica abierta de lunes a lunes ya que el centro funcionaría fundamentalmente viernes a la noche, sábados y domingos, que eran horarios en los que la fábrica no producía. También surgieron dos conceptos que marcan la originalidad de este proceso: Fábrica comunitaria – Fábrica de Fábrica: Espacio ganado en conjunto entre los obreros y la comunidad donde el trabajo es para los obreros y el espacio es también para la comunidad, y en él se produce cultura. Esto se plasmó en El Centro de Arte y Oficios Grissicultura, produciendo un plus para la fábrica y trabajo para artistas, talleristas, artesanos etc. que pueden trabajar y producir; plus que tiene que estar al servicio de la expropiación definitiva de la fábrica a favor de la cooperativa de obreros.
Fin de la intervención: La apertura del centro cultural marcó un hito en la intervención. Si hasta ese momento nos habíamos implicado como psicoanalistas, nuestra participación en ese espacio debía ser como ciudadanos. Era el momento en que esa intervención terminaría ya que se habían realizado las transformaciones subjetivas necesarias para producir un espacio nuevo que era el centro cultural, que unía fábrica y comunidad sustentado en el concepto: fábrica comunitaria – fábrica de fábricas. Esta realidad producida nos convocaba a seguir participando como ciudadanos. En la dinámica funcional se iba dando un desalojo de nuestro rol. Ya no éramos los psicólogos que les cambiábamos la vida, sino los compañeros.
Ayudando a la autogestión, interviniendo como moderadores de las fuerzas políticas, analizando nuestra implicación, la transferencia y la contratransferencia, también teníamos que ir elaborando el atravesamiento que provocaba trabajar en estos campos que se convierten en verdaderos Laboratorios de salud mental. En la realidad de nuestra cultura donde el neoliberalismo usó la fragmentación social como método de dominación, el piquete y las fábricas recuperadas son verdaderos laboratorios donde se superan las patologías que provoca esta fragmentación, la cual produce desubjetivación.
Otra de las formas de esa elaboración fue la publicación del libro Produciendo Realidad6, donde nos encontramos con otros que se involucraron en cuestiones semejantes, siendo éste el primer libro sobre esta temática. La transmisión y debate de esta experiencia, en otros espacios colectivos (congresos, jornadas, encuentros) donde pudimos intercambiar con otros, me ha enriquecido para producir este texto.

Alfredo Caeiro
Psicoanalista
Analista Institucional
alfredo.caeiro [at] topia.com.ar

 

Notas
1 Para más datos consultar: “Grissinópoli. Crónica de una Lucha Obrera”. Cesar Hazaki. Pág.25. En: Produciendo Realidad - Las Empresas Recuperadas Grissinopli – Rio Turbio – Zanón – Brukman – Gral.Mosconi Compiladores Enrique Carpintero y Mario Hernández. Editorial Topía, Colección Fichas, en colaboración con La Maza Revista de Política y Cultura.

2 Como dice Enrique Carpintero: “En la actualidad, a esta situación debe añadírsele la particularidad de la exclusión, por lo cual un significativo porcentaje de la población ni siquiera puede conseguir un lugar estable en el mercado laboral. La precariedad del trabajo y la fragilidad de los soportes de protección social traen como consecuencia la sensación de inestabilidad y vulnerabilidad social ya que, como plantea Robert Castel (1997), ‘el trabajo es más que el trabajo y por lo tanto el no trabajo es más que el desempleo, lo que no es poco decir. Por otra parte, la característica más perturbadora de la situación actual es sin duda la reaparición del perfil de los trabajadores sin trabajo a los que se refiere Hanna Arendt, los cuales ocupan literalmente en la sociedad un lugar de supernumerarios, de inútiles del mundo’. Castel Robert, La Metamorfosis de la cuestión social. Una crónica del salario. Editorial Paidós, Buenos Aires, 1997.”
Carpintero, Enrique, Registros de lo Negativo – El cuerpo como lugar del inconciente, el paciente límite y los nuevos dispositivos psicoanalíticos. Topía editorial, Colección Psicoanálisis, Sociedad y Cultura, 1999.pág. 159.

3 Carpintero, Enrique. Op. Cit: La Cultura como Soporte, pág. 151 – Creación de un Espacio de Atención en Crisis dentro de la Comunidad, pág 187.

4 A propósito Ricardo Malfé dice: “Está claro que todo de-sujetamiento, como resultado de la reflexión y de la acción de un grupo, una comunidad, un individuo sobre sí mismos y sus condiciones de existencia (lo que se puede producir a veces espontáneamente, otras, con ayuda de expertos), sólo puede concebirse en términos relativos, ya que con esa operación se abre el paso a nuevos sujetamientos” y sigue en nota a pie de página “Un caso especial -y técnicamente operado- de esta alternativa lo representa el establecimiento de una transferencia, en el sentido que le da el psicoanálisis al término. Hay que tener en cuenta que (tal como queda apuntado en el texto de Freud Psicología de las Masas y Análisis del Yo) no hay solución de continuidad entre el fenómeno transferencial que se produce en un contexto clínico bipersonal y aquel que compromete a un colectivo.”
Malfé; Ricardo, Fantásmata -El vector imaginario de procesos e instituciones sociales-, Amorrortu editores, 1994. pág 174.

5 Freud, Sigmund, Psicología de las Masas y Análisis del Yo – Cap. V. –Dos Masas Artificiales: la Iglesia y el Ejército-. pág. 1132 y 1133. Volumen I – Obras completas – Editorial Biblioteca Nueva – Madrid 1948.

6 Produciendo Realidad. op.cit.

Bibliografía General

Lapassade, Georges: El analizador y el analista. Ed.Gedisa –Colección Hombre y sociedad, Barcelona, España 1979

Castel, Robert: El psicoanalismo. El orden psicoanalítico y el poder. Siglo XXI Editores, México, 1980

Baremblitt, Gregorio: Ato Psicoanalítico e ato político. Ed. S.E.G.R.A.C. Belo Horizonte –Brasil, 1987

Baremblitt, Gregorio -coordinador- y otros: El inconciente institucional, Ed. Nuevomar, México 1983
 

 
Articulo publicado en
Abril / 2004

Boletín Topía